Investigadores de Los Ángeles y del
Instituto de Tecnología de California han descubierto, tras años de estudio,
algo que la sabiduría popular lleva siglos sabiendo. Con distintas palabras,
eso sí.
(AZprensa) La neurociencia
avanza a pasos agigantados. A veces incluso llega a destinos que el sentido
común ya había alcanzado hace tiempo por sus propios medios y sin necesidad de
financiación externa. Un claro ejemplo lo encontramos en una investigación
llevada a cabo en el Centro Médico Cedars-Sinai de Los Ángeles, cuyos
resultados iluminan —con el respaldo de la ciencia más rigurosa— los mecanismos
cerebrales que determinan por qué recordamos algunas cosas y olvidamos otras.
El protagonista del hallazgo es Adam Mamelak,
neurocirujano del citado centro, quien explica con la precisión que le otorga
su bata blanca: «Nuestra investigación demuestra que cuando las neuronas
relacionadas con la memoria están bien coordinadas con las ondas theta durante
el proceso de aprendizaje, los recuerdos son más fuertes». Las ondas theta,
para quien no esté familiarizado con el término, son un tipo de actividad
cerebral de baja frecuencia asociada a estados de atención relajada,
aprendizaje y memoria. Cuando esas ondas y las neuronas trabajan al unísono
—sincronizadas, acompasadas, como una orquesta bien dirigida—, la información
se fija con mayor solidez en el cerebro. Cuando no lo hacen, el recuerdo se
desvanece con la misma facilidad con que olvidamos dónde dejamos las llaves.
El investigador Ueli Rutishauser, del Instituto de
Tecnología de California, que participó en el mismo estudio, precisa a su vez
que este descubrimiento establece «una relación directa entre los
acontecimientos en el circuito del cerebro y sus efectos en la conducta
humana». Es decir: lo que pasa dentro del cerebro no ocurre en el vacío; tiene
consecuencias medibles y reales en cómo nos comportamos, cómo aprendemos y qué
somos capaces de retener de todo lo que vivimos.
La investigación ha requerido años de trabajo, tecnología
de última generación, el análisis de la actividad neuronal de pacientes durante
tareas cognitivas controladas, y la colaboración de equipos científicos de
primer nivel en dos de las instituciones más prestigiosas de California. Los
resultados han sido publicados con el rigor que exige la comunidad científica
internacional. Todo, absolutamente todo, para concluir que la estimulación
adecuada —la que sincroniza neuronas y ondas theta en el momento preciso— favorece
la formación de recuerdos duraderos.
«Años de investigación, millones de
neuronas analizadas y dos instituciones de élite para confirmar lo que
cualquier abuelo de pueblo habría podido explicar en tres minutos y con mucho
menos presupuesto.»
Lo que ya sabía el
refranero
Llegados a este punto, y con todo el respeto que merecen
los doctores Mamelak y Rutishauser —que es mucho, y que sus investigaciones sin
duda tienen implicaciones mucho más profundas de lo que este artículo alcanza a
resumir—, cabe preguntarse si para este viaje hacían falta tantas alforjas.
Porque la sabiduría popular, esa neurociencia sin laboratorio ni subvención que
se transmite de generación en generación en forma de refrán, ya había llegado a
conclusiones sorprendentemente similares mucho antes de que existieran los
electrodos, los escáneres cerebrales y los congresos internacionales de
neurología cognitiva.
En efecto: «dos tetas tiran más que dos carretas» —tengan
o no una hache intercalada en la primera sílaba, según la versión que el pudor
de cada época haya preferido adoptar— viene a decir, traducido al lenguaje de
Cedars-Sinai, que determinados estímulos producen en el cerebro una
sincronización neuronal de tal intensidad que los recuerdos asociados a ellos
quedan grabados con una nitidez y una permanencia que ningún método de estudio
convencional logra igualar. Lo cual, dicho así, suena considerablemente más
científico. Pero viene a ser lo mismo.
Bienvenidos, en definitiva, a la neurociencia del refrán.
Un campo todavía inexplorado, con un potencial investigador enorme y, sobre
todo, con un corpus de datos previos que ningún abuelo de pueblo ha cobrado por
recopilar. Ahí lo dejamos.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
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