Veamos un ejemplo clásico (ficticio, pero fácilmente reconocible en decenas de entrevistas reales):
Periodista: Hemos oído que le acusan de ser un chorizo y un estafador.
Entrevistado: ¡De eso nada! ¡Miente quien diga eso! Yo no soy ningún chorizo ni ningún estafador.
Periodista: Entonces, ¿reitera usted que no es ningún chorizo ni estafador?
Entrevistado: ¡Por supuesto! Que les quede bien claro: no soy ningún chorizo ni estafador.
Periodista (conclusión): Como han podido comprobar, nuestro invitado no ha reconocido las informaciones que le señalan como chorizo y estafador.
Conclusión: En apenas tres intervenciones del entrevistado y dos del periodista, los términos “chorizo” y “estafador” se han repetido siete veces. La negación queda sepultada bajo la insistencia. El espectador, oyente o lector se lleva grabada la acusación mucho más que la defensa.
Esta técnica, a veces llamada “eco acusatorio” o “repetir para contaminar”, no busca esclarecer hechos, sino generar una impresión negativa duradera. Aunque no todos los periodistas la emplean, aparece con frecuencia en formatos sensacionalistas o polarizados. Los profesionales éticos prefieren formular preguntas neutrales y ceñirse a los hechos verificables, sin cargar la pregunta con juicios de valor.
Ojalá la misma creatividad que se usa para estas trampas se destinara a investigar en profundidad, contrastar fuentes y construir narrativas equilibradas. El buen periodismo no necesita provocar para informar.
La peor reacción suele ser “entrar al trapo”: indignarse, negar con vehemencia y repetir textualmente la acusación. Eso solo amplifica el término negativo. La clave no está en esconderse ni en contraatacar agresivamente, sino en redirigir la conversación hacia mensajes positivos, preparados y consistentes.
La herramienta más efectiva para lograrlo es el media training (entrenamiento en medios) o cursos de formación de portavoces. En pocas sesiones combinan teoría y práctica intensiva: identificación de preguntas capciosas, construcción de mensajes clave (bridges o puentes), manejo del lenguaje no verbal y simulacros reales. Estas técnicas, usadas por políticos, directivos y portavoces institucionales, permiten transformar una pregunta hostil en una oportunidad para reforzar la imagen deseada.
Veamos cómo se puede responder al mismo ejemplo agresivo, con una estrategia entrenada:
Pregunta: Hemos oído que le acusan de ser un chorizo y un estafador.
Respuesta recomendada: La transparencia y la ética han sido siempre los principios que guían todas nuestras acciones. Precisamente esa gestión ética y transparente es la que nos ha valido el reconocimiento de numerosos organismos y medios independientes.
Pregunta (insistiendo): ¿Entonces niega usted ser un chorizo y un estafador?
Respuesta recomendada: Como han destacado los principales medios y entidades de referencia, nuestro compromiso con la ética y la transparencia es el eje de nuestro trabajo diario y el camino que seguiremos siempre.
Conclusión: Aquí no se repite nunca el término acusatorio y se utiliza una palabra puente (“precisamente…”, “como han destacado…”, etc.) para reconducir hacia el terreno propio.
Otras técnicas útiles de media training incluyen:
En resumen, no se trata de eludir preguntas difíciles, sino de dominar la entrevista sin caer en provocaciones. Quien llega preparado no solo evita daños, sino que convierte la exposición mediática en una oportunidad para construir reputación.
Un buen portavoz no improvisa: se entrena. Y en un entorno mediático cada vez más agresivo, esa preparación marca la diferencia entre ser víctima o ser protagonista del relato.
Biblioteca Fisac
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