(AZprensa) Cuando el ser humano pisó la Luna, no solo
trajo consigo fotografías y rocas; trajo una incógnita olfativa que aún hoy
desafía a la ciencia. Charlie Duke, piloto del Apolo 16, fue el primero en dar
la voz de alarma por radio: "Es un olor muy fuerte, sabe y huele a
pólvora". Poco después, en la misión Apolo 17, Gene Cernan confirmaba la
sensación con una descripción aún más gráfica: "Huele como si alguien
hubiera disparado una carabina aquí adentro".
No eran testimonios que pudieran tomarse a la ligera. Los
astronautas del programa Apolo eran pilotos militares experimentados; sabían
perfectamente a qué huele la pólvora tras un disparo. Y sin embargo, la ciencia
actual nos dice que es imposible.
Una química
incompatible
A pesar de la insistencia de los astronautas, el polvo
lunar y la pólvora no tienen absolutamente nada en común. La pólvora moderna es
una mezcla de nitrocelulosa y nitroglicerina, moléculas orgánicas inflamables
que, como bien señala Gary Lofgren, del Laboratorio de Muestras Lunares de la
NASA, sencillamente "no existen en el suelo lunar". Si acercáramos un
fósforo al polvo lunar, no habría explosión ni llamarada.
En realidad, el regolito lunar está compuesto en un 50%
por vidrio de dióxido de silicato, formado por el impacto de micrometeoritos
que, durante miles de millones de años, han fundido y fragmentado el suelo. Es,
además, rico en hierro, calcio y magnesio. Químicamente, es lo opuesto a un
explosivo.
El misterio del vacío contaminado
¿Por qué, entonces, los astronautas sintieron ese aroma al
quitarse el casco dentro del módulo? Aquí entra en juego un fallo logístico y
una posible reacción química. Los exploradores envasaron las muestras en
contenedores especiales al vacío, pero la naturaleza del polvo lunar es
traicionera: sus granos son tan afilados que erosionaron y rompieron los sellos
de los termos. Durante los tres días de viaje de regreso a la Tierra, el
oxígeno y la humedad penetraron en las muestras. Para cuando el polvo llegó a
los laboratorios terrestres, cualquier propiedad olfativa se había desvanecido.
¿Una alucinación colectiva o química efímera?
Curiosamente, en la Tierra el polvo lunar no huele a nada.
En los laboratorios de la NASA se custodian decenas de kilos de material que
han sido analizados exhaustivamente sin detectar aroma alguno. ¿Lo imaginaron
los tripulantes del Apolo? No parece probable en hombres tan entrenados y con
testimonios tan coincidentes.
La teoría más aceptada es que el polvo, al entrar en
contacto con la atmósfera rica en oxígeno y la humedad del módulo lunar,
provocó una reacción química inmediata —una especie de "oxidación
instantánea"— que liberó ese olor a quemado. Al ser elementos inexistentes
en la superficie lunar, los astronautas fueron testigos de un fenómeno que solo
ocurre en esa frontera donde el vacío se encuentra con el aire.
Hoy, ese "perfume" sigue siendo un fantasma del
pasado. Quizás tengamos que esperar a que el ser humano regrese a nuestro
satélite para confirmar si la Luna tiene realmente ese aroma a batalla recién
librada... pero esa ya es otra historia.
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