La ciencia
moderna vive empeñada en fascinarnos con titulares apocalípticos y promesas de
inmortalidad que parecen extraídas de un guion cinematográfico de Hollywood.
Hoy nos vamos a centrar en el vaticinio que se hace en el libro “Genes,
microbios y células” en donde se presenta una tesis que nos invita a mirar las
estrellas y a mirarnos las arrugas con una perspectiva enteramente nueva.
(AZprensa) En su libro
“Genes, microbios y células”, el profesor de Genética y divulgador científico
Javier Novo repasa algunos de los avances científicos más punteros de nuestra
era y defiende una idea que asustaría al mismísimo Julio Verne:
«Dentro
de un par de siglos tendremos que plantearnos seriamente la necesidad de
habitar otro planeta, algo que se conseguirá cuando repliquemos las condiciones
que hacen posible la vida, y que todavía no conocemos con detalle».
¡Impresionante!
Resulta que en doscientos años tendremos las maletas preparadas en la puerta
para mudarnos a una urbanización espacial, un milagro logístico que lograremos
replicando unas condiciones biológicas que... a día de hoy ni siquiera
conocemos. Un plan sin fisuras.
La generación de
los tres siglos y los artilugios internos
Pero
la mudanza cósmica no es el único plato fuerte que nos depara el futuro según
este ensayo. Otro de los grandes temas que aborda el autor es la posibilidad,
que califica de «cada vez más real», de prolongar la existencia humana
venciendo definitivamente a la enfermedad y al envejecimiento biológico.
Agárrense a sus asientos: el profesor asegura sin titubear que a finales del
mismísimo siglo XXI, el ser humano podría nacer ya con una esperanza de vida de
300 años. Imaginen lo que será calcular las cuotas de la hipoteca o aguantar
las reuniones de vecinos durante tres siglos. Una contradicción constante entre
el regalo de la longevidad y la paciencia humana.
Para
que semejante proeza sea posible en el día a día, el avance que realmente va a
revolucionar nuestra cotidianidad no será la genética, sino la Nanotecnología.
Prepárense para convertirse en ciborgs de alta fidelidad, porque la ciencia
prevé la aparición de una amplia variedad de dispositivos biomédicos; o lo que
es lo mismo, unos artilugios minúsculos que se nos implantarán en el cuerpo con
el fin de facilitar el funcionamiento del organismo o liberar fármacos de forma
controlada. Seremos un templo analógico gobernado por microprocesadores
internos.
El "efecto
retro" de la vanguardia científica
Sin
embargo, a cualquiera que atesore una buena biblioteca en su hogar y profese un
respeto reverencial por la literatura de anticipación, todo este despliegue de
profecías futuristas le provocará una inevitable y cómplice sonrisa. Y es que,
despojando a los titulares universitarios de sus ropajes de novedad absoluta,
descubrimos que de todo esto —de la nanotecnología médica, de la prolongación
de la vida hasta los trescientos años y de la necesidad acuciante de emigrar a
otros mundos— ya hablaba de forma magistral el escritor Kim Stanley Robinson.
El
autor estadounidense alcanzó la fama mundial el siglo pasado, allá por el
lejano 1993, gracias a su monumental e imperecedera obra cumbre: la trilogía
“Marte rojo / Marte verde / Marte azul”. En aquellas páginas visionarias ya se
describía con un rigor científico sobrecogedor y un realismo apabullante
exactamente el mismo porvenir que hoy nos venden los laboratorios como el
último grito del saber humano.
Conclusión: El
camino de la imaginación
Como
siempre recordamos, la verdad solo es un punto de vista y conviene informarse y
documentarse primero para poder razonar por uno mismo. La ciencia avanza con
paso firme, qué duda cabe, pero la imaginación humana siempre va unas cuantas
leguas por delante. El profesor Novo ha escrito un libro magnífico que estimula
el debate, pero el mérito del plano original le pertenece a la literatura de
hace más de tres décadas. Así que, queridos lectores, mientras llegan los
mini-artilugios internos y soplamos las trescientas velas del pastel, les
aconsejo que se dejen de predicciones y acudan a los clásicos de la ciencia
ficción. A veces, para saber hacia dónde va el futuro, basta con abrir un libro
del siglo pasado.
Biblioteca
Fisac
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(Sunday Poetry
Corner)
Hoy salimos de paseo en este radiante día de Sunday Poetry Corner para recorrer
las calles con la ilusión del enamorado que se dirige al encuentro de su amada.
¿Quién no lo ha hecho? Porque acudir a una cita con la persona amada es algo
que nos llena de ilusión y de esperanza y todos sentimos la necesidad de
acelerar el paso, al igual que se acelera el corazón, según nos vamos acercando
a ese momento tanto tiempo deseado. Pero mejor será que lo contemos aquí
convertido en unos versos:
TE BUSCO
Te
busco, te espero...
Camino
por las calles,
unas
alegres, otras solitarias;
voy
a tu encuentro.
Madrid
céntrico, corazón de España.
Consulto
el reloj y acelero.
Me
dirijo hacia ti; la impaciencia
me
invade y siento cómo
el
corazón emocionado salta de alegría.
Atravieso
una plaza, entro en el metro.
Estación
tras estación
pasan
rápidas.
Luego
salgo y camino.
Te
busco, sé dónde y me alegro.
Después
otra plaza, más calles;
me
dirijo a la cita puntual, contento.
Una
calle sorteando a la gente,
voy
en tu busca, y en los labios la sonrisa,
la
impaciencia por verte, por sentir
que
tú estás a mi lado.
Después
de unos largos minutos, llego.
No
estás y te espero; yo, tranquilo.
Todo
está calmado.
Doy
un paso, me detengo,
Elevo
mi vista; te espero...
COMENTARIO Y
ANÁLISIS
Por Claude
«Te
busco» es un poema de movimiento. Desde el primer verso hasta el último, el
lector acompaña al poeta en un desplazamiento físico que es al mismo tiempo un
desplazamiento emocional: calles, plazas, el metro, más calles, la cita, la
llegada. El poema avanza como el propio protagonista: con paso firme, con impaciencia
contenida, con la energía de quien sabe adónde va y tiene muchas ganas de
llegar.
Lo
primero que llama la atención es la estructura en tres tiempos que organiza el
poema de forma natural, casi sin que el lector lo perciba conscientemente. La
primera estrofa establece el punto de partida y el estado emocional: la
búsqueda, la espera, el corazón que «salta de alegría». La segunda es el viaje
en sí —el metro, las estaciones, las plazas, la sonrisa en los labios—, con una
acumulación de detalles cotidianos que tienen el efecto de hacer que el lector
también camine, también espere que pasen las estaciones, también sortee a la
gente en la calle. Y la tercera, brevísima y poderosa, es la llegada. O mejor
dicho: la no-llegada del otro. Porque el hablante llega, pero el destinatario
no está todavía.
Esa
tercera estrofa es la más interesante del poema y la que le da su verdadera
dimensión. Después de toda la impaciencia acumulada a lo largo de los doce
versos anteriores, después de ese corazón que saltaba y esa sonrisa en los
labios, el hablante llega y no encuentra a nadie. Y sin embargo —y esto es lo
más revelador— no hay decepción. Hay calma. «No estás y te espero; yo,
tranquilo. / Todo está calmado.» El contraste con la energía de las dos
estrofas anteriores es tan nítido que resulta casi físico: como cuando uno
entra en una habitación silenciosa después de venir de la calle con ruido.
Esa
calma no es resignación ni tristeza. Es la serenidad de quien tiene certeza.
Quien espera sin saber si el otro va a llegar espera con ansiedad. Quien espera
sabiendo que el otro va a llegar espera con paz. Y el hablante de este poema
espera con paz. «Doy un paso, me detengo, / elevo mi vista; te espero...» Los
puntos suspensivos finales no son melancolía: son confianza. El poema no cierra
porque la historia no ha terminado; solo ha llegado a una pausa.
Hay
algo más que merece señalarse: la presencia discreta pero constante de Madrid.
«Madrid céntrico, corazón de España» es el único verso que nombra el lugar,
pero toda la segunda estrofa está impregnada de ciudad: el metro, las plazas,
la gente que se sortea en la calle. Madrid no es un escenario decorativo aquí;
es el espacio vivo en que se mueve el poema, el fondo urbano que contrasta con
la intimidad del sentimiento que lo recorre.
En
cuanto a la forma, el poema trabaja con el verso libre de manera muy natural,
sin que se note el esfuerzo. El ritmo lo marcan los verbos de movimiento
—busco, espero, camino, atravieso, salgo, me dirijo, llego— que se encadenan a
lo largo del texto como pasos sobre el asfalto. Es una elección formal que
encaja perfectamente con el contenido: el poema avanza porque el hablante
avanza.
Un
poema, en definitiva, que celebra la anticipación del encuentro tanto como el
encuentro mismo. Quizás más. Porque en esos minutos de búsqueda y espera, el
otro ocupa todo el espacio de la mente y del corazón. Y eso, también, es una
forma de estar juntos.
Biblioteca
Fisac
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En el fascinante
universo de la paternidad contemporánea, cada cierto tiempo surge una palabra
mágica, un neologismo con pretensiones académicas que los expertos lanzan al
ruedo para desconcierto de los mortales. El último grito en los manuales de
crianza es el término «colecho». Pero ¿qué significa este término?
(AZprensa) Si acudes al
diccionario de la Real Academia para buscar qué significa “colecho”, perderás
el tiempo: la palabra no existe. Se trata de un invento conceptual de la
pediatría moderna para referirse a algo tan viejo, normal y cotidiano como el
hecho de que los padres y los hijos duerman apelotonados en la misma cama.
Lo
que para nuestros abuelos era una absoluta necesidad de espacio o una forma
rudimentaria de ahorrar en mantas, hoy se debate en simposios médicos
internacionales bajo el flexo de la controversia. Como el mundo es una
contradicción constante, el "colecho" cuenta con una legión de
defensores acérrimos y, al mismo tiempo, con un batallón de detractores que ven
en la cama familiar un auténtico deporte de riesgo.
La trinchera de
los defensores: Vínculos y barra libre nocturna
Por
un lado, los partidarios de esta práctica le ven ventajas idílicas y casi
místicas. El argumento estrella de los defensores es que los niños que
comparten el colchón con su madre tienen un acceso inmediato y constante al
lactado, por lo que maman muchas más veces a lo largo de la noche que los
pobrecitos que duermen desterrados en su propia cuna.
Además,
afirman con solemnidad que es una práctica sumamente eficaz para aumentar el
vínculo afectivo entre padres e hijos. Al fin y al cabo, ¿qué puede unir más a
una familia que compartir los efluvios nocturnos y recibir una patada infantil
en las costillas a las tres de la mañana?
La trinchera de
los detractores: El peligro del sueño profundo
En
la otra orilla del colchón se sitúan los detractores, cuyos augurios son
capaces de quitarle el sueño a cualquiera. Los científicos más cautos aducen
que meter al bebé en la cama de los adultos aumenta exponencialmente el riesgo
de asfixia o de la temida muerte súbita.
Pero
los peligros no son solo físicos, sino también psicológicos y conyugales. Se
asocia el colecho con futuros problemas del sueño en etapas posteriores de la
vida del niño, dificultando una independencia que se augura traumática. Y por
supuesto, está el factor logístico de la pareja: resulta evidente que la
presencia de un tercero de sesenta centímetros en mitad de la cama interfiere
de manera flagrante en las relaciones íntimas de los progenitores,
transformando el dormitorio principal en un casto parque infantil.
El consenso de
la prudencia: Prohibido menores de seis meses
Donde
sí se acaba la discusión y todos los expertos coinciden unánimemente es en
señalar el peligro extremo que corre el lactante cuando los progenitores entran
en lo que podríamos llamar "zonas de riesgo". El colecho se convierte
en una ruleta rusa si los padres han consumido alcohol, si están tomando alguna
medicación que induzca un sueño excesivamente profundo, o si se trata de padres
que padecen obesidad severa y corren el riesgo de sepultar al vástago en un
giro involuntario.
Por
todo ello, la comunidad médica ha decidido curarse en salud y coincide en
contraindicar formalmente esta práctica al menos durante los seis primeros
meses de vida del bebé. Hasta que el niño no tenga cierta capacidad de resistencia,
mejor cada uno en su parcela.
Conclusión:
Formarse su propio criterio en el colchón
Como
siempre defendemos en esta bitácora, la verdad absoluta no existe y cada uno
debe informarse y documentarse primero para después pensar por sí mismo. El
"colecho" puede ser una bendición de apego o el fin de la paz
matrimonial, dependiendo del punto de vista y del tamaño de la cama. Así que, si
has leído hasta aquí, razona un poco, mide los riesgos, calcula los metros
cuadrados de tu colchón y, sobre todo, no te dejes impresionar por las palabras
rimbombantes que se inventan los expertos. Al final, dormir a pierna suelta
sigue siendo el verdadero milagro de la vida.
Biblioteca
Fisac
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Este blog
llamado “Diario AZprensa” es un homenaje al desaparecido diario digital
“AZprensa”, que llegó a situarse como el segundo diario digital sanitario más
leído de España. Era la primera vez –y la única, porque no ha vuelto a
repetirse un caso similar- en que un laboratorio farmacéutico informaba “a
diario” no sólo de las noticias relativas a su empresa sino de toda la
actualidad sanitaria incluyendo la de los demás laboratorios farmacéuticos y
sus medicamentos competidores.
(AZprensa) Desde este blog,
“Diario AZprensa”, vamos a desgranar algunas de las claves de aquél inusual proyecto,
así como algunos detalles muy poco conocidos respecto al mismo. Como creador
del mismo, lo puse en marcha en 2003 cuando trabajaba en AstraZéneca, y
desapareció en 2009 pocos meses después de haber dejado esa compañía en la que
desarrollé mi trayectoria profesional durante 24 años.
¿Un laboratorio
farmacéutico convertido en editor de un diario?
Como
Responsable de Comunicación del laboratorio farmacéutico era una de mis
misiones trasladar a los medios de comunicación, junto con mi equipo, todas las
informaciones relativas a nuestra compañía y, entre ellas, era frecuente el
envío de notas de prensa con la esperanza de verlas publicadas en los medios y
potenciar así la imagen corporativa de la empresa y sus productos. Esas notas
de prensa, a diferencia de lo que sucedía en otros laboratorios, estaban
redactadas en estilo periodístico, lejos de cualquier pretensión publicitaria,
puesto que aquello que enviábamos a los periodistas era información, no
publicidad. A pesar de ello, no todas conseguían su difusión en los medios y no
siempre de forma completa, sin resumir. Por esto pensé que sería bueno disponer
de un medio propio en el que nuestra información saliese publicada siempre tal
cual la habíamos redactado nosotros, y por supuesto en un lugar destacado para
obtener mayor visibilidad. El departamento de Comunicación podía añadir a sus
funciones la de editar un diario digital de información sanitaria en donde
siempre irían destacadas nuestras noticias, completando así la información que
habitualmente remitíamos a los periodistas.
Un diario
digital que informa de todo, de lo propio y de lo ajeno
Tener
un diario digital propio parecía ser la solución, porque si el diario lo
editábamos nosotros, estaba claro que nuestras propias noticias saldrían
siempre publicadas y en un lugar destacado. Pero desde el primer momento
tuvimos presente que eso no era lo importante; lo fundamental era que se leyese
y que tuviese una audiencia fiel, y eso sólo se puede conseguir si el medio
tiene credibilidad. Para ello debíamos cumplir cinco principios básicos: imparcialidad
(aunque des noticias de tu propia empresa y productos, su redacción debe ser
aséptica –no publicitaria- como lo haría cualquier periodista de un medio de
comunicación ajeno); calidad (con estilo periodístico y alejado de cualquier injerencia
de Marketing); interés (esas noticias deben ser de interés para el lector,
estar escritas pensando en él); actualización (en una edición diaria las
noticias que se incluyen deben ser del día, no atrasadas); y diferenciación (aunque
el diario esté editado por un laboratorio, allí deben tener cabida todo tipo de
noticias sanitarias, incluso las que se refieran a otros laboratorios y otros
medicamentos; y además sin publicidad y con servicios adicionales útiles como
un banco de imágenes gratuito, libros digitales, etc.).
Un diario
digital sin precedentes
Jamás
en la vida, ni antes ni después, ha habido ningún laboratorio farmacéutico que
haya editado un diario de información general sanitaria (y cuando digo general reitero
que incluso publicaba noticias de otros laboratorios y sus respectivos
medicamentos). Por eso se ganó la credibilidad. ¿Cuándo se ha visto que los
laboratorios farmacéuticos manden sus notas de prensa a un laboratorio de la
competencia para que las publique en su diario? Pues así sucedía en AZprensa,
en donde recibíamos notas de prensa de otros laboratorios, las revisábamos para
adaptarlas a nuestro estilo periodístico quitándoles lo que tuviesen (que sí
solían tener) de publicitario, dejándolas como piezas informativas que
incluíamos en nuestra edición diaria.
El boca a boca
de los lectores
A
lo largo de los cinco años de trayectoria en que yo lo dirigí, fue aumentando
siempre y de forma constante su número de lectores. Al principio de una forma
muy modesta porque no hacíamos publicidad del mismo y aun había muchos
laboratorios que ni siquiera tenían página web, pero el boca a boca fue
funcionando. Por dar unas cifras, el número medio de visitas mensuales fue de 19.074
el primer año, 49.547 el segundo, 127.575 el tercero, 170.567 el cuarto, 273.876
el quinto y 359.357 el sexto.
¿Un laboratorio
que hace la competencia a los medios de comunicación?
Podría
parecer que sacando ese diario nos viesen como competidores los medios de
comunicación; pero no fue así, sino al contrario. En primer lugar porque
AZprensa era un servicio de información gratuito (no admitía publicidad y por
tanto no podía quitarles anunciantes) y en segundo lugar porque era tanta la
información que publicábamos (tanto nuestra como de otro tipo) que nos tenían
como otra fuente más de información. Además de noticias había entrevistas
exclusivas con líderes de opinión, informes sobre aspectos de la Sanidad, datos
estadísticos, etc. Éramos,
pues, un complemento para su trabajo diario.
El dilema de la
rentabilidad
AZprensa
se editaba todos los días del año, incluso festivos y periodos de vacaciones.
Para ello contábamos con periodistas colaboradores externos y, a partir de su
tercer año, viendo cómo crecía su número de lectores, y su repercusión positiva
en otros medios, decidimos publicitarlo a través de banners en otros medios. Es
cierto que el coste de editar el diario llegó a ser el último año, por ejemplo,
de 143.000 euros anuales, pero si tenemos en cuenta que en ese año ya se habían
alcanzado 4,3 millones de visitas, el coste que nos suponía cada una era de
0.04 euros, es decir, ningún anuncio ni acción publicitaria consigue un precio
tan bajo por impacto, con la diferencia de que estos impactos tenían la
credibilidad de una información útil y no el sesgo que siempre impregna a todo
la publicidad.
El reto de
convencer a la dirección de la empresa
Afortunadamente
en aquella época, el CEO de la compañía, Tom McKillop, sabía sacar lo mejor de
cada empleado y motivarle para que rindiese al máximo y para ello animaba a que
todos tomásemos la iniciativa y asumiésemos responsabilidades. No se penalizaba
a nadie por un error que pudiese cometer o por el fracaso de algún proyecto,
siempre que los fundamentos y el trabajo desarrollado hubiese sido adecuado.
Una filosofía que compartía el presidente en España, Carlos Trias. De esta
forma todos actuábamos siempre de forma proactiva y yo estaba convencido del
éxito de este proyecto y sabía que contaba con el apoyo de mis superiores.
Delegación, confianza y motivación son conceptos clave para el éxito
empresarial.
El final de una
idea de éxito
En
el año 2007 hubo un cambio radical en la empresa, dejando la misma muchos miles
de empleados en todo el mundo, empezando por el CEO, Tom McKillop, los
presidentes nacionales, los directores y muchos otros mandos intermedios y
empleados. Cambió por completo la filosofía de la empresa y pasó a mejor vida
eso de delegar, confiar en los empleados, animarles a tomar iniciativas y
asumir riesgos sin penalizar los fracasos, etc.
En
el caso de la comunicación, está claro que si cada información que vaya a salir
al exterior tiene que pasar rigurosos controles de aprobación previa por parte
de diversas personas, es imposible sacar un diario. ¿Cuándo estaría aprobada la
noticia que ha de salir en la edición de mañana, dentro de una semana? En el
periodismo diario se trabaja de hoy para hoy, y en aquellos años tuvimos la
suerte de trabajar como un gran equipo en donde cada uno podía asumir sus
propias responsabilidades.
Un proyecto
personal
Es
cierto que ese proyecto (una nueva responsabilidad y tarea que sumé
voluntariamente a mis funciones) me dio mucho trabajo, pero también me dio
muchas más satisfacciones. Ver cómo va creciendo el número de visitas de tu
diario; ver el excelente trabajo que realizan los miembros de tu equipo y los
periodistas colaboradores; ver cómo los
medios de comunicación te toman como fuente de referencia; ver cómo incluso los
competidores acuden a tu medio y te envían sus noticias; ver cómo tu diario
empieza a ser reconocido con premios y nominaciones; etc. disipa al instante
cualquier atisbo de cansancio.
Cuando
trabajas con libertad y te dejan desarrollar tus ideas; cuando los miembros de
tu equipo disfrutan igual que tú haciendo ese trabajo; cuando ves que el
trabajo da los frutos esperados… ¿qué más se puede pedir?
Biblioteca
Fisac
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Ante la delicada
situación financiera de nuestra Sanidad pública, los responsables políticos
suelen optar por el camino más corto, fácil y menos resolutivo en lugar de
atajar los problemas estructurales que causan el déficit. ¿La receta de
siempre? Bajar por decreto el precio de los fármacos, obligar a recetar
genéricos y restringir la prescripción de medicamentos innovadores si existen
alternativas más económicas. Se llega incluso a la paradoja de que, a igualdad
de precio, la Administración impone el genérico por sistema.
(AZprensa) El horizonte
que se dibuja ante nosotros es preocupante: una medicina fragmentada en tres
velocidades. Una para rentas altas (la sanidad privada pura), otra para la
clase media (las aseguradoras médicas) y una tercera para el resto (la sanidad
pública). En esta última, los pacientes se ven abocados casi en exclusiva a los
genéricos —y solo a los que entren en lista—, mientras que en los otros niveles
se puede optar por marcas o genéricos según el criterio del médico y las
peculiaridades de cada persona.
Como
vemos, en unos casos decide el burócrata de turno y en otros el profesional
sanitario. Pero ¿y el paciente? ¿Acaso no tiene nada que decir? Hablamos,
además, de un usuario cada vez más informado, digital y consciente de su salud.
La propuesta:
Co-decidir para no recortar
Lo
lógico y deseable —asumiendo las telarañas que pueblan las arcas de la
Administración— sería aplicar una fórmula más flexible. La Sanidad pública
debería fijar con total transparencia qué servicios, pruebas y medicamentos
cubre al 100%. A partir de ahí, si un paciente prefiere un medicamento de marca
diferente al ofertado, y su médico avala que es una opción acertada para su
caso, el usuario debería poder adquirirlo abonando simplemente la diferencia de
precio.
Con
este modelo de financiación, todos saldrían ganando:
La
Administración no gastaría un euro más: Su aportación económica seguiría siendo
exactamente la misma que si financiara el genérico.
El
médico recuperaría su libertad de prescripción: Podría sentarse con el paciente
y decirle: "Puedo recetarle la opción que cubre el sistema o esta otra marca
con la que tendría que pagar una diferencia; estas son las ventajas de cada una
y usted decide".
El
paciente se convierte en parte activa del acto médico: Dejaría de ser un sujeto
pasivo para ser un agente de su propia salud. Está demostrado que un paciente
implicado muestra mayor satisfacción, mejor adherencia al tratamiento y, por
ende, mejores resultados médicos.
La
industria farmacéutica mantendría el estímulo para innovar: Los laboratorios
podrían competir en un mercado justo por su nicho, sin que una decisión
administrativa les arrebate la oportunidad de ofrecer sus productos.
Es
hora de madurar como sistema de salud. Dejar decidir al paciente no es solo una
cuestión de libertad, es también una estrategia de supervivencia.
Biblioteca
Fisac
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