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lunes, 15 de junio de 2026

Zurdos y extraterrestres: el misterio cósmico de nuestras moléculas

(AZprensa)
¿Es la Tierra un planeta poblado por extraterrestres zurdos? Reconozco que nunca se me había ocurrido plantearme una hipótesis semejante, pero a la luz de las últimas lecturas científicas, es una posibilidad que no deberíamos descartar a la ligera...
 
Hace ya unos años, un equipo de investigadores del Goddard Space Flight Center de la NASA analizó muestras de meteoritos procedentes de asteroides ricos en carbono. Para su sorpresa, determinaron que existía un notable exceso de la forma "zurda" de un aminoácido llamado isovalina. Este hallazgo sugirió a los expertos una teoría revolucionaria: quizás la vida "zurda" empezó en el espacio, donde las condiciones extremas de los asteroides favorecieron la creación de aminoácidos con esta orientación específica.
 
Además, el responsable de la investigación, Daniel Glavin, señaló que el bombardeo constante de meteoritos durante la juventud de nuestro planeta habría transportado e inyectado este material, enriquecido con moléculas "zurdas", directamente en la Tierra primitiva.
 
Las piezas de Lego del universo
 
Hoy en día, diversos estudios apuntan con fuerza a la posibilidad de que el chispazo inicial de la vida en nuestro planeta tuviera su origen en el espacio exterior. Al fin y al cabo, se ha demostrado que los asteroides son perfectamente capaces de crear los aminoácidos y proteínas necesarios para armar los primeros organismos vivos.
 
Para entender la magnitud del misterio, debemos mirar al microscopio. Los aminoácidos son los ladrillos que el cuerpo emplea para construir proteínas, las cuales dan forma a estructuras como el pelo y las uñas, además de acelerar y regular las reacciones químicas de nuestro organismo. Curiosamente, en la naturaleza estos aminoácidos se presentan en dos formas que son imágenes especulares la una de la otra. Son exactamente como las manos de una persona: idénticas en estructura, pero orientadas a izquierda o derecha.
 
El enigma que la NASA aún no puede resolver

Y aquí es donde la historia se vuelve verdaderamente intrigante. Aunque en un laboratorio de química las moléculas "zurdas" (levógiras) y "diestras" (dextrógiras) se crean a partes iguales, la NASA ha señalado que la vida en la Tierra utiliza de forma exclusiva las formas "zurdas" de estas moléculas.
 
¿Por qué nuestra biología marginó por completo a las moléculas diestras desde el principio de los tiempos? Es un hecho que se sigue estudiando en la astrobiología moderna, pero del que todavía hoy se desconoce el motivo exacto.
 
Así que, si eres zurdo, quizá estés un poco más cerca de las estrellas de lo que creías. Y si eres diestro... no te confíes: en lo más profundo de tus células, tus propios aminoácidos siguen pilotando la nave hacia la izquierda.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

jueves, 13 de abril de 2023

Un planeta desconocido: Lluvia de virus extraterrestres

(AZprensa)
El estudio de los meteoritos (rocas que caen a la Tierra desde el espacio) proporciona numerosa información para comprender mejor nuestro planeta y cómo se desarrolló la vida, pero encontrarlos no es tarea fácil... salvo que te vayas a la Antártida. Allí las duras condiciones climáticas (clima seco y helado) hacen que conserven sus propiedades sin verse alterados por el entorno, y además los movimientos de las capas de hielo llegan a concentrar los meteoritos en ciertos lugares, haciendo relativamente fácil para los científicos encontrarlos. Por este motivo la NASA, la National Science Foundation (NSF) y la institución Smithsonian (SI) han renovado en el año 2016 su acuerdo para buscar, recoger y analizar meteoritos antárticos en una alianza conocida como ANSMET.
 
Los meteoritos allí encontrados son representativos de los objetos que de forma constante a lo largo de la historia han caído sobre la Tierra. La mayor parte de ellos proceden de la Luna, del cinturón de asteroides o de Marte, pero ¿cómo podemos saber si un meteorito procede de Marte? Sencillamente estudiando sus edades y composiciones, y comparando sus propiedades con las obtenidas por las misiones robóticas de Estados Unidos en la superficie del planeta vecino.
 
El estudio de estos cuerpos celestes puede dar muchas respuestas sobre la formación de nuestro sistema solar y sobre la aparición de la vida en la Tierra, pero también plantean nuevas preguntas. Según el científico del Smithsonian, Tim McCoy, "los meteoritos antárticos plantean nuevas preguntas acerca de la formación e historia temprana de nuestro sistema solar” y añade que “algunas de estas preguntas están impulsando nueva exploración del sistema solar por misiones de la NASA".
 
Y de todo eso que nos queda por aprender, encontramos una buena muestra en la diversidad biológica de microorganismos y virus que viven y proliferan tanto en el Polo Norte como en el Polo Sur. Bajas temperaturas, ausencia de luz en invierno y pocos nutrientes son las condiciones extremas a las que se enfrenta la compleja comunidad de virus que habita el Ártico. Investigadores del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y la Universidad Autónoma de Madrid, han descrito la composición genética de los virus presentes en lagos árticos. El trabajo, publicado en la revista “Science Advances”, demuestra que la gran mayoría de virus descritos no tiene similitudes con los de otros ambientes naturales, ni siquiera con los de la Antártida, adaptados a similares condiciones climáticas extremas. Los virus son las entidades biológicas más abundantes y diversas del planeta, pero al mismo tiempo son los grandes desconocidos en muchos ecosistemas, y ahora se han comprobado las enormes diferencias que existen entre los hallados en el Ártico y los encontrados en el Antártico.
 
Los investigadores han determinado más de 35 millones de secuencias de los genomas de estos virus. “Nueve de cada diez no tienen parangón con los virus descritos hasta el momento en diferentes ambientes naturales”, explica el investigador del CSIC Daniel Aguirre de Cárcer, y añade que este estudio “demuestra que los virus que habitan los ambientes extremos de las regiones polares podrían haber evolucionado de forma independiente en la historia reciente, un dato de gran relevancia para entender las interconexiones de los ecosistemas del planeta”.
 
Los experimentos se han llevado a cabo en colaboración con el Centro Universitario de Svalbard (Noruega) en lagos del archipiélago Svalbard, a 1.300 kilómetros del Polo Norte y una de las últimas tierras antes del océano glacial ártico. El conocimiento de esta comunidad de virus permitirá evaluar en futuros estudios el impacto del cambio climático en los microorganismos de las regiones polares.
 

Hay otros mundos, pero están en este…
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sábado, 11 de junio de 2022

Otro meteorito cae sobre Marte

(AZprensa) De vez en cuando surge la alarma (normalmente injustificada) del riesgo de impacto de algún meteorito contra la Tierra, algo que no sucede ya que cuando alguno llega finalmente a atravesar nuestra atmósfera se desintegra en la misma sin alcanzar el suelo o alcanzándolo ya partido y en trozos muy pequeños. Sin embargo Marte no tiene tanta suerte. Si ya su geografía está bastante accidentada, llena de cráteres, muchos de los meteoritos que siguen cayendo sobre su superficie acaban impactando contra el suelo ya que la débil atmósfera de marte no es capaz de desintegrarlos.

La NASA ha hecho pública esta foto en donde han podido comprobar cómo ha aparecido un nuevo cráter de impacto en una zona fotografiada antes sin que mostrase dicho impacto. En esta ocasión, el impacto ha tenido lugar en una zona bastante plana y en la fotografía se puede apreciar el impacto (a la derecha) con los rastros de polvo y restos del meteorito esparcidos alrededor.


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jueves, 11 de junio de 2020

La nanoindentación nos podría salvar de los asteroides peligrosos


(AZprensa) Aunque no se habla mucho de ella, la nanoindentación es una nueva técnica que puede ayudarnos a conocer cómo desviar o destruir los asteroides que se acerquen a la Tierra con probabilidades de impactar contra la misma y causar efectos devastadores. Esta ha sido la técnica utilizada por un equipo de científicos españoles, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con la cual han estudiado diversas muestras de meteoritos. Se trata de realizar pequeñas punciones en las muestras obtenidas para medir la presión, profundidad, elasticidad, etc. Este conocimiento serviría para establecer cuál es la mejor zona para impactar sobre él y desviarlo de su trayectoria.

Aunque la atmósfera terrestre es un magnífico escudo protector, no estamos a salvo y el número estimado de meteoritos que rondan nuestro planeta es de 15.500 de los cuales mil están considerados como peligrosos y 876 tienen un diámetro de más de un kilómetro.

Pero casi más importante aún es detectarlos con suficiente antelación, al menos varios meses antes, para poder poner en marcha las maniobras de ataque y desvío; si se detecta sólo unos días antes poco o nada podríamos hacer. Por eso es importante la labor de los satélites y telescopios en órbita, como por ejemplo los basados en infrarrojos, que puedan actuar en cualquier dirección.

En la Agencia Espacial Europea (ESA) se trabaja en un proyecto llamado “Asteroid Impact Mission (AIM)” cuyo objetivo es desviar asteroides mediante un proyectil cinético sin involucrar ningún tipo de explosión atómica, algo que está prohibido por convenios internacionales.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Para encontrar meteoritos... vete a la Antártida

(AZprensa) El estudio de los meteoritos (rocas que caen ala Tierra desde el espacio) proporciona numerosa información para comprender mejor nuestro planeta y cómo se desarrolló la vida, pero encontrarlos no es tarea fácil... salvo que te vayas a la Antártida. Allí las duras condiciones climáticas (clima seco y helado) hacen que conserven sus propiedades sin verse alterados por el entorno, y además los movimientos de las capas de hielo llegan a concentrar los meteoritos en ciertos lugares, haciendo relativamente fácil para los científicos encontrarlos. Por este motivo la NASA, la National Science Foundation (NSF) y la institución Smithsonian (SI) han renovado su acuerdo para buscar, recoger y analizar meteoritos antárticos en una alianza conocida como ANSMET.

Los meteoritos allí encontrados son representativos de los objetos que de forma constante a lo largo de la historia han caído sobre la Tierra. La mayor parte de ellos proceden de la Luna, del cinturón de asteroides o de Marte, pero ¿cómo podemos saber si un meteorito procede de Marte? Sencillamente estudiando sus edades y composiciones, y comparando sus propiedades con las obtenidas por las misiones robóticas de Estados Unidos en la superficie del planeta vecino.

El estudio de estos cuerpos celestes puede dar muchas respuestas sobre la formación de nuestro sistema solar y sobre la aparición de la vida en la Tierra, pero también plantean nuevas preguntas. Según el científico del Smithsonian, Tim McCoy, "los meteoritos antárticos plantean nuevas preguntas acerca de la formación e historia temprana de nuestro sistema solar” y añade que “algunas de estas preguntas están impulsando nueva exploración de la sistema solar por misiones de la NASA". Como se ha dicho siempre, cuanto más sabemos más nos damos cuenta de lo mucho que nos queda por aprender.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Curiosity se topa con un meteorito

(AZprensa) El rover Curiosity ha encontrado un pequeño meteorito, del tamaño de una pelota de golf, en la superficie de Marte, en donde seguramente impactó hace millones de años. Tras analizarlo se ha encontrado en el mismo hierro, níquel y fósforo, además de otros compuestos en menores proporciones. El enriquecimiento tanto en níquel como en fósforo sugiere la presencia de un mineral de hierro-níquel-fosfuro que es rara, excepto en los meteoritos de hierro y níquel.

Los meteoritos de hierro y níquel son una clase común de rocas espaciales que se encuentran en la Tierra, y que anteriormente ya se han visto en Marte, sin embargo este es el primero que ha sido examinado mediante el disparo de un espectrómetro láser en la propia superficie del planeta vecino.

miércoles, 8 de junio de 2016

No sabemos de dónde vienen los meteoritos

(AZprensa) Hasta ahora los científicos pensaban que los meteoritos que llegan a la Tierra proceden de algún determinado planeta (Marte en su mayoría) o del cinturón de asteroides situado entre Marte y Júpiter (cuya formación se estima en 4.565 millones de años), sin embargo un estudio internacional en el que ha participado el CSIC concluye que “es posible que buena parte de los meteoritos no diferenciados que han llegado a la Tierra provengan de las capas de regolito”. Y ¿qué es eso del regolito?

Según explican, la distribución de tamaño de los objetos que componen el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter indica que cada uno de esos asteroides ha recibido impactos de proyectiles de más de veinte centímetros al menos unos cien millones de veces. La información recopilada de las condritas ordinarias indica que estos meteoritos proceden de asteroides pequeños que, con un diámetro inferior a pocos cientos de kilómetros, colisionaron y desprendieron esas rocas hace millones de años.

Pues bien, el resultado de esos impactos son cráteres proporcionales tanto al diámetro como a la velocidad de esos proyectiles y como resultado de la fragmentación por los impactos de grandes proyectiles, los asteroides poseen enormes bloques sobre su superficie. Los materiales apilados por esos procesos se denominan regolito y forman una capa superficial que tiene un grosor de varios kilómetros. Por consiguiente lo más probable es que los meteoritos que alcanzan la Tierra provengan de esa capa que, precisamente procede no de ese meteorito, sino de otros muchos de origen desconocido que impactaron contra él.

Ahora, varias agencias espaciales plantean misiones de exploración de asteroides y el retorno de muestras de sus superficies. Las misiones Hayabusa 2, de la Agencia Japonesa de Exploración Espacial, y OSIRIS Rex, de la NASA, visitarán dos asteroides primitivos y recogerán muestras que traerán de vuelta a la Tierra. Como apuntan desde el CSIC, “para recuperar y analizar muestras prístinas representativas de los materiales formativos del disco protoplanetario habría que buscar asteroides de pocos kilómetros o cientos de metros con características homogéneas”.
(En la imagen: Cráteres en la superficie del asteroide 21 Lutetia)