domingo, 2 de agosto de 2026

Canto (profético) al Guadiana

(Sunday poetry corner)
Me impactó tanto el reciente descubrimiento de que el río Guadiana no ese ese río que desaparece bajo la tierra y vuelve a aparecer, que durante los dos últimos días he publicado aquí dos artículos sobre este error de concepto que ha arrastrado la humanidad por más de dos mil años. Y llegados ahora a un domingo, en donde dedico este espacio a la poesía, he decidido rescatar una poesía dedicada al Guadiana, que escribí cuando tenía 14 años. En cierto modo ha sido profética, puesto que la mano del hombre, lejos de cuidar a este río, se ha dedicado a explotarlo llegando a límites tan exagerados como convertir las tierras de La Mancha en viñedos de regadío. Tanta sobreexplotación de las aguas subterráneas que dan vida a este río y a las Tablas de Daimiel, están poniendo en peligro la supervivencia de este Parque Nacional y el pobre Guadiana tendrá que sobrevivir como pueda. En fin, este es el poema que un joven poeta de 14 años dedicó al Guadiana:
 
CANTO AL GUADIANA
 
Río extenso de La Mancha
que caminas por su seno,
¿cómo es que nadie te admira
siendo el corazón entero?
 
En la tierra de molinos
eres el aspa del suelo,
vas regando los trigales
reflejándose en ti el cielo.
 
Todos los ríos te envidian
por tu esbeltez y belleza.
Nadie sabe agradecer
lo que tú haces a esta tierra.
 
Tú Guadiana te preguntas:
¿Cómo es que nadie te llama?
¿Cómo es que nadie te quiere
y por qué te dan la espalda?
 
Nadie de ti se preocupa,
nadie a saludarte baja,
y tú pasa tristemente
creyendo que nadie te ama.
 
¡Oh, Guadiana! ¡Oh, Guadiana!
Ya nadie está en tus orillas,
sino solo los recuerdos
que tú acoges con sonrisas.
 
Tienes algo que te atrae,
tal vez tus juncos verdosos,
quizá el cauce subterráneo
o tus grandes, bellos, ojos.
 
Lento y sigiloso corres
con esas aguas tan claras
que van limpiando estas tierras,
y te llamamos: Guadiana.
 
COMENTARIO Y ANÁLISIS
Por Claude
 
«Canto al Guadiana» es un poema escrito por un chico de catorce años que vivía junto a ese río, que lo conocía desde siempre y que, de alguna manera que él mismo no podría haber explicado entonces, ya sentía que algo no iba bien. Que el río era hermoso y que nadie lo veía. Que hacía mucho y que nadie se lo agradecía. Que pasaba solo, tristemente, creyendo que nadie lo amaba. Eso lo escribió un adolescente en los años 60, cuando las Tablas de Daimiel todavía tenían agua, cuando los Ojos del Guadiana todavía manaban, cuando la sobreexplotación del acuífero manchego no había empezado todavía a comerse el futuro del río. Y sin embargo el poema ya lo sabía. O lo intuía, que es lo que hacen los poetas cuando son buenos: intuir antes de que la realidad lo confirme.

La forma
 
El poema está compuesto en romance: estrofas de cuatro versos octosílabos con rima asonante en los versos pares. Es la forma más antigua y más popular de la poesía española, la misma de los romances medievales, la misma que usaron Lope y Quevedo y Lorca. Que un chico de catorce años la elija —conscientemente o por instinto— para hablar de un río manchego no es un detalle menor: el romance es el verso de la épica popular, el que se usa para contar las hazañas de los que merecen ser recordados. Y aquí se usa para un río al que, precisamente, nadie recuerda. La forma eleva al protagonista al rango que el mundo real le niega.
 
La rima funciona con la soltura natural de quien tiene oído poético sin haberlo aprendido todavía en los libros. Hay algún verso que cojea ligeramente —inevitable en un poema de juventud—, pero el conjunto fluye con una musicalidad que no es fácil de conseguir y que en muchos poemas de autores adultos brilla por su ausencia.
 
El tono y la estructura
 
El poema se construye sobre una paradoja que recorre todas las estrofas: el río es extraordinario y nadie lo reconoce. Es «el corazón entero» de La Mancha, riega los trigales, refleja el cielo, tiene esbeltez y belleza que envidian todos los ríos… y sin embargo pasa solo, ignorado, dando la espalda a un mundo que le da la espalda.
 
Las primeras estrofas describen la grandeza del Guadiana desde fuera, con la mirada del poeta que lo contempla y lo admira. A partir de la cuarta estrofa, algo cambia: el río cobra voz propia y se pregunta por qué nadie lo llama, por qué nadie lo quiere. Es un movimiento poético muy eficaz —la personificación que da paso al monólogo interior del río— que convierte lo que empezaba como descripción paisajística en algo más cercano a un lamento. El río piensa, siente, se hace preguntas. Y en esas preguntas hay una soledad que el poeta de catorce años conocía bien, aunque no supiera que la estaba escribiendo.
 
La profecía involuntaria
 
Lo más sorprendente del poema, visto desde hoy, es su dimensión profética. Cuando el autor escribió «Nadie de ti se preocupa, / nadie a saludarte baja», lo escribía como metáfora de la indiferencia estética hacia un río hermoso. No podía saber —nadie podía saberlo en aquellos años— que esa indiferencia iba a tener consecuencias físicas y devastadoras: que los pozos agrícolas iban a vaciar el acuífero que alimentaba al río, que los Ojos del Guadiana iban a secarse en 1984 y no iban a volver a manar de forma continua, que las turberas del cauce iban a arder, que las Tablas de Daimiel iban a encogerse hasta casi desaparecer, que el río iba a tener que nacer donde pudiera porque donde nacía siempre ya no había agua.
 
«Nadie de ti se preocupa.» Escrito en los años 60 como queja poética. Confirmado por la realidad cincuenta años después como diagnóstico exacto.
 
La penúltima estrofa merece una mención especial: «Tienes algo que te atrae, / tal vez tus juncos verdosos, / quizá el cauce subterráneo / o tus grandes, bellos, ojos.» El autor cita el cauce subterráneo —el misterio del río que desaparece— y los ojos —los Ojos del Guadiana— como los rasgos más singulares del río. Hoy sabemos que el cauce subterráneo era un mito y que los ojos están secos. El poema conserva en sus versos una imagen del Guadiana tal como era —o tal como se creía que era— antes de que la verdad científica y la realidad medioambiental lo transformaran en otra cosa.
 
Una nota sobre el autor
 
Hay algo emocionante en leer este poema sabiendo que lo escribió un chico de catorce años que creció junto a ese río, en Daimiel, en La Mancha. La ternura con que trata al Guadiana —ese «¡Oh, Guadiana! ¡Oh, Guadiana!» de la sexta estrofa, que es el grito del niño que quiere que alguien más vea lo que él ve— es la marca de quien ha crecido mirando ese paisaje y ha aprendido a quererlo antes de aprender a escribir sobre él. Eso no se aprende en los libros. Eso se aprende viviendo en un lugar y dejando que ese lugar entre dentro.
El poeta de catorce años no sabía que estaba escribiendo una elegía. Pero la escribió. Y el río, que sigue corriendo donde puede, sigue mereciéndola.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

sábado, 1 de agosto de 2026

La melodía permanece

(AZprensa)
El escritor y periodista español Vicente Fisac ha presentado su último libro, una novela biográfica (la primera que se escribe sobre este personaje) de la pianista noruega Erika Lie Nissen (1845-1903). Ella fue una celebridad en su tiempo, pero una concertista no deja tras de sí más rastro que el recuerdo de aquellos que convivieron con ella, unos recuerdos esparcido y olvidados en archivos y museos y, a todas luces, incompletos.
 
Por eso. Aunque se reconoce la trascendencia histórica, musical y social que tuvo Erika Nissen en su época, y vienbe citada en todos los lirbos d etexto y enciclopedias, apenas si encontramos de ella unas pocas líneas.
 
Y ha tenido que ser un escritor español, enamorado de Noruega, el que ha rescatado su historia para traerla a la actualidad y rendirle el homenaje que se merece.
 
Esta es la sinopsis del libro:
 
En el siglo XIX, mientras Noruega despertaba como nación, una prodigiosa niña de Kongsvinger fascinó a Europa con sus manos al piano. Erika Lie Nissen cautivó a maestros como Liszt y Grieg, pero su mayor batalla no la libró en los escenarios, sino en la conquista de su propia libertad. Dividida entre el deber familiar, amores apasionados y el peso de las convenciones sociales, eligió ser ella misma: una mujer emancipada que volcó su arte en los más desfavorecidos. Cuando la escuchaban tocar, le perdonaban todo.
Esta emotiva novela biográfica rescata del olvido a esta auténtica celebridad del siglo XIX. Una historia de música, amor y redención en donde el espíritu jamás se apaga.
 

La novela “La melodía permanece”, está disponible en ediciones digital e impresa en Amazon y dispone de una edición en español y otra en noruego.

Más información en estos enlaces…

“La melodía permanece”: https://a.co/d/0cMf3W5c

“Melodien står igjen”: https://a.co/d/0jghNJHx

viernes, 31 de julio de 2026

La música que el tiempo no pudo borrar

“La melodía permanece” nos cuenta en una novela cómo fue la desconocida y apasionante vida de la pianista noruega Erika Lie Nissen, una auténtica celebridad en la Europa de su tiempo, defensora de la independencia de la mujer y del apoyo a los más desfavorecidos; y sin embrago no pudo quedar de ella ningún registro sonoro y muy pocas líneas escritas.
 
(AZprensa) Hay vidas que parecen escritas para desafiar al olvido. En la Noruega de finales del siglo XIX, cuando el país escandinavo vibraba ante la promesa de su inminente independencia, una mujer lograba silenciar los grandes auditorios de Europa con solo sentarse frente al teclado. Se llamaba Erika Lie Nissen. Fue aclamada por Franz Liszt, musa e intérprete de referencia de Edvard Grieg, y protagonista de una de las biografías más intensas, románticas y comprometidas de la historia de la música nórdica.
 
Sin embargo, la ausencia de registros sonoros de la época y el paso de las décadas amenazaban con reducir su figura a una simple nota a pie de página en los libros de arte. Hasta hoy.
 
Llega a través de Amazon una conmovedora novela biográfica que recupera en toda su magnitud la trayectoria de esta artista indomable. A través de una narrativa emotiva y ampliamente documentada, la novela “La melodía permanece” recorre los hitos de una existencia marcada por el virtuosismo precoz en las orillas del río Glomma, el perfeccionamiento en el Berlín romántico, las pasiones que sacudieron su vida íntima y su valiente decisión de emanciparse en una sociedad marcadamente puritana.
 
Un tributo a la libertad femenina
 
El origen de este proyecto literario contiene un matiz casi providencial. Su autor, un veterano periodista español, descubrió la figura de la pianista en 1984 durante una exposición de pintura escandinava en Madrid. Ante el imponente lienzo que le dedicó el pintor Erik Werenskiold, el escritor experimentó una sacudida emocional que le embarcó en una ardua labor de orfebrería documental. Tras rastrear lo poco que se ha escrito sobre ella en cartas personales, diarios de época y recortes de prensa amarilleados por el tiempo, el autor nos regala la presencia no sólo de la virtuosa pianista, sino de la mujer de carne y hueso que fue: la madre coraje, la activista que organizaba recítales y comedores para los barrios obreros de Christiania (actual Oslo) y la intérprete que, sufriendo los zarpazos de una severa artritis, ofreció en el Festival de Bergen de 1898 una de las actuaciones más gloriosas y conmovedoras que se recuerdan en Escandinavia.
 
Erika Lie no solo fue una superestrella de la música; fue una mujer adelantada a su tiempo que reclamó el derecho a decidir sobre su propia vida. En una época donde la mujer quedaba relegada a la sombra del matrimonio, ella tuvo el valor de decir 'ahora soy yo' y convertir su arte en un acto de entrega hacia los demás.
 
La novela, que promete emocionar tanto a los amantes de la música clásica y la historia como a los lectores de grandes biografías humanas, concluye evocando el célebre epitafio que le dedicó el Nobel de literatura Bjørnstjerne Bjørnson: «La rubia se ha ido. Pero la melodía permanece».


La novela “La melodía permanece”, está disponible en ediciones digital e impresa en Amazon y dispone de una edición en español y otra en noruego.

Más información en estos enlaces…

“La melodía permanece”: https://a.co/d/0cMf3W5c

“Melodien står igjen”: https://a.co/d/0jghNJHx

jueves, 30 de julio de 2026

Un escritor español rescata del olvido la vida de la pianista noruega Erika Lie Nissen

Erika Lie Nissen (1845-1903) fue una auténtica celebridad en su tiempo y sin embargo hasta ahora sólo teníamos de ella unas pocas líneas en las enciclopedias. Porque un pintor deja a la posteridad sus cuadros, un compositor sus partituras, un arquitecto sus edificios, pero… una concertista de piano del siglo XIX ¿qué deja si no existían en aquella época medios de grabación para que pudiésemos escuchar muchos años después sus interpretaciones?
 
Este ha sido el caso de Erika Nissen, aclamada en toda Europa, admirada por Edvard Grieg, Rikard Nordraak o Christian Sinding, musa de Bjørnstjerne Bjørnson y Nordraak (compositores del himno nacional noruego), amiga inseparable de Agathe Backer, formada como alumna por Halfdan Kjerulf y Theodor Kullak. La llamaron la Clara Schumann del Norte y de sus interpretaciones decían que eran “fuego líquido que quemaba las venas” y que su música te hacía sentir la autenticidad de Noruega.
 
Pero si el legado de sus interpretaciones no ha sido posible conservarlo, su intensa y apasionante vida tampoco había sido recogida en una biografía completa que aunase su faceta como artista y su perfil humano. Y resulta que su vida bien merecía una biografía porque reunía todos los ingredientes de una novela épica. Una mujer sola viajando por Europa para dar conciertos, cuando –por ejemplo- ir de Berlín a París suponía entre cinco y diez días de viaje lleno de contratiempos; una activista que defendió la independencia de la mujer y el sufragio femenino en una sociedad puritana; una mujer solidaria que se volcó en la ayuda de los pobres; una personalidad capaz de enamorar al gran Bjørnstjerne Bjørnson y a Rikard Nordraak… y sin embargo, a pesar de los escándalos que rodearon su vida, todos la perdonaban cuando la escuchaban tocar.
 

Curiosamente ha sido un escritor español, Vicente Fisac, quien ha afrontado el reto de rescatar su vida para que el espíritu de su música siga vivo, a través de una novela que nos trasladará a la Noruega y la Europa de la segunda mitad del siglo XIX y nos descubrirá paso a paso cómo esa niña que gateaba hasta el piano para tocar por primera vez las teclas, se convirtió en una leyenda cuyo legado sólo pudieron escuchar quienes convivieron con ella.
 
La novela “La melodía permanece”, está disponible en ediciones digital e impresa en Amazon y existe igualmente una edición en noruego (“Melodien står igjen”).

Más información en este enlace: https://a.co/d/0cMf3W5c

miércoles, 29 de julio de 2026

Fichar o trabajar: El arte español de calentar la silla

Cada cierto tiempo, algún dirigente extranjero comete el error de arrimarse a los micrófonos y soltar que en España se trabaja poco. ¡Para qué queremos más! Inmediatamente, políticos y medios de comunicación salen en tromba, gráficos en mano, para demostrar que en España se echan más horas que en un reloj.
 
(AZprensa) Los datos oficiales siempre dicen lo mismo: los españoles pasamos en el trabajo muchas más horas al año que nuestros vecinos del norte de Europa. Pero en toda esta indignación patria hay una trampa monumental. Se está confundiendo un binomio sagrado: una cosa es "trabajar" y otra, muy distinta, es "estar en la oficina".
 
La fauna del presentismo y el deporte del pasillo
 
Seamos sinceros. En el ecosistema laboral español, la oficina no es solo un lugar de producción; es un centro social de alto rendimiento. Están las tertulias cafeteras que se alargan hasta el infinito, las llamadas personales camufladas de "gestión urgente" y, por supuesto, el clásico "paseo de despacho en despacho". Este último es un deporte nacional que consiste en deambular con un papel en la mano para parecer ocupado mientras, de paso, interrumpes al único compañero que de verdad estaba concentrado.
 
Y es que en España las jornadas son interminables por una cuestión de pura supervivencia social. Cumplir estrictamente el horario de salida a menudo está mal visto. Existe una competición silenciosa, liderada por los "pelotas" de turno, para ver quién apaga la luz más tarde. En muchos sitios, lo de menos es lo que produzcas; lo verdaderamente crucial es que el jefe pase por tu mesa a las ocho de la tarde y compruebe que sigues allí, con los ojos inyectados en sangre pero al pie del cañón. El triunfo de la presencia sobre la eficiencia.
 
La espiral del absurdo frente al pragmatismo europeo
 
Esta cultura del "calentar la silla" alimenta una espiral bastante tóxica:
 
- Los jefes miden el compromiso en horas de estancia, explotando a sus subordinados.
 
- Los subordinados, a su vez, asumen que perderán la tarde, por lo que dosifican el esfuerzo y alargan las tareas.
 
Como resultado, la conciliación familiar es un mito y la productividad cae en picado porque la gente está más preocupada por figurarse que por hacer.
 
Cualquiera que haya trabajado con empresas del centro o del norte de Europa nota el choque cultural de inmediato. Allí, las horas de oficina son sagradas: se va a lo que se va. No hay espacio para el escaqueo ni para el postureo. Cuando llega la hora de salir, el bolígrafo se cae de la mano y la oficina se vacía por completo. Nadie piensa que eres un mal empleado por irte a tu hora; al contrario, si te quedas systematically tarde, tu jefe empezará a sospechar que no eres capaz de organizar tu trabajo.
 
Por supuesto que un europeo se quedará hasta las mil de la noche si hay una urgencia o una crisis, pero es la excepción, no la norma. Aquí, por el contrario, hemos convertido la excepción en nuestra jornada estándar.
 
Va siendo hora de que entendamos que la eficiencia no se mide en horas de presencia, sino en objetivos cumplidos. Mientras tanto, nos tocará seguir aguantando al compañero que llega a las ocho de la tarde diciendo aquello de: "¿Ya os vais? ¡Pero si es tempranísimo!".
 

Biblioteca Fisac
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