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lunes, 1 de abril de 2024

Béchamp vs Pasteur

(AZprensa) De Pasteur todos habéis oído hablar, pero de Béchamp seguramente no. Mirad lo que se dice de él en Wikipedia, que es la Enciclopedia que reúne todo lo que debemos aceptar como cierto y ¡ay de aquél que use llevar la contraria!:
 
“Pierre Jacques Antoine Béchamp (16 de octubre de 1816 - 15 de abril de 1908) fue un biólogo y químico francés, descubridor del preantibiótico ‘ácido p-aminofenilarsénico’ ‘Atoxyl’.​ Es conocido tanto por sus avances en química orgánica aplicada (que llevaron al posterior desarrollo de la industria de los tintes sintéticos y de los medicamentos quimioactivos), como por su enconada rivalidad con Louis Pasteur”.​
 
Uno de los ejes de esa rivalidad con Pasteur es que las investigaciones de Béchamp iban en contra de lo que postulaba Pasteur. Para Béchamp las bacterias no causan la enfermedad infecciosa en las personas sanas, sino que es el deterioro de la salud (por condiciones ambientales, de alimentación, de estilo de vida, etc.) el que propicia que las bacterias proliferen en ese medio.
 
Así se explica en Wikipedia: “Al negar que las bacterias pudieran invadir a un animal sano y causar una enfermedad, Béchamp afirmó en cambio que son las condiciones ambientales y del huésped desfavorables las que desestabilizan las microzymas nativas del huésped, descomponiendo el tejido del huésped para producir bacterias patógenas”.
 
Como resultado de esto, de ser cierto lo que decía Béchamp, las vacunas no sirven para nada, echando por tierra las investigaciones de Pasteur y el negocio de los laboratorios farmacéuticos (esto último ya son ¡palabras mayores!).
 
Por el contrario Pasteur afirmaba que los microorganismos (incluyendo entre estos tanto bacterias como hongos o virus) pueden invadir a los humanos y animales y causarles enfermedades (lo que se llama “enfermedades infecciosas”).
 
Pero ¿es lo mismo una bacteria que un virus? Aunque la medicina ortodoxa dice que los virus son algo así como sacos de proteínas, que no están ni vivos ni muertos, y que simplemente se replican o autofotocopian cuando se encuentran en un medio favorable causando la infección, no todos piensan lo mismo.
 
Y esto es lo que dice al respecto el saber oficial: “Ahora algunos biólogos consideran entidades no celulares como los virus como organismos vivos”. Y sobre todo resulta interesante leer esto otro: “A partir de 2021 ‘la opinión de los expertos permanece dividida aproximadamente en un tercio entre sí, no y no sé’.​ Como no existe una definición universalmente aceptada de la vida, la discusión aún continúa”.
 
Es decir, hay un tercio de científicos que opina una cosa, otro tercio que opina la contraria, y otro tercio que no sabe por qué decantarse. Así que no hay que aceptar como “dogma de fe” lo primero que leas o te cuenten, porque hay muchos científicos que opinan diferente y la única diferencia entre lo que dicen unos y lo que dicen otros es que a unos se les silencia y a otros se les santifica.
 
En lo que de verdad hay que fijarse es en quién dice cada cosa, apoyado en qué argumentos y pruebas, y en el número de personas de igual nivel que apoyen unas conclusiones u otras. En una sociedad libre se enseñaría lo que dicen unos y otros para que cada cual estudie, investigue, se forme y extraiga su propia opinión, en vez de imponer un dogma. Porque cuando se silencia a alguien, lo único que se consigue es despertar sospechas de manipulación.
 
En definitiva, no estoy ni a favor de Pasteur ni a favor de Béchamp, sino a favor de que se enseñe todo y no se silencie a nadie.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon.
 
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martes, 22 de marzo de 2022

¿Por qué hay que usar con cuentagotas los nuevos antibióticos?

(AZprensa) Tenía razón en lo que escribía ayer, al menos en la conclusión cuando decía que todo iba a seguir igual: los médicos reservando los nuevos antibióticos para casos extremos, y los laboratorios invirtiendo su dinero en otras áreas terapéuticas más rentables que la antibioterapia. Y la razón me la acaba de dar la Agencia Europea del Medicamento (EMA).
 
La EMA acaba de presentar  un informe sobre la reserva de determinados antimicrobianos para el tratamiento en humanos, a fin de luchar contra el problema de las resistencias a los antibióticos.
 
Resumiendo, propone hacer una lista de antibióticos de reserva exclusiva para tratamiento en seres humanos basado en estas tres condiciones:
1.- Dejar esos antibióticos sólo para el tratamiento de infecciones que hagan peligrar la vida de las personas, y para aquellas situaciones en que no existan tratamientos alternativos o estos sean muy escasos.
2.- Que no se presente un riesgo de transmisión de la enfermedad de animales a humanos.
3.- Que no tengan un impacto negativo en la salud pública o en la salud animal.
 
Y en este club no sólo entrarán a formar parte del mismo los antibióticos que cumplan los tres puntos anteriores, sino también los antivirales, antifúngicos y antiprotozoarios que reúnan los citados tres requisitos indispensables.
 
Se pone freno, igualmente, a la costumbre generalizada de utilizar determinados antibióticos tanto para las personas como para los animales, y dejan bien claro que los antibióticos que entren en esa lista se excluirán completamente del contexto veterinario; es decir: cualquier antimicrobiano de la lista jamás se podrá usar en ningún animal.
 
Se impondrán igualmente restricciones a las importaciones y la esta lista será una base para ello. Aunque haya productos que dejen de utilizarse en la UE, si se usan en otros lugares, la lista será un instrumento básico para restringir las importaciones.
 
Pero que nadie crea que esto es un capricho. El problema de las resistencias a los antibióticos es muy grave. Según el informe “Investigación Global sobre la Resistencia a los Antimicrobianos” (GRAM) más de 1,2 millones de personas murieron en 2019 como resultado directo de infecciones bacterianas resistentes a los antibióticos. Y si esto sigue así, se estima que para el año 2050 morirán 10 millones de personas cada año por culpa  de las resistencias a los antibióticos.
 
Un análisis publicado en la revista “The Lancet” señala que la resistencia a los antibióticos es ahora una de las principales causas de muerte en todo el mundo, por encima del sida o la malaria.
 
La resistencia a dos clases de antibióticos que se utilizan como primera línea de tratamiento en infecciones graves, como son las fluoroquinolonas y los antibióticos betalactámicos, representan más del 70 por ciento de las muertes causadas por resistencias.
 
Y si hablamos de las principales bacterias causantes, tenemos en la lista al E. coli, S. aureus, K. pneumoniae, S. pneumoniae, A. baumannii y P. aeruginosa, como responsables de 929.000 muertes directas. A estos se unirían otras bacterias resistentes a la meticilina, entre las que destaca el Staphylococcus aureus (S. aureus) responsable de más de 100.000 muertes directas.
 
Ojalá hubiese otra forma de evitar este problema; que fuésemos todos capaces (médicos y pacientes) de ser responsables y utilizar correctamente los antibióticos; y así los laboratorios invertirían grandes sumas de dinero para descubrir nuevos y mejores antibióticos. Pero como la experiencia nos demuestra que esto no es posible, sólo nos quedan medidas restrictivas y cortoplacistas como estas, para que lo poco bueno que hay disponible (antibióticos sin o con muy pocas resistencias) se utilicen con cuentagotas para que mantengan su eficacia; aunque esto signifique que los laboratorios sigan huyendo de investigar en este campo. Es un círculo sin salida.
 



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martes, 7 de abril de 2020

Las bacterias dominan nuestro ADN

(AZprensa) El estrés, una mala alimentación, la falta de actividad física o el uso de determinados fármacos, pueden alterar la microbiota intestinal (conjunto de bacterias intestinales). Este fenómeno se conoce como disbiosis y está relacionado con la aparición de síntomas diversos como molestias digestivas, estreñimiento o diarrea, dolor de cabeza, problemas dermatológicos, retención de líquidos, hinchazón, etc. En general se trata de molestias inespecíficas no asociadas a una patología médica concreta pero que provocan malestar y disminución de la calidad de vida.

Nacemos sin bacterias en el intestino y mediante el contacto con el medio externo adquirimos, durante los primeros años de vida, una microbiota específica para cada persona. Se estima que en un adulto viven alrededor de 2 kilogramos de bacterias, fundamentalmente en el intestino y el colon. Tenemos más ADN de bacterias que propio y más bacterias que células en el organismo, todo esto nos permite entender la importancia de la microbiota para nuestra salud.

El intestino está colonizado por más de 1.000 especies diferentes de bacterias que se encargan de funciones tan importantes como el correcto funcionamiento del sistema inmunológico, la digestión y síntesis de nutrientes o la protección frente a la entrada de agentes patógenos. La disbiosis intestinal está relacionada con el desarrollo o agravamiento de distintas enfermedades que, hasta ahora, no se abordaban de una manera adecuada.

Las alteraciones de la microbiota también se han relacionado con condiciones tan comunes como el desarrollo de intolerancias alimentarias o la inflamación intestinal. Actualmente el estudio de la microbiota ha cobrado mayor importancia por la reciente publicación de estudios que han demostrado que existe una relación entre la respuesta a la terapia inmunológica frente al cáncer, en fase de investigación, y la microbiota intestinal.

Por consiguiente, la microbiota intestinal interactúa con diferentes sistemas del organismo (sistema nervioso, inmune, digestivo, etc.) siendo clave para prevenir y ayudar en el tratamiento de un gran número de enfermedades.

domingo, 23 de febrero de 2020

Las bacterias juegan un papel más importante que las algas en el mar

(AZprensa) Las bacterias marinas que capturan luz y la transforman en energía bioquímica no son una rareza, como se pensaba hasta hace poco. Un trabajo publicado en la revista “Science Advances”, con participación del Instituto de Ciencias del Mar del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), muestra que la luz del sol, la principal fuente de energía que sustenta los ecosistemas marinos, es capturada principalmente por las bacterias, y no por las algas o las cianobacterias (también llamadas algas verde-azuladas), como se pensaba hasta ahora.

Las bacterias heterótrofas se alimentan normalmente degradando materia orgánica. Pero en el mar y otros sistemas acuáticos, hay bacterias que pueden realizar una ‘fotosíntesis’ gracias a dos pigmentos, la proteorodopsina y la bacterioclorofila. Estos pigmentos transforman la luz en energía bioquímica al igual que la clorofila en las algas y plantas.

Hasta ahora no se había podido cuantificar cual era la contribución de cada uno de estos tres pigmentos (clorofila, bacterioclorofila y proterodopsina) en la captación de energía solar en los océanos. Es lo que ha hecho ahora este equipo de investigación, que se embarcó en el buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa y estudió el Mediterráneo Oriental, uno de los mares más pobres en nutrientes del mundo, y lo comparó con el Mediterráneo Occidental y el océano Atlántico.

Los resultados revelan que, si bien la bacterioclorofila contribuye poco a la entrada de energía al mar, la proteorodopsina captura aproximadamente la misma cantidad que la clorofila y, a veces, bastante más. Aunque en el mar hay menos proteorodopsina que clorofila, una sola molécula de proteorodopsina ya es eficaz, mientras que se necesitan muchas moléculas de clorofila para crear un sistema de captación de energía eficaz. “Para tener un fotosistema funcional, de clorofila se necesitan 300 moléculas mientras que de proteorodopsina basta con una”, añade Laura Gómez Consarnau. De ahí que puedan capturar mucha más energía, hasta el doble.

El resultado marca un punto de inflexión porque rompe con el paradigma tradicional de que casi toda la luz del sol en los ecosistemas marinos es capturada por cianobacterias, microalgas y algas gracias a la clorofila. También confirma cómo pueden sobrevivir las comunidades bacterianas en aguas muy pobres en materia orgánica.

domingo, 2 de junio de 2019

¡Encuentran vida en Dallol!


(AZprensa) Como ya informamos en “AZprensa “el pasado 20 de febrero diciendo “si encuentran vida aquí, puede haber vida en cualquier sitio”, la noticia ahora es que sí hay vida, la han encontrado.

Un equipo internacional de investigadores liderado por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha hallado vida por primera vez en el entorno extremo del sistema hidrotermal de Dallol, en Etiopía. Se han identificado pequeñas bacterias (nano-bacterias) “incrustadas” en las capas de sal depositadas sobre las pequeñas chimeneas geotermales de este entorno extremo. Los resultados del hallazgo, publicados en la revista "Scientific Reports", proporcionan información para evaluar los límites de habitabilidad tanto en la Tierra como en otras partes del Sistema Solar, y para seleccionar sitios de aterrizaje para futuras misiones en busca de vida.

El área geotérmica de Dallol, en la parte norte de la depresión de Danakil (situada hasta 155 metros bajo el nivel del mar), se considera uno de los entornos más extremos de la Tierra. De hecho, es el lugar más caluroso del planeta, con condiciones extremas de alta temperatura, alta acidez, contenido de sal y metales.

“Hemos observado que unas estructuras ultra pequeñas (que a primera vista parecen ser precipitados minerales) están enterradas dentro de depósitos minerales. Estos organismos se identifican como miembros de la orden nanohaloarquea (un tipo de nanobacterias), aunque posiblemente sean nuevos microorganismos no descritos hasta el momento”, explica el líder del estudio, Felipe Gómez.

“El valor añadido de este descubrimiento es el haber encontrado no solo presencia de vida en un análogo terrestre tan extremo, sino además, del tipo de vida que se ha encontrado. La nanobacterias descubiertas no habían sido descritas en ambientes multi-extremos como Dallol y nos abren un abanico de posibilidades de investigación en la definición de los límites de la vida”, añade Gómez.

“Los resultados de este estudio tienen implicaciones para la comprensión de los límites de la vida, de la habitabilidad en la Tierra y de Marte joven (tal cual era el planeta rojo hace 3.000 millones de años)”, detalla Gómez.

Las aguas termales de Dallol son altamente ácidas y salinas, con temperaturas máximas que oscilan entre los 90 y 109 ° C. En la superficie, la temperatura del agua es superior a 100 ° C y altamente ácida. Las piscinas calientes resultantes varían en color dependiendo de la concentración de metal, dando colores muy llamativos. La combinación de estos parámetros químicos y físicos extremos (temperatura, acidez, salinidad y metales pesados) ha dado como resultado el entorno más inhóspito que pudiera imaginarse para albergar vida… ¡y la han encontrado!



sábado, 25 de mayo de 2019

Las bacterias intestinales sirven para combatir la obesidad y el estrés


(AZprensa) La microbiota intestinal (la comunidad de microorganismos que habita en el sistema digestivo) juega un papel clave en nuestro organismo: influye en el desarrollo y el funcionamiento de los sistemas inmunitario, endocrino y nervioso. Ahora, un proyecto europeo coordinado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado que una microbiota sana contribuye a regular el apetito, el metabolismo de nutrientes como la glucosa, el peso corporal y la inflamación asociada a la obesidad. Demuestra también la influencia de la microbiota en el neurodesarrollo y la respuesta a estrés, que a su vez influye en el futuro riesgo de desarrollar patologías crónicas metabólicas y mentales.

El proyecto ha identificado nuevas cepas bacterianas intestinales que podrían dar lugar a una nueva generación de probióticos capaces de combatir de una manera más eficaz las patologías crónicas asociadas a la obesidad y el estrés, como el síndrome metabólico y la diabetes, y la depresión.

En concreto, “en uno de nuestros estudios observamos que una dieta poco saludable redujo la diversidad de la microbiota e incrementó la abundancia de proteobacterias (enterobacterias), potencialmente inflamatorias, en niños que inicialmente tenían un peso normal y que durante el período de estudio (4 años) acabaron desarrollando sobrepeso. Por el contrario, en niños que mantuvieron un peso normal se observaron reducciones de este grupo de bacterias”, explica Yolanda Sanz, responsable del grupo de Ecología Microbiana, Nutrición y Salud del Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos (IATA), de Valencia. Sanz.

Se ha  demostrado que una microbiota sana aumenta la expresión del receptor de dopamina del cerebro, aumentando el control del apetito y reduciendo la ingesta. “Los hallazgos muestran por primera vez en humanos que la microbiota intestinal influye favorablemente en el control del balance energético y así mejora la salud metabólica, regulando el eje intestino-cerebro”, explica la profesora Sanz.

¡Cuidado con las proteínas!

“Aunque las dietas ricas en proteínas son a menudo efectivas para perder peso, el aumento de la ingesta de proteínas también incrementa la proporción de productos proteicos que alcanzan el intestino grueso y son metabolizados por la microbiota del colon, generando compuestos tóxicos”, detalla Sanz. “Nuestro estudio demuestra, por primera vez, que no solo la cantidad de proteína de la dieta es importante, sino también su calidad, y que esto da lugar a la producción de un mayor o menor número de metabolitos tóxicos para el riñón fruto de la actividad de nuestra microbiota. Esto debería tenerse en cuenta en las futuras recomendaciones sobre las dietas altas en proteínas, sobre todo cuando se mantienen de forma prolongada”, añade la investigadora.

“En base a todos estos estudios, el equipo del IATA-CSIC ha generado un biobanco de bacterias intestinales humanas, que constituye un valioso material biológico, que podrá ser explotado para combatir la obesidad y las complicaciones metabólicas y mentales asociadas y para otras futuras aplicaciones en nutrición y en la práctica clínica”, concluye Sanz.

miércoles, 20 de marzo de 2019

Un nuevo informe revela la creciente ineficacia de los antibióticos


(AZprensa) Según un informe del Centro Europeo para Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), los antimicrobianos utilizados para tratar enfermedades que pueden transmitirse entre animales y humanos, como la campilobacteriosis y la salmonelosis, son “cada vez menos efectivos” debido al uso excesivo e indiscriminado de antibióticos.

Según dicho estudio, las resistencias a las fluoroquinolonas (como la ciprofloxacina) es tan alta en la bacteria ‘Campylobacter’ en algunos países que estos antimicrobianos ya no funcionan para el tratamiento de los casos severos de campylobacteriosis. Por otra parte se recoge que la mayoría de los países han informado que la salmonela en humanos es cada vez más resistente a las fluoroquinolonas. Por otra parte, la resistencia a múltiples fármacos (resistencia a tres o más antimicrobianos) es alta en ‘Salmonella’ (28,3%), especialmente ‘Salmonella Typhimurium’.

También en ‘Campylobacter’, se ha constatado la aparición de altas proporciones de bacterias resistentes a la ciprofloxacina y las tetraciclinas. No obstante se ha encontrado que la resistencia combinada a los antimicrobianos de importancia crítica fue baja o muy baja en ‘Salmonella’ y ‘Campylobacter’ (tanto en humanos como en animales) así como en ‘E. coli’ en animales.

Mike Catchpole, del ECDC, ha declarado que “ahora es el momento de cambiar el rumbo de la resistencia a los antimicrobianos si queremos que los antibióticos funcionen. Es especialmente preocupante cuando se trata de resistencia combinada: incluso las bajas proporciones significan que muchos miles de pacientes en toda la UE tienen opciones de tratamiento limitadas para infecciones graves”.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Una bacteria muestra el camino para luchar contra las bacterias


(AZprensa) Investigadores de la universidad de Newcastle (Reino Unido) han encontrado proteínas que participan en un nuevo mecanismo molecular que regula el inicio de la división celular de E. coli. Las proteínas implicadas en este proceso podrían servir como diana en futuras estrategias de producción de nuevos antibióticos para frenar a las bacterias multiresistentes.

La división celular es un proceso crítico para la supervivencia bacteriana. Además de controlar el reparto del contenido genético, la célula misma debe dividirse, para lo que la membrana celular ha de estrangularse sin perder la presión intracelular.

La bacteria resiste esa presión gracias a una supramolécula que recubre a la membrana a modo de un corsé. Este envoltorio se alarga durante el crecimiento bacteriano mientras la longitud de la bacteria aumenta y todo contribuye a mantener un equilibrio. Durante la división celular, este equilibrio se debe reajustar para separar las células hijas, y se disparan mecanismos que cambian la disposición de la supramolécula, simultáneamente al estrangulamiento de la membrana. Durante todo el proceso la membrana es estable y no se produce ninguna rotura que acabaría con la bacteria.

En la investigación también han participado investigadores del Centro Nacional de Biotecnología, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).  Los resultados del estudio se han publicado en la revista “Nature Communications”.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Las bacterias se dan cuenta del peligro y reaccionan


(AZprensa) Pese a la creencia habitual, son las bacterias que producen las infecciones, no los humanos que las sufren, las que desarrollan la resistencia al tratamiento. Esto generalmente sucede porque las bacterias incorporan genes que les permiten contrarrestar la acción de los fármacos. Del mismo modo, las bacterias han adquirido también sensores específicos, capaces de detectar la presencia del antibiótico y activar los mecanismos de resistencia.

Los investigadores han logrado determinar que estos sensores tienen una capacidad de hasta dos bits, lo que permite a las bacterias, no solo detectar la presencia del antibiótico, sino también medir su concentración.

Gracias a estos sensores de dos bits, las bacterias pueden evaluar de manera rudimentaria el nivel de amenaza que el antibiótico supone y modular su respuesta. Así, si la concentración de antibióticos está por debajo del umbral que les causa un daño, las bacterias no responderán a su presencia. Concentraciones crecientes irán produciendo respuestas progresivamente mayores, lo que permite a las bacterias ahorrarse el costoso proceso de generar la resistencia cuando la amenaza de los antibióticos no es importante.

Estos sensores de 2 bits están optimizados para evaluar concentraciones muy por debajo de las que se utilizan en los hospitales. Estos niveles residuales de antibióticos, sin embargo, son muy habituales en el entorno natural. El uso masivo de antibióticos, tanto para el tratamiento de infecciones en los humanos como para la cría de animales de granja, ha generado una contaminación generalizada en el medio ambiente por parte de estas moléculas. Los resultados obtenidos indican que los mecanismos de resistencia están fundamentalmente dirigidos hacia estas concentraciones residuales, lo que indica que el problema de la resistencia a los antibióticos no es solo un problema de salud humana, sino, fundamentalmente, un problema de salud ambiental.

Los resultados de este estudio,  en el que han participado investigadores del Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria (centro mixto del CSIC, la Universidad de Cantabria y el Gobierno de Cantabria), se han publicado en la revista “Science Advances”.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Mitos y realidad de las resistencias a los antibióticos


(AZprensa) Aunque el público está cada vez más concienciado sobre la resistencia a los  antimicrobianos, sigue habiendo una serie de conceptos erróneos frecuentes sobre la naturaleza de estas resistencias y el uso de los antibióticos:

1.- Los antibióticos son eficaces contra todas las enfermedades infecciosas
¡Falso! Los antibióticos actúan únicamente sobre bacterias que son sensibles a ellos y éstas son cada vez más resistentes a los tratamientos habituales.

2.- La resistencia a los antibióticos se produce cuando el cuerpo se hace resistente a los antibióticos
Se trata de un error frecuente; en realidad, son las propias bacterias las que pueden desarrollar resistencia al tratamiento habitual, no el cuerpo humano.

3.- Una buena práctica consiste en dejar de tomar antibióticos en cuanto me encuentre mejor, para reducir al mínimo el riesgo de resistencia
Por el contrario, es importante que siga los consejos de su profesional sanitario y mantenga el tratamiento con antibióticos durante el tiempo prescrito, aunque se sienta mejor. Esa es la mejor manera de evitar que las bacterias se vuelvan resistentes al antibiótico y de asegurarse de no volver a enfermar.

4.- La resistencia a los antibióticos es solo un problema para las personas que toman antibióticos con frecuencia
Eso no es cierto. Aunque el cumplimiento estricto de las instrucciones sobre el uso de antibióticos reduce el riesgo, cualquier persona puede infectarse por bacterias multirresistentes. Esto se debe a que las bacterias o los patógenos cambian y encuentran formas de resistir los efectos de los antibióticos. Este proceso de adaptación provoca resistencia a los antibióticos.

5.- No hay nada que yo pueda hacer para detener la propagación de las resistencias a los antibióticos
¡Falso! Todos podemos contribuir a la lucha contra las resistencias a los antibióticos, desde el sector farmacéutico hasta los responsables políticos y el público en general. Usted puede contribuir en la lucha contra la resistencia teniendo una buena higiene, manteniendo el calendario de vacunas al día y tomando siempre los antibióticos exactamente como se los prescriban los profesionales sanitarios.

6.- Vivo en un país donde la resistencia a los antibióticos no es un gran problema, por lo que no  tengo que preocuparme
Esto no es así; la globalización ha aumentado la propagación de las resistencias a los antibióticos, por lo que es un problema independientemente del lugar donde viva cada uno.

7.- Las vacunas no ayudan a prevenir la diseminación de las resistencias a los antibióticos
¡Falso! Usted puede contribuir activamente a la prevención de las resistencias a los antibióticos manteniendo al día sus vacunaciones y las de su familia. Los expertos coinciden en que las vacunas desempeñan un papel fundamental en el arsenal disponible para combatir dichas resistencias. Las vacunas se administran para ayudar a prevenir la aparición de infecciones, lo que de forma natural reduce el uso de antibióticos.

8.- No hay problema con tomar antibióticos que se hayan prescrito a otra persona
Eso no es cierto. A los pacientes se les prescriben antibióticos para infecciones concretas, por lo que es posible que un antibiótico prescrito para una persona no funcione para otra. Debe acudir a su médico de atención primaria si se encuentra mal, para que, si lo considera oportuno, le pueda prescribir los medicamentos adecuados.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Cada año mueren 700.000 personas en el mundo por culpa de las resistencias a los antibióticos


(AZprensa) El desarrollo y diseminación de las bacterias multirresistentes constituye una amenaza real para la salud pública mundial, reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la propia Unión Europea. Como resultado de las resistencias antimicrobianas se producen 700.000 muertes anuales en el mundo, y recientemente, se ha estimado que podrían morir 10 millones de personas en el año 2050, superando al cáncer como primera causa de muerte. En España, por ejemplo, y según la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), los resultados son contundentes, y cada año, más de 35.000 personas mueren con infecciones producidas por bacterias multirresistentes.

Los medicamentos antimicrobianos, especialmente los antibióticos que actúan contra las bacterias, son uno de los recursos médicos más valiosos que existen. Por ello resulta alarmante que a causa de su mala utilización (tomarlos en enfermedades donde son ineficaces como, por ejemplo, las infecciones provocadas por virus; o no seguir las pautas de administración marcadas por el médico; etc.) estén perdiendo su eficacia, porque las bacterias que sobreviven cambian y encuentran mecanismos para hacerse resistentes a los antibióticos propagando a otras ese mecanismo de resistencia.

En concreto, la resistencia a los antimicrobianos, especialmente en las bacterias gramnegativas, es una de las mayores amenazas para la salud mundial, que puede afectar a cualquier persona, de cualquier edad, en cualquier país, y si no se frena la mala utilización de los antibióticos y no se descubren otros nuevos, las consecuencias para la salud de la población mundial pueden ser devastadoras.

Por eso, y para conciencias a pacientes, público general y profesionales sanitarios, diversas sociedades científicas se han unido, con el apoyo del laboratorio Pfizer, para difundir estos mensajes.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Tenemos 2 kg de bacterias y más ADN suyo que nuestro


(AZprensa) El estrés, una mala alimentación, la falta de actividad física o el uso de determinados fármacos, pueden alterar la microbiota intestinal (conjunto de bacterias intestinales). Este fenómeno se conoce como disbiosis y está relacionado con la aparición de síntomas diversos como molestias digestivas, estreñimiento o diarrea, dolor de cabeza, problemas dermatológicos, retención de líquidos, hinchazón, etc. En general se trata de molestias inespecíficas no asociadas a una patología médica concreta pero que provocan malestar y disminución de la calidad de vida.

Nacemos sin bacterias en el intestino y mediante el contacto con el medio externo adquirimos, durante los primeros años de vida, una microbiota específica para cada persona. Se estima que en un adulto viven alrededor de 2 kilogramos de bacterias, fundamentalmente en el intestino y el colon. Tenemos más ADN de bacterias que propio y más bacterias que células en el organismo, todo esto nos permite entender la importancia de la microbiota para nuestra salud.

El intestino está colonizado por más de 1.000 especies diferentes de bacterias que se encargan de funciones tan importantes como el correcto funcionamiento del sistema inmunológico, la digestión y síntesis de nutrientes o la protección frente a la entrada de agentes patógenos. La disbiosis intestinal está relacionada con el desarrollo o agravamiento de distintas enfermedades que, hasta ahora, no se abordaban de una manera adecuada.

Las alteraciones de la microbiota también se han relacionado con condiciones tan comunes como el desarrollo de intolerancias alimentarias o la inflamación intestinal. Actualmente el estudio de la microbiota ha cobrado mayor importancia por la reciente publicación de estudios que han demostrado que existe una relación entre la respuesta a la terapia inmunológica frente al cáncer, en fase de investigación, y la microbiota intestinal.

Por consiguiente, la microbiota intestinal interactúa con diferentes sistemas del organismo (sistema nervioso, inmune, digestivo, etc.) siendo clave para prevenir y ayudar en el tratamiento de un gran número de enfermedades.

sábado, 30 de diciembre de 2017

El control de las malas hierbas está en manos de las bacterias del suelo

(AZprensa) Un estudio realizado en la Estación Experimental de Zonas Áridas del CSIC, publicado en la revista “Scientific Reports”, ha demostrado que las bacterias del suelo cambian cuando dos especies de plantas interactúan, lo que afecta al rendimiento de una de las especies, que puede incluso llegar a desaparecer de la zona. Estos resultados muestran claramente la importancia de los microbios en la composición y funcionamiento de los ecosistemas.

En concreto, para este estudio se sembraron dos especies de arbustos comunes en las zonas costeras de Almería: el arto y el cambrón. Las comunidades bacterianas del suelo son distintas para cada especie de arbusto, pero cuando ambas especies crecen juntas, las bacterias cambian y desaparecen muchas de las asociadas al arto y predominan las del cambrón.

De esta forma se ha puesto de relieve el papel de los microbios del suelo en la regulación de la dinámica de los ecosistemas, demostrando la importancia que tienen las comunidades bacterianas y la necesidad de estudiar los organismos, no como entidades aisladas, sino como componentes de una red con múltiples niveles.

“Gracias a esta investigación se podrían realizar estudios futuros en los que fuera posible manipular comunidades de bacterias para favorecer o perjudicar una determinada especie como las malas hierbas o las plantas parásitas”, ha declarado el investigador del CSIC Francisco Puignaire, añadiendo que aunque la competencia entre las plantas es un proceso local, al alterar la composición y la dinámica de los microorganismos del suelo, sus efectos generan cambios en la comunidad vegetal.

jueves, 27 de julio de 2017

Las bacterias intestinales tienen mucho que ver con nuestra felicidad

(AZprensa) Millones de microorganismos, en su mayoría bacterias, habitan en nuestro intestino y, al contrario de lo que pudiera parecer, contribuyen a mantenernos saludables. Ellos forman la llamada microbiota intestinal, que nos ayuda a digerir los alimentos, modula nuestro sistema inmune, optimiza el aprovechamiento energético de la dieta e incluso –se ha descubierto recientemente- afectan a nuestra actividad cerebral.
Carmen Peláez, del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL-CSIC), explica cómo el deterioro de la microbiota intestinal se relaciona con enfermedades como la obesidad, las inflamaciones intestinales e incluso los trastornos neurológicos.

“El cuerpo humano –expone- está compuesto por células que se organizan en tejidos, órganos y sistemas, y por una parte muy importante de microorganismos que se distribuyen por el organismo. En concreto el colon es la parte del tracto digestivo que más microorganismos contiene y que conocemos como microbiota intestinal. Tenemos tantas células microbianas como humanas o incluso más y los genes microbianos son 100 veces mayor que los humanos. Aunque las cifras varían entre unas personas y otras, la población microbiana del colon incluye unos 30-50 billones de bacterias de unas 500-1.000 especies distintas. Es una diversidad enorme”.

“La microbiota intestinal –continúa explicando- es esencial para que estemos sanos. Esto es algo bastante desconocido fuera del ámbito científico. Tradicionalmente hemos entendido que los microorganismos eran algo perjudicial que había que combatir. Pero desde principios del siglo XX se sabe que tienen propiedades beneficiosas. Concretamente la microbiota intestinal tiene que implantarse en el recién nacido de forma correcta para que se dé un equilibrio -la homeostasis intestinal- que es de varios tipos. En primer lugar es metabólico, es decir, la microbiota nos ayuda a digerir la dieta no digestible por nuestras propias células. Los carbohidratos complejos, lo que popularmente llamamos fibra, no pueden ser absorbidos por nuestro intestino delgado, a diferencia de los carbohidratos sencillos, la grasa u otros componentes. La fibra llega intacta al colon y allí la microbiota intestinal se encarga de digerirla y producir a partir de ella metabolitos, ácidos grasos de cadena corta que son muy importantes para conservar la salud intestinal, fomentar las reservas energéticas y permitir que estemos metabólicamente sanos”.

Pero además, recientemente se habla de una relación entre estos microorganismos y el cerebro... “Cada vez es más evidente que existe un eje cerebro-intestino-microbiota. La relación entre el cerebro y el intestino es bastante intuitiva: cuando estamos nerviosos o tenemos estrés, sufrimos problemas intestinales, dolor de estómago, trastornos de la motilidad intestinal como diarreas o estreñimiento... Es decir, lo que sucede en el cerebro nos está influyendo en la actividad intestinal. Pero también, cuando tenemos una disfunción intestinal porque algo nos ha sentado mal, solemos estar de mal humor. De alguna manera existe ese eje, aunque es complicado explicar su base bioquímica. En una situación de estrés prolongada, el cerebro ordena la producción sostenida de altos niveles de corticosteroides; esas hormonas del estrés llegan vía sanguínea al intestino y ahí afectan a la microbiota y a la motilidad intestinal... Esa microbiota tiene mucho que ver con neurotransmisores y con la producción de serotonina, la hormona de la felicidad”.