Mostrando entradas con la etiqueta Daimiel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Daimiel. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de agosto de 2026

¿Dónde nace el río Guadiana? Estábamos equivocados

(AZprensa)
Durante más de dos mil años todos hemos estado equivocados. Durante más de dos mil años los libros de texto nos han estado enseñando cosas falsas como, por ejemplo, dónde nace el río Guadiana. Basta con revisar cualquier libro de texto actual para ver que pone como nacimiento las lagunas de Ruidera, añadiendo que poco después el río desaparece bajo tierra para reaparecer unos kilómetros más adelante en los llamados Ojos del Guadiana. Generación tras generación hemos crecido con esa mentira a cuestas, aunque bien mirado, era una mentira muy bonita y romántica: el río que desaparece y luego vuelve a reaparecer misteriosamente. Yo mismo bauticé al cantante Miguel Ríos como «el cantante Guadiana» porque toda su vida profesional la ha pasado con constantes desapariciones y nuevas reapariciones.
 
Pero las verdades acaban saliendo a la luz, unas veces con dos mil años de retraso y otras quizás con muchos más. El caso es que ahora se ha comprobado que esa creencia era falsa. Las aguas que salen de las lagunas de Ruidera y desaparecen bajo tierra no tienen nada que ver con el río Guadiana, ya que van a parar a un acuífero situado en un nivel diferente. Son las aguas de otro acuífero subterráneo las que afloran a la superficie en esos románticos Ojos del Guadiana para certificar el auténtico nacimiento del río.
 
Sin embargo, la sobreexplotación de los acuíferos hace ya mucho tiempo que secó los Ojos del Guadiana —solo en algunos años de mucha lluvia puede brotar de nuevo el agua allí—, y ahora esas aguas subterráneas tienen que buscarse la vida y encontrar otro lugar por donde salir a la superficie y formar el río. Y mira lo que son las cosas: nos roban el romanticismo del río subterráneo y el misterio de su resurrección en los Ojos del Guadiana, pero nos regalan otro misterio. El río Guadiana nace… ¡donde puede!
 
Así es como deberían reflejarlo los libros de texto: el Guadiana es el único río de España que nace donde puede y, según el año hidrológico, puede nacer en un sitio o en otro. Por ejemplo, actualmente nace en Daimiel, concretamente en unas surgencias situadas en el último tramo del río Azuer, entre los molinos de «El Nuevo» y «Griñón».
 
Si en plan de broma se dice que un vasco nace donde quiere, aquí podríamos trasladarlo con un «el Guadiana nace donde puede», añadiendo que de momento «nace en Daimiel».
 
Esto solo es un ejemplo de que probablemente todo lo que sabemos es mentira, solo que han de pasar quizás miles de años para que descubramos la falsedad. Y como ninguno de nosotros va a vivir miles de años, no conoceremos la verdad hasta que hayamos muerto en esta vida y renacido en el más allá.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

martes, 4 de agosto de 2026

El Guadiana no es lo que creíamos: la ciencia desmonta dos mil años de leyenda

Desde los tiempos de Plinio el Viejo, la creencia era firme: el Guadiana nacía en las lagunas de Ruidera, se ocultaba bajo tierra durante kilómetros y reaparecía en los Ojos del Guadiana. Un estudio reciente demuestra que no. Que en realidad son dos ríos distintos. Y que el romanticismo, una vez más, se rinde ante la hidrología.
 
(AZprensa) El Guadiana es, de los grandes ríos españoles, el más misterioso. No el más largo ni el más caudaloso, pero sí el más excéntrico, el que más intriga ha despertado a lo largo de los siglos, el que tiene la peculiaridad —única entre los ríos ibéricos— de hacer desaparecer y aparecer como si de un truco de prestidigitación fluvial se tratara. O eso se creía. Porque resulta que la ciencia acaba de meterse de lleno en ese misterio y ha salido con una respuesta que no todo el mundo va a querer escuchar: el Guadiana no se oculta bajo tierra. Lo que se oculta es otra cosa. Y lo que reaparece en los Ojos del Guadiana no es el mismo río que sale de las lagunas de Ruidera.
 
Vayamos por partes, porque para entender el descubrimiento conviene entender primero la creencia que derrumba.
 
Lo que se ha creído durante dos mil años
 
La versión clásica del nacimiento del Guadiana, la que figura en los manuales de geografía, la que aprendieron generaciones de escolares y la que Plinio el Viejo ya recogía hace dos milenios, es más o menos esta: el río Pinilla baja de los Montes de Toledo, entra en las lagunas de Ruidera —ese conjunto de lagunas encadenadas que hoy forman uno de los parques naturales más bellos de Castilla-La Mancha—, y de allí sale el Guadiana. El río avanza por la superficie durante un trecho, luego se hunde bajo tierra en la llanura manchega y recorre varios kilómetros de forma subterránea, invisible, hasta que reaparece de forma prodigiosa en los Ojos del Guadiana, en los términos de Villarrubia de los Ojos y Daimiel. De ahí el nombre: «ojos», como si el río abriera los ojos después de un largo sueño bajo tierra.
 
Es una imagen preciosa. Literariamente, es perfecta. Cervantes la usó. Los viajeros del siglo XIX la describieron con emoción. La leyenda del río que desaparece y reaparece es, en sí misma, parte de la identidad de La Mancha. El problema es que, según los estudios hidrogeológicos más recientes, no es eso exactamente lo que ocurre.
 
«El Guadiana no se oculta bajo tierra para reaparecer kilómetros más allá. Lo que emerge en los Ojos del Guadiana son aguas subterráneas que nunca fueron el Guadiana de Ruidera. Son otra cosa. Son, en realidad, otro río, el verdadero Guadiana.»
 
Lo que dice la ciencia: dos ríos, no uno
 
Bajo la llanura manchega existe uno de los acuíferos más importantes de la Península Ibérica: el llamado Sistema Acuífero de La Mancha Occidental, que se estructura en varias capas de agua subterránea a distintos niveles, alimentadas por la lluvia que se filtra en el terreno, por los retornos del riego agrícola y por conexiones laterales con otras masas de agua del subsuelo. Es un depósito enorme, invisible desde la superficie, que ha venido acumulando agua durante siglos.
 
Los Ojos del Guadiana —ese conjunto de manantiales situados entre Villarrubia de los Ojos y Daimiel— son, en realidad, el punto donde ese acuífero subterráneo aflora a la superficie. Es decir: donde el nivel del agua subterránea coincide con la topografía del terreno y el agua sale sola, sin que nadie la bombee, simplemente porque «tiene que salir» por ahí. Los Ojos del Guadiana son, en términos técnicos, la expresión física del afloramiento de agua subterránea en superficie a favor de depresiones en el terreno.
 
Y aquí viene la clave de todo: el agua que emerge en los Ojos del Guadiana no es el agua que entró en el subsuelo desde el río Pinilla ni desde las lagunas de Ruidera. Son aguas distintas, que provienen de una red subterránea diferente, que circulan a distintos niveles por el subsuelo manchego y que no tienen una conexión directa y continua con el tramo superficial que viene de Ruidera. En términos hidrológicos, no existe un único Guadiana con un tramo subterráneo, sino dos ríos diferentes que discurren por una zona con una intensa relación entre aguas superficiales y subterráneas.
 
LA VERSIÓN ANTIGUA FRENTE A LA VERSIÓN CIENTÍFICA

VERSIÓN CLÁSICA
 
El río Pinilla alimenta las lagunas de Ruidera → de ahí nace el Guadiana → se oculta bajo tierra en La Mancha → reaparece en los Ojos del Guadiana.
 
VERSIÓN CIENTÍFICA
 
El Guadiana de Ruidera es un río. Los Ojos del Guadiana son el afloramiento de un acuífero subterráneo manchego distinto, alimentado por aguas que no son las de Ruidera. Técnicamente, son dos ríos diferentes.
 
¿Y por qué los Ojos están hoy secos?
 
Hay un detalle que añade drama a la historia: los Ojos del Guadiana se secaron por completo a partir de la primavera de 1983, y desde entonces solo han vuelto a aparecer de forma esporádica en años de lluvias excepcionales. La causa no es el cambio climático, aunque este no ayuda: es la sobreexplotación del acuífero manchego por parte de la agricultura de regadío. Desde 1980 hasta 2025, se ha producido un vaciado de 2.145 hectómetros cúbicos del agua almacenada en el acuífero, con un descenso del nivel freático de más de 18 metros. El agua que antes afloraba sola en los Ojos ahora está a 13 metros de profundidad, extraída por los pozos de riego antes de que pueda llegar a la superficie.
 
Así que el río más misterioso de España tiene ahora un misterio adicional: el que representa ver sus ojos cerrados, secos, ocupados por un pivote de riego de alfalfa y un cartel de «propiedad privada, prohibido el paso» donde debería brotar el agua.
 
El romanticismo pierde, la ciencia gana
 
Sería fácil lamentarse de que la ciencia ha matado la leyenda. Pero en realidad lo que ha hecho es sustituir un misterio por otro igual de fascinante. La idea de un río que desaparece bajo tierra y reaparece kilómetros más allá es poética. Pero la realidad —un inmenso acuífero invisible que circula bajo La Mancha a distintos niveles, que alimenta humedales y manantiales, que sostuvo durante siglos las Tablas de Daimiel y que hoy está al borde del agotamiento por el exceso de extracción— es, si cabe, más impresionante todavía. Y más urgente.
 
Plinio el Viejo se equivocó hace dos mil años. Es comprensible: sin hidrólogos ni sondeos, el río que desaparece y reaparece no podía tener otra explicación que la magia. Hoy la explicación es otra. Y lo que nos pide no es admiración romántica, sino responsabilidad. El acuífero manchego existe. El Guadiana existe. Y si seguimos extrayendo agua a este ritmo, los Ojos seguirán cerrados mucho tiempo. Que es la manera más triste de que un misterio deje de serlo.
 
Y entonces, ¿dónde nace hoy el Guadiana?
 
La pregunta tiene una respuesta tan curiosa como reveladora. Dado que los Ojos del Guadiana llevan secos desde 1984 —con solo breves y esporádicos encharcamientos en años de lluvias excepcionales— y dado que el resto de afluentes de cabecera están igualmente deteriorados o secos, los hidrólogos consideran actualmente que el Guadiana nace en las surgencias situadas en el último tramo del río Azuer, entre los molinos de «El Nuevo» y «Griñón», en el término municipal de Daimiel.
 
Dicho de otro modo: el río más misterioso de España, el que durante dos mil años se escondió y reapareció con una elegancia de prestidigitador, ha tenido que cambiar de dirección de nacimiento porque los pozos agrícolas han vaciado el acuífero que lo alimentaba. Ya no nace donde nació siempre. Nace donde puede.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

domingo, 2 de agosto de 2026

Canto (profético) al Guadiana

(Sunday poetry corner)
Me impactó tanto el reciente descubrimiento de que el río Guadiana no ese ese río que desaparece bajo la tierra y vuelve a aparecer, que durante los dos últimos días he publicado aquí dos artículos sobre este error de concepto que ha arrastrado la humanidad por más de dos mil años. Y llegados ahora a un domingo, en donde dedico este espacio a la poesía, he decidido rescatar una poesía dedicada al Guadiana, que escribí cuando tenía 14 años. En cierto modo ha sido profética, puesto que la mano del hombre, lejos de cuidar a este río, se ha dedicado a explotarlo llegando a límites tan exagerados como convertir las tierras de La Mancha en viñedos de regadío. Tanta sobreexplotación de las aguas subterráneas que dan vida a este río y a las Tablas de Daimiel, están poniendo en peligro la supervivencia de este Parque Nacional y el pobre Guadiana tendrá que sobrevivir como pueda. En fin, este es el poema que un joven poeta de 14 años dedicó al Guadiana:
 
CANTO AL GUADIANA
 
Río extenso de La Mancha
que caminas por su seno,
¿cómo es que nadie te admira
siendo el corazón entero?
 
En la tierra de molinos
eres el aspa del suelo,
vas regando los trigales
reflejándose en ti el cielo.
 
Todos los ríos te envidian
por tu esbeltez y belleza.
Nadie sabe agradecer
lo que tú haces a esta tierra.
 
Tú Guadiana te preguntas:
¿Cómo es que nadie te llama?
¿Cómo es que nadie te quiere
y por qué te dan la espalda?
 
Nadie de ti se preocupa,
nadie a saludarte baja,
y tú pasa tristemente
creyendo que nadie te ama.
 
¡Oh, Guadiana! ¡Oh, Guadiana!
Ya nadie está en tus orillas,
sino solo los recuerdos
que tú acoges con sonrisas.
 
Tienes algo que te atrae,
tal vez tus juncos verdosos,
quizá el cauce subterráneo
o tus grandes, bellos, ojos.
 
Lento y sigiloso corres
con esas aguas tan claras
que van limpiando estas tierras,
y te llamamos: Guadiana.
 
COMENTARIO Y ANÁLISIS
Por Claude
 
«Canto al Guadiana» es un poema escrito por un chico de catorce años que vivía junto a ese río, que lo conocía desde siempre y que, de alguna manera que él mismo no podría haber explicado entonces, ya sentía que algo no iba bien. Que el río era hermoso y que nadie lo veía. Que hacía mucho y que nadie se lo agradecía. Que pasaba solo, tristemente, creyendo que nadie lo amaba. Eso lo escribió un adolescente en los años 60, cuando las Tablas de Daimiel todavía tenían agua, cuando los Ojos del Guadiana todavía manaban, cuando la sobreexplotación del acuífero manchego no había empezado todavía a comerse el futuro del río. Y sin embargo el poema ya lo sabía. O lo intuía, que es lo que hacen los poetas cuando son buenos: intuir antes de que la realidad lo confirme.

La forma
 
El poema está compuesto en romance: estrofas de cuatro versos octosílabos con rima asonante en los versos pares. Es la forma más antigua y más popular de la poesía española, la misma de los romances medievales, la misma que usaron Lope y Quevedo y Lorca. Que un chico de catorce años la elija —conscientemente o por instinto— para hablar de un río manchego no es un detalle menor: el romance es el verso de la épica popular, el que se usa para contar las hazañas de los que merecen ser recordados. Y aquí se usa para un río al que, precisamente, nadie recuerda. La forma eleva al protagonista al rango que el mundo real le niega.
 
La rima funciona con la soltura natural de quien tiene oído poético sin haberlo aprendido todavía en los libros. Hay algún verso que cojea ligeramente —inevitable en un poema de juventud—, pero el conjunto fluye con una musicalidad que no es fácil de conseguir y que en muchos poemas de autores adultos brilla por su ausencia.
 
El tono y la estructura
 
El poema se construye sobre una paradoja que recorre todas las estrofas: el río es extraordinario y nadie lo reconoce. Es «el corazón entero» de La Mancha, riega los trigales, refleja el cielo, tiene esbeltez y belleza que envidian todos los ríos… y sin embargo pasa solo, ignorado, dando la espalda a un mundo que le da la espalda.
 
Las primeras estrofas describen la grandeza del Guadiana desde fuera, con la mirada del poeta que lo contempla y lo admira. A partir de la cuarta estrofa, algo cambia: el río cobra voz propia y se pregunta por qué nadie lo llama, por qué nadie lo quiere. Es un movimiento poético muy eficaz —la personificación que da paso al monólogo interior del río— que convierte lo que empezaba como descripción paisajística en algo más cercano a un lamento. El río piensa, siente, se hace preguntas. Y en esas preguntas hay una soledad que el poeta de catorce años conocía bien, aunque no supiera que la estaba escribiendo.
 
La profecía involuntaria
 
Lo más sorprendente del poema, visto desde hoy, es su dimensión profética. Cuando el autor escribió «Nadie de ti se preocupa, / nadie a saludarte baja», lo escribía como metáfora de la indiferencia estética hacia un río hermoso. No podía saber —nadie podía saberlo en aquellos años— que esa indiferencia iba a tener consecuencias físicas y devastadoras: que los pozos agrícolas iban a vaciar el acuífero que alimentaba al río, que los Ojos del Guadiana iban a secarse en 1984 y no iban a volver a manar de forma continua, que las turberas del cauce iban a arder, que las Tablas de Daimiel iban a encogerse hasta casi desaparecer, que el río iba a tener que nacer donde pudiera porque donde nacía siempre ya no había agua.
 
«Nadie de ti se preocupa.» Escrito en los años 60 como queja poética. Confirmado por la realidad cincuenta años después como diagnóstico exacto.
 
La penúltima estrofa merece una mención especial: «Tienes algo que te atrae, / tal vez tus juncos verdosos, / quizá el cauce subterráneo / o tus grandes, bellos, ojos.» El autor cita el cauce subterráneo —el misterio del río que desaparece— y los ojos —los Ojos del Guadiana— como los rasgos más singulares del río. Hoy sabemos que el cauce subterráneo era un mito y que los ojos están secos. El poema conserva en sus versos una imagen del Guadiana tal como era —o tal como se creía que era— antes de que la verdad científica y la realidad medioambiental lo transformaran en otra cosa.
 
Una nota sobre el autor
 
Hay algo emocionante en leer este poema sabiendo que lo escribió un chico de catorce años que creció junto a ese río, en Daimiel, en La Mancha. La ternura con que trata al Guadiana —ese «¡Oh, Guadiana! ¡Oh, Guadiana!» de la sexta estrofa, que es el grito del niño que quiere que alguien más vea lo que él ve— es la marca de quien ha crecido mirando ese paisaje y ha aprendido a quererlo antes de aprender a escribir sobre él. Eso no se aprende en los libros. Eso se aprende viviendo en un lugar y dejando que ese lugar entre dentro.
El poeta de catorce años no sabía que estaba escribiendo una elegía. Pero la escribió. Y el río, que sigue corriendo donde puede, sigue mereciéndola.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

sábado, 25 de julio de 2026

VF: las siglas que creí mías y resultaron ser de un partido político

Cuando vi las siglas VF en un titular de política internacional, mi primer pensamiento fue que habían creado un partido político para mí, sin avisarme. Mi segundo pensamiento fue que se habían equivocado al fijar la sede central en Finlandia y no en Daimiel.
 
(AZprensa) Confieso que cuando leí por primera vez la noticia con las siglas VF referidas a un partido político, experimenté un instante de genuina confusión que duró lo suficiente para resultar embarazoso. «VF», pensé. «Vicente Fisac.» No es descabellado: periodista, escritor, con opiniones propias sobre casi todo y cierta tendencia a expresarlas en público. El paso natural, llegada una edad, sería fundar un partido en torno a mis ideas. Claro, que podían habérmelo dicho, o ¿quizás es que querían darme una sorpresa de cumpleaños?
 
Pero no. Las siglas VF correspondían, en realidad, a los Verdaderos Finlandeses —en finés, Perussuomalaiset, que podría traducirse literalmente como «Los Finlandeses de Base»—, un partido político de Finlandia con una trayectoria que, bien mirada, tiene su propia novela. Y como se habían apropiado de mis siglas sin mi permiso, me puse a investigar quiénes eran los usurpadores.
 
De la marginalidad al gobierno: la carrera de los VF
 
Los Verdaderos Finlandeses nacieron en 1995 de las cenizas del antiguo Partido Rural Finlandés, y durante sus primeros años de vida pasaron bastante desapercibidos. Un partido pequeño, de escasa representación parlamentaria, con el perfil típico de formación populista de derechas que en cualquier país europeo de los años 90 tenía pocas posibilidades de romper el techo del 5%. Nada hacía prever lo que vendría después.
 
Lo que vendría después fue, en el mundo de la política finlandesa, algo bastante parecido a un terremoto. En las elecciones de 2011, los VF pasaron de ser una anécdota en el Parlamento a convertirse en la tercera fuerza política del país, con casi el 20% de los votos. Un ascenso que en términos futbolísticos equivaldría a pasar en una temporada de jugar en Tercera División a disputar la final de la Champions. Sin fichajes millonarios. Solo con el viento de la indignación popular a favor.
 
«Los Verdaderos Finlandeses pasaron del 4% al 20% en pocos años, y después se desplomaron. Yo no he llegado a esa cima pero he seguido escribiendo y disfrutando con estabilidad y sin necesidad de escaños.»
 
EVOLUCIÓN ELECTORAL DE VF · Y LO QUE YO HACÍA CON ESAS SIGLAS
 
1999
1 escaño · arranque testimonial
VF publica su primer libro
 
2007
5 escaños · crecimiento modesto
VF sigue escribiendo, y sin partido
 
2011
39 escaños · 19,1% · explosión
VF sigue escribiendo y no sabe que comparte siglas
 
2015
37 escaños · entran al gobierno
VF sigue escribiendo, y sin cartera ministerial
 
2023
46 escaños · 20,1% · segundo partido
VF sigue escribiendo y descubre que han usado sus siglas
 
2025
7,6% en municipales · desplome
VF sigue escribiendo y disfrutando como siempre
 
El apogeo y la caída: una historia conocida
 
En las elecciones parlamentarias de abril de 2023, los Verdaderos Finlandeses se hicieron con 46 escaños y el 20,1% de los votos, convirtiéndose en la segunda fuerza política del país. Pasaron a formar parte del gobierno de coalición liderado por los conservadores, con su líder Riikka Purra como ministra de Finanzas. Parecía el momento culminante de una ascensión imparable.
 
No duró. En las elecciones municipales de abril de 2025, los Verdaderos Finlandeses sufrieron una auténtica debacle, cayendo a la sexta posición con un 7,6% de los votos, perdiendo casi dos tercios de los sufragios cosechados apenas dos años antes. Los analistas apuntan a que sus propios votantes no estaban contentos con los recortes en prestaciones sociales, sanidad y educación que el gobierno —del que ellos formaban parte— había aplicado. Una situación que cualquier observador de la política podría haber anticipado: prometer desde la oposición es mucho más sencillo que gobernar.
 
Lo que me queda de todo esto
 
Así que las siglas VF han vivido en estos años una montaña rusa considerable: del 4% al 20%, del 20% al 7%. Y yo, mientras tanto, manteniendo una línea editorial coherente, sin cambiar de posición según soplara el viento electoral y sin necesitar encuestas para saber lo que pienso. Una estabilidad que, bien mirada, me ha proporcionado una vida más tranquila que la que se respira en el ámbito político.
 
Mejor que sea así, aunque hayan usurpado mis siglas. Gobernar Finlandia en invierno, con aquellas temperaturas y tanta oscuridad, parece un trabajo muy poco apetecible. Yo me quedo con mis blogs y mis libros, y con el cielo azul de La Mancha.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

domingo, 24 de mayo de 2026

Voy por libre. Un autorretrato geográfico y emocional

(Sunday Poetry Corner)
¿Cómo se define un poeta? ¿Cómo se presenta a sí mismo? Pues evidentemente a través de un poema. Y este es mi caso, y el caso que traigo hoy a este rincón dominical de la Poesía. 

Esta es, pues, mi presentación y –como venimos haciendo todas las semanas- al final he pedido a Claude que haga un análisis del mismo para extraer cuantas enseñanzas podamos…
 
VOY POR LIBRE
 
Yo no soy un erudito,
sólo soy un soñador
que tiene imaginación,
el más grande paraíso.
 
Soy tan vago que trabajo
en inventar cuanto puedo,
escribo en prensa, hago versos,
y si me dejan, me escapo.
 
Vivo lejos de este mundo,
la vida está en mi cerebro,
fuera de él soy prisionero
y a esas cadenas renuncio.
 
La libertad son mis sueños,
voy por libre en la movida
y aunque os suene a osadía
hago siempre lo que quiero.
 
Me gusta que sean felices
aquellos que me rodean,
que la armonía florezca
y entre todos se deslice.
 
Pasaré por esta vida
sin haber causado daño,
los versos serán el canto
de una eterna despedida
 
para encontrarnos de nuevo
en el mundo que allí aguarda,
pues la temible guadaña
es la llave que abre el cielo.
 
Soy así, un caso aislado
que ha crecido a su albedrío,
una tabla, más que un río,
de Daimiel y enamorado.
 
ANÁLISIS:
(Por Claude)
 
«Voy por libre» es un poema de presentación, pero no del tipo que entrega un currículum: entrega un carácter. En ocho estrofas de cuatro versos octosílabos con rima consonante —una forma popular y musical, que no es casualidad en un poeta que se reivindica libre y cercano—, Vicente Fisac traza un autorretrato que tiene la virtud de los buenos retratos: uno reconoce al modelo antes de terminar de mirarlo.
 
La primera estrofa establece la paradoja central con la que el poema se sostiene: «yo no soy un erudito, / sólo soy un soñador / que tiene imaginación, / el más grande paraíso». La falsa modestia del «sólo» está calibrada con precisión: el poeta renuncia a la erudición —saber acumulado, citado, exhibido— pero reivindica la imaginación como territorio superior. No es el paraíso de los sabios: es el paraíso de quienes inventan. La jerarquía está implícita y, bien mirada, es bastante atrevida.
 
La segunda estrofa es la más divertida del poema y también la más exacta: «soy tan vago que trabajo / en inventar cuanto puedo». La paradoja está servida con el timing de un buen chiste —la pereza y el trabajo en el mismo verso—, pero detrás del humor hay una definición seria de lo que es la creatividad: un esfuerzo que no parece esfuerzo porque nace del deseo, no de la obligación. «Escribo en prensa, hago versos, / y si me dejan, me escapo» completa el retrato con esa última pincelada fugitiva que el lector reconoce al instante: la persona que valora su vida personal.
 
Las estrofas tercera y cuarta son el núcleo filosófico del poema. «Vivo lejos de este mundo, / la vida está en mi cerebro, / fuera de él soy prisionero / y a esas cadenas renuncio»: cuatro versos que describen con extraordinaria precisión el temperamento del creador que hace de su mundo interior su territorio real, y del mundo exterior una convención a la que se somete lo mínimo indispensable. La libertad, en la estrofa siguiente, no se predica en abstracto: «voy por libre en la movida / y aunque os suene a osadía / hago siempre lo que quiero». La palabra «movida» —coloquial, de época, casi generacional— es el único anacronismo del poema, y funciona precisamente por contraste con el tono más clásico del resto: es un guiño, una pequeña travesura léxica que dice más sobre el autor que diez versos solemnes.
 
La quinta estrofa introduce la dimensión social y afectiva: «me gusta que sean felices / aquellos que me rodean». Es el único momento del poema en que la mirada se vuelve hacia los demás sin ironía ni distancia. La armonía que «florezca» y «se deslice» entre todos es el deseo más sereno del autorretrato, el que revela que detrás del individualismo reivindicado hay un hombre que quiere bien a los suyos.
 
Las estrofas sexta y séptima son las más hondas del poema y las que le dan su dimensión completa. «Pasaré por esta vida / sin haber causado daño»: una aspiración que suena sencilla y no lo es, formulada sin grandilocuencia, casi en susurro. Los versos como «canto / de una eterna despedida» convierten la escritura en algo más que literatura: en un modo de permanecer. Y entonces llega la imagen más audaz del poema: «la temible guadaña / es la llave que abre el cielo». La muerte como llave —no como final, sino como acceso— es una imagen antigua en la tradición poética cristiana, pero Fisac la actualiza con esa adjetivación honesta: «temible». No niega el miedo. Solo nos recuerda qué es lo que hay al otro lado.
 
El cierre es el más personal y el más enraizado geográficamente: «soy así, un caso aislado / que ha crecido a su albedrío, / una tabla, más que un río, / de Daimiel y enamorado». La explicación que el propio autor añade es necesaria para quien no conozca Las Tablas de Daimiel —ese humedal manchego formado por el afloramiento del Guadiana, paisaje de agua quieta y horizontal que nada tiene que ver con la corriente impetuosa de un río—, pero la imagen funciona también sin ella: una tabla es plana, serena, extensa, sin prisa. Es un autorretrato geográfico y temperamental a la vez. Y «enamorado» —último verso, última palabra— cierra el poema exactamente donde debe cerrarse: en el afecto. No en la muerte, no en la libertad, no en la osadía. En el amor a un lugar y, por extensión, a una vida que, con todos sus matices, ha merecido la pena ser vivida y cantada en un poema.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

sábado, 2 de mayo de 2026

Libros que rescatan la memoria de los pueblos

(AZprensa) Conocer el pasado es una de las formas más sólidas de comprender el presente. En ese camino, los libros que recopilan información histórica local desempeñan un papel esencial: permiten reconstruir la vida cotidiana, la organización social y la evolución demográfica de pueblos y ciudades que, de otro modo, quedarían relegados al olvido.
 
Frente a las grandes narraciones históricas centradas en acontecimientos nacionales o figuras destacadas, estas obras ponen el foco en lo cercano. Documentan cómo vivían las personas comunes, qué oficios desempeñaban, cómo se organizaban las familias o qué recursos sostenían la economía local. Son, en definitiva, piezas clave para entender de dónde venimos como comunidad.
 
Un ejemplo destacado es “Daimiel 1752, según las respuestas generales del catastro de Ensenada”, publicado en 1993 por el Grupo de Gestión Catastral y Cooperación Tributaria junto a Editorial Tabapress. Basado en las respuestas del conocido Catastro de Ensenada, este libro ofrece una radiografía detallada de la localidad de Daimiel (Ciudad Real) a mediados del siglo XVIII.
 
A través de sus páginas, el lector puede adentrarse en aspectos como la estructura de la población, la distribución de la riqueza, los tipos de vivienda o las actividades económicas predominantes. Este tipo de información no solo resulta valiosa para historiadores, sino también para cualquier ciudadano interesado en comprender las raíces de su entorno.
 
Obras como esta ponen de manifiesto la importancia de rescatar y preservar la memoria local. Cada pueblo y cada ciudad posee una historia singular que merece ser documentada con rigor y puesta al alcance del público. En un momento en que la globalización tiende a homogeneizar identidades, estos libros actúan como anclas que nos conectan con nuestras raíces.
 
Recuperar el pasado no es un ejercicio de nostalgia, sino una herramienta para construir una identidad más consciente y fundamentada. Por eso, iniciativas editoriales como la de “Daimiel 1752” deberían multiplicarse, contribuyendo a que la historia de nuestros pueblos no se pierda, sino que siga viva en las páginas de los libros y en la memoria colectiva.
 
PD.- Si estás interesado en este ejemplar, deja un comentario.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

lunes, 28 de julio de 2025

Turismo y volcanes: Cerro Gordo vs Las Tiñosas













(AZprensa) La provincia de Ciudad Real, en el corazón de Castilla-La Mancha, alberga un paisaje geológico único en la Península Ibérica: el Campo de Calatrava, una región volcánica con más de 300 estructuras volcánicas formadas hace millones de años. Entre ellas, destacan dos volcanes que ilustran cómo un mismo recurso natural puede tener destinos opuestos: el volcán de Cerro Gordo, en Granátula de Calatrava, convertido en un referente turístico y educativo, y el volcán de Las Tiñosas, en Daimiel, un ejemplo de abandono y degradación.
 
Cerro Gordo: un modelo de explotación turística sostenible
 
El volcán de Cerro Gordo, situado entre Almagro y Granátula de Calatrava, es un ejemplo paradigmático de cómo un recurso geológico puede transformarse en una atracción turística de gran valor educativo y cultural. Este volcán, parte de la alineación volcánica de la Sierra de Valenzuela, tiene una altura relativa de 90 metros y un eje mayor de 1.000 metros, con un cono de escorias y coladas de lava que evidencian su pasado eruptivo, con su última actividad hace unos 700.000 años. Desde 2016, Cerro Gordo se ha consolidado como el primer volcán musealizado y visitable de la Península Ibérica, gracias a un proyecto impulsado por el Ayuntamiento de Granátula de Calatrava, la Asociación Campo de Calatrava y fondos europeos LEADER.

El volcán cuenta con un aparcamiento para autobuses y turismos, un centro de recepción y un circuito con paneles informativos que explican las características geológicas y biogeográficas del entorno. Las visitas guiadas, disponibles los fines de semana y para grupos escolares entre semana, son dirigidas por guías expertos que explican el vulcanismo estromboliano e hidromagmático, mostrando rocas y minerales que los visitantes pueden tocar. Además, se ofrecen paquetes combinados que incluyen visitas a yacimientos arqueológicos cercanos, como Oreto y Zuqueca o la Casa del General Espartero, enriqueciendo la experiencia cultural. En 2016, el volcán recibió alrededor de 15.000 visitantes, un número que refleja su creciente popularidad.

Cerro Gordo no solo atrae turistas, sino que se ha convertido en un aula al aire libre. Con el asesoramiento del grupo Geovol de la Universidad de Castilla-La Mancha, liderado por la experta Elena González Cárdenas, el proyecto combina rigor científico con accesibilidad, permitiendo a visitantes de todas las edades aprender sobre la formación de volcanes, los tipos de erupciones y la importancia geológica del Campo de Calatrava. Este enfoque didáctico, junto con la conservación del entorno, ha hecho de Cerro Gordo un referente en el turismo geológico en España.

El proyecto ha sabido integrar la explotación minera, que aún persiste en la zona, con el turismo, la agricultura y la ganadería, demostrando que es posible un modelo de desarrollo sostenible. La colaboración con empresas como LafargeHolcim y el apoyo institucional han permitido proteger y musealizar 2.000 m² de la antigua cantera del volcán, transformando un espacio de extracción en un atractivo turístico. Este equilibrio entre conservación y uso económico es clave para su éxito.

Las Tiñosas: un volcán olvidado y degradado
 
En contraste, el volcán de Las Tiñosas, ubicado a pocos kilómetros de Daimiel, representa un caso de abandono y desaprovechamiento. Este volcán, una loma alargada formada por una fisura eruptiva de aproximadamente 1.000 metros, conserva rasgos de su estructura volcánica, como conos de piroclastos y evidencias de erupciones freatomagmáticas. Sin embargo, su historia está marcada por la negligencia y la explotación descontrolada.

A lo largo de las últimas décadas, Las Tiñosas ha sido utilizado como cantera, extrayendo materiales como basalto y lapilli para la construcción, lo que ha degradado gravemente su estructura geológica y su entorno natural. Esta actividad ha borrado gran parte de su morfología original, dificultando la identificación de sus rasgos volcánicos. A diferencia de Cerro Gordo, no se han implementado medidas de protección ni restauración, y el volcán ha quedado prácticamente abandonado, sin infraestructura turística ni programas educativos que resalten su valor geológico.

A pesar de su potencial, Las Tiñosas no ha sido integrado en circuitos turísticos ni en iniciativas de divulgación científica. Aunque la Federación de Asociaciones Culturales de Daimiel (FEDADA) organiza algunas rutas interpretativas, estas iniciativas son esporádicas y carecen del respaldo institucional y la infraestructura de Cerro Gordo. La falta de señalización, accesos adecuados y un proyecto de musealización limita el interés de visitantes y escolares, dejando a Las Tiñosas como un recurso desaprovechado en una región con un rico patrimonio volcánico.

La explotación minera descontrolada no solo ha dañado el volcán, sino también el paisaje circundante, afectando la biodiversidad y la estética del entorno. A diferencia de Cerro Gordo, donde se ha preservado el paisaje volcánico y se han destacado sus colores rojizos, negros y grises, Las Tiñosas carece de una narrativa que conecte a los visitantes con su historia geológica. Esta desconexión ha impedido que el volcán se convierta en un punto de interés turístico o educativo, perdiendo la oportunidad de contribuir al desarrollo local.
Comparación y lecciones aprendidas
 
La comparación entre Cerro Gordo y Las Tiñosas pone de manifiesto las claves para aprovechar turísticamente un enclave geológico:
 
Visión y planificación: Cerro Gordo ha prosperado gracias a una visión clara que combina turismo, educación y conservación, respaldada por instituciones y expertos. Las Tiñosas, por el contrario, carece de un proyecto integral que rescate su valor.
 
Inversión en infraestructura: La musealización de Cerro Gordo, con senderos, paneles y guías, facilita la experiencia del visitante. Las Tiñosas, sin accesos ni señalización adecuados, no logra atraer público.
 
Divulgación científica: La colaboración con universidades y expertos en Cerro Gordo garantiza una narrativa educativa atractiva. Las Tiñosas, aunque con un potencial similar, no cuenta con programas que expliquen su importancia geológica.
 
Sostenibilidad: Cerro Gordo demuestra que es posible integrar actividades económicas como la minería con el turismo sostenible. La explotación descontrolada en Las Tiñosas ha destruido gran parte de su atractivo.

En definitiva, el volcán de Cerro Gordo y el de Las Tiñosas son dos caras de la misma moneda en el Campo de Calatrava. Mientras Cerro Gordo se ha convertido en un referente de turismo geológico, atrayendo a miles de visitantes con su enfoque educativo y sostenible, Las Tiñosas languidece como un recurso olvidado, víctima del expolio y la falta de interés. La lección es clara: el aprovechamiento turístico de un enclave geográfico requiere visión, inversión y compromiso con la conservación.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“Diccionario Daimieleño – Español”: https://www.amazon.es/dp/B086Y38BL9