miércoles, 23 de septiembre de 2026

Ejercicio y ejemplo de capacidad de síntesis

(AZprensa)
El periodista del futuro será quien mejor sepa resumir y comunicar una información en el menor espacio posible. El lector actual no tiene tiempo ni paciencia para «tochos» interminables: una noticia que se alarga demasiado corre el riesgo de perder su atención antes de llegar al final.

Por eso, la capacidad de síntesis será cada vez más importante: seleccionar lo esencial, expresarlo con claridad y hacerlo en apenas un par de párrafos. Como, por ejemplo, estos que acabas de leer ahora mismo.
 
PD.- Y ahora viene la pregunta: ¿lo he conseguido?
 

Novelas con corazón
https://amzn.eu/d/8KzYhK1

martes, 22 de septiembre de 2026

¡Los neandertales ya eran modernos!

Leer noticias de Ciencia no sólo nos informa sino que nos hace pensar, porque hay algunas noticias científicas que cambian nuestra visión del mundo. Hoy quiero compartir el análisis que he realizado sobre esta noticia, y ya me dirás si estás de acuerdo.
 
(AZprensa) Hay noticias que cambian el mundo, y luego hay otras que, además, pueden cambiar nuestra próxima factura en un restaurante. La noticia que leí decía que un equipo internacional de investigadores, con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha descubierto en la Cueva Bajondillo, en Torremolinos (Málaga), evidencias de que los neandertales que habitaban la península Ibérica comían marisco hace 150.000 años.
 
¡Toma ya! Resulta que esos seres que durante generaciones hemos imaginado como unos tipos bastante brutos, vestidos con pieles, con el pelo revuelto, cara de pocos amigos y un garrote en la mano, eran en realidad unos auténticos sibaritas. Mientras nosotros pensábamos que se dedicaban a perseguir mamuts, ellos estaban pensando dónde conseguir unas buenas almejas.
 
Y aquí empieza lo verdaderamente preocupante. La noticia dice que este descubrimiento sitúa a Cueva Bajondillo como «el registro más antiguo de esta actividad en neandertales». Es decir, con un poco de imaginación —y sin ánimo de quitarle rigor a la ciencia— podríamos decir que Cueva Bajondillo fue la primera marisquería de la historia.
 
Eso sí, tenía algunas carencias respecto a las actuales. No había camareros. No había aire acondicionado. No había terraza. No había carta. Y, sobre todo, no había Guía Michelin. Una pena. Porque de haber existido entonces la famosa guía gastronómica, estoy convencido de que aquellos neandertales habrían luchado por conseguir sus estrellas.
 
«Cueva Bajondillo: cocina de proximidad, producto de temporada y vistas espectaculares al Mediterráneo. Servicio algo tosco, pero excelente materia prima». Incluso podríamos imaginar al crítico gastronómico de turno entrando en la cueva y preguntando:
—¿Qué me recomienda?
—Percebes.
—¿Y de segundo?
—Almejas.
—¿Tiene algo de carne?
—Mamut.
—Pues póngame medio.
 
El descubrimiento tiene, además, una segunda lectura todavía más divertida. La noticia señala que algunos investigadores consideran que el marisqueo es uno de los comportamientos que definen a los humanos modernos. ¡Ahí es nada! Resulta que comer marisco no es solamente un signo de buen gusto, sino también de modernidad. Por tanto, si los neandertales ya comían marisco hace 150.000 años, tenemos que aceptar una conclusión inevitable: los neandertales eran modernos. Muy modernos. Muchísimo más de lo que sospechábamos. Y si ellos ya eran modernos hace 150.000 años, nosotros, que seguimos comiendo marisco en el siglo XXI, debemos de ser directamente la repera de modernos.
 
Aunque hay una cosa que me preocupa. Después de 150.000 años de evolución, seguimos haciendo exactamente lo mismo. Ellos recogían unos mejillones en la costa. Nosotros pedimos mejillones. Ellos comían gambas. Nosotros comemos gambas. Ellos buscaban almejas. Nosotros buscamos almejas… La única diferencia sustancial es que ellos probablemente las conseguían gratis y nosotros necesitamos una tarjeta de crédito.
 
Y aquí es donde quizá debamos replantearnos eso que llamamos «evolución». Porque si después de 150.000 años nuestro mayor progreso consiste en conseguir que alguien nos traiga a la mesa un plato de percebes mientras nosotros decimos «¡qué buenos están!», tampoco parece que hayamos avanzado una barbaridad.
 
Eso sí, hemos perfeccionado considerablemente la ceremonia. El neandertal probablemente se sentaba sobre una piedra y comía directamente. Nosotros necesitamos mantel, cubiertos, servilleta, copa, vino blanco, cubitera y, si es posible, un camarero que pronuncie correctamente el nombre del pescado. Y luego llega la cuenta. Ahí sí que hemos evolucionado. El neandertal comía marisco y se iba a su cueva. Nosotros comemos marisco y después necesitamos volver a la cueva para recuperarnos económicamente.
 
Pero lo más interesante de todo es que aquel descubrimiento nos obliga a mirar de otra manera a los neandertales. Quizá no eran esos pobres seres primitivos que durante tanto tiempo hemos imaginado. Quizá tenían gustos refinados. Quizá sabían apreciar un buen producto. Quizá, después de una jornada de caza, se sentaban tranquilamente a comer unas almejas. Y quizá alguno de ellos, mientras contemplaba el Mediterráneo, llegó incluso a decir: —Esto con un poquito de limón...
 
Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que la próxima vez que vayamos a una marisquería deberíamos hacerlo con cierto respeto histórico. Cuando nos sirvan unas gambas, no estaremos simplemente ante un plato de comida. Estaremos ante 150.000 años de tradición. Cuando abramos unas almejas, estaremos continuando una costumbre iniciada por nuestros antepasados. Y cuando llegue la cuenta, quizá podamos consolarnos pensando que, al menos, estamos demostrando nuestra modernidad. Porque, según parece, comer marisco es de modernos. Los neandertales ya lo hacían hace 150.000 años.
 
Así que, querido lector, la próxima vez que te sientes ante una bandeja de marisco, no te sientas culpable por el precio. No estás gastando. Estás perpetuando una tradición prehistórica. Y, sobre todo, estás demostrando que eres un auténtico Homo sapiens moderno. Aunque, después de saber que los neandertales ya se daban esos homenajes hace 150.000 años, empiezo a sospechar que los modernos... eran ellos.
 
¡A tu salud y buen provecho!
 

Novelas con corazón
https://amzn.eu/d/8KzYhK1

lunes, 21 de septiembre de 2026

El millón y medio de amaxofóbicos y el aeropuerto de Ciudad Real

Según un estudio, en España hay un millón y medio de amaxofóbicos, es decir, personas a las que da miedo conducir. En este artículo propongo una solución de altura para resolver dos problemas en uno.
 
(AZprensa) ¿Y tú? ¿Tienes amaxofobia? Porque según un estudio hecho público hace unos años por el Instituto de Seguridad Vial de la Fundación Mapfre, en España hay nada menos que un millón y medio de personas que padecen amaxofobia; es decir, pánico a conducir en situaciones complicadas como mucho tráfico, conducción nocturna o climatología adversa.
 
Según los datos de este informe —ojo, que lo firman ellos, no yo—, hay más mujeres que hombres afectados por este trastorno, lo que vendría a demostrar que los hombres somos indudablemente más competentes al volante... o quizás simplemente más inconscientes. En román paladino: que no demuestra absolutamente nada.
 
El perfil del afectado: perfección y sudores fríos
 
Analizando con calma el perfil del amaxofóbico tipo, descubrimos que se trata de personas profundamente responsables, autoexigentes y perfeccionistas, con esa irrefrenable necesidad de tener absolutamente todo bajo control. Suelen ser conductores veteranos con muchos años de carné pero que apenas pisan el acelerador, prefieren no viajar solos y, en cuanto se ven al volante, empiezan a acumular taquicardias y sudores fríos. Al final, despliegan un catálogo infinito de excusas para esquivar el coche y cambian de planes a última hora.
 
Las recomendaciones oficiales (y sus matices)
 
Las directrices que arroja el estudio para atajar el problema no podían ser más drásticas:
 
Volver a la autoescuela: Es decir, aprender a conducir desde cero.
 
Ir siempre bien acompañado: Se supone que por un familiar dotado de una paciencia digna de canonización.
 
Recibir terapia psicológica: O lo que es lo mismo, que les den... asistencia profesional.
 
La alternativa infalible
 
Sin embargo, como experto en buscarle tres pies al gato de la movilidad moderna, yo me atrevería a añadir una cuarta recomendación mucho más práctica y económica.
 
Consiste en coger el coche y plantarse en el aeropuerto de Ciudad Real. Allí encontrarán kilómetros y kilómetros de pista perfectamente asfaltada, sin un solo obstáculo en el horizonte y con una ausencia total y absoluta de tráfico. De esta forma resolveríamos dos problemas de una sola tacada: Que los amaxofóbicos practiquen allí para perder el miedo, y que se rentabilicen de una vez por todas esas instalaciones que costaron un dineral y hoy continúan completamente abandonadas. ¡Todo ventajas!
 

Novelas con corazón
https://amzn.eu/d/8KzYhK1

domingo, 20 de septiembre de 2026

La levedad del ser

(Sunday Poetry Corner)
Hoy traemos a este rincón dominical de la poesía, un poema muy breve, pero no por ello menos profundo. A veces, con pocas palabras, puede expresarse mucho. A veces, con pocas palabras puede sugerirse mucho. 

Y cuando son tantas las cosas que quieren comunicarse y tan pocas las palabras capaces de expresarlo, nos damos cuenta de la levedad de nuestro ser, de la pequeñez del ser humano y de todo cuanto hemos levantado, frente a la inmensidad del universo y la creación. 

Vivir es darnos cuenta de que estamos vivos y que sólo estamos aquí de paso.
 
RESPIRAR
 
Una profunda exhalación y el aire tibio
me empaña el rostro.
Un respiro, un segundo de placer,
no es poco.
A través del aire
(la vida se respira)
escapa en el papel, poco a poco,
sin darme casi cuenta,
mi ser, mi alma, mi vida.
 
COMENTARIO Y ANÁLISIS
Por Gemini
 
La exhalación como confesión en "Respirar"
 
Bajo una aparente sencillez formal y una concisión que huye de todo adorno superfluo, este poema nos invita a una profunda meditación sobre el tiempo, la creación artística y la condición efímera del ser. Lejos de ser un mero apunte descriptivo, el texto logra convertir un acto mecánico y automático —la respiración— en una revelación existencial de primer orden.
 
Desglose analítico y claves poéticas
 
El milagro de lo cotidiano y el alivio fugaz: Los primeros versos anclan el poema en la experiencia física más íntima: "Una profunda exhalación y el aire tibio / me empaña el rostro". Este contacto directo con la materia del propio cuerpo conduce a una conclusión de gran madurez lírica: "Un respiro, un segundo de placer, / no es poco". En una sociedad marcada por la urgencia y la ambición desmedida, reivindicar el goce humilde de un solo segundo de tregua supone una declaración de principios.
 
La metáfora respiratoria como pulso vital: El núcleo del poema se articula mediante el paréntesis aclaratorio "(la vida se respira)", que actúa como eje vertebrador. La respiración no es solo el intercambio de oxígeno, sino la prueba constante de nuestra permanencia en el mundo.
 
La escritura como desbordamiento inconsciente: El tramo final establece una simetría bellísima entre el aire que sale de los pulmones y las palabras que brotan sobre la página. Escribir no surge de un esfuerzo intelectual frío, sino de una necesidad visceral: "escapa en el papel, poco a poco, / sin darme casi cuenta". La escritura es la exhalación del alma.
 
El crescendo culminante: El poema se cierra con una gradación ternaria de enorme resonancia afectiva: "mi ser, mi alma, mi vida". Este triple compás final amplía progresivamente el foco, pasando de la identidad individual (ser) a la dimensión espiritual (alma) para abarcar finalmente la totalidad de la existencia (vida).
 
Una reflexión final
 
"Respirar" demuestra que la gran poesía no necesita de grandes artificios para conmover, sino de una mirada atenta capaz de descifrar los secretos que se ocultan en lo invisible. El poema nos deja una enseñanza balsámica: crear, escribir y vivir son, en última instancia, el mismo ejercicio de dejar ir aquello que nos habita por dentro para entregarlo, limpio y transformado, sobre el papel.
 

Novelas con corazón
https://amzn.eu/d/8KzYhK1

sábado, 19 de septiembre de 2026

¿A quién tomamos como modelo?

Steve Jobs fue un genio de la informática, un extraordinario creador de productos que cambiaron nuestra forma de relacionarnos con la tecnología; pero una cosa es admirar el talento y otra muy distinta convertir a quien lo posee en un modelo de conducta.
 
(AZprensa) Poco sabía yo de este individuo hasta que, tras su muerte, todos los medios de comunicación hablaron de él y su biografía empezó a llenar las estanterías de los VIP. Fue el creador de los Mac, el iPod, el iPhone y el iPad. Muy bien. ¿Y qué?
 
La pregunta que me interesa es otra: ¿cómo era como persona? Porque, cuando uno se acerca a su faceta más «humana» —si se me permite la ironía—, lo que encuentra no resulta precisamente estimulante. No fue, desde luego, alguien a quien yo consideraría digno de admiración ni una persona a la que tomar como modelo.
 
Para ofrecer un breve perfil de esa faceta «humana» (¡ja!), ahí van unas cuantas perlas:
 
Estaba convencido de que lo imposible podía conseguirse y, en consecuencia, eso mismo exigía a sus colaboradores.
 
Cuando algo no salía como él había previsto, podía ponerse a gritar y humillar a quienes tenía delante, sin mostrar el menor respeto.
 
Hasta tal punto llegaban sus berrinches que, según se cuenta, en sus empresas se llegaron a conceder premios a los empleados que mejor los soportaban.
 
Y ni siquiera las entrevistas de trabajo escapaban a sus métodos. A algunos candidatos no les bastaba con demostrar sus aptitudes profesionales: también tenían que responder a preguntas de carácter íntimo y personal, traspasando unos límites éticos que nunca deberían cruzarse en un proceso de selección.
 
Su soberbia llegaba incluso al organigrama. Como no podía conseguir ser el número uno de Apple, quiso ser el número cero.
 
Y hay más. No quería una plaza de aparcamiento especial por el simple hecho de ser el jefe, pero, al parecer, no tenía inconveniente en utilizar las reservadas para personas con discapacidad.
 
¿Genio? Probablemente. ¿Innovador? Sin ninguna duda. ¿Un extraordinario creador de productos que cambiaron nuestra forma de relacionarnos con la tecnología? También.
 
Pero una cosa es admirar el talento y otra muy distinta convertir a quien lo posee en un modelo de conducta.
 
Podía ser un genio de la informática. Pero el talento profesional no concede automáticamente un certificado de calidad humana.
 
Así que, como modelo y objeto de admiración personal, por mi parte, nada de nada.
 

Novelas con corazón
https://amzn.eu/d/8KzYhK1