sábado, 25 de septiembre de 2021

Se despide con agradecimientos

(AZprensa) En estos tiempos de crisis es desgraciadamente frecuente ver cómo despiden a algún periodista o comunicador sin más motivo que la falta de “sintonía” con la dirección o la inmoralidad de buscar a otro que se conforme con un salario más bajo.
 
Cuando este tipo de noticias se produce se suelen ver titulares del tipo “se despide con agradecimientos” ya que el despedido da las gracias, pero ¿a quién? Por eso voy a meter el bisturí en dicha frase para descubrir lo que hay dentro.
 
Cuando se dice “con agradecimientos” hay que entender que dicho agradecimiento va dirigido a los colegas de profesión, a los compañeros de trabajo... pero nunca a los directores o gestores de la empresa que los ha despedido, entre otras cosas porque dicho despido no está motivado por razones profesionales sino por simpatías/antipatías mutuas o, más generalmente, porque sencillamente prefieren despedir a dos que trabajen mucho y bien pero que también cobren mucho, para contratar en su lugar a uno que, cobrando menos, haga el trabajo de los dos. Por consiguiente, la frase “se despide con agradecimientos” debería completarse diciendo “se despide con agradecimientos a sus colegas, compañeros y amigos, y con indignación y desprecio hacia quienes injusta e inmoralmente le han despedido”.
 
Y profundizando aún más el bisturí, nos encontramos con la razón, la triste razón, que impide poner la frase completa: el despedido aún tiene bastante vida laboral por delante y si no se despide con agradecimientos verá dificultada su contratación por otra empresa y muchas puertas se le cerrarán a la hora de intentar buscar trabajo aunque sea como free lance.
 
En definitiva, los agradecimientos sólo esconden la inevitable necesidad de tener que seguir trabajando para seguir viviendo. El que canta las verdades y llama sinvergüenzas a quienes lo son, podrá quedarse muy a gusto emocionalmente... pero pondrá en peligro el imprescindible alimento que reclama su cuerpo.
 
No voy a dar nombres en este artículo de opinión, pero esos nombres los puedes poner tú mismo cada vez que veas cómo una empresa u organización despide por capricho a cualquier excelente profesional.
 

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viernes, 24 de septiembre de 2021

Los viernes, despido

(AZprensa) En este cada vez más inhumano mundo de las empresas se ha vuelto una costumbre eso de despedir a los trabajadores en viernes. Podían despedirlos cualquier otro día de la semana, pero siempre prefieren hacerlo en viernes y además a última hora de la jornada laboral. ¿Por qué? En su prepotencia se creen que haciéndolo así, los despedidos no tendrán tiempo de contarle sus penas a los demás compañeros poniendo de vuelta y media a la empresa y a sus directivos. Piensan –erróneamente- que así los despedidos pasarán desapercibidos y que el resto de la plantilla no se enterará.
 
La realidad es muy distinta, porque cualquier trabajador despedido siempre encontrará el medio de ponerse en contacto con sus compañeros y transmitirles lo que ha pasado. La plantilla conocerá, pues, los hechos y no sólo eso, sino también que la empresa ha querido taparlo todo lo posible haciéndolo en viernes y a última hora.
 
Las empresas que obran así –cada vez son más- pierden credibilidad ante sus empleados, pierden el afecto y el “orgullo de pertenencia” de los restantes empleados, y lanzan un torpedo a la línea de flotación de toda la fuerza laboral haciendo volar por los aires lo más valioso en cualquier trabajador: la motivación.
 
Cuando un empleado está motivado, no solo porque recibe un salario acorde a su puesto y a sus merecimientos, sino porque la empresa lo mantiene siempre informado con total transparencia y proactividad, lo escucha, fomenta la iniciativa personal, premia los aciertos y no penaliza los errores, sabe delegar, le ayuda en su formación, le da las herramientas necesarias para que llegue sus objetivos, etc., entonces ese empleado trabajará más y mejor, y la empresa será finalmente la principal beneficiaria.
 
Pero no, los grandes directivos siguen encerrados en su torre de marfil, alejados de la realidad que viven sus empleados, rodeados tan sólo de su cohorte de aduladores, pendientes tan solo de obtener todos los beneficios económicos y sociales que puedan conseguir de la empresa, considerando a los empleados como simples números que pueden mover o eliminar de un plumazo sin sentir el más mínimo remordimiento y sin comprender que son los empleados quienes de verdad hacen que funcione y prospere una empresa a pesar de la ineptitud de quienes les dirigen.
 
PD.- Como en todo en la vida, siempre hay excepciones, pero esta es la norma general.
 

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jueves, 23 de septiembre de 2021

Una historia de amor y de volcanes

(AZprensa) La actual erupción del volcán Cumbre Vieja en la isla de La Palma (Canarias, España) sirve de pretexto hoy para compartir una historia de amor y de volcanes que no ha sido incluida en ninguno de mis libros. Dice así…
 
Amor, por encima de todo
 
Él era un joven de espíritu sensible, amable, amante de la naturaleza y del arte. Su pasión era dibujar y había entrado a trabajar, tan sólo hacía unos años, en una editorial, pero su oficina era su casa y su horario laboral cuatro horas diarias que dedicaba a realizar las ilustraciones que le encargaban en la editorial para todo tipo de libros. A veces le preguntaban el por qué no trabajaba más y así ganaría mucho más dinero, pero él respondía que para qué quería dinero si luego no tenía tiempo de disfrutarlo. Por eso amaba su trabajo, porque le gustaba, le daba el suficiente dinero para vivir y sobre todo, le dejaba tiempo libre.
 
Fue en ese tiempo libre y en sus jornadas de trekking por las montañas cuando la conoció a ella. Fue un flechazo a primera vista. Pero pronto comprendió que allá, en la montaña, ella le aventajaba. Siempre había creído ser un buen senderista y escalador, pero todo cambió cuando la conoció y comprobó que ella era una experta escaladora, que su vida era la montaña y la aventura. En aquél ambiente ella era quien marcaba el camino, quien llevaba la iniciativa, y quien debía esperar a que él, regazado, fuese recuperando el camino. Pero él nunca intentó disimular, ni hacerse el “macho”, sino que tomó aquello con deportividad y con humor, y ese humor, que hacía brotar en ella la risa a raudales, fue el que despertó también en ella el amor.
 
Comenzaron a salir y a conocerse más a fondo. Y pronto descubrió él que ella no era una simple aficionada a la naturaleza, sino una profesional del mundo de la aventura, a quien entrevistaban con frecuencia en los medios de comunicación, la invitaban a dar conferencias, le pedían colaboraciones escritas para diferentes revistas, le pedían que organizase viajes de aventura... y ese era su trabajo.
 
Ninguno de los dos había cumplido aún los 30 años. Los dos eran delgados y atléticos, ella con unas piernas más fuertes aún que las de él. Ambos compartían facciones agradables, mirada limpia y sonrisa fácil.
 
A pesar de todo, nadie conocía su relación, ni en el ámbito familiar, ni en el profesional. No es que quisiesen ocultar su relación, simplemente era que no la iban pregonando.
 
Un buen día, ella marchó a un viaje de aventura. Viajó con un grupo –en un viaje organizado por una cadena de televisión- al volcán Nyamuragira, en Tanzania, el volcán más activo de África. Él se quedó en España y durante días sólo el teléfono les permitió estar en contacto... hasta que el canal Cuatro de televisión anunció una conexión en directo con los expedicionarios. Él, más que nadie, estaba pendiente aquél día del televisor. Se vio a los miembros de la expedición trepar por las laderas de lava grisácea y humeante, mientras se acercaban a una gran grieta bajo la cual la lava roja brotaba a borbotones. Se alejaron un poco y continuaron la ascensión siguiendo la línea de aquella fractura y entonces, ella resbaló y apoyó la mano con todas sus fuerzas, para no caer por la pendiente, con tan mala fortuna que la mano se introdujo en una grieta en cuyo fondo la lava fundió al instante su carne. Los telespectadores que estaban viendo aquello en directo quedaron paralizados y a todos se les encogió el estómago al ver cómo volvía a sacar la mano (o lo que quedaba de ella) de la grieta, un amasijo de carne quemada. Pero ella no profirió ni un solo grito de dolor. Sus compañeros fueron a ayudarla y ella sacó de la mochila unas gasas y un líquido con el que limpió –retransmitido en directo- las enormes quemaduras, se vendó la mano... y continuó la ascensión. Sus compañeros se mostraban reacios a continuar tras lo sucedido pero ella insistió y finalmente accedieron a proseguir el camino.
 
Desde España, viendo en directo aquél accidente, él no pudo menos que coger en ese instante el teléfono y llamarla. Sonó el teléfono. Ella se llevó la mano sana al bolsillo y lo cogió. Las cámaras de televisión seguían filmando y retransmitiendo en directo estos acontecimientos.
 
Cuando ella escuchó su voz sonrió. “Ya sé que no es el mejor momento, pero estás en directo y acabo de verlo por televisión. ¿Cómo estás?”, le dijo él. “Pues sí, estoy bastante ocupada ahora –respondió ella sin perder la sonrisa- pero, tranquilo, está quemada pero todavía tengo mano”. “Piensa en ti, piensa en nosotros. Tienes que volver y hacer que te curen bien esa mano. No te hagas la héroe, no vale la pena”, le conminó él. “Está bien, no te preocupes, en cuanto los deje arriba, regresaré al campamento base para que me curen. Te quiero. Un beso”, se despidió ella.
 
Pero estaban en directo y toda la escena con los diálogos de ella, se emitieron en directo. Se supo así, en directo, que la heroína estaba enamorada. Había, pues, noticia: grave accidente de la popular guía y descubrimiento de que estaba enamorada.
 
A su regreso a España una decena de medios de comunicación la estaban esperando. Del aeropuerto fue directamente al hospital ya que en Tanzania tan solo le hicieron unas primeras curas de emergencia pero ahora necesitaría cirugía reconstructiva. Los periodistas preguntaban insistentemente de quién se había enamorado, pero ella simplemente respondía que no era nadie conocido y por tanto no debía tener mayor interés para ellos, pero sí que lo tenía. Aquélla relación, por tanto, no podría mantenerse en privado (que no oculta) mucho más tiempo, y ambos fueron conscientes de ello. Por eso aceleraron el proceso de maquetación y edición del libro que estaban preparando, escrito por ella, con algunas de sus vivencias más extremas, y con ilustraciones de él.
 
Conscientes de la expectación generada, y dispuestos a aprovechar ese tirón mediático, ella anunció una rueda de prensa para presentar su libro... y a la persona de quien se había enamorado. Y nadie sabía –ni siquiera los familiares más allegados- quién era él ni sospechaban que el autor de las ilustraciones del libro fuese la persona objeto infructuoso de todas sus pesquisas.
 
Cuando llegó la rueda de presentación, allí estaba él junto a ella. Él saludó primero a los padres y les habló, en privado, de su relación; estos le reprocharon lo hubiesen mantenido todo tan en secreto, pero “nuestra vida privada es nuestra”, interrumpió ella. Después, en el transcurso de la presentación del libro ella explicó que el autor de las ilustraciones era precisamente la persona de quien se había enamorado. Durante la posterior rueda de prensa, en la que se agolparon las preguntas de los numerosos periodistas, hurgaron en lo escabroso de su lesión y en cómo había quedado la mano (funcional pero deforme) y a este respecto le preguntaron a él si no le importaba tener una novia que ahora tenía una mano deforme. Sin inmutarse, respondió que la quería porque lo que de verdad le importaba era su alma y esta no había volcán en el mundo capaz de deformarla, y por eso se sentía ahora más orgulloso y feliz que nunca de poder estar a su lado y amarla.
 

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miércoles, 22 de septiembre de 2021

A más positivos por COVID-19 más dinero para los Gobiernos Autonómicos

(AZprensa) Ahora se entiende por qué esa obsesión de los Gobiernos Autonómicos por extender en todo lo posible la pandemia, por contabilizar cuantos más positivos mejor y cuantos más ingresos mejor… La clave está en la Orden HAC/667/2020, de 17 de julio, y en la letra a) del apartado 2 del artículo 2 del Real Decreto-ley 22/2020, de 16 de junio, que regula el denominado Fondo COVID.
 
¿Y qué se dice ahí? Pues resulta que el dinero de ese Fondo COVID se repartirá entre los Gobiernos Autonómicos en base al número de personas que den positivo al test PCR y al número de personas que ingresen por este motivo (o por este pretexto) en un centro hospitalario.
 
¿Y de cuánto dinero estamos hablando? El reparto de ese dinero se está haciendo en cuatro entregas. La primera, de 6.000 millones; la segunda, de 3.000 millones en función del número de ingresos en UCI, número de pacientes hospitalizados, PCR realizadas y población vacunada. El tercero, que toca ahora en septiembre, es de 2.000 millones, coincidiendo con el comienzo del curso escolar; y el cuarto se pagará en diciembre por un importe de 5.000 millones para compensar a las Autonomías por sus menores ingresos por la pandemia.
 
Como podemos ver está claro que a los Gobiernos Autonómicos les ha interesado muchísimo hacer el mayor número posibles de PCR, que el mayor porcentaje de los mismos salga positivo, que se ingrese al mayor número posible de personas por este motivo (aunque en realidad eso fuese secundario y la causa principal de su ingreso fuese otra enfermedad), que haya mucha gente en las UCI, y que toda la población, incluidos los niños y los jóvenes se vacunen. Cuantos más mejor para ellos, porque así reciben más dinero.
 
Ahora se entiende esa obsesión de los Gobiernos Autonómicos por mantener la campaña del miedo (alentada por sus cómplices los medios de comunicación) y hablar constantemente del número de positivos aunque la mayoría de esas personas estuviesen perfectamente sanas.
 
Cada uno podrá pensar lo que quiera, pero nadie puede negar lo que pone en ese Real Decreto-ley estableciendo la cuantía y el modo de reparto de ese dinero: 16.000 millones de euros.
 

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martes, 21 de septiembre de 2021

¿Te ha gustado el pollo?

(AZprensa) Cuando la central de Zéneca, primero, y de AstraZéneca, después, celebraba sus ruedas de prensa para presentar los resultados económicos, se servía a continuación una comida tipo buffet. Para facilitar que pudiésemos comer estando de pie, cada plato llevaba adosada una pieza en donde se encajaba la copa de agua o vino, de tal forma que el plato y la copa podían sujetarse con una sola mano, dejando la otra mano libre para el tenedor. Después, cada uno iba cogiendo de las bandejas aquellos alimentos que más le gustasen, y mientras nos movíamos por allí con nuestro plato con copa, al tiempo que masticábamos, aún teníamos tiempo de conversar unos con otros, y los miembros del comité de dirección hacían lo mismo que todos los demás.
 
En una de estas idas y venidas para rellenar el plato, en el que me había servido unos trozos de carne a la plancha, se me acercó el director ejecutivo, Tom McKillop y, señalando a la carne que estaba degustando, me preguntó: “¿Te gusta el pollo?”. Respondí que sí, y era verdad, porque esos trozos de pollo a la plancha tenían muy buen sabor y textura agradable. Entonces él, sonriendo, me dijo: “Pues no es pollo, es Quorn”. Luego supe que le había dicho lo mismo a los otros periodistas españoles, los cuales habían quedado igualmente sorprendidos y eso me dio pie a explicares lo que era el Quorn. Se trataba de un alimento de origen vegetal (su materia prima son unos hongos) al que se le puede dar la textura y el sabor de lo que se quiera, y de hecho había Quorn de pollo, hamburguesas y salchichas de Quorn, estofado de Quorn, etc. Era la alternativa proteínica ideal para todos los vegetarianos y el producto estrella de Marlow Foods, una compañía de alimentación que pertenecía al grupo Zéneca. Sus alimentos nunca llegaron a comercializarse en España, así que sólo quienes tuvimos la oportunidad de acudir a esas ruedas de prensa hemos tenido la oportunidad de dar fe que aquello parecía y sabía exactamente igual que el pollo, aunque fuese en realidad un producto de origen vegetal.


"El legado farmacéutico de Alfred Nobel", la historia de la industria farmacéutica a través de la historia de AstraZéneca, el laboratorio que tuvo su origen en Alfred Nobel.
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