martes, 11 de julio de 2017

Juventud: Acercándose a la utopía

(AZprensa) Hay algunos datos que demuestran cómo Islandia es diferente al resto de países de nuestro planeta y nos lleva años luz de ventaja en el camino a la utopía. No se trata de palabras, sino de hechos, de cifras que ponen de manifiesto cómo es posible acercarse a lo que debería ser una sociedad ideal, algo que no interesa en absoluto a los políticos del resto de países que pueblan el globo.

Voy a citar por tanto algunos de los datos y reflexiones que el pasado 5 de julio publicaba el periodista Julio Urrutia en “El Ciudadano”, un diario de la localidad argentina de Mendoza.

Decía, por ejemplo que “son muchos los peligros que acechan a nuestros jóvenes: tabaco, alcohol, droga, delito, maternidad a corta edad, agresiones...” y cómo el papel cada vez menos relevante de los padres, junto con la innata curiosidad de los jóvenes les lleva a caer en los excesos y quedar enganchados a ellos.

Y se sorprendía (y nos sorprenderemos todos) al saber que en Islandia beber o fumar ya no está de moda entre los jóvenes, y eso que hasta hace pocos años tenían unos porcentajes de los más altos de Europa. Las cifras son realmente espectaculares: apenas el 5 por ciento de los jóvenes de entre 14 y 16 años bebió alcohol durante el último mes (en Europa este porcentaje es actualmente del 47 por ciento y en América Latina del 35 por ciento); solamente un 3 por ciento fuma tabaco a diario (en América latina, por ejemplo, ese porcentaje es del 17 por ciento y en Europa más alto aún); y sólo un 7 por ciento de los jóvenes consumió marihuana en el último mes (igualmente diferencia abismal con lo que sucede en cuanto a drogas en los demás países europeos).

Pero ¿cómo es posible esto? Y la respuesta nos deja más sorprendidos aún: Porque el Gobierno de Islandia acomete reformas y políticas de Estado a largo plazo, es decir a 10 o 20 años vista, y no pensando simplemente en las próximas elecciones como nos tienen acostumbrados los políticos europeos. Y una de estas políticas, que se inició en 1998, se propuso cambiar la situación y lograr que los jóvenes se inclinasen por llevar una vida más sana. Para ello estableció una política (acompañada del suficiente presupuesto) para que se incrementase en número, variedad y atractivo todo tipo de actividades extraescolares: deportes, música, teatro, danza, artes plásticas, etc.

Ahora se comprende por qué los jóvenes islandeses se inclinan más por este tipo de diversiones sanas que por las drogas y excesos, y no se comprende por qué seguimos sin implementar en otros países este tipo de medidas que ya han demostrado su eficacia.

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