(AZprensa) En un mundo asfixiado por las prisas, la
superficialidad y el ruido materialista, nuestro ser interno se siente, a
menudo, solo y abandonado. Es una voz silenciosa que reclama atención, aunque
solo sea durante unos segundos al día, para recordarnos quiénes somos
realmente.
Como periodista, recuerdo con nostalgia una época en la
que los periódicos reservaban un pequeño rincón —quizás solo una vez por
semana— para la poesía. Era el contrapunto perfecto: un oasis de belleza frente
a la avalancha de actualidad, casi siempre negativa, que domina los medios.
Hoy, ese espacio ha desaparecido de la prensa
convencional. Sin embargo, la poesía sigue siendo el alimento más valioso para
nuestro espíritu. Por eso, he decidido recuperar esa honrosa tradición.
Un rincón dominical
para el alma
Ya que hoy has visitado este blog, quiero que sepas que he
creado un espacio llamado “Sunday Poetry Corner”. Cada domingo compartiré aquí un
poema para que, con apenas unos segundos de lectura, puedas:
·
Desconectar del ruido exterior que
nos aturde.
·
Oxigenar tu interior con ideas y
sentimientos puros.
·
Redescubrir el mundo a través de mis
comentarios personales sobre cada obra.
Y no sólo eso, cada poema irá acompañado de un breve pero
certero análisis, realizado con Inteligencia Artificial, para que descubras
todo el universo que encierran unos pocos y sencillos versos. ¡Te sorprenderá!
Como muestra, un simple poema de tan sólo cuatro versos
puede encerrar todo esto:
¡HAY TANTOS MUNDOS…!
No hay más verdad que la que creo
ni más realidad que la que siento.
Hay tantos mundos
Como tantos son… los pensamientos.
ANÁLISIS:
(Por Gémini)
A veces, la brevedad es el camino más directo hacia la profundidad.
En estos cuatro versos, nos enfrentamos a una verdad tan antigua como la propia
conciencia humana: la realidad no es algo que "está ahí fuera", sino
algo que construimos por dentro.
1. La verdad y la
realidad como actos íntimos
"No hay más verdad que la que
creo / ni más realidad que la que siento."
En los dos primeros versos, el autor establece una premisa
audaz: la subjetividad es soberana. Aquí se nos sugiere que la
"verdad" no es un dato frío en un periódico, sino un acto de fe
personal (lo que creo), y que la
"realidad" no es la materia física, sino la vibración emocional (lo que siento). Es una invitación a
confiar en nuestra propia brújula interna por encima del ruido del mundo.
2. La multiplicación
de los universos
"Hay tantos mundos / como tantos
son… los pensamientos."
El cierre del poema es una explosión de diversidad. Si
cada pensamiento es capaz de engendrar un mundo, entonces no vivimos en una
realidad única y gris, sino en un multiverso infinito de percepciones.
Es una lección de empatía y humildad: cada persona que
cruzas por la calle, cada lector de este blog, es el arquitecto de un mundo
propio. Al reconocer que hay tantos mundos como pensamientos, el autor nos
libera de la tiranía de una verdad absoluta y nos regala la libertad de crear
nuestro propio paisaje mental.
Una reflexión final
Este poema nos recuerda que tenemos el poder de cambiar
nuestra realidad simplemente cambiando nuestra forma de pensar y sentir. Si tu
mundo hoy parece pequeño o gris, recuerda que solo necesitas un nuevo
pensamiento para expandirlo.
Biblioteca Fisac
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(AZprensa) Conocer el pasado es una de las formas más
sólidas de comprender el presente. En ese camino, los libros que recopilan
información histórica local desempeñan un papel esencial: permiten reconstruir
la vida cotidiana, la organización social y la evolución demográfica de pueblos
y ciudades que, de otro modo, quedarían relegados al olvido.
Frente a las grandes narraciones históricas centradas en
acontecimientos nacionales o figuras destacadas, estas obras ponen el foco en
lo cercano. Documentan cómo vivían las personas comunes, qué oficios desempeñaban,
cómo se organizaban las familias o qué recursos sostenían la economía local.
Son, en definitiva, piezas clave para entender de dónde venimos como comunidad.
Un ejemplo destacado es “Daimiel 1752, según las
respuestas generales del catastro de Ensenada”, publicado en 1993 por el Grupo
de Gestión Catastral y Cooperación Tributaria junto a Editorial Tabapress.
Basado en las respuestas del conocido Catastro de Ensenada, este libro ofrece
una radiografía detallada de la localidad de Daimiel (Ciudad Real) a mediados
del siglo XVIII.
A través de sus páginas, el lector puede adentrarse en
aspectos como la estructura de la población, la distribución de la riqueza, los
tipos de vivienda o las actividades económicas predominantes. Este tipo de
información no solo resulta valiosa para historiadores, sino también para
cualquier ciudadano interesado en comprender las raíces de su entorno.
Obras como esta ponen de manifiesto la importancia de
rescatar y preservar la memoria local. Cada pueblo y cada ciudad posee una
historia singular que merece ser documentada con rigor y puesta al alcance del
público. En un momento en que la globalización tiende a homogeneizar
identidades, estos libros actúan como anclas que nos conectan con nuestras
raíces.
Recuperar el pasado no es un ejercicio de nostalgia, sino
una herramienta para construir una identidad más consciente y fundamentada. Por
eso, iniciativas editoriales como la de “Daimiel 1752” deberían multiplicarse,
contribuyendo a que la historia de nuestros pueblos no se pierda, sino que siga
viva en las páginas de los libros y en la memoria colectiva.
PD.- Si estás interesado en este ejemplar, deja un
comentario.
Biblioteca Fisac
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(AZprensa) De todos los juegos que han pasado por mis
manos, me quedo con uno que considero el más divertido de la historia: SAFARI.
Y no es solo una opinión subjetiva basada en mi experiencia; era el propio
fabricante (Francisco Roselló, de Juegos Krone) quien lo certificaba con una
apuesta audaz en la misma caja:
“Se garantiza la devolución del
importe de venta a todo comprador que, habiendo jugado cinco veces sin quedar
satisfecho, lo devuelva por correo al fabricante”.
¿Cuántos productos conoces hoy en día que se atrevan a
ofrecer tal garantía de diversión? Solo por eso, ya podemos decir que Safari
era único.
Un tesoro de la
década de los 50
Este juego, nacido en los años 50, es hoy una reliquia.
Solo se puede conseguir en mercados de segunda mano o a través de
coleccionistas que aún conservan ejemplares en perfecto estado.
Pero entonces, surge la pregunta obligada: Si era tan
divertido, ¿por qué dejó de fabricarse? La respuesta es sencilla y, a la vez,
un reflejo de nuestros tiempos: hoy su comercialización estaría terminantemente
prohibida.
El choque con el
"puritanismo moderno"
Vivimos en una época de un puritanismo que, a menudo, roza
la hipocresía. En el mundo actual, la caza es un tabú absoluto. En Safari, el
objetivo era capturar animales vivos para zoológicos y circos, o abatirlos para
enviarlos a museos de historia natural. Y no hablamos de piezas menores, sino
de las grandes especies hoy protegidas: gorilas, rinocerontes, elefantes...
Era la caza mayor en todo su esplendor, convertida en una
aventura de reglas sencillas que te transformaba, por una tarde, en un
explorador de otro siglo.
La libertad como
"delito"
Sin embargo, hay otra razón por la cual este juego no
pasaría los filtros actuales: la libertad.
Safari era un oasis de libre albedrío estratégico:
·
Libertad de tablero: Los jugadores
colocaban las piezas a su antojo.
·
Libertad de movimiento: En cada
tirada, el dado ofrecía dos cifras para elegir cuántas casillas avanzar.
·
Libertad de decisión: Tú decidías si
arriesgarte a capturar al animal vivo (más difícil, pero más rentable) o
matarlo.
Ganaba quien, al final de la expedición, hubiera acumulado
más dinero con sus piezas cobradas. Así de crudo y así de libre.
Conclusión
Safari era un juego que te permitía tomar tus propias
decisiones y fantasear con la aventura salvaje. Hoy, tanto esa libertad de
acción como el tema de la caza están bajo sospecha o directamente censurados.
Parece que, en nuestro afán por ser
"correctos", hemos perdido por el camino la capacidad de jugar sin
prejuicios.
Biblioteca Fisac
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(AZprensa) Pocas novelas latinoamericanas gozan de un
reconocimiento tan extendido como “El coronel no tiene quien le escriba”.
Incluso quienes no la han leído identifican su título como una de las obras más
representativas de Gabriel García Márquez. Sin embargo, más allá de las
ediciones habituales, existen versiones que convierten el acto de leer en una
experiencia cercana al hallazgo histórico.
Es el caso de una edición muy especial publicada dentro
de la “Colección Itálica” por Ediciones Turner. Se trata de una tirada limitada
y numerada de tan solo 500 ejemplares que recupera el texto de la novela tal
como apareció originalmente en 1.958 en la revista Mito, tres años antes de su
primera edición en libro, publicada en 1961. Esta versión permite al lector
acercarse a una etapa temprana de la obra, anterior a las revisiones y ajustes
que acompañaron su consolidación editorial.
La singularidad de esta publicación reside no solo en su
escasez, sino también en su valor documental. Leer este texto primigenio es
asomarse al proceso creativo del autor, descubrir matices que pudieron
transformarse con el tiempo y comprender mejor la evolución de una obra que
acabaría convirtiéndose en un clásico.
El ejemplar número 308 de esta edición limitada que
presentamos hoy es una auténtica rareza bibliográfica. Más que un libro, es un
testimonio tangible de la historia literaria reciente, una pieza codiciada
tanto por coleccionistas como por estudiosos de la obra de García Márquez.
En un mercado editorial dominado por grandes tiradas y
formatos digitales, iniciativas como esta recuerdan el valor del libro como
objeto cultural. No solo importa lo que se lee, sino también cómo y desde dónde
se lee. Y en este caso, hacerlo desde una versión casi originaria de “El
coronel no tiene quien le escriba” supone redescubrir la novela desde sus
cimientos.
PD.- Si estás interesado en este ejemplar, deja un
comentario.
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(AZprensa) Siempre estamos dando vueltas a lo mismo: manifestaciones,
pancartas y exigencias para ampliar aún más la Ley del aborto. “¡Más
derechos!”, gritan. “¡Menos límites!”. Ante tanto consenso, he decidido aportar
un punto de vista original y, espero, lo suficientemente inteligente como para
que el lector no se escandalice demasiado.
La actual ley establece plazos. Hasta cierta semana se
puede abortar con total libertad, después se ponen algunas trabas. Pero yo me
pregunto: ¿por qué poner límites si es prácticamente imposible determinar con
exactitud cuántas semanas tiene un feto? ¿Media semana de diferencia? ¿Un día
más o menos? ¿Un minuto más o menos? ¿De verdad vamos a basar un “derecho” en
algo tan impreciso?
Si según los defensores más radicales es imposible saber
el momento exacto en que un feto “pasa a ser humano”, entonces cualquier plazo
es arbitrario e injusto. Un segundo antes del límite el feto no merece
protección, pero un segundo después sí. Absurdo, ¿verdad?
Por eso, desde aquí reclamo con total coherencia la
abolición total de todos los plazos. El aborto debe ser libre, sin
restricciones de edad gestacional. A las 3 semanas, a las 30 semanas… o a los 3
años. ¿Por qué no? Y ya puestos, también a los 17 años. O a los 45. Imaginad
qué mundo tan maravilloso sería: cada vez que tu hijo adolescente llegue tarde
un viernes, conteste mal y te ponga de los nervios, ¡solución inmediata! Os
vais tranquilamente a la clínica y que “se ocupen de él”. ¿Tu hijo de 30 años
sigue viviendo en casa, sin trabajo y sin intención de independizarse? Pues un
aborto tardío en toda regla. Problema resuelto.
Piensa en las ventajas: la población se reduciría
drásticamente, bajarían las listas de espera en la Seguridad Social, habría
vivienda barata para todos y, sobre todo, mucho más trabajo para los pocos que
quedaran vivos. ¡Todos contentos!
Y una vez normalizado el “aborto posnatal” familiar, ¿por
qué detenernos ahí? Deberíamos ampliar el derecho a abortar a cualquiera que
nos moleste: al árbitro que pita penalti en contra, al político de turno, al
vecino que pone la música alta… Cuando solo queden dos personas en el planeta,
que se aborten mutuamente. Total, para lo que hay que ver.
En fin, tanto pensar en esta brillante propuesta me ha
dejado exhausto. Creo que voy a ir a abortarme yo también.
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