La capacidad de
síntesis es imprescindible en periodismo. Todo periodista sabe que tiene que
resumir en muy pocas palabras lo más importante de una información o unas
declaraciones. Y de esto último, hay un ejemplo digno de haber entrado en el
libro Guinness de los records.
(AZprensa) De todos es
sabido que en televisión el tiempo es oro y que un minuto en antena equivale
prácticamente a una eternidad. Aun así, muchos entrevistados todavía se
sorprenden cuando, tras media hora de conversación pausada y grabada con mimo,
comprueban que el departamento de edición ha decidido despacharlos en apenas
veinte segundos.
Sin
embargo, el mayor prodigio de síntesis televisiva que uno recuerda se produjo
tras la finalización de un partido de fútbol.
Los
corresponsales de una conocida cadena acudieron a la sala de prensa para
recoger las declaraciones del entrenador local. Se supone que estuvieron atentos
a todo lo que se expuso ante los micrófonos, que después revisaron el material
en la redacción y que hicieron una minuciosa selección para resumir lo
acontecido.
Pues
bien, ¿cabe mayor alarde de concisión? Esto que reproduzco a continuación fue
todo lo que los responsables de aquella cadena consideraron suficiente para
ilustrar la noticia: «Sembrado».
Así
es. Una única palabra en boca del técnico; ni siquiera la acompañaron de
sujeto, verbo y complementos circunstanciales. No. Tan solo esa aislada y
rotunda palabra: «sembrado».
La mutilación de
la realidad
Si
uno acude a la trastienda de los hechos, descubre el verdadero alcance del
misterio. En realidad, el entrenador había ofrecido una explicación más o menos
sensata de la victoria: "Desde el inicio se ha puesto el partido como nos
imaginábamos. Durante la semana hemos trabajado estos aspectos, con una defensa
de tres para abrir bien las bandas, y por eso quiero dar la enhorabuena al
equipo, que ha estado sembrado". A partir de ahí, el míster se explayó
detallando cómo los suyos se habían sobrepuesto a las adversidades, mantenido
la fe y demostrado una gran puntería ante la meta rival.
Pero
para los editores de los informativos de aquella cadena, todo ese análisis
táctico, el esfuerzo coral y la crónica del encuentro sobraban por completo. La
rueda de prensa entera quedó reducida a un monosílabo con ínfulas: «sembrado».
¿Cabe
mayor capacidad de reducción al absurdo? Desde luego, semejante ejercicio de
cirugía informativa merecería un puesto de honor en el libro Guinness de los
récords. Al final, nos venden la urgencia como coartada para justificar la
pereza intelectual, convirtiendo el periodismo en una suerte de telegrama
indescifrable donde lo único que cuenta es rellenar huecos a golpe de brocha
gorda. Menos mal que los entrenadores siempre nos dejarán titulares tan
profundos como este para alimentar el desconcierto general.
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Las licencias
farmacéuticas constituyen una práctica muy habitual, aunque a menudo
desconocida para el gran público, dentro del mercado de los medicamentos. Pero
¿en qué consiste exactamente eso de las “licencias”? Aquí te lo epxlicamos.
(AZprensa) Se entiende por
«licencia de producto» el acuerdo estratégico entre dos o más compañías
mediante el cual el laboratorio propietario de un fármaco original cede los
derechos de comercialización a otras empresas licenciatarias. Como resultado de
esta alianza, en el mercado conviven dos o más productos que comparten
exactamente el mismo principio activo, pero se comercializan bajo distintas
marcas y por laboratorios diferentes.
La necesidad de
multiplicar la voz: Atención Primaria
Por
lo general, este tipo de acuerdos se suscriben en productos de amplísima
difusión, especialmente aquellos orientados a los médicos de Atención Primaria.
Son muy pocos los laboratorios en el mundo que disponen de una red de ventas lo
suficientemente gigantesca como para visitar de forma constante a decenas de
miles de médicos de cabecera y mantenerlos puntualmente informados sobre los
últimos avances, indicaciones o estudios clínicos de un fármaco.
La
licencia actúa, por tanto, como un amplificador comercial. Permite que
múltiples equipos de visitadores médicos difundan las virtudes del principio
activo, facilitando que el facultativo pueda prescribirlo —bajo una u otra
marca— con la seguridad de aplicar el tratamiento más beneficioso para cada
paciente a la luz de la evidencia científica más reciente.
Negocio,
amortización y letra pequeña
Desde
una perspectiva económica, esta práctica resulta vital para la viabilidad de la
industria. Permite rentabilizar la cuenta de resultados de un producto
innovador: un porcentaje fijo de las ventas obtenidas por el licenciatario va
directo a la cuenta de beneficios del laboratorio descubridor, ayudándole a
amortizar la ingente y arriesgada inversión económica necesaria para investigar
y sacar al mercado un nuevo medicamento.
Sin
embargo, el camino hasta estampar la firma no es sencillo. Un acuerdo de
licencia exige un proceso de negociaciones complejas y minuciosas que
fácilmente puede prolongarse hasta dos años desde los primeros contactos hasta
la rúbrica del contrato definitivo.
Para
este tipo de alianzas se suelen seleccionar fármacos de primera línea, aquellos
que suponen un auténtico hito en la práctica clínica y cuya información debe
desplegarse ante un universo colosal de prescriptores. Para llevarlo a cabo con
garantías, es necesario blindar un extenso abanico de aspectos legales y
comerciales —no es raro que el contrato final ronde entre las 80 y 100 páginas
de densa prosa jurídica—. Quizá por ello, y debido a la exigencia de los
filtros, solo una pequeña parte de las negociaciones emprendidas terminan
llegando a buen puerto.
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(Sunday Poetry
Corner)
El mundo de la poesía es tan inmenso y variado que te permite no sólo compartir
sentimientos y emociones, sino también incluso dar alguna sorpresa a los
lectores. Y eso es lo que hemos traído hoy a este rincón dominical: un bello
poema que acabará en un giro que te provocará la sorpresa… y la sonrisa.
¡Disfrútalo!
AQUELLAS TARDES
DE SIESTA
Recuerdo
aquellas tardes de verano
en
la casa de campo
a
las afueras del pueblo.
Con
treinta y cinco grados
-
a la sombra un poco menos-
la
vida estaba quieta y ni una mosca volaba,
todos
como plomos se quedaban
en
sus sitios aplastados de modorra.
Yo
estaba allí y me faltaba algo,
alguien
no estaba,
un
alma inocente que me acompañara.
Salí
en su búsqueda y comencé a gritar:
“Pati,
Pati, Pati...”
nervioso
por no saber dónde estaba. Y al fin,
al
cabo de unos segundos que se mostraron eternos,
escuché
su fina voz cantarina
y
su gracioso paso al andar.
Venía
corriendo hacia mí y yo le abrí mis brazos
para
tener el placer de su suavidad entre mis dedos.
Miles
de besos intercambiamos
y
ya juntos volvimos a la sombra
para
sentarnos.
Con
el calor de la tarde los párpados se cerraron,
mientras
sentíamos ese latir ajeno y tan querido
a
nuestro lado.
Y
así durmimos.
Y
así soñamos.
Con
un mundo para nosotros,
con
un mundo de ilusión para explorarlo.
Ya
después, al cabo de una hora despertamos.
Nos
miramos. Acaricié su cuerpo
y
sentí los besos de su pico blando.
Era
mi Pati, mi patito enamorado,
que
se arreglaba las plumas ya despertado
y
piaba feliz, como siempre, entre mis brazos.
ANÁLISIS Y
COMENTARIO
Por Gemini
La complicidad
estival y el tierno giro de "Aquellas tardes de siesta"
Bajo
la aparente solemnidad de una estampa nostálgica, este poema nos transporta de
inmediato a la atmósfera densa, dorada y silenciosa de las tardes estivales en
el pueblo. Con un pulso narrativo muy medido, el texto demuestra una excelente
capacidad para construir un clima emocional envolvente antes de culminar en un
cierre tan inesperado como entrañable.
Desglose
analítico y claves poéticas
La
escenografía de la quietud: Los primeros versos sitúan al lector con precisión
cinematográfica: "Con treinta y cinco grados / -a la sombra un poco menos-
/ la vida estaba quieta y ni una mosca volaba". La hipérbole popular y la
descripción del sopor de la siesta configuran un paisaje físico donde el tiempo
parece suspenderse. En ese entorno de modorra generalizada, el poeta introduce
el motor del poema: un vacío, la ausencia de una compañía imprescindible.
La
tensión del extravío: El tono se tiñe momentáneamente de urgencia dramática
mediante la búsqueda y la llamada repetida (“Pati, Pati, Pati...”). El ritmo se
acelera con los "segundos que se mostraron eternos", preparando el
terreno para el reencuentro. Las expresiones de afecto ("suavidad entre
mis dedos", "miles de besos intercambiamos") intensifican la
calidez de la escena, sugiriendo un vínculo de profunda ternura.
El
refugio compartido y el despertar onírico: La vuelta a la sombra consolida el
idilio estival. El sueño compartido bajo el calor de la tarde refuerza la
comunión entre el yo poético y su acompañante, mecidos por un "mundo de
ilusión". La atmósfera creada es universal, evocando los afectos puros de
la infancia o la juventud en el entorno rural.
El
giro final (la sorpresa y la sonrisa): El punto culminante del poema reside en
su revelación final: "Era mi Pati, mi patito enamorado". El suspense
creado por la ambigüedad deliberada del nombre y de los afectos se resuelve con
un toque de humor blanco y delicadeza pastoral. El "pico blando" y el
plumaje que se arregla desvelan la identidad del fiel compañero, transformando
la lectura en una sonrisa cómplice.
Una reflexión
final
"Aquellas
tardes de siesta" es una muestra de cómo la poesía puede transitar de la
nostalgia a la cercanía más entrañable sin perder elegancia. El poema nos
recuerda que los afectos más puros y memorables de nuestra juventud no siempre
responden a las convenciones humanas, sino que a veces encuentran su refugio en
los seres más insólitos y frágiles de la naturaleza. Una delicia literaria que
arranca una sonrisa inevitable.
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No hay nada como
una tranquila velada familiar. Y, si no, que se lo digan a los personajes de
aquella mítica serie de televisión de los años ochenta “Falcon Crest”.
(AZprensa) Cuando me
encontré con este árbol de relaciones familiares, me quedé admirado ante el
excelente trabajo realizado por quien se tomó la paciencia de poner un poco de
orden en semejante laberinto genealógico. Gracias a él podemos seguir los
sucesivos matrimonios, divorcios y viudedades de cada protagonista; las
relaciones de parentesco, tanto legítimas como ilegítimas; los hijos que
aparecen por aquí y por allá; y los insólitos cruces de relaciones entre las
distintas familias. Todo ello perfectamente encajado en un auténtico
rompecabezas familiar. Una verdadera obra de arte.
Porque
en Falcon Crest averiguar quién estaba con quién no era precisamente tarea
sencilla. Uno se casaba con una persona, se divorciaba, volvía a casarse con
otra, que a su vez ya había estado casada con un tercero... y, por supuesto,
siempre podía aparecer un hijo legítimo o ilegítimo que complicara un poco más
las cosas.
Aunque
no hayas visto ningún episodio de la serie —estuvo en antena durante nueve
temporadas y después se emitió en numerosas reposiciones—, puedes pasar un buen
rato siguiendo las flechas de este peculiar “árbol genealógico y de
relaciones”, tratando de averiguar quién está con quién, quién estuvo antes con
quién, qué parentesco tiene este con aquel y por qué demonios todos parecen
estar relacionados con todos.
En
realidad, más que un árbol genealógico, parece uno de esos pasatiempos en los
que hay que seguir las líneas para descubrir dónde terminan. Así que, si alguna
vez pensaste que organizar una tranquila velada familiar era algo sencillo,
quizá después de echar un vistazo a este árbol cambies de opinión. Y, sobre
todo, agradecerás que el árbol genealógico de tu familia no se parezca al de Falcon
Crest.
Aquella mítica
serie de televisión de los ochenta escondía un mensaje secreto que ahora ha
sido desvelado.
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Falcon Crest”
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