Una investigación
presentada en la Society for Experimental Biology ha demostrado que las palomas
reconocen las caras humanas y no se dejan engañar por un cambio de ropa. Lo que
hiciste en el parque el otro día, ellas no lo han olvidado.
(AZprensa) Hay animales a los que la ciencia ha ido reconociendo
inteligencias insospechadas con el paso de los años. Los pulpos resuelven
laberintos. Los cuervos usan herramientas. Los delfines tienen nombres propios.
E incluso hay un hallazgo que nadie esperaba y que todos los habitantes de
cualquier ciudad europea deberían conocer antes de su próxima visita a un
parque: las palomas reconocen las caras de las personas. Y no se olvidan de
ellas. Ni aunque uno se cambie de ropa. La cosa va en serio, este hallazgo fue
presentado hace unos años en la conferencia anual de la Society for
Experimental Biology.
El experimento se llevó
a cabo en París —ciudad con más palomas por metro cuadrado que cualquier otra
de Europa, lo que la convierte en el laboratorio perfecto para este tipo de
investigaciones—. El diseño metodológico fue de una elegancia notable: una
investigadora se dedicó a dar de comer a las palomas con toda la amabilidad del
mundo, mientras su colega las perseguía sin compasión. Hasta aquí, nada que las
palomas no pudieran manejar. Luego, las dos investigadoras se intercambiaron la
ropa.
El resultado fue
inequívoco: las palomas siguieron acercándose a la que antes les daba de comer
y rehuyendo a la que las perseguía, aunque esta última llevara ahora la ropa de
la amable y se hubiera puesto su mejor cara de buena persona. La ropa no las
engañó. La cara, tampoco. Las palomas las habían fichado por el rostro, y el
rostro no cambia con un jersey nuevo. (Ya lo dice el refrán: “Aunque la mona se
vista de seda, mona se queda”).
«Las
palomas reconocen caras, guardan rencor y actúan en consecuencia. Son, en
esencia, mejores testigos que la mayoría de los seres humanos que declaran ante
un tribunal.»
Las conclusiones que se
derivan de este descubrimiento científico
Las implicaciones
prácticas de este descubrimiento son más serias de lo que parecen a primera
vista. Piensa en la última vez que espantaste una paloma. Quizás fue sin
querer: un movimiento brusco al sentarte en un banco, un gesto instintivo al
pasar por debajo de una cornisa concurrida. Y lo olvidaste al instante. La
paloma, según la ciencia, no.
¿Y esa mancha que
encontraste en el capó del coche el martes por la mañana? ¿Y la del parabrisas
del jueves? ¿Casualidad? Quizás. O quizás hay una paloma en tu barrio que tiene
muy buena memoria, una puntería notable y mucho tiempo libre para meditar sobre
agravios pasados. No estoy diciendo que sea así. Solo digo que la ciencia ya no
permite descartarlo.
Una propuesta de
reforma policial
Dicho lo cual, y siendo
pragmático, lo que la ciencia nos ha dado es una oportunidad. Si las palomas
identifican caras con mayor fiabilidad de lo que cabría esperar, y si además lo
hacen sin adiestramiento previo, sin sueldo, sin sindicato y sin jubilación
anticipada, la pregunta que cualquier responsable de seguridad debería hacerse
es evidente: ¿por qué seguimos usando perros policía cuando podríamos usar
palomas?
PALOMA POLICIAL VS. PERRO
POLICÍA · ANÁLISIS COMPARATIVO
Coste de mantenimiento: la paloma
come migas de pan. El pastor alemán, pienso especial a 4 euros el kilo.
Transporte: la paloma va en el hombro
del agente. El perro necesita furgón policial con climatización.
Señal de alerta: el perro
ladra. La paloma arrulla. Más discreto. Mejores operaciones encubiertas.
Identificación del sospechoso: ambos
igualmente eficaces. La paloma, además, no necesita que el delincuente huela a
algo.
Problema: el uniforme del agente. Llevar una
paloma en el hombro ocho horas tiene sus consecuencias para la chaqueta. Habrá
que resolver esto con intendencia.
Así sería el futuro
Un agente de policía
patrulla la plaza mayor con su paloma en el hombro. El ave gira la cabeza, fija
la mirada en un individuo sospechoso y arrulla tres veces —señal convenida de
alerta—. El agente se acerca: «Documentación, por favor». El individuo pregunta
por qué. El agente señala discretamente a su hombro derecho. No hace falta más
explicación.
Tendrá sus inconvenientes, sí. Pero también tiene una ventaja que ningún perro policía puede ofrecer: la paloma, una vez identificado el malo, puede seguirle a donde quiera que vaya sin levantar ninguna sospecha. Es una paloma. Están en todas partes. Nadie las mira. Y ellas, sin embargo, lo ven todo. Y lo recuerdan.
La próxima vez que cruces
una mirada con una paloma en la calle, piénsatelo dos veces antes de
espantarla. Puede que solo esté buscando migas. O puede que lleve semanas
siguiéndote y esperando su momento.
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melodía permanece”, está disponible en ediciones digital e impresa en Amazon y
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permanece”:
Tendrá sus inconvenientes, sí. Pero también tiene una ventaja que ningún perro policía puede ofrecer: la paloma, una vez identificado el malo, puede seguirle a donde quiera que vaya sin levantar ninguna sospecha. Es una paloma. Están en todas partes. Nadie las mira. Y ellas, sin embargo, lo ven todo. Y lo recuerdan.


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