lunes, 13 de julio de 2026

Cuando la ciencia copia la ciencia ficción con treinta años de retraso

La ciencia moderna vive empeñada en fascinarnos con titulares apocalípticos y promesas de inmortalidad que parecen extraídas de un guion cinematográfico de Hollywood. Hoy nos vamos a centrar en el vaticinio que se hace en el libro “Genes, microbios y células” en donde se presenta una tesis que nos invita a mirar las estrellas y a mirarnos las arrugas con una perspectiva enteramente nueva.
 
(AZprensa) En su libro “Genes, microbios y células”, el profesor de Genética y divulgador científico Javier Novo repasa algunos de los avances científicos más punteros de nuestra era y defiende una idea que asustaría al mismísimo Julio Verne:
 
«Dentro de un par de siglos tendremos que plantearnos seriamente la necesidad de habitar otro planeta, algo que se conseguirá cuando repliquemos las condiciones que hacen posible la vida, y que todavía no conocemos con detalle». 
 
¡Impresionante! Resulta que en doscientos años tendremos las maletas preparadas en la puerta para mudarnos a una urbanización espacial, un milagro logístico que lograremos replicando unas condiciones biológicas que... a día de hoy ni siquiera conocemos. Un plan sin fisuras.
 
La generación de los tres siglos y los artilugios internos
 
Pero la mudanza cósmica no es el único plato fuerte que nos depara el futuro según este ensayo. Otro de los grandes temas que aborda el autor es la posibilidad, que califica de «cada vez más real», de prolongar la existencia humana venciendo definitivamente a la enfermedad y al envejecimiento biológico. Agárrense a sus asientos: el profesor asegura sin titubear que a finales del mismísimo siglo XXI, el ser humano podría nacer ya con una esperanza de vida de 300 años. Imaginen lo que será calcular las cuotas de la hipoteca o aguantar las reuniones de vecinos durante tres siglos. Una contradicción constante entre el regalo de la longevidad y la paciencia humana.
 
Para que semejante proeza sea posible en el día a día, el avance que realmente va a revolucionar nuestra cotidianidad no será la genética, sino la Nanotecnología. Prepárense para convertirse en ciborgs de alta fidelidad, porque la ciencia prevé la aparición de una amplia variedad de dispositivos biomédicos; o lo que es lo mismo, unos artilugios minúsculos que se nos implantarán en el cuerpo con el fin de facilitar el funcionamiento del organismo o liberar fármacos de forma controlada. Seremos un templo analógico gobernado por microprocesadores internos.
 
El "efecto retro" de la vanguardia científica
 
Sin embargo, a cualquiera que atesore una buena biblioteca en su hogar y profese un respeto reverencial por la literatura de anticipación, todo este despliegue de profecías futuristas le provocará una inevitable y cómplice sonrisa. Y es que, despojando a los titulares universitarios de sus ropajes de novedad absoluta, descubrimos que de todo esto —de la nanotecnología médica, de la prolongación de la vida hasta los trescientos años y de la necesidad acuciante de emigrar a otros mundos— ya hablaba de forma magistral el escritor Kim Stanley Robinson.
 
El autor estadounidense alcanzó la fama mundial el siglo pasado, allá por el lejano 1993, gracias a su monumental e imperecedera obra cumbre: la trilogía “Marte rojo / Marte verde / Marte azul”. En aquellas páginas visionarias ya se describía con un rigor científico sobrecogedor y un realismo apabullante exactamente el mismo porvenir que hoy nos venden los laboratorios como el último grito del saber humano.
 
Conclusión: El camino de la imaginación
 
Como siempre recordamos, la verdad solo es un punto de vista y conviene informarse y documentarse primero para poder razonar por uno mismo. La ciencia avanza con paso firme, qué duda cabe, pero la imaginación humana siempre va unas cuantas leguas por delante. El profesor Novo ha escrito un libro magnífico que estimula el debate, pero el mérito del plano original le pertenece a la literatura de hace más de tres décadas. Así que, queridos lectores, mientras llegan los mini-artilugios internos y soplamos las trescientas velas del pastel, les aconsejo que se dejen de predicciones y acudan a los clásicos de la ciencia ficción. A veces, para saber hacia dónde va el futuro, basta con abrir un libro del siglo pasado.
 

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domingo, 12 de julio de 2026

Caminar al encuentro, ya es estar juntos

(Sunday Poetry Corner)
Hoy salimos de paseo en este radiante día de Sunday Poetry Corner para recorrer las calles con la ilusión del enamorado que se dirige al encuentro de su amada. ¿Quién no lo ha hecho? Porque acudir a una cita con la persona amada es algo que nos llena de ilusión y de esperanza y todos sentimos la necesidad de acelerar el paso, al igual que se acelera el corazón, según nos vamos acercando a ese momento tanto tiempo deseado. Pero mejor será que lo contemos aquí convertido en unos versos:
  
TE BUSCO
 
Te busco, te espero...
Camino por las calles,
unas alegres, otras solitarias;
voy a tu encuentro.
Madrid céntrico, corazón de España.
Consulto el reloj y acelero.
Me dirijo hacia ti; la impaciencia
me invade y siento cómo
el corazón emocionado salta de alegría.
 
Atravieso una plaza, entro en el metro.
Estación tras estación
pasan rápidas.
Luego salgo y camino.
Te busco, sé dónde y me alegro.
Después otra plaza, más calles;
me dirijo a la cita puntual, contento.
Una calle sorteando a la gente,
voy en tu busca, y en los labios la sonrisa,
la impaciencia por verte, por sentir
que tú estás a mi lado.
 
Después de unos largos minutos, llego.
No estás y te espero; yo, tranquilo.
Todo está calmado.
Doy un paso, me detengo,
Elevo mi vista; te espero...
 
COMENTARIO Y ANÁLISIS
Por Claude
 
«Te busco» es un poema de movimiento. Desde el primer verso hasta el último, el lector acompaña al poeta en un desplazamiento físico que es al mismo tiempo un desplazamiento emocional: calles, plazas, el metro, más calles, la cita, la llegada. El poema avanza como el propio protagonista: con paso firme, con impaciencia contenida, con la energía de quien sabe adónde va y tiene muchas ganas de llegar.
 
Lo primero que llama la atención es la estructura en tres tiempos que organiza el poema de forma natural, casi sin que el lector lo perciba conscientemente. La primera estrofa establece el punto de partida y el estado emocional: la búsqueda, la espera, el corazón que «salta de alegría». La segunda es el viaje en sí —el metro, las estaciones, las plazas, la sonrisa en los labios—, con una acumulación de detalles cotidianos que tienen el efecto de hacer que el lector también camine, también espere que pasen las estaciones, también sortee a la gente en la calle. Y la tercera, brevísima y poderosa, es la llegada. O mejor dicho: la no-llegada del otro. Porque el hablante llega, pero el destinatario no está todavía.
 
Esa tercera estrofa es la más interesante del poema y la que le da su verdadera dimensión. Después de toda la impaciencia acumulada a lo largo de los doce versos anteriores, después de ese corazón que saltaba y esa sonrisa en los labios, el hablante llega y no encuentra a nadie. Y sin embargo —y esto es lo más revelador— no hay decepción. Hay calma. «No estás y te espero; yo, tranquilo. / Todo está calmado.» El contraste con la energía de las dos estrofas anteriores es tan nítido que resulta casi físico: como cuando uno entra en una habitación silenciosa después de venir de la calle con ruido.
 
Esa calma no es resignación ni tristeza. Es la serenidad de quien tiene certeza. Quien espera sin saber si el otro va a llegar espera con ansiedad. Quien espera sabiendo que el otro va a llegar espera con paz. Y el hablante de este poema espera con paz. «Doy un paso, me detengo, / elevo mi vista; te espero...» Los puntos suspensivos finales no son melancolía: son confianza. El poema no cierra porque la historia no ha terminado; solo ha llegado a una pausa.
 
Hay algo más que merece señalarse: la presencia discreta pero constante de Madrid. «Madrid céntrico, corazón de España» es el único verso que nombra el lugar, pero toda la segunda estrofa está impregnada de ciudad: el metro, las plazas, la gente que se sortea en la calle. Madrid no es un escenario decorativo aquí; es el espacio vivo en que se mueve el poema, el fondo urbano que contrasta con la intimidad del sentimiento que lo recorre.
 
En cuanto a la forma, el poema trabaja con el verso libre de manera muy natural, sin que se note el esfuerzo. El ritmo lo marcan los verbos de movimiento —busco, espero, camino, atravieso, salgo, me dirijo, llego— que se encadenan a lo largo del texto como pasos sobre el asfalto. Es una elección formal que encaja perfectamente con el contenido: el poema avanza porque el hablante avanza.
 
Un poema, en definitiva, que celebra la anticipación del encuentro tanto como el encuentro mismo. Quizás más. Porque en esos minutos de búsqueda y espera, el otro ocupa todo el espacio de la mente y del corazón. Y eso, también, es una forma de estar juntos.
 

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sábado, 11 de julio de 2026

El misterio del "colecho": Cuando dormir con los niños se convirtió en ciencia

En el fascinante universo de la paternidad contemporánea, cada cierto tiempo surge una palabra mágica, un neologismo con pretensiones académicas que los expertos lanzan al ruedo para desconcierto de los mortales. El último grito en los manuales de crianza es el término «colecho». Pero ¿qué significa este término?
 
(AZprensa) Si acudes al diccionario de la Real Academia para buscar qué significa “colecho”, perderás el tiempo: la palabra no existe. Se trata de un invento conceptual de la pediatría moderna para referirse a algo tan viejo, normal y cotidiano como el hecho de que los padres y los hijos duerman apelotonados en la misma cama.
 
Lo que para nuestros abuelos era una absoluta necesidad de espacio o una forma rudimentaria de ahorrar en mantas, hoy se debate en simposios médicos internacionales bajo el flexo de la controversia. Como el mundo es una contradicción constante, el "colecho" cuenta con una legión de defensores acérrimos y, al mismo tiempo, con un batallón de detractores que ven en la cama familiar un auténtico deporte de riesgo.
 
La trinchera de los defensores: Vínculos y barra libre nocturna
 
Por un lado, los partidarios de esta práctica le ven ventajas idílicas y casi místicas. El argumento estrella de los defensores es que los niños que comparten el colchón con su madre tienen un acceso inmediato y constante al lactado, por lo que maman muchas más veces a lo largo de la noche que los pobrecitos que duermen desterrados en su propia cuna.
 
Además, afirman con solemnidad que es una práctica sumamente eficaz para aumentar el vínculo afectivo entre padres e hijos. Al fin y al cabo, ¿qué puede unir más a una familia que compartir los efluvios nocturnos y recibir una patada infantil en las costillas a las tres de la mañana?
 
La trinchera de los detractores: El peligro del sueño profundo
 
En la otra orilla del colchón se sitúan los detractores, cuyos augurios son capaces de quitarle el sueño a cualquiera. Los científicos más cautos aducen que meter al bebé en la cama de los adultos aumenta exponencialmente el riesgo de asfixia o de la temida muerte súbita.
 
Pero los peligros no son solo físicos, sino también psicológicos y conyugales. Se asocia el colecho con futuros problemas del sueño en etapas posteriores de la vida del niño, dificultando una independencia que se augura traumática. Y por supuesto, está el factor logístico de la pareja: resulta evidente que la presencia de un tercero de sesenta centímetros en mitad de la cama interfiere de manera flagrante en las relaciones íntimas de los progenitores, transformando el dormitorio principal en un casto parque infantil.
 
El consenso de la prudencia: Prohibido menores de seis meses
 
Donde sí se acaba la discusión y todos los expertos coinciden unánimemente es en señalar el peligro extremo que corre el lactante cuando los progenitores entran en lo que podríamos llamar "zonas de riesgo". El colecho se convierte en una ruleta rusa si los padres han consumido alcohol, si están tomando alguna medicación que induzca un sueño excesivamente profundo, o si se trata de padres que padecen obesidad severa y corren el riesgo de sepultar al vástago en un giro involuntario.
 
Por todo ello, la comunidad médica ha decidido curarse en salud y coincide en contraindicar formalmente esta práctica al menos durante los seis primeros meses de vida del bebé. Hasta que el niño no tenga cierta capacidad de resistencia, mejor cada uno en su parcela.
 
Conclusión: Formarse su propio criterio en el colchón
 
Como siempre defendemos en esta bitácora, la verdad absoluta no existe y cada uno debe informarse y documentarse primero para después pensar por sí mismo. El "colecho" puede ser una bendición de apego o el fin de la paz matrimonial, dependiendo del punto de vista y del tamaño de la cama. Así que, si has leído hasta aquí, razona un poco, mide los riesgos, calcula los metros cuadrados de tu colchón y, sobre todo, no te dejes impresionar por las palabras rimbombantes que se inventan los expertos. Al final, dormir a pierna suelta sigue siendo el verdadero milagro de la vida.
 

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viernes, 10 de julio de 2026

La verdad sobre AZprensa

Este blog llamado “Diario AZprensa” es un homenaje al desaparecido diario digital “AZprensa”, que llegó a situarse como el segundo diario digital sanitario más leído de España. Era la primera vez –y la única, porque no ha vuelto a repetirse un caso similar- en que un laboratorio farmacéutico informaba “a diario” no sólo de las noticias relativas a su empresa sino de toda la actualidad sanitaria incluyendo la de los demás laboratorios farmacéuticos y sus medicamentos competidores.
 
(AZprensa) Desde este blog, “Diario AZprensa”, vamos a desgranar algunas de las claves de aquél inusual proyecto, así como algunos detalles muy poco conocidos respecto al mismo. Como creador del mismo, lo puse en marcha en 2003 cuando trabajaba en AstraZéneca, y desapareció en 2009 pocos meses después de haber dejado esa compañía en la que desarrollé mi trayectoria profesional durante 24 años.
 
¿Un laboratorio farmacéutico convertido en editor de un diario?
 
Como Responsable de Comunicación del laboratorio farmacéutico era una de mis misiones trasladar a los medios de comunicación, junto con mi equipo, todas las informaciones relativas a nuestra compañía y, entre ellas, era frecuente el envío de notas de prensa con la esperanza de verlas publicadas en los medios y potenciar así la imagen corporativa de la empresa y sus productos. Esas notas de prensa, a diferencia de lo que sucedía en otros laboratorios, estaban redactadas en estilo periodístico, lejos de cualquier pretensión publicitaria, puesto que aquello que enviábamos a los periodistas era información, no publicidad. A pesar de ello, no todas conseguían su difusión en los medios y no siempre de forma completa, sin resumir. Por esto pensé que sería bueno disponer de un medio propio en el que nuestra información saliese publicada siempre tal cual la habíamos redactado nosotros, y por supuesto en un lugar destacado para obtener mayor visibilidad. El departamento de Comunicación podía añadir a sus funciones la de editar un diario digital de información sanitaria en donde siempre irían destacadas nuestras noticias, completando así la información que habitualmente remitíamos a los periodistas.
 
Un diario digital que informa de todo, de lo propio y de lo ajeno
 
Tener un diario digital propio parecía ser la solución, porque si el diario lo editábamos nosotros, estaba claro que nuestras propias noticias saldrían siempre publicadas y en un lugar destacado. Pero desde el primer momento tuvimos presente que eso no era lo importante; lo fundamental era que se leyese y que tuviese una audiencia fiel, y eso sólo se puede conseguir si el medio tiene credibilidad. Para ello debíamos cumplir cinco principios básicos: imparcialidad (aunque des noticias de tu propia empresa y productos, su redacción debe ser aséptica –no publicitaria- como lo haría cualquier periodista de un medio de comunicación ajeno); calidad (con estilo periodístico y alejado de cualquier injerencia de Marketing); interés (esas noticias deben ser de interés para el lector, estar escritas pensando en él); actualización (en una edición diaria las noticias que se incluyen deben ser del día, no atrasadas); y diferenciación (aunque el diario esté editado por un laboratorio, allí deben tener cabida todo tipo de noticias sanitarias, incluso las que se refieran a otros laboratorios y otros medicamentos; y además sin publicidad y con servicios adicionales útiles como un banco de imágenes gratuito, libros digitales, etc.).
 
Un diario digital sin precedentes
 
Jamás en la vida, ni antes ni después, ha habido ningún laboratorio farmacéutico que haya editado un diario de información general sanitaria (y cuando digo general reitero que incluso publicaba noticias de otros laboratorios y sus respectivos medicamentos). Por eso se ganó la credibilidad. ¿Cuándo se ha visto que los laboratorios farmacéuticos manden sus notas de prensa a un laboratorio de la competencia para que las publique en su diario? Pues así sucedía en AZprensa, en donde recibíamos notas de prensa de otros laboratorios, las revisábamos para adaptarlas a nuestro estilo periodístico quitándoles lo que tuviesen (que sí solían tener) de publicitario, dejándolas como piezas informativas que incluíamos en nuestra edición diaria.
 
El boca a boca de los lectores
 
A lo largo de los cinco años de trayectoria en que yo lo dirigí, fue aumentando siempre y de forma constante su número de lectores. Al principio de una forma muy modesta porque no hacíamos publicidad del mismo y aun había muchos laboratorios que ni siquiera tenían página web, pero el boca a boca fue funcionando. Por dar unas cifras, el número medio de visitas mensuales fue de 19.074 el primer año, 49.547 el segundo, 127.575 el tercero, 170.567 el cuarto, 273.876 el quinto y 359.357 el sexto.
 
¿Un laboratorio que hace la competencia a los medios de comunicación?
 
Podría parecer que sacando ese diario nos viesen como competidores los medios de comunicación; pero no fue así, sino al contrario. En primer lugar porque AZprensa era un servicio de información gratuito (no admitía publicidad y por tanto no podía quitarles anunciantes) y en segundo lugar porque era tanta la información que publicábamos (tanto nuestra como de otro tipo) que nos tenían como otra fuente más de información. Además de noticias había entrevistas exclusivas con líderes de opinión, informes sobre aspectos de la Sanidad, datos estadísticos, etc. Éramos, pues, un complemento para su trabajo diario.
 
El dilema de la rentabilidad
 
AZprensa se editaba todos los días del año, incluso festivos y periodos de vacaciones. Para ello contábamos con periodistas colaboradores externos y, a partir de su tercer año, viendo cómo crecía su número de lectores, y su repercusión positiva en otros medios, decidimos publicitarlo a través de banners en otros medios. Es cierto que el coste de editar el diario llegó a ser el último año, por ejemplo, de 143.000 euros anuales, pero si tenemos en cuenta que en ese año ya se habían alcanzado 4,3 millones de visitas, el coste que nos suponía cada una era de 0.04 euros, es decir, ningún anuncio ni acción publicitaria consigue un precio tan bajo por impacto, con la diferencia de que estos impactos tenían la credibilidad de una información útil y no el sesgo que siempre impregna a todo la publicidad.
 
El reto de convencer a la dirección de la empresa
 
Afortunadamente en aquella época, el CEO de la compañía, Tom McKillop, sabía sacar lo mejor de cada empleado y motivarle para que rindiese al máximo y para ello animaba a que todos tomásemos la iniciativa y asumiésemos responsabilidades. No se penalizaba a nadie por un error que pudiese cometer o por el fracaso de algún proyecto, siempre que los fundamentos y el trabajo desarrollado hubiese sido adecuado. Una filosofía que compartía el presidente en España, Carlos Trias. De esta forma todos actuábamos siempre de forma proactiva y yo estaba convencido del éxito de este proyecto y sabía que contaba con el apoyo de mis superiores. Delegación, confianza y motivación son conceptos clave para el éxito empresarial.
 
El final de una idea de éxito
 
En el año 2007 hubo un cambio radical en la empresa, dejando la misma muchos miles de empleados en todo el mundo, empezando por el CEO, Tom McKillop, los presidentes nacionales, los directores y muchos otros mandos intermedios y empleados. Cambió por completo la filosofía de la empresa y pasó a mejor vida eso de delegar, confiar en los empleados, animarles a tomar iniciativas y asumir riesgos sin penalizar los fracasos, etc.
 
En el caso de la comunicación, está claro que si cada información que vaya a salir al exterior tiene que pasar rigurosos controles de aprobación previa por parte de diversas personas, es imposible sacar un diario. ¿Cuándo estaría aprobada la noticia que ha de salir en la edición de mañana, dentro de una semana? En el periodismo diario se trabaja de hoy para hoy, y en aquellos años tuvimos la suerte de trabajar como un gran equipo en donde cada uno podía asumir sus propias responsabilidades.
 
Un proyecto personal
 
Es cierto que ese proyecto (una nueva responsabilidad y tarea que sumé voluntariamente a mis funciones) me dio mucho trabajo, pero también me dio muchas más satisfacciones. Ver cómo va creciendo el número de visitas de tu diario; ver el excelente trabajo que realizan los miembros de tu equipo y los periodistas colaboradores;  ver cómo los medios de comunicación te toman como fuente de referencia; ver cómo incluso los competidores acuden a tu medio y te envían sus noticias; ver cómo tu diario empieza a ser reconocido con premios y nominaciones; etc. disipa al instante cualquier atisbo de cansancio.
 
Cuando trabajas con libertad y te dejan desarrollar tus ideas; cuando los miembros de tu equipo disfrutan igual que tú haciendo ese trabajo; cuando ves que el trabajo da los frutos esperados… ¿qué más se puede pedir?
 

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jueves, 9 de julio de 2026

El paciente también tiene algo que decir… y decidir

Ante la delicada situación financiera de nuestra Sanidad pública, los responsables políticos suelen optar por el camino más corto, fácil y menos resolutivo en lugar de atajar los problemas estructurales que causan el déficit. ¿La receta de siempre? Bajar por decreto el precio de los fármacos, obligar a recetar genéricos y restringir la prescripción de medicamentos innovadores si existen alternativas más económicas. Se llega incluso a la paradoja de que, a igualdad de precio, la Administración impone el genérico por sistema.
 
(AZprensa) El horizonte que se dibuja ante nosotros es preocupante: una medicina fragmentada en tres velocidades. Una para rentas altas (la sanidad privada pura), otra para la clase media (las aseguradoras médicas) y una tercera para el resto (la sanidad pública). En esta última, los pacientes se ven abocados casi en exclusiva a los genéricos —y solo a los que entren en lista—, mientras que en los otros niveles se puede optar por marcas o genéricos según el criterio del médico y las peculiaridades de cada persona.
 
Como vemos, en unos casos decide el burócrata de turno y en otros el profesional sanitario. Pero ¿y el paciente? ¿Acaso no tiene nada que decir? Hablamos, además, de un usuario cada vez más informado, digital y consciente de su salud.
 
La propuesta: Co-decidir para no recortar
 
Lo lógico y deseable —asumiendo las telarañas que pueblan las arcas de la Administración— sería aplicar una fórmula más flexible. La Sanidad pública debería fijar con total transparencia qué servicios, pruebas y medicamentos cubre al 100%. A partir de ahí, si un paciente prefiere un medicamento de marca diferente al ofertado, y su médico avala que es una opción acertada para su caso, el usuario debería poder adquirirlo abonando simplemente la diferencia de precio.
 
Con este modelo de financiación, todos saldrían ganando:
 
La Administración no gastaría un euro más: Su aportación económica seguiría siendo exactamente la misma que si financiara el genérico.
 
El médico recuperaría su libertad de prescripción: Podría sentarse con el paciente y decirle: "Puedo recetarle la opción que cubre el sistema o esta otra marca con la que tendría que pagar una diferencia; estas son las ventajas de cada una y usted decide".
 
El paciente se convierte en parte activa del acto médico: Dejaría de ser un sujeto pasivo para ser un agente de su propia salud. Está demostrado que un paciente implicado muestra mayor satisfacción, mejor adherencia al tratamiento y, por ende, mejores resultados médicos.
 
La industria farmacéutica mantendría el estímulo para innovar: Los laboratorios podrían competir en un mercado justo por su nicho, sin que una decisión administrativa les arrebate la oportunidad de ofrecer sus productos.
 
Es hora de madurar como sistema de salud. Dejar decidir al paciente no es solo una cuestión de libertad, es también una estrategia de supervivencia.
 

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