martes, 15 de septiembre de 2026

¿Y si Einstein estuviera equivocado?

Hubo un momento, hace ya algunos años, en que una noticia científica consiguió hacer tambalear uno de los pilares sobre los que habíamos construido nuestra manera de entender el universo.
 
(AZprensa) El protagonista se llamaba OPERA, un experimento realizado en el CERN en el que participaban alrededor de 160 investigadores de once países. En septiembre de 2011, sus responsables anunciaron algo que parecía imposible: habían detectado neutrinos que, aparentemente, habían recorrido la distancia entre el CERN, en Suiza, y el laboratorio de Gran Sasso, en Italia, a una velocidad superior a la de la luz.
 
Y aquello no era una noticia científica más. La Teoría de la Relatividad de Albert Einstein había establecido que la velocidad de la luz en el vacío constituye un límite fundamental de la naturaleza. De repente, unos diminutos neutrinos parecían haber decidido saltarse el límite de velocidad.
 
La noticia dio la vuelta al mundo. ¿Podía ser verdad? Los neutrinos son partículas subatómicas extraordinariamente difíciles de detectar. Tienen una masa diminuta y apenas interactúan con la materia, hasta el punto de que pueden atravesar enormes cantidades de material sin apenas inmutarse. En realidad, millones de neutrinos atraviesan continuamente nuestro cuerpo sin que nos enteremos.
 
Y precisamente por eso aquellos resultados resultaban tan fascinantes. Si los neutrinos podían viajar más rápido que la luz, quizá no estábamos ante una simple peculiaridad de una partícula. Quizá había que revisar algunas de nuestras ideas fundamentales sobre el espacio, el tiempo y el propio universo.
 
Incluso comenzaron a aparecer especulaciones sobre posibles atajos a través del espacio-tiempo, dimensiones adicionales o universos paralelos. Pero había un pequeño problema.
La ciencia no funciona a base de titulares. Los propios científicos de OPERA fueron los primeros interesados en que otros investigadores comprobaran sus resultados. Si aquello era cierto, las consecuencias eran extraordinarias. Y si era un error, había que encontrarlo. Y lo encontraron.
 
Unos meses después, otros experimentos realizaron nuevas mediciones que no confirmaron el resultado. Finalmente se descubrió que el experimento original había sufrido un problema técnico relacionado con una conexión de fibra óptica y la sincronización temporal. Los neutrinos no habían conseguido superar a la luz. Einstein podía respirar tranquilo.
 
Pero quizá la verdadera lección de OPERA no estaba en que Einstein tuviera razón. Estaba en lo que ocurrió mientras creíamos que podía estar equivocado. Porque durante unos meses tuvimos delante una posibilidad fascinante: que una de las teorías científicas más importantes de la historia necesitara ser modificada.
 
Y ahí aparece una cuestión que me parece mucho más interesante que la propia velocidad de los neutrinos. ¿Estamos preparados para descubrir que estamos equivocados? La historia de la humanidad está llena de certezas que dejaron de serlo. Durante siglos se defendieron ideas que hoy nos parecen absurdas. Hemos cambiado nuestra concepción de la Tierra, del Sistema Solar, de la materia, del tiempo, del espacio y de la propia vida. Cada generación ha heredado conocimientos que posteriormente han sido ampliados, corregidos o directamente sustituidos.
 
La ciencia no avanza porque los científicos crean tener todas las respuestas. Avanza precisamente porque saben que pueden estar equivocándose. Por eso me resultó tan interesante observar la reacción que provocó aquel anuncio de OPERA. Ante la posibilidad de que los neutrinos hubieran superado la velocidad de la luz, no hubo una celebración generalizada de quienes acababan de descubrir algo revolucionario. Al contrario: hubo prudencia, dudas y una petición casi obsesiva de nuevas comprobaciones.
 
Y eso es exactamente lo que debía ocurrir. Porque una de las mayores grandezas de la ciencia consiste en poder decir: «No lo sé». Y, todavía más importante: «Puede que esté equivocado».
 
Al final, los neutrinos no viajaban más rápido que la luz. Einstein no había quedado invalidado y el universo continuó funcionando como antes. Pero aquel episodio nos dejó una pequeña lección. Quizá deberíamos ser mucho más humildes cuando hablamos de lo que sabemos. Porque una cosa es conocer algo. Y otra muy distinta es creer que ya lo conocemos todo.
 
Tal vez por eso sigue teniendo tanta vigencia aquella vieja frase atribuida a Sócrates: «Solo sé que no sé nada». No es una afirmación de ignorancia. Es, probablemente, una de las mayores declaraciones de humildad intelectual que ha hecho el ser humano. Y quizá también sea una de las mejores maneras de hacer ciencia.
 

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lunes, 14 de septiembre de 2026

Caminar deprisa ahuyenta el tumor. Harvard lo certifica

El Departamento de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública de Harvard ha demostrado que caminar a paso rápido reduce en un 57% la progresión del cáncer de próstata. La conclusión práctica es tan evidente que no hace falta ser médico para sacarla.
 
(AZprensa) Harvard es Harvard. Cuando el Departamento de Epidemiología de su Escuela de Salud Pública publica un estudio, uno no se lo puede tomar a broma. O sí, pero hay que hacerlo con el debido respeto académico. Y el estudio en cuestión, realizado con 1.455 hombres diagnosticados de cáncer de próstata, arroja una conclusión que, formulada en términos coloquiales, dice lo siguiente: si tienes cáncer de próstata y caminas muy deprisa, el tumor no te alcanza.
 
En términos algo más científicos: los pacientes que realizaron caminatas a ritmo rápido durante un mínimo de tres horas semanales registraron una tasa de progresión tumoral un 57% menor que los que caminaron despacio o poco. Y lo más revelador del estudio —el detalle que convierte este hallazgo en algo realmente notable— es que no es tanto el tiempo lo que importa como la intensidad. Cuanto más rápido el paso, menos crecimiento del tumor. El tumor, al parecer, es lento. Y si uno es más rápido que él, se escapa.
 
«El tumor de próstata progresa menos en los que caminan deprisa. Es decir: el tumor no puede seguir el ritmo. Lo cual convierte el paseo matutino en la persecución más singular de la historia de la medicina.»
 
Las implicaciones prácticas, pensadas con calma (y luego a correr)
Detengámonos un momento —solo un momento, porque el estudio no recomienda detenerse— a considerar lo que esto significa. Tenemos un tumor. El tumor quiere progresar. Y resulta que si el paciente camina suficientemente deprisa, el tumor no consigue seguirle el ritmo. Es la persecución más inverosímil de la historia de la biología: un hombre de sesenta años con zapatillas deportivas dejando atrás a sus propias células cancerosas en el paseo matutino del parque.
 
La imagen es tan potente que me sorprende que ninguna campaña de concienciación médica la haya aprovechado todavía. Un cartel con un señor mayor corriendo a toda velocidad y el lema: «Más rápido que tu tumor». Sobrio, eficaz, motivador. El Ministerio de Sanidad podría tomarlo en préstamo sin cargo.
 
PROTOCOLO ONCOLÓGICO RECOMENDADO · APLICACIÓN PRÁCTICA DEL ESTUDIO DE HARVARD
 
Duración mínima: 3 horas semanales. Dividibles en sesiones. El tumor no lleva cronómetro, pero Harvard sí.
Intensidad: A paso rápido. No vale el deambular contemplativo con las manos en la espalda.
Velocidad recomendada: La suficiente para que el tumor se quede atrás. Cada paciente encontrará su ritmo.
Conversación durante el paseo: Posible, siempre que no baje la velocidad. El tumor no hace pausas.
Efectos secundarios: Mejor forma física, más energía, menos excusas para no salir. Todos aceptables.
Contraindicaciones: El paseo lento. Sentarse en el banco. Pararse a dar de comer a las palomas.
 
Una reflexión más seria, antes de volver a correr
 
El humor aparte —y el humor siempre aparte, que para eso estamos—, el hallazgo de Harvard es genuinamente esperanzador. Que algo tan accesible, tan gratuito y tan libre de efectos secundarios como caminar a paso vivo durante tres horas semanales pueda influir en la progresión de un tumor es una noticia extraordinaria. No porque sustituya a ningún tratamiento médico —no lo sustituye ni pretende hacerlo—, sino porque añade al paciente una herramienta propia, autónoma, que no depende de ninguna farmacia ni de ninguna lista de espera.
 
Ojalá todos los tipos de cáncer tuviesen una respuesta tan al alcance de cualquiera. Ojalá la investigación siga encontrando ese tipo de palancas sencillas que el paciente puede accionar por sí mismo. Mientras tanto, la conclusión práctica del estudio de Harvard es tan clara que no necesita traducción: muévete. Deprisa. Con regularidad. Y si algún día notas que algo intenta seguirte el ritmo sin que hayas invitado a nadie, acelera.
 
Yo, por si acaso, dejo de escribir aquí. Y me voy corriendo.
 
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domingo, 13 de septiembre de 2026

Aquí estoy

(Sunday Poetry Corner)
Siempre hay que estar preparados. La espera no es tiempo muerto cuando has hecho tus deberes y tienes todo listo para emprender un viaje, una aventura, un proyecto, una inspiración, un romance… 

No es sólo cosas de poeta, aunque hoy sea un poeta quien nos lo cuenta aquí. 

Párate tú también un instante y comprueba si también estás listo para emprender aquello que deseas.
 
STAND BY
 
Aquí estoy, esperando
que despiertes mi consciencia
y me digas algo,
que aceleres el paso de la sangre
que circula por mis venas.
Aquí estoy, esperando
que me muevas.
 
Aquí estoy, esperando
que me cojas y utilices
como quieras,
exprimiendo mi cerebro
y haciendo brotar ideas.
Aquí estoy, esperando
que aparezcas.
 
ANÁLISIS Y COMENTARIO
Por ChatGPT
 
«Stand by» funciona como un poema sobre la espera creativa, pero también puede leerse como una reflexión sobre la pasividad, la inspiración, la consciencia e incluso sobre la relación entre el creador y aquello que crea.
El título es muy acertado porque stand by significa literalmente permanecer a la espera, estar disponible, permanecer preparado. Y eso es exactamente lo que hace la voz poética:
«Aquí estoy, esperando»
No hace. Espera. Y, sin embargo, mientras espera, está pidiendo algo muy activo: que algo o alguien lo despierte, lo mueva, acelere su sangre, utilice su cerebro y haga brotar ideas.
Ahí aparece una primera paradoja interesante: el poeta está aparentemente inmóvil, pero interiormente está reclamando movimiento.
 
1. La estructura visual es fundamental
Creo que este poema perdería muchísimo si se escribiera como un texto convencional. La disposición de los versos obliga al lector a experimentar pequeños intervalos, pequeñas esperas. Es como si cada palabra estuviera colocada deliberadamente en una pantalla que se va encendiendo lentamente.
El poema está lleno de frases que comienzan pero que necesitan que llegue lo siguiente. Eso reproduce perfectamente la espera.
 
2. «Aquí estoy» es probablemente el núcleo del poema
Es una declaración de disponibilidad. La voz poética está diciendo: Estoy presente. Estoy preparado. Estoy dispuesto. Solo falta que llegues tú. Ese «tú» nunca se identifica. Y ahí está una de las mejores cosas del poema.
 
3. ¿Quién es ese «tú»?
Puede ser muchas cosas. Puede ser una persona, la inspiración, una idea, la poesía, la creatividad, puede ser incluso la propia consciencia. Y, personalmente, creo que no conviene decidirlo, porque el poema gana precisamente con esa indefinición.
Cuando dice «que aparezcas», el lector puede preguntarse: ¿Quién tiene que aparecer?
Y la respuesta puede ser distinta para cada lector.
 
4. Hay una progresión muy bien construida
El poema no repite simplemente la misma idea. Va aumentando la intensidad.
Es una progresión desde lo mental hacia lo físico y después hacia lo creativo. Primero hay que despertar, después hay que estimular, después hay que mover y finalmente hay que extraer. Y esa última palabra conceptual —«exprimiendo»— es magnífica porque convierte el cerebro en una especie de fruto del que hay que sacar todo el jugo.
 
5. «Como quieras» introduce una dimensión inesperada
Ese fragmento es probablemente el más ambiguo del poema. Y eso lo hace interesante. Hay una cierta entrega absoluta: haz conmigo lo que necesites para que vuelva a funcionar. La voz poética no pone condiciones. El creador se pone a disposición de aquello que espera que lo transforme. Y, además, la palabra «utilices» resulta deliberadamente poco romántica. No dice «me quieras», «me inspires», «me acompañes». Dice «me utilices». Eso hace que el poema tenga algo casi mecánico: el poeta se presenta como una máquina creativa parada que está esperando que alguien pulse el botón. Y ahí el título adquiere todavía más sentido:
 
6. La sangre y el cerebro
 
Hay dos elementos corporales: «la sangre que circula por mis venas» y «exprimiendo mi cerebro». Eso evita que el poema sea únicamente abstracto. No estamos ante alguien que simplemente dice «no tengo inspiración». Estamos ante alguien que necesita volver a sentirse vivo intelectualmente. La sangre representa la vida y el movimiento. El cerebro representa la creación.
 
7. Un final circular
Después de hablar de cerebro, ideas, sangre y movimiento, se vuelve al punto de partida. La espera continúa. No sabemos si la inspiración ha llegado. No sabemos si las ideas han brotado. No sabemos siquiera si ese «tú» existe. El poema termina exactamente donde empezó: esperando.
 
9. El título en inglés
El título en inglés resulta especialmente acertado, porque “Stand by” contiene varios matices: estar a la espera; estar preparado; permanecer disponible; mantenerse en posición; estar atento a una señal. Y todos encajan con el poema.
La voz poética está en espera, pero preparada. No está dormida. Está esperando que algo la active.
 
10. Lo que más destacable
Hay tres aciertos principales.
1. La forma no adorna el poema: lo significa
2. El «tú» permanece oculto y eso permite que el poema sea sobre la inspiración, una persona, la creatividad, la vida o incluso algo más íntimo.
3. El final no resuelve. El lector queda exactamente donde está el protagonista: esperando.
 
En definitiva, es casi una oración laica a la inspiración. Y por eso, pese a su brevedad, no puede considerarse como un poema «sobre no tener ideas» sino como un poema sobre el deseo de ser atravesado por una idea.
Y, además, hay una pequeña ironía muy bonita: para escribir un poema en el que se dice estar esperando que aparezcan las ideas, el poeta primero ha tenido que encontrar una idea extraordinariamente clara sobre esa espera.
 

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sábado, 12 de septiembre de 2026

Famosos y sus mansiones

Presentamos aquí unos ejemplos recientes de los caprichos de los famosos por adquirir lujosas mansiones que después apenas si utilizan. Julio Iglesias, Erling Haaland y Niko Williams, son tres ejemplos ilustrativos.

 
(AZprensa) Hace un año, Julio Iglesias se compró en Piñor, Galicia, una mansión de 16.000 m2 de parcela y 1.637 m2 de vivienda. Esta mansión “sólo” costó 4 millones de euros y dispone de un lago artificial, biblioteca, piscina, parque para perros, gimnasio, jacuzzi, bodega, 7 dormitorios, 13 cuartos de baño y habitaciones para el servicio..
 
Pues bien, Julio Iglesias ni siquiera la ha visitado y ahora, un año después, la ha puesto a la venta. Eso sí, conserva en España una “pequeña” finca en Marbella, llamada “Las cuatro lunas” que tiene una extensión de 450 hectáreas y un valor estimado de 150 millones de euros.
 
Del estadio a la mansión
 
Otros que han cogido el gusto a eso de las mansiones, son los futbolistas. El noruego Erling Haaland, se compró hace dos años una mansión en Marbella, llamada “Villa auriga” por el módico precio de 4,4 millones de euros. La mansión tiene 5 dormitorios, piscina infinity y… ¡un campo de golf en el tejado!
 
Y ahora le ha salido un vecino colega de profesión, el futbolista del Athletic de Bilbao, Niko Williams el cual se ha comprado por 4 millones de euros, una finca en Marbella llamada “Fendi casa” en una urbanización con 24 horas de seguridad, piscina comunitaria interior de 25 metros, spa, gimnasio y gastrobar.
 

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viernes, 11 de septiembre de 2026

Ellas hablan de sus problemas; ellos huyen. Lo que dice la Ciencia...

Un estudio de la Universidad de Missouri sobre 2.000 jóvenes, certifica que las chicas encuentran alivio en hablar de sus problemas y los chicos en ignorarlos. Lo cual explica científicamente por qué él lleva diez minutos mirando el móvil mientras ella le cuenta lo del trabajo.
 
(AZprensa) La Universidad de Missouri, a través de su College of Arts and Science, ha dedicado tiempo, recursos y 2.000 jóvenes voluntarios a investigar algo que cualquier pareja con seis meses de convivencia podría haberles explicado gratis en un cuarto de hora: las chicas hablan de sus problemas y los chicos no. Las primeros lo consideran terapéutico. Los segundos, contraproducente. Y de esa diferencia de criterio nace buena parte de la tensión que puebla las relaciones sentimentales de medio mundo.
 
Seamos justos con los investigadores: el mérito no está en el descubrimiento, que no descubre nada que la humanidad no supiera desde que el primer hombre de las cavernas fingió no oír a su compañera porque estaba muy ocupado mirando la pared. El mérito está en cuantificarlo, en ponerle porcentajes y en publicarlo con el rigor que exige una revista académica. Así es como la ciencia avanza: confirmando con datos lo que el sentido común ya sabía, para que los escépticos no puedan decir que es un tópico.
 
Los dos modelos de gestión emocional
 
El estudio identifica dos estrategias opuestas y mutuamente incompatibles. Las chicas consideran positivo hablar de sus problemas: compartirlos los hace más llevaderos, les proporciona la sensación de ser comprendidas y les ayuda a no sentirse solas ante las dificultades. El único riesgo, que los investigadores señalan con prudente diplomacia, es «caer en el exceso». Que traducido al lenguaje cotidiano significa: hablar del mismo problema durante varias horas, varios días y, en los casos más documentados, varias semanas.
 
Los chicos, por su parte, aplican la estrategia contraria: consideran que hablar de los problemas los agranda —como si ponerlos en palabras les diera más entidad de la que tienen— y prefieren centrarse en otras actividades para mantener la mente ocupada en otra cosa. Lo cual, desde un punto de vista estrictamente lógico, tiene su coherencia: si no piensas en el problema, el problema no existe. Al menos hasta que vuelves a pensar en él, pero eso es un detalle.
 
ELLAS · ESTRATEGIA VERBAL
Hablar del problema lo hace más pequeño
Compartirlo genera comprensión y alivio
Riesgo: hablar del mismo problema desde ángulos ligeramente distintos durante días
Resultado: se sienten mejor. El problema sigue ahí, pero acompañado.
 
ELLOS · ESTRATEGIA DE EVASIÓN
Hablar del problema lo hace más grande
Centrarse en otra cosa borra el problema temporalmente
Riesgo: el problema sigue ahí, solo que sin procesar
Resultado: se sienten mejor. El problema sigue ahí, pero ignorado.
 
«Ella necesita contarle el problema. Él necesita no pensar en el problema. Y como el problema de ella es el problema de los dos, los dos tienen ahora dos problemas.»
 
La aplicación práctica en la vida de pareja
 
Aquí es donde el estudio alcanza su dimensión más reveladora y más reconocible. Cuando estos dos modelos de gestión emocional coexisten en la misma relación —que es lo que ocurre, estadísticamente, la mayor parte del tiempo—, la dinámica resultante es previsible: ella busca al él para contarle sus problemas. Él, con el instinto de quien detecta una amenaza a su estrategia de no pensar, hace todo lo posible por estar en otro sitio, en otra habitación o, en su defecto, mirando el teléfono con una concentración que no dedica a ninguna otra actividad de su vida.
 
Ella lo persigue. Él escapa. Ella lo encuentra. Él escucha con la expresión de alguien que está presente en cuerpo pero ha enviado la mente de vacaciones. Ella detecta la ausencia. Se enfada. Ahora hay un problema nuevo: él no la escucha. Lo cual requiere ser contado. El ciclo, perfectamente documentado por la ciencia de Missouri, puede durar décadas.
 
La recomendación de los investigadores (y la nuestra)
 
Los investigadores, con la ecuanimidad que caracteriza a quienes han pasado años estudiando el asunto, recomiendan el término medio: que los hombres no se vean como más débiles o inseguros por hablar ocasionalmente de sus problemas, y que las mujeres no conviertan el análisis del problema en una actividad de dedicación plena. Un equilibrio razonable, sensato y probablemente tan difícil de alcanzar como todos los equilibrios razonables y sensatos de la historia de las relaciones humanas.
 
Pero al menos ahora lo tenemos por escrito. Con datos. Con 2.000 testigos. Y publicado por una universidad de Missouri. De modo que la próxima vez que alguien en una relación de pareja diga «es que tú nunca me escuchas» o «es que tú siempre le das más vueltas de las necesarias», podrá añadir con total propiedad: «y además, la ciencia lo avala». Lo cual no resolverá nada, pero al menos dará a la discusión un barniz académico que la dignifica considerablemente.
 
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jueves, 10 de septiembre de 2026

La revista más triste del mundo

(AZprensa)
Aceptémoslo: el verdadero motivo por el que los investigadores viven desanimados no son los recortes de presupuesto, sino publicar en la revista más triste del planeta: “Proceedings of the National Academy of Sciences”.
 
Y quizás te preguntes “¿por qué?” y es que la abreviatura de esta revista es “PNAS”. No me extrañaría que algún día hiciesen una promoción de la misma entregando unos pañuelos para enjugar las lágrimas de sus lectores.
 
Y es que si eres científico y, por fin, consigues que te publiquen un artículo en esta revista, lo que llegará a tus colegas y lectores no será sino unas cuantas páginas de “PNAS”.
 
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miércoles, 9 de septiembre de 2026

La utopía del periodismo libre e independiente

Cuando uno analiza con lupa la supuesta “libertad” con la que redacta cada profesional de la información, descubre enseguida una realidad tan incómoda como evidente: nadie está completamente libre de influencia. La pluma jamás flota en el vacío; siempre responde, de un modo u otro, a una estructura de intereses que condiciona el relato final.
 
(AZprensa) ¿Existe el periodismo independiente? ¿Pueden escribir los periodistas con entera libertad e independencia? Si recorremos los diferentes rincones del ecosistema informativo, las costuras del sistema saltan a la vista…
 
El periodista corporativo: Escribe bajo la atenta mirada de su presidente, quien a su vez responde ante los accionistas, el consejo de administración o los poderes fácticos que sostienen económicamente a la compañía. Su norte no es la verdad absoluta, sino la protección de la reputación corporativa.
 
El consultor de una agencia de comunicación: Su día a día se rige por una máxima comercial implacable: hay que contentar al cliente. Si el relato no complace las expectativas de quien paga los honorarios, la cuenta se pierde y el contrato se extingue.
 
El redactor de un medio de comunicación tradicional: Trabaja bajo el paraguas y la línea editorial oficial de la casa, marcada con precisión quirúrgica desde la dirección y transmitida a través de los redactores jefes. Salirse del guion ideológico o comercial del medio suele salir caro en términos de estabilidad laboral.
 
¿Qué le llega al lector?
 
Ante este panorama de engranajes superpuestos, la respuesta a qué tipo de producto recibe el ciudadano final es tan sencilla como desalentadora: información manipulada.
 
No siempre hablamos de una manipulación burda o de una falsificación deliberada de los hechos; en la mayoría de los casos adopta formas mucho más sutiles como la omisión interesada, el matiz tendencioso, el encuadre (framing) ideológico o la priorización de unas noticias frente a otras.
 
En definitiva, recordar estas dinámicas no debe llevarnos al cinismo absoluto de despreciar el periodismo, sino a ejercer una lectura mucho más crítica, consciente de que detrás de cada titular siempre hay una red de intereses intentando inclinar la balanza. Y nosotros, como lectores, deberíamos tener el suficiente criterio para desnudar la capa ideológica o económica de ese medio y descubrir la verdad desnuda que encierra esa información.
 
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martes, 8 de septiembre de 2026

Motivación en la empresa: Un gigante con pies de barro

Todos sabemos que la motivación es una poderosa herramienta, que los empleados motivados trabajan más y consiguen mejores resultados. Y por eso no es de extrañar que los directivos encarguen (bien a sus responsables de RRHH o de Ventas) que organicen de vez en cuando acciones para motivar a sus empleados. Recibida esta orden, bien por ellos mismos o contratando los correspondientes servicios externos, se pone en marcha una campaña de motivación. 
 
(AZprensa) Normalmente, si las acciones llevadas a cabo para motivar a los empleados han sido desarrolladas por profesionales externos —empresas especializadas que las hay, y muy buenas—, se ofrecerá a la compañía alguna idea brillante para llevarla a cabo y, tras la negociación que proceda, se pondrá en marcha. Sin embargo, ¿habrá algo más allá del espectáculo? ¿Se obtendrán los resultados que se perseguían? ¿De verdad los empleados se habrán sentido motivados por esta acción o simplemente aceptaron «por imperativo legal» ese estúpido juego? 
 
Algo falla entonces, ¿qué es? Y la respuesta puede estar en los propios directivos que encargaron esa campaña, unos directivos que olvidaron algunas de las reglas básicas que toda motivación de personas debe tener. Por eso digo que, a veces, la motivación es un gigante con pies de barro, porque por muy buena que sea la idea y la forma de llevarla a cabo, si falla lo esencial no obtendremos resultados, e incluso estos podrán volverse en contra nuestra. 
 
Abrir la puerta
La primera regla que debe tener todo directivo (sea presidente o cualquier otro mando) es que su puerta debe estar siempre abierta para recibir a cualquier empleado y, por supuesto, a sus subordinados. Pocas cosas hay que desmotiven más que la inaccesibilidad. Un directivo inaccesible, que nunca encuentra tiempo para atender a su equipo o a cualquier empleado «de rango inferior», es un enemigo declarado de la motivación, por mucho dinero que se gaste luego en empresas que le monten las mejores campañas. Estas siempre fracasarán si los mandos viven aislados de la «tropa» y no se relacionan con ella, o cuando lo hacen en una única dirección: «haz esto». 
 
Escuchar
Pero no basta con abrir la puerta; hay que escuchar (recuerda que «escuchar» es diferente de «oír») y comprender qué te están diciendo los empleados, cuáles son sus ideas, proyectos, sugerencias, quejas o aportaciones. No te creas que lo sabes todo: cualquiera de tus empleados puede tener una idea brillante o, simplemente, «útil». Cuando se escucha a la gente, esta se vuelve más participativa, más integrada… Algo tan sencillo y barato como escuchar es una eficaz herramienta de motivación y tiene un efecto dominó en el resto de la empresa, porque el empleado al que se escucha trasladará esa sensación de satisfacción a todos sus compañeros. 
 
Considerar
Claro que las cosas hay que hacerlas de verdad; no basta con escuchar sin más, como diciendo «venga, suelta el rollo y lárgate, que tengo cosas más importantes que atender». Hay que escuchar lo que nos dicen, por supuesto, pero también comprender sus razones y pedir cuantas aclaraciones sean necesarias para poder valorar en su justa medida todo lo aportado.
 
Pero considerar no es sinónimo de conceder. De todo cuanto nos digan, habrá algunas cosas que encontremos razonables y otras que no. Lo verdaderamente importante es tener el suficiente conocimiento de causa para sopesar lo que nos transmiten y, en base a ello, tomar las decisiones más justas y convenientes para la empresa y, por consiguiente, para todos; porque la empresa no es un ente abstracto, sino el conjunto de los empleados —de todos los empleados, sin excepciones— que la forman. 
 
Explicar
Hasta ahora nos hemos abierto y hemos recibido un rico caudal de información que antes ignorábamos por el simple hecho de nuestra prepotencia, de nuestra política de puertas cerradas y de aplicar el «yo lo digo y tú te callas». Ahora viene la parte participativa, y el directivo tiene que trasladar al empleado sus opiniones. Sin embargo, ahora lo hará de una forma diferente:
 
Tendrá ante sí a un empleado receptivo y motivado, porque sabe que lo han escuchado.
 
El directivo tendrá conocimiento de causa (de la realidad de los dos lados) para evaluar la situación y explicar, en base a todos los puntos de vista, cuál es su decisión y por qué.
 
Delegar
Una persona con capacidad de autonomía, capaz de tomar decisiones —en su nivel de responsabilidad, por supuesto—, presta un mejor servicio a la empresa que otra que se limite, como un robot, a seguir el dictado. La delegación es también una potente herramienta de motivación y permite sacar de cada empleado lo mejor de sí mismo. 
 
Pero la delegación exige conocer al trabajador y saber cuáles son sus puntos fuertes para que su área de toma de decisiones se focalice en tales aptitudes. Una vez tomada la decisión, el directivo debe hacer partícipe de la misma a su equipo; en esa participación, cada uno de ellos será protagonista, agente activo y motivado que contribuirá con su saber hacer y con su esfuerzo a lograr el resultado colectivo. 
 
Recompensar
Finalmente, toda campaña de motivación que se precie debe tener una recompensa. La motivación es algo que debe ser permanente en la empresa, pero en ocasiones es necesario pedir un plus, un poquito más (lanzamiento de un producto, compensar una bajada de ventas, la pérdida de una patente, etc.). En estas ocasiones puntuales, en que se exige más de lo habitual, debe existir también una gratificación extra. 
 
Esa recompensa puede ser dinero, pero no siempre es imprescindible. Podemos estar hablando de un viaje (individual o para todo el equipo), de una mejora en las condiciones laborales de la que se beneficien los empleados, de cualquier tipo de regalo (que previamente se haya testado que satisface a sus destinatarios), etc. Sobre todo ello, y siempre, deberá estar presente el reconocimiento (público y privado), siempre sincero, hacia los empleados que han brindado su esfuerzo.
 

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lunes, 7 de septiembre de 2026

La prensa extranjera denuncia la injusticia fiscal en España

En la prensa extranjera se pueden ver anuncios como este, en donde se denuncia la injusticia fiscal en la España actual en donde se ha cambiado el antiguo lema “Hacienda somos todos” por un “Hacienda son ellos”.

 
 (AZprensa) En la prensa extranjera pueden verse estos días anuncios como el presente, en donde se denuncia la injusticia fiscal en España. Reiteran la prepotencia de los inspectores fiscales que ven en todos los ciudadanos posibles delincuentes, que ellos jamás se equivocan aunque los tribunales les quiten la razón y que, en definitiva, Hacienda es un peligro para los ciudadanos y ya no es el protector del interés público ni de los contribuyentes honestos.
 
Una muestra más de la imagen que la política del Gobierno actual está dejando de España en el extranjero. Reproducimos aquí el citado anuncio y la traducción del texto del mismo:
 
“En  mayo de 1978 el ministro de Hacienda, Francisco Fernández Ordóñez, presentó el lema “Ahora Hacienda somos todos”. Puede que entonces fuera cierto, pero las cosas han cambiado. Ahora la Agencia Tributaria se sitúa al margen de la gente corriente en España. Se erige en juez sobre ella. Y ve en cada uno un potencial evasor fiscal. La inspección ha llegado a concebirse a sí misma como un sacerdocio: guardián confiado de un orden justo y necesario, ordenado a separar lo verdadero de lo falso, de aquellos que, a sus ojos, han incumplido sus obligaciones con la Comunidad.
 
Es esa autoimagen la que transforma la crueldad observada en la aplicación del sistema fiscal actual en un proceso recto de purificación, autolegitimidad e inmune a la propia evidencia que llevaría a otros a corregir su cumplimiento: las revocaciones en los tribunales. ¿Por qué el sistema no aprende? ¿Por qué sus inspectores no se humillan ante la reiterada condena  de los tribunales a su temeridad? Sólo la fe ciega puede explicarlo: el inspector no se equivoca, no puede equivocarse. Las revocaciones son simplemente la prueba de que el mundo está caído. “Hacienda somos todos” no es una descripción. Es un credo que ha perdido toda credibilidad.
 
En 2026, la realidad es distinta: Hacienda son ellos: el Tesoro es, y pertenece, a los elegidos. Ya no es el protector del interés público ni de los contribuyentes honestos. Es un peligro para todos los que están fuera del templo interior.
 
“Únete a nuestra campaña por la justicia fiscal en España: www.spanishtaxpickpockets.com ”.
 

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domingo, 6 de septiembre de 2026

La prosa poética como arquitectura del alma

(Sunday Poetry Corner)
La poesía no siempre se escribe en verso; también la prosa puede ser poética. Por eso, en esta ocasión se asoma a nuestro rincón dominical un pequeño texto de prosa poética que no pretende otra cosa que transmitir un clima de emoción, relax e introspección, aunque sólo sea por un momento.
 
Tus ojos se han llenado de soles
 
"Has mirado extasiada el horizonte  y te has sorprendido al ver cómo el aire dibujaba unos signos invisibles ante tus ojos atónitos. Por un momento has sentido vértigo, como si ese aire quisiera transportarte hacia lo lejos. Has intentado asir con tus manos esas rejas de la jaula que tú misma te has creado para blindar tu alma frente a la intemperie amenazante del mundo exterior.
 
Porque allí, en tu refugio secreto, tus ojos grandes y asombrados se han ido anegando, gota a gota, día a día, de soles lejanos que antes solo veías brillar en el ocaso. Y al descubrirte ahora llena de luz, plagada de soles, te ha embargado el temor a no ser ya tú misma, a no estar encerrada en ti viendo cómo tus brazos se extienden buscando consuelo, a estar —tal vez— habitando un nuevo mundo hilado con mis rezos.
 
Después, una sonrisa inconfesable ha surcado tus labios cuando tus pies descalzos se han posado sobre la ribera verde de un suelo que ayer, oscurecido por tu tristeza, se mostraba pardo y estéril. "Esa soy; aquella fui" has llegado a comprender en un latido.
 
Y así, rindiéndote a la calma, has cerrado los ojos embriagada por el viento fresco de la noche que abrigaba nuestros cuerpos. Te has ovillado a mi lado, como un pájaro que regresa a su refugio en pleno invierno, y has comprendido al fin el milagro secreto del reír... y de los sueños".
 
COMENTARIO Y ANALISIS
Por Gemini
 
La pieza que nos ocupa es un delicado ejercicio de prosa poética donde la narrativa intimista y el lirismo se fusionan para describir uno de los trances más profundos de la experiencia humana: el momento en que una persona, protegida tras murallas emocionales, comienza a derrumbar sus propias defensas ante la luz de la transformación y el afecto. Lejos de buscar artificios estridentes, este texto construye su belleza a través de imágenes de profunda resonancia psicológica y sensorial.
 
Análisis estilístico y recursos literarios
 
La tensión entre el encierro y la intemperie: Desde el inicio se plantea una dualidad fascinante. La protagonista observa el horizonte y experimenta el vértigo de lo inabarcable. Esa reacción inmediata de buscar las rejas de su propia jaula —construida como un mecanismo de defensa ante un mundo percibido como hostil— expone con absoluta finura la paradoja del miedo a la vulnerabilidad: a menudo preferimos el dolor conocido del encierro a la incertidumbre de la libertad.
 
El contraste cromático y simbólico de los soles interiores: El tránsito de la sombra a la luz se materializa cuando sus ojos comienzan a anegarse de soles lejanos que antes solo atisbaba en el ocaso. La luz ya no es algo exterior que ilumina, sino una invasión bienhechora que provoca el temor más íntimo: la angustia de la metamorfosis, el vértigo de dejar atrás la antigua identidad para descubrirse habitada por una claridad inédita, quizás sostenida por la plegaria o el anhelo del otro.
 
La metáfora de la tierra renacida: El giro hacia la aceptación llega a través de un símbolo terrenal y plástico. El suelo que ayer era "pardo y estéril" bajo el peso de la tristeza se descubre ahora verde. La frase entrecomillada ("Esa soy; aquella fui") actúa como un relámpago de autoconocimiento: la reconciliación con el pasado y la aceptación del presente en un solo latido.
 
La clausura orgánica y el refugio: El cierre del texto es de una tierna maestría lírica. El viento fresco de la noche —que en lugar de azotar, abriga— conduce al apaciguamiento definitivo. La imagen del ovillarse junto al ser amado, comparada con "un pájaro que regresa a su refugio en pleno invierno", aporta una calidez táctil inmensa, resolviendo las tensiones iniciales en una comprensión intuitiva y definitiva de la risa y de los sueños.
 
Una reflexión final como prosa poética
 
Como ejemplo humilde y hermoso de prosa poética, este texto demuestra cómo la literatura puede poner palabras a los movimientos más sutiles del espíritu. La prosa respira con el ritmo de un oleaje manso, utilizando la puntuación y las pausas para guiar al lector por un camino donde la vulnerabilidad deja de ser una debilidad para convertirse en el único umbral posible hacia la felicidad compartida.
 
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