martes, 28 de abril de 2026

“Precioso discurso de…”: cuando las palabras valen más que los hechos

(AZprensa) El otro día, leyendo la prensa, me topé con un comentario que rezaba: “Precioso discurso de…”. No voy a mencionar ni al orador ni al medio, porque en realidad eso es lo de menos. Lo verdaderamente preocupante es el fondo del asunto: que la opinión pública siga valorando más la forma que el contenido, más la oratoria que los resultados.
 
Nos hemos acostumbrado a juzgar a nuestros líderes por cómo hablan, por su capacidad para emocionar, por su ingenio dialéctico o por lo bien que suenan sus promesas. Mientras tanto, los hechos —esos que realmente definen a una persona o a un gobierno— quedan relegados a un segundo plano.
 
Basta observar los debates políticos. Se montan como auténticos espectáculos de esgrima verbal. Al terminar, los medios y las redes sociales se apresuran a declarar un “ganador”: el que estuvo más ágil, el que soltó la mejor frase, el que humilló con más elegancia al adversario. ¿Ganador de qué, exactamente? ¿De ser más elocuente? ¿De tener mejores guionistas?
 
Lo grave es que esa victoria dialéctica rara vez se traduce en mejoras concretas para los ciudadanos. Da igual que alguien hable maravillosamente si después sus políticas fracasan, si las promesas se evaporan o si la gestión diaria deja mucho que desear.
 
Hace más de dos mil años ya nos lo advirtieron con una claridad meridiana: “Por sus obras los conoceréis”. No dijo “por sus discursos”, ni “por sus debates”, ni “por lo bonito que suenan sus palabras”. Dijo “por sus obras”.
 
Quizá ha llegado el momento de recuperar ese criterio tan sencillo como exigente. Dejar de aplaudir los discursos brillantes y empezar a exigir resultados tangibles: en la economía, en la sanidad, en la educación, en la seguridad o en la honestidad de las instituciones.
 
Mientras sigamos premiando la retórica por encima de la realidad, seguiremos condenados a que nos gobiernen (y nos engañen) con bonitas palabras vacías. Ya va siendo hora de que nos centremos en los hechos y dejemos a un lado las palabras.
 

Biblioteca Fisac
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