sábado, 13 de junio de 2026

Tus "amigos" de Facebook (y el arte de pasear en solitario)

(AZprensa)
El mundo digital ha logrado muchas hazañas, pero también perpetrado grandes engaños semánticos. El más flagrante de todos ha sido desvirtuar, de forma errónea y descarada, el término "amigo".
 
Basta con asomarse a los perfiles de cualquier red social para presenciar un fenómeno sociológico inaudito: la gente acumula cantidades industriales de afectos virtuales. Es raro encontrar a alguien que declare tener menos de cien o doscientos "amigos", y es ya una norma habitual cruzarse con perfiles que exhiben con orgullo cifras que superan los mil o dos mil. Pero seamos sinceros, ¿tiene eso algo que ver con la amistad?
 
La verdad según el diccionario
 
Si acudimos a la Real Academia Española, descubrimos que la palabra "amistad" define un «afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato».
 
Sin embargo, en el ecosistema de las pantallas, ese "trato" es siempre una ilusión a distancia. Es un escaparate unidireccional e indiscriminado donde lanzamos los mismos mensajes y fotografías a una masa informe de espectadores. Resulta biológica y psicológicamente imposible forjar un vínculo sincero, conocer los miedos del otro, sostener su mirada o descubrir sus silencios cuando el marcador de contactos alcanza esas cifras estratosféricas. ¿No sería mucho más honesto y saludable cambiar la etiqueta de "amigos" por la de "conocidos", "seguidores" o, simplemente, "público"?
 
El absurdo de la multitud
 
Para entender la banalidad de esta farsa, solo hace falta trasladar las reglas del juego digital al mundo de carne y hueso.
 
Todos podemos imaginar a cualquiera saliendo un sábado por la tarde a dar un paseo de confidencias con un buen amigo. Incluso podemos concebir una animada cena con diez o veinte personas queridas. Pero, hagamos la prueba de fuego de la lógica: ¿se ha visto alguna vez a alguien salir a pasear por el parque de la mano de mil quinientos amigos?
 
La respuesta es obvia. Entre el ruido de los "me gusta" y la urgencia de las notificaciones, hemos olvidado que la verdadera amistad es artesanal, selectiva y analógica. Ocupa tiempo, requiere presencia física y se cultiva mirándose a los ojos, no deslizando el dedo sobre un cristal frío. Quizás va siendo hora de apagar un rato el teléfono, vaciar la agenda de extraños y recuperar el valor de los pocos que sí cabrían con nosotros en una mesa de café.
 

Biblioteca Fisac
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