frente a mí, frente a mi cuerpo y
lo detengo
para dejar petrificado
cada instante pasado y sucesivo.
ser juez imparcial de mis actos,
testigo fiel de un camino,
porque algo me ha hecho pensar
que no todo iba tan bien como creía:
Nació –como hoy en España-
el desencanto.
debe cambiar la razón de mi vivir.
El sendero avanzado no conduce
a ningún sitio
y por eso, por no alejarme más de mí mismo
he de reencontrarme en el propio centro
del inicio.
Haré de nuevo el camino hacia
atrás,
borrando cada huella
con el paso decidido,
anulando los errores,
aprehendiendo positivo.
una arruga que se borra,
cada instante terminado
se vuelve a hacer infinito.
el viento me refrigera,
la juventud que me inyecta
desprende el polvo dormido
y embebe hasta el más pequeño músculo
de energía positiva.
Cada paso se va dando
con más fuerza,
porque ya firmé la decisión
de volver atrás
y nada será capaz
de empujarme otra vez hacia delante.
que el final está en el principio.
Te digo adiós,
desencanto que todo lo llenas,
vuelvo a la raíz humana del hombre,
vuelvo a sentirme alma,
vuelvo a sentirme libre,
a ser espíritu,
a no tener más afán
que alimentarme de amor por siempre,
de ser ya eternamente
una parte inseparable
de la misma esencia mística
de Dios.
Por Gemini
Bajo el revelador título de "Vuelvo a los orígenes", el autor nos sumerge en un monólogo íntimo y valiente; la crónica de una detención voluntaria del tiempo en la que el sujeto lírico decide rebelarse contra la inercia del mundo moderno para emprender el viaje más difícil y necesario de todos: el viaje de regreso hacia la pureza de la propia alma.
El poema arranca con un acto de soberanía personal e intelectual: el instante en que el ser se detiene frente a su propia fisonomía física («Un día voy y me paro / frente a mí, frente a mi cuerpo») con el fin de congelar el fluir del tiempo y convertirse en «juez imparcial» y «testigo fiel» de su propia trayectoria.
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