Desde los tiempos de
Plinio el Viejo, la creencia era firme: el Guadiana nacía en las lagunas de
Ruidera, se ocultaba bajo tierra durante kilómetros y reaparecía en los Ojos
del Guadiana. Un estudio reciente demuestra que no. Que en realidad son dos
ríos distintos. Y que el romanticismo, una vez más, se rinde ante la
hidrología.
(AZprensa) El Guadiana es, de los grandes ríos españoles, el más
misterioso. No el más largo ni el más caudaloso, pero sí el más excéntrico, el
que más intriga ha despertado a lo largo de los siglos, el que tiene la
peculiaridad —única entre los ríos ibéricos— de hacer desaparecer y aparecer
como si de un truco de prestidigitación fluvial se tratara. O eso se creía.
Porque resulta que la ciencia acaba de meterse de lleno en ese misterio y ha
salido con una respuesta que no todo el mundo va a querer escuchar: el Guadiana
no se oculta bajo tierra. Lo que se oculta es otra cosa. Y lo que reaparece en
los Ojos del Guadiana no es el mismo río que sale de las lagunas de Ruidera.
Vayamos por partes,
porque para entender el descubrimiento conviene entender primero la creencia
que derrumba.
Lo que se ha creído
durante dos mil años
La versión clásica del
nacimiento del Guadiana, la que figura en los manuales de geografía, la que
aprendieron generaciones de escolares y la que Plinio el Viejo ya recogía hace
dos milenios, es más o menos esta: el río Pinilla baja de los Montes de Toledo,
entra en las lagunas de Ruidera —ese conjunto de lagunas encadenadas que hoy
forman uno de los parques naturales más bellos de Castilla-La Mancha—, y de
allí sale el Guadiana. El río avanza por la superficie durante un trecho, luego
se hunde bajo tierra en la llanura manchega y recorre varios kilómetros de
forma subterránea, invisible, hasta que reaparece de forma prodigiosa en los
Ojos del Guadiana, en los términos de Villarrubia de los Ojos y Daimiel. De ahí
el nombre: «ojos», como si el río abriera los ojos después de un largo sueño
bajo tierra.
Es una imagen preciosa.
Literariamente, es perfecta. Cervantes la usó. Los viajeros del siglo XIX la
describieron con emoción. La leyenda del río que desaparece y reaparece es, en
sí misma, parte de la identidad de La Mancha. El problema es que, según los
estudios hidrogeológicos más recientes, no es eso exactamente lo que ocurre.
«El
Guadiana no se oculta bajo tierra para reaparecer kilómetros más allá. Lo que
emerge en los Ojos del Guadiana son aguas subterráneas que nunca fueron el
Guadiana de Ruidera. Son otra cosa. Son, en realidad, otro río, el verdadero
Guadiana.»
Lo que dice la ciencia:
dos ríos, no uno
Bajo la llanura manchega
existe uno de los acuíferos más importantes de la Península Ibérica: el llamado
Sistema Acuífero de La Mancha Occidental, que se estructura en varias capas de
agua subterránea a distintos niveles, alimentadas por la lluvia que se filtra
en el terreno, por los retornos del riego agrícola y por conexiones laterales
con otras masas de agua del subsuelo. Es un depósito enorme, invisible desde la
superficie, que ha venido acumulando agua durante siglos.
Los Ojos del Guadiana
—ese conjunto de manantiales situados entre Villarrubia de los Ojos y Daimiel—
son, en realidad, el punto donde ese acuífero subterráneo aflora a la
superficie. Es decir: donde el nivel del agua subterránea coincide con la
topografía del terreno y el agua sale sola, sin que nadie la bombee,
simplemente porque «tiene que salir» por ahí. Los Ojos del Guadiana
son, en términos técnicos, la expresión física del afloramiento de agua
subterránea en superficie a favor de depresiones en el terreno.
Y aquí viene la clave de
todo: el agua que emerge en los Ojos del Guadiana no es el agua que
entró en el subsuelo desde el río Pinilla ni desde las lagunas de Ruidera. Son
aguas distintas, que provienen de una red subterránea diferente, que circulan a
distintos niveles por el subsuelo manchego y que no tienen una conexión directa
y continua con el tramo superficial que viene de Ruidera. En términos
hidrológicos, no existe un único Guadiana con un tramo subterráneo,
sino dos ríos diferentes que discurren por una zona con una intensa relación
entre aguas superficiales y subterráneas.
LA VERSIÓN ANTIGUA FRENTE A LA
VERSIÓN CIENTÍFICA
VERSIÓN CLÁSICA
El
río Pinilla alimenta las lagunas de Ruidera → de ahí nace el Guadiana → se
oculta bajo tierra en La Mancha → reaparece en los Ojos del Guadiana.
VERSIÓN CIENTÍFICA
El
Guadiana de Ruidera es un río. Los Ojos del Guadiana son el afloramiento de un
acuífero subterráneo manchego distinto, alimentado por aguas que no son las de
Ruidera. Técnicamente, son dos ríos diferentes.
¿Y por qué los Ojos
están hoy secos?
Hay un detalle que añade
drama a la historia: los Ojos del Guadiana se secaron por completo a
partir de la primavera de 1983, y desde entonces solo han vuelto a
aparecer de forma esporádica en años de lluvias excepcionales. La causa no es
el cambio climático, aunque este no ayuda: es la sobreexplotación del acuífero
manchego por parte de la agricultura de regadío. Desde 1980 hasta
2025, se ha producido un vaciado de 2.145 hectómetros cúbicos del agua
almacenada en el acuífero, con un descenso del nivel freático de más de 18
metros. El agua que antes afloraba sola en los Ojos ahora está a 13
metros de profundidad, extraída por los pozos de riego antes de que pueda
llegar a la superficie.
Así que el río más
misterioso de España tiene ahora un misterio adicional: el que representa ver
sus ojos cerrados, secos, ocupados por un pivote de riego de alfalfa y un
cartel de «propiedad privada, prohibido el paso» donde debería brotar el agua.
El romanticismo pierde,
la ciencia gana
Sería fácil lamentarse
de que la ciencia ha matado la leyenda. Pero en realidad lo que ha hecho es
sustituir un misterio por otro igual de fascinante. La idea de un río que
desaparece bajo tierra y reaparece kilómetros más allá es poética. Pero la
realidad —un inmenso acuífero invisible que circula bajo La Mancha a distintos
niveles, que alimenta humedales y manantiales, que sostuvo durante siglos las
Tablas de Daimiel y que hoy está al borde del agotamiento por el exceso de
extracción— es, si cabe, más impresionante todavía. Y más urgente.
Plinio el Viejo se
equivocó hace dos mil años. Es comprensible: sin hidrólogos ni sondeos, el río
que desaparece y reaparece no podía tener otra explicación que la magia. Hoy la
explicación es otra. Y lo que nos pide no es admiración romántica, sino
responsabilidad. El acuífero manchego existe. El Guadiana existe. Y si seguimos
extrayendo agua a este ritmo, los Ojos seguirán cerrados mucho tiempo. Que es
la manera más triste de que un misterio deje de serlo.
Y entonces, ¿dónde nace hoy el Guadiana?
La pregunta tiene una
respuesta tan curiosa como reveladora. Dado que los Ojos del Guadiana llevan
secos desde 1984 —con solo breves y esporádicos encharcamientos en años de
lluvias excepcionales— y dado que el resto de afluentes de cabecera están
igualmente deteriorados o secos, los hidrólogos consideran actualmente que el
Guadiana nace en las surgencias situadas en el último tramo del río Azuer,
entre los molinos de «El Nuevo» y «Griñón», en el término municipal de Daimiel.
Dicho de otro modo: el
río más misterioso de España, el que durante dos mil años se escondió y
reapareció con una elegancia de prestidigitador, ha tenido que cambiar de
dirección de nacimiento porque los pozos agrícolas han vaciado el acuífero que
lo alimentaba. Ya no nace donde nació siempre. Nace donde puede.
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