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martes, 22 de octubre de 2024

Nueva concepción del universo

(AZprensa) Nuestro planeta, la Tierra, no es otra cosa que un diminuto planeta que orbita alrededor de una estrella a la que llamamos Sol. Esta estrella, el Sol, rodeada de otros muchos planetas, está inmersa en uno de los brazos de una galaxia (a la que llamamos Vía Láctea) formada por cientos de miles de sistemas solares, muchos de ellos con sus correspondientes planetas. Pero si miramos más allá, encontramos más galaxias como la nuestra, unas más grandes y otras más pequeñas, formadas todas ellas por cientos de miles de estrellas con su correspondiente cohorte de planetas.
 
Los científicos han intentado medir el Universo, al menos el universo visible, y hace unos años nos dijeron que medía 500 millones de años luz de un extremo a otro. Año luz es la distancia que recorre la luz durante 365 días; como la velocidad de la luz es de 300.000 kilómetros por segundo, resulta que en un año habrá recorrido 9,46 billones de kilómetros. Vamos, que la luz que llega de una galaxia en borde del universo visible al otro extremo tarda en llegar 500 millones de años. Esto quiere decir que si pudiésemos ver la superficie de alguno de esos planetas que orbitan en dichas galaxias, estaríamos viendo cómo era hace 500 millones de años, y no cómo son en la actualidad.
 
¿Te parecen enormes estas distancias? Pues eso no es nada. Ahora acaba de publicarse un nuevo estudio en donde se describe una nueva forma y dimensión del Universo y, según esto, la distancia que hay de un extremo a otro no es de 500 millones de años luz, sino de 5.000 millones de años luz.
 
Según han descubierto, nuestra galaxia, la Vía Láctea, está dentro de una superestructura llamada Laniakea, a la que definen como cuenca de atracción gravitatoria. “Nuestro universo –explica uno de los investigadores, R. Brent Tully- es como una telaraña gigante, con galaxias tendidas a lo largo de filamentos y agrupadas en nodos donde las fuerzas gravitatorias tiran de ellas para unirlas. Al igual que el agua fluye por las cuencas hidrográficas, las galaxias fluyen por las cuencas cósmicas de atracción”.
 
Este estudio nos da una visión completamente nueva de nuestro universo, el cual es como una gigantesca red de ríos y afluentes por los que circulan miles de millones de galaxias. Y en una de esas galaxias, perdido en uno de sus brazos, está ese diminuto punto al que llamamos Tierra.
 
Y si esta nueva forma de presentar el Universo te parece exageradamente grande, casi fuera de la comprensión de nuestros limitados cerebros, resulta que los autores del estudio afirman humildemente  que “nuestros sondeos cósmicos aún no son lo suficientemente grandes como para cartografiar toda la extensión de estas inmensas cuencas”.
 
¿Todavía sigues creyendo que la Tierra es el único planeta habitado y que somos el centro del universo y todo gira en torno a nosotros? No andaba tan desencaminado el poeta Jorge Manrique cuando decía que “nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar…”
 
Fuente.- El estudio “Identification of Basins of Attraction in the Local Universe” ha sido publicado en la revista científica “Nature Astronomy” en el año 2024 y se ha realizado estudiando los movimientos de 56.000 galaxias, y ha estado liderado por R. Brent Tully, de la Universidad de Hawái (Estados Unidos) y Aurelien Valade, del Instituto Leibniz de Astrofísica en Potsdam (Alemania).
 

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martes, 24 de septiembre de 2024

Los chinos lo ven de distinto color

(AZprensa) Ha causado sorpresa la publicación el pasado 30_jul-2024 en la revista científica “Science bulletin” (se adjunta enlace al final) de un artículo firmado por un equipo de investigadores chinos en donde muestran el resultado final del ensamblaje de miles de fotografías de la superficie de Marte tomadas por la sonda Tianwen-1. Estas imágenes sobrepasan en calidad lo obtenido hasta ahora ya que ofrecen una resolución de 76 metros por pixel y muestran toda la superficie de este planeta.
 
Pero lo que realmente sorprende es que el color de la superficie de Marte no es rojo sino de color tierra, y los chinos no se cansan de afirmar que los aparatos fotográficos que han utilizado muestran el “color real” del planeta.
 
Así que ya vemos, mientras los estadounidenses no se cansan de hablar del “planeta rojo” y demostrar al público imágenes teñidas de rojo, ahora resulta que van los chinos y les demuestran que no, que el color verdadero es marrón. Claro que también a los estadounidenses se les ha escapado en más de una ocasión alguna fotografía en donde el suelo se veía marrón y el cielo azul (vamos, como en la Tierra aunque sin vegetación).
 
Y al hilo de esto nos vienen a la memoria otras imágenes que divulgaron los chinos bien orgullosos cuando consiguieron que una de sus naves aterrizase en la Luna. ¿Y qué pasó? Pues que entonces pudimos ver –al comprar las fotos de chinos y estadounidenses- que la Luna –según los chinos- no es blanca sino marrón, color tierra.
 
En este caso, los estadounidenses siempre han mostrado fotos del suelo lunar completamente blanco, como de yeso, mientras que los chinos han podido comprobar, y así se lo han dicho al mundo, que el suelo de la Luna es de color tierra y no de yeso blanco.
 
Ya lo dice el refrán (y la sabiduría popular es muy certera): “En esta vida todo es del color del cristal con que se mira”. Lo que no sabemos es con qué cristal (o con qué intenciones) miran unos y otros, porque alguno de los dos tiene que estar equivocado… o quizás los dos.
 
En la imagen, mapa cartográfico de Marte publicado por los chinos, el cual puedes descargarte en una buena resolución accediendo al artículo publicado según se puede acceder al mismo en este enlace:
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2095927324002949
 

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miércoles, 31 de julio de 2024

Los tres requisitos para encontrar vida en otro planeta

(AZprensa) De todos los planetas y satélites que componen nuestro Sistema Solar hay uno que reúne las condiciones más prometedoras para encontrar vida en él. Se trata de Encélado, un satélite de Saturno que es el sexto satélite más grande de nuestro Sistema Solar.
 
Encélado está cubierto por hielo y debajo de él se esconde un inmenso océano de agua salada en estado líquido, tal como han revelado los datos de la sonda Cassini y tal como se puede ver en las fotografías que muestran enormes géiseres que escapan hacia el espacio a través de algunas de las grietas que se producen en la superficie helada del satélite.
 
Carole Munder, directora de Ciencias de la ESA, ha sido categórica al afirmar que “Encélado es el lugar más prometedor del sistema solar para encontrar vida”.
Y así lo corrobora Fabian Klenner, investigador de la Universidad de Washington (Estados Unidos), al exponer que “encontramos fosfatos en granos de hielo que se formaron en el océano subsuperficial de Encélado y fueron emitidos al espacio. El fósforo, elemento que compone los fosfatos, se considera generalmente el requisito más estricto para establecer si un cuerpo celeste puede o no albergar vida".
 
Pero ¿cuáles son los requisitos para que pueda haber vida en otro cuerpo estelar? , asegura Fabian Klenner, investigador de la Universidad de Washington (EEUU). Zita Martins, máxima responsable del Comité Científico de la futura misión que la ESA enviará a Encélado, lo expone de forma muy clara: "Para determinar si un lugar de nuestro Sistema Solar es habitable hay que ver si reúne las condiciones necesarias para albergar vida. Los tres requisitos principales son agua líquida, una fuente de energía y los elementos químicos de la vida (carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, fósforo y azufre). Encélado los reúne todos".
 
Aunque nunca hay que descartar que pueda desarrollarse la vida a través de otros procesos que ni siquiera podemos imaginar, lo cierto es –tal como ha comentado esta experta- que “en el caso de Encélado, sabemos que hay agua líquida, química basada en el carbono y energía: son los mismos ingredientes para la vida tal y como la conocemos en la Tierra. Por tanto, creo que es un enfoque bueno y valioso buscar vida tal y como la conocemos en una luna con océanos".
 

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jueves, 4 de julio de 2024

Un pequeño paso para la humanidad, pero un gran paso para los musgos

(AZprensa) Si has leído este titular sin duda te habrá llamado la atención y pensarás que está equivocado. La frase famosa correcta sería “un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad” y la pronunció el astronauta Neil Armstrong cuando pisó la Luna por primera vez. Pero no, el titular no está equivocado por lo que hemos podido leer en el diario “The Guardian”…
 
Según informa este periódico, unos investigadores chinos han descubierto un tipo de musgo que crece sin problemas en los lugares más inhóspitos de la Tierra, tales como el desierto de Mojave (California, Estados Unidos), caracterizado por tener las condiciones más extremas de sequedad y altas temperaturas, o la Antártida, caracterizada por su frío extremo.
 
Pues según estos científicos, hay un tipo de musgo, el llamado Syntrichia caninervis, que es capaz de soportar estos extremos de temperatura y no sólo eso, sino que también soporta situaciones límite, tales como "niveles muy altos de radiación, temperaturas muy frías y niveles muy bajos de oxígeno", según afirman.
 
En tales circunstancias, estiman que este tipo de musgo podría vivir en Marte y convertirse en el primer terrícola adaptado para vivir en este planeta vecino, dando así el primer paso para una futura colonización.
 
Como se dice en esta información, esto supone “un primer paso para el hombre”, aunque –desde luego- es un gran paso para todos los musgos.
 
Mira tú por dónde, quizás el primer terrícola que se quede a vivir en Marte no tendrá nombre norteamericano, ni chino, sino que tendrá un nombre en Latín: Syntrichia caninervis
 
¡Y decían que el Latín es una lengua muerta! ¡Pues va a resultar que no, que es la única –o al menos la primera- capaz de vivir en Marte!
 

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sábado, 3 de febrero de 2024

Posters del universo libres de derechos, para que imprimas los que quieras

















(AZprensa) La NASA ha puesto gratuitamente a su disposición de todos los interesados una colección de 96 fotografías del universo para que todo aquél que lo desee se los imprima como posters, en camisetas, en calendarios, en cartas coleccionables, etc., aunque el tamaño recomendado es de 27,9 x 43,2 cm.
 
En total son 96 posters de 22 temáticas diferentes que puedes consultar y descargar gratis en el siguiente enlace: https://science.nasa.gov/resource/solar-system-and-beyond-poster-set/#acf-downloads

1.- Nuestro Sistema Solar
2.- Sol
3.- Mercurio
4.- Venus
5.- Tierra
6.- Luna
7.- Marte
8.- Asteroides
9.- Ceres
10.- Júpiter
11.- Ío
12.- Europa
13.- Ganímedes
14.- Calisto
15.- Saturno
16.- Titán
17.- Encélado
18.- Urano
19.- Neptuno
20.- Plutón
21.- Cometas
22.- Más allá de nuestro Sistema Solar

 

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domingo, 29 de octubre de 2023

Mirando el espacio en otras longitudes de onda

(AZprensa) El telescopio James Webb nos está ofreciendo una visión del espacio muy diferente a la que estábamos acostumbrados.
Este telescopio trabaja en infrarrojo cercano y una pequeña parte del espectro visible (la más próxima al rojo), por lo que opera de forma ligeramente distinta a como lo hacía, por ejemplo, el Telescopio Hubble, y es una de las características, junto con su mayor tamaño y resolución de imagen, que le permite observar detalles que hasta ahora pasaban inadvertidos.
 
Muchas nubes de polvo y gas, opacas en el espectro visible, se vuelven translúcidas en otras longitudes de onda. Esta particularidad ha permitido obtener las inéditas imágenes de las atmósferas de los planetas gaseosos de nuestro Sistema Solar, pero también de fenómenos que hasta ahora sólo se conocían por medio de otras técnicas, pero no por una observación directa tan nítida.


Para realizar su trabajo se ha situado mucho más lejos que cualquier satélite habitual, concretamente a 1.500.000 km de la Tierra, es decir, unas 4 veces la distancia que hay entre la Tierra y la Luna. Se ha elegido esa localización porque es una región del espacio en donde la gravedad combinada de la Tierra y del Sol permite una posición estable.
 
Como muestra, aquí tenemos unas imágenes de Saturno, Júpiter y un conjunto lejano de galaxias, cada una de las cuales alberga miles de estrellas con sus correspondientes planetas.
 









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miércoles, 26 de abril de 2023

Júpiter, un gigante desconocido

(AZprensa) Tenemos muchas fotografías de Júpiter y más que van a seguir llegando estos dos próximos años gracias a la nave Juno que ha comenzado su aventura en torno a dicho planeta (entró en órbita el 4 de julio de 2016) y va a aportar mucha información sobre este planeta, el más grande con diferencia de todo nuestro sistema solar. Podemos ver cómo es su superficie, constantemente cubierta de nubes... pero no podemos ver lo que hay debajo de esas nubes... ni podríamos posarnos en dicho planeta ya que según parece no tiene suelo sólido sino que es líquido, aparte –claro está- de las enormes presiones imposibles de soportar que se dan bajo esas capas de nubes. Desde Júpiter y sus satélites, el Sol se ve como un pequeño punto luminoso –mayor que cualquier otra estrella, por supuesto- pero lejos de cómo lo vemos desde Marte, Tierra, Venus y no digamos ya Mercurio. Porque, para hacernos una idea de la distancia que nos separa de este planeta gigante, las señales que está enviando la nave Juno tardan en llegar a la Tierra 48 minutos ya que deben superar una distancia de 860 millones de kilómetros.
Su diámetro es de 142.197 Km. y en él cabrían holgadamente todos los demás planetas. Pero Júpiter –por lo que se sabe hasta ahora- no tiene suelo, es decir, se trata de una bola líquida y gaseosa gigante, con una densidad de 1,3 g/cm3 (la Tierra tiene, en comparación, 5,52 g/cm3) y para que nos hagamos una idea de esto se dice que si Júpiter se pusiese sobre un mar gigante… flotaría, al ser menos denso que el agua.

Su órbita alrededor del Sol le lleva 4.330 días (11,9 años) con una velocidad de desplazamiento de 13 Km./s, mucho más lenta que la de la Tierra (30 Km./s). En cambio su rotación es mucho más rápida y el día en Júpiter sólo dura 9h y 55’. Su inclinación del eje es de sólo 3º (23,5º en la Tierra).

La gravedad estimada en Júpiter es de 20,9 m/s. Lo que en la Tierra serían 100 Kg., en Júpiter pesarían 214 Kg., pero esto es muy relativo, claro, porque se piensa que no tiene estructura rocosa interna. Su interior es de hidrógeno y helio, pero deben soportar unas presiones tan altas que estos circulan en estado líquido. Y si vamos más al interior, la presión es tan gigantesca que se forma “nitrógeno metálico líquido”, algo que no existe en la Tierra ni aquí somos capaces de recrear.

Lo más llamativo al contemplar Júpiter es el intenso y variado colorido de sus capas de nubes. La atmósfera está compuesta básicamente por hidrógeno (80%) y contiene también helio, metano y amoníaco, con una temperatura bastante uniforme en todo el planeta de unos -148º C. Sin embargo estas mediciones de temperatura están en entredicho ya que se ha detectado que en muchas zonas del planeta la temperatura de las capas altas de la atmósfera (a 400 Km. de altitud) es similar a la de la Tierra a esa misma altitud, por lo que debe haber alguna fuente de calor interna.

Esta atmósfera está dividida en tres grandes capas nubosas. La superior es básicamente de amoníaco y tiene un color muy brillante. La intermedia contiene cristales de hidrosulfuro de amoniaco, lo que le confiere un color rojo oscuro. La más interior contiene agua congelada y es de color azul.

Las franjas que se observan en su superficie corresponden a capas de nubes que se desplazan a diferentes velocidades (con vientos que pueden alcanzar los 600 Km./h) y en diferentes direcciones (unas de derecha a izquierda y otras en sentido contrario). También se ha detectado que a mayor cercanía al interior del planeta, mayor fuerza del viento por la energía que procede de su centro.

La popular mancha roja que se observa en su superficie es una tormenta que tiene la friolera de 350 años de antigüedad. En la Tierra, los huracanes acaban frenándose y dispersándose por la fricción con el suelo, pero en Júpiter, al no existir tal suelo, las tormentas no tienen nada que las frene y por eso se desplazan por la superficie durante años y años. La mancha roja tiene un diámetro de dos a tres veces el de la Tierra, si bien no es uniforme ya que varía de color y de tamaño a lo largo de los siglos. En la misma se dan vientos de 400 Km./h los cuales tardan seis días en dar una vuelta completa. De igual forma se ha detectado un aumento espectacular de calor en la misma, el cual puede estar producido cuando los gases que circulan generan ondas acústicas, las cuales chocan con las ondas gravitacionales, liberando energía.

Por lo que se refiere a sus Polos, se ha fotografiado auroras, unos extraordinarios brillos que se crean cuando las partículas de alta energía entran en la atmósfera cerca de sus polos magnéticos y chocan con los átomos de gas.

El campo magnético de Júpiter es más amplio y potente que el de cualquier otro planeta; su cola llega más allá incluso de Saturno. Las partículas atrapadas en ese campo magnético sufren un proceso de ionización que a día de hoy haría inviable cualquier misión tripulada no ya a dicho planeta sino incluso a sus satélites.

Y hablando se satélites, Júpiter es el planeta con mayor número de ellos, habiéndose contabilizado 67 hasta la fecha, un número que continúa creciendo aun cuando los últimos que se van identificando son de apenas unos pocos kilómetros de diámetro. Otra característica peculiar y poco conocida de Júpiter son sus anillos; aunque los anillos se relacionan siempre con Saturno, hay otros planetas como Júpiter que también los tienen si bien en este caso no son tan grandes y espectaculares como aquellos. En concreto, los de Júpiter son tres y más oscuros, siendo el principal el anillo intermedio que tiene 6.000 Km. de diámetro y 30 Km. de grosor.


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lunes, 3 de abril de 2023

Un planeta desconocido: Vida insospechada

(AZprensa) La vida puede aparecer en las condiciones más insospechadas, por mucho que desde un punto de vista oficial se hable de ciertos requisitos imprescindibles como temperatura, atmósfera, presencia estable de agua y campo magnético que proteja contra la radiación. Con relación al agua y a medida que las misiones de la NASA exploran nuestro sistema solar y buscan nuevos mundos, están encontrando agua en lugares sorprendentes. El agua es una pieza fundamental en nuestra búsqueda de planetas habitables y de vida más allá de la Tierra, que vincula de forma sorprendente mundos aparentemente dispares. Los elementos químicos que componen el agua, hidrógeno y oxígeno, son algunos de los más abundantes en el universo. Los astrónomos detectan la firma del agua en nubes moleculares gigantescas en el espacio interestelar, en los discos de materia de los que nacen nuevos sistemas planetarios, y en las atmósferas de planetas gigantes orbitando otras estrellas.
 
Existen muchos mundos que se piensa que tienen agua líquida debajo de su superficie, y muchos otros que tienen agua en forma de hielo o vapor. El agua se encuentra en cuerpos primitivos tales como cometas y asteroides, y en planetas enanos como Ceres. Las atmósferas y el interior de los cuatro planetas gigantes – Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno – se cree que contienen enormes cantidades de materia líquida, y sus satélites y anillos tienen cantidades sustanciales de hielo de agua.
 
Tal vez los mundos oceánicos más sorprendentes son los cinco satélites helados de Júpiter y Saturno que presentan fuertes evidencias de océanos debajo de sus superficies: Ganímedes, Europa y Calisto en Júpiter, y Encélado y Titán en Saturno. El Telescopio Espacial Hubble proporcionó recientemente poderosas evidencias de que Ganímedes posee un océano de agua salada bajo su superficie, probablemente localizado entre dos capas de hielo. Europa y Encelado se cree que tienen un océano de agua líquida bajo su superficie, en contacto con rocas ricas en minerales, y podrían tener los tres ingredientes necesarios para la vida tal y como la conocemos: agua líquida, elementos químicos esenciales para los procesos biológicos, y fuentes de energía que podrían ser usadas por los seres vivos. La misión Cassini de la NASA ha revelado que Encélado es un mundo activo con géiseres de hielo. Investigaciones recientes sugieren que podría haber actividad hidrotermal en su suelo oceánico, un ambiente potencialmente adecuado para los organismos vivos. Naves de la NASA también han encontrado indicios de agua en los cráteres en sombra permanente sobre Mercurio y la Luna, que mantienen un registro de impactos de hielo a través del tiempo como recuerdos criogénicos.
 

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domingo, 26 de marzo de 2023

¿Qué sabemos de Venus (y 3)

(AZprensa) Tanto rusos como norteamericanos han enviado muchas sondas a Venus, algunas de las cuales han logrado a aterrizar y enviar información desde su superficie. El caso más llamativo es el de la sonda rusa Venera-13 que aterrizó en Venus en 1982. Bastantes años después, concretamente en 2012, un reconocido astrónomo ruso, Leonid Ksanfomaliti, del Instituto de Estudios Espaciales de la Academia de Ciencias de Rusia,
  publicó un artículo en el que proponía revisar la información que se tenía en relación a la posibilidad de vida en Venus. Exponía que, tras analizar muchas de las fotografías obtenidas por esta nave encontró que sobre el suelo (desierto rocoso sobre el que se había posado) había determinadas formas que aparecían en unas fotos y no en las siguientes, otras formas que de unas fotografías a otras habían cambiado de posición... y esto podía sugerir que se tratase de organismos vivos.
 
Estos objetos o seres que se movían, tenían tamaños que oscilaban entre 10 y 50 centímetros y sus formas eran en un caso de un disco, en otro una especie de parche negro y en otra algo alargada y que fue bautizada como “escorpión”. “Sin discutir las ideas actuales de que la vida no es posible en las condiciones de Venus, me atrevo a suponer que algunos de los objetos descubiertos, a juzgar por su morfología, tienen rasgos de seres vivos” afirmó.
 
Sin embargo, como todo lo que contradice o altera el “conocimiento oficial”, este reputado astrónomo ruso fue desprestigiado y se tomaron a broma sus aportaciones... aunque las fotografías están ahí y todo el que quiera pueda verlas en Internet. Las interpretaciones, a gusto del consumidor.

Más información.- ¿Qué sabemos de Venus? (1) https://azpressnews.blogspot.com/2023/03/que-sabemos-de-venus-1.html
¿Qué sabemos de Venus? (2) https://azpressnews.blogspot.com/2023/03/que-sabemos-de-venus-2.html
 

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sábado, 25 de marzo de 2023

¿Qué sabemos de Venus? (2)

(AZprensa) Apenas hay fotografías de la superficie de Venus, puesto que las nubes permanentes impiden fotografiarla, y hay que recurrir al radar y a sofisticadas técnicas y análisis para hacerse una idea de cómo debe ser la misma. Bueno, en realidad sí hay algunas fotos del suelo de Venus, tomadas por una sonda rusa que logró posarse en la superficie del planeta y enviarlas antes de sucumbir a sus insoportables condiciones climáticas. Lo que mostraron fue un suelo rocoso, sin nada digno de destacar envuelto en una densa niebla de color amarillento. Porque en Venus llueve, sí, pero no agua sino ácido sulfúrico, el cual se evapora incluso antes de tocar el suelo debido a las altísimas temperaturas. Y en Venus también hay viento, con unas velocidades de 350 Km./h. en las capas más altas de su atmósfera y algo más lentos según nos vamos acercando al suelo.
 
Así las cosas, Venus queda descartado como planeta habitable para nosotros... al menos por ahora, porque de lo que sí dispone es de una capa de ozono, aunque esta sea entre cien y mil veces más fina que en la Tierra, además de estar situada cuatro veces más alta que en nuestro planeta, esto es, a unos 100 Km. de altitud. Ese ozono puede o no tener un origen biológico, ya que según los expertos, para considerar que la vida sea la productora de dicho ozono, su concentración tendría que ser igual o superior al 20% de la que tenemos en la Tierra y de momento, por lo que se sabe, está muy lejos de ese porcentaje.
 
Su origen puede estar en que la luz solar rompe las moléculas de dióxido de carbono y libera oxígeno, formándose así las partículas de ozono (O3). Hasta ahora el ozono solo se había detectado en las atmósferas de Marte y la Tierra. En nuestro planeta es un componente fundamental para la vida ya que absorbe gran parte de los rayos ultravioletas dañinos procedentes del Sol, protegiendo así a las especies que la pueblan.
 
Se piensa, precisamente, que la vida generó el ozono hace unos 2.400 millones de años, cuando los primeros seres vivos comenzaron a expulsar oxígeno a modo de residuo... millones de años después, la atmósfera de la Tierra tuvo grandes cantidades de oxígeno que permitieron el nacimiento de otras formas de vida de las que procedemos. Por este motivo, algunos científicos sugieren que la presencia de dióxido de carbono, oxígeno y ozono es una pista para investigar si existe algún tipo de vida en los planetas.
 
Bien, ya hemos visto que una visita humana a Venus no resultaría demasiado confortable, lo cual no significa que deba descartarse como punto de destino para futuros viajes interplanetarios, y esto es así gracias a la técnica denominada “asistencia gravitatoria”, descubierta en la década de los sesenta. Esta técnica permite a las naves espaciales aprovechar la gravedad de otro planeta  para ser literalmente catapultadas hacia el exterior. Venus se convertiría, de este modo, en algo así como un “planeta gasolinera”, un destino indirecto en donde coger velocidad para poder ir a otros planetas; y esto es algo que ya se ha hecho con algunas sondas que después han viajado hasta Mercurio e incluso Júpiter, por ejemplo.
 
Lo que sí parece es que Venus pudo haber tenido un océano de agua y condiciones aptas para algún tipo de vida hace dos mil millones de años, según un estudio del Instituto Goddard de la NASA para estudios espacio (GISS), publicado en la revista “Geophysical Research Letters”.
 
Un día en Venus equivale a 117 días terrestres, lo que unido a su mayor proximidad al Sol (recibe de un 30 a un 40 por ciento más de radiación solar que la Tierra)  hace que la evaporación sea mayor y se genere mayor cantidad de nubes que ejercen un efecto invernadero, elevando la temperatura del planeta.
 
Los científicos siempre han teorizado que Venus se formó a partir de ingredientes similares a los de la Tierra, pero siguió un camino evolutivo diferente. Las moléculas de vapor de agua fueron descompuestas por la radiación ultravioleta, y el hidrógeno se escapó al espacio. Sin agua en la superficie, el dióxido de carbono se acumula en la atmósfera, lo que lleva a un efecto invernadero capaz de crear las condiciones actuales.
 
"Muchas de las herramientas que utilizamos para estudiar el cambio climático en la Tierra pueden ser utilizadas también para estudiar el clima en otros planetas y hacer predicciones de cómo pudo ser en el pasado o lo será en el futuro”, ha declarado el investigador del GISS, añadiendo que “nuestros resultados muestran que Venus pudo haber sido un lugar muy diferente de lo que es hoy".

Más información.- ¿Qué sabemos de Venus? (1) https://azpressnews.blogspot.com/2023/03/que-sabemos-de-venus-1.html
¿Qué sabemos de Venus? (y 3) https://azpressnews.blogspot.com/2023/03/que-sabemos-de-venus-y-3.html
 

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viernes, 24 de marzo de 2023

¿Qué sabemos de Venus? (1)

(AZprensa) También conocido como estrella matutina o vespertina, puesto que es el primer y último objeto luminoso con el que nos obsequia cada noche el cielo, Venus es una planeta de los denominados rocosos (similares a la Tierra) con unas peculiaridades sorprendentes y totalmente inhóspito no sólo para la vida (tal como la conocemos) sino también para cualquier visita temporal al mismo.
 
Su tamaño es muy similar al de nuestro planeta, el diámetro de Venus es de 12.104 Km. mientras que el de la Tierra es de 12.756 Km. Su gravedad es también muy similar: 100 kilos en la Tierra pesarían 91 Kg. en Venus. Su periodo de rotación alrededor del Sol (año venusiano) es de 225 días, algo menor que el de la Tierra (365 días), pero esto es explicable porque orbita más cerca del Sol que nosotros y por lo tanto su órbita es más pequeña. Ahora bien, hasta aquí llegan las similitudes. Veamos, pues, las diferencias.
 
Para empezar, resulta sumamente curioso conocer que el día en Venus dura más que el año en Venus, esto es, dicho planeta tiene días más largos (243 días) que años (225 días). Su eje de inclinación sobre la órbita es de sólo 3º, más parecido al de Mercurio (0º) que al de la Tierra (23,5º) y otra peculiaridad es que su órbita es retrógrada, esto es, gira alrededor del Sol en sentido inverso a como lo hacen la Tierra y el resto de planetas de nuestro sistema solar a excepción de Neptuno que también tiene órbita retrógrada. De su órbita podemos decir también que es la más circular de todo el sistema solar, y del propio planeta destacar que es el más redondo de todos (como se sabe, por la fuerza de rotación los planetas suelen estar más achatados por los polos y ensanchados por el ecuador).
 
Y sí, también tiene atmósfera como la Tierra, pero esta es completamente diferente y poco amigable para los seres humanos. Está compuesta básicamente de dióxido de carbono, así como de nitrógeno, argón, monóxido de carbono, neón y dióxido de azufre, y es tan densa que ejerce un efecto invernadero (sobre todo por el dióxido de carbono) sobre el planeta, reteniendo el calor del Sol que a duras penas puede escapar a través de las nubes; esto ocasiona que las temperaturas en este planeta sean las más cálidas de todos los planetas del sistema solar: 462º C que, además, son uniformes por todo el planeta, de tal forma que las oscilaciones de temperatura detectadas en el mismo se encuadran en una estrecha orquilla que va de los 400 a los 500º C. Su atmósfera refleja el 70% de la luz solar que recibe (Mercurio o la Luna, en comparación, sólo reflejan el 10%) y gira más rápido que el planeta de tal forma que, por ejemplo, en los niveles más altos sus nubes tardan 4 días en dar una vuelta completa (velocidades de 400 Km./h), aunque esos vientos, no obstante, son más ligeros a nivel de suelo.
 
Pero no sólo es poco hospitalaria su temperatura, también lo es su presión. La atmósfera es tan densa que un humano sobre la superficie de Venus sentiría sobre sí una presión de 93 Kg./cm3 (en la Tierra la presión que soportamos es de 1,03 Kg./cm3). Para ilustrarlo mejor, diríamos que estar en la superficie de Venus supondría soportar la misma presión que si nos encontrásemos a 900 metros de profundidad en cualquiera de nuestros mares u océanos.
 
En cuanto a sus accidentes geográficos, las últimas sondas enviadas lo han pillado in fraganti, detectando importantes erupciones volcánicas y se ha visto cómo algunas corrientes de lava han alcanzado los 7.000 Km. de longitud. El número total de volcanes (muchos de ellos activos) supera el millón. Se han identificado 167 volcanes con diámetros de 100 Km. y más de 1.000 volcanes con diámetros de 20 Km. Presenta notables accidentes geográficos aunque no con tantas diferencias como en la Tierra. Allí la máxima diferencia entre la montaña más alta y el lugar más profundo es de 14 Km., mientras que en la Tierra, por ejemplo, hay 20 Km. de diferencia entre la cumbre del Everest y el fondo de la fosa de las Marianas.

Más información.- ¿Qué sabemos de Venus (2) https://azpressnews.blogspot.com/2023/03/que-sabemos-de-venus-2.html
¿Qué sabemos de Venus? (y 3) https://azpressnews.blogspot.com/2023/03/que-sabemos-de-venus-y-3.html
 

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martes, 21 de marzo de 2023

El planeta menos denso

(AZprensa) De todos los planetas de nuestro sistema solar, Saturno es el menos denso (sólo 690 Kg/m3) de tal forma que si se colocara sobre el agua flotaría como un corcho al tener menos densidad que el agua (1000 Kg/m3).

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miércoles, 1 de febrero de 2023

Comparación del tamaño de los planetas

(AZprensa) No estaría de más comprender cómo es de tamaño nuestro planeta en comparación con el resto de colegas que le acompañan en este sistema solar. 

Para bajarnos los humos de grandeza, hay que reconocer que la Tierra sólo es uno más de los planetas (y de los más pequeños) de nuestro sistema solar. 

En el siguiente cuadro podemos apreciar el tamaño comparativo de los planetas que componen nuestro sistema solar, expresado en la longitud en kilómetros de su diámetro:

Mercurio
4.879
Venus
12.104
Tierra
12.756
Marte
6.792
Júpiter
142.984
Saturno
120.536
Urano
51.118
Neptuno
49.528
Plutón
2.370

Júpiter es tan grande que todos los demás planetas cabrían dentro de él. Le sigue, también en dimensiones colosales Saturno, y después a un tamaño menor de la mitad de estos dos, figuran Urano y Neptuno. Por fin, en quinto lugar se coloca la Tierra, aunque su diámetro es de cuatro a cinco veces más pequeño que los dos planetas que le preceden en tamaño. Venus es prácticamente igual a la Tierra, Marte la mitad, Mercurio una tercera parte y Plutón –el principal planeta enano- tiene un diámetro la mitad del de Mercurio.


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viernes, 1 de julio de 2022

Un planeta del que nadie se acuerda

(AZprensa) Eris es un planeta enano casi tan grande como Plutón, aunque mucho menos conocido. Es el más masivo de los planetas enanos (su masa es un 27% mayor que la de Plutón) y es el cuerpo más grande que nunca ha sido visitado por ninguna sonda espacial. Todo lo que se sabe de él es gracias a los telescopios. Se sabe que tiene metano helado en su superficie, es muy brillante (0,96), tiene color rojizo y un satélite... pero-como decimos- ninguna sonda se ha acercado a visitarlo, quizás porque vive demasiado lejos: tres veces la distancia que hay entre el Sol y Plutón.

Su período orbital es de unos 557 años y actualmente se encuentra a 14.316 millones de kilómetros de la Tierra. Su diámetro estimado es de 2.400 kilómetros y tiene un satélite bautizado como Disnomia. Al igual que Plutón tiene una órbita muy excéntrica pero, a diferencia de los demás planetas, cuyas órbitas están aproximadamente en el mismo plano que el de la Tierra, su órbita está muy inclinada, concretamente unos 44° respecto a la eclíptica y esta inclinación ha sido en buena medida responsable de que no se descubriera hasta el año 2005.

Con todo, Eris tiene suficientes atractivos como para merecer una visita ya que es el más masivo de todos los planetas, uno de los más brillantes cuerpos del sistema solar y el cuerpo más grande conocido en nuestro sistema solar al que nunca se ha enviado ninguna sonda espacial. 

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(En la imagen, representación artística de Eris según la NASA).

jueves, 30 de junio de 2022

La luz en los planetas

(AZprensa) Un aspecto interesante a considerar es la cantidad de luz que recibe cada planeta. ¿Cómo veríamos si estuviésemos en cada uno de esos planteas? ¿Habría luz suficiente para distinguir lo que nos rodea? La medida que nos indica la luminosidad de cualquier objeto es el albedo, el cual es el porcentaje de radiación solar que refleja cualquier superficie. Una superficie clara como la nieve tiene un albedo muy alto (0,8 siendo 1,0 el máximo) y una superficie oscura como la ceniza volcánica tiene un albedo bajo (0,7 en este caso).

Aparte del albedo habría que considerar también la atmósfera, su densidad y composición, la cual hace que la luminosidad del planeta o satélite en cuestión se potencie o no. Un planeta con atmósfera tendrá más luminosidad que uno sin ella; en el primero –además- la luz estará más uniformemente repartida (como sucede en la Tierra) con una amplia variedad de intensidades y matices. Por el contrario en un cuerpo celeste sin atmósfera (o apenas sin atmósfera, como es , por ejemplo, la Luna) la luminosidad será menor y dependerá en exclusiva de la composición de su superficie; y en ese cuerpo además, las zonas que no reciban directamente la luz del sol estarán en completa oscuridad. En un planeta con atmósfera, el cielo se verá de color, de un color que dependerá según sea la composición de su atmósfera; por el contrario, en un planeta sin atmósfera, el cielo ser verá completamente negro, será un completo conjunto de contrastes de luz (allá donde ilumine el Sol) y negrura (allá donde la luz del Sol no llegue). Por consiguiente, la distancia a la que cada planeta o satélite se encuentre del Sol será un factor importante para comprender qué cantidad de luz hay en el mismo, pero no el único factor. 


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