(Nota del autor: Artículo publicado
originalmente el 7 de diciembre de 2010. Evidentemente eran otros tiempos, otra
legislación y otra atmósfera... pero una sonrisa políticamente incorrecta
siempre viene bien).
(AZprensa) La comida en el
restaurante había sido magnífica, aunque, para ser sinceros, un poco
paquidérmica. Opté por un plato único pero rotundo: una auténtica fabada
asturiana con todos sus sacramentos que, a esas horas, ocupaba la práctica
totalidad de mi cavidad estomacal. Entre tanta legumbre no quedaba espacio
material para el postre, así que decidí rematar la jugada con un café. Sin
embargo, en lugar de pedirlo allí mismo, preferí salir a la calle para caminar
unos metros y ayudar a que la digestión iniciara su curso.
Así lo hice. Caminé unos minutos y entré finalmente en un
bar de los de toda la vida. Me acomodé en la barra y pedí un expreso. Justo
tras el primer sorbo, las simpáticas alubias me anunciaron que el proceso de
ebullición y fermentación gaseosa había comenzado. Ante la urgencia de los
acontecimientos, me giré educadamente hacia el señor que consumía a mi lado en
la barra y, con mi mejor tono de caballero, le dije:
—Disculpe, caballero... ¿le molestaría que me tirase un
pedo?
El vecino de barra me clavó una mirada de absoluto asco,
apretó los puños y me soltó en un tono rudo e inapelable que yo era un cochino
integral y que me fuera a la puta calle a ventilar mis intimidades.
Yo me quedé estupefacto. Al fin y al cabo, me había
dirigido a él con una exquisitez formal intachable y, además, no le estaba
planteando nada del otro mundo, sino un acto biológico que toda la humanidad
realiza a diario. ¿O es que acaso hay alguien en este bendito planeta que no se
tire pedos? Es más, seamos realistas: una flatulencia solo proporciona a los
que están alrededor unos instantes de aroma desagradable, pero el tufo
desaparece enseguida y, desde luego, no supone ningún riesgo para la salud
pública. Nadie muere por pasiva.
Si probáis a hacer esta misma pregunta a vuestros vecinos
de barra en cualquier local de España, os aseguro que las reacciones serán
idénticas o considerablemente peores. No encontraréis a una sola alma
caritativa que os responda comprensiva: «No, hombre, no faltaría más, proceda
usted con total libertad».
La doble moral del
aire
Y sin embargo... ¿por qué cuando un individuo se gira en
la barra de un bar y le dice al de al lado: «¿Le molesta que fume?», la inmensa
mayoría responde con una sonrisa sumisa: «No, no me molesta, adelante»?
Nos ha jodido. Claro que les molesta. Si responden que no
les importa es por culpa de una educación pusilánime y mal entendida. Porque
ese humo, a diferencia de mi flatulencia asturiana, no desaparece en un
segundo: es un veneno persistente y desagradable para el que no fuma, perjudica
seriamente la salud de los que están alrededor y contiene sustancias
cancerígenas que se quedan impregnadas durante días en la ropa, los muebles,
las cortinas y las paredes del local.
Los que todavía "piden permiso" para encender el
cigarrillo (que son una minoría, porque la mayoría fuma en presencia ajena por
real decreto y sin mirar a quién) defienden a capa y espada su derecho a
intoxicarse, mientras niegan sistemáticamente el derecho de los demás a
respirar aire limpio.
¡Basta ya de la dictadura del tabaco y de la sumisión de
los fumadores pasivos! El día que por fin se prohíba fumar en los espacios
cerrados de la hostelería, seremos legión los que volveremos a llenar los bares
y restaurantes de los que hoy huimos. Mientras llega ese bendito día, si
alguien se me acerca educadamente con el cigarro en la mano y me pregunta: «¿Le
importa si fumo?», yo le responderé, con la misma sonrisa y exquisita
educación: «¿Y a usted le importa si me tiro un pedo?».
Y os juro que se lo diré aunque ese día no haya probado la
fabada.
PD.- Como podéis comprobar este
artículo es un claro ejemplo del hartazgo de los no fumadores hasta que por fin
se promulgó la Ley antitabaco que ha conseguido que, por fin, nadie tenga que
respirar el humo de los demás si no le apetece. Porque no se trataba de
“prohibir que fumen” sino de “prohibir que no se obligue a respirar el humo del
tabaco a los que no desean hacerlo”.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
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