martes, 9 de junio de 2026

Un viaje al maravilloso mundo del vinilo: nueva etapa en «Palabras Inefables»

Desde el 1 de junio, el blog Palabras Inefables ha abierto una nueva etapa dedicada al vinilo: su historia, su sonido, su ritual. Y próximamente, disco a disco, la colección completa de su autor. Una invitación para los que lo vivieron y para los que nunca lo conocieron.
 
(AZprensa) Los que llevan tiempo siguiendo Palabras Inefables saben que este blog ha sido siempre un espacio de vocación amplia: opinión, literatura, reflexión, humor, actualidad, periodismo sin ataduras. Esa filosofía no cambia. Pero desde el 1 de junio, el blog ha inaugurado una nueva etapa que va a convivir con todo lo anterior: El maravilloso mundo del vinilo.
 
El punto de partida es sencillo: una colección de discos construida a lo largo de toda una vida, y la convicción de que esa colección merece algo más que ocupar espacio en una estantería. Merece ser compartida, comentada, presentada con su contexto, su historia y las canciones que la componen. Disco a disco, uno cada día, durante los meses que haga falta.
 
Primero, los cimientos
 
Antes de entrar en los discos concretos, el blog ha dedicado los primeros artículos a preparar el terreno para quien no conoce —o no recuerda bien— de qué estamos hablando cuando hablamos de vinilo. Ya están publicados textos sobre la historia del disco de vinilo desde sus orígenes en el siglo XIX hasta su inesperada resurrección en el XXI; sobre lo que significa escuchar música en vinilo —esa liturgia de elegir el disco, tocarlo, limpiarlo, colocarlo en el plato y sentarse a escuchar sin hacer otra cosa—; y sobre por qué esa forma de escuchar música es, además, buena para la salud. No es broma: los médicos llevan años recomendando apartar la vista de la pantalla cada veinte minutos, y un LP dura exactamente eso por cara.
 
«Para los mayores, cada disco será un viaje al pasado. Para los jóvenes, una ventana a un mundo musical que existió antes de que ellos llegaran y que merece ser conocido.»
 
Lo que viene: la colección, disco a disco
 
Pero la parte más ambiciosa está por llegar. Próximamente comenzará la publicación diaria de fichas comentadas de cada disco de la colección: título, artista, año, sello discográfico, canciones, contexto histórico y musical, curiosidades y el comentario personal de quien los ha escuchado y guardado durante décadas. Tres formatos, tres experiencias distintas:
 
LP.- Long Play · 33 rpm · hasta 23 min. por cara · el álbum como obra completa
 
EP.- Extended Play · formato intermedio · 4 o 5 canciones · muy popular en los años 60
 
Single.- 45 rpm · una canción por cara · el formato del éxito inmediato y la jukebox
 
Una aclaración para los lectores más jóvenes: si el LP es el formato que más se conoce —el disco grande de toda la vida—, el EP y el single son quizás menos familiares. El EP, o Extended Play, fue un formato muy popular especialmente en los años sesenta: más pequeño que el LP pero con más canciones que un single, era el formato ideal para grupos que no tenían aún material para un álbum completo pero querían ofrecer algo más que dos canciones. Muchos de los discos más buscados por los coleccionistas de hoy son precisamente EPs de aquella época.
 
Para quién es este blog ahora
 
Para los que vivieron aquella época —los que recuerdan perfectamente el olor de una tienda de discos, el tacto del vinilo entre los dedos, la emoción de comprar el último single de su artista favorito—, Palabras Inefables se convierte en estos meses en un ejercicio de memoria viva. Cada disco traerá sus canciones, pero también su época, su contexto y los recuerdos que inevitablemente van pegados a la música que uno escuchó en los momentos importantes de su vida.
 
Para los jóvenes que no conocieron ese mundo —los que han crecido con el streaming y nunca han bajado una aguja sobre un surco—, es una ventana a un pasado musical extraordinariamente rico que existió antes de que ellos llegaran. Un pasado en el que escuchar música era un acto consciente, deliberado y físico, no el botón de play de una lista de reproducción infinita.
 
La puerta está abierta. Entren, hojeen, escuchen. Y si tienen en casa algún tocadiscos olvidado en un armario, quizás es el momento de sacarlo.
 
Entra y disfruta de «El maravilloso mundo del vinilo» en Palabras Inefables
palabrasinefables.blogspot.com →
 

Biblioteca Fisac
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lunes, 8 de junio de 2026

El día que las residencias de ancianos quemaron la pista de baile

(AZprensa)
Hace años cayó en mis manos un estudio científico realizado con personas de la tercera edad que demostraba de forma empírica cómo su salud metabólica y emocional mejoraba sustancialmente al escuchar música moderna. Mi mente, que tiene una alarmante tendencia a salirse de los márgenes, no pudo evitar imaginar el panorama. Puestos a elucubrar... ¿por qué no iba a ser real que un día de estos nos desayunáramos con una crónica periodística como esta?
 
(Imaginarium Press) — Última hora
 
Animados por las conclusiones del célebre estudio clínico de la Universidad de Rochester, las principales residencias de la tercera edad de todo el país han desmantelado sus salas de estar tradicionales para transformarlas en discotecas de vanguardia con luces de neón y megavatios de potencia.
 
Atrás han quedado, por fortuna, esas rancias y deprimentes imágenes de octogenarios jugando al dominó en silencio, embutidos en batas de cuadros rústicos y zapatillas de fieltro. Ahora, el dress code de los centros exige un compromiso estético radicalmente distinto. Mientras algunos internos optan por el cuero clásico a lo Elvis o el engominado canalla de Tom Jones, los octogenarios más atrevidos emulan los estilismos urbanos de Rosalía, las camisas abiertas de Maluma o los tatuajes faciales del trap. ¿Y qué decir de ellas? Las antiguas ancianitas de luto riguroso y moño tirante han dado paso a marchosas réplicas de Shakira que no dudan en asegurar que «las abuelas ya no lloran, las abuelas facturan», compartiendo pista con seguidoras acérrimas de Lady Gaga vestidas con trajes de fantasía imposibles.
 
El negocio del siglo y el sector del Tuning
 
Como era de esperar, los gerentes de estas instituciones han visto cómo sus beneficios netos se multiplicaban de forma exponencial. La razón económica es aplastante: los derechos de autor de un álbum de heavy metal o una sesión de techno resultan infinitamente más baratos que un palé de pastillas contra la artrosis, el dolor crónico o la depresión.
 
Semejante revolución terapéutica ha supuesto un durísimo e inesperado golpe para la industria farmacéutica, que contempla impotente cómo las pistas de baile sustituyen a los laboratorios. En contraposición, el sector de la automoción médica vive una edad de oro sin precedentes. Los fabricantes de sillas de ruedas comercializan ahora modelos deportivos con ejes reforzados para soportar derrapes controlados, frenos de mano hidráulicos para hacer cabriolas en mitad del chachachá y una amplísima gama de tuning: pinturas personalizadas con llamas de fuego, parachoques de fibra de carbono, asientos de cuero perforado, alerones aerodinámicos y retrovisores panorámicos con detector de ángulo muerto.
 
Descontrol en el Campus y próximos estudios
 
Para este verano ya se ha confirmado la organización de un macrofestival de tres días de duración en el propio campus de la Universidad de Rochester. Se prevé una asistencia masiva que superará el millón de ancianos campistas, en un evento que servirá para rendir tributo a los veinticinco pioneros de la tercera edad que se prestaron como cobayas para el estudio clínico original.
 
A día de hoy, el principal dolor de cabeza de las autoridades sanitarias es de carácter logístico: resulta materialmente imposible encontrar a un solo jubilado que consienta en acostarse antes de las cuatro de la madrugada, que acepte cambiar el gin-tonic por el vaso de leche tibia o que pretenda malgastar sus mañanas sentado frente al televisor viendo teleseries en lugar de ensayar coreografías de reguetón.
 
Mientras la sociedad se adapta a este nuevo paradigma, la comunidad científica no descansa. Ya se han anunciado los primeros presupuestos para evaluar los beneficios terapéuticos que los deportes de riesgo extremo, como el puenting sin cuerda elástica o el descenso de barrancos en caída libre, pueden llegar a reportar en pacientes con problemas de mudez o paraplejia. La ciencia avanza que es una barbaridad.
 

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domingo, 7 de junio de 2026

El eco del ultrasentido

(Sunday Poetry Corner)
Fue hace ya muchos años, siendo un adolescente, cuando compartí mis primeros versos con una amiga con quien existía una conexión especial. El recuerdo de aquella tarde me asaltó muchas veces a lo largo de los años y, en una de esas ocasiones, escribí las palabras que hoy comparto con vosotros en este rincón dominical de la poesía.
 
Espero que la lectura de este texto poético sea como un “kit kat”, un instante de respiro en vuestra ajetreada vida, que os haga inspirar un momento de paz y de sosiego, de liberar vuestra sensibilidad para captar ese mundo invisible de sensaciones que nos rodea y que el ruido y las prisas del mundo cotidiano no nos deja percibir ni disfrutar.
 
¡QUÉ ATRÁS SE HA QUEDADO EL TIEMPO!
 
Niña, ¡qué atrás se ha quedado el tiempo!
¿Recuerdas? No, tal vez ya no recuerdas nada. Los días vacíos han ido borrando tus entrañas.
 
Aún veo aquel chalé en las afueras: el suelo verde salpicado de baldosas blancas, los árboles pequeños, la piscina dormida... Era la tarde, esa hora en la que el aire adormece y, al más leve movimiento, surge el sudor.
 
—¿Te gusta? —te pregunté.
—...Sí... —respondiste tímida, esbozando una sonrisa.
 
Allí sentados, suspendidos fuera del tiempo, te enseñaba poesía.
—¿Qué es? —preguntaste.
—Es sentir. Es la vida.
—No lo comprendo del todo; esto no tiene metro ni rima.
—¿Acaso la tiene la vida? No, ¿verdad? Por eso mi verso es como la existencia: libre, sin reglas, dueño de su propio compás, escrito al impulso de mis venas. ¿Lo ves ahora mejor?
—Un poco.
—Esto es más que un papel con signos. Es hondo, profundo, con un relieve palpable al ultrasentido.
 
Fue entonces cuando tu mano, por vez primera, rozó con una mezcla de temor e intriga aquellos caracteres y se deslizó después hasta la mía.
—Esto vibra —dijiste, trémula.
—Es que desea sentir tus dedos para contarte muchas cosas.
Tu mano continuó el camino y los dos sentimos algo nuevo que nacía.
—Ha despertado tu ultrasentido —te susurré.
 
Entusiasmada, como estabas, nos olvidamos los dos del tiempo. Me alegraba verte así, dispuesta a explorar nuevos caminos. Quizás en aquellos instantes el reloj detuvo el tiempo y aquél «¡Párate, oh, Sol!» de antaño lo habíamos logrados nosotros sin saberlo.
 
—Es hermoso sentir algo que no vemos —dijiste al fin—. Palpar las ideas y sentirlas en toda su plenitud. Has logrado algo grande.
—Me alegran tus palabras, pero más aún el que las sientas. Todo debería ser así: palpar los sentimientos. ¿Comprendes ahora el porqué de estos versos? ¿Comprendes su balanceo?
—Sí, lo siento —me respondiste.
 
La tarde, con su lenta monotonía, fue desgranándose poco a poco, difuminando de rojo el cielo. De pronto, una voz te llamó y te alejaste corriendo.
 
¿De verdad no recuerdas aquella tarde? ¿Por qué no regresas? ¿Acaso volvió a dormirse, lejos de mis manos, ese ultrasentido que una tarde perdida sentiste renacer? ¿Dónde se ha perdido tu esperanza? ¿En qué lugar se olvidaron tus recuerdos?
 
Niña, aquí estoy solo y sin ti... ¡qué atrás se ha quedado el tiempo!
 
COMENTARIO
(Por Gémini)
 
La poesía que se palpa
 
El texto que analizamos es una pieza de una delicadeza punzante. Bajo la apariencia de un recuerdo de verano —un chalé, una tarde calurosa, el letargo de una piscina—, el poema se adentra en una de las dimensiones más misteriosas de la creación literaria: la poesía como una experiencia física y sensorial.
 
1. El escenario y el "Ultrasentido"
El autor nos sitúa en un espacio donde el tiempo cronológico se detiene. El calor y la modorra actúan como un catalizador para que los protagonistas consigan el milagro que ya ansiaba la literatura clásica: detener el sol, congelar el instante. En esa suspensión temporal, el poema introduce un concepto fascinante: el "ultrasentido". No se trata de entender la poesía con el intelecto (la mente racional de la niña busca la rima y el metro), sino de experimentarla con el alma y con la piel.
 
2. El erotismo de la palabra
Existe en el diálogo un erotismo sutil, puramente espiritual y táctil. Las palabras del papel no son "signos" fríos; vibran, tienen relieve, demandan el contacto de los dedos. El acto de leer y comprender se transforma en una caricia. Cuando la mano de la niña roza los versos y, de manera inevitable, termina rozando la mano del poeta, se produce el verdadero milagro: la comunión a través de la belleza compartida.
 
3. La melancolía del olvido
Sin embargo, el poema está atravesado por la línea de la amargura. El contraste entre el "entusiasmo" de aquella tarde y el vacío del presente es desolador. La niña, hoy ya mujer, parece haber sido devorada por la rutina o por la amnesia de "los días vacíos". El poema se cierra con un eco de preguntas retóricas que no buscan respuesta, sino que constatan una pérdida: el ultrasentido se ha vuelto a dormir.
 
Es una elegía hermosa y doliente al despertar de la sensibilidad, un recordatorio de que, a veces, dejamos morir en nuestro interior la capacidad de conmovernos con lo invisible. Una lectura imprescindible para detener nuestro propio reloj y aprender, de nuevo, a palpar los sentimientos.
 

Biblioteca Fisac
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sábado, 6 de junio de 2026

Todos somos delincuentes (y reincidentes)

(AZprensa)
Es tal la obsesión de nuestros gobernantes por prohibir y recaudar que cualquier insignificante acto de nuestra vida cotidiana infringe, casi sin darnos cuenta, un entramado de normas imposible de esquivar. Vivimos bajo un fuego cruzado de decretos y ordenanzas municipales. Para demostrarlo, no hace falta irse al código penal; basta con observar un día cualquiera en la vida de un ciudadano ejemplar.
 
Piénsalo por un momento. Hoy mismo, tú mismo, sin ir más lejos, podrías haber infringido cuatro leyes distintas antes del mediodía:
 
El delito del contenedor: Por la mañana, al salir de casa, tiras la bolsa de basura en su lugar correspondiente. Sin embargo, no te ocupas de rebuscar entre los desperdicios para extraer esa lata de aluminio o ese envase de plástico que, por puro descuido, se mezcló con los residuos orgánicos. Según la estricta normativa de residuos, si un inspector te pilla en ese renuncio, la multa está asegurada.
 
El "exceso" de velocidad: Subes al coche y circulas por el centro de la ciudad en una de esas omnipresentes zonas residenciales donde el límite máximo es de 30 km/h. Te despistas un segundo, pisas levemente el acelerador y el velocímetro marca 31 km/h. Según la ley de tráfico, ese kilómetro por hora de demasía ya es una infracción penalizable. Tuviste suerte de que el radar de turno estuviera apagado.
 
El cruce temerario: Aparcas el vehículo y, como tienes prisa, decides que es más rápido caminar. Cruzas la calle por donde te viene en gana, unos metros fuera del paso de peatones regulado. Miras a ambos lados, constatas que no viene ningún coche y cruzas. Da igual que no hubiera peligro: el reglamento de circulación no exime la culpa y la sanción económica está tipificada.
 
El pañuelo proscrito: De repente, un estornudo inoportuno te obliga a usar un pañuelo de papel. Miras a tu alrededor y no encuentras ni una sola papelera en cien metros a la redonda. Como no te apetece pasear ese desecho higiénico durante media hora, lo dejas caer discretamente junto a un desagüe. Nueva infracción de la ordenanza de limpieza y otra posible receta para el bolsillo.
 
En definitiva: en una mañana cualquiera se pueden infringir cuatro leyes y acumular cuatro multas sin sentir el más mínimo remordimiento de conciencia.
 
La adicción a la reincidencia
 
Pero es que esto de delinquir de forma involuntaria tiene su punto de adicción. Al día siguiente, cualquiera de nosotros puede volver a convertirse en un criminal en potencia con algo tan inocente como sacar a pasear al perro por el parque del barrio.
 
Veamos la hoja de ruta del nuevo delito:
 
Banda sonora ilegal: Sales a la calle con los auriculares puestos, escuchando esa lista de reproducción con canciones que, admitámoslo, te descargaste de internet de aquella manera o mediante una aplicación poco clara. Primer golpe al derecho de autor.
 
El cómplice de cuatro patas: En mitad del parque, sueltas al perro para que corra un poco. Es un animal faldero que no mordería ni a una mosca, así que el peligro es nulo... salvo para tu cartera. Según la ordenanza municipal, está estrictamente prohibido llevar a los animales sueltos fuera de los horarios acotados de la noche.
 
Alimentar al enemigo: Te sientas en un banco a descansar y a comerte un sándwich. Se te acercan unas palomas famélicas, te dan pena (lo cual tampoco exime de culpa) y les lanzas unas migas de pan. Felicidades: acabas de violar la normativa de protección ambiental que prohíbe alimentar a la fauna urbana.
 
Atajo sobre el verde: Se te hace un poco tarde para volver a casa y decides cortar camino en línea recta, lo que te obliga a pisar un par de metros de césped ornamental. Un nuevo atentado contra el mobiliario urbano.
 
Al final del día, en un paseíto de nada, se han cometido otras cuatro infracciones que habrían hecho las delicias de cualquier agente con ganas de rellenar el talonario. Por fortuna, esta vez los gobernantes no han pillado cacho, por lo que el presupuesto para sus coches oficiales, comidas en restaurantes de postín, viajes institucionales y alojamientos en hoteles de primera clase tendrá que esperar a su próximo descuido.
 
Así que ya lo sabes. Mírate al espejo sin miedo: eres un ciudadano normal, pero las leyes de este país te consideran un delincuente reincidente.
 

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viernes, 5 de junio de 2026

Las leyes solo son pretextos para recaudar

(AZprensa)
Sostienen los expertos juristas que una sociedad civilizada podría funcionar con absoluta fluidez con un corpus de apenas trescientas o cuatrocientas leyes básicas. Sin embargo, en nuestro país hemos decidido ignorar la sensatez: acumulamos miles de normas en un entramado legislativo que, lejos de frenarse, no deja de crecer día tras día.
 
Lo único que se consigue con esta auténtica promiscuidad de leyes es estimular la imaginación del ciudadano. Se le empuja a buscar el vacío legal, la trampa o el regate; una destreza que, para colmo, suele ser aplaudida y envidiada por el resto de la sociedad, especialmente cuando la osadía queda impune.
 
Para los gobernantes responsables de parir este tsunami normativo, las leyes han dejado de ser herramientas de convivencia. Hoy son simples pretextos, coartadas legales diseñadas con un único fin: exprimir el bolsillo del ciudadano para recaudar un dinero extra. Un botín imprescindible para seguir manteniendo y engordando un aparato político insaciable, con sus correspondientes gastos de representación, dietas, sueldos blindados y lujosas instalaciones. Y claro, como cada vez hay más cargos públicos que mantener, la máquina de prohibir no puede detenerse.
 
Precisamente mañana voy a publicar en este mismo blog un ejemplo flagrante de esta realidad. Os demostraré cómo tú, cómo yo y cómo todos nosotros, en definitiva, nos hemos convertido en delincuentes involuntarios por culpa de este desmedido afán recaudatorio.
 
No os lo perdáis, porque os vais a ver reflejados.
 

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