lunes, 31 de agosto de 2026

Los islandeses prefieren seguir su propio rumbo

Tras el referéndum celebrado en Islandia para decidir si se retomaban o no las negociaciones de adhesión con la Unión Europea, la opción del "no" se ha impuesto con claridad. Los islandeses prefieren seguir siendo dueños de su propio destino, sin injerencias de nadie
 
(AZprensa) En un contexto geopolítico global donde las grandes potencias y los bloques supranacionales parecen querer absorberlo todo, todavía quedan comunidades dispuestas a reivindicar el valor incalculable de la independencia. Los ciudadanos de Islandia acaban de mandar un mensaje alto y claro en las urnas: tras el referéndum celebrado para decidir si se retomaban o no las negociaciones de adhesión con la Unión Europea, la opción del "no" se ha impuesto con claridad.  Los islandeses han mirado a su alrededor, han sopesado las ventajas y los peajes de formar parte del club comunitario y han concluido que están mejor así, gobernando su propio destino y protegiendo su soberanía frente a las directrices de Bruselas.
 
El peso sagrado de la soberanía y la riqueza del mar
 
Para entender esta decisión hay que mirar más allá de la fría aritmética económica. Islandia es una isla con una identidad muy marcada, celosa de su autogobierno —conquistado plenamente hace relativamente poco, en 1944— y con una economía muy particular donde los recursos naturales marinos juegan un papel absoluto.  Entrar en la Unión Europea siempre ha supuesto para los islandeses un dilema peliagudo: la más que probable pérdida de control exclusivo sobre sus ricos caladeros de pesca y la imposición de normativas comunitarias ajenas a la realidad de una pequeña nación insular en medio del Atlántico Norte. La experiencia histórica y el temor a diluir su soberanía en un engranaje burocrático continental han pesado como una losa sobre los partidarios de la integración.
 
La libertad de elegir no diluirse
 
A pesar de las presiones del tablero geopolítico actual y de los cantos de sirena que abogaban por estrechar lazos formales bajo el paraguas europeo, la ciudadanía ha preferido mantener el modelo actual: una estrecha colaboración comercial a través del Espacio Económico Europeo (EEE), pero conservando las manos libres en lo político, monetario y legislativo.
 
En una época en la que muchos países parecen renunciar por inercia a parcelas fundamentales de su autogobierno en favor de estructuras centralizadas, el veredicto de Islandia funciona como un recordatorio saludable. Nos enseña que la soberanía nacional, la capacidad de decidir las propias leyes y la protección de los recursos propios siguen siendo valores de primer orden para quienes entienden que la independencia no es solo un concepto histórico, sino una herramienta diaria de supervivencia y dignidad.
 
Los islandeses han votado y lo han tenido claro: prefieren ser dueños de su brújula en su propio mar, aunque sople el viento del norte.
 

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domingo, 30 de agosto de 2026

«Ahora es mi turno»: el discurso con el que Haakon VIII se convirtió en rey de Noruega

Horas después de la muerte de Harald V, su hijo se sentó frente a una fotografía del rey fallecido y habló a la nación. No habló como monarca que llega, sino como hijo que despide. Y en esa diferencia está todo.
 
(AZprensa) El viernes 28 de agosto de 2026 murió Harald V de Noruega, a los 89 años, en el Hospital Nacional de Oslo. El sábado, su hijo Haakon se sentó ante un escritorio en el Palacio Real, con una fotografía del rey fallecido frente a él y dos velas encendidas a los lados, y habló por primera vez a la nación como Haakon VIII. Cuarto rey de la monarquía noruega moderna. El nuevo soberano de un país al que, desde ese momento, se debe.
Fue un discurso que eligió comenzar no por la corona, sino por el hombre. No por el rey Harald, sino por el padre Harald. Y esa elección lo dice casi todo sobre el tono que Haakon quiso imprimir a su primer mensaje como monarca.
 
El padre antes que el rey
 
«Querido papá. Gracias por haber sido un padre tan bueno para Märtha y para mí. Cálido y seguro. Y además, fuiste un abuelo amable y divertido. Un esposo cariñoso y considerado. Un generoso suegro. Un hermano y un tío con quienes todos disfrutaban estar juntos», comenzó diciendo. No era el lenguaje de un protocolo de sucesión. Era el lenguaje de un hijo en duelo que además, en ese momento, tiene que ser rey.
 
«Me enorgullece pensar en todo lo que afrontaste y defendiste. Lo voy a extrañar. Extrañaré su risa, su manera amable de encontrarse con las personas y las situaciones. Mi padre siempre hacía que la gente se sintiera cómoda a su alrededor. Recibía a todos con respeto y generosidad y nunca hacía distinciones entre las personas». Un retrato íntimo y preciso de un hombre que gobernó durante más de tres décadas y que, según su propio hijo, lo hizo desde la cercanía antes que desde la distancia.
 
El discurso coincidía, además, con el aniversario de boda de sus padres. «Hoy se cumplen 58 años desde que se casaron. Feliz aniversario de bodas, querido papá», dijo Haakon. Una frase breve que, pronunciada en esas circunstancias, tiene una ternura que ningún discurso de Estado podría fabricar.
 
«Harald V fue rey durante más de treinta años. Pero su hijo eligió recordarlo primero como padre, como abuelo, como esposo. Y eso dice más sobre ambos que cualquier lista de logros institucionales.»
 
El legado que hereda
 
Haakon glosó algunos de los momentos más significativos del reinado de su padre. Recordó cómo Harald pidió disculpas en nombre del Estado noruego al pueblo sami por décadas de políticas de asimilación forzosa —la prohibición de su lengua, de su religión, el intento sistemático de borrar su identidad—. Un gesto que en su momento fue histórico y que su hijo subrayó como parte del legado más valioso que recibe.
 
Recordó también la respuesta de Harald a los atentados del 22 de julio de 2011, cuando Anders Breivik mató a 77 personas en los peores ataques de la historia moderna de Noruega. Harald estuvo ahí, presente, acompañando a un país en estado de shock, ejerciendo ese papel que las monarquías constitucionales desempeñan mejor que ninguna otra institución cuando lo hacen bien: ser el símbolo humano de la nación en sus momentos más oscuros.
 
Ahora es mi turno
 
El tramo más importante del discurso, desde el punto de vista de la sucesión, llegó cuando Haakon habló de sí mismo. Lo hizo con una sencillez que resulta, en el contexto de una investidura real, casi desarmante. «Ahora que mi padre nos ha dejado, tengo por delante una gran tarea. Siempre nos ha recordado en la familia que cada uno debe hacer las cosas a su manera. Encontrar su propio camino. Ser uno mismo. Sucedió a su padre, el rey Olav, quien a su vez sucedió a su padre, el rey Haakon. Ahora es mi turno».
 
«Ahora es mi turno.» Cuatro palabras que resumen siglos de monarquía hereditaria con una naturalidad que pocas fórmulas protocolarias conseguirían. No hay épica, no hay grandilocuencia. Hay un hombre de cincuenta y tres años que ha pasado toda su vida adulta preparándose para un momento que sabía que llegaría y que, llegado el momento, lo afronta con la sobriedad de quien ya lo tenía asumido.
 
Haakon adoptó el mismo lema que su padre: «Todo por Noruega». Y cerró con las palabras que los reyes noruegos han pronunciado desde hace generaciones: «Que Dios proteja nuestro país». La continuidad en la forma. La incógnita en el fondo: cómo será su reinado, en un mundo que, como él mismo reconoció, «es una vez más inseguro e impredecible de lo que era durante gran parte del reinado del rey Harald».
 
Una nota personal
 
Para quienes seguimos Noruega con el afecto de quien la ha visitado y la ha querido, la muerte de Harald V y el ascenso de Haakon VIII tienen una dimensión especial. Harald fue rey durante toda una era: llegó al trono en 1991, cuando la Guerra Fría acababa de terminar, y lo dejó en un mundo radicalmente distinto. Fue el rey de los Juegos Olímpicos de Lillehammer de 1994, de la bonanza del petróleo, de la tragedia de Utøya y de una sociedad que en estos treinta y cinco años se transformó de maneras que él mismo no podría haber anticipado del todo.
 
Haakon VIII hereda una corona que, como todas las monarquías europeas, tiene que reinventarse permanentemente para seguir siendo relevante en sociedades cada vez más igualitarias y más críticas con los privilegios heredados. Lo que su primer discurso sugiere es que lo intentará desde la misma posición que eligió su padre: la cercanía, la escucha, la humanidad por delante del protocolo.
 
No es poco. Y en Noruega, que es un país que sabe valorar esas cosas, probablemente sea suficiente para empezar.
 

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La liturgia del sol en el norte

(Sunday Poetry Corner)
En los países del norte de Europa el sol es un bien preciado que no se puede disfrutar todos los días. Por eso no es de extrañar que –tras muchos días de cielo gris y lluvia- cuando por fin sale el sol toda la actividad laboral y docente se detiene y la gente, de toda edad y condición, sale a recibir esos rayos de sol como una auténtica bendición.
 
En este poema reflejo esa sensación que siente una joven cuando el sol vuelve a hacer su aparición, y es su perro quien la avisa de tal acontecimiento. Salen las dos alegres a dejarse acariciar por el sol y encuentran que todo el mundo ha hecho lo mismo: la calle es una fiesta porque al fin sus cuerpos y sus almas reciben la bendición del sol.
 
SALE EL SOL
 
Hoy el sol
bañó tu cara
y descubrió la mejor
de tus sonrisas.
 
Te asomaste a la ventana
y él supo enseguida
que saldrías.
Ladró y corrió por el salón
y tiró de ti
con las ansias de salir
a recibir la energía
de ese sol
que escatimó sus rayos
durante tantos días.
 
Hoy es fiesta, sale el sol,
Salen todos, sales tú,
la gente mira hacia arriba
y ofrece su piel intacta
para acoger el calor
del sol, su energía;
almacenarla,
y vivir de su recuerdo
en este largo invierno
que se avecina.
 
La calle es un bullicio,
y tú piensas que algún día
el amor te llegará también
y se adueñará de ti,
como el sol,
en una cálida embestida.
 
COMENTARIO Y ANÁLISIS
Por Gemini
 
La liturgia del sol y el despertar vital
 
En las latitudes septentrionales, donde la luz solar es un bien escaso y codiciado, la aparición del sol tras semanas de cielos plomizos no es simplemente un cambio meteorológico: es un auténtico acontecimiento social y casi religioso. La rutina se paraliza, las calles se transforman y la comunidad entera rinde tributo a la claridad.
 
Este poema captura con exquisita sensibilidad ese tránsito emocional. La obra parte de una escena cotidiana —el aviso de un perro impaciente— para elevarse hacia una celebración colectiva de la vida y culminar en una íntima metáfora sobre la llegada del amor.
 
Análisis métrico y estilístico
 
Ritmo ágil y visual: El poema utiliza versos muy cortos, casi fragmentados en cascada, lo que dota a la lectura de una agilidad y un dinamismo propios de la impaciencia y la alegría desbordada del animal y de la protagonista. Las palabras fluyen como los rayos de sol que irrumpen de golpe tras el nublado.
 
El contraste estacional: La obra establece un diálogo poético entre la urgencia del presente y la previsión del futuro. El sol no es solo un disfrute inmediato, sino una provisión anímica: hay que “almacenarla, / y vivir de su recuerdo / en este largo invierno / que se avecina”. La luz se convierte en memoria para combatir el frío venidero.
 
La complicidad con la naturaleza y los animales: El perro actúa como catalizador y mensajero de la alegría. No es un elemento decorativo, sino el instinto puro que detecta antes que nadie el cambio de ciclo y arrastra a su dueña hacia el exterior.
 
El cierre metafórico: Los versos finales operan un giro lírico brillante. La calidez física del sol que penetra en la piel se funde de manera natural con el anhelo amoroso: "y tú piensas que algún día / el amor te llegará también / y se adueñará de ti, / como el sol, / en una cálida embestida." La luz exterior y la pasión interior quedan así perfectamente hermanadas.
 
Una reflexión final
 
Este poema nos recuerda la profunda conexión entre nuestro estado de ánimo y los ciclos de la naturaleza. Frente al gris de la rutina o la intemperie del invierno, el ser humano busca instintivamente el calor, la compañía y la esperanza. Una pieza luminosa que celebra las pequeñas grandes epifanías de lo cotidiano.
 
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sábado, 29 de agosto de 2026

El eterno retorno de la utopía islandesa: ¿qué fue de aquella Constitución 2.0 hecha por los ciudadanos?

Hace unos años, concretamente en 2011, el mundo miraba hacia el norte con una mezcla de fascinación y envidia. Mientras media Europa se ahogaba en recortes y rescates financieros a raíz de la crisis de 2008, en Islandia decidieron hacer algo insólito: sacudirse los fantasmas del pasado económico y reescribir su Carta Magna desde cero, utilizando las redes sociales como foro público y abriendo las puertas a la participación directa de sus ciudadanos.
 
(AZprensa) ¿Una nueva Constitución redactada por los propios ciudadanos del país? Suena a utopía ¿no? Y sin embargo sucedió en Isalndia en 2011 y hoy vamos a recordar aquella revolución digital pacífica para dotar al país de una democracia del siglo XXI; porque, echando la vista atrás y analizando el recorrido hasta hoy, conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿en qué quedó realmente aquel famoso experimento democrático?
 
La eufórica primavera digital de 2011 
 
Para refrescar la memoria, la gesta islandesa fue digna de titular global. Un consejo de 25 ciudadanos corrientes —lejos de las élites tradicionales de los partidos— redactó un borrador constitucional apoyándose masivamente en Facebook, YouTube y Flickr. Cualquier vecino podía volcar sugerencias sobre sostenibilidad ambiental, derechos sociales o límites al poder político. Aquel texto pasó por un referéndum consultivo donde cerca de dos tercios de los votantes dieron su visto bueno.
 
Paralelamente, el país vivía un tsunami judicial: los banqueros responsables de la bancarrota nacional se enfrentaban a tribunales y penas de cárcel reales, algo inaudito en el tablero internacional. Todo parecía encajar en una narrativa de cuento de hadas democrático. 
 
La realidad de los despachos: el parón institucional
 
No obstante, la teoría del "pueblo legislador" choca habitualmente con la maquinaria pesada de la política de partidos. Aunque el borrador se entregó con ilusión al Alþingi (el Parlamento islandés), la tramitación formal se fue empantanando entre divisiones partidistas, debates jurídicos sobre su validez y la resistencia soterrada de los sectores más conservadores, que defendían que una constitución debe redactarse en el parlamento y no mediante dinámicas asamblearias.  Con el paso de los años, los sucesivos gobiernos han ido posponiendo la adopción integral de aquel texto. Si bien la revolución 2.0 sirvió para sacudir conciencias, modernizar el debate público y demostrar que la ciudadanía digital exigía transparencia, la constitución oficial de 1944 —con sus múltiples parches y reformas parciales— sigue vigente en lo fundamental.
 
El sueño del texto "coproducido en internet" se quedó atascado en un limbo legislativo del que los partidos tradicionales no han querido (o sabido) sacarlo del todo. ¿Significa esto que todo fue un quiero y no puedo? Ni mucho menos. El gran valor de aquel hito islandés no fue un texto legal perfecto esculpido en piedra digital, sino el precedente. Demostró que las sociedades pueden exigir canales de participación radicalmente abiertos cuando las instituciones tradicionales quiebran la confianza pública.  Islandia sigue siendo un referente en libertades, calidad democrática e índices de desarrollo, y hoy en día sus debates políticos giran hacia otros frentes geopolíticos y económicos. Pero al recordar aquel experimento de 2011 nos queda una lección muy clara: las herramientas tecnológicas para cambiar la democracia ya las tenemos en la mano; el verdadero cuello de botella sigue estando en la voluntad de quienes detentan el poder para cederlo.
 
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viernes, 28 de agosto de 2026

Un viaje obligado

Este es un viaje que vas a hacer, quieras o no. Siendo así ¿no sería mejor que leyeras algo sobre el destino al que vas a llegar?

 
(AZprensa) El verano es la época por excelencia de los viajes y también de la «lectura para los viajes». Si nos vamos de vacaciones y disponemos de más tiempo libre, tendremos igualmente tiempo para leer. Ambas cosas —viajes y lectura— suelen ir de la mano. Y si además viajamos en avión o en tren, la cosa mejora aún más: las interminables esperas antes de embarcar son la plataforma ideal para transformar esos minutos —a veces horas— de aburrimiento y desesperación en un rato agradable en cuanto abrimos las páginas del libro que nos acompaña. Y que debería acompañarnos siempre, dicho sea de paso.
 
Pero hablando de viajes, hay uno que todos vamos a hacer. Sí, tú también. El último viaje: aquel en que nos despediremos de este mundo y pasaremos a otro estado de consciencia. «¡Vaya, ya me estás fastidiando las vacaciones con cosas desagradables!», pensará alguno. Pues no. Está completamente equivocado. Porque ese «último viaje» no tiene nada de lúgubre ni de triste: está lleno de luz, de alegría, de esperanza y hasta de buen humor. Lo verdaderamente lúgubre, si uno se para a pensarlo, es este mundo material en el que estamos ahora mismo. Lo que viene después es infinitamente mejor.
 
Y hay además una razón muy práctica para no mirar hacia otro lado: ¿de qué sirve negar que vamos a hacer ese último viaje si lo vamos a hacer de todas formas? ¿No sería mucho más sensato, antes de partir, consultar una buena guía de viajes para saber qué nos vamos a encontrar al otro lado? Pues eso, exactamente, es el libro Tu último viaje: una guía que muestra paso a paso qué nos espera en ese nuevo destino. Y lo que te espera, te lo anticipo, es tan extraordinario que acabarás deseando llegar cuanto antes.
 
Piénsalo así: ahora mismo estás en el andén de una estación de tránsito, esperando el tren que te llevará a tu destino de vacaciones. ¿Acaso no estás impaciente y lleno de ilusión por ponerte en marcha? Pues el último viaje no es otra cosa que ese mismo tren, pero con un destino todavía mejor.
 
Si te interesa la guía, aquí la tienes. Te aseguro que está ampliamente documentada, y que la lectura no te dejará indiferente:


Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac

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