(AZprensa) ¿Cuál es realmente la asignatura más importante
de la carrera de Medicina? No es Anatomía, ni Fisiología, ni siquiera
Farmacología. Después de once o más años de formación rigurosa, la que marca la
diferencia entre el reconocimiento económico y profesional o la medianía y la
esclavitud, es el inglés.
Porque, una vez terminada la carrera y (con suerte) el
MIR, lo que espera al joven médico español es un panorama desalentador: sueldos
modestos, contratos temporales encadenados, guardias interminables, consultas
de cinco o seis minutos por paciente, ausencia de tiempo real para actualizar
conocimientos, escasos incentivos para investigar y directrices estrictas que
priorizan los fármacos más baratos por encima de la mejor opción clínica.
A esto se suma la llegada masiva de médicos procedentes de
países extracomunitarios, muchos de ellos con procesos de homologación
acelerados y, en ocasiones, con niveles de formación y exigencia distintos a
los del sistema español. Mientras tanto, miles de nuestros especialistas mejor
preparados optan por hacer las maletas.
Aunque las cifras oficiales de bajas definitivas de
colegiación han descendido (395 médicos en 2024, según la Organización Médica
Colegial), los certificados de idoneidad siguen solicitándose a miles cada año.
Los destinos preferidos continúan siendo Francia, Reino Unido, Irlanda,
Alemania, Suecia, Suiza y Estados Unidos. En países como Suecia, donde
prácticamente toda la población habla inglés, la barrera idiomática
prácticamente desaparece.
El mensaje es claro: si quieres condiciones laborales
dignas, mejor salario, tiempo para formarte y respeto profesional, la solución
más sencilla es irse al extranjero. Y así lo están haciendo cientos de médicos
españoles cada año.
Para los profesionales, representa una salida razonable y,
en muchos casos, la única viable. Para los pacientes españoles, sin embargo, es
la peor noticia posible: una sanidad que pierde a parte de sus médicos mejor
formados y que, al mismo tiempo, incorpora a otros con trayectorias formativas
muy diferentes y en muchos casos cuestionables.
El problema de fondo no ha cambiado en los últimos años:
sobrecarga asistencial crónica, falta de incentivos, precariedad laboral y una
gestión que parece olvidar que un buen sistema sanitario necesita retener a su
talento, no exportarlo.
Mientras el inglés siga siendo la asignatura clave para
poder emigrar con garantías, seguiremos formando excelentes médicos… para que
otros países los disfruten. ¿Hasta cuándo los pacientes españoles van a tolerar
esta situación sin perder la paciencia?
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