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viernes, 14 de mayo de 2021

El efecto “nocebo” lo padecen muchos pacientes sin saberlo

(AZprensa) Pocas personas son las que conocen en qué consiste eso del “efecto nocebo” y sin embargo muchas lo padecen. Para que todos podamos entenderlo, el “efecto nocebo” es lo contrario al “efecto placebo”. Este último sí es más conocido: te dan unas pastillas que no tienen ningún efecto, pero diciéndote que te van a curar, y muchas veces vas y mejoras de tu enfermedad (así queda permanentemente registrado en todos los ensayos clínicos en los que siempre aparece –en mayor o menor grado- un porcentaje de efecto placebo). En el otro extremo es donde se sitúa el “efecto nocebo”: te mandan una medicación y –por lo que sea- temes que te genere efectos secundarios, y al final resulta que sí que padeces esos efectos secundarios pero no por causa de esa medicación sino por el dichoso “efecto nocebo”. 

Como se explica en el último número de la revista profesional “El Global”, “el efecto nocebo se produce por una serie de fenómenos psicológicos, fisiológicos y neurobiológicos asociados con daños reales o percibidos que se producen como consecuencia de las expectativas negativas de los pacientes y que no se relacionan con el efecto del fármaco”. Y en ese mismo artículo el jefe de Sección Clínica de Aparato Digestivo del Hospital Universitario de Salamanca, Fernando Muñoz, añade que “la propia confianza en el medicamento o la compañía también es fundamental; la marca genera expectativas positivas para no tener efecto nocebo”. 

Influyen, pues, muchos factores, desde la propia personalidad del individuo, hasta el grado de confianza que el paciente tenga en el médico, pasando por los comentarios que se leen y escuchan o el ruido mediático (como el que se está haciendo hoy día contra la vacuna de AstraZéneca) que provoca en la gente esa desconfianza y una mayor predisposición del tipo de la Ley de Murphy: si hay riesgo de que aparezca algún efecto secundario, seguro que me pasa a mí. 

Como curiosidad, también influyen otros aspectos como, por ejemplo, el color (el azul es el más propenso a generar efecto nocebo) o el precio (cuanto más barato sea el medicamento menos confianza tendrás en él y por tanto habrá más probabilidades de efecto nocebo). 

Y por supuesto, si alguien tiene en su mano ayudar para que no aparezca el efecto nocebo ese es el médico: si dedica tiempo al paciente, si le escucha, si responde a todas sus preguntas, si muestra interés y si se muestra amable y positivo, el efecto nocebo tendrá menos posibilidades de aparecer. 

Fuente: https://elglobal.es/farmacia/efecto-nocebo-cual-es-la-responsabilidad-del-profesional-sanitario-en-su-abordaje/


"La Comunicación en Medicina", de Vicente Fisac. Disponible en Amazon, en ediciones digital e impresa:
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sábado, 13 de junio de 2020

El paciente a quien dan placebo tiene derechos


(AZprensa) El placebo es una sustancia inerte, sin ningún tipo de beneficio ni de efectos secundarios pero con la apariencia de medicamento para que el paciente crea que está siendo tratado. En los ensayos clínicos se suele comparar el fármaco objeto del estudio con un grupo control de pacientes a los que se da placebo, esto es, nada; pero que ellos creen que están siendo tratados. La primera pregunta que surge es: ¿es ético no dar ningún tratamiento (esto es, dar solo placebo) a un grupo de pacientes sólo para ver qué diferencias se encuentran respecto a aquellos que sí están recibiendo el medicamento supuestamente eficaz?

Según decía el Dr. Juan R. Castillo, “la Asociación Médica Mundial reafirma que se debe tener muchísimo cuidado al utilizar ensayos con placebo y, en general, esta metodología sólo se debe emplear si no se cuenta con una terapia probada ya existente. Sin embargo, los ensayos con placebo se aceptan éticamente en ciertos casos, incluso si se dispone de una terapia probada”.

Tal como explicaba, “el placebo puede usarse cuando no existe una intervención de efectividad comprobada; cuando la omisión de una intervención de efectividad comprobada expondría a los sujetos a lo sumo a una molestia temporal o a un retraso en el alivio de los síntomas; o cuando el uso de una intervención de efectividad comprobada como control no produciría resultados científicamente confiables y el uso de placebo no añadiría ningún riesgo de daño serio o irreversible para los sujetos”.

Por supuesto que existen medios para minimizar la posibilidad de efectos perjudiciales por encontrarse en el grupo control; por ejemplo emplear un diseño aditivo, que consiste en dar el tratamiento estándar, de forma adicional, a los dos grupos, el del placebo y el del fármaco en estudio. Pero esto no siempre es posible porque puede desvirtuar los resultados, por eso otra posibilidad, según este especialista es “realizar un análisis intermedio de eficacia y seguridad, para no prolongar innecesariamente la duración del ensayo”.

Con todo, hay una pregunta que siempre queda en el aire: ¿Incluiría un investigador, a sabiendas, a un familiar o ser querido en el grupo al que sólo se dará el placebo?

martes, 25 de septiembre de 2018

La fe cura las migrañas… pero sólo el 30 por ciento


(AZprensa) Herbología, homeopatía, terapias dietéticas, acupuntura, medicina conductual, terapias de relajación… Con mucha frecuencia, los pacientes que padecen migraña y otras cefaleas recurren a diversas terapias no farmacológicas y resulta que en muchos casos funcionan. Pero ¿funcionan realmente? El efecto placebo del tratamiento preventivo de la migraña y otras cefaleas es muy elevado, igual o superior al 30% durante un mínimo de 3 meses, según nos muestran los ensayos clínicos. Es decir, a corto plazo, muchas terapias puedan ser entendidas por los pacientes como eficaces cuando intrínsecamente no lo son.

La bibliografía sobre homeopatía es amplísima y no se ha demostrado de forma consistente que su eficacia sea superior a la del placebo y desde la Sociedad Española de Neurología (SEN) se insiste en que no se apruebe ningún tratamiento que no haya demostrado, mediante ensayos clínicos reproducibles, unas condiciones de eficacia y seguridad superiores al placebo.

Respecto a las terapias herbales señalan que no se dispone –al menos en España- de preparados herbales fiables para el tratamiento de la migraña.

En cambio, por lo que se refiere a los suplementos alimenticios eficaces en la prevención de la migraña, sí se dispone de evidencias científicas para la vitamina B2 (riboflavina) y el magnesio, aunque sólo hay datos favorables en la migraña episódica.

En relación con la acupuntura, según la SEN se ha comprobado que existen evidencias a favor de su uso y estudios en contra. Es un tratamiento que podría valorarse en algunos pacientes con migraña.

La medicina conductual, las terapias de relajación, el biofeedback y la terapia cognitivo-conductual para el estrés son recursos que se han mostrado útiles tanto en la migraña como en la cefalea de tipo tensión; en consecuencia, podría considerarse su utilización en determinados pacientes, especialmente si el estrés es un desencadenante o agravante de sus crisis.

Sobre la eficacia de la hipnosis en la migraña y la cefalea de tipo tensión, a día de hoy no se dispone de evidencias, aunque en algunos pacientes somatizadores y sin salir del ámbito médico puede ser un buen recurso. Y a propósito del tratamiento del dolor periférico regional con bloqueos de nervios craneales, los diferentes abordajes terapéuticos de los puntos miofasciales y las diferentes técnicas de fisioterapia, quiropráctica y otras disciplinas, señalan que quizás pueden ser útiles pero precisan ensayos clínicos que confirmen su eficacia.

Finalmente, en cuanto a las terapias dietéticas, desde la SEN se indica que la relación entre migraña y alimentación está sobreestimada. En general, las personas que se ven afectadas por este problema lo reconocen fácilmente y evitan el alimento o alimentos que les disparan las crisis de migraña. Los neurólogos no suelen aconsejar dietas especiales ni restrictivas a los pacientes con migraña ya que, a fecha de hoy, ninguna intolerancia alimentaria ni su correlato dietético han demostrado con rigor su eficacia ni en la migraña episódica ni en la migraña crónica.

sábado, 11 de marzo de 2017

¿Qué derechos tiene el paciente al que se da placebo?

(AZprensa) El placebo es una sustancia inerte, sin ningún tipo de beneficio ni de efectos secundarios pero con la apariencia de medicamento para que el paciente crea que está siendo tratado. En los ensayos clínicos se suele comparar el fármaco objeto del estudio con un grupo control de pacientes a los que se da placebo, esto es, nada; pero que ellos creen que están siendo tratados. La primera pregunta que surge es: ¿es ético no dar ningún tratamiento (esto es, dar solo placebo) a un grupo de pacientes sólo para ver qué diferencias se encuentran respecto a aquellos que sí están recibiendo el medicamento supuestamente eficaz?

El Dr. Juan R. Castillo responde a esta pregunta: “La Asociación Médica Mundial reafirma que se debe tener muchísimo cuidado al utilizar ensayos con placebo y, en general, esta metodología sólo se debe emplear si no se cuenta con una terapia probada ya existente. Sin embargo, los ensayos con placebo se aceptan éticamente en ciertos casos, incluso si se dispone de una terapia probada”.

Según comenta, “el placebo puede usarse cuando no existe una intervención de efectividad comprobada; cuando la omisión de una intervención de efectividad comprobada expondría a los sujetos a lo sumo a una molestia temporal o a un retraso en el alivio de los síntomas; o cuando el uso de una intervención de efectividad comprobada como control no produciría resultados científicamente confiables y el uso de placebo no añadiría ningún riesgo de daño serio o irreversible para los sujetos”.

También explica que existen medios para minimizar la posibilidad de efectos perjudiciales por encontrarse en el grupo control; por ejemplo emplear un diseño aditivo, que consiste en dar el tratamiento estándar, de forma adicional, a los dos grupos, el del placebo y el del fármaco en estudio. Pero esto no siempre es posible porque puede desvirtuar los resultados, por eso otra posibilidad, según el Dr. Castillo es “realizar un análisis intermedio de eficacia y seguridad, para no prolongar innecesariamente la duración del ensayo”.

Con todo, hay una pregunta que siempre queda en el aire: ¿Incluiría un investigador, a sabiendas, a un familiar o ser querido en el grupo al que sólo se dará el placebo?