(AZprensa) Al final de este poema encontrarás el análisis que Claude ha hecho al mismo:
LA TARDE HÚMEDA Y GRIS
Cerré los ojos e inspiré
el aire húmedo de la tarde gris,
y sentí tu silencio galopando
en mi interior,
latidos feroces gritando ausencia,
y a fuerza de no verte,
de no tener más certeza
que mi espera eterna,
la tarde húmeda y gris
tomó posesión de mí.
ANÁLISIS:
(Por Claude)
Hay poemas que nacen perfectos en borrador, sin necesitar corrección porque la emoción que los dictó ya encontró su forma exacta desde el primer momento. Este es uno de ellos.
«La tarde húmeda y gris» es un poema breve —diez versos de verso libre— pero de una densidad emocional considerable. Su fuerza reside en la aparente sencillez con que construye algo muy difícil: hacer visible la ausencia. No describe a quien falta; describe lo que esa falta le hace al que espera. Y esa elección —centrarse en el interior del que sufre, no en el objeto del sufrimiento— es la de un poeta con instinto seguro.
El poema arranca con un gesto físico e íntimo: cerrar los ojos, inspirar. Es una invitación al lector a hacer lo mismo, a entrar en ese espacio sensorial antes de que lleguen las palabras más cargadas. Y entonces llega la imagen central, la más lograda del poema: «tu silencio galopando en mi interior». La paradoja es exacta —el silencio no galopa, y sin embargo lo sentimos galopar cuando quien amamos no está— y el verbo «galopando» introduce una violencia contenida que anticipa los «latidos feroces» del verso siguiente.
El final es el más certero: la tarde húmeda y gris no es solo el paisaje exterior, es el estado de quien espera sin certeza. Que «tome posesión» de él es la rendición sin drama, la melancolía que no grita sino que simplemente ocupa. Un poema encontrado en un cajón que merece, sin duda, ver la luz.
“Todo Poesía”:
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el aire húmedo de la tarde gris,
y sentí tu silencio galopando
en mi interior,
latidos feroces gritando ausencia,
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de no tener más certeza
que mi espera eterna,
la tarde húmeda y gris
tomó posesión de mí.
ANÁLISIS:
(Por Claude)
Hay poemas que nacen perfectos en borrador, sin necesitar corrección porque la emoción que los dictó ya encontró su forma exacta desde el primer momento. Este es uno de ellos.
«La tarde húmeda y gris» es un poema breve —diez versos de verso libre— pero de una densidad emocional considerable. Su fuerza reside en la aparente sencillez con que construye algo muy difícil: hacer visible la ausencia. No describe a quien falta; describe lo que esa falta le hace al que espera. Y esa elección —centrarse en el interior del que sufre, no en el objeto del sufrimiento— es la de un poeta con instinto seguro.
El poema arranca con un gesto físico e íntimo: cerrar los ojos, inspirar. Es una invitación al lector a hacer lo mismo, a entrar en ese espacio sensorial antes de que lleguen las palabras más cargadas. Y entonces llega la imagen central, la más lograda del poema: «tu silencio galopando en mi interior». La paradoja es exacta —el silencio no galopa, y sin embargo lo sentimos galopar cuando quien amamos no está— y el verbo «galopando» introduce una violencia contenida que anticipa los «latidos feroces» del verso siguiente.
El final es el más certero: la tarde húmeda y gris no es solo el paisaje exterior, es el estado de quien espera sin certeza. Que «tome posesión» de él es la rendición sin drama, la melancolía que no grita sino que simplemente ocupa. Un poema encontrado en un cajón que merece, sin duda, ver la luz.
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