(Sunday Poetry
Corner)
Todos los domingos traemos a este rincón de “Diario AZprensa” un poema y después
le pedimos a la IA que haga un “Análisis y Comentario” sobre el mismo. Es
interesante no sólo disfrutar del poema, sino también descubrir, a través de la
IA, todo lo que puede esconder detrás de unas pocas palabras. Porque un poema
no tiene que ser corto ni largo: tiene que transmitir emociones.
Por
eso hoy hemos elegido uno corto, muy corto, porque en su brevedad y sencillez
encierra mucho más contenido del que pudiéramos imaginar. Leerlo es cuestión de
dos segundos; asimilarlo... eso ya lleva mucho más tiempo. Y puede acompañarnos
—si queremos— durante todo el día, ayudándonos a comprender que este mundo
material y esta vida de prisas en la que estamos inmersos quizá no sean más que
una diminuta mota de polvo en la inmensidad del universo.
HAY TANTOS
MUNDOS…
«No
hay más verdad que la que creo
ni
más realidad que la que siento».
¿O
no será que hay tantos mundos
como
tantos son... los pensamientos?
ANÁLISIS Y
COMENTARIOS
Por ChatGPT
Cuatro
versos. Apenas unas palabras. Y, sin embargo, detrás de ellos se esconde una
pregunta que lleva siglos acompañando al ser humano: ¿existe una realidad única
y objetiva o cada uno de nosotros construye su propia realidad a partir de lo
que piensa y siente?
El
poema comienza con dos afirmaciones rotundas:
«No
hay más verdad que la que creo
ni
más realidad que la que siento».
La
primera lectura podría llevarnos a pensar que el autor está defendiendo una
especie de verdad absolutamente personal: aquello que yo creo sería mi verdad y
aquello que siento constituiría mi realidad. Pero inmediatamente aparece la
duda.
«¿O
no será que…?»
Y
esas tres palabras cambian completamente el sentido del poema. Ya no estamos
ante una afirmación, sino ante una invitación a reflexionar. Porque quizá no
exista un único mundo interior. Quizá cada persona viva en un mundo diferente,
construido con sus recuerdos, sus experiencias, sus ilusiones, sus miedos, sus
deseos y, sobre todo, sus pensamientos.
Dos
personas pueden contemplar exactamente el mismo paisaje y ver cosas completamente
diferentes. Pueden vivir la misma experiencia y recordarla de manera distinta.
Pueden escuchar las mismas palabras y sentirse heridas, emocionadas o
indiferentes. El hecho es el mismo; la vivencia, no.
Y
ahí aparece la gran pregunta que plantea el poema:
«¿O
no será que hay tantos mundos
como
tantos son... los pensamientos?»
El
autor no dice que existan tantos mundos físicos como personas. Habla de algo
mucho más cercano: nuestros mundos interiores. Cada pensamiento abre una
posibilidad. Cada persona interpreta la realidad desde su propia perspectiva. Y
cada perspectiva crea, de alguna manera, un mundo diferente.
Esto
nos lleva además a una reflexión sobre la tolerancia. Si cada uno de nosotros
contempla la realidad desde un lugar distinto, quizá deberíamos ser algo más
prudentes cuando afirmamos que nuestra verdad es «la verdad» y que nuestra
manera de ver las cosas es la única posible. Tal vez el mundo que yo veo no sea
el mundo. Sea simplemente mi mundo. Y el que ve el otro tampoco tiene por qué
ser el mismo que veo yo. Es «su mundo». Lo extraordinario es que todos esos
mundos pueden coexistir al mismo tiempo, aunque cada uno de nosotros esté
convencido de habitar el verdadero.
El
poema también tiene una lectura más profunda, casi filosófica. Nos recuerda que
entre la realidad exterior y nuestra percepción de ella existe un filtro:
nosotros mismos. No vivimos únicamente los acontecimientos; vivimos la
interpretación que hacemos de ellos. Por eso una misma circunstancia puede
hacer feliz a una persona y desgraciada a otra. No siempre cambia la realidad.
A veces cambia la mirada. Y quizá ahí esté una de las grandes enseñanzas de
estos cuatro versos: no podemos elegir todas las cosas que nos suceden, pero sí
podemos intentar elegir la manera en que las miramos.
Al
final, el poema nos devuelve a esa inmensidad del universo que mencionábamos al
principio. Frente a miles de millones de estrellas, galaxias, planetas y mundos
que ni siquiera podemos imaginar, nuestros problemas cotidianos parecen diminutos.
Pero, al mismo tiempo, dentro de cada uno de nosotros existe otro universo
igualmente complejo: el de nuestros pensamientos. Puede que seamos una mota de
polvo en el universo. Pero una mota de polvo capaz de pensar, de sentir y de
construir mundos. Y quizá por eso, después de leer este pequeño poema, ya no
parezca tan pequeño.
Una selección de
piezas poéticas para construir emociones…
“Arquitecto de
emociones”:
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(AZprensa)
El 27 de agosto de este mismo año (2026) publicábamos en estas mismas páginas
digitales un artículo comentando que el “Diario AZprensa” había alcanzado los 3
millones de visitas. Desde entonces hasta hoy, día 17 de octubre de 2026, sólo han
pasado 51 días y se ha producido un hecho remarcable: El “Diario AZprensa” ha
alcanzado la cifra de 4 millones de visitas.
Ante
una noticia de este tipo sólo cabe dar las gracias a los lectores y, si acaso,
recordarles las características que hacen tan especial a este informativo
digital.
1.-
Es completamente independiente, ya que no admite publicidad y por lo tanto no está
sometido a la esclavitud de tener que “contentar” a sus anunciantes, tal como
sucede en todos los medios de comunicación que se financian básicamente con la
publicidad.
2.-
No depende, y por lo tanto no rinde pleitesía, a ningún poder político, ni
económico, ni de ningún tipo. Es un informativo unipersonal.
3.-
Está escrito por un periodista que ama el buen periodismo, el rigor y la
independencia.
4.-
Su autor está jubilado y por lo tanto puede decir lo que quiera sin miedo a
arruinar su trayectoria profesional y, en consecuencia, no tiene por qué ser políticamente
correcto ni seguir las directrices del pensamiento único.
5.-
Bien es cierto que en este espectacular aumento de visitas hay una parte que
corresponde a sistemas de IA que buscan información en el “Diario AZprensa”,
pero esto a su vez es un reflejo de la imparcialidad del medio y un aliciente para
nuevos lectores.
6.-
A diferencia de otros medios digitales, aquí se puede consultar toda su
hemeroteca, con casi 7.000 noticias e informaciones publicadas. Y para acceder
a ella sólo hay consultar –en su vista como web- el directorio que aparece en
el lateral derecho, o bien escribir la palabra clave en el buscado que aparece
arriba a la izquierda (también en su vista como web).
7.-
Y también puede resultar atractivo para los lectores, el que se aborden todo
tipo de temas, siempre bajo la
perspectiva de la originalidad, el interés y la sorpresa por descubrir nuevos
ángulos de la información; así como una invitación sincera para que cada cual
cuestione todo lo que lea, vea y oiga, y sean su propio razonamiento y criterio
los que finalmente manden por encima de lo leído, visto u oído en cualquier
sitio.
Biblioteca
Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
Un método
infalible para saber quién se bajará en la próxima estación del Metro y así
estar atentos y poder ocupar su asiento en cuanto se levante.
(AZprensa) Cada vez que
subimos al metro nos encontramos realmente acompañados. Allí tenemos a nuestro
alrededor a decenas de personas a las que no conocemos absolutamente de nada y
que, a pesar de ello, se toman enseguida ciertas libertades: nos rozan, nos
empujan, se apoyan en nosotros, nos pisan los pies y, en las horas punta, hasta
consiguen descubrir partes de nuestro cuerpo cuya existencia desconocíamos.
Pero
lo peor llega cuando queremos sentarnos. Encontrar un asiento libre en hora
punta es una misión casi imposible. Aunque digo “casi”, porque existe una
técnica que nos permite averiguar quién será la próxima persona en levantarse
para bajarse en la siguiente estación.
La
estrategia es sencilla: basta con observar a los que están sentados y tratar de
adivinar qué estación corresponde a cada uno de ellos. Si acertamos, sólo
tenemos que situarnos discretamente junto a su asiento, esperar a que se
levante y, en cuanto ponga un pie en el andén... ¡Zas! ¡El asiento es nuestro!
La
cuestión es: ¿cómo podemos saber quién se baja en cada estación?
No
hace falta preguntar, ni iniciar una conversación; sólo necesitamos unas
pequeñas dotes de observación y conocer bien el nombre de las estaciones. Porque,
como veremos a continuación, hay nombres de estaciones del Metro de Madrid que
parecen haber sido puestos expresamente para indicarnos qué clase de personas
se bajan allí.
El
que está cabreado se baja en... Portazgo
El
lagarto en... Sol
El
mudo en... Callao
El
trabajador vago en... Santo Domingo
El
perro en... San Bernardo
El
puritano en... Estrecho
El
oso panda en... Bambú
El
cura en... Iglesia
El
juez en... Tribunal
El
magnate en... Banco
El
jubilado en... Retiro
El
director de Marketing en... Ventas
El
que tiene de todo en... El Capricho
El
egipcio en... Pirámides
El
optimista en... Vista Alegre
El
salido en... Empalme
El
excursionista en... Campamento
El
difunto en... Ciudad de los Ángeles
El
fabricante de turrón en... Almendrales
El
goloso en... Delicias
El
poeta en... Las Musas
El
catalán en... La Rambla
El
mago en... Barajas
El
cafetero en... Colombia
El
pescador en... Lago
El
nostálgico en... La Peseta
El
astrónomo en... Estrella
El
bodeguero en... Vinateros
El
hippy en... Ibiza
El
seminarista en... Noviciado
El
emprendedor en... Prosperidad
El
aceitunero en... Tres Olivos
El
periodista en... Ronda de la Comunicación
El
educador en... La Moraleja
El
cerdo en... La Granja
El
cantante en... Opera
El
moribundo en... Puerta del Ángel
El
de comunión diaria en... Pan Bendito
El
alpinista en... Peña Grande
El
profesor de gramática en... Lacoma
El
indeciso en... Cuatro Caminos
El
héroe en... Nueva Numancia
Y
el daimieleño en... Las Tablas
El humor es el
único medicamento sin efectos secundarios… bueno, si acaso, algo de hipo.
“Humormicina”:
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Tenía por ahí,
escrito hace ya unos cuantos años, un pequeño texto en el que hacía una
reflexión después de ver en televisión el último capítulo de la miniserie
“Marco”. Al terminar, me di cuenta —y así lo dejé reflejado entonces— de que
aquella historia era una auténtica rara avis.
Porque,
entre tanta violencia, tanta maldad, tantas infidelidades, tantos engaños,
tantos políticos de mierda, tanta ansia de poder y de dinero, tanta
superficialidad y tanto consumismo, encontrarse con una historia limpia e
inocente como aquella resultaba casi una anomalía.
Y
no es que fuera simplemente una historia inocente. Era, además, divertida,
interesante, bien contada, bien interpretada, bien fotografiada, emocionante,
tierna y cargada de valores humanos. Incluso estaba razonablemente bien
planteada, teniendo en cuenta que había que aceptar ciertas licencias de la
ficción: no resulta fácil comprender cómo un par de niños pueden viajar solos
de una ciudad a otra y acabar incluso al otro lado del Atlántico. Pero con un
poquito de condescendencia por nuestra parte, uno podía aceptar aquello como
parte de las reglas del juego y dejarse llevar por la historia.
Sin
embargo, hubo un pequeño borrón. Al final de la película, después de un año de
andar de un lado para otro como dos auténticos vagabundos, los dos hermanos
esperan la llegada del barco. Se sientan en el suelo y, en un determinado
momento, la cámara nos muestra las suelas de sus zapatos.Blancas. Inmaculadas.
Impolutas. Como si acabaran de salir de la zapatería.
¡Qué
pena! Después de un año recorriendo caminos, calles, puertos y quién sabe
cuántos lugares más, aquellos zapatos tenían las suelas más limpias que las de
cualquiera que acabara de estrenarlos. Y lo peor es que habría sido tan fácil
solucionar el problema… Bastaba con ponerles unos zapatos viejos, o ensuciar un
poco las suelas antes de rodar aquella escena.
Aquel
pequeño detalle me hizo sonreír, pero también me llevó a una reflexión bastante
más seria. Porque, de algún modo, aquella suela inmaculada me recordó que todo
en esta vida tiene algo de farsa. Incluso las historias que pretenden
mostrarnos la realidad necesitan maquillaje, trucos y pequeñas trampas para
resultar creíbles.
Y
quizá por eso nos gustan tanto las buenas historias.
Porque
la realidad, tal como nos la encontramos cada día, no siempre resulta
agradable. A veces es demasiado violenta, demasiado injusta, demasiado vulgar o
demasiado interesada. Y cuando uno está cansado de contemplarla, quizá no haya
nada malo en cerrar los ojos durante un rato y dejarse llevar. No para huir
definitivamente de ella, sino para tomarnos un descanso.
Cerrar
los ojos, abrir un libro, ver una película, escuchar una historia… y viajar,
aunque sea durante unos minutos, a un mundo diferente. Un mundo donde todavía
haya inocencia, amistad, ternura, aventuras y buenos sentimientos; donde los
malos no siempre ganen y donde los héroes puedan ser simplemente dos niños que
recorren el mundo buscando a su madre.
Y
allí, además, podemos permitirnos un pequeño milagro: vivir las más
apasionantes aventuras sin necesidad de desgastar la suela de los zapatos.
Una selección de
piezas poéticas para construir emociones…
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emociones”:
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¿Al llegar de un
viaje en avión te has encontrado con cientos de personas esperándote para
aclamarte? ¿No? Pues yo sí. Una vez fui recibido y aclamado como una auténtica
celebridad. Esta es la historia…
(AZprensa) Era un viaje
más. Uno de los muchos que hacía a Vigo para desplazarme hasta la fábrica de
nuestra compañía en O Porriño. Como de costumbre, había cogido el primer avión
de la mañana, ese que sale a una hora en la que uno todavía no tiene muy claro
si está despierto o simplemente se ha levantado por obligación.
Ni
siquiera el café conseguía espabilarme demasiado. Entré de los primeros en el
avión, ocupé uno de los asientos de las primeras filas y, mientras iban
subiendo los demás pasajeros, eché un vistazo al periódico y aquello, lejos de
despertarme, terminó de convencer a mi organismo de que lo más sensato era
seguir durmiendo. Y eso hice antes incluso de despegar.
La
voz de la azafata anunciando que debíamos abrocharnos los cinturones porque
íbamos a tomar tierra me devolvió a la realidad. Había llegado a Vigo
descansado y dispuesto a afrontar una jornada de trabajo bastante intensa.
A
las once de la mañana tenía organizada una rueda de prensa. Había contactado
previamente con los responsables de la información sanitaria de todos los
medios de comunicación de Galicia, por lo que confiaba en que la convocatoria tuviera
una buena respuesta. Lo que no podía imaginar era el recibimiento que me
esperaba.
Cuando
bajé del avión, me encontré con una auténtica muchedumbre. Había principalmente
chicas jóvenes, aunque tampoco faltaban chicos e incluso algunas personas de
más edad. Y, nada más verme aparecer, comenzaron a gritar como si acabara de
aterrizar en Vigo el mismísimo Brad Pitt.
Al
principio pensé que estaba soñando todavía. Aquello era demasiado bonito para
ser verdad: gritos de entusiasmo, brazos agitándose en el aire, gente
intentando acercarse, alguna que otra lágrima de emoción... Durante unos
instantes llegué a pensar que mi popularidad como Country Communication Manager
había alcanzado cotas que ni yo mismo conocía. Me sentí el hombre más
afortunado del planeta.
La
policía apenas podía contener a aquella multitud para evitar que derribase las
vallas que protegían el pasillo por el que yo avanzaba. Y yo, naturalmente,
respondía con una sonrisa entre modesta y agradecida, intentando aparentar
normalidad ante semejante demostración de cariño.
Hasta
que, después de caminar unos cuantos metros, empecé a notar algo extraño. Los
gritos no disminuían, pero tampoco aumentaban. Y, sobre todo, aquellas miradas
apasionadas no seguían mi recorrido. Permanecían fijadas en un punto situado
detrás de mí.
Aquello
empezó a resultarme sospechoso. Me di la vuelta. Y entonces descubrí la
explicación. Justo detrás de mí avanzaban, uno tras otro, los jugadores de la
selección española de fútbol. Resulta que iban a disputar un partido en Vigo al
día siguiente y yo no había reparado en semejante detalle. Como me había
quedado dormido antes incluso de despegar, no me di cuenta que poco después
fueron pasando por delante de mi asiento en primera fila, todos los jugadores de
la selección española, los cuales salieron detrás de mi al llegar a Vigo.
Eso
sí, nadie podrá quitarme jamás la sensación de haber sido, aunque solo fuera
durante unos instantes, un auténtico ídolo de masas.
Así
que aquel viaje a Vigo terminó dejándome dos cosas: una excelente rueda de
prensa y un pequeño episodio de gloria personal que, aunque duró muy poco,
todavía permanece en mi memoria. Después de todo, no siempre puede uno sentirse
como una estrella del fútbol. Aunque sea por equivocación.
Si
te diviertes haciendo deporte, habrás ganado aunque hayas perdido…
“El
mejor deporte es la sonrisa”:
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