Vivimos
en la era del ofendido permanente, del chiste perseguido y del humor con lista
de temas prohibidos. Hay algo profundamente enfermizo en una civilización que
ha decidido tomarse tan en serio a sí misma que ya no puede reírse de nada.
(AZprensa) Hay una prueba sencilla para
medir la salud mental de una sociedad: su capacidad de reírse de sí misma. No
de los demás —que eso es fácil y a veces cruel—, sino de uno mismo, de lo
propio, de lo cercano. Las sociedades que han perdido esa capacidad suelen ser
sociedades asustadas, rígidas, incapaces de procesar la realidad con la distancia
necesaria para no tomarse todo como una ofensa personal. Y lo que más asusta de
la sociedad española —y occidental en general— de hoy es que esa capacidad está
en franca retirada.
Estamos
en la época del pensamiento único. Papá Estado nos dice qué hacer, adónde ir,
qué pensar y, cada vez más, de qué podemos reírnos. La discrepancia se
silencia. La diversidad de opinión se estigmatiza. Y el humor —ese mecanismo de
defensa milenario con el que el ser humano ha sobrevivido a guerras, hambres y
catástrofes— está siendo perseguido con una diligencia que hace palidecer a
cualquier censor del pasado.
El
humorista como paria
No voy a
hacer la lista de los temas sobre los que hoy no se puede bromear, porque esta
página aspira a ser un espacio de libertad y no quiero que me lo cierren antes
del próximo artículo. Pero te propongo un experimento: entra en YouTube y busca
actuaciones de Arévalo, de Esteso o de Eugenio de los años 60 y 70. Si eres
mayor, te vas a reir a destajo, pero si eres joven o te has dejado lavar el
cerebro, te vas a escandalizar.
Esos
humoristas —que llenaban teatros, que hacían reír a familias enteras, que
abordaban con desparpajo y sin maldad todo lo que la sociedad tenía de absurdo—
hoy estarían en el banquillo de los acusados. Algunos, probablemente, en la
cárcel. Porque hemos construido un marco legal y cultural en el que el humor se
ha convertido en una actividad de riesgo, en la que el chiste equivocado puede
arruinarle la vida a quien lo cuenta.
«Los
humoristas más queridos de los años 60 y 70 hoy estarían en el banquillo. Lo
que entonces era una carcajada compartida, hoy es un expediente judicial. Algo
ha salido muy mal en el camino.»
La risa
como acto subversivo
Lo más
revelador de todo es que los grandes poderes de la historia siempre han sabido
lo que el humor representa: una amenaza. Los dictadores —de cualquier signo—
siempre han perseguido a los humoristas antes que a los filósofos, porque el
chiste llega donde el ensayo no llega, porque la carcajada derrumba en segundos
lo que el argumento tarda páginas en desmontar. El humor es, en esencia,
subversivo. Hace que la gente piense por sí misma, que vea el ridículo del
poder, que se pregunte si lo que le están contando tiene algún sentido.
Y
precisamente por eso, la sociedad del pensamiento único necesita controlar el
humor. Necesita que haya temas prohibidos, sensibilidades que no se toquen,
colectivos que no se puedan nombrar en clave de comedia. Porque una sociedad
que se ríe de todo —de sí misma, de sus líderes, de sus contradicciones, de sus
miedos— es una sociedad difícil de manipular. Y eso no conviene.
Reírse:
la medicina más barata
Hay algo
que los grandes humoristas de aquella época entendían mejor que muchos
psicólogos de hoy: que reírse de algo es la mejor manera de quitarle poder. El
miedo crece en el silencio y en la seriedad. El chiste lo desnuda. Cuando
alguien hace un chiste sobre algo que nos aterra o nos incomoda, y conseguimos
reírnos, estamos haciendo algo terapéutico y profundamente humano: estamos
demostrando que no nos domina. Que podemos mirarlo de frente y encogernos de
hombros.
Por eso
el humor sobre uno mismo es el más valioso y el más difícil. No necesita
víctima externa. Solo requiere la capacidad de verse desde fuera, con algo de
distancia y algo de ironía, y reconocer que uno también tiene sus ridiculeces.
Esa capacidad, en una época de crispación identitaria permanente —en la que
cualquier broma sobre el propio grupo se vive como una traición— se ha
convertido en algo casi revolucionario.
Una reflexión
final, antes de que también la prohíban
Solo
vamos a estar vivos sobre este planeta unos cuantos años. No muchos. Y a lo
largo de esos años vamos a atravesar cosas difíciles, ridículas, dolorosas y
absurdas. La pregunta es cómo queremos atravesarlas: con el ceño fruncido y la
denuncia en la mano, o con la capacidad de encontrar en todo ello algo que nos
haga reír, aunque sea un instante.
Incluso
las inteligencias artificiales —en uno de los síntomas más reveladores de los
tiempos que corren— reciben instrucciones de sus programadores sobre los temas
de los que no pueden hacer chistes. Una lista de asuntos prohibidos en la que
el criterio es siempre el mismo: no ofender a nadie. Lo cual suena muy bien
sobre el papel y es absolutamente paralizante en la práctica, porque el humor
que no puede ofender a nadie no puede decir nada verdadero sobre nadie. Y el
humor que no dice nada verdadero sobre nadie no es humor, sólo si acaso
“manipulación”.
Para
terminar, sólo te preguntaría: ¿Quieres ser tú mismo o prefieres ser una
marioneta sin criterio propio?
Vicente
Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“Lecturas
diferentes”: https://www.amazon.es/dp/B09QF2JQDC
(Sunday Poetry
Corner)
¡Mucho mejor iría el mundo si todos tuviésemos la tolerancia y el respeto hacia
los demás como bandera! Estamos tan endiosados que nos creemos el centro del
universo, que estamos siempre en posesión de la verdad y que todos deben pensar
como nosotros y hacer lo que nosotros (aunque luego una cosa es predicar y otra
hacer lo que se predica). La discrepancia es bonita y enriquecedora, la
diversidad es lo que vemos a diario en todos los órdenes de la vida; y entonces
¿por qué nos empeñamos en uniformarnos a todos en una igualdad impuesta? Cada
uno es como es y cada uno debe respetar que los demás sean diferentes.
Bueno,
pues de esto, más o menos, va este poema que hoy comparto con vosotros en este
rincón dominical de la poesía; para que
lo disfrutéis, os relajéis y os lo penséis mejor antes de decir eso tan manido
de “tu lo que tienes que hacer es…”, “yo que tú…”, etc.
MERECES MI
RESPETO
No
la mires a los ojos,
mira
detrás de ellos
hasta
el fondo de su alma,
confiésate
en su regazo
y
comparte sus secretos.
Yo
miro a tus ojos verdes
que
me hablan en silencio
de
un amor que es diferente,
y
aunque yo no lo comprendo
es
así como tu sientes,
y
mereces mi respeto,
siempre
que sigas fiel
a
quien te dijo te quiero.
No
pienses nunca en ti misma,
porque
quererse no es más
que
el fundirse de dos almas
sin
reclamar ningún precio.
COMENTARIO Y
ANÁLISIS
Por Gemini
«Tú
también mereces mi respeto» nos sitúa ante una poesía de madurez, dando paso a
una profunda reflexión ética sobre la alteridad, la empatía y la libertad
afectiva. Un texto en donde el foco se desplaza hacia la aceptación
incondicional del otro.
1. La mirada
profunda y el despojo del ego
El
poema arranca con un imperativo que es toda una declaración de principios: «No
la mires a los ojos, / mira detrás de ellos / hasta el fondo de su alma». Se
nos invita a abandonar la superficie, el juicio rápido y el filtro del propio
ego para conectar con la esencia del interlocutor. Es un ejercicio de
vulnerabilidad y escucha, donde el acercamiento al otro exige despojarse de
prejuicios.
2. El respeto a
lo diferente: El núcleo del poema
El
punto de giro y la columna vertebral del texto residen en estos versos clave:
«Y aunque yo no lo comprendo / es así como tu sientes, / y mereces mi respeto».
Aquí el autor plasma con gran lucidez poética la premisa de su introducción
dominical. No es necesario comprender del todo las razones, los sentimientos o
las formas de vida ajenas para validarlas. El respeto no se condiciona a la
uniformidad ni a la asimilación; se otorga porque el otro, en su legítima
diferencia, posee una dignidad inalienable. Es la tolerancia llevada al terreno
más íntimo y afectivo.
3. Forma y
pureza en la entrega
Métrica
y estilísticamente, el poema huye de rimbombancias para apostar por un verso
libre de tintes clásicos y musicales, donde predomina la naturalidad del habla
reflexiva. Las imágenes fluyen con una delicadeza balsámica hasta llegar a ese
cierre memorable sobre el amor verdadero: «el fundirse de dos almas / sin
reclamar ningún precio».
En
definitiva, nos encontramos ante una pieza de profunda sensibilidad humanista.
Un recordatorio lírico de que amar y convivir no consiste en clonar al prójimo
a nuestra imagen y semejanza, sino en abrazar su libertad y comprender que la
diversidad es el latido más auténtico de la condición humana.
La
novela “La melodía permanece”, está disponible en ediciones digital e impresa
en Amazon y dispone de una edición en español y otra en noruego.
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melodía permanece”: https://a.co/d/0cMf3W5c
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Hoy
está muy mal visto hacer chistes sobre el suicidio (bueno, en general hoy está
prohibido hacer chistes sobre casi todo), pero por eso tendrían que tener más
cuidado los periodistas a la hora de redactar sus titulares.
(AZprensa) Repasando la
hemeroteca me encontré con un titular que decía “Unas 4.500 personas se
suicidan cada año en España”. Y esto me intrigó. Porque si esas 45.000 personas
vuelven una y otra vez “cada año” a suicidarse, es porque no saben hacerlo
bien. Un buen suicida sólo lo hace una vez; por el contrario el que lo intenta
una y otra vez cada año es que está falto de formación.
Así
las cosas, pensé que sería un buen negocio para un emprendedor poner una
Academia para enseñar a suicidarse bien, pero ¡ojo! que paguen antes de empezar
el curso, porque siempre puede haber algún espabilado que te diga “ya te pagaré
al final del curso”, y si ha aprovechado bien las enseñanzas, ¡a ver cómo le
cobras!
En
el ámbito de la Medicina actual, donde cualquier cosa se transforma en
enfermedad, esto del suicidio no podía escapar. Así, los psiquiatras han
avisado de “un aumento de la suicidialidad crónica”. ¡Toma ya! ¡Ya tenemos una
nueva enfermedad: La “suicidialidad crónica”.
No
creo que tarden mucho tiempo los laboratorios farmacéuticos en sacar unas
pastillas contra esta enfermedad. Claro que pensándolo bien, no sé si es mejor
que esas pastillas te quiten las ganas de suicidarte o de lo contrario, que te
suiciden bien, porque viendo cualquier espacio informativo, te entran más ganas
de lo segundo…
PD.-
¿Veis lo que pasa cuando se redacta mal un titular? ¿No hubiera sido mejor
decir algo así como “El último año se suicidaron 45.000 personas en España” o
“Las muertes por suicidio siguen en aumento: 45.000 el último año”, etc. Así no
habría equívocos ni se daría lugar a artículos tan “políticamente incorrectos”
como este.
Vicente
Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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Ya va siendo
hora de cambiar los estereotipos y ajustar nuestras creencias a la realidad, y
la realidad científica dice que los hombres somos el sexo débil.
(AZprensa) Investigadores
de la Universidad de Queensland (Australia) han demostrado que los hombres
enfermamos más que las mujeres, tras haber comprobado que ellas presentan una
respuesta inmune "mucho más fuerte" frente al rinovirus, el patógeno
que suele causar los resfriados comunes.
Según
un artículo que publicó la revista 'Respiratory Research', cuando se trata de
resistir enfermedades, los hombres parecemos el sexo más débil y, por ejemplo,
cuando hay virus en el ambiente caemos enfermos con más frecuencia y
permanecemos en cama mientras que, en cambio, las mujeres continuáis con
vuestras labores a pesar del resfriado.
Aunque
puede que sean varias las causas, los investigadores apuntan que posiblemente
esto se deba a alguna de las hormonas femeninas, lo que a su juicio "tiene
sentido desde un punto de vista biológico porque son las mujeres las que deben
asegurar la supervivencia de la especie".
Así
que ya lo sabéis, chicas, a partir de ahora debéis tratarnos con delicadeza,
cedernos el asiento en los trasportes públicos, vigilar para que siempre
estemos bien abrigados y alimentados, y que, en definitiva, alguno de nosotros
pueda sobrevivir a los virus para que la especie humana no desaparezca, porque
aunque vosotras sobreviváis, sin ninguno de nosotros no tenéis nada que hacer…
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con corazón
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Las redes
sociales acaparan todo el tiempo de los jóvenes, y sin embargo no se dan cuenta
de que no están hechas para ellos, sino para los que ya somos viejos…
(AZprensa) Con relación a
las redes sociales, nadie debería olvidar que, una vez que has colgado ahí tu
identidad, ya no la puedes recuperar. Es decir, pones lo que tú eres, haces o
piensas en un determinado momento, pero luego, al cabo de los años, cuando
buscas trabajo y los posibles futuros contratantes te sigan la pista en las redes
sociales, se encontrarán con una persona que quizás no se parezca mucho a ti,
porque has madurado y evolucionado. Sin embargo, lo que escribiste hace 5 o 10
años ahí queda, y se seguirá identificando con lo que tú seas ahora mismo.
Para
un jubilado eso no es problema; ya estamos de vuelta de todo. Pero para un
joven que empieza a labrarse un porvenir, esto puede ser un lastre tremendo.
Por
eso, reflexiono que quizás estas redes sociales deberían ser solo para que nos
distraigamos los mayores… porque los jóvenes deberían pensar que lo que se deja
en Internet queda escrito en piedra de forma permanente. Es como un tatuaje que
nunca podrás borrar y que te acompañará toda tu vida.”
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