viernes, 12 de junio de 2026

Renovando hacia la inexperiencia

(AZprensa)
La industria farmacéutica ya no es lo que era. Hubo un tiempo en que sus laboratorios estaban repletos de excelentes profesionales, respetados y muy bien remunerados. Era un sector ciertamente endogámico: existían los fichajes, por supuesto, pero siempre se pescaba en los laboratorios de la competencia. Gracias a este ecosistema, los trabajadores iban atesorando un conocimiento profundo del sector y una experiencia específica de un valor incalculable.
 
En torno al año 2005, los laboratorios vivieron su auténtica época dorada. Sin embargo, poco después llegó la crisis económica y, años más tarde, para rematar el paisaje, la pandemia. Aquellos crecimientos anuales históricos de dos dígitos pasaron a ser cosa del pasado, y fue entonces cuando la industria cambió radicalmente de rumbo.
 
Los nuevos CEOs y altos directivos ya no eran hombres y mujeres forjados en el conocimiento de la ciencia y el mercado farmacéutico, sino supuestos expertos en másteres inflados y rimbombantes presentaciones de PowerPoint. Líderes sin alma y sin escrúpulos. Si antes, como a muchos directivos se les llenaba la boca al señalar, «el mejor activo de una empresa son sus empleados», a partir de ese momento los trabajadores pasaron a ser simples números. Y los mandos intermedios y los propios directivos de la vieja escuela, también.
 
La operación "Renove" del low-cost
 
El timón de las compañías quedó en manos de estos nuevos y ambiciosos "profesionales de la teoría", carentes de experiencia real en el terreno. Para cuadrar los balances de la manera más perezosa, pusieron en marcha una particular operación "Renove": despedir a los profesionales excelentes y, por cada dos bajas, contratar a un recién licenciado —con mucho título anglosajón y nula experiencia— para que hiciese el trabajo de ambos por la mitad del salario de cualquiera de los despedidos.
 
Se pasó, de la noche a la mañana, de tener profesionales curtidos a tener niñatos en despachos demasiado grandes. Y los niñatos, por no tener, no tienen ni principios ni valores.
 
Me contaban hace poco, por poner solo un ejemplo gráfico, el trato humillante que dispensan a los proveedores. Sabedores de los tiempos difíciles que corren, ya ni siquiera se molestan en negociar o regatear los presupuestos que se les presentan. Sin más miramientos, imponen un recorte del 30% bajo la burda premisa de «lo tomas o lo dejas». Y lo peor no es el fondo, sino las formas: se lo espetan tras haberles tenido esperando más de una hora en la recepción y, después de semejante plantón, son incapaces de articular la más leve palabra de disculpa. Es la soberbia de la ignorancia.
 
Empresas sin alma
 
Como es lógico, estos jóvenes se sienten en el fondo explotados por el propio sistema que los ha encumbrado a precio de saldo, y terminan trasladando su frustración y su mala educación a todo lo que les rodea.
 
El triste resultado es el panorama corporativo que hoy abunda en nuestra sociedad: empresas desalmadas que exprimen a sus plantillas, organizaciones que han olvidado el factor humano y que compran, usan y tiran a las personas como si fueran simples fichas de un juego de mesa barato.
 

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jueves, 11 de junio de 2026

El test de la cintura (o cómo saber si juegas con fuego)

(AZprensa)
¿Quieres saber, de forma rápida y sin salir de casa, si estás en riesgo real de padecer diabetes o un infarto de miocardio? Olvídate de análisis complejos por un momento; la prueba que te propongo hoy es rudimentaria, infalible y analógica. Solo tienes que seguir estos sencillos pasos:
 
1.- Coge un metro de costura (de esos flexibles que se adaptan a las curvas de la vida).
 
2.- Rodéate la cintura con él.
 
3.- Pon música con redobles de tambor de fondo para darle un mayor dramatismo a la escena (este punto, por supuesto, es opcional, pero altamente recomendado para la tensión narrativa).
 
4.- Mira fijamente la cifra que marca la cinta.
 
5.- El veredicto de la ciencia
 
Llegados a este punto, toca ponerse serios (pero solo un poco). Según los datos de la Sociedad Española de Rehabilitación Cardiorrespiratoria, el tamaño aquí sí importa, y mucho. Tener un perímetro de cintura superior a 88 centímetros en las mujeres y a 102 centímetros en los hombres duplica automáticamente el riesgo de desarrollar diabetes.
 
Por si fuera poco, la llamada obesidad abdominal —esa entrañable "curva de la felicidad" que en realidad no hace tanta gracia y que ya padece el 35% de los españoles— multiplica por dos las papeletas para sufrir un infarto de miocardio. La grasa acumulada en esa zona no es meramente estética; es metabólicamente activa y bastante traicionera.
 
El plan de emergencia
 
Y llegados a este punto, si al mirar la cinta descubres que has superado esas cifras de seguridad o, lo que es peor, si se te ha quedado corto el metro de la abuela... ¡no entres en pánico!
 
Simplemente, guarda el metro en el cajón, átate bien las zapatillas, sal corriendo a la calle como si no hubiera un mañana y ¡no pares de trotar hasta que te hayas dejado toda la grasa por el camino! Tu corazón te lo agradecerá.
 
PD.- Esta información tiene un carácter meramente informativo. Para obtener asesoramiento o diagnóstico médicos, consulta a un profesional.
 

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miércoles, 10 de junio de 2026

Recuerdos de la hemeroteca: «¿Le molesta a usted si...?»

(Nota del autor: Artículo publicado originalmente el 7 de diciembre de 2010. Evidentemente eran otros tiempos, otra legislación y otra atmósfera... pero una sonrisa políticamente incorrecta siempre viene bien).
 
(AZprensa) La comida en el restaurante había sido magnífica, aunque, para ser sinceros, un poco paquidérmica. Opté por un plato único pero rotundo: una auténtica fabada asturiana con todos sus sacramentos que, a esas horas, ocupaba la práctica totalidad de mi cavidad estomacal. Entre tanta legumbre no quedaba espacio material para el postre, así que decidí rematar la jugada con un café. Sin embargo, en lugar de pedirlo allí mismo, preferí salir a la calle para caminar unos metros y ayudar a que la digestión iniciara su curso.
 
Así lo hice. Caminé unos minutos y entré finalmente en un bar de los de toda la vida. Me acomodé en la barra y pedí un expreso. Justo tras el primer sorbo, las simpáticas alubias me anunciaron que el proceso de ebullición y fermentación gaseosa había comenzado. Ante la urgencia de los acontecimientos, me giré educadamente hacia el señor que consumía a mi lado en la barra y, con mi mejor tono de caballero, le dije:
 
—Disculpe, caballero... ¿le molestaría que me tirase un pedo?
 
El vecino de barra me clavó una mirada de absoluto asco, apretó los puños y me soltó en un tono rudo e inapelable que yo era un cochino integral y que me fuera a la puta calle a ventilar mis intimidades.
 
Yo me quedé estupefacto. Al fin y al cabo, me había dirigido a él con una exquisitez formal intachable y, además, no le estaba planteando nada del otro mundo, sino un acto biológico que toda la humanidad realiza a diario. ¿O es que acaso hay alguien en este bendito planeta que no se tire pedos? Es más, seamos realistas: una flatulencia solo proporciona a los que están alrededor unos instantes de aroma desagradable, pero el tufo desaparece enseguida y, desde luego, no supone ningún riesgo para la salud pública. Nadie muere por pasiva.
 
Si probáis a hacer esta misma pregunta a vuestros vecinos de barra en cualquier local de España, os aseguro que las reacciones serán idénticas o considerablemente peores. No encontraréis a una sola alma caritativa que os responda comprensiva: «No, hombre, no faltaría más, proceda usted con total libertad».
 
La doble moral del aire
 
Y sin embargo... ¿por qué cuando un individuo se gira en la barra de un bar y le dice al de al lado: «¿Le molesta que fume?», la inmensa mayoría responde con una sonrisa sumisa: «No, no me molesta, adelante»?
 
Nos ha jodido. Claro que les molesta. Si responden que no les importa es por culpa de una educación pusilánime y mal entendida. Porque ese humo, a diferencia de mi flatulencia asturiana, no desaparece en un segundo: es un veneno persistente y desagradable para el que no fuma, perjudica seriamente la salud de los que están alrededor y contiene sustancias cancerígenas que se quedan impregnadas durante días en la ropa, los muebles, las cortinas y las paredes del local.
 
Los que todavía "piden permiso" para encender el cigarrillo (que son una minoría, porque la mayoría fuma en presencia ajena por real decreto y sin mirar a quién) defienden a capa y espada su derecho a intoxicarse, mientras niegan sistemáticamente el derecho de los demás a respirar aire limpio.
 
¡Basta ya de la dictadura del tabaco y de la sumisión de los fumadores pasivos! El día que por fin se prohíba fumar en los espacios cerrados de la hostelería, seremos legión los que volveremos a llenar los bares y restaurantes de los que hoy huimos. Mientras llega ese bendito día, si alguien se me acerca educadamente con el cigarro en la mano y me pregunta: «¿Le importa si fumo?», yo le responderé, con la misma sonrisa y exquisita educación: «¿Y a usted le importa si me tiro un pedo?».
 
Y os juro que se lo diré aunque ese día no haya probado la fabada.
 
PD.- Como podéis comprobar este artículo es un claro ejemplo del hartazgo de los no fumadores hasta que por fin se promulgó la Ley antitabaco que ha conseguido que, por fin, nadie tenga que respirar el humo de los demás si no le apetece. Porque no se trataba de “prohibir que fumen” sino de “prohibir que no se obligue a respirar el humo del tabaco a los que no desean hacerlo”.
 

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martes, 9 de junio de 2026

Un viaje al maravilloso mundo del vinilo: nueva etapa en «Palabras Inefables»

Desde el 1 de junio, el blog Palabras Inefables ha abierto una nueva etapa dedicada al vinilo: su historia, su sonido, su ritual. Y próximamente, disco a disco, la colección completa de su autor. Una invitación para los que lo vivieron y para los que nunca lo conocieron.
 
(AZprensa) Los que llevan tiempo siguiendo Palabras Inefables saben que este blog ha sido siempre un espacio de vocación amplia: opinión, literatura, reflexión, humor, actualidad, periodismo sin ataduras. Esa filosofía no cambia. Pero desde el 1 de junio, el blog ha inaugurado una nueva etapa que va a convivir con todo lo anterior: El maravilloso mundo del vinilo.
 
El punto de partida es sencillo: una colección de discos construida a lo largo de toda una vida, y la convicción de que esa colección merece algo más que ocupar espacio en una estantería. Merece ser compartida, comentada, presentada con su contexto, su historia y las canciones que la componen. Disco a disco, uno cada día, durante los meses que haga falta.
 
Primero, los cimientos
 
Antes de entrar en los discos concretos, el blog ha dedicado los primeros artículos a preparar el terreno para quien no conoce —o no recuerda bien— de qué estamos hablando cuando hablamos de vinilo. Ya están publicados textos sobre la historia del disco de vinilo desde sus orígenes en el siglo XIX hasta su inesperada resurrección en el XXI; sobre lo que significa escuchar música en vinilo —esa liturgia de elegir el disco, tocarlo, limpiarlo, colocarlo en el plato y sentarse a escuchar sin hacer otra cosa—; y sobre por qué esa forma de escuchar música es, además, buena para la salud. No es broma: los médicos llevan años recomendando apartar la vista de la pantalla cada veinte minutos, y un LP dura exactamente eso por cara.
 
«Para los mayores, cada disco será un viaje al pasado. Para los jóvenes, una ventana a un mundo musical que existió antes de que ellos llegaran y que merece ser conocido.»
 
Lo que viene: la colección, disco a disco
 
Pero la parte más ambiciosa está por llegar. Próximamente comenzará la publicación diaria de fichas comentadas de cada disco de la colección: título, artista, año, sello discográfico, canciones, contexto histórico y musical, curiosidades y el comentario personal de quien los ha escuchado y guardado durante décadas. Tres formatos, tres experiencias distintas:
 
LP.- Long Play · 33 rpm · hasta 23 min. por cara · el álbum como obra completa
 
EP.- Extended Play · formato intermedio · 4 o 5 canciones · muy popular en los años 60
 
Single.- 45 rpm · una canción por cara · el formato del éxito inmediato y la jukebox
 
Una aclaración para los lectores más jóvenes: si el LP es el formato que más se conoce —el disco grande de toda la vida—, el EP y el single son quizás menos familiares. El EP, o Extended Play, fue un formato muy popular especialmente en los años sesenta: más pequeño que el LP pero con más canciones que un single, era el formato ideal para grupos que no tenían aún material para un álbum completo pero querían ofrecer algo más que dos canciones. Muchos de los discos más buscados por los coleccionistas de hoy son precisamente EPs de aquella época.
 
Para quién es este blog ahora
 
Para los que vivieron aquella época —los que recuerdan perfectamente el olor de una tienda de discos, el tacto del vinilo entre los dedos, la emoción de comprar el último single de su artista favorito—, Palabras Inefables se convierte en estos meses en un ejercicio de memoria viva. Cada disco traerá sus canciones, pero también su época, su contexto y los recuerdos que inevitablemente van pegados a la música que uno escuchó en los momentos importantes de su vida.
 
Para los jóvenes que no conocieron ese mundo —los que han crecido con el streaming y nunca han bajado una aguja sobre un surco—, es una ventana a un pasado musical extraordinariamente rico que existió antes de que ellos llegaran. Un pasado en el que escuchar música era un acto consciente, deliberado y físico, no el botón de play de una lista de reproducción infinita.
 
La puerta está abierta. Entren, hojeen, escuchen. Y si tienen en casa algún tocadiscos olvidado en un armario, quizás es el momento de sacarlo.
 
Entra y disfruta de «El maravilloso mundo del vinilo» en Palabras Inefables
palabrasinefables.blogspot.com →
 

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lunes, 8 de junio de 2026

El día que las residencias de ancianos quemaron la pista de baile

(AZprensa)
Hace años cayó en mis manos un estudio científico realizado con personas de la tercera edad que demostraba de forma empírica cómo su salud metabólica y emocional mejoraba sustancialmente al escuchar música moderna. Mi mente, que tiene una alarmante tendencia a salirse de los márgenes, no pudo evitar imaginar el panorama. Puestos a elucubrar... ¿por qué no iba a ser real que un día de estos nos desayunáramos con una crónica periodística como esta?
 
(Imaginarium Press) — Última hora
 
Animados por las conclusiones del célebre estudio clínico de la Universidad de Rochester, las principales residencias de la tercera edad de todo el país han desmantelado sus salas de estar tradicionales para transformarlas en discotecas de vanguardia con luces de neón y megavatios de potencia.
 
Atrás han quedado, por fortuna, esas rancias y deprimentes imágenes de octogenarios jugando al dominó en silencio, embutidos en batas de cuadros rústicos y zapatillas de fieltro. Ahora, el dress code de los centros exige un compromiso estético radicalmente distinto. Mientras algunos internos optan por el cuero clásico a lo Elvis o el engominado canalla de Tom Jones, los octogenarios más atrevidos emulan los estilismos urbanos de Rosalía, las camisas abiertas de Maluma o los tatuajes faciales del trap. ¿Y qué decir de ellas? Las antiguas ancianitas de luto riguroso y moño tirante han dado paso a marchosas réplicas de Shakira que no dudan en asegurar que «las abuelas ya no lloran, las abuelas facturan», compartiendo pista con seguidoras acérrimas de Lady Gaga vestidas con trajes de fantasía imposibles.
 
El negocio del siglo y el sector del Tuning
 
Como era de esperar, los gerentes de estas instituciones han visto cómo sus beneficios netos se multiplicaban de forma exponencial. La razón económica es aplastante: los derechos de autor de un álbum de heavy metal o una sesión de techno resultan infinitamente más baratos que un palé de pastillas contra la artrosis, el dolor crónico o la depresión.
 
Semejante revolución terapéutica ha supuesto un durísimo e inesperado golpe para la industria farmacéutica, que contempla impotente cómo las pistas de baile sustituyen a los laboratorios. En contraposición, el sector de la automoción médica vive una edad de oro sin precedentes. Los fabricantes de sillas de ruedas comercializan ahora modelos deportivos con ejes reforzados para soportar derrapes controlados, frenos de mano hidráulicos para hacer cabriolas en mitad del chachachá y una amplísima gama de tuning: pinturas personalizadas con llamas de fuego, parachoques de fibra de carbono, asientos de cuero perforado, alerones aerodinámicos y retrovisores panorámicos con detector de ángulo muerto.
 
Descontrol en el Campus y próximos estudios
 
Para este verano ya se ha confirmado la organización de un macrofestival de tres días de duración en el propio campus de la Universidad de Rochester. Se prevé una asistencia masiva que superará el millón de ancianos campistas, en un evento que servirá para rendir tributo a los veinticinco pioneros de la tercera edad que se prestaron como cobayas para el estudio clínico original.
 
A día de hoy, el principal dolor de cabeza de las autoridades sanitarias es de carácter logístico: resulta materialmente imposible encontrar a un solo jubilado que consienta en acostarse antes de las cuatro de la madrugada, que acepte cambiar el gin-tonic por el vaso de leche tibia o que pretenda malgastar sus mañanas sentado frente al televisor viendo teleseries en lugar de ensayar coreografías de reguetón.
 
Mientras la sociedad se adapta a este nuevo paradigma, la comunidad científica no descansa. Ya se han anunciado los primeros presupuestos para evaluar los beneficios terapéuticos que los deportes de riesgo extremo, como el puenting sin cuerda elástica o el descenso de barrancos en caída libre, pueden llegar a reportar en pacientes con problemas de mudez o paraplejia. La ciencia avanza que es una barbaridad.
 

Novelas con corazón
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