Un Congreso Anual de
la Liga Europea contra el Reumatismo presentó un estudio sobre el dolor que
produce enviar mensajes de texto. Las conclusiones confirman lo que ya
sabíamos: las mujeres prefieren hablar; los hombres teclear. Y el dolor se ha medido
con escala VAS para demostrarlo.
(AZprensa) La ciencia reumatológica europea no descansa. Mientras
otros investigadores del continente se afanan en resolver los grandes enigmas
de la medicina —el cáncer, el Alzheimer, la resistencia a los antibióticos—, un
equipo de valientes presentó en un Congreso Anual de la Liga Europea contra el
Reumatismo (EULAR) un estudio que viene a iluminar una de las grandes preguntas
de nuestro tiempo: ¿a quién le duelen más los dedos después de estar un buen
rato enviando mensajes por el móvil?
La respuesta, con todo
el rigor que otorga la escala VAS (Visual Analogue Scale) es la siguiente: a las mujeres. El
doble que a los hombres, para ser exactos. Y el género resulta ser, según los
investigadores, «la única variable independiente asociada con el dolor». No la
edad. No el número de mensajes. No el tipo de teclado. El género. Solo el
género.
HALLAZGOS DEL ESTUDIO · EULAR ·
ACTUALIZADO A LA ERA WHATSAPP
Variable estudiada: Dolor al enviar
mensajes de texto (antes SMS, ahora WhatsApp; el dedo sufre igual)
Dolor en mujeres: El doble que en hombres,
medido con escala VAS
Variable determinante: El género. Solo
el género. Los investigadores lo han comprobado.
Conclusión científica: Las mujeres
deberían hablar más y teclear menos.
Reacción previsible: Las mujeres
llamarán a alguien para comentar el estudio
El WhatsApp como campo
de batalla generacional
Conviene contextualizar.
El estudio original hablaba de SMS, ese formato de mensaje de texto que las
generaciones menores de treinta años conocen solo de oídas, como quien sabe que
existían los telegramas pero nunca ha mandado uno. Hoy el equivalente es
WhatsApp, y la mecánica del dolor es exactamente la misma: dedos sobre
pantalla, sílabas a golpe de pulgar, autocorrector traicionero que convierte
«voy ahora» en «bóveda lunar» con una frecuencia estadísticamente inexplicable.
Lo que el estudio
confirma —con datos y con escala de dolor incluida— es algo que cualquier
observador de la vida cotidiana había notado mucho antes de que ningún
reumatólogo encendiera el ordenador: las mujeres prefieren hablar. El teléfono
como instrumento de voz, no como instrumento de escritura. La conversación
larga, detallada, con sus matices y sus silencios y sus «espera que te cuento»,
frente al mensaje escueto de los hombres, que en su versión más depurada
consiste en un «ok» o, en los días de especial elocuencia, en un pulgar hacia
arriba.
«Los
investigadores han medido el dolor de mandar mensajes con una escala científica
validada internacionalmente. La conclusión, con todo ese aparato metodológico,
es que las mujeres deberían llamar. Lo que ya hacían antes de que existiera el
estudio.»
La implicación práctica
que nadie quiere señalar
Hay, sin embargo, una
derivada del estudio que los investigadores no han abordado y que merece
atención. Si las mujeres sufren el doble de dolor al teclear y sin embargo
mandan tantos mensajes como —o más que— los hombres, eso significa una de dos
cosas: o bien tienen un umbral de tolerancia al dolor muy superior al masculino
—lo cual explicaría, de paso, muchas otras cosas de la historia de la
humanidad—, o bien hay algo en el mensaje de WhatsApp que compensa ampliamente
el dolor físico que produce enviarlo. Un misterio que la reumatología, de
momento, ha preferido no investigar.
En cualquier caso, la
recomendación científica que se desprende del estudio es de una claridad
meridiana: si eres mujer y te duelen los dedos de tanto teclear, habla. Llama.
Usa la voz para lo que la voz fue diseñada. Tu sistema musculoesquelético te lo
agradecerá.
Y si eres hombre y no te duele nada de teclear, es que no estás mandando suficientes mensajes.
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Y si eres hombre y no te duele nada de teclear, es que no estás mandando suficientes mensajes.









