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sábado, 11 de enero de 2025

Marte está en el ártico

(AZprensa) En el corazón del Ártico canadiense se encuentra la Isla Devon, una vasta extensión de tierra deshabitada que, a pesar de su remota localización, ha capturado la atención de la ciencia y la exploración espacial. Conocida como la isla deshabitada más grande del mundo, Devon es un escenario que, por su geografía y condiciones climáticas, se asemeja notablemente a Marte. Es aquí donde la NASA ha encontrado un terreno ideal para sus misiones análogas, convirtiendo este inhóspito paraje en un laboratorio natural para la exploración espacial.
 
La Geografía de Devon: Un Espejo de Marte
 
La Isla Devon, situada en Nunavut (Canadá), cubre un área de 55,247 km². Su paisaje es un desierto polar, con montañas estériles y un clima extremadamente frío, donde las temperaturas pueden caer hasta los -50°C en invierno. El cráter Haughton, de 23 kilómetros de diámetro, es uno de los puntos más destacados de la isla. Formado por el impacto de un meteorito hace aproximadamente 39 millones de años, este cráter es uno de los sitios más parecidos a Marte en la Tierra, tanto por su geología como por su aislamiento y condiciones climáticas.
 
La presencia de la NASA en la Isla Devon se centra principalmente en el Proyecto Haughton-Mars (HMP). Este proyecto comenzó a principios del siglo XXI y es gestionado por el Mars Institute en colaboración con la NASA. Durante los veranos árticos, científicos y astronautas se desplazan a Devon para simular misiones en Marte. La isla ofrece un ambiente único para probar tecnologías, sistemas de comunicación, hábitats y rovers en condiciones que imitan las de Marte.
 
El HMP no solo permite estudiar cómo es vivir en otro planeta sino también entender mejor cómo explorar Marte en el futuro. Desde pruebas de trajes espaciales hasta experimentos de crecimiento de plantas en condiciones extremas, la isla de Devon es un campo de prueba invaluable.
 
Pero la presencia de la NASA en esta remota isla deshabitada ha dado lugar también a diversas teorías conspirativas. Algunas personas sugieren que las imágenes de Marte son en realidad fotos tomadas en Devon, argumentando que su paisaje similar podría ser usado para engañar al público.
 
No sólo la NASA
 
La investigación en la isla Devon no se limita a la NASA. Este lugar también atrae a científicos de otras disciplinas interesados en el estudio del impacto de meteoritos, la biología en ambientes extremos y la geología de cráteres. Además, el lugar es utilizado por otras organizaciones internacionales para misiones análogas, ampliando el alcance del conocimiento humano sobre cómo vivir y trabajar en condiciones marcianas.
 
El futuro de la presencia de la NASA en Devon parece prometedor. Con la creciente ambición de explorar Marte, la isla seguirá siendo un punto clave para la preparación de astronautas y el desarrollo de tecnologías espaciales.
 
La Isla Devon, con su clima hostil y geografía marciana, es más que un simple paisaje ártico; es un laboratorio a cielo abierto para la exploración espacial. La "misteriosa" presencia de la NASA aquí es, en realidad, un testimonio de la búsqueda humana por entender y eventualmente habitar otros planetas. Este rincón del Ártico, lejos de los ojos del mundo, nos muestra que el espíritu de exploración y el deseo de expandir nuestros horizontes no conocen límites, ni siquiera los más fríos y remotos.
 

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martes, 24 de septiembre de 2024

Los chinos lo ven de distinto color

(AZprensa) Ha causado sorpresa la publicación el pasado 30_jul-2024 en la revista científica “Science bulletin” (se adjunta enlace al final) de un artículo firmado por un equipo de investigadores chinos en donde muestran el resultado final del ensamblaje de miles de fotografías de la superficie de Marte tomadas por la sonda Tianwen-1. Estas imágenes sobrepasan en calidad lo obtenido hasta ahora ya que ofrecen una resolución de 76 metros por pixel y muestran toda la superficie de este planeta.
 
Pero lo que realmente sorprende es que el color de la superficie de Marte no es rojo sino de color tierra, y los chinos no se cansan de afirmar que los aparatos fotográficos que han utilizado muestran el “color real” del planeta.
 
Así que ya vemos, mientras los estadounidenses no se cansan de hablar del “planeta rojo” y demostrar al público imágenes teñidas de rojo, ahora resulta que van los chinos y les demuestran que no, que el color verdadero es marrón. Claro que también a los estadounidenses se les ha escapado en más de una ocasión alguna fotografía en donde el suelo se veía marrón y el cielo azul (vamos, como en la Tierra aunque sin vegetación).
 
Y al hilo de esto nos vienen a la memoria otras imágenes que divulgaron los chinos bien orgullosos cuando consiguieron que una de sus naves aterrizase en la Luna. ¿Y qué pasó? Pues que entonces pudimos ver –al comprar las fotos de chinos y estadounidenses- que la Luna –según los chinos- no es blanca sino marrón, color tierra.
 
En este caso, los estadounidenses siempre han mostrado fotos del suelo lunar completamente blanco, como de yeso, mientras que los chinos han podido comprobar, y así se lo han dicho al mundo, que el suelo de la Luna es de color tierra y no de yeso blanco.
 
Ya lo dice el refrán (y la sabiduría popular es muy certera): “En esta vida todo es del color del cristal con que se mira”. Lo que no sabemos es con qué cristal (o con qué intenciones) miran unos y otros, porque alguno de los dos tiene que estar equivocado… o quizás los dos.
 
En la imagen, mapa cartográfico de Marte publicado por los chinos, el cual puedes descargarte en una buena resolución accediendo al artículo publicado según se puede acceder al mismo en este enlace:
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2095927324002949
 

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jueves, 4 de julio de 2024

Un pequeño paso para la humanidad, pero un gran paso para los musgos

(AZprensa) Si has leído este titular sin duda te habrá llamado la atención y pensarás que está equivocado. La frase famosa correcta sería “un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad” y la pronunció el astronauta Neil Armstrong cuando pisó la Luna por primera vez. Pero no, el titular no está equivocado por lo que hemos podido leer en el diario “The Guardian”…
 
Según informa este periódico, unos investigadores chinos han descubierto un tipo de musgo que crece sin problemas en los lugares más inhóspitos de la Tierra, tales como el desierto de Mojave (California, Estados Unidos), caracterizado por tener las condiciones más extremas de sequedad y altas temperaturas, o la Antártida, caracterizada por su frío extremo.
 
Pues según estos científicos, hay un tipo de musgo, el llamado Syntrichia caninervis, que es capaz de soportar estos extremos de temperatura y no sólo eso, sino que también soporta situaciones límite, tales como "niveles muy altos de radiación, temperaturas muy frías y niveles muy bajos de oxígeno", según afirman.
 
En tales circunstancias, estiman que este tipo de musgo podría vivir en Marte y convertirse en el primer terrícola adaptado para vivir en este planeta vecino, dando así el primer paso para una futura colonización.
 
Como se dice en esta información, esto supone “un primer paso para el hombre”, aunque –desde luego- es un gran paso para todos los musgos.
 
Mira tú por dónde, quizás el primer terrícola que se quede a vivir en Marte no tendrá nombre norteamericano, ni chino, sino que tendrá un nombre en Latín: Syntrichia caninervis
 
¡Y decían que el Latín es una lengua muerta! ¡Pues va a resultar que no, que es la única –o al menos la primera- capaz de vivir en Marte!
 

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domingo, 19 de marzo de 2023

La historia de dos españoles que sobrevivieron en el espacio

(AZprensa) Hoy queremos recordar la curiosa historia de dos españoles que consiguieron sobrevivir en el espacio, soportando las más duras pruebas para comprobar si eran capaces de adaptarse y vivir en la superficie de Marte. Esto sucedió hace unos años, concretamente en el mes de junio del año 2016.
 
Estos dos españoles, de la provincia de Ávila, viajaron hasta la Estación Espacial Internacional y allí los sometieron a las más rigurosas pruebas para comprobar si eran capaces de sobrevivir en Marte. Tuvieron que soportar las gélidas temperaturas de aquel planeta y respirar una atmósfera compuesta por 95% de CO2, 1,6% de argón, 0,15% de oxígeno, 2,7% de nitrógeno y 370 partes por millón de H2O; así como una presión de 1.000 pascales y, además, se les aplicaron una radiación ultravioleta como la que se recibe en la superficie de Marte y que es superior a 200 nanómetros.
 
No contentos con eso, también los expusieron a un ambiente espacial extremo (con fluctuaciones de temperatura que iban de -21,5 ºC a +59,6 ºC), a radiación cósmica-galáctica de hasta 190 megagrays, y a un vacío de entre 10-7 a 10-4 pascales, sumando a todo eso la correspondiente ración de radiación solar.
 
Pues bien, para sorpresa y alegría de todos, estos dos españoles de Ávila consiguieron sobrevivir han conseguido sobrevivir. ¿Queréis saber los nombres de estos auténticos héroes? Se trata de Rhizocarpon geographicum y Xanthoria elegans, dos especies de líquenes recolectados en la sierra de Gredos. Como se ve, la vida en Marte no es imposible, al menos para unos machos ibéricos como ellos.
 

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martes, 28 de junio de 2022

Hay agua líquida en Marte

(AZprensa) Tras el análisis de los datos enviados por la sonda Mars Reconnaissance Orbiter de la NASA, sobre la cuenca de Eridania del sur de Marte, se han descubierto evidencias de un gran mar subterráneo y en estado líquido por el calor interno del planeta que en aquella zona es más intenso.

En la imagen se muestran las distintas profundidades a que se encuentra el agua, que varía desde tan solo 100 metros de profundidad hasta más de 1.000 metros. La actividad hidrotermal, con corrientes subterráneas de lava en aquella zona, han permitido que se conserve el agua de aquella zona en estado líquido, cubriendo una superficie de 852 kilómetros de ancho.

Hace 3.700 millones de años esta cuenca albergaba un gran mar con un volumen de 210.000 kilómetros cúbicos de agua. La mezcla de minerales que se han identificado a partir de los datos del espectrómetro, incluyendo serpentina, talco y carbonato y la forma y textura de las capas de gruesos lechos marinos, ha permitido certificar la existencia de depósitos hidrotermales en el fondo.


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sábado, 18 de junio de 2022

Fobos, el satélite más cercano


(AZprensa) ¿Sabías que Fobos es el satélite que orbita más cerca de su planeta? Pues sí, este pequeño satélite de sólo 22 Km. de diámetro está a sólo 9.377 Km. de Marte, la distancia más cercana en todo nuestro sistema solar. Y sin embargo es tan pequeño que, desde la superficie de Marte sólo se ve como una simple estrella.




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jueves, 16 de junio de 2022

Marte, un frío casi soportable

(AZprensa) El rango de temperaturas en Marte va desde los –143º C a los +17º C, aunque en las zonas ecuatoriales y en verano la temperatura puede llegar a los 20º C. Lo que sí llama la atención son los grandes cambios de temperatura debido a la ligereza de su atmósfera y baja presión atmosférica. Se dice que si estuviésemos en Marte tendríamos los pies calientes y la cabeza fría ya que entre la temperatura a nivel de suelo y la temperatura a nivel de unos metros más arriba puede haber varios grados de diferencia.


Hay un pueblo que tiene su propio idioma. Así se habla en el país del "to, cucha y arrea":

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sábado, 11 de junio de 2022

Otro meteorito cae sobre Marte

(AZprensa) De vez en cuando surge la alarma (normalmente injustificada) del riesgo de impacto de algún meteorito contra la Tierra, algo que no sucede ya que cuando alguno llega finalmente a atravesar nuestra atmósfera se desintegra en la misma sin alcanzar el suelo o alcanzándolo ya partido y en trozos muy pequeños. Sin embargo Marte no tiene tanta suerte. Si ya su geografía está bastante accidentada, llena de cráteres, muchos de los meteoritos que siguen cayendo sobre su superficie acaban impactando contra el suelo ya que la débil atmósfera de marte no es capaz de desintegrarlos.

La NASA ha hecho pública esta foto en donde han podido comprobar cómo ha aparecido un nuevo cráter de impacto en una zona fotografiada antes sin que mostrase dicho impacto. En esta ocasión, el impacto ha tenido lugar en una zona bastante plana y en la fotografía se puede apreciar el impacto (a la derecha) con los rastros de polvo y restos del meteorito esparcidos alrededor.


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sábado, 4 de junio de 2022

Curiosity encontró un meteorito en Marte

(AZprensa) Uno de los descubrimientos más curiosos del rover Curiosity fue este pequeño meteorito, del tamaño de una pelota de golf, encontrado en la superficie de Marte, en donde seguramente impactó hace millones de años. Tras analizarlo se encontraron en el mismo hierro, níquel y fósforo, además de otros compuestos en menores proporciones. El enriquecimiento tanto en níquel como en fósforo sugiere la presencia de un mineral de hierro-níquel-fosfuro que es rara, excepto en los meteoritos de hierro y níquel.

Los meteoritos de hierro y níquel son una clase común de rocas espaciales que se encuentran en la Tierra, y que anteriormente ya se han visto en Marte, sin embargo este es el primero que ha sido examinado mediante el disparo de un espectrómetro láser en la propia superficie del planeta vecino.

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jueves, 2 de junio de 2022

La soledad del Curiosity

(AZprensa) La nave Mars Reconnaissance Orbiter que orbita alrededor de Marte ha enviado esta  fotografía en donde puede verse al robot Curiosity avanzando por Mounth Sharp. En la fotografía original se ha exagerado los colores (como ya es habitual en muchas de las fotografías de la NASA) y se ha coloreado de azul al robot Curiosity (en el centro de la imagen) para que se pueda distinguir fácilmente. Al pie de esta noticia ofrecemos la fotografía en unos colores más aproximados a lo que es la realidad de la geografía marciana.


La nave  Mars Reconnaissance Orbite lleva a bordo una cámara de alta resolución, la High Resolution Imaging Science Experiment (HiRISE) que está enviando a la Tierra miles de fotos con gran detalle de la superficie del planeta vecino. Precisamente ella es la que ha permitido elegir el próximo destino del Curiosity, la zona bautizada como Vera Rubin Ridge, un lugar en donde la Mars Reconnaissance Orbiter ha detectado afloramientos de hematites, un mineral de óxido de hierro.

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sábado, 21 de mayo de 2022

Así se ve el Sol desde Marte

(AZprensa) Para tener una idea clara de cómo es la luz del día en Marte no tenemos que recurrir a hipotéticas ilustraciones sino que disponemos de imágenes reales enviadas por las diferentes sondas que se han posado en su superficie y la han recorrido(y lo siguen haciendo) enviando múltiples fotografías.

Marte es el planeta más parecido a la Tierra y desde allí el Sol se ve casi a mitad de tamaño que desde la Tierra, pero el suficiente para que podamos disfrutar de una agradable luz solar. Aunque se nos dice que su albedo es de 0,15 (bastante inferior al de la Tierra que es de 0,3 a 0,4) la realidad es que todo depende del lugar en el que estemos, y teniendo en cuenta la presencia de hielo en muchos lugares y lo más o menos polvoriento que sean dichos lugares, la visibilidad puede variar y ser mucho mejor de lo que cabría esperar.

Por otra parte, sobre Marte siempre nos han mentido, haciéndonos creer que era el “planeta rojo” y que allí tanto el suelo como el color del cielo era de color rojo. Sin embargo, desde hace unos pocos años –y sin dar explicaciones- la NASA ha ido divulgando fotos (tomadas por el robot Curiosity) en donde se ve claramente que el cielo es de color azul (ver imagen) y la superficie del planeta es igual que la que podemos ver en muchos lugares de nuestro propio planeta.

En definitiva, aunque el Sol de vea de menor tamaño que en la Tierra (abajo imagen real de una puesta de sol en Marte), la luminosidad del día es bastante parecida, sólo un poco inferior, a la que tenemos aquí en la Tierra.

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lunes, 16 de mayo de 2022

El cielo azul de Marte











(AZprensa) Esta fotografía que veis es una panorámica de la superficie de Marte realizada por el rover Curiosity. Bueno, en realidad se trata –según explican- de un mosaico que se ha ido componiendo con decenas de fotografías tomadas por su cámara mástil (Mastcam) el 5 de agosto, cuatro años después del aterrizaje en el interior del cráter Gale. En la panorámica de 360º se observan mesetas y colinas de... ¿el “planeta rojo”? Parece que en esta ocasión se les ha vuelto a olvidar teñir de rojo la imagen, porque el cielo que se observa al fondo es azul, como en la Tierra. ¿Por qué tanto empeño de años en años por hacernos creer que Marte era “rojo” cuando en realidad es “azul”? Los de la NASA se despistan de vez en cuando y hacen públicas fotografías de la superficie de Marte sin retocar, mostrándonos el color real de su cielo que es azul, muy parecido al de nuestro planeta.
 
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jueves, 21 de abril de 2022

El “cinturón de asteroides” no es como te lo imaginas

(AZprensa) Cuando recitamos la lista de planetas de nuestro sistema solar, Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter... ojo, hay algo que nos hemos pasado por alto: el cinturón de asteroides que está entre Marte y Júpiter.
 
En 1766, Johann Daniel Titius comprobó que las distancias del Sol a los planetas seguían un patrón matemático (utilizando unidades astronómicas que es la distancia que hay entre el Sol y la Tierra), esa relación era: 0, 3, 6, 12, 24, 48... pero esto se rompía al pasar de Marte a Júpiter, por lo que pensó que tenía que existir un planeta entre Marte y Júpiter. Dos años después, otro astrónomo (Johann Elert Bode) profundizó en esta observación y por ello se ha dado el nombre de Ley de Titius-Bode a esta relación que, como podemos ver en la siguiente tabla se corresponde con bastante exactitud a la distancia (en unidades astronómicas) que guardan los planetas respecto al Sol:
 

Planeta

Titius-Bode

Realidad

Mercurio

0,4

0,4

Venus

0,7

0,7

Tierra

1

1

Marte

1,6

1,5

Cinturón de asteroides (Ceres)

2,8

2,8

Júpiter

5,2

5,2

Saturno

10

9,5

Urano

19,6

19,2

 
Claro que en aquél momento no se conocían ni Neptuno ni Plutón. Al descubrirse estos últimos se comprobó que la citada Ley se venía abajo, por lo que son muchos otros factores los que determinan la distancia de cada objeto al Sol:
 

Neptuno

38,8

30,1

Plutón

77,2

39,4

 
En cualquier caso, lo que sí coincide es que el cinturón de asteroides ocupa el espacio que según esta Ley debería haber ocupado un planeta. Pero ¿en qué consiste este llamado “cinturón”? Se trata de un conjunto de varios millones de asteroides (y entre ellos el que ha sido ascendido a planeta enano: Ceres) que van desde el tamaño del polvo, pasando por pequeñas rocas, hasta otros cuerpos que pueden llegar a los 950 Km. de diámetro como es el caso del citado planeta enano Ceres. Algunos opinan que había un pequeño planeta que se desintegró, aunque la creencia más generalizada es que seguramente se trate de una región de polvo que no llegó a convertirse en planeta  cuando nuestro sistema solar se formó.
 
Cuando vemos representaciones gráficas de este cinturón de asteroides, se nos ofrece un anillo de múltiples rocas que orbitan alrededor del Sol, entre Marte y Júpiter, como si fuesen los anillos de Saturno; pero no es ese el caso. Para empezar, si juntásemos todas esas rocas, la masa resultante apenas llegaría al 4 por ciento de lo que es la Luna. En segundo lugar, la mitad de toda esa masa total la acaparan sólo cinco objetos: el planeta enano Ceres y los asteroides Palas, Vesta, Higia y Juno, y en concreto la masa de Ceres es el doble que la de Pala y Vesta juntos. En tercer lugar, todo ese conjunto de asteroides está disperso a lo largo de su órbita alrededor del Sol (una órbita de 550 millones de kilómetros, más amplia que la que recorre Marte) y eso significa que las distancias que hay entre unos cuerpos y otros (sobre todo entre aquellos de mayor tamaño) dentro de este “cinturón” es por término medio de unos... 5 millones de kilómetros.
 
Está claro que el término “cinturón de asteroides” induce a engaño al hacernos creer que es un anillo denso repleto de rocas (así se muestra en muchas películas e ilustraciones), pero la realidad es que no supondría ningún peligro para una nave espacial atravesarlo, ya que las distancias entre unos cuerpos y otros son abismales. Esto no significa que no haya colisiones entre esos cuerpos, aunque en el caso de aquellas rocas con un tamaño significativo, dichas colisiones pueden darse cada 100.000 años. Hasta la fecha han sido varias las sondas espaciales que han atravesado este espacio... y nunca se han encontrado con ningún asteroide (salvo cuando han sido programadas especialmente para acercarse a alguno de ellos). Así de vacío y solitario es este famoso cinturón.
 
Dentro de este espacio que, visto en la realidad, es un inmenso espacio vacío surcado de vez en cuando por algún asteroide, hay algunos lugares más vacíos aún, es decir, en ellos jamás se adentra ninguna de las rocas que circulan por el cinturón... bueno, ciertamente sí lo hacen alguna vez... que suele ser la última, ya que al entrar en esas zonas, la fuerza de atracción de Júpiter aumenta la excentricidad de su órbita y los saca, literalmente, del citado cinturón. A esas zonas invisibles (ya que la gran variabilidad de las órbitas y lo poco denso del cinturón hace que no todos pasen por las mismas zonas al mismo tiempo) se les llama “huecos de Kirkwood”. Cuando algún asteroide entra en esa zona y sale despedido, puede llegar a cruzar en algún momento la órbita de la Tierra, tal como sucede con Eros (14x14x40 Km.) o con Adonis. Otros, como Deimos y Fobos, posiblemente estaban en este cinturón hasta que fueron atrapados por Marte que los convirtió en sus satélites.
 
Estos asteroides orbitan en el mismo sentido que los planetas y sus periodos orbitales van desde los 3,5 años hasta los 6 años. Sus órbitas son bastante circulares (excentricidad media de 0,15) aunque otros tienen una excentricidad que puede llegar a 0,6 como sucede, por ejemplo, con Apolo e Hidalgo. Por lo que se refiere a su inclinación, suelen ser superiores a 25º, como la de un asteroide descubierto en 1921 por un catalán y que fue bautizado con el nombre de Barcelona, el cual tiene una inclinación de 32,8º. Hay algún otro, sin embargo, cuya inclinación es mucho más acusada, como Betulia, que llega a una inclinación de 52º.
 
Algunos de estos asteroides tienen incluso satélites y otros se ven acompañados por una legión más o menos numerosa de pequeños asteroides. Pero cuando se habla de asteroides conviene diferenciar entre dos conceptos aparentemente similares: familia de asteroides y grupo de asteroides. Cuando se habla de familia, nos estamos refiriendo a asteroides que tienen un origen común y sus características orbitales son similares. En cambio, cuando se habla de grupo quiere decirse que dichos asteroides comparten características orbitales pero no tienen un origen común.
 
En cuanto a su composición, los asteroides de este cinturón se clasifican en tres tipos: asteroides carbonáceos o tipo C, asteroides de silicatos o tipo S, y asteroides metálicos o tipo M. Seis de cada diez son de tipo C y datan de la época de formación de nuestro sistema solar; los otros, S y M, se han formado como resultado de la fragmentación de asteroides grandes (de más de 200 Km. de diámetro) tras chocar unos con otros. Precisamente ese tamaño (200 Km.) es el tamaño mínimo que se necesita para que el calor interno generado por la gravedad sea suficiente para separar en el magma los elementos pesados (que son los metales) que se deslizan hacia el centro para formar el núcleo, de los elementos ligeros (las rocas) que quedan flotando sobre el magma para formar el manto superficial.
 
Pero ¿por qué hay tanto interés en los asteroides? Recordemos que en la carrera espacial se está dedicando una especial atención a los cometas y asteroides, con el envío de sondas que aterrizan en ellos y de otras que además van a  tomar muestras y a regresar a la Tierra. La clave está en que muchos asteroides contienen agua (en forma de hielo) y una importante variedad de metales (hierro, níquel, cobalto, platino, etc. Según se ha estimado, por cada tonelada de material que se necesita para construir una nave espacial, podrían obtenerse 1.000 toneladas en algunos de estos asteroides, y en el momento en que seamos capaces de extraer de los asteroides esos metales y minerales, los costes de la carrera espacial se abaratarían de manera considerable.
 
Los primeros pasos ya se están dando aunque de momento sólo vamos a ser capaces de traer algunos gramos. Si recordamos, la última vez que el ser humano viajó al espacio y regresó de él con rocas de un mundo lejano fue en diciembre de 1972, gracias a la misión Apolo XVII, la última de las siete que consiguieron aterrizar y regresar después a nuestro planeta. Han pasado más de 40 años y ahora, por fin, la NASA va a lanzar el 8 de septiembre de 2017 una sonda –esta vez sin tripulación- hacia un asteroide lejano, la cual aterrizará, tomará muestras y regresará a la Tierra para que podamos analizarlas aquí.
 
La nave OSIRIS-REx (Regolith explorer) es del tamaño de un automóvil pequeño y se lanzará para estudiar en detalle el asteroide Bennu. Según los responsables de la NASA “esta misión representa una valiosa oportunidad para aprender más sobre los orígenes de nuestro sistema solar, las fuentes de agua y moléculas orgánicas en la tierra y los riesgos y recursos en el espacio cercano a la tierra”.
 
Bennu es un asteroide de unos 490 metros de diámetro que tarda 436 días en completar una órbita alrededor del Sol y que, en algunos momentos de la misma, se coloca por dentro de nuestra propia órbita, aunque sin peligro de colisión ya que está en diferente plano orbital. No pertenece al cinturón de asteroides que está entre Marte y Júpiter pero es un buen ejemplo de cuáles son los proyectos de futuro de la exploración espacial.
 
La sonda recogerá unos 60 gramos de polvo de este asteroide con un brazo robótico y lo traerá de vuelta a la Tierra para que sea analizado aquí. La llegada al asteroide está prevista para el año 2019 y el regreso para el año 2023, y es que las distancias en el Universo nos demuestran lo pequeños e insignificantes que somos, aunque no por eso menos atrevidos.
 
Bien, ahora pasemos a echar un vistazo a los principales asteroides de este cinturón. Como Ceres tiene la consideración de planeta enano, vamos a dedicarle después un análisis especial; antes, sin embargo, describiremos brevemente los cuatro asteroides de mayor tamaño.
 

Asteroide

Distancia al Sol (UA)

Diámetro (Km.)

Período orbital (días)

Juno

1,9 a 3,3

234

1.594

Vesta

2,1 a 2,5

530

1.326

Palas

2,1 a 3,4

545

1.685

Higia

2,7 a 3,5

407

2.032

Ceres

2,5 a 2,9

952

1.682

 
En la imagen: El cinturón de asteroides tal como lo presentan en las películas y que no se parece en nada a la realidad, ya que la distancia entre una y otra roca se mide en cientos de miles de kilómetros.
 

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