La selección natural no premia siempre a los mejores, sino
a los que mejor saben adaptarse. En el ecosistema empresarial, ninguna especie
ilustra esta cruel verdad mejor que el Cuculus officinensis,
conocido en el argot del sector como «el profesional del trabajo ajeno».
(AZprensa)
Conviene empezar por el principio, que en este caso nos lleva a la ornitología.
El cuco —Cuculus canorus, para quien prefiera la nomenclatura
científica— es, desde el punto de vista de la ética, un sinvergüenza de manual.
Su estrategia reproductiva consiste en lo siguiente: pone sus huevos en nido
ajeno, deja que otros los empollen con todo su esfuerzo y cariño, y cuando el
polluelo nace —de tal palo tal astilla— lo primero que hace es empujar fuera
del nido a los demás huevos para quedarse como hijo único y ser alimentado a
todo trapo por unos padres adoptivos que no sospechan nada. La selección
natural, que no entiende de escrúpulos, lo ha convertido en un modelo de éxito
evolutivo. La naturaleza, hay que reconocerlo, tiene un sentido del humor muy
particular.
Pues
bien: un primo hermano de este cuco lleva décadas campando a sus anchas por los
organigramas corporativos de medio mundo, y todo indica que en lugar de tender
a la extinción —como mandan los cánones de la justicia poética— no hace sino
proliferar. Se trata de los profesionales del trabajo ajeno: una
especie tan fascinante desde el punto de vista zoológico como exasperante para
quienes comparten hábitat con ella.
FICHA DE ESPECIE · ZOOLOGÍA
EMPRESARIAL
Nombre común: Profesional del trabajo ajeno
Nombre científico: Cuculus officinensis
Hábitat: Oficinas, salas de reuniones, despachos de dirección
Dieta: Méritos
ajenos, aplausos, incentivos variables
Estado de conservación: En
expansión preocupante
Descripción de la especie
El profesional
del trabajo ajeno es, ante todo, un animal social de primer orden.
Extrovertido, dicharachero, dotado de una simpatía que parece innata pero que
en realidad es el fruto de un entrenamiento constante, invierte la mayor parte
de su energía —que no es poca— no en producir trabajo sino en granjearse las
simpatías de quienes tienen poder para premiar el trabajo. Es, en pocas
palabras, un especialista en relaciones públicas que ha encontrado en la
empresa su ecosistema natural.
Su
habilidad principal consiste en hacer aparecer como propios los trabajos
realizados por otros, y en hacerlo con una convicción y un desparpajo que
desarman cualquier intento de refutación. El mecanismo es tan sencillo como
eficaz: mientras el trabajador efectivo produce, el profesional del
trabajo ajeno presenta. Y quien presenta ante el jefe es, a todos los
efectos prácticos, quien ha hecho el trabajo. El jefe —cegado por el peloteo
constante y por la satisfacción de verse adulado como se merece— no acierta a
preguntarse quién hizo realmente la tarea. Ni, a decir verdad, le importa
demasiado: lo que le importa es que alguien le haga sentir lo importante que
es. Y en eso, el profesional del trabajo ajeno no tiene
rival.
«El cuco pone sus huevos en nido ajeno. El profesional del trabajo
ajeno hace algo más refinado: convence al nido de que los huevos siempre fueron
suyos.»
Comportamiento ante el fracaso: una elegancia admirable
Pero
donde la especie alcanza su máxima expresión —su momento de mayor brillantez
etológica, diríamos— es en su relación con el fracaso. Porque el profesional
del trabajo ajeno es selectivo con una precisión que haría palidecer
al mejor cirujano: se apropia de los éxitos con la agilidad del carterista
consumado, pero cuando las cosas salen mal, su capacidad de desaparecer del
foco es sencillamente prodigiosa. El fracaso, invariablemente, recae sobre los
demás. Sobre los que trabajaron, paradójicamente. Una elegancia que solo da la
práctica continuada.
Y
esto no es casualidad: es estrategia. Atribuirse también los fracasos sería un
error de novato que pondría en peligro su imagen cuidadosamente construida. La
perfección del método reside precisamente en esa asimetría: éxitos propios,
fracasos ajenos. Crédito para arriba, responsabilidad para abajo. Una división
del trabajo que, vista fríamente, funciona con una eficiencia que muchos
departamentos de verdad envidiarían.
Perspectivas de futuro
Los
naturalistas más optimistas confían en que, tarde o temprano, la especie
encontrará sus límites naturales: que los jefes afinarán su olfato, que los
compañeros dejarán de ser tan generosos con su trabajo, que el ecosistema
corporativo desarrollará anticuerpos. Los más realistas, en cambio, observan
que el profesional del trabajo ajeno lleva décadas
desafiando ese pronóstico sin el menor síntoma de agotamiento. Si la selección
natural premia la adaptación, esta especie está mejor adaptada que casi ninguna
otra al entorno en que prospera. Lo cual dice mucho del entorno, y más todavía
de quienes lo gestionan.
Nombre común: Profesional del trabajo ajeno
Hábitat: Oficinas, salas de reuniones, despachos de dirección
Mientras
tanto, ahí están: en todas las empresas, en todos los sectores, en todos los
países. Sonrientes, simpáticos, con su último mérito ajeno bajo el brazo y la
mirada puesta en el próximo. Sobreviviendo, como el cuco, con una eficacia que
la naturaleza debería avergonzarse de haber inventado.
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