viernes, 15 de mayo de 2026

Tres verdades incómodas sobre lo que te haces a ti mismo

El odio solo te quema a ti. Lo negativo atrae más negativo. Y la queja es un bumerán. Tres ideas sencillas, respaldadas por la experiencia y el sentido común, que podrían cambiar bastante la forma en que decides vivir.
 
(AZprensa) Hay verdades que no necesitan estudios académicos ni citas de autoridad para resultar evidentes. Basta con prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor —y, sobre todo, a lo que ocurre dentro de nosotros— para comprobar que algunas leyes de la conducta humana funcionan con la regularidad de las leyes de la física. Lo que sigue son tres de esas verdades. Sencillas, directas y, para algunos, incómodas.
 
Primera verdad: el odio solo te afecta a ti
 
Si sientes odio hacia alguien, ese sentimiento negativo tiene un único destinatario real: tú mismo. La persona hacia quien diriges ese odio no percibe absolutamente nada. Sigue con su vida, duerme bien por las noches, come con apetito y probablemente ni siquiera recuerda que existes en los momentos en que tú estás consumiéndote en tu rencor. Mientras tanto, tú te quedas con la factura: la frustración, la amargura, la energía malgastada en alimentar un fuego que no calienta a nadie más que a quien lo aviva.
El odio, en ese sentido, es el autoengaño más costoso que existe. Creemos que es un arma que lanzamos contra otro cuando en realidad es un veneno que nos tomamos nosotros. Los estoicos lo sabían hace más de dos mil años. Los psicólogos lo confirman hoy con sus estudios. Y cualquier persona que haya pasado un tiempo odiando a alguien de verdad lo sabe también, aunque no siempre quiera reconocerlo: el que sufre eres tú. El otro, ni se entera.
 
«El odio es un veneno que uno se toma esperando que le haga daño al otro. No funciona así. Nunca ha funcionado así.»
 
Segunda verdad: lo negativo atrae a lo negativo
 
Hay personas que van por la vida convencidas de que todo les va mal, de que el mundo está confabulado en su contra, de que la mala suerte las persigue con una dedicación que no merece ningún otro ser humano sobre la faz de la tierra. «Todo me sale mal a mí», «nunca tengo suerte», «esto solo me pasa a mí»: un repertorio conocido, repetido con una convicción que, paradójicamente, acaba convirtiéndose en una profecía autocumplida. Porque si uno sale a la calle esperando que todo salga mal, su actitud, su lenguaje corporal, sus decisiones y su disposición ante las oportunidades conspiran para que, efectivamente, todo salga mal. No es magia negra: es psicología elemental.
Lo contrario también funciona, aunque conviene no caer en el exceso opuesto: el optimismo no es una fórmula mágica ni una garantía de éxito. Quien va por la vida con ánimo positivo, con actitud proactiva, emprendiendo cosas y confiando razonablemente en que pueden salir bien, no tiene el éxito asegurado —nadie lo tiene—, pero sí tiene considerablemente más posibilidades de conseguirlo que quien parte de la derrota como estado mental previo a cualquier intento. La diferencia no está en la suerte: está en la disposición con que se afronta lo que viene.
 
Tercera verdad: la queja es un bumerán
 
La queja es, quizás, el hábito más extendido y menos útil de cuantos practica el ser humano con regularidad. Nos quejamos del tiempo, del gobierno, de los vecinos, del tráfico, del precio de la vida, del jefe, de la familia, de la salud y de la falta de ella. Y la queja, en el mejor de los casos, no cambia absolutamente nada de lo que nos disgusta. En el peor, nos amarga el rato que pasamos quejándonos, deteriora nuestra relación con quienes nos escuchan y nos ancla en el problema en lugar de impulsarnos hacia la solución.
La alternativa no es fingir que todo va bien cuando no va bien —eso sería otra forma de autoengaño—. La alternativa es sencilla, aunque no siempre fácil: si una situación no te gusta, haz todo lo que esté en tu mano para cambiarla. Actúa. Muévete. Busca la palanca que puede mover el peso que te aplasta. Y si después de haberlo intentado de verdad compruebas que la situación no cambia —porque hay cosas que no dependen de nosotros, y conviene saber cuáles son—, entonces acéptala con la resignación serena de quien ha hecho lo que podía hacer. La resignación inteligente no es rendición: es ahorro de energía para lo que sí puede cambiar.
 
Conclusión: depende de ti
 
Tres ideas, un denominador común: en buena medida, la calidad de tu vida interior —y por extensión, la de tu vida exterior— depende de las decisiones que tomas sobre cómo relacionarte con lo que te rodea. No es una promesa de felicidad garantizada ni un manual de autoayuda con tapa brillante. Es algo mucho más modesto y mucho más real: la constatación de que entre lo que te ocurre y cómo reaccionas ante ello hay un espacio, y que en ese espacio vive tu libertad.
Así que, visto lo visto, en tu mano está decidir cómo quieres que sea tu vida. Y si eres de los que van por el mundo con el negativismo como bandera y la queja como himno, mi consejo es que al menos durante unos días trates de cambiar el chip —aunque solo sea por curiosidad, sin comprometerte a nada—. Pruébalo. No vaya a ser que yo tenga razón.
 

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jueves, 14 de mayo de 2026

Las ondas theta y la memoria: la ciencia confirma lo que el refrán ya sabía

Investigadores de Los Ángeles y del Instituto de Tecnología de California han descubierto, tras años de estudio, algo que la sabiduría popular lleva siglos sabiendo. Con distintas palabras, eso sí.
 
(AZprensa) La neurociencia avanza a pasos agigantados. A veces incluso llega a destinos que el sentido común ya había alcanzado hace tiempo por sus propios medios y sin necesidad de financiación externa. Un claro ejemplo lo encontramos en una investigación llevada a cabo en el Centro Médico Cedars-Sinai de Los Ángeles, cuyos resultados iluminan —con el respaldo de la ciencia más rigurosa— los mecanismos cerebrales que determinan por qué recordamos algunas cosas y olvidamos otras.
 
El protagonista del hallazgo es Adam Mamelak, neurocirujano del citado centro, quien explica con la precisión que le otorga su bata blanca: «Nuestra investigación demuestra que cuando las neuronas relacionadas con la memoria están bien coordinadas con las ondas theta durante el proceso de aprendizaje, los recuerdos son más fuertes». Las ondas theta, para quien no esté familiarizado con el término, son un tipo de actividad cerebral de baja frecuencia asociada a estados de atención relajada, aprendizaje y memoria. Cuando esas ondas y las neuronas trabajan al unísono —sincronizadas, acompasadas, como una orquesta bien dirigida—, la información se fija con mayor solidez en el cerebro. Cuando no lo hacen, el recuerdo se desvanece con la misma facilidad con que olvidamos dónde dejamos las llaves.
 
El investigador Ueli Rutishauser, del Instituto de Tecnología de California, que participó en el mismo estudio, precisa a su vez que este descubrimiento establece «una relación directa entre los acontecimientos en el circuito del cerebro y sus efectos en la conducta humana». Es decir: lo que pasa dentro del cerebro no ocurre en el vacío; tiene consecuencias medibles y reales en cómo nos comportamos, cómo aprendemos y qué somos capaces de retener de todo lo que vivimos.
 
La investigación ha requerido años de trabajo, tecnología de última generación, el análisis de la actividad neuronal de pacientes durante tareas cognitivas controladas, y la colaboración de equipos científicos de primer nivel en dos de las instituciones más prestigiosas de California. Los resultados han sido publicados con el rigor que exige la comunidad científica internacional. Todo, absolutamente todo, para concluir que la estimulación adecuada —la que sincroniza neuronas y ondas theta en el momento preciso— favorece la formación de recuerdos duraderos.
 
«Años de investigación, millones de neuronas analizadas y dos instituciones de élite para confirmar lo que cualquier abuelo de pueblo habría podido explicar en tres minutos y con mucho menos presupuesto.»
 
Lo que ya sabía el refranero
 
Llegados a este punto, y con todo el respeto que merecen los doctores Mamelak y Rutishauser —que es mucho, y que sus investigaciones sin duda tienen implicaciones mucho más profundas de lo que este artículo alcanza a resumir—, cabe preguntarse si para este viaje hacían falta tantas alforjas. Porque la sabiduría popular, esa neurociencia sin laboratorio ni subvención que se transmite de generación en generación en forma de refrán, ya había llegado a conclusiones sorprendentemente similares mucho antes de que existieran los electrodos, los escáneres cerebrales y los congresos internacionales de neurología cognitiva.
 
En efecto: «dos tetas tiran más que dos carretas» —tengan o no una hache intercalada en la primera sílaba, según la versión que el pudor de cada época haya preferido adoptar— viene a decir, traducido al lenguaje de Cedars-Sinai, que determinados estímulos producen en el cerebro una sincronización neuronal de tal intensidad que los recuerdos asociados a ellos quedan grabados con una nitidez y una permanencia que ningún método de estudio convencional logra igualar. Lo cual, dicho así, suena considerablemente más científico. Pero viene a ser lo mismo.
 
Bienvenidos, en definitiva, a la neurociencia del refrán. Un campo todavía inexplorado, con un potencial investigador enorme y, sobre todo, con un corpus de datos previos que ningún abuelo de pueblo ha cobrado por recopilar. Ahí lo dejamos.
 

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miércoles, 13 de mayo de 2026

Examen para los Dircom

(AZprensa)
Cuando yo estaba en activo, leí los resultados de una encuesta realizada por la consultora de Comunicación Grayling, recogiendo la opinión de 90 periodistas económicos, sobre los Directores de Comunicación (Dircom) y la nota que se desprendía de eso era un suspenso.
 
Transcurridos ya unos años desde que leí ese estudio, y desde la inmejorable perspectiva que da la jubilación, he creído oportuno y conveniente traer de nuevo a la actualidad los resultados de ese estudio y los comentarios que hice al respecto, para que seáis vosotros mismos quienes comprobéis si aquellos resultados se siguen manteniendo o no. ¿Habrán aprendido a hacer bien su trabajo los Dircom o seguimos igual que antes? Vosotros diréis…
 
- El 33,3% de los Dircom son poco o nada accesibles. (¡Justo lo contrario de lo que deben ser!)
- El 58,5% tiene un escaso conocimiento de los medios (¡Pero si eso es precisamente lo que deben conocer para su trabajo!)
- El 66,6% tienen poca agilidad a la hora de gestionar peticiones (¡Su misión es agilizar esas peticiones y si no pueden atenderlas decir que no en vez de dar infundadas esperanzas!)
- El 55,5% tiene insuficiente proactividad (¡Dios mío, con la cantidad de buenos profesionales que hay en el paro esperando poder trabajar!)
- El 65% son poco creíbles para los periodistas (¡A la vista de todo lo anterior la verdad es que no me extraña! ¡En cambio sí que me extraña que no estén ya de patitas en la calle! ¿Será que el nivel de incompetencia de nuestros gobernantes se ha trasladado también a los Dircom y a sus Jefes?)
 

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martes, 12 de mayo de 2026

¿Qué son los escritores “negros”?

En el presente artículo se explica –por experiencia propia- qué es un “escritor negro”, cómo tienen que trabajar en muchas ocasiones,  y se muestra igualmente un clásico ejemplo de su actividad… y anonimato.
 
(AZprensa) Aunque soy de raza blanca, debo reconocer que yo he sido negro. Pero no como Michael Jackson que primero tenía la piel de color negro y luego se fue quedando cada vez más pálido; en mi caso mi piel nunca se oscureció y sin embrago puedo decir, sin faltar a la verdad, que yo he sido negro.
 
Pero, claro, no me refiero a los negros de piel, sino a esos otros “negros” (o ghostwriters, en un inglés más sofisticado)  que abundan en el mundo empresarial y en el mundo de la literatura. Son esos profesionales que redactan libros, discursos, artículos y prólogos que luego son firmados por otros. Otros que, por lo general, ostentan altos cargos, gozan de gran popularidad o son los "famosillos" de turno que, sin tener pajolera idea de escribir, necesitan un libro para alimentar su presencia en las tertulias televisivas.
 
El "negro" en las instituciones
 
En las altas esferas, el "negro" no es un capricho, sino una necesidad de agenda. Los presidentes y directivos suelen tener en nómina a un periodista responsable de Comunicación que se encarga de poner voz a sus pensamientos.
 
Ese fue mi caso en la última etapa de mi vida profesional, cuando ejercí como Jefe de Prensa de la Organización Médica Colegial (OMC). Allí tuve que compaginar mi responsabilidad institucional diaria con el reto ocasional —y a veces mayúsculo— de escribir en nombre de otros.
 
El reto de "alquilar" el cerebro
 
El caso es que nunca me quejé; al contrario, me lo tomé como un ejercicio de superación. Ser un buen "negro" requiere un proceso casi actoral:
 
Documentación extrema: Buscar la información que el jefe no tiene tiempo de darte.
 
Mimetismo mental: Meterte en el cerebro del presidente para averiguar cómo piensa.
 
Transcripción fiel: Escribir con su voz, pero con tu talento.
 
A menudo, el encargo era escueto: “Prepara un discurso para esta toma de posesión” o “escribe un artículo sobre la salud de los médicos”. No había más información. Todo lo demás —la estructura, la emoción, el mensaje— debía imaginarlo y buscarlo yo.
 
Por eso, desde aquí, quiero lanzar un mensaje de apoyo y admiración a todos esos “negros” que tanto abundan en nuestro país y decirles que se lo tomen también como un reto personal de superación, porque así podrán disfrutar de algo de lo que jamás podrán disfrutar los que le hicieron el encargo: la satisfacción personal del trabajo bien hecho.
 
Y para ilustrar este satisfactorio anonimato, recordaré dos ejemplos de mi etapa en la OMC:
 
El éxito de "¿Y quién cura al médico?".- En noviembre de 2008 escribí este artículo para el diario ABC. Venía firmado por el entonces presidente, Isacio Siguero. El texto tuvo tal impacto que fue finalista en los premios “Reflexiones”, recibió un accésit y fue incluido en un libro. Por supuesto, fue el presidente quien subió al estrado a recoger el galardón, pero mi premio fue ver cómo mis palabras calaban en la sociedad.
 
El prólogo de "La colegiación necesaria".- El sucesor en la presidencia, Juan José Rodríguez Sendín, me encargó el prólogo para el libro de un colaborador de esta institución, el Dr. Juan Antonio Abascal, por el que además sentía un gran afecto y eso hizo más grata la tarea. Al leerlo hoy, reconozco perfectamente mi estilo y mis propias convicciones. Es, en esencia, un mensaje embotellado con mi caligrafía y el sello de otro.
 
A continuación, comparto con vosotros aquel texto, donde podréis comprobar que, aunque la firma fuera ajena, el alma que latía en cada línea era la mía.
 
PRÓLOGO del libro “La colegiación necesaria”
 
“Cuando cayó en mis manos este libro, ‘La colegiación necesaria’, para escribir su prólogo, pensé que siempre son bienvenidas todas las aportaciones que demuestren una necesidad tan evidente –pero a veces ignorada por simple desconocimiento o por intereses contrarios- y con el mejor ánimo me puse a leerlo.
 
Sin embargo, aún no había pasado del título cuando ya el subtítulo me dejó perplejo: ‘La navaja de Ockham’. Hacía alusión al principio de este agustino que “sentaba la premisa de que no se debía dar nada por sentado”. Y acto seguido se especificaba ‘Libertad, Ética, Estética, Juicio, Prejuicio y Conocimiento’, es decir, nos ofrecía adentrarnos en este asunto desde todos los imaginables puntos de vista. Parecía evidente que no estábamos ante un libro al uso y que la forma de abordar algo tan esencial para nuestra profesión y para la ciudadanía, como es la garantía de autorregulación, nos iba a ofrecer una perspectiva diferente.
 
Desde la Organización Médica Colegial hemos reiterado en numerosas ocasiones la capacidad demostrada de autorregulación o co-regulación de la profesión médica, de control universal obligatorio, del mantenimiento de un sistema de alerta permanente contra las desviaciones del ejercicio profesional; de la necesidad –en suma- de colegiación obligatoria. Y esto debe ser así, porque de no serlo no podría certificarse para todos, y se escaparían de la misma todos aquellos que tuvieran algún motivo y no precisamente lícito.
 
En cualquier caso, siempre es bueno conocer también otras aproximaciones a este tema fundamental de nuestra profesión y de la garantía que a través de la colegiación se ofrece a los ciudadanos. Pero además, en esta obra de Juan Antonio Abascal, se funden el humor, la ironía, el conocimiento, la documentación, la reflexión… para sorprender al lector y atarlo a esta lectura que además de hacerle disfrutar le ayuda a contemplar la situación con ojos nuevos.
 
Dice el autor que esta es una “obra de jirones” y en cierto modo lo es por su estructura, pero ese modo de hacerlo facilita su lectura y ayuda a “digerir” mejor sus planteamientos. Se denuncia en esta obra “el cinismo incongruente de la sociedad actual” y hasta se permite incluir al final un glosario de “juicios, prejuicios y falacias de uso frecuente en los debates”, a los que añade la forma de contrarrestarlos “por si fuera de interés del lector”.
 
No se escapa a su visión crítica la propia profesión, citando, por ejemplo, los bajos índices de participación que se dan en algunos procesos electorales de los Colegios de Médicos. Señala, con acierto, que “los líderes colegiales no podemos ampararnos en el desconocimiento o en la falta de interés en la participación colegial” y añade que “nuestra obligación es dar cumplida respuesta a la misma”.
 
La colegiación, como tal, no se pone en duda; al contrario, reconoce que “se sigue percibiendo como un bien necesario desde la inmensa mayoría de la profesión”. Por consiguiente, la pervivencia de los Colegios de Médicos como institución sólo puede darse dentro de la “evidencia de su necesidad real para la sociedad en su conjunto” al que también se une ese “sentimiento de necesidad de pertenencia” a una base de afiliación que desde hace siglos nos ha movido y nos mueve a los médicos.
 
Ante la necesidad social de un ejercicio profesional de calidad, centrado en el paciente, en la defensa de sus intereses por encima de cualquier otro interés y condición y de una práctica profesional de calidad, concluye con la necesidad de una Organización Médica Colegial con vocación de servicio, comprometida v con humanizar el ejercicio profesional de la Medicina y con la defensa del Sistema Nacional de Salud, por encima de intereses partidistas y/o privados. Y eso es algo que todos queremos.
 
Si la necesidad de colegiación es evidente (como parece serlo la necesidad de difundirlo y recordarlo), la misma se fortalece tras disfrutar con la lectura de este libro. Eso es lo que recomiendo y en esa tarea estamos porque no basta con una primera lectura.
 
Mi felicitación al autor por la iniciativa, tarea nada fácil que solo puede realizar un profundo conocedor de la estructura y principios de la colegiación. También el sincero agradecimiento a Juan Antonio Abascal por la ayuda inestimable que nos presta con esta obra a la profesión y muy especialmente a los directivos colegiales”.
 

Biblioteca Fisac
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lunes, 11 de mayo de 2026

La Biblioteca Fisac estrena colección digital: 16 títulos que caben en el bolsillo

La “Biblioteca Fisac” amplía su oferta con una nueva sección dedicada exclusivamente a libros en formato digital. Novela histórica, teatro, poesía, misterio, ensayo y humor componen una colección tan variada como la propia trayectoria de su autor.
 
(AZprensa) El libro digital lleva años ganando terreno al papel con la discreción de quien no necesita anunciarse demasiado: los datos hablan por sí solos. En España, las ventas de ebooks han crecido de forma sostenida en la última década, impulsadas por la comodidad de llevar una biblioteca entera en un dispositivo que cabe en el bolsillo, por la inmediatez de la descarga y por unos precios que hacen más accesible la lectura a cualquier perfil de lector. El lector digital ya no es una rareza ni un pionero tecnológico: es, sencillamente, alguien que ha encontrado en el formato electrónico una forma más cómoda —o más económica, o más práctica— de hacer lo mismo que siempre ha hecho: leer.
 
Con este horizonte en mente, la “Biblioteca Fisac” —el espacio virtual que reúne la obra completa del escritor y periodista Vicente Fisac— acaba de estrenar una nueva sección dedicada en exclusiva a los libros disponibles únicamente en formato digital. La sección se llama, con la claridad que caracteriza a quien no necesita adornar lo evidente, “Sólo en digital”, y agrupa bajo ese epígrafe una colección que ya suma dieciséis títulos:
 
«Dieciséis títulos, ninguno igual al anterior. La colección digital de Fisac es un mapa en miniatura de todo lo que este autor ha explorado a lo largo de una vida dedicada a la escritura.»
 
Dieciséis títulos, todos los géneros
 
Lo primero que llama la atención al recorrer la colección es su diversidad. En sus dieciséis números conviven géneros que raramente se encuentran bajo una misma firma, lo cual es en sí mismo un retrato fiel de la trayectoria de Fisac: un escritor que nunca ha querido quedarse dentro de un solo cajón.
 
La colección abarca desde la novela histórica ambientada en la Grecia clásica hasta el ensayo sobre la industria farmacéutica y el arte, pasando por el teatro en sus dos registros —la comedia y el drama—, la narrativa de misterio, los cuentos, la poesía y la divulgación sobre comunicación y medicina. Un título tan singular como “Killer Carrot, la zanahoria carnívora” convive en la misma estantería digital que “Seis décadas de Poesía” o “La motivación como estrategia empresarial”. Esa convivencia, lejos de resultar extraña, es el mejor resumen posible de un autor que ha explorado durante décadas todos los géneros con la misma curiosidad y la misma dedicación.
 
Una colección abierta y en crecimiento
 
Conviene subrayar que esta sección no está cerrada. La propia biblioteca advierte que irá incorporando nuevos títulos a medida que estén disponibles, lo que convierte a la “Biblioteca digital Fisac” en una colección viva, en permanente actualización. Para el lector que ya conoce la obra de Fisac, es una razón para volver. Para quien llega por primera vez, es una puerta de entrada amplia y bien señalizada.
 
Cada título incluye su enlace directo a Amazon, en donde se ofrece mayor información sobre cada título y, si se desea, se puede comprar directamente, sin esperas, sin desplazamientos, sin más intermediario que una conexión a Internet. Que es, a fin de cuentas, lo que el formato digital prometió desde el principio: poner la literatura al alcance de quien la quiera, cuando la quiera y donde la quiera.
 

“Biblioteca Fisac”