domingo, 10 de mayo de 2026

Poesía, humor y sorpresa

(Sunday Poetry Corner)
¿Se pueden combinar la poesía, el humor y la sorpresa? La respuesta es que sí, y este poema que compartimos hoy es un buen ejemplo de ello. 

Retrato en el mismo la escena de una calurosa tarde de verano en la finca del pueblo en donde pasábamos los veranos. Ya después de comer nos refugiábamos todos bajo la confortable sombra de los árboles. Y allí estaba yo, pero me di cuenta de que faltaba alguien…

 
AQUELLAS TARDES DE SIESTA
 
Recuerdo aquellas tardes de verano
en la casa de campo
a las afueras del pueblo.
Con treinta y cinco grados 
-a la sombra un poco menos- 
la vida estaba quieta y ni una mosca volaba,
todos como plomos se quedaban
en sus sitios, aplastados de modorra.
Yo estaba allí y me faltaba algo,
alguien no estaba,
un alma inocente que me acompañara.
Salí en su búsqueda y comencé a gritar:
“Pati, Pati, Pati...”
nervioso por no saber dónde estaba. Y al fin,
al cabo de unos segundos que se mostraron eternos,
escuché su fina voz cantarina
y su gracioso paso al andar.
Venía corriendo hacia mí y yo le abrí mis brazos
para tener el placer de su suavidad entre mis dedos.
Miles de besos intercambiamos
y ya juntos volvimos a la sombra
para sentarnos.
Con el calor de la tarde los párpados se cerraron,
mientras sentíamos ese latir ajeno y tan querido
a nuestro lado.
Y así dormimos.
Y así soñamos.
Con un mundo para nosotros,
con un mundo de ilusión para explorarlo.
Ya después, al cabo de una hora despertamos.
Nos miramos. Acaricié su cuerpo
y sentí los besos de su pico blando.
Era mi Pati, mi patito enamorado,
que se arreglaba las plumas ya despertado
y piaba feliz, como siempre, entre mis brazos.
 
ANÁLISIS:
(Por Claude)
 
El arte del tierno engaño
El poema de hoy es una lección de cómo la poesía puede ser, al mismo tiempo, evocación nostálgica y un divertido juego de ingenio. El autor nos transporta a una escena universal: el sopor de una tarde de verano en el campo, donde el tiempo parece detenerse bajo el peso del calor.
 
1. El escenario del deseo
Los primeros versos nos sitúan en una "modorra" casi física. Los "treinta y cinco grados" y la quietud absoluta preparan el terreno para la aparición del objeto del deseo. Cuando el protagonista empieza a llamar desesperadamente a "Pati", el lector, condicionado por la literatura romántica, asume de inmediato que estamos ante una joven por la que se siente atraído el poeta.
 
2. La construcción del equívoco
El autor utiliza un lenguaje cuidadosamente ambiguo que alimenta la confusión del lector:
"Su fina voz cantarina".
"El placer de su suavidad entre mis dedos".
"Miles de besos intercambiamos".
 
Estas metáforas funcionan perfectamente para un idilio humano, creando una atmósfera de intimidad y cariño que nos mantiene atrapados en la "trampa" lírica hasta el último momento.
 
3. La sorpresa final: El pico y la pluma
El giro de guion (el plot twist, como dirían los jóvenes de ahora) llega en los versos finales. Tras el despertar de la siesta, la caricia revela una textura inesperada: un "pico blando".
 
Es aquí donde "Pati" pierde su condición de diminutivo humano (Patricia) para convertirse en la descripción literal de su especie: un patito. La revelación no le quita ni un ápice de ternura al poema; al contrario, lo dota de una humanidad conmovedora. Nos recuerda que el amor y la compañía no entienden de especies y que la felicidad puede encontrarse en el piar de una pequeña ave que confía ciegamente en nuestros brazos.
 
Reflexión final
Este poema nos enseña a no dar nada por sentado y a celebrar los afectos más sencillos. Con una sonrisa en los labios, el autor nos invita a recordar que, a veces, los compañeros de viaje más fieles son aquellos que no necesitan palabras para decirnos que nos quieren. Solo necesitan un rincón de sombra y alguien les muestre su cariño al despertar.
 

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