Todos
hemos entrado con o sin coche en muchos parkings o aparcamientos –como queráis
llamarlos- y sin embargo no nos hemos dado cuenta de un fenómeno paranormal que
está presente en casi todos ellos… y que en más de una ocasión nos ha afectado.
En este artículo vamos a profundizar en ese misterio…
(AZprensa) Hay fenómenos inexplicables que parecen desafiar las leyes de la naturaleza y que, sin embargo, se repiten con una regularidad sospechosa. Uno de ellos es la extraordinaria capacidad de los aparcamientos subterráneos para atraer las llamadas telefónicas precisamente cuando no podemos atenderlas. No hay estudios estadísticos que lo demuestren, pero tampoco hace falta ser un investigador de lo paranormal para sospechar que aquí está ocurriendo algo extraño.
Antes de que alguien se lleve las manos a la cabeza, conviene aclarar una cosa: cuando hablo del Parking no me refiero a ningún mago, mentalista, vidente o echador de cartas. Me refiero, sencillamente, a la palabra inglesa que utilizamos para designar un aparcamiento.
Cuando hablo de parking o aparcamiento me refiero a esos espacios subterráneos donde dejamos el coche, respiramos una mezcla poco recomendable de aire viciado y gases de los vehículos, recorremos pasillos de iluminación discutible y, en ocasiones, nos preguntamos si el responsable de instalar las bombillas tenía alguna enemistad personal con la electricidad.
Hasta aquí, nada extraordinario. Todos hemos estado alguna vez en uno de esos lugares y sabemos que no figuran precisamente entre nuestros destinos favoritos para pasar el tiempo libre.
Pero hay un detalle que merece una investigación mucho más profunda. Un fenómeno que, de haberlo descubierto alguien con vocación de investigador de misterios, podría haberse hecho un hueco en alguno de esos programas de televisión dedicados a los sucesos inexplicables.
Primer misterio: ¿por qué siempre suena el teléfono cuando no hay cobertura?
Vamos a hacer un pequeño experimento mental. Imagina que estás esperando una llamada telefónica. Puede ser de un amigo, de un cliente, de un familiar o de alguien que tiene que darte una noticia importante. Miras el teléfono. Compruebas que hay cobertura. Esperas. Pasan cinco minutos. Diez minutos. Quince minutos. Nada. En vista de que no te llega la llamada, decides bajar al aparcamiento subterráneo para recoger el coche o hacer cualquier otra cosa. Entras, avanzas unos metros, pierdes la cobertura y, justo entonces, suena el teléfono.
Bueno, quizá no suena exactamente en ese momento. Quizá lo que sucede es que, cuando recuperas la cobertura, descubres una llamada perdida. Pero el efecto psicológico es el mismo: alguien ha decidido llamarte precisamente cuando estabas en uno de los pocos lugares donde no podías atenderle.
Y aquí surge la pregunta fundamental: ¿cómo es posible que una llamada que llevabas esperando un buen rato no llegue mientras estás tranquilamente en la calle, pero aparezca justo cuando entras en un lugar sin cobertura?
Naturalmente, las explicaciones técnicas existen. Los aparcamientos subterráneos pueden bloquear o debilitar las señales de radio, y las llamadas pueden coincidir con el momento en que perdemos la conexión. No hay necesidad de recurrir a fuerzas sobrenaturales para explicar cómo funciona un teléfono móvil. Lo verdaderamente sospechoso es la extraordinaria precisión con la que parece producirse la coincidencia.
Porque una cosa es que recibas una llamada en cualquier momento del día y otra muy distinta es que parezca estar esperando a que cruces la rampa de entrada del parking para manifestarse. Y, lamentablemente, aún no existen estudios estadísticos sobre este asunto aunque todos los hemos padecido.
Segundo misterio: cuanto más importante es la llamada, peor es el momento
Pero el fenómeno tiene una segunda característica que lo hace todavía más inquietante. No todas las llamadas parecen tener las mismas probabilidades de producirse dentro de un aparcamiento subterráneo. Existe una relación directamente proporcional entre la importancia de la llamada y la probabilidad, aparentemente, de recibirla cuando no puedes contestar.
Si se trata de una llamada comercial para ofrecerte un producto que no necesitas, es posible que te encuentres cómodamente sentado en el sofá de tu casa, con el teléfono al alcance de la mano y cobertura excelente. Si te llama alguien para preguntarte una tontería, tampoco parece haber problemas.
Pero si estás esperando una llamada decisiva para tu trabajo, una respuesta que puede cambiar tus planes o una noticia que llevas días aguardando, entonces la situación cambia radicalmente. Entras en el parking. Desaparece la cobertura. Y, como si alguien hubiera dado una orden secreta, llega la llamada. No puedes contestar. No puedes explicar que estás en un lugar sin señal. No puedes hacer absolutamente nada, salvo esperar a salir del aparcamiento y comprobar quién te ha llamado. Y, cuando por fin recuperas la cobertura, la llamada importante ya se ha convertido en una llamada perdida.
¡Qué casualidad! Si esto fuera una película de suspense, a estas alturas ya habría aparecido un investigador dispuesto a descubrir quién o qué está detrás de semejante conspiración.
Por supuesto, alguien podría argumentar que todo esto no es más que una impresión subjetiva. Que recibimos muchas llamadas durante el día, que pasamos poco tiempo en los aparcamientos y que recordamos con mayor intensidad aquellas coincidencias que nos perjudican. Y probablemente tendría parte de razón.
Los psicólogos conocen fenómenos como el sesgo de atención y el sesgo de confirmación: tendemos a fijarnos especialmente en los acontecimientos que confirman nuestras expectativas y a recordar mejor las coincidencias llamativas que las situaciones en las que no ocurre nada extraordinario.
Si pasamos veinte minutos en el parking y no recibimos ninguna llamada, lo olvidamos rápidamente. Pero si recibimos allí una llamada importante, es muy probable que recordemos el episodio durante mucho tiempo.
Además, las llamadas no se distribuyen necesariamente de forma uniforme a lo largo del día, y la falta de cobertura puede impedir que una llamada se complete o retrasar la recepción de una notificación. Todo eso puede contribuir a que la experiencia parezca más frecuente de lo que realmente es.
Hasta aquí, la ciencia. Pero una cosa es disponer de explicaciones razonables y otra conseguir que desaparezca la sensación de que el teléfono tiene un sentido del humor particularmente perverso.
Porque, seamos sinceros, todos hemos vivido alguna situación en la que nos hemos preguntado cómo es posible que algo tan oportuno para quien llama resulte tan inoportuno para quien recibe la llamada.
Propongo un estudio estadístico
Como todavía no disponemos de un estudio estadístico que demuestre la existencia de este supuesto fenómeno, propongo que alguien se anime a investigarlo. El procedimiento sería relativamente sencillo.
Durante un mes, un grupo de voluntarios debería anotar todas las llamadas recibidas, indicando dónde se encontraba cada persona, si tenía cobertura, cuánto tiempo llevaba esperando la llamada y qué importancia tenía para ella.
Habría que comparar las llamadas recibidas dentro de aparcamientos subterráneos con las recibidas en otros lugares, teniendo en cuenta el tiempo pasado en cada uno y las condiciones de cobertura.
También sería necesario definir previamente qué entendemos por una llamada importante, para evitar que cada participante clasifique como extraordinaria únicamente aquella que le haya causado una molestia.
Y, por supuesto, habría que registrar también las ocasiones en las que no se recibe ninguna llamada. De lo contrario, estaríamos contabilizando solo los casos que nos interesan y el resultado no tendría demasiado valor científico.
Si el estudio demostrara que las llamadas importantes se concentran en los aparcamientos con una frecuencia superior a la esperable, tendríamos un resultado digno de publicación. Si no encontrara ninguna diferencia significativa, habría que reconocer que nuestro misterioso fenómeno era, al menos en buena medida, una ilusión de la memoria.
Eso sí, mientras esperamos los resultados, me permito mantener abierta la investigación paranormal. Nunca se sabe.
Una recomendación para la próxima vez
La próxima vez que estés esperando una llamada importante, haz la prueba. Permanece fuera del aparcamiento. No entres todavía. Espera un rato y comprueba si llega la llamada. Si no llega, espera un poco más. Y cuando, finalmente, te canses de esperar y decidas entrar en el parking, presta atención a lo que sucede después.
Eso sí, no olvides una cosa: si el teléfono no tiene cobertura, quizá no recibas la llamada en ese mismo instante, sino que descubras la llamada perdida cuando vuelvas a tener señal. Y si resulta que no recibes ninguna llamada, tampoco te preocupes. Puede que ese día las fuerzas misteriosas estén ocupadas en otro aparcamiento.
Porque, mientras no se demuestre lo contrario, mantengo mi hipótesis: el parking posee una capacidad extraordinaria para atraer las llamadas telefónicas en el momento menos oportuno, y esa capacidad parece aumentar en proporción directa a la importancia de la llamada.
No tengo pruebas estadísticas que lo demuestren. Pero seguro que más de uno, al leer estas líneas, recordará una llamada perdida que le hará sospechar que aquí hay algo que merece ser investigado.
“No son coincidencias”:
https://amzn.eu/d/eAizhA8
(AZprensa) Hay fenómenos inexplicables que parecen desafiar las leyes de la naturaleza y que, sin embargo, se repiten con una regularidad sospechosa. Uno de ellos es la extraordinaria capacidad de los aparcamientos subterráneos para atraer las llamadas telefónicas precisamente cuando no podemos atenderlas. No hay estudios estadísticos que lo demuestren, pero tampoco hace falta ser un investigador de lo paranormal para sospechar que aquí está ocurriendo algo extraño.
Antes de que alguien se lleve las manos a la cabeza, conviene aclarar una cosa: cuando hablo del Parking no me refiero a ningún mago, mentalista, vidente o echador de cartas. Me refiero, sencillamente, a la palabra inglesa que utilizamos para designar un aparcamiento.
Cuando hablo de parking o aparcamiento me refiero a esos espacios subterráneos donde dejamos el coche, respiramos una mezcla poco recomendable de aire viciado y gases de los vehículos, recorremos pasillos de iluminación discutible y, en ocasiones, nos preguntamos si el responsable de instalar las bombillas tenía alguna enemistad personal con la electricidad.
Hasta aquí, nada extraordinario. Todos hemos estado alguna vez en uno de esos lugares y sabemos que no figuran precisamente entre nuestros destinos favoritos para pasar el tiempo libre.
Pero hay un detalle que merece una investigación mucho más profunda. Un fenómeno que, de haberlo descubierto alguien con vocación de investigador de misterios, podría haberse hecho un hueco en alguno de esos programas de televisión dedicados a los sucesos inexplicables.
Primer misterio: ¿por qué siempre suena el teléfono cuando no hay cobertura?
Vamos a hacer un pequeño experimento mental. Imagina que estás esperando una llamada telefónica. Puede ser de un amigo, de un cliente, de un familiar o de alguien que tiene que darte una noticia importante. Miras el teléfono. Compruebas que hay cobertura. Esperas. Pasan cinco minutos. Diez minutos. Quince minutos. Nada. En vista de que no te llega la llamada, decides bajar al aparcamiento subterráneo para recoger el coche o hacer cualquier otra cosa. Entras, avanzas unos metros, pierdes la cobertura y, justo entonces, suena el teléfono.
Bueno, quizá no suena exactamente en ese momento. Quizá lo que sucede es que, cuando recuperas la cobertura, descubres una llamada perdida. Pero el efecto psicológico es el mismo: alguien ha decidido llamarte precisamente cuando estabas en uno de los pocos lugares donde no podías atenderle.
Y aquí surge la pregunta fundamental: ¿cómo es posible que una llamada que llevabas esperando un buen rato no llegue mientras estás tranquilamente en la calle, pero aparezca justo cuando entras en un lugar sin cobertura?
Naturalmente, las explicaciones técnicas existen. Los aparcamientos subterráneos pueden bloquear o debilitar las señales de radio, y las llamadas pueden coincidir con el momento en que perdemos la conexión. No hay necesidad de recurrir a fuerzas sobrenaturales para explicar cómo funciona un teléfono móvil. Lo verdaderamente sospechoso es la extraordinaria precisión con la que parece producirse la coincidencia.
Porque una cosa es que recibas una llamada en cualquier momento del día y otra muy distinta es que parezca estar esperando a que cruces la rampa de entrada del parking para manifestarse. Y, lamentablemente, aún no existen estudios estadísticos sobre este asunto aunque todos los hemos padecido.
Segundo misterio: cuanto más importante es la llamada, peor es el momento
Pero el fenómeno tiene una segunda característica que lo hace todavía más inquietante. No todas las llamadas parecen tener las mismas probabilidades de producirse dentro de un aparcamiento subterráneo. Existe una relación directamente proporcional entre la importancia de la llamada y la probabilidad, aparentemente, de recibirla cuando no puedes contestar.
Si se trata de una llamada comercial para ofrecerte un producto que no necesitas, es posible que te encuentres cómodamente sentado en el sofá de tu casa, con el teléfono al alcance de la mano y cobertura excelente. Si te llama alguien para preguntarte una tontería, tampoco parece haber problemas.
Pero si estás esperando una llamada decisiva para tu trabajo, una respuesta que puede cambiar tus planes o una noticia que llevas días aguardando, entonces la situación cambia radicalmente. Entras en el parking. Desaparece la cobertura. Y, como si alguien hubiera dado una orden secreta, llega la llamada. No puedes contestar. No puedes explicar que estás en un lugar sin señal. No puedes hacer absolutamente nada, salvo esperar a salir del aparcamiento y comprobar quién te ha llamado. Y, cuando por fin recuperas la cobertura, la llamada importante ya se ha convertido en una llamada perdida.
¡Qué casualidad! Si esto fuera una película de suspense, a estas alturas ya habría aparecido un investigador dispuesto a descubrir quién o qué está detrás de semejante conspiración.
Por supuesto, alguien podría argumentar que todo esto no es más que una impresión subjetiva. Que recibimos muchas llamadas durante el día, que pasamos poco tiempo en los aparcamientos y que recordamos con mayor intensidad aquellas coincidencias que nos perjudican. Y probablemente tendría parte de razón.
Los psicólogos conocen fenómenos como el sesgo de atención y el sesgo de confirmación: tendemos a fijarnos especialmente en los acontecimientos que confirman nuestras expectativas y a recordar mejor las coincidencias llamativas que las situaciones en las que no ocurre nada extraordinario.
Si pasamos veinte minutos en el parking y no recibimos ninguna llamada, lo olvidamos rápidamente. Pero si recibimos allí una llamada importante, es muy probable que recordemos el episodio durante mucho tiempo.
Además, las llamadas no se distribuyen necesariamente de forma uniforme a lo largo del día, y la falta de cobertura puede impedir que una llamada se complete o retrasar la recepción de una notificación. Todo eso puede contribuir a que la experiencia parezca más frecuente de lo que realmente es.
Hasta aquí, la ciencia. Pero una cosa es disponer de explicaciones razonables y otra conseguir que desaparezca la sensación de que el teléfono tiene un sentido del humor particularmente perverso.
Porque, seamos sinceros, todos hemos vivido alguna situación en la que nos hemos preguntado cómo es posible que algo tan oportuno para quien llama resulte tan inoportuno para quien recibe la llamada.
Propongo un estudio estadístico
Como todavía no disponemos de un estudio estadístico que demuestre la existencia de este supuesto fenómeno, propongo que alguien se anime a investigarlo. El procedimiento sería relativamente sencillo.
Durante un mes, un grupo de voluntarios debería anotar todas las llamadas recibidas, indicando dónde se encontraba cada persona, si tenía cobertura, cuánto tiempo llevaba esperando la llamada y qué importancia tenía para ella.
Habría que comparar las llamadas recibidas dentro de aparcamientos subterráneos con las recibidas en otros lugares, teniendo en cuenta el tiempo pasado en cada uno y las condiciones de cobertura.
También sería necesario definir previamente qué entendemos por una llamada importante, para evitar que cada participante clasifique como extraordinaria únicamente aquella que le haya causado una molestia.
Y, por supuesto, habría que registrar también las ocasiones en las que no se recibe ninguna llamada. De lo contrario, estaríamos contabilizando solo los casos que nos interesan y el resultado no tendría demasiado valor científico.
Si el estudio demostrara que las llamadas importantes se concentran en los aparcamientos con una frecuencia superior a la esperable, tendríamos un resultado digno de publicación. Si no encontrara ninguna diferencia significativa, habría que reconocer que nuestro misterioso fenómeno era, al menos en buena medida, una ilusión de la memoria.
Eso sí, mientras esperamos los resultados, me permito mantener abierta la investigación paranormal. Nunca se sabe.
Una recomendación para la próxima vez
La próxima vez que estés esperando una llamada importante, haz la prueba. Permanece fuera del aparcamiento. No entres todavía. Espera un rato y comprueba si llega la llamada. Si no llega, espera un poco más. Y cuando, finalmente, te canses de esperar y decidas entrar en el parking, presta atención a lo que sucede después.
Eso sí, no olvides una cosa: si el teléfono no tiene cobertura, quizá no recibas la llamada en ese mismo instante, sino que descubras la llamada perdida cuando vuelvas a tener señal. Y si resulta que no recibes ninguna llamada, tampoco te preocupes. Puede que ese día las fuerzas misteriosas estén ocupadas en otro aparcamiento.
Porque, mientras no se demuestre lo contrario, mantengo mi hipótesis: el parking posee una capacidad extraordinaria para atraer las llamadas telefónicas en el momento menos oportuno, y esa capacidad parece aumentar en proporción directa a la importancia de la llamada.
No tengo pruebas estadísticas que lo demuestren. Pero seguro que más de uno, al leer estas líneas, recordará una llamada perdida que le hará sospechar que aquí hay algo que merece ser investigado.
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