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miércoles, 8 de julio de 2026

El "Efecto Vampiro": Cuando la estrella se come al producto

¿Es rentable la publicidad con famosos? Conectar una marca a una celebridad de masas genera lo que los psicólogos publicitarios llaman "el efecto vampiro": el espectador recuerda perfectamente al famoso, el chiste que hizo o lo bien que salía en la foto, pero es incapaz de recordar qué producto estaba anunciando. El famoso "vampiriza" la atención.
 
(AZprensa) Con frecuencia se recurre en publicidad a la contratación de grandes celebridades para dar realce a una marca. La presencia de un actor de Hollywood, un futbolista de élite o un artista global parece garantizar un impacto mediático inmediato y, por consiguiente, el éxito de la campaña. De esta forma, una parte astronómica del presupuesto va derecha a los bolsillos del famoso de turno. Pero, ¿cómo revierte esto realmente en los beneficios de la empresa?
 
Las métricas e investigaciones de eficacia publicitaria —como el ya clásico y revelador estudio de la consultora Ace Metrix sobre miles de campañas— vienen demostrando una realidad incómoda: apenas un 12% de los anuncios que utilizan a un famoso consiguen superar de manera significativa la efectividad de un anuncio convencional.
 
De estos datos se deduce una conclusión que no ha perdido un ápice de vigencia: el brillo de las estrellas mediáticas, más que iluminar la marca, a menudo ciega a los responsables de marketing que los contratan. El rostro conocido termina distrayendo al consumidor potencial del verdadero protagonista (el producto) y engorda la cuenta corriente del famoso, pero rara vez la cuenta de resultados de la compañía.
 
Del televisor al 'scroll' de la pantalla: El mismo error con diferente envoltorio
 
Hoy en día, el panorama ha cambiado de escenario, pasando de la televisión tradicional a las pantallas de nuestros teléfonos. El fenómeno de los "macroinfluencers" y creadores de contenido con millones de seguidores es la evolución directa de aquellas campañas de hace unos años. Sin embargo, el error estratégico sigue siendo exactamente el mismo.
 
Las marcas siguen pagando sumas desorbitadas por un "post" o un "storie" de un famoso, buscando una relevancia artificial. El resultado suele ser el mismo: el público recuerda quién aparecía en el vídeo, pero es incapaz de recordar qué marca de café, de coche o de champú estaba intentando vender.
 
Como señalaba con muy buen criterio Peter Daboll, experto en efectividad publicitaria: “Pese a lo que mucha gente cree, invertir en famosos para campañas pocas veces resulta rentable. Por el contrario, es el mensaje el que establece esa conexión real con el consumidor”.
 
La conclusión definitiva
 
Atesorar millones de seguidores o tener un rostro reconocido a nivel mundial no es sinónimo de conversión ni de fidelidad para una marca. Al final, el público busca autenticidad, utilidad y una historia en la que creer.
 
Hacer un buen marketing no consiste en buscar el escaparate más caro y rutilante, sino en construir un mensaje sólido, honesto y creativo. Si la idea de fondo es mala, ya puedes poner al famoso del año a defenderla: el anuncio seguirá siendo igual de ineficaz, solo que muchísimo más caro.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/ 

viernes, 14 de mayo de 2021

El efecto “nocebo” lo padecen muchos pacientes sin saberlo

(AZprensa) Pocas personas son las que conocen en qué consiste eso del “efecto nocebo” y sin embargo muchas lo padecen. Para que todos podamos entenderlo, el “efecto nocebo” es lo contrario al “efecto placebo”. Este último sí es más conocido: te dan unas pastillas que no tienen ningún efecto, pero diciéndote que te van a curar, y muchas veces vas y mejoras de tu enfermedad (así queda permanentemente registrado en todos los ensayos clínicos en los que siempre aparece –en mayor o menor grado- un porcentaje de efecto placebo). En el otro extremo es donde se sitúa el “efecto nocebo”: te mandan una medicación y –por lo que sea- temes que te genere efectos secundarios, y al final resulta que sí que padeces esos efectos secundarios pero no por causa de esa medicación sino por el dichoso “efecto nocebo”. 

Como se explica en el último número de la revista profesional “El Global”, “el efecto nocebo se produce por una serie de fenómenos psicológicos, fisiológicos y neurobiológicos asociados con daños reales o percibidos que se producen como consecuencia de las expectativas negativas de los pacientes y que no se relacionan con el efecto del fármaco”. Y en ese mismo artículo el jefe de Sección Clínica de Aparato Digestivo del Hospital Universitario de Salamanca, Fernando Muñoz, añade que “la propia confianza en el medicamento o la compañía también es fundamental; la marca genera expectativas positivas para no tener efecto nocebo”. 

Influyen, pues, muchos factores, desde la propia personalidad del individuo, hasta el grado de confianza que el paciente tenga en el médico, pasando por los comentarios que se leen y escuchan o el ruido mediático (como el que se está haciendo hoy día contra la vacuna de AstraZéneca) que provoca en la gente esa desconfianza y una mayor predisposición del tipo de la Ley de Murphy: si hay riesgo de que aparezca algún efecto secundario, seguro que me pasa a mí. 

Como curiosidad, también influyen otros aspectos como, por ejemplo, el color (el azul es el más propenso a generar efecto nocebo) o el precio (cuanto más barato sea el medicamento menos confianza tendrás en él y por tanto habrá más probabilidades de efecto nocebo). 

Y por supuesto, si alguien tiene en su mano ayudar para que no aparezca el efecto nocebo ese es el médico: si dedica tiempo al paciente, si le escucha, si responde a todas sus preguntas, si muestra interés y si se muestra amable y positivo, el efecto nocebo tendrá menos posibilidades de aparecer. 

Fuente: https://elglobal.es/farmacia/efecto-nocebo-cual-es-la-responsabilidad-del-profesional-sanitario-en-su-abordaje/


"La Comunicación en Medicina", de Vicente Fisac. Disponible en Amazon, en ediciones digital e impresa:
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