jueves, 30 de abril de 2026

La asignatura más importante de Medicina sigue siendo el inglés

(AZprensa) ¿Cuál es realmente la asignatura más importante de la carrera de Medicina? No es Anatomía, ni Fisiología, ni siquiera Farmacología. Después de once o más años de formación rigurosa, la que marca la diferencia entre el reconocimiento económico y profesional o la medianía y la esclavitud, es el inglés.
 
Porque, una vez terminada la carrera y (con suerte) el MIR, lo que espera al joven médico español es un panorama desalentador: sueldos modestos, contratos temporales encadenados, guardias interminables, consultas de cinco o seis minutos por paciente, ausencia de tiempo real para actualizar conocimientos, escasos incentivos para investigar y directrices estrictas que priorizan los fármacos más baratos por encima de la mejor opción clínica.
 
A esto se suma la llegada masiva de médicos procedentes de países extracomunitarios, muchos de ellos con procesos de homologación acelerados y, en ocasiones, con niveles de formación y exigencia distintos a los del sistema español. Mientras tanto, miles de nuestros especialistas mejor preparados optan por hacer las maletas.
 
Aunque las cifras oficiales de bajas definitivas de colegiación han descendido (395 médicos en 2024, según la Organización Médica Colegial), los certificados de idoneidad siguen solicitándose a miles cada año. Los destinos preferidos continúan siendo Francia, Reino Unido, Irlanda, Alemania, Suecia, Suiza y Estados Unidos. En países como Suecia, donde prácticamente toda la población habla inglés, la barrera idiomática prácticamente desaparece.
 
El mensaje es claro: si quieres condiciones laborales dignas, mejor salario, tiempo para formarte y respeto profesional, la solución más sencilla es irse al extranjero. Y así lo están haciendo cientos de médicos españoles cada año.
 
Para los profesionales, representa una salida razonable y, en muchos casos, la única viable. Para los pacientes españoles, sin embargo, es la peor noticia posible: una sanidad que pierde a parte de sus médicos mejor formados y que, al mismo tiempo, incorpora a otros con trayectorias formativas muy diferentes y en muchos casos cuestionables.
 
El problema de fondo no ha cambiado en los últimos años: sobrecarga asistencial crónica, falta de incentivos, precariedad laboral y una gestión que parece olvidar que un buen sistema sanitario necesita retener a su talento, no exportarlo.
 
Mientras el inglés siga siendo la asignatura clave para poder emigrar con garantías, seguiremos formando excelentes médicos… para que otros países los disfruten. ¿Hasta cuándo los pacientes españoles van a tolerar esta situación sin perder la paciencia?
 

Biblioteca Fisac
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