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miércoles, 1 de mayo de 2024

Controlar la Enfermedad Inflamatoria Intestinal requiere objetivos a largo plazo

(AZprensa) En España, aproximadamente la mitad de los pacientes con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) no alcanza el control completo de esta patología caracterizada por la inflamación crónica del tracto gastrointestinal y que a su vez comprende la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa.

Según explica el Dr. Pablo Vega, coordinador de la unidad de EII del Complejo Hospitalario Universitario de Ourense, “en línea con otras enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión arterial ahora somos conscientes de que los objetivos que nos marquemos deben ser a largo plazo para conseguir un cambio en la historia natural de la enfermedad y evitar complicaciones y debemos disponer de herramientas objetivas para medir si alcanzamos dichos objetivos”.
 
Se estima que en España cerca del 1% de la población tiene Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), incluyéndose en la misma la Enfermedad de Crohn (EC) y la Colitis Ulcerosa (CU). Aunque ambas se caracterizan por la inflamación crónica del tracto gastrointestinal y el alto efecto que tienen en la calidad de vida, se diferencian por la zona del aparato digestivo a la que afectan, ya sea el intestino delgado y colon en el caso de la EC , o el intestino grueso en CU.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon.

martes, 7 de abril de 2020

Las bacterias dominan nuestro ADN

(AZprensa) El estrés, una mala alimentación, la falta de actividad física o el uso de determinados fármacos, pueden alterar la microbiota intestinal (conjunto de bacterias intestinales). Este fenómeno se conoce como disbiosis y está relacionado con la aparición de síntomas diversos como molestias digestivas, estreñimiento o diarrea, dolor de cabeza, problemas dermatológicos, retención de líquidos, hinchazón, etc. En general se trata de molestias inespecíficas no asociadas a una patología médica concreta pero que provocan malestar y disminución de la calidad de vida.

Nacemos sin bacterias en el intestino y mediante el contacto con el medio externo adquirimos, durante los primeros años de vida, una microbiota específica para cada persona. Se estima que en un adulto viven alrededor de 2 kilogramos de bacterias, fundamentalmente en el intestino y el colon. Tenemos más ADN de bacterias que propio y más bacterias que células en el organismo, todo esto nos permite entender la importancia de la microbiota para nuestra salud.

El intestino está colonizado por más de 1.000 especies diferentes de bacterias que se encargan de funciones tan importantes como el correcto funcionamiento del sistema inmunológico, la digestión y síntesis de nutrientes o la protección frente a la entrada de agentes patógenos. La disbiosis intestinal está relacionada con el desarrollo o agravamiento de distintas enfermedades que, hasta ahora, no se abordaban de una manera adecuada.

Las alteraciones de la microbiota también se han relacionado con condiciones tan comunes como el desarrollo de intolerancias alimentarias o la inflamación intestinal. Actualmente el estudio de la microbiota ha cobrado mayor importancia por la reciente publicación de estudios que han demostrado que existe una relación entre la respuesta a la terapia inmunológica frente al cáncer, en fase de investigación, y la microbiota intestinal.

Por consiguiente, la microbiota intestinal interactúa con diferentes sistemas del organismo (sistema nervioso, inmune, digestivo, etc.) siendo clave para prevenir y ayudar en el tratamiento de un gran número de enfermedades.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Tenemos 2 kg de bacterias y más ADN suyo que nuestro


(AZprensa) El estrés, una mala alimentación, la falta de actividad física o el uso de determinados fármacos, pueden alterar la microbiota intestinal (conjunto de bacterias intestinales). Este fenómeno se conoce como disbiosis y está relacionado con la aparición de síntomas diversos como molestias digestivas, estreñimiento o diarrea, dolor de cabeza, problemas dermatológicos, retención de líquidos, hinchazón, etc. En general se trata de molestias inespecíficas no asociadas a una patología médica concreta pero que provocan malestar y disminución de la calidad de vida.

Nacemos sin bacterias en el intestino y mediante el contacto con el medio externo adquirimos, durante los primeros años de vida, una microbiota específica para cada persona. Se estima que en un adulto viven alrededor de 2 kilogramos de bacterias, fundamentalmente en el intestino y el colon. Tenemos más ADN de bacterias que propio y más bacterias que células en el organismo, todo esto nos permite entender la importancia de la microbiota para nuestra salud.

El intestino está colonizado por más de 1.000 especies diferentes de bacterias que se encargan de funciones tan importantes como el correcto funcionamiento del sistema inmunológico, la digestión y síntesis de nutrientes o la protección frente a la entrada de agentes patógenos. La disbiosis intestinal está relacionada con el desarrollo o agravamiento de distintas enfermedades que, hasta ahora, no se abordaban de una manera adecuada.

Las alteraciones de la microbiota también se han relacionado con condiciones tan comunes como el desarrollo de intolerancias alimentarias o la inflamación intestinal. Actualmente el estudio de la microbiota ha cobrado mayor importancia por la reciente publicación de estudios que han demostrado que existe una relación entre la respuesta a la terapia inmunológica frente al cáncer, en fase de investigación, y la microbiota intestinal.

Por consiguiente, la microbiota intestinal interactúa con diferentes sistemas del organismo (sistema nervioso, inmune, digestivo, etc.) siendo clave para prevenir y ayudar en el tratamiento de un gran número de enfermedades.

martes, 15 de noviembre de 2016

Enfermedades raras: Síndrome del Intestino Corto

(AZprensa) El Síndrome del Intestino Corto (SIC) es un trastorno gastrointestinal poco frecuente que compromete la vida de los pacientes, y ha sido catalogado como enfermedad ultra-rara por su baja prevalencia (entre 0,4 y 6 casos por millón de habitantes). Se caracteriza por una reducción clínicamente significativa de la capacidad de absorción del intestino a consecuencia de la extirpación quirúrgica de grandes secciones del mismo, normalmente a causa de anomalías congénitas, enfermedades o traumas. Si la adaptación intestinal es incompleta, la capacidad de absorción del intestino residual resulta insuficiente para satisfacer las necesidades nutricionales, de fluidos, y de electrolitos; esto desemboca en fallo intestinal, que requiere dependencia crónica de soporte parenteral para mantener un crecimiento, hidratación, así como niveles de proteínas, electrolitos adecuados además del equilibrio de los micronutrientes.

El abordaje de tratamiento del SIC va desde el tratamiento de los síntomas hasta la rehabilitación intestinal para la cual se emplean tanto técnicas quirúrgicas como tratamientos de nueva generación. En este sentido con los análogos del GLP-2 se abre una alternativa al manejo de los pacientes con SIC, llegando no solo a reducir volumen de nutrición parenteral (NP), y tratamientos concomitantes, incluso a eliminar por completo los requerimientos nutricionales intravenosos. El trasplante intestinal, siendo siempre la última opción, está indicado en perfiles de pacientes muy concretos. El 50% de los pacientes con SIC se adaptan espontáneamente mientras que el otro 50% deben recurrir de forma crónica a la Nutrición Parenteral Domiciliaria (NPD), la Fluidoterapia (FT) o a ambas (NPD-FT).