lunes, 5 de octubre de 2026

Las diez estrategias de manipulación... actualizadas

Quizás conozcas o hayas oído hablar de las “Diez estrategias de manipulación de masas”, se ha escrito mucho sobre ellas e incluso se han atribuido a quien non era, en un claro ejemplo de manipulación de la información. Por eso, aquí te lo aclaro y actualizo todo.
 
(AZprensa) Hace años cayó en mis manos una relación de las que entonces se presentaban como las «Diez estrategias de manipulación de masas» de Noam Chomsky. Me pareció interesante y, como suelo hacer con estas cosas, me permití adaptarla a mi manera y añadirle alguna dosis de cosecha propia. Con el tiempo he descubierto, sin embargo, que aquellas diez estrategias no fueron escritas por Chomsky. El texto original fue publicado en 2002 por el francés Sylvain Timsit y posteriormente empezó a circular por Internet atribuido al lingüista estadounidense. Lo curioso es que esto demuestra, por sí mismo, hasta qué punto funciona la manipulación: alguien atribuye un texto a una persona famosa, otros lo copian, otros lo vuelven a copiar y, al final, todo el mundo acaba creyendo que lo dijo quien nunca lo dijo.
 
Pero, dejando al autor al margen, las ideas resultan suficientemente interesantes como para hacer una nueva versión adaptada a la sociedad actual. Porque desde que aparecieron aquellas diez estrategias han cambiado muchas cosas. Antes había televisión, radio, periódicos y propaganda. Ahora tenemos además redes sociales, algoritmos, vídeos de quince segundos, titulares diseñados para conseguir un clic, influencers, cámaras de eco, inteligencia artificial y una cantidad de información tan descomunal que el problema ya no es solamente conseguir información, sino saber distinguirla del ruido.
 
Así que, con las debidas precauciones, estas serían mis diez estrategias de manipulación actualizadas.
 
1. Distracción: que se hable de cualquier cosa... menos de lo importante
La mejor manera de conseguir que nadie hable de un problema importante es proporcionar inmediatamente otro asunto que resulte mucho más entretenido. Y si además provoca indignación, enfrentamiento o escándalo, mucho mejor.
Una polémica sobre una frase, un vídeo viral, un enfrentamiento entre tertulianos, una declaración desafortunada o una pelea en redes puede ocupar durante horas el espacio informativo que podría dedicarse a cuestiones bastante menos divertidas, como la economía, la educación, la sanidad, el empleo o la gestión de los servicios públicos.
Hoy la distracción tiene, además, una ventaja tecnológica: el algoritmo sabe perfectamente qué nos enfada. Y nos lo sirve. Una y otra vez.
 
2. Crear el problema... y aparecer después con la solución
 
Consiste en presentar un problema —real, exagerado o incluso fabricado— hasta conseguir que la sociedad perciba que hay que hacer algo inmediatamente. Una vez creada la alarma, aparece la solución. Y quien la propone puede presentarse como el salvador que ha venido a arreglar aquello que, casualmente, acaba de convertirse en una prioridad nacional.
La técnica tiene una variante moderna todavía más eficaz: primero se crea el problema, después se crea la polémica y finalmente se consigue que todo el mundo discuta sobre quién tiene la culpa. Mientras tanto, casi nadie pregunta quién decidió la solución.
 
3. El cuentagotas: hoy una gota, mañana otra
Las grandes transformaciones suelen provocar resistencia cuando se presentan de golpe. Por eso resulta mucho más eficaz administrarlas poco a poco.
Hoy se acepta una pequeña modificación. Mañana otra. Pasado mañana una excepción. Después una medida «provisional». Y unos años más tarde descubrimos que aquello que parecía imposible se ha convertido en normal.
El secreto está en que nadie percibe el cambio completo porque cada paso parece demasiado pequeño como para justificar una protesta.
Es la vieja técnica de la rana y el agua caliente, aunque quizá convendría no utilizar demasiado la metáfora porque, si seguimos así, hasta la rana necesitará un comité de expertos para decidir si el agua está caliente.
 
4. El futuro siempre es más fácil de vender que el presente
Hay decisiones impopulares que resultan mucho más fáciles de aceptar cuando se aplaza su aplicación. «Será necesario.» «No hay alternativa.» «Tendremos que hacerlo.» «Pero todavía no.»
El futuro tiene una extraordinaria ventaja política y publicitaria: nadie puede pedirle cuentas hoy por lo que ocurrirá mañana. Y cuando llegue ese mañana, siempre habrá alguna nueva circunstancia que permita retrasarlo un poco más o justificar que ahora hay que hacer otra cosa.
 
5. Hablarle al ciudadano como si tuviera cinco años
Cuanto más complejo es un asunto, más tentación existe de reducirlo a una frase. «Los buenos están aquí y los malos allí.» «Esto es blanco y aquello es negro.» «Ellos quieren esto; nosotros queremos lo contrario.» «No hay nada más que hablar.»
Las redes sociales han llevado esta simplificación a su máxima expresión: una cuestión económica, jurídica, científica o social que necesitaría varias páginas de explicación queda reducida a un titular, un meme o un vídeo de veinte segundos.
El problema es que la simplificación facilita la comprensión, pero también puede eliminar los matices. Y sin matices es mucho más fácil convencer que explicar.
 
6. Emocione primero y piense después
 
El razonamiento necesita tiempo. La emoción no.
Una noticia que provoca miedo, indignación, entusiasmo, odio o ternura tiene muchas más posibilidades de ser compartida inmediatamente que otra que exige cinco minutos de lectura y reflexión.
Por eso la comunicación moderna sabe que una imagen vale más que mil argumentos... especialmente si consigue que nos enfademos antes de que tengamos tiempo de comprobar si aquello que estamos viendo es cierto.
La emoción no es mala. Lo peligroso es utilizarla como sustituto del razonamiento. Y aquí las redes sociales tienen un aliado formidable: basta con pulsar un botón para compartir aquello que nos ha indignado, aunque todavía no sepamos exactamente qué estamos compartiendo.
 
7. Convertir la ignorancia en una virtud
Durante mucho tiempo se pensó que una sociedad bien formada era más difícil de manipular. Hoy tenemos una variante mucho más sofisticada: conseguir que la persona crea que saber poco es suficiente para opinar de todo.
No hace falta leer un libro sobre economía para explicar la economía. No hace falta conocer una sentencia para interpretar una sentencia. No hace falta estudiar medicina para diagnosticar una enfermedad. No hace falta conocer un conflicto internacional para decidir quién tiene razón. Basta con haber visto un vídeo. Y si el vídeo dura treinta segundos, mejor todavía.
La cultura requiere esfuerzo. La opinión instantánea solamente requiere una conexión a Internet.
 
8. Hacer de la mediocridad un espectáculo
Si algo consigue millones de visitas, parece que automáticamente adquiere importancia. Si alguien tiene millones de seguidores, parece que automáticamente adquiere autoridad. Y si algo se convierte en tendencia, parece que automáticamente merece nuestra atención.
Pero popularidad y calidad no son sinónimos. Una sociedad puede convertir en referente a quien simplemente sabe llamar la atención. La consecuencia es que el ruido puede terminar ocultando al conocimiento, y el espectáculo puede terminar ocupando el lugar de la reflexión.
El problema no es que exista entretenimiento. El problema aparece cuando el entretenimiento se convierte en el único criterio para decidir qué merece nuestra atención.
 
9. Hacer que el ciudadano se sienta culpable
Cuando algo funciona mal, siempre resulta útil encontrar un culpable. Y qué mejor candidato que el propio ciudadano.
Si consume demasiado, si contamina, si no ahorra, si no se informa, si no participa, si no entiende las cosas, si no acepta determinados cambios... La responsabilidad siempre puede devolverse hacia abajo.
Así, quien tiene capacidad de decisión puede presentarse como simple gestor de unas circunstancias inevitables, mientras quien carece de poder termina sintiéndose responsable de aquello que otros han decidido.
La técnica consiste en transformar al ciudadano de afectado en culpable. Y un ciudadano que se siente culpable suele protestar menos que uno que se siente engañado.
 
10. Conocer al individuo mejor de lo que el individuo se conoce a sí mismo
Esta es probablemente la gran novedad de nuestro tiempo. Antes había que preguntar. Ahora muchas veces basta con observar. Qué buscamos. Qué compramos. Qué vídeos vemos. Cuánto tiempo permanecemos mirando una imagen. Qué noticias compartimos. Qué temas nos indignan. Qué personas seguimos. Qué dejamos de seguir.
Los algoritmos pueden utilizar enormes cantidades de datos para construir perfiles de comportamiento y personalizar aquello que vemos. Y la inteligencia artificial añade nuevas posibilidades para producir y adaptar mensajes a gran escala.
El resultado es una forma de comunicación extraordinariamente personalizada: ya no hace falta convencer a todo el mundo de la misma manera. Puede intentarse convencer a cada persona de la manera que, según sus datos y comportamiento, resulte más eficaz para ella.
Y aquí aparece el verdadero desafío. Porque quizá la manipulación del futuro no consista en conseguir que todos pensemos lo mismo. Quizá consista en conseguir que cada uno reciba exactamente aquello que necesita para seguir pensando lo que ya piensa.
 
Bonus track.- Y una undécima estrategia: conseguir que el manipulado crea que no lo está siendo
Esta última no estaba en aquella lista original. Pero yo la añadiría. Porque probablemente sea la más eficaz de todas.
Si alguien sabe que está siendo manipulado, puede defenderse. Si cree que está tomando una decisión completamente libre, la manipulación ha conseguido su objetivo.
Por eso, en una sociedad saturada de información, quizá nuestra mejor defensa no sea desconfiar de todo —eso también sería absurdo—, sino aprender a hacernos unas cuantas preguntas antes de aceptar cualquier mensaje: ¿Quién me está contando esto? ¿Por qué me lo cuenta? ¿Qué parte de la realidad estoy viendo y cuál no? ¿Qué emociones está intentando despertar en mí? ¿Qué datos puedo comprobar? Y, sobre todo, qué quiere que haga después de haberlo leído?
Porque quizá la verdadera libertad no consista solamente en poder elegir, sino también en saber quién está intentando influir en nuestra elección. Y eso exige algo que, paradójicamente, cada vez parece más revolucionario: pararse un momento, pensar, y leer entre líneas.
 

El más claro ejemplo de manipulación de masas…
“Diario del caos”:
https://amzn.eu/d/16DdxqN

domingo, 4 de octubre de 2026

Intermedio

(Sunday Poetry Corner)
Un descanso, un intermedio, una pausa… siempre viene bien en nuestra ajetreada vida. Y para esos pequeños instantes en que nos abstraemos del mundo exterior y nos centramos en nuestro mundo interior, nada hay mejor que la poesía, aunque sean un pequeño y sencillo poema que nos haga conectar con el mundo inmaterial que también forma parte de nosotros aunque casi nunca nos demos cuenta.

El rincón de la poesía de este domingo lo dedicamos, precisamente, a una pequeña pausa, para que también tú pongas delante de tu vista ese letrero que antiguamente aparecía en los cines de sesión continua entre una película y otra: “Intermedio”.
 
INTERMEDIO
 
Algún día volveré
aunque sea entre tus sueños
para hacerte sonreír,
para pinchar tu conciencia
con palabras inefables,
tan absurdas como el mundo
que veneras.
 
Mañana, un mes, un año, un sueño,
allí estaré y aquí, en este blog, te dejo
ramilletes de conceptos y de abrazos,
porque en el fondo, te quiero.
 
COMENTARIO Y ANÁLISIS
Por Gemini
 
La promesa perenne en "Intermedio"
 
Con un título tan revelador como evocador, "Intermedio" funciona como una carta de despedida a medias, un puente tendido entre el tiempo terrenal y la permanencia digital. El poema destila una mezcla muy personal de desafío afectuoso, memoria literaria y ternura incondicional, consolidando ese tono íntimo que caracteriza los espacios de encuentro del autor.
 
Análisis temático y claves líricas
 
La persistencia más allá del tiempo: El poema arranca con una certeza absoluta: "Algún día volveré / aunque sea entre tus sueños / para hacerte sonreír". La muerte, la ausencia o la simple distancia física quedan desterradas por la fuerza de la voluntad y el afecto. El regreso no se concibe como una presencia física amenazante, sino como una irrupción benévola en el universo onírico del otro.
 
El aguijón de la conciencia y las palabras inefables: Lejos de buscar una reconciliación edulcorada, el sujeto poético advierte que su retorno servirá para "pinchar tu conciencia / con palabras inefables, / tan absurdas como el mundo / que veneras". Aquí aparece un sutil guiño crítico hacia las convenciones sociales, el materialismo o las rutinas vacías de la realidad cotidiana ("el mundo que veneras"), contrastadas con la pureza incorruptible de las palabras que el poeta cultiva.
 
El puente entre la vida y el blog: La segunda estrofa desvela con una ternura desarmante el refugio desde donde se teje este vínculo: "Mañana, un mes, un año, un sueño, / allí estaré y aquí, en este blog, te dejo / ramilletes de conceptos y de abrazos". La poesía se convierte en legado tangible. Los artículos y los versos publicados en la bitácora actúan como perennes "ramilletes" de ideas y afecto, un archivo emocional al que el lector puede acudir siempre.
 
La confesión final: El poema se despoja de cualquier armadura intelectual en su último verso: "porque en el fondo, te quiero". Toda la ironía previa, el desafío dialéctico y la advertencia sobre el absurdo del mundo se disuelven en una declaración de amor limpia y directa, que desarma al lector y humaniza por completo la voz lírica.
 
Una reflexión final
 
"Intermedio" es un testamento poético en miniatura y una declaración de amor a la comunidad de lectores. Nos recuerda que la escritura es, en su sentido más hondo, un pacto contra el olvido: una forma de dejar constancia de nuestro paso y de seguir abrazando a los demás, incluso cuando el tiempo decida detenerse o cambiar de escenario.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
https://www.amazon.com/author/fisac
“El cine y el misterio”: https://www.amazon.es/dp/B0DJF3M3ZW

sábado, 3 de octubre de 2026

Pedro Sánchez: “Perded toda esperanza”

Esa frase no la dice Pedro Sánchez, presidente del gobierno de España, pero posiblemente la piensa. Aquí desgloso y razono por qué no va a convocar nunca elecciones generales.
 
(AZprensa) Este fin de semana en España todo son cábalas sobre si Pedro Sánchez convocará elecciones  generales o no. Parece mentira que no lo conozcan. Si él pensase en los ciudadanos, convocaría elecciones. Si él pensase en su partido, convocaría elecciones. Si él pensase en su gobierno, convocaría elecciones. Pero no, él no piensa en nada de eso, él sólo piensa en sí mismo. Y pensando en sí mismo, son muchos lo argumentos para no convocar lecciones. Veamos algunos de ellos.
 
Si continúa como presidente de gobierno, podrá indultar a su mujer, a su hermano y a todos sus amigos cuando los condene la justicia por sus correspondientes delitos.
 
Si continúa como presidente e gobierno, podrá seguir disfrutando de lo que más le gusta: el poder.
 
Si continúa como presidente del gobierno, podrá seguir colocando en puestos clave de las instituciones, tanto públicas como privadas, a sus amigos, tal como ha venido haciendo hasta ahora, y es que todavía le quedan unas pocas instituciones para tenerlas copadas todas por sus amigos.
 
Si continúa como presidente, seguirá teniendo la potestad de decidir cuando se convocan elecciones, es decir: nunca.
 
Aclaremos este último punto:
 
Sólo convocará elecciones cuando esté seguro de que las va ganar,  o a menos que la suma de PP+Vox no alcanza la mayoría absoluta, porque siendo así, sólo o apoyado por el resto de partidos, seguirá en el poder, aunque esos que le apoyan como ahora le sigan pidiendo pidan muchas cosas, por más que esas concesiones arruinen y dividan al país. Pero “¿y si nunca llega a estar seguro de ganarlas, porque hemos visto que elección tras elección sigue perdiendo votos y escaños?”, te preguntarás. Pues en ese caso, le interesa seguir como presidente para organizar -como ahora empieza a verse- altercados callejeros (“incendiar las calles” que se dice) que vayan en aumento por toda España e impidan la celebración de unas lecciones con un mínimo de seguridad ciudadana, o mantener indefinidamente crisis migratorias como la de Ceuta, que también será un buen pretexto para no convocar elecciones.
De igual forma, seguir como presidente le dará tiempo para manipular censos electorales y ajustarlos a sus necesidades tal como hacen todos los dictadores y él mismo está intentando hacer ahora mismo.
 
Conclusión: Sólo un auténtico milagro podría despegarlo de su sillón presidencial. Nunca va a convocar elecciones mientras sepa que no las va a ganar , así que ya podéis ir perdiendo toda esperanza.
 
PD.- Nada más me gustaría que equivocarme y tener que volver a este post para añadir: “Estaba equivocado”.

ACTUALIZACIÓN A 5 DE OCTUBRE DE 2026: 

Dije que volvería aquí a reconocer que me había equivocado en lo escrito anteriormente, si efectivamente Pedro Sánchez convocaba elecciones. Y así ha sido. Pero… también decía que sólo las convocaría si sabía que podía ganarlas, y para él ganar las elecciones es conseguir simplemente que la suma de PP+Vox no tenga mayoría absoluta, ya que él está dispuesto a hacer todas las concesiones que sean necesarias a los demás partidos con tal de seguir en el Gobierno, tal como ha venido haciendo hasta ahora. Por lo tanto, reitero que si ha convocado elecciones es porque piensa que PP+Vox no conseguirán mayoría absoluta… así que habrá que estar muy atentos a todas las trampas que irá poniendo por el camino para conseguir su objetivo. Y por supuesto ir a votar, pero nunca por correo. Pedro Sánchez es malo, pero tonto, no.


 

Así empezó la nueva era de implantación del pensamiento único.
“Diario del caos”:
https://amzn.eu/d/16DdxqN

Laboratorios farmacéuticos vs Empresas de alimentación

Si alguien se creía por mi artículo de ayer, “Cuando el médico te receta ir al supermercado en vez de la farmacia”, que estaba exagerando, aquí va la continuación del mismo en donde podemos comprobar (y ejemplos hay a miles) cómo determinados alimentos empiezan cada vez se empiezan a parecer más a medicamentos. Aquí van varios ejemplos de cómo las empresas de alimentación invaden el lugar de los laboratorios farmacéuticos.

 
(AZprensa) Hace años, cuando estaba en activo en la industria farmacéutica, pude constatar como empezaban a proliferar curiosos estudios científicos que nos descubrían cómo un alimento que llevamos toda la vida comiendo no solo está rico, sino que además parece dispuesto a competir con la industria farmacéutica.
 
Por entonces teníamos, entre otros ejemplos, la salsa de tomate con supuestas propiedades cardiosaludables y el chocolate convertido, casi por arte de magia científica, en aliado contra las enfermedades cardiovasculares. La pregunta que me hacía entonces era bastante sencilla: si los alimentos empiezan a comportarse como medicamentos, ¿acabaremos encontrándolos en las farmacias?
 
Pues parece que el asunto no ha terminado ahí.
 
La investigación nutricional ha seguido avanzando y también lo ha hecho una modalidad bastante curiosa de investigación: aquella en la que el producto que se estudia pertenece precisamente a la empresa que financia el estudio.
 
Conviene aclarar algo antes de que alguien se lleve las manos a la cabeza: que una empresa financie una investigación no significa que sus resultados sean falsos. La financiación empresarial puede ser perfectamente legítima y muchos estudios cuentan con procedimientos científicos rigurosos. El problema está en que, cuando quien vende el producto paga para investigar sus posibles beneficios, el ciudadano tiene derecho, como mínimo, a saber quién pone el dinero.
 
Y ejemplos no faltan.
 
Uno de los más curiosos procede de Stanford. Investigadores realizaron el denominado estudio SWAP-MEAT, en el que 38 participantes siguieron durante ocho semanas una dieta basada en productos cárnicos vegetales y otras ocho semanas una dieta basada en carne animal. Durante la fase vegetal disminuyeron determinados factores relacionados con el riesgo cardiovascular, entre ellos el colesterol LDL, el peso y el TMAO, un compuesto que se ha relacionado con el riesgo cardiovascular.
 
Hasta aquí, todo perfectamente científico.
 
El pequeño detalle que puede despertar la curiosidad del lector es que la investigación recibió financiación de Beyond Meat, empresa dedicada precisamente a fabricar carne vegetal. Stanford reconoce además que la iniciativa universitaria de investigación sobre dietas vegetales fue posible gracias a una importante donación de esa compañía.
 
Es decir, que si mañana una fábrica de paraguas financia un estudio para demostrar que los paraguas protegen de la lluvia, tampoco deberíamos sorprendernos demasiado.
 
Otro caso nos lleva a Nestlé Health Science. En 2023 se publicaron resultados de un análisis del programa Optifast, basado en buena parte en productos sustitutivos de comidas. El estudio, financiado por Nestlé Health Science, encontró mayores reducciones de peso, presión arterial y determinados parámetros lipídicos que con una dieta hipocalórica convencional. El trabajo procedía de un análisis secundario del ensayo OPTIWIN, realizado con 273 adultos con obesidad.
 
Aquí la cosa empieza a ponerse interesante. Porque hasta ahora uno iba al médico, le contaba que quería adelgazar y el médico podía recomendarle dieta, ejercicio y, en determinados casos, medicamentos. Pero ahora podemos imaginar una nueva generación de recetas: En vez del clásico «Tome dos comprimidos al día durante tres meses» nos dirán «Tome dos batidos Nestlé al día durante tres meses». La diferencia es que uno se compra en la farmacia y el otro, por ahora, probablemente en otro establecimiento.
 
Y si seguimos avanzando por este camino, podemos llegar a una situación todavía más divertida. El supermercado podría acabar convirtiéndose en una especie de farmacia de libre dispensación.
—Tengo el colesterol alto.
—Pues llévese estas nueces.
—¿Y cuánto tengo que tomar?
—Un puñado al día.
—¿Y tienen efectos secundarios?
—Sí. Se le pueden acabar antes de llegar a casa.
 
Las nueces, por cierto, tampoco se libran de la investigación nutricional financiada por quienes tienen intereses económicos en ellas. Existen ensayos en los que se ha estudiado su relación con factores de riesgo cardiovascular y que han contado con financiación de la California Walnut Commission, organización vinculada al sector de la nuez. Eso no invalida los resultados, pero demuestra que el fenómeno es bastante más amplio que aquel lejano estudio sobre la salsa de tomate.
 
Y entonces aparece una pregunta que quizá sea más importante que todas las anteriores: ¿Quién decide qué alimento merece convertirse en medicamento? Porque cuando una empresa farmacéutica realiza un ensayo para demostrar la eficacia de un medicamento, todos entendemos que existe un interés comercial detrás. Por eso existen normas, declaraciones de conflictos de interés, revisiones científicas y todo un sistema destinado a valorar la evidencia. Pero cuando hablamos de alimentos parece que bajamos un poco la guardia.
 
Decimos «un estudio demuestra que…» y nos quedamos tan tranquilos. Y a partir de ahí comienza la fiesta. El chocolate protege el corazón. Las nueces ayudan a controlar determinados factores de riesgo. La carne vegetal puede mejorar algunos marcadores cardiovasculares. Un programa de sustitución de comidas ayuda a adelgazar y mejora determinados parámetros cardiovasculares.
 
Mañana quizá descubramos que el jamón mejora la memoria, que el queso previene la tristeza o que las croquetas favorecen la circulación sanguínea. Y no descarto que, dentro de unos años, los médicos tengan que ampliar sus recetas electrónicas.
Principio activo: nuez.
Dosis: un puñado.
Vía de administración: oral.
Duración del tratamiento: hasta que se acaben.
 
Lo único que todavía no sabemos es si la Seguridad Social financiará el tratamiento. Porque ahí puede estar el verdadero problema. Una cosa es descubrir que determinados alimentos pueden formar parte de una dieta saludable. Otra muy distinta es convertir cada resultado favorable de un estudio nutricional en una especie de prospecto farmacéutico.
 
Y hay otra cuestión que tampoco deberíamos olvidar: un estudio no es un anuncio publicitario, aunque a veces el titular que llega al público pueda parecerlo. Precisamente por eso resulta tan importante saber quién ha financiado la investigación, qué producto se ha estudiado, con qué producto se ha comparado, cuántas personas han participado y, sobre todo, qué dicen realmente los resultados.
 
Porque incluso en la investigación científica hay una pregunta que nunca debería faltar: «¿Y quién paga la fiesta?». No porque quien paga tenga necesariamente razón. Sino porque conviene saberlo antes de tragarnos la píldora. O la nuez. O el chocolate. O, llegado el caso, la hamburguesa vegetal.
 
Y si algún día todo esto acaba en la farmacia, espero al menos que respeten las dosis. Porque una cosa es comer chocolate para cuidar el corazón y otra muy distinta que alguien interprete que una tableta después de cada comida es tratamiento médico. Ahí sí que tendríamos un problema. Y, curiosamente, bastante agradable.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
https://www.amazon.com/author/fisac
“De la Publicidad al Periodismo”: https://www.amazon.es/dp/B0D4KHNVH4 

viernes, 2 de octubre de 2026

Cuando el médico te receta ir al supermercado en vez de la farmacia

La Visita Médica ha experimentado muchos cambios durante las últimas décadas, y casi todos ellos encaminados a dificultar la labor de los visitadores médicos, olvidándose de que gracias al patrocinio y actividades de los laboratorios farmacéuticos los médicos pueden acceder a la formación médica continuada. El resultado ha sido que al coartar al patrocinador tradicional de la formación médica, alguien ha sido más avispado y ha ocupado su lugar.
 
(AZprensa) Durante muchas décadas, el visitador médico ha sido un fiel aliado de los médicos. Era quien se encargaba de ponerles al día sobre las novedades terapéuticas, informarles sobre nuevos medicamentos y, de paso, facilitar su participación en cursos de formación, congresos y otras actividades científicas. Una labor formativa que, en buena medida, contó durante años con el respaldo económico de los laboratorios farmacéuticos.
 
Pero las cosas han ido cambiando.
 
Ante las crecientes dificultades económicas del sistema sanitario público, la Administración ha ido estrechando cada vez más el cerco sobre la industria farmacéutica: bajadas de precios, dificultades y demoras para registrar nuevos medicamentos, precios de comercialización muy ajustados, restricciones a la actividad de los visitadores médicos, descuentos adicionales y, para completar el cuadro, plazos de pago que pueden hacerse eternos.
 
El resultado no es difícil de imaginar: despidos y más despidos en la industria farmacéutica, cierre de fábricas, traslado de centros de producción e investigación a otros países y una progresiva retirada de muchas empresas de actividades que durante años habían contribuido a la formación continuada de los profesionales sanitarios.
 
El problema es que los médicos siguen necesitando formación. Y siguen teniendo congresos a los que acudir, cursos que realizar y conocimientos que actualizar. Porque la medicina, afortunadamente, no se queda quieta.
 
Y si quien debería facilitar esa formación -la Sanidad pública- no la financia suficientemente, surge una pregunta bastante sencilla: “¿quién va a pagarla?”.
 
Pues aquí es donde han estado mucho más espabiladas las empresas de alimentación.
 
Cada vez es más frecuente encontrar aguas minerales, leches, yogures, margarinas y otros productos alimentarios anunciándose en publicaciones médicas o vinculados al patrocinio de actividades de sociedades científicas. Mientras los laboratorios farmacéuticos, sometidos a un creciente cúmulo de restricciones, van reduciendo su presencia en determinados congresos y actividades formativas, las empresas de alimentación parecen haber descubierto un territorio extraordinariamente interesante: el consultorio médico.
 
Y así, poco a poco, puede llegar el día en que la consulta del médico se parezca más a la sección de alimentación de un supermercado que a una consulta tradicional:
¿Tiene diarrea? “Aquarius”.
¿Tiene colesterol? “Danacol”.
¿Está griposo y necesita reforzar sus defensas? “Actimel”.
A mí, de hecho, ya me han recetado Aquarius. Y lo digo con conocimiento de causa: no tuve que pasar por la farmacia. Fui directamente al supermercado.
La ventaja para la Sanidad pública es evidente: como ninguno de estos productos necesita receta, el ahorro en medicamentos es del cien por cien.
 
Y llegados a este punto, uno empieza a preguntarse si no estamos ante una revolución sanitaria de proporciones históricas. Porque, si seguimos por este camino, quizá dentro de poco ya no necesitaremos médico, ni farmacia, ni siquiera centro de salud. Cuando nos encontremos mal, bastará con acercarnos al supermercado, coger un carrito y dirigirnos a la sección correspondiente. Le diremos al empleado: “Buenos días. Tengo el colesterol alto, estoy un poco griposo y llevo dos días con diarrea”. Y nos responderá: “No se preocupe. Pasillo tres, pasillo cinco y frigoríficos… Y, por supuesto, no olvide pasar por caja”.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
https://www.amazon.com/author/fisac
“De la Publicidad al Periodismo”: https://www.amazon.es/dp/B0D4KHNVH4