Muchos se
preguntan: ¿Qué prefieres, cine de autor o cine comercial? Los que se las dan
de entendidos, dicen que cine de autor, aunque se aburran soberanamente en esas
películas; por el contrario los que prefieren cine comercial no dicen nada,
pero van al cine y se divierten…
(AZprensa) Con cierta
frecuencia surge en las conversaciones sobre cine una controversia que parece
ya un clásico: cine de autor frente a cine comercial. Y lo curioso es que,
antes incluso de saber de qué película estamos hablando, ya tenemos preparado
el veredicto.
Al
cine comercial, sin necesidad de haberlo visto, se le suele colocar una
etiqueta bastante poco cariñosa: cine fácil, superficial, artificioso, sin
contenido y pensado únicamente para hacer una buena recaudación. Si además
consigue que millones de personas pasen por taquilla, la sospecha queda
confirmada: aquello no puede ser demasiado bueno.
Al
cine de autor, en cambio, se le concede de entrada un tratamiento completamente
distinto. Es cine inteligente, culto, profundo, de gran calidad artística y
destinado a ocupar un lugar privilegiado en la historia del séptimo arte.
Y
si después resulta que han ido a verla cuatro gatos, tampoco pasa nada. La
culpa, naturalmente, no es de la película, es de todos los que no han ido a
verla que son unos incultos y no están preparados para comprender la obra.
Como
podemos ver, somos muy aficionados a poner etiquetas antes incluso de disponer
de suficientes elementos de juicio. Por eso quizá convenga empezar por el
principio.
¿Qué es
exactamente el cine de autor?
Podríamos
decir que es aquel en el que el director hace la película que quiere hacer,
como quiere hacerla y según su propia concepción artística, sin preocuparse
demasiado por si después le gusta o no al público.
Perfecto.
Si además consigue que guste a los espectadores y obtiene una buena taquilla,
estupendo. Pero si ocurre lo contrario, siempre queda una salida bastante
cómoda: explicar que el público no ha sabido entender la película, que la
sociedad todavía no está preparada para semejante despliegue intelectual o que
el director ha sido incomprendido, como suele suceder con los grandes genios.
Y
aquí aparece el cine comercial.
El
cine comercial sería, en principio, aquel en el que el director hace una
película pensando en el público. Su objetivo es que guste al mayor número
posible de espectadores. Eso no significa necesariamente que renuncie a sus
gustos, a su personalidad o a su manera de entender el cine. Puede poner en la
película todo su talento, sus conocimientos y sus preferencias, pero teniendo
presente una pequeña cuestión: alguien tiene que pagar la entrada para verla. Y
ahí es donde las cosas empiezan a ponerse interesantes.
Porque
parece que hemos decidido que una película tiene que ser necesariamente una
cosa o la otra. O es cine de autor, y por tanto intelectual y artístico, o es
cine comercial, y por tanto sospechosamente vulgar.
Hay
autores que hacen películas de autor para salas prácticamente vacías. Y también
hay directores que se limitan a seguir las instrucciones del productor, meten
todos los ingredientes que supuestamente gustan al público y fabrican una
película de la que, en cuanto termina, uno sale preguntándose si le devolverán
el dinero de la entrada por daños morales.
Por
eso quizá el verdadero dilema no sea cine de autor o cine comercial. Quizá sea
algo mucho más sencillo: ¿Cine o bodrio?
Porque
puede hacerse una película pensando en el público y hacerla magníficamente. Y
puede hacerse una película pensando exclusivamente en satisfacer al director y
conseguir una auténtica obra de arte.
Pero
también puede hacerse una película comercial que sea un bodrio. Y puede hacerse
una película pretendidamente intelectual que sea otro bodrio.
La
diferencia es que, en el segundo caso, siempre habrá alguien dispuesto a explicarnos
durante hora y media por qué no hemos entendido nada.
Por
eso creo que deberíamos olvidarnos un poco de las etiquetas y hablar de buenas
o malas películas, buenos o malos directores, buenos o malos argumentos, buenos
o malos actores y buenas o malas historias.
Un
buen director deja su sello en una película aunque no aparezca por ninguna
parte la etiqueta «cine de autor». Su personalidad, su manera de contar, su
sensibilidad y su forma de entender el cine acabarán apareciendo de una u otra manera.
Y si, además, consigue que al público le guste, tampoco creo que haya que
pedirle perdón por ello. Al fin y al cabo, hacer buen cine y conseguir que la
gente quiera verlo no deberían ser conceptos incompatibles.
Porque
quizá la verdadera categoría de una película no debería decidirse por el número
de espectadores que tiene ni por la cantidad de intelectuales que aseguran
haberla entendido. Debería decidirse, simplemente, por una pregunta mucho más
sencilla: ¿Es una buena película? Y para responderla no hace falta ninguna
etiqueta. Solo verla.
Cuando el cine
dice más de lo que aparenta…
“El cine y el
misterio”:
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(Sunday Poetry
Corner)
Para nuestro rincón dominical de poesía traemos hoy este poema que recrea una
escena bien definida: Ella está en el muelle pescando. Sin embargo, para un
poeta, las escenas cotidianas suelen tener otros significados muy distintos y,
en esta ocasión, los versos nos transforman esa aparentemente sencilla y sin
más trascendencia en algo sublime. Porque el poeta ve más allá de lo que dictan
nuestros sentidos y su mundo abarca una dimensión mucho más amplia que
trasciende las fronteras espaciales y temporales. Aquí os dejo, pues, con esta
escena de pesca, una mañana cualquiera, en un muelle cualquiera…
DE PESCA
Tu
sombra alargada
cruza
el muelle
y
en tu mano la caña
lanza
el sedal y lo mantiene,
confiada
como estás en que la pesca
llene
de sentido esta mañana.
El
mar está tranquilo,
tanto
como tu alma,
sientes
solo esa gran paz
del
vacío consentido,
de
no querer hacer nada,
solo
consumir el tiempo
de
esta vida, no pedida,
como
isla solitaria,
sin
más dueño ni destino
que
el que marca tu mirada.
Lanzas
de nuevo el sedal
esperando
la esperanza.
No
sabes por qué has venido
a
este mundo que te esquiva,
pero
mis ojos te han visto
y
has capturado mi alma.
Soy
yo ahora quien te espera
y
quiere ser arrastrado.
Quiero
sentirme fuera
del
mundo que conocía.
¡Tira
fuerte de mí!
¡Has
conseguido tu presa!
ANÁLISIS Y
COMENTARIO
Por ChatGPT
A
primera vista, “De pesca” parece describir una escena sencilla y perfectamente
reconocible: una mujer se encuentra en un muelle, pescando tranquilamente en
una mañana cualquiera. Hay un mar en calma, una caña, un sedal que se lanza una
y otra vez y una mujer que espera pacientemente a que algo pique.
Pero
esa es solamente la primera lectura del poema. Porque, como apunta la
introducción, el poeta no se limita a describir lo que ve. Utiliza aquello que
ve para hablar de lo que no se ve. Y ahí es donde una aparentemente intrascendente
escena de pesca empieza a adquirir una dimensión mucho más profunda.
Desde
el primer verso aparece ya un elemento que nos invita a mirar más allá: «Tu
sombra alargada / cruza el muelle». No es ella quien cruza el muelle, sino su
sombra. El recurso resulta significativo porque esa sombra puede interpretarse
como una prolongación de la propia persona, pero también como una especie de
presencia silenciosa que ocupa un espacio mayor que su propio cuerpo.
La
mujer pesca, pero no parece hacerlo movida por una ilusión concreta. Lo hace
porque necesita «que la pesca / llene de sentido esta mañana». Y aquí aparece
uno de los temas fundamentales del poema: la búsqueda de un sentido.
El
segundo bloque profundiza en esa sensación. El mar está tranquilo «tanto como
tu alma», pero esa tranquilidad no transmite necesariamente felicidad. Es más
bien una calma vacía, una suspensión del tiempo. La protagonista parece
instalada voluntariamente en el «vacío consentido», en ese «no querer hacer
nada» que no es exactamente descanso, sino una forma de dejar pasar la vida.
Y
el verso «esta vida, no pedida» introduce de manera muy directa una reflexión
existencial. La mujer aparece como «isla solitaria», sin dueño ni destino,
dejándose llevar por una existencia cuyo rumbo parece depender únicamente de
«lo que marca tu mirada».
Hasta
aquí, el poema podría interpretarse como el retrato de una persona perdida en
su propia existencia. Pero entonces aparece el poeta. Y con él cambia
completamente la historia. La protagonista vuelve a lanzar el sedal «esperando
la esperanza». Es una expresión especialmente significativa: no espera
simplemente pescar algo; espera encontrar una razón para esperar. Hay en esos
versos una especie de paradoja que resume su estado de ánimo.
Y
es precisamente en ese momento cuando descubrimos que alguien la estaba
observando. «Pero mis ojos te han visto / y has capturado mi alma.» La pesca
acaba de cambiar de sentido. Hasta ese momento era ella quien lanzaba el sedal
intentando capturar un pez. Ahora sabemos que, sin pretenderlo, ha capturado a
otra presa mucho más importante: al propio poeta.
A
partir de ahí se produce un hermoso juego de inversiones. Ella esperaba
capturar algo; ahora es él quien quiere ser capturado. Ella lanzaba el sedal
buscando llenar de sentido su mañana; él quiere que ella dé sentido a su vida.
Ella era quien esperaba; ahora es él quien espera.
Y
llega finalmente la petición: «¡Tira fuerte de mí! ¡Has conseguido tu presa!» Es
probablemente el momento más intenso del poema porque transforma
definitivamente la metáfora. La presa ya no es un pez. Es el propio poeta, que
se ofrece voluntariamente a ser arrastrado fuera del mundo que conocía.
Y
ese «fuera del mundo que conocía» puede entenderse de varias maneras. Puede ser
el abandono de una vida anterior, la ruptura con la soledad, el descubrimiento
del amor o, simplemente, el deseo de que otra persona nos saque de ese estado
de vacío en el que estábamos instalados. Por eso el poema comienza hablando de
una mujer que pesca y termina hablando de dos personas que, quizá sin saberlo,
estaban pescando la una a la otra.
Hay
además un detalle que me parece especialmente interesante: la mujer no parece
estar buscando al poeta. Su acción es completamente ajena a él. Ella lanza el
sedal hacia el mar, mientras él, desde algún lugar, contempla la escena. Sin
embargo, el azar hace que ese gesto cotidiano termine provocando un encuentro
interior. Y quizá ahí esté una de las ideas más sugerentes del poema: no
siempre encontramos aquello que buscamos, pero a veces encontramos algo que ni
siquiera sabíamos que necesitábamos.
La
pesca, por tanto, acaba convirtiéndose en una metáfora de la existencia.
Lanzamos nuestros sedales al futuro sin saber muy bien qué esperamos encontrar.
Esperamos algo que dé sentido a nuestra vida, aunque ni siquiera sepamos
exactamente qué es ese «algo». Y, en ocasiones, basta una mirada, una persona o
un instante aparentemente insignificante para cambiar completamente el rumbo.
La
mujer llegó al muelle buscando llenar de sentido una mañana. Y terminó llenando
de sentido la vida de alguien que la estaba mirando. No pescó un pez. Pescó un
alma.
La poesía es el
lenguaje del alma…
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El voto por
correo en las próximas elecciones será lo más parecido a la imagen que acompaña
este artículo. Piénsatelo antes de elegir esta opción en vez de optar por el voto
presencial que nadie te cambiará.
(AZprensa) El próximo 29 de
noviembre hay elecciones generales en España y ya dije en su momento que Pedro
Sánchez sólo las convocaría cuando estuviese seguro de que podía ganarlas. Y
aquí hay que hacer una aclaración: ¿Qué significa para Pedro Sánchez ganar las
elecciones? Porque mucha gente no se da cuenta de esto. Respuesta: Que la suma
de PP+Vox no alcance la mayoría absoluta; en ese caso, Sánchez pactará con
todos los demás y se doblegará a sus exigencias con tal de seguir en el poder,
aunque consiga menos diputados de los que tenía antes.
Por
lo tanto, Sánchez no necesita sacar muchos votos, sólo los necesarios para que
PP+Vox no tengan mayoría absoluta. Y ahí entra en juego el voto por correo. Y
Sánchez es un maestro en esto como ya demostró cuando llegó al poder en su
propio partido gracias a manipulación de votos como muchas personas –incluso
implicados- han denunciado.
Ya
lo vimos también en las últimas elecciones: las convocó en plenas vacaciones de
verano para que mucha gente votara por correo. Y votó. Y PP+Vox ganaron pero
sin mayoría absoluta. Y al frente de Correos estaba Leire Díaz, hoy imputada en
trapos sucios del PSOE.
Por
lo tanto, cuantos más votos por correo haya, mejor será para Sánchez porque
nadie puede certificar la limpieza y transparencia en el recorrido de esos
votos. Y a todo eso hay que sumar los cientos de miles de votos que van a
llegar desde Latinoamérica al permitir que nietos de españoles que emigraron
puedan votar ahora aunque nunca hayan pisado España, simplemente depositando su
voto en las embajadas que luego los enviará para su “custodia” a correos.
Votar
por correo es, pues, lo más parecido a la imagen que acompaña este comentario:
Pucherazo. Y ya se está cocinando a fuego lento, el mismo fuego que está
desintegrando la sociedad española, la democracia y el estado de bienestar que
habíamos alcanzado.
Parece que nos
hemos olvidado, pero así comenzó el “nuevo orden mundial” que ahora padecemos…
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caos”:
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Hay que tener
mucho cuidado cuando leemos –o creemos leer- los titulares de las noticias,
porque damos por ciertas algunas cosas que no lo son por el simple hecho de
creer que “las hemos leído”.
(AZprensa) “¿Son los
médicos y los enfermeros unos borregos?”. Por un momento, lo confieso, llegó a
mi mente este pensamiento mientras repasaba ejemplares atrasados de periódicos
en la hemeroteca. Y es que no era para menos. Me encontré con un titular que,
leído literalmente y sin conocer el contexto, tenía bastante más miga de la que
probablemente había pretendido su autor:
«Médicos
y enfermeros coinciden en que un ministro de Sanidad que no sea pastor sería un
error».
Mi
primera reacción fue de perplejidad. ¿Pastor? ¿Desde cuándo médicos y
enfermeros necesitaban un pastor que los guiase? Porque, si nos atenemos al
significado más evidente de la frase, aquello parecía reconocer que dos
colectivos profesionales formados por personas con años de estudios,
especialización y experiencia necesitaban que alguien les indicase por dónde
debían caminar. Vamos, que se reconocían a sí mismos como borregos.
La
imagen era bastante curiosa: miles de médicos y enfermeros avanzando disciplinadamente
por los pasillos de los hospitales detrás de su pastor, mientras este, provisto
de cayado, les iba indicando el camino.
—Por
aquí, ovejitas, que hoy tenemos quirófano a las diez.
Pero
entonces se me ocurrió otra posibilidad. ¿Y si se referían a un pastor
espiritual? Quizá médicos y enfermeros estaban reclamando para el Ministerio de
Sanidad a alguien capaz de orientarles en las grandes tribulaciones morales y
éticas de la profesión.
La
cosa empezaba a ponerse interesante. Me imaginé entonces las iglesias llenas de
profesionales sanitarios, tomando apuntes mientras el pastor pronunciaba desde
el púlpito:
Hermanos
médicos, recordad: curaréis al enfermo, pero también cuidaréis su alma.
Y
todos ellos, muy atentos, asentían solemnemente.
Ya
estaba yo dispuesto a escribir una columna sobre la profunda espiritualidad del
colectivo sanitario cuando reparé en un pequeño detalle que lo aclaraba todo. La
palabra «Pastor» estaba escrita con mayúscula. ¡Ah! Entonces comprendí que allí
no había ovejas, ni cayados, ni sermones dominicales. El titular se refería a
Ana Pastor, que había sido ministra de Sanidad y Consumo y a quien, según
aquella información, médicos y enfermeros apoyaban para que volviera a ocupar
esa cartera.
Todo
volvía a la normalidad. Los médicos seguían siendo médicos. Los enfermeros,
enfermeros. Y los borregos, de momento, no tenían nada que ver con la noticia.
Pero
durante unos minutos había descubierto algo fascinante: un titular puede
cambiar completamente de significado dependiendo de una sola letra. Una «P»
mayúscula había evitado que miles de profesionales sanitarios acabaran
convertidos, al menos metafóricamente, en un rebaño.
En
fin, son las cosas que pasan cuando uno lee titulares deprisa, fuera de contexto
y con demasiada imaginación. Aunque también es verdad que, si un lector
necesita conocer toda la noticia para descubrir qué demonios quería decir el
titular, quizá el problema no esté solamente en las prisas del lector. Pero de
eso hablaremos otro día…
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en Medicina”:
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Si vas a
escribir una nota de prensa, quizá lo primero que deberías preguntarte es algo
tan sencillo como: ¿qué es eso de una nota de prensa?
(AZprensa) La definición
más sencilla que se me ocurre es que una nota de prensa es, ante todo, algo
jerárquico. Y no me refiero a que tenga que estar escrita por el director
general, sino a que la información debe aparecer ordenada de mayor a menor
importancia.
Lo
más importante debe ir siempre al principio y, además, debe estar
suficientemente destacado como para que el periodista pueda saber,
prácticamente con solo echar un vistazo, cuál es la noticia.
Porque
el periodista que recibe una nota de prensa no tiene por qué compartir nuestra
emoción ante el acontecimiento. Ni conoce necesariamente a nuestro director
general, ni siente especial curiosidad por la historia de la empresa, ni
necesita saber que el acto se celebró en un magnífico salón de un hotel de
cinco estrellas, convenientemente decorado para la ocasión. Y mucho menos
necesita que le hagamos esperar cuatro párrafos para descubrir qué demonios ha
ocurrido.
Sin
embargo, todavía es bastante habitual encontrarse notas de prensa que comienzan
describiendo el lugar donde se ha celebrado el acto, continúan relacionando a
todos los personajes que han intervenido, explican quién es cada uno de ellos,
cuentan los antecedentes históricos de la compañía y, después de varios
párrafos, llegan finalmente a la noticia. Para entonces, el periodista ya ha
llegado a la papelera.
Una
nota de prensa debe facilitarle el trabajo, no obligarle a jugar a las
adivinanzas. Si en las primeras líneas no encuentra algo que pueda convertirse
en noticia, lo normal es que pase a la siguiente. Y la siguiente. Y la
siguiente.
Por
eso, cuando escribamos una nota de prensa deberíamos hacernos una pregunta muy
sencilla: ¿qué es lo que podría interesarle al lector final? Porque ese es el
verdadero destinatario de nuestro trabajo.
Y
aquí aparece uno de los grandes errores de quienes redactan información
corporativa: escribir pensando en lo que le gustará a su jefe.
Si
al director general le encanta aparecer citado, pondremos una larga declaración
del director general. Si al presidente le gusta que se mencione su trayectoria,
incluiremos su biografía. Si al responsable de Comunicación le parece
importantísimo explicar que el acto contó con la presencia de autoridades,
expertos, invitados y representantes de nosecuántas instituciones, ahí
tendremos otros dos párrafos.
El
resultado será probablemente una nota de prensa que hará muy feliz a quien la
ha encargado. Y que sólo leerán él y quien la ha escrito.
La
comunicación eficaz empieza por entender algo elemental: no escribimos para
quien nos paga, sino para quien nos lee. Y, en una nota de prensa, cuanto antes
descubramos qué es noticia, más posibilidades tendremos de que alguien llegue
hasta el final.
“Elogio de la
síntesis”:
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