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martes, 14 de marzo de 2017

La arruga ya no es bella

(AZprensa) Si hace unos años el modisto español Adolfo Domínguez ponía de moda el eslogan “la arruga es bella”, este eslogan no ha sido aceptado en el campo del aspecto físico como lo demuestra el creciente número de personas que utilizan técnicas de rejuvenecimiento facial tanto quirúrgicas como no quirúrgicas. La demanda de estas últimas aumentó, en concreto, un 10 por ciento el pasado año.

Las mujeres son quienes más las solicitan, aunque destaca cómo el número de hombres que se apuntan a las mismas está creciendo exponencialmente. Además, no existe ningún patrón fijo de edad, ya que quienes acuden a estas técnicas tienen edades que varían desde los 30 hasta los 80 años.

A día de hoy, el 60% de los tratamientos estéticos faciales que se practican en España son no quirúrgicos, siendo las técnicas más comunes los rellenos dérmicos con ácido hialurónico y el tratamiento con toxina botulínica.

Antes se recurría más al lifting para estirar y tensar la piel, mientras que ahora se tiende a combinar estiramiento y tensión con la restauración del volumen allá donde se ha perdido, sobre todo en mejillas y pómulos, para lo que se emplean, sobre todo, los rellenos de ácido hialurónico. Según explica la Dra. Eva Guisantes, de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), el ácido hialurónico es una molécula con una altísima capacidad de hidratar, además de hacer de soporte de la matriz extracelular, esto es, el líquido que hay entre las células del cuerpo. Por ello, funciona muy bien como restaurador de volumen y es muy útil para rellenar arrugas como las nasogenianas, que salen en los laterales de la nariz”.

Por lo que se refiere a la toxina botulínica, esta especialista explica que su función es la de relajar los músculos donde haya arrugas que dependan de la contracción de los mismos, lo que llamamos arrugas dinámicas o arrugas de expresión, que normalmente son las que se encuentran en la frente o cuando fruncimos el entrecejo. De hecho, esta técnica sólo está aprobada para uso estético en el tercio superior de la cara, concretamente en la zona glabelar (entrecejo)”. 

sábado, 19 de septiembre de 2015

Descubren por qué quita el dolor el ácido hialurónico

(Diario El Inefable) Un equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel Hernández de Elche, ha descubierto el mecanismo que explica el efecto analgésico del hialuronato de sodio, una sustancia que se utiliza en cirugía estética y en oftalmología, y que se inyecta en millones de pacientes para tratar el dolor articular. El estudio ha sido publicado en la revista Nature Communications.

El hialuronato de sodio (hialurónico) es una sustancia que se encuentra presente en todos los tejidos y de forma natural en el líquido sinovial que contienen las articulaciones, donde actúa como amortiguador de las fuerzas mecánicas que se generan continuamente con el movimiento, previniendo que la articulación se desgaste o dañe.

En el caso de enfermedades como la artrosis, la concentración y el tamaño de las moléculas de hialurónico articular son bajos, lo que reduce su efecto amortiguador, facilitando el daño de los tejidos articulares y la liberación de sustancias químicas inflamatorias. A su vez, estas sustancias actúan sobre unas moléculas denominadas canales TRPV1, presentes en los nervios de la articulación, que son excitadas y provocan el envío de señales nerviosas de dolor al cerebro.

El investigador del Instituto de Neurociencias, Carlos Belmonte, explica: “Desde hace años, para tratar la artrosis, se emplea la inyección de hialurónico en la rodilla, buscando lubricarla para así reducir el dolor. Nuestro trabajo ha revelado que el efecto analgésico del hialurónico inyectado en la articulación, no sólo se debe a la recuperación de su papel como filtro viscoelástico, sino que se une también a los canales TRPV1, haciéndolos menos sensibles a las sustancias inflamatorias, con lo que los nervios que señalan el dolor articular se silencian en parte”.

Este hallazgo de una nueva interacción entre el hialurónico y el canal TRPV1 abre nuevas posibilidades para el tratamiento del dolor, especialmente en el caso de pacientes con artrosis.