(AZprensa) Siempre estamos dando vueltas a lo mismo: manifestaciones,
pancartas y exigencias para ampliar aún más la Ley del aborto. “¡Más
derechos!”, gritan. “¡Menos límites!”. Ante tanto consenso, he decidido aportar
un punto de vista original y, espero, lo suficientemente inteligente como para
que el lector no se escandalice demasiado.
La actual ley establece plazos. Hasta cierta semana se
puede abortar con total libertad, después se ponen algunas trabas. Pero yo me
pregunto: ¿por qué poner límites si es prácticamente imposible determinar con
exactitud cuántas semanas tiene un feto? ¿Media semana de diferencia? ¿Un día
más o menos? ¿Un minuto más o menos? ¿De verdad vamos a basar un “derecho” en
algo tan impreciso?
Si según los defensores más radicales es imposible saber
el momento exacto en que un feto “pasa a ser humano”, entonces cualquier plazo
es arbitrario e injusto. Un segundo antes del límite el feto no merece
protección, pero un segundo después sí. Absurdo, ¿verdad?
Por eso, desde aquí reclamo con total coherencia la
abolición total de todos los plazos. El aborto debe ser libre, sin
restricciones de edad gestacional. A las 3 semanas, a las 30 semanas… o a los 3
años. ¿Por qué no? Y ya puestos, también a los 17 años. O a los 45. Imaginad
qué mundo tan maravilloso sería: cada vez que tu hijo adolescente llegue tarde
un viernes, conteste mal y te ponga de los nervios, ¡solución inmediata! Os
vais tranquilamente a la clínica y que “se ocupen de él”. ¿Tu hijo de 30 años
sigue viviendo en casa, sin trabajo y sin intención de independizarse? Pues un
aborto tardío en toda regla. Problema resuelto.
Piensa en las ventajas: la población se reduciría
drásticamente, bajarían las listas de espera en la Seguridad Social, habría
vivienda barata para todos y, sobre todo, mucho más trabajo para los pocos que
quedaran vivos. ¡Todos contentos!
Y una vez normalizado el “aborto posnatal” familiar, ¿por
qué detenernos ahí? Deberíamos ampliar el derecho a abortar a cualquiera que
nos moleste: al árbitro que pita penalti en contra, al político de turno, al
vecino que pone la música alta… Cuando solo queden dos personas en el planeta,
que se aborten mutuamente. Total, para lo que hay que ver.
En fin, tanto pensar en esta brillante propuesta me ha
dejado exhausto. Creo que voy a ir a abortarme yo también.
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(AZprensa) Hoy rendimos un homenaje a este libro que
durante muchas décadas, año tras año, llegaba hasta los médicos para
facilitarles la tarea de prescribir medicamentos. En él encontraban todos los
medicamentos con una información completa (composición, principios activos,
acción, indicaciones, contraindicaciones, efectos secundarios, posología, etc.).
A la hora de elegir el más adecuado para cada paciente, encontraban aquí una
lista completa de grupos terapéuticos con los medicamentos disponibles en cada
uno de ellos, así como una lista de enfermedades y la relación de los productos
indicados para las mismas. Años más tarde se incluyeron también medicamentos de
parafarmacia y métodos de diagnóstico, convirtiéndose en un clásico que no
podía faltar en ninguna consulta médica. Durante muchos años, los laboratorios
farmacéuticos regalaron este libro a los médicos, si bien cualquier profesional
sanitario podía comprarlo a la editorial Medicom.
El ejemplar que hoy mostramos es muy especial porque se
trata del último ejemplar impreso. Por caprichos del destino, fue en el año
2009 al cumplirse los 50 años de esta iniciativa editorial, cuando este “Vademecum”
dejó de editarse en papel y sólo sobrevivió al mismo la edición digital.
Por eso, poder contemplar este libro, e incluso
sostenerlo entre las manos y ojear sus más de 2.300 páginas, es un lujo que nos
traslada a una época más humana de la medicina, en la que los enfermos eran
“pacientes” en vez de ser tratados como “clientes” tal como sucede en la
actualidad.
PD.- Si estás interesado en este ejemplar, deja un
comentario.
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(AZprensa) ¿Cuál es realmente la asignatura más importante
de la carrera de Medicina? No es Anatomía, ni Fisiología, ni siquiera
Farmacología. Después de once o más años de formación rigurosa, la que marca la
diferencia entre el reconocimiento económico y profesional o la medianía y la
esclavitud, es el inglés.
Porque, una vez terminada la carrera y (con suerte) el
MIR, lo que espera al joven médico español es un panorama desalentador: sueldos
modestos, contratos temporales encadenados, guardias interminables, consultas
de cinco o seis minutos por paciente, ausencia de tiempo real para actualizar
conocimientos, escasos incentivos para investigar y directrices estrictas que
priorizan los fármacos más baratos por encima de la mejor opción clínica.
A esto se suma la llegada masiva de médicos procedentes de
países extracomunitarios, muchos de ellos con procesos de homologación
acelerados y, en ocasiones, con niveles de formación y exigencia distintos a
los del sistema español. Mientras tanto, miles de nuestros especialistas mejor
preparados optan por hacer las maletas.
Aunque las cifras oficiales de bajas definitivas de
colegiación han descendido (395 médicos en 2024, según la Organización Médica
Colegial), los certificados de idoneidad siguen solicitándose a miles cada año.
Los destinos preferidos continúan siendo Francia, Reino Unido, Irlanda,
Alemania, Suecia, Suiza y Estados Unidos. En países como Suecia, donde
prácticamente toda la población habla inglés, la barrera idiomática
prácticamente desaparece.
El mensaje es claro: si quieres condiciones laborales
dignas, mejor salario, tiempo para formarte y respeto profesional, la solución
más sencilla es irse al extranjero. Y así lo están haciendo cientos de médicos
españoles cada año.
Para los profesionales, representa una salida razonable y,
en muchos casos, la única viable. Para los pacientes españoles, sin embargo, es
la peor noticia posible: una sanidad que pierde a parte de sus médicos mejor
formados y que, al mismo tiempo, incorpora a otros con trayectorias formativas
muy diferentes y en muchos casos cuestionables.
El problema de fondo no ha cambiado en los últimos años:
sobrecarga asistencial crónica, falta de incentivos, precariedad laboral y una
gestión que parece olvidar que un buen sistema sanitario necesita retener a su
talento, no exportarlo.
Mientras el inglés siga siendo la asignatura clave para
poder emigrar con garantías, seguiremos formando excelentes médicos… para que
otros países los disfruten. ¿Hasta cuándo los pacientes españoles van a tolerar
esta situación sin perder la paciencia?
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(AZprensa) En la era de las aplicaciones móviles, los
cursos interactivos y la inteligencia artificial aplicada al aprendizaje,
resulta casi fascinante asomarse a los métodos con los que se enseñaban idiomas
hace más de un siglo. Un antiguo ejemplar de “Gramática inglesa” de 1.888, obra
del profesor Eduardo Martín Peña, nos invita precisamente a ese viaje en el
tiempo, revelando no solo una forma distinta de enseñar, sino también una
mentalidad pedagógica muy alejada de la actual.
Este volumen, que presenta un método teórico-práctico
para hablar inglés y que fue distinguido con Diploma de 1ª clase en la
Exposición Literario-Artística de Madrid de 1.884, refleja el esfuerzo de una
época por sistematizar el aprendizaje de una lengua extranjera cuando aún no
era considerada universal. Sus páginas, densas y minuciosas, combinan
explicaciones gramaticales exhaustivas con ejercicios diseñados para la
memorización y repetición, pilares fundamentales de la enseñanza decimonónica.
Hoy, hojear este libro provoca una mezcla de admiración y
cierta sonrisa. Admiración por el rigor y la dedicación de sus autores, que
buscaban acercar el inglés a estudiantes de habla hispana en un contexto mucho
más limitado que el actual; y sonrisa por la rigidez de sus métodos, que
contrastan con las propuestas dinámicas y comunicativas que predominan en la
enseñanza moderna. Sin audios, sin interacción, sin contexto cultural amplio,
el aprendizaje descansaba casi exclusivamente en la disciplina del estudiante.
Sin embargo, reducir esta obra a una curiosidad
pedagógica sería injusto. Este tipo de libros representa un paso fundamental en
la evolución de la enseñanza de idiomas. Constituyen el cimiento sobre el que
se han construido los métodos actuales y nos recuerdan que el aprendizaje
siempre ha sido un desafío que cada época intenta resolver con sus propias
herramientas.
Más allá de su contenido, el valor de este ejemplar
reside también en su dimensión histórica y emocional. Es testimonio de un
momento en que el inglés comenzaba a abrirse camino en España y en el que la
educación se concebía como un esfuerzo estructurado y exigente. Tener entre las
manos esta “Gramática inglesa” de 1.888 es, en definitiva, sostener una pieza de
historia educativa, un reflejo tangible de cómo hemos aprendido —y de cuánto hemos
cambiado— en nuestra forma de enseñar y aprender lenguas.
PD.- Si estás interesado en este ejemplar, deja un
comentario.
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(AZprensa) Parece el guion de una película de ciencia
ficción o un milagro médico inexplicable, pero los datos son tan reales como
sorprendentes. Ha ocurrido en España: tras una gestación interminable que se prolongó
durante 424 días —casi un año y dos meses—, una madre ha dado a luz a un retoño
que ha pesado nada menos que ocho kilos al nacer.
La historia detrás de este nacimiento está llena de drama,
paciencia y un toque de romance internacional. Durante años, la madre vivió en
una soledad reproductiva que preocupaba a todos los que seguían su caso. Los
intentos por que se quedara encinta fracasaban uno tras otro, y la
incertidumbre empezaba a mellar el ánimo de los expertos.
Sin embargo, el destino cambió en 2023. Fue entonces
cuando entró en escena un fornido sueco. Tras conocerse y congeniar de
inmediato, la chispa saltó y el largo periodo de esterilidad llegó a su fin.
Tras un seguimiento exhaustivo y ecografías periódicas para vigilar un embarazo
tan inusual por su duración, el pasado 29 de marzo la naturaleza siguió su
curso. El pequeño nació con una vitalidad asombrosa, buscando alimento a los
pocos minutos de ver la luz por primera vez.
El hito del
"bebé con trompa"
Llegados a este punto, conviene aclarar los detalles para
no dar un susto innecesario a la Sanidad Pública: la madre se llama Rawa, el
"sueco" es un ejemplar llamado Mekong y ambos son los protagonistas
del éxito más importante de la conservación animal en España este año. Hablamos
del nacimiento del primer tapir malayo en nuestro país, un hito histórico
ocurrido en BIOPARC Fuengirola.
Este "bebé" de ocho kilos y piel moteada no es
solo una cría; es una esperanza de vida para una especie que se asoma al abismo
de la extinción. En todo el planeta quedan menos de 2.500 ejemplares en
libertad.
Una victoria contra
la extinción
El tapir malayo es uno de los mamíferos más desconocidos y
amenazados del sudeste asiático. Su ritmo reproductivo es desesperadamente lento
y la deforestación ha fragmentado tanto su hogar que los ejemplares rara vez
logran encontrarse en la selva. Por eso, que Rawa y Mekong hayan logrado traer
al mundo a esta cría en Málaga sitúa a España en el mapa internacional de la
conservación.
Para que nos hagamos una idea de la magnitud de la
noticia, en la última década se han registrado menos de 25 nacimientos de esta
especie en centros de todo el mundo.
Un futuro
internacional
El pequeño, que ahora descansa bajo la vigilancia
constante de su madre y el equipo de Bioparc, tiene una misión que va más allá
de ser la estrella del centro malagueño. Al ser una joya genética, en el futuro
será trasladado a otro centro europeo para seguir perpetuando su especie.
Así que, efectivamente, no faltábamos a la verdad. Hubo
una gestación de 14 meses, un bebé de ocho kilos y un romance sueco que terminó
en final feliz. Solo faltaba añadir que el protagonista tiene una pequeña
trompa, manchas blancas y es, posiblemente, el recién nacido más importante del
año en España.
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