jueves, 5 de noviembre de 2026

Dos volcanes, dos destinos: Granátula hizo un museo; Daimiel no hace nada














Cerro Gordo y Las Tiñosas son vecinos, nacieron de una explosión parecida y llevan la misma cicatriz de cantera. Uno recibe decenas de miles de visitantes. El otro, a lo sumo, algún paseante curioso.
 
(AZprensa) Cuando alguien dice «volcán», la imaginación fabrica enseguida una postal: una montaña de laderas empinadas, un cráter en la cumbre, quizá el Teide recortado contra un cielo azul. Pero los volcanes no conservan esa silueta para siempre. Los hay tan antiguos que la erosión, con esa paciencia suya que no tiene prisa, los ha ido limando hasta dejarlos, a ojos del caminante distraído, en un simple monte. Una loma más entre las muchas que adornan el paisaje manchego.
 
Dos de ellos viven en el Campo de Calatrava y son casi vecinos: Cerro Gordo, en Granátula de Calatrava, y Las Tiñosas, en Daimiel. Ambos están jubilados desde hace tiempo. Las Tiñosas ronda los tres millones de años, entre finales del Plioceno y principios del Cuaternario. En Cerro Gordo, según los expertos que guían las visitas, la última erupción tuvo lugar hace unos 700.000 u 800.000 años, dentro de un vulcanismo regional que se prolongó durante millones de años.
 
Y sin embargo, la erosión no ha podido con ellos del todo. Quien sabe mirar encuentra todavía su morfología, sus depósitos y el relato de cómo nacieron. Y aquí viene lo curioso: nacieron de forma parecida. Los dos son hijos de erupciones freatomagmáticas, de esas en que el magma, al subir, se topa con agua y la cosa acaba en explosión. En Cerro Gordo cuentan que el magma chocó con las aguas del Acuífero 23 —sí, el mismo del que dependen Las Tablas de Daimiel— y provocó una detonación descomunal. En Las Tiñosas hay depósitos de oleadas piroclásticas que apuntan a la misma mecánica. Mismo origen, mismo agua, casi el mismo paisaje alrededor.
 
Hasta aquí, dos hermanos. Lo que los separa no es la geología, sino lo que cada pueblo ha hecho con el suyo.
 
Granátula: la cantera que se volvió museo
 
Cerro Gordo también fue cantera. Durante unas tres décadas, una multinacional extrajo material de sus entrañas, y el resultado fue el que suele dejar toda cantera: una herida abierta en la montaña. Pero en Granátula decidieron mirar esa herida de otra manera. Aquel tajo mostraba, como en un corte anatómico, las capas del volcán: cenizas oscuras, cuarcitas pulverizadas de tonos rojizos, estratos de colores y texturas que normalmente permanecen ocultos bajo tierra. Lo que para la empresa era un frente de explotación, para el pueblo era una lección de geología a cielo abierto.
 
La empresa cedió al ayuntamiento 2.000 metros cuadrados de la cantera. El ayuntamiento y la Asociación para el Desarrollo del Campo de Calatrava movilizaron fondos europeos LEADER. Y el 15 de abril de 2016 abrió sus puertas el primer volcán-museo visitable de la Península: un recorrido interpretativo por el interior de la montaña, de unos cien metros de profundidad. Diez años después, los resultados hablan solos: más de 70.000 visitas desde la apertura, un nuevo centro de visitantes inaugurado este verano, el 7 de julio, y un volcán convertido en uno de los geositios más destacados del Geoparque Volcanes de Calatrava, reconocido por la UNESCO en 2024.
 
Y un dato más, que conviene leer despacio: Granátula de Calatrava tiene 683 habitantes. Seiscientos ochenta y tres vecinos. Con esa población, un ayuntamiento no suele tener holgura para grandes proyectos. Lo que tuvo, en cambio, fue algo bastante más escaso: visión.
 
«Dos volcanes con el mismo origen y una cicatriz de cantera parecida. Uno es hoy un museo con decenas de miles de visitas. El otro, una loma. La diferencia no está en la lava: está en la voluntad.»
 
Las Tiñosas: el volcán que espera
 
Y mientras tanto, a pocos kilómetros de Daimiel, se levanta —levantar es mucho decir— una loma alargada: dos cerros alineados que apenas superan los veinte o veinticinco metros sobre la llanura, junto a lo que fue la laguna de La Nava. Quien se acerca y sabe mirar descubre una fisura eruptiva de unos mil metros de longitud, conos de piroclastos, un amplio cráter, coladas de lava y, en los cortes de las antiguas canteras, los depósitos de las oleadas piroclásticas perfectamente visibles. Exactamente el tipo de material que en Granátula se ha convertido en atracción.
 
Porque Las Tiñosas también fue cantera. Durante unos años se extrajo de ella material para la construcción, y esa actividad deformó su faz. Pero aquí la historia se bifurca. En Granátula, cuando la cantera dejó de funcionar, alguien vio un museo. En Daimiel, cuando la cantera dejó de funcionar, nadie vio nada. Dejadez. Desidia. Falta de visión estratégica. Y después de eso, nada. Abandono total.
 
CERRO GORDO · GRANÁTULA DE CALATRAVA
Edad: última erupción hace unos 700.000-800.000 años
Cantera: unas tres décadas de extracción; la empresa cedió terrenos al municipio
Hoy: volcán-museo desde 2016
Población: 683 habitantes
Visitas: más de 70.000 desde la apertura
Reconocimiento: geositio del Geoparque UNESCO
 
LAS TIÑOSAS · DAIMIEL
Edad: unos tres millones de años
Cantera: años de extracción de material; su aspecto quedó deformado
Hoy: sin acondicionar ni musealizar
Población: 17.722 habitantes
Visitas: ninguna
Reconocimiento: ninguno
 
Bueno, no todo es olvido, justo es reconocerlo. En 2025, la jornada «Daimiel, camina y aprende» de FEDADA llevó a sus participantes hasta el cerro, y es un gesto que se agradece. Pero una ruta de senderismo, por simpática que sea, no sustituye a un proyecto.
 
La pregunta incómoda
 
Alguien dirá que Daimiel no necesita un reclamo turístico más: ya tiene Las Tablas, ya tiene la Motilla del Azuer. Precisamente por eso. Un visitante que llega atraído por el parque nacional o por el yacimiento arqueológico y descubre que a pocos kilómetros hay también un volcán de tres millones de años, con sus cortes, sus paneles y su guía, es un visitante que se queda un día más. Naturaleza, arqueología y geología en un mismo fin de semana. Eso no es competencia: es un paquete. Máxime cuando el humedal, por razones que conocemos de sobra, no siempre está en su mejor momento.
 
Seamos justos: Granátula tuvo suerte. Contó con una empresa dispuesta a ceder terrenos y con fondos europeos a mano, y no todo eso es replicable de la noche a la mañana. Pero lo esencial del ejemplo no es el dinero. Es la decisión de mirar con otros ojos lo que uno tiene delante, aunque esté lleno de cicatrices.
 
Un volcán que lleva tres millones de años esperando puede esperar un poco más. Lo que no sabemos es cuánto va a tardar el pueblo que lo tiene a la puerta en acordarse de él.
 

“Diccionario Daimieleño – Español”:

https://amzn.eu/d/hHOQArf 

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Antes de informar, hay que conseguir que lean

Sin un buen titular, nadie leerá lo que has escrito. El titular nunca debe ser un resumen de la noticia, ni siquiera su conclusión; debe ser, simplemente, un señuelo que despierte la curiosidad del lector y le incite a averiguar de qué se trata. Intentar contar demasiadas cosas en el titular, ser excesivamente riguroso y, por tanto, prolijo, sólo consigue desviar la atención del lector hacia otra noticia más atractiva.
 
(AZprensa) Cuando se trata de escribir una noticia, un artículo, una nota de prensa, un comunicado, etc., es necesario prestar la máxima atención a su titular, ya que sin un buen titular cualquier escrito está destinado al fracaso: a que el lector «pase página» y fije su atención en otra noticia que haya conseguido despertar más su interés.
 
Sin embargo, en el mundo empresarial, aun cuando estos escritos sean realizados por profesionales de la comunicación —bien sean de la propia compañía o de una agencia externa—, suelen ser revisados por otros directivos cuya formación será excelente en su correspondiente área de especialización —médicos, economistas, abogados, farmacéuticos, etc.—, pero que no necesariamente tienen formación en el arte de comunicar.
 
Cuando el escrito llega a sus manos para ser revisado, inmediatamente tratan de trasladarle sus propias obsesiones, más propias de un artículo científico, un manual de instrucciones, un contrato empresarial o un prospecto de medicamento. Y corrigen, y corrigen, y vuelven a corregir, siempre en el mismo sentido: añadir explicaciones no pedidas, detallar especificaciones técnicas, ampliar la información mediante párrafos interminables...
 
Es decir, todo lo contrario de lo que deben ser una buena noticia y un buen titular: brevedad, concisión, claridad, intriga, factor humano e implicación personal del lector, por citar sólo algunas de las características más relevantes que deben acompañar a cualquier pieza periodística.
 
Un titular nunca debe ser el «resumen» de la noticia
 
Pero, centrándonos exclusivamente en el titular, el primer error garrafal que se comete es intentar «contar toda la noticia en el titular». Y digo yo: si la contamos en el titular, ¿para qué va a querer el lector seguir leyendo la noticia? Y, sobre todo, un titular que resume la noticia es necesariamente largo y, por consiguiente, aburrido. Difícilmente conseguirá captar la atención y despertar el interés del lector.
 
Sólo hay que fijarse en cualquiera de nosotros cuando hojeamos un periódico. Vamos pasando una tras otra las páginas; los ojos recorren las columnas a velocidad de vértigo y sólo cuando encuentran algo llamativo trasladan al cerebro la orden de «stop».
 
A partir de ahí es cuando comenzamos a leer. Si el contenido despierta nuestro interés, continuamos; si no, proseguimos nuestro recorrido por el periódico en busca de otra noticia que sí consiga atraparnos.
 
Pues, aunque parezca mentira, todavía hay muchos «profesionales» que siguen obsesionados con resumir la noticia en el titular. E incluso en algunas publicaciones digitales se comprueba con horror cómo todos los titulares, uno tras otro, están construidos exactamente de la misma manera. Más que titulares, parecen el índice de un catálogo de materias.
 
En cambio, otras publicaciones tienen estos conceptos muy bien asumidos y ofrecen titulares a cuál más atractivo. Eso nos lleva a leerlas, a pasar más tiempo en sus páginas y, lo que es más importante, a fidelizarnos como lectores.
 
Las cinco reglas de un buen titular
 
Un buen titular debería reunir, al menos, estas características:
 
1. Debe ser corto. A ser posible, no más de dos líneas.
 
2. Debe utilizar un lenguaje directo. Tiene que poder entenderse en una fracción de segundo.
 
3. Debe sorprender. Su misión no es informar de todo, sino conseguir que el lector quiera saber más.
 
4. Debe afectar a las personas. Por tanto, debe situarse en la esfera de las preocupaciones, necesidades o intereses del lector.
 
5. Debe guardar relación con el contenido. Sorprender por sorprender es un engaño que, tarde o temprano, provoca el rechazo del lector.
 
Dicho esto, vemos que la elaboración de un titular tiene mucho de técnica y también de arte publicitario. Tutea al lector, le propone retos, despierta su curiosidad y le hace partícipe —en suma— de la noticia. Después, en el desarrollo de la información, ya habrá tiempo para dar respuesta al «qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué». Pero ningún lector llegará hasta ahí si antes no ha sentido el deseo de seguir leyendo, de averiguar qué hay detrás de esas pocas palabras que han conseguido llamar su atención.
 
El titular es, en definitiva, el anzuelo.
 
Y un anzuelo no está diseñado para alimentar al pez: está diseñado para conseguir que pique. No cortemos las alas a quien sabe comunicar. Por eso quisiera trasladar un mensaje a todos esos directivos que revisan noticias, notas de prensa, artículos, comunicados, etc.: no corten las alas de la imaginación a sus profesionales de la comunicación. Antes bien, déjenles desarrollar todas sus capacidades para sorprender al lector con titulares llamativos, ingeniosos y atractivos.
 
Si de verdad queremos conseguir que una noticia sea leída o transmitir un mensaje a través de ella, existe una primera e inexcusable condición: conseguir que el lector no pase de largo. Y para eso está, precisamente, el titular. El anzuelo.
 

Una transición que aporta muchas ventajas…
“De la Publicidad al Periodismo”:
https://amzn.eu/d/8ifmm6L

martes, 3 de noviembre de 2026

Daimiel y los puzzles gigantes que hicieron historia

Hay récords que duran unos meses y otros que dejan huella para siempre. En Daimiel, un gigantesco rompecabezas de 24.000 piezas se convirtió en noticia mundial en 2008 y todavía hoy puede contemplarse. Una buena excusa para visitar esta localidad manchega y descubrir una curiosidad que muchos desconocen.
 
(AZprensa) Hay aficiones que requieren paciencia, otras exigen habilidad y algunas, además, necesitan una buena dosis de espacio. Montar un puzzle de unos cientos de piezas puede ser un entretenimiento estupendo para una tarde de invierno. Pero ¿qué ocurre cuando hablamos de 24.000 piezas? Pues que la cosa deja de ser un pasatiempo doméstico para convertirse en una auténtica proeza.
 
Eso es precisamente lo que sucedió en Daimiel, en el año 2008, cuando se completó un gigantesco puzzle que llegó a figurar en el Libro Guinness de los Récords como el más grande del mundo. Una hazaña que convirtió a esta localidad de Ciudad Real en protagonista de una noticia que iba mucho más allá de los aficionados a los rompecabezas.
 
El puzzle, titulado Vida, el gran reto, fue diseñado por el artista neozelandés Royce B. McClure. Sus 24.000 piezas formaban una imagen de aproximadamente 4,28 metros de largo por 1,57 de alto. Para hacerse una idea de sus dimensiones, basta imaginar un cuadro de más de cuatro metros de longitud colgado en la pared de una habitación. Solo que, en este caso, el cuadro estaba compuesto por miles y miles de pequeñas piezas que debían encajar unas con otras.
 
El montaje se llevó a cabo durante el verano de 2008, con la participación de aficionados que dedicaron muchas horas a una tarea que exigía concentración, paciencia y una buena organización. Porque, cuando se trata de semejante cantidad de piezas, encontrar la que falta no es precisamente lo mismo que buscar la última pieza de un puzzle de 500.
 
Daimiel volvió a superarse
 
La historia no terminó ahí. En octubre de 2010, Daimiel volvió a convertirse en escenario de otro gran desafío: el montaje de Doble Retrospectiva, un puzzle de 32.256 piezas de la firma Ravensburger, que alcanzaba unas dimensiones aproximadas de 5,44 por 1,92 metros.
 
Es decir, que el municipio manchego no se conformó con haber protagonizado una hazaña en 2008, sino que dos años después fue escenario de un nuevo montaje todavía más espectacular.
 
En mayo de 2014, Valladolid superó aquella cifra con un puzzle de 33.600 piezas titulado Vida Salvaje. Pero la historia de los grandes rompecabezas no acabó con aquel nuevo récord. Se han comercializado posteriormente modelos de mayor tamaño, y algunos de los puzzles montados en acontecimientos colectivos han encontrado después un lugar donde permanecer expuestos.
 
Por eso conviene hacer una distinción: una cosa es superar un récord de piezas y otra muy distinta es conservar el resultado para que pueda contemplarse años después. No todos los grandes puzzles tienen la misma suerte una vez terminada la hazaña.
 
Un récord que no se quedó en el olvido
 
Y aquí es donde Daimiel tiene una particularidad que merece la pena destacar. El puzzle de 24.000 piezas de 2008 se expuso durante varios años en el Centro de Interpretación del Agua, un edificio del arquitecto Miguel Fisac en donde se explica la curiosidad hídrica y geológica de las Tablas de Daimiel, y que resulta visita muy recomendable antes de visitar el Parque Nacional. Sin embargo, recientemente se ha trasladado al Punto Joven de la localidad, de tal forma que sigue expuesto al público pero ahora no en un punto de atracción turística como lo era antes el Centro del Agua sino en un lugar en donde ningún turista -salvo que esté realmente interesado- se molestará en visitar, perdiéndose así un atractivo turístico más que haría las delicias de niños y curiosos. Y no estamos hablando, por tanto, de una fotografía antigua, de una noticia que quedó archivada en los periódicos o de una marca que solo puede consultarse en una página de Internet. Estamos hablando de una obra que cualquier persona puede ir a visitar y contemplar hoy en día, aunque ahora le cueste más trabajo localizarla.
 
Muchos récords deportivos, científicos o de cualquier otra especialidad quedan asociados a un momento concreto y después pasan a formar parte de la historia. En este caso, el resultado de aquella proeza continúa presente y permite apreciar directamente las dimensiones de un trabajo que, visto en fotografías, ya resulta impresionante.
 
Y hay algo más: contemplarlo en directo ayuda a comprender lo que significa realmente montar un puzzle de semejante tamaño. Desde la distancia, uno puede apreciar la imagen completa; al acercarse, descubre que aquello que parece un enorme cuadro está compuesto por miles de pequeñas piezas. Cada una tiene su lugar y todas son necesarias para completar el conjunto.
 
El puzzle de Daimiel no es el único gran rompecabezas que se conserva expuesto al público. El de 33.600 piezas montado en Valladolid, por ejemplo, fue donado al Museo de la Evolución Humana de Burgos, donde también puede contemplarse. Pero eso no resta interés a la experiencia de Daimiel, que cuenta con una historia propia y con el atractivo añadido de haber sido escenario de dos grandes montajes en apenas dos años.
 
Una buena razón para visitar Daimiel
 
Si todavía no conoces Daimiel, esta puede ser una buena ocasión para acercarte. La localidad ofrece mucho más que esta curiosidad. Su entorno natural está estrechamente ligado al Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, uno de los humedales más singulares de España, con una riqueza ecológica que merece una visita por sí misma.
 
Combinar una visita al entorno natural con la posibilidad de contemplar el gigantesco puzzle es una manera diferente de descubrir el municipio. No hace falta ser un gran aficionado a los rompecabezas para apreciar la magnitud del trabajo: basta con detenerse unos minutos delante de él y pensar en la paciencia que requiere colocar correctamente 24.000 piezas. 
 
A veces buscamos grandes atractivos turísticos a cientos de kilómetros y olvidamos que cerca de nosotros existen historias singulares que merecen ser conocidas. Daimiel tiene una de ellas: un récord que se convirtió en una obra permanente y que permite recordar una hazaña colectiva de hace casi dos décadas.
 
Porque hay puzzles que se terminan, se guardan en su caja y se olvidan. Y hay otros que, una vez completados, se convierten en parte de la historia de un lugar. El de Daimiel pertenece a esta segunda categoría. Y verlo en persona puede ser una estupenda razón para hacer una escapada a esta localidad manchega. Claro que, viendo, el poco interés que han puesto las Autoridades en explotar este original atractivo turístico, quien desee verlo tendrá que hacer una labor detectivesca hasta dar con el Punto Joven en donde se conserva actualmente. Puestos así, sería como invitar a los turistas a que participen en una ginkana.
 

“Diccionario Daimieleño – Español”:
https://amzn.eu/d/hHOQArf

lunes, 2 de noviembre de 2026

El parking y los fenómenos paranormales

Todos hemos entrado con o sin coche en muchos parkings o aparcamientos –como queráis llamarlos- y sin embargo no nos hemos dado cuenta de un fenómeno paranormal que está presente en casi todos ellos… y que en más de una ocasión nos ha afectado. En este artículo vamos a profundizar en ese misterio…

 
(AZprensa) Hay fenómenos inexplicables que parecen desafiar las leyes de la naturaleza y que, sin embargo, se repiten con una regularidad sospechosa. Uno de ellos es la extraordinaria capacidad de los aparcamientos subterráneos para atraer las llamadas telefónicas precisamente cuando no podemos atenderlas. No hay estudios estadísticos que lo demuestren, pero tampoco hace falta ser un investigador de lo paranormal para sospechar que aquí está ocurriendo algo extraño.
 
Antes de que alguien se lleve las manos a la cabeza, conviene aclarar una cosa: cuando hablo del Parking no me refiero a ningún mago, mentalista, vidente o echador de cartas. Me refiero, sencillamente, a la palabra inglesa que utilizamos para designar un aparcamiento.
 
Cuando hablo de parking o aparcamiento me refiero a esos espacios subterráneos donde dejamos el coche, respiramos una mezcla poco recomendable de aire viciado y gases de los vehículos, recorremos pasillos de iluminación discutible y, en ocasiones, nos preguntamos si el responsable de instalar las bombillas tenía alguna enemistad personal con la electricidad.
 
Hasta aquí, nada extraordinario. Todos hemos estado alguna vez en uno de esos lugares y sabemos que no figuran precisamente entre nuestros destinos favoritos para pasar el tiempo libre.
 
Pero hay un detalle que merece una investigación mucho más profunda. Un fenómeno que, de haberlo descubierto alguien con vocación de investigador de misterios, podría haberse hecho un hueco en alguno de esos programas de televisión dedicados a los sucesos inexplicables.
 
Primer misterio: ¿por qué siempre suena el teléfono cuando no hay cobertura?
 
Vamos a hacer un pequeño experimento mental. Imagina que estás esperando una llamada telefónica. Puede ser de un amigo, de un cliente, de un familiar o de alguien que tiene que darte una noticia importante. Miras el teléfono. Compruebas que hay cobertura. Esperas. Pasan cinco minutos. Diez minutos. Quince minutos. Nada. En vista de que no te llega la llamada, decides bajar al aparcamiento subterráneo para recoger el coche o hacer cualquier otra cosa. Entras, avanzas unos metros, pierdes la cobertura y, justo entonces, suena el teléfono.
 
Bueno, quizá no suena exactamente en ese momento. Quizá lo que sucede es que, cuando recuperas la cobertura, descubres una llamada perdida. Pero el efecto psicológico es el mismo: alguien ha decidido llamarte precisamente cuando estabas en uno de los pocos lugares donde no podías atenderle.
 
Y aquí surge la pregunta fundamental: ¿cómo es posible que una llamada que llevabas esperando un buen rato no llegue mientras estás tranquilamente en la calle, pero aparezca justo cuando entras en un lugar sin cobertura?
 
Naturalmente, las explicaciones técnicas existen. Los aparcamientos subterráneos pueden bloquear o debilitar las señales de radio, y las llamadas pueden coincidir con el momento en que perdemos la conexión. No hay necesidad de recurrir a fuerzas sobrenaturales para explicar cómo funciona un teléfono móvil. Lo verdaderamente sospechoso es la extraordinaria precisión con la que parece producirse la coincidencia.
 
Porque una cosa es que recibas una llamada en cualquier momento del día y otra muy distinta es que parezca estar esperando a que cruces la rampa de entrada del parking para manifestarse. Y, lamentablemente, aún no existen estudios estadísticos sobre este asunto aunque todos los hemos padecido.
 
Segundo misterio: cuanto más importante es la llamada, peor es el momento
 
Pero el fenómeno tiene una segunda característica que lo hace todavía más inquietante. No todas las llamadas parecen tener las mismas probabilidades de producirse dentro de un aparcamiento subterráneo. Existe una relación directamente proporcional entre la importancia de la llamada y la probabilidad, aparentemente, de recibirla cuando no puedes contestar.
 
Si se trata de una llamada comercial para ofrecerte un producto que no necesitas, es posible que te encuentres cómodamente sentado en el sofá de tu casa, con el teléfono al alcance de la mano y cobertura excelente. Si te llama alguien para preguntarte una tontería, tampoco parece haber problemas.
 
Pero si estás esperando una llamada decisiva para tu trabajo, una respuesta que puede cambiar tus planes o una noticia que llevas días aguardando, entonces la situación cambia radicalmente. Entras en el parking. Desaparece la cobertura. Y, como si alguien hubiera dado una orden secreta, llega la llamada. No puedes contestar. No puedes explicar que estás en un lugar sin señal. No puedes hacer absolutamente nada, salvo esperar a salir del aparcamiento y comprobar quién te ha llamado. Y, cuando por fin recuperas la cobertura, la llamada importante ya se ha convertido en una llamada perdida.
 
¡Qué casualidad! Si esto fuera una película de suspense, a estas alturas ya habría aparecido un investigador dispuesto a descubrir quién o qué está detrás de semejante conspiración.
 
Por supuesto, alguien podría argumentar que todo esto no es más que una impresión subjetiva. Que recibimos muchas llamadas durante el día, que pasamos poco tiempo en los aparcamientos y que recordamos con mayor intensidad aquellas coincidencias que nos perjudican. Y probablemente tendría parte de razón.
 
Los psicólogos conocen fenómenos como el sesgo de atención y el sesgo de confirmación: tendemos a fijarnos especialmente en los acontecimientos que confirman nuestras expectativas y a recordar mejor las coincidencias llamativas que las situaciones en las que no ocurre nada extraordinario.
 
Si pasamos veinte minutos en el parking y no recibimos ninguna llamada, lo olvidamos rápidamente. Pero si recibimos allí una llamada importante, es muy probable que recordemos el episodio durante mucho tiempo.
 
Además, las llamadas no se distribuyen necesariamente de forma uniforme a lo largo del día, y la falta de cobertura puede impedir que una llamada se complete o retrasar la recepción de una notificación. Todo eso puede contribuir a que la experiencia parezca más frecuente de lo que realmente es.
 
Hasta aquí, la ciencia. Pero una cosa es disponer de explicaciones razonables y otra conseguir que desaparezca la sensación de que el teléfono tiene un sentido del humor particularmente perverso.
 
Porque, seamos sinceros, todos hemos vivido alguna situación en la que nos hemos preguntado cómo es posible que algo tan oportuno para quien llama resulte tan inoportuno para quien recibe la llamada.
 
Propongo un estudio estadístico
 
Como todavía no disponemos de un estudio estadístico que demuestre la existencia de este supuesto fenómeno, propongo que alguien se anime a investigarlo. El procedimiento sería relativamente sencillo.
 
Durante un mes, un grupo de voluntarios debería anotar todas las llamadas recibidas, indicando dónde se encontraba cada persona, si tenía cobertura, cuánto tiempo llevaba esperando la llamada y qué importancia tenía para ella.
 
Habría que comparar las llamadas recibidas dentro de aparcamientos subterráneos con las recibidas en otros lugares, teniendo en cuenta el tiempo pasado en cada uno y las condiciones de cobertura.
 
También sería necesario definir previamente qué entendemos por una llamada importante, para evitar que cada participante clasifique como extraordinaria únicamente aquella que le haya causado una molestia.
 
Y, por supuesto, habría que registrar también las ocasiones en las que no se recibe ninguna llamada. De lo contrario, estaríamos contabilizando solo los casos que nos interesan y el resultado no tendría demasiado valor científico.
 
Si el estudio demostrara que las llamadas importantes se concentran en los aparcamientos con una frecuencia superior a la esperable, tendríamos un resultado digno de publicación. Si no encontrara ninguna diferencia significativa, habría que reconocer que nuestro misterioso fenómeno era, al menos en buena medida, una ilusión de la memoria.
 
Eso sí, mientras esperamos los resultados, me permito mantener abierta la investigación paranormal. Nunca se sabe.
 
Una recomendación para la próxima vez
 
La próxima vez que estés esperando una llamada importante, haz la prueba. Permanece fuera del aparcamiento. No entres todavía. Espera un rato y comprueba si llega la llamada. Si no llega, espera un poco más. Y cuando, finalmente, te canses de esperar y decidas entrar en el parking, presta atención a lo que sucede después.
 
Eso sí, no olvides una cosa: si el teléfono no tiene cobertura, quizá no recibas la llamada en ese mismo instante, sino que descubras la llamada perdida cuando vuelvas a tener señal. Y si resulta que no recibes ninguna llamada, tampoco te preocupes. Puede que ese día las fuerzas misteriosas estén ocupadas en otro aparcamiento.
 
Porque, mientras no se demuestre lo contrario, mantengo mi hipótesis: el parking posee una capacidad extraordinaria para atraer las llamadas telefónicas en el momento menos oportuno, y esa capacidad parece aumentar en proporción directa a la importancia de la llamada.
 
No tengo pruebas estadísticas que lo demuestren. Pero seguro que más de uno, al leer estas líneas, recordará una llamada perdida que le hará sospechar que aquí hay algo que merece ser investigado.
 

“No son coincidencias”:
https://amzn.eu/d/eAizhA8 

domingo, 1 de noviembre de 2026

Otoño: Muerte y Vida

(Sunday Poetry Corner)
Uno de noviembre. Una fecha en donde la muerte y la vida se dan la mano y caminan juntas. Y como escenario para ese recorrido, un paisaje de otoño. El otoño se muestra así como la estación que anuncia la muerte, pero con la certeza de que al final renacerá la vida.
 
El poema de hoy, llamado “Otoño” nos habla de esta estación del año que también es una estación de nuestra vida. Pero será mejor que leáis primero el poema y paséis después al comentario y análisis que ha realizado del mismo una Inteligencia Artificial, porque así podremos descubrir otra lectura más profunda del mismo…
 
OTOÑO
 
Cuando llegas
los campos se desangran
con tu luz.
La carne roja
de tus entrañas
se esparce por el musgo
y levanta la neblina
del hedor
de un tiempo muerto
que pasó.
 
Eres anuncio lúgubre
y despedida,
telón que cierra un acto
y da paso también
a una nueva vida.
 
ANÁLISIS Y COMENTARIO
Por Claude
 
«Otoño» hace algo poco frecuente con una estación tan visitada por la poesía: no la embellece. Donde la tradición suele ver melancolía dorada y hojas que caen con elegancia, aquí hay sangre, carne, entrañas y hedor. Y sin embargo el poema no se queda en esa oscuridad, sino que la atraviesa para llegar a otra cosa. Ese recorrido, de la imagen más cruda a la más esperanzada en solo quince versos, es su mayor acierto.
 
Una llegada violenta
 
El poema abre con «Cuando llegas», dirigido a un «tú» que es la propia estación convertida en presencia. El arranque tiene algo de ritual, como si el otoño entrara por la puerta. Lo que provoca su llegada es que «los campos se desangran / con tu luz». La metáfora se apoya en algo real, la luz baja y rojiza de esos meses que tiñe el paisaje de ocres y rojos, pero el verbo «desangrar» convierte el color en herida. «Con tu luz» queda aislado en su propio verso, y esa pausa subraya que la luz es aquí lo que hiere.
 
El cuerpo de la estación
 
En la segunda mitad de la estrofa cambia quién sangra. Ya no son los campos, sino la propia estación: «la carne roja de tus entrañas / se esparce por el musgo». El otoño es a la vez quien llega y quien se sacrifica, y las hojas caídas son su carne derramada sobre la tierra húmeda.
 
Las imágenes apelan a tres sentidos: la vista en el rojo, el tacto en el musgo y el olfato en el hedor. Ese «del hedor», solo en su verso, no suaviza nada. La hojarasca que se pudre huele, y el poema lo dice. Lo que se levanta con la neblina es «un tiempo muerto / que pasó». Puede leerse como el verano, pero también como cualquier tiempo vivido que ya no vuelve. Ese «que pasó» corto y seco cierra la estrofa con el peso de lo irreversible.
 
El giro: del cadáver al telón
 
La segunda estrofa cambia de registro. Se pasa de la imagen física a una metáfora teatral, de la carne al escenario. Empieza sin rodeos: «anuncio lúgubre / y despedida». El poema admite la lectura oscura antes de matizarla, y por eso resulta creíble cuando lo hace.
 
La elección del telón importa. Un telón cierra un acto, pero la función no ha terminado, de modo que la propia imagen contiene la continuación. La palabra clave es «también»: el otoño «da paso también a una nueva vida». No dice «en lugar de», sino además. Visto desde ahí, lo que parecía pura descomposición en la primera estrofa cambia de sentido. La carne esparcida por el musgo y el hedor de lo podrido son lo que alimenta el suelo. El poema nunca dice «abono», pero deja la idea a mano.
 
Una rima que lo dice todo
 
Hay un detalle sonoro que merece atención. «Despedida» y «vida» riman, y es el único momento en que el poema se permite una rima clara después de una primera estrofa en verso libre. El oído une así lo que el sentido propone: despedirse y vivir no son opuestos. La rima funciona como cierre de ciclo.
 
Forma y tono
 
Son dos estrofas desiguales, de diez y cinco versos, en verso libre y con versos breves, casi telegráficos. La primera, más larga, se detiene en el proceso de la descomposición. La segunda, mucho más corta, resuelve con rapidez, como si la esperanza necesitara menos palabras que la caída.
 
En definitiva, «Otoño» mira de frente la muerte de lo que fue sin adornarla, y se niega a quedarse ahí. Da el paso que su propia metáfora anunciaba: el telón cae para que pueda empezar otro acto.
 

“Arquitecto de emociones”:
https://amzn.eu/d/4uGH3XH