(AZprensa) De todos los juegos que han pasado por mis
manos, me quedo con uno que considero el más divertido de la historia: SAFARI.
Y no es solo una opinión subjetiva basada en mi experiencia; era el propio
fabricante (Francisco Roselló, de Juegos Krone) quien lo certificaba con una
apuesta audaz en la misma caja:
“Se garantiza la devolución del
importe de venta a todo comprador que, habiendo jugado cinco veces sin quedar
satisfecho, lo devuelva por correo al fabricante”.
¿Cuántos productos conoces hoy en día que se atrevan a
ofrecer tal garantía de diversión? Solo por eso, ya podemos decir que Safari
era único.
Un tesoro de la
década de los 50
Este juego, nacido en los años 50, es hoy una reliquia.
Solo se puede conseguir en mercados de segunda mano o a través de
coleccionistas que aún conservan ejemplares en perfecto estado.
Pero entonces, surge la pregunta obligada: Si era tan
divertido, ¿por qué dejó de fabricarse? La respuesta es sencilla y, a la vez,
un reflejo de nuestros tiempos: hoy su comercialización estaría terminantemente
prohibida.
El choque con el
"puritanismo moderno"
Vivimos en una época de un puritanismo que, a menudo, roza
la hipocresía. En el mundo actual, la caza es un tabú absoluto. En Safari, el
objetivo era capturar animales vivos para zoológicos y circos, o abatirlos para
enviarlos a museos de historia natural. Y no hablamos de piezas menores, sino
de las grandes especies hoy protegidas: gorilas, rinocerontes, elefantes...
Era la caza mayor en todo su esplendor, convertida en una
aventura de reglas sencillas que te transformaba, por una tarde, en un
explorador de otro siglo.
La libertad como
"delito"
Sin embargo, hay otra razón por la cual este juego no
pasaría los filtros actuales: la libertad.
Safari era un oasis de libre albedrío estratégico:
·
Libertad de tablero: Los jugadores
colocaban las piezas a su antojo.
·
Libertad de movimiento: En cada
tirada, el dado ofrecía dos cifras para elegir cuántas casillas avanzar.
·
Libertad de decisión: Tú decidías si
arriesgarte a capturar al animal vivo (más difícil, pero más rentable) o
matarlo.
Ganaba quien, al final de la expedición, hubiera acumulado
más dinero con sus piezas cobradas. Así de crudo y así de libre.
Conclusión
Safari era un juego que te permitía tomar tus propias
decisiones y fantasear con la aventura salvaje. Hoy, tanto esa libertad de
acción como el tema de la caza están bajo sospecha o directamente censurados.
Parece que, en nuestro afán por ser
"correctos", hemos perdido por el camino la capacidad de jugar sin
prejuicios.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
(AZprensa) Pocas novelas latinoamericanas gozan de un
reconocimiento tan extendido como “El coronel no tiene quien le escriba”.
Incluso quienes no la han leído identifican su título como una de las obras más
representativas de Gabriel García Márquez. Sin embargo, más allá de las
ediciones habituales, existen versiones que convierten el acto de leer en una
experiencia cercana al hallazgo histórico.
Es el caso de una edición muy especial publicada dentro
de la “Colección Itálica” por Ediciones Turner. Se trata de una tirada limitada
y numerada de tan solo 500 ejemplares que recupera el texto de la novela tal
como apareció originalmente en 1.958 en la revista Mito, tres años antes de su
primera edición en libro, publicada en 1961. Esta versión permite al lector
acercarse a una etapa temprana de la obra, anterior a las revisiones y ajustes
que acompañaron su consolidación editorial.
La singularidad de esta publicación reside no solo en su
escasez, sino también en su valor documental. Leer este texto primigenio es
asomarse al proceso creativo del autor, descubrir matices que pudieron
transformarse con el tiempo y comprender mejor la evolución de una obra que
acabaría convirtiéndose en un clásico.
El ejemplar número 308 de esta edición limitada que
presentamos hoy es una auténtica rareza bibliográfica. Más que un libro, es un
testimonio tangible de la historia literaria reciente, una pieza codiciada
tanto por coleccionistas como por estudiosos de la obra de García Márquez.
En un mercado editorial dominado por grandes tiradas y
formatos digitales, iniciativas como esta recuerdan el valor del libro como
objeto cultural. No solo importa lo que se lee, sino también cómo y desde dónde
se lee. Y en este caso, hacerlo desde una versión casi originaria de “El
coronel no tiene quien le escriba” supone redescubrir la novela desde sus
cimientos.
PD.- Si estás interesado en este ejemplar, deja un
comentario.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
(AZprensa) Siempre estamos dando vueltas a lo mismo: manifestaciones,
pancartas y exigencias para ampliar aún más la Ley del aborto. “¡Más
derechos!”, gritan. “¡Menos límites!”. Ante tanto consenso, he decidido aportar
un punto de vista original y, espero, lo suficientemente inteligente como para
que el lector no se escandalice demasiado.
La actual ley establece plazos. Hasta cierta semana se
puede abortar con total libertad, después se ponen algunas trabas. Pero yo me
pregunto: ¿por qué poner límites si es prácticamente imposible determinar con
exactitud cuántas semanas tiene un feto? ¿Media semana de diferencia? ¿Un día
más o menos? ¿Un minuto más o menos? ¿De verdad vamos a basar un “derecho” en
algo tan impreciso?
Si según los defensores más radicales es imposible saber
el momento exacto en que un feto “pasa a ser humano”, entonces cualquier plazo
es arbitrario e injusto. Un segundo antes del límite el feto no merece
protección, pero un segundo después sí. Absurdo, ¿verdad?
Por eso, desde aquí reclamo con total coherencia la
abolición total de todos los plazos. El aborto debe ser libre, sin
restricciones de edad gestacional. A las 3 semanas, a las 30 semanas… o a los 3
años. ¿Por qué no? Y ya puestos, también a los 17 años. O a los 45. Imaginad
qué mundo tan maravilloso sería: cada vez que tu hijo adolescente llegue tarde
un viernes, conteste mal y te ponga de los nervios, ¡solución inmediata! Os
vais tranquilamente a la clínica y que “se ocupen de él”. ¿Tu hijo de 30 años
sigue viviendo en casa, sin trabajo y sin intención de independizarse? Pues un
aborto tardío en toda regla. Problema resuelto.
Piensa en las ventajas: la población se reduciría
drásticamente, bajarían las listas de espera en la Seguridad Social, habría
vivienda barata para todos y, sobre todo, mucho más trabajo para los pocos que
quedaran vivos. ¡Todos contentos!
Y una vez normalizado el “aborto posnatal” familiar, ¿por
qué detenernos ahí? Deberíamos ampliar el derecho a abortar a cualquiera que
nos moleste: al árbitro que pita penalti en contra, al político de turno, al
vecino que pone la música alta… Cuando solo queden dos personas en el planeta,
que se aborten mutuamente. Total, para lo que hay que ver.
En fin, tanto pensar en esta brillante propuesta me ha
dejado exhausto. Creo que voy a ir a abortarme yo también.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
(AZprensa) Hoy rendimos un homenaje a este libro que
durante muchas décadas, año tras año, llegaba hasta los médicos para
facilitarles la tarea de prescribir medicamentos. En él encontraban todos los
medicamentos con una información completa (composición, principios activos,
acción, indicaciones, contraindicaciones, efectos secundarios, posología, etc.).
A la hora de elegir el más adecuado para cada paciente, encontraban aquí una
lista completa de grupos terapéuticos con los medicamentos disponibles en cada
uno de ellos, así como una lista de enfermedades y la relación de los productos
indicados para las mismas. Años más tarde se incluyeron también medicamentos de
parafarmacia y métodos de diagnóstico, convirtiéndose en un clásico que no
podía faltar en ninguna consulta médica. Durante muchos años, los laboratorios
farmacéuticos regalaron este libro a los médicos, si bien cualquier profesional
sanitario podía comprarlo a la editorial Medicom.
El ejemplar que hoy mostramos es muy especial porque se
trata del último ejemplar impreso. Por caprichos del destino, fue en el año
2009 al cumplirse los 50 años de esta iniciativa editorial, cuando este “Vademecum”
dejó de editarse en papel y sólo sobrevivió al mismo la edición digital.
Por eso, poder contemplar este libro, e incluso
sostenerlo entre las manos y ojear sus más de 2.300 páginas, es un lujo que nos
traslada a una época más humana de la medicina, en la que los enfermos eran
“pacientes” en vez de ser tratados como “clientes” tal como sucede en la
actualidad.
PD.- Si estás interesado en este ejemplar, deja un
comentario.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
(AZprensa) ¿Cuál es realmente la asignatura más importante
de la carrera de Medicina? No es Anatomía, ni Fisiología, ni siquiera
Farmacología. Después de once o más años de formación rigurosa, la que marca la
diferencia entre el reconocimiento económico y profesional o la medianía y la
esclavitud, es el inglés.
Porque, una vez terminada la carrera y (con suerte) el
MIR, lo que espera al joven médico español es un panorama desalentador: sueldos
modestos, contratos temporales encadenados, guardias interminables, consultas
de cinco o seis minutos por paciente, ausencia de tiempo real para actualizar
conocimientos, escasos incentivos para investigar y directrices estrictas que
priorizan los fármacos más baratos por encima de la mejor opción clínica.
A esto se suma la llegada masiva de médicos procedentes de
países extracomunitarios, muchos de ellos con procesos de homologación
acelerados y, en ocasiones, con niveles de formación y exigencia distintos a
los del sistema español. Mientras tanto, miles de nuestros especialistas mejor
preparados optan por hacer las maletas.
Aunque las cifras oficiales de bajas definitivas de
colegiación han descendido (395 médicos en 2024, según la Organización Médica
Colegial), los certificados de idoneidad siguen solicitándose a miles cada año.
Los destinos preferidos continúan siendo Francia, Reino Unido, Irlanda,
Alemania, Suecia, Suiza y Estados Unidos. En países como Suecia, donde
prácticamente toda la población habla inglés, la barrera idiomática
prácticamente desaparece.
El mensaje es claro: si quieres condiciones laborales
dignas, mejor salario, tiempo para formarte y respeto profesional, la solución
más sencilla es irse al extranjero. Y así lo están haciendo cientos de médicos
españoles cada año.
Para los profesionales, representa una salida razonable y,
en muchos casos, la única viable. Para los pacientes españoles, sin embargo, es
la peor noticia posible: una sanidad que pierde a parte de sus médicos mejor
formados y que, al mismo tiempo, incorpora a otros con trayectorias formativas
muy diferentes y en muchos casos cuestionables.
El problema de fondo no ha cambiado en los últimos años:
sobrecarga asistencial crónica, falta de incentivos, precariedad laboral y una
gestión que parece olvidar que un buen sistema sanitario necesita retener a su
talento, no exportarlo.
Mientras el inglés siga siendo la asignatura clave para
poder emigrar con garantías, seguiremos formando excelentes médicos… para que
otros países los disfruten. ¿Hasta cuándo los pacientes españoles van a tolerar
esta situación sin perder la paciencia?
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/