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miércoles, 24 de enero de 2024

No hace falta ir a Venus; Islandia está más cerca

(AZprensa) Un el equipo formado por científicos de la NASA, la agencia espacial alemana DLR y varias universidades como la Universidad de Arizona y la Universidad de Islandia, forman parte de un proyecto llamado VERITAS para la exploración del planeta Venus. Sin embargo, estos científicos no han enviado ninguna sonda espacial no tripulada al planeta vecino sino que se han trasladado ellos mismos… a Islandia.
 
Estos científicos entienden que el actual vulcanismo activo de la península de Reykjanes, puede ayudarles en la exploración remota del planeta Venus. Utilizan tecnología de radar para crear imágenes detalladas y mapear cómo cambia la tierra debido a las erupciones volcánicas. El paisaje cambiante de esta zona de Islandia les ayuda a comprender el paisaje de Venus. Tal como han afirmado: “Venus es una versión extrema de la Tierra”.
 

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domingo, 26 de marzo de 2023

¿Qué sabemos de Venus (y 3)

(AZprensa) Tanto rusos como norteamericanos han enviado muchas sondas a Venus, algunas de las cuales han logrado a aterrizar y enviar información desde su superficie. El caso más llamativo es el de la sonda rusa Venera-13 que aterrizó en Venus en 1982. Bastantes años después, concretamente en 2012, un reconocido astrónomo ruso, Leonid Ksanfomaliti, del Instituto de Estudios Espaciales de la Academia de Ciencias de Rusia,
  publicó un artículo en el que proponía revisar la información que se tenía en relación a la posibilidad de vida en Venus. Exponía que, tras analizar muchas de las fotografías obtenidas por esta nave encontró que sobre el suelo (desierto rocoso sobre el que se había posado) había determinadas formas que aparecían en unas fotos y no en las siguientes, otras formas que de unas fotografías a otras habían cambiado de posición... y esto podía sugerir que se tratase de organismos vivos.
 
Estos objetos o seres que se movían, tenían tamaños que oscilaban entre 10 y 50 centímetros y sus formas eran en un caso de un disco, en otro una especie de parche negro y en otra algo alargada y que fue bautizada como “escorpión”. “Sin discutir las ideas actuales de que la vida no es posible en las condiciones de Venus, me atrevo a suponer que algunos de los objetos descubiertos, a juzgar por su morfología, tienen rasgos de seres vivos” afirmó.
 
Sin embargo, como todo lo que contradice o altera el “conocimiento oficial”, este reputado astrónomo ruso fue desprestigiado y se tomaron a broma sus aportaciones... aunque las fotografías están ahí y todo el que quiera pueda verlas en Internet. Las interpretaciones, a gusto del consumidor.

Más información.- ¿Qué sabemos de Venus? (1) https://azpressnews.blogspot.com/2023/03/que-sabemos-de-venus-1.html
¿Qué sabemos de Venus? (2) https://azpressnews.blogspot.com/2023/03/que-sabemos-de-venus-2.html
 

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sábado, 25 de marzo de 2023

¿Qué sabemos de Venus? (2)

(AZprensa) Apenas hay fotografías de la superficie de Venus, puesto que las nubes permanentes impiden fotografiarla, y hay que recurrir al radar y a sofisticadas técnicas y análisis para hacerse una idea de cómo debe ser la misma. Bueno, en realidad sí hay algunas fotos del suelo de Venus, tomadas por una sonda rusa que logró posarse en la superficie del planeta y enviarlas antes de sucumbir a sus insoportables condiciones climáticas. Lo que mostraron fue un suelo rocoso, sin nada digno de destacar envuelto en una densa niebla de color amarillento. Porque en Venus llueve, sí, pero no agua sino ácido sulfúrico, el cual se evapora incluso antes de tocar el suelo debido a las altísimas temperaturas. Y en Venus también hay viento, con unas velocidades de 350 Km./h. en las capas más altas de su atmósfera y algo más lentos según nos vamos acercando al suelo.
 
Así las cosas, Venus queda descartado como planeta habitable para nosotros... al menos por ahora, porque de lo que sí dispone es de una capa de ozono, aunque esta sea entre cien y mil veces más fina que en la Tierra, además de estar situada cuatro veces más alta que en nuestro planeta, esto es, a unos 100 Km. de altitud. Ese ozono puede o no tener un origen biológico, ya que según los expertos, para considerar que la vida sea la productora de dicho ozono, su concentración tendría que ser igual o superior al 20% de la que tenemos en la Tierra y de momento, por lo que se sabe, está muy lejos de ese porcentaje.
 
Su origen puede estar en que la luz solar rompe las moléculas de dióxido de carbono y libera oxígeno, formándose así las partículas de ozono (O3). Hasta ahora el ozono solo se había detectado en las atmósferas de Marte y la Tierra. En nuestro planeta es un componente fundamental para la vida ya que absorbe gran parte de los rayos ultravioletas dañinos procedentes del Sol, protegiendo así a las especies que la pueblan.
 
Se piensa, precisamente, que la vida generó el ozono hace unos 2.400 millones de años, cuando los primeros seres vivos comenzaron a expulsar oxígeno a modo de residuo... millones de años después, la atmósfera de la Tierra tuvo grandes cantidades de oxígeno que permitieron el nacimiento de otras formas de vida de las que procedemos. Por este motivo, algunos científicos sugieren que la presencia de dióxido de carbono, oxígeno y ozono es una pista para investigar si existe algún tipo de vida en los planetas.
 
Bien, ya hemos visto que una visita humana a Venus no resultaría demasiado confortable, lo cual no significa que deba descartarse como punto de destino para futuros viajes interplanetarios, y esto es así gracias a la técnica denominada “asistencia gravitatoria”, descubierta en la década de los sesenta. Esta técnica permite a las naves espaciales aprovechar la gravedad de otro planeta  para ser literalmente catapultadas hacia el exterior. Venus se convertiría, de este modo, en algo así como un “planeta gasolinera”, un destino indirecto en donde coger velocidad para poder ir a otros planetas; y esto es algo que ya se ha hecho con algunas sondas que después han viajado hasta Mercurio e incluso Júpiter, por ejemplo.
 
Lo que sí parece es que Venus pudo haber tenido un océano de agua y condiciones aptas para algún tipo de vida hace dos mil millones de años, según un estudio del Instituto Goddard de la NASA para estudios espacio (GISS), publicado en la revista “Geophysical Research Letters”.
 
Un día en Venus equivale a 117 días terrestres, lo que unido a su mayor proximidad al Sol (recibe de un 30 a un 40 por ciento más de radiación solar que la Tierra)  hace que la evaporación sea mayor y se genere mayor cantidad de nubes que ejercen un efecto invernadero, elevando la temperatura del planeta.
 
Los científicos siempre han teorizado que Venus se formó a partir de ingredientes similares a los de la Tierra, pero siguió un camino evolutivo diferente. Las moléculas de vapor de agua fueron descompuestas por la radiación ultravioleta, y el hidrógeno se escapó al espacio. Sin agua en la superficie, el dióxido de carbono se acumula en la atmósfera, lo que lleva a un efecto invernadero capaz de crear las condiciones actuales.
 
"Muchas de las herramientas que utilizamos para estudiar el cambio climático en la Tierra pueden ser utilizadas también para estudiar el clima en otros planetas y hacer predicciones de cómo pudo ser en el pasado o lo será en el futuro”, ha declarado el investigador del GISS, añadiendo que “nuestros resultados muestran que Venus pudo haber sido un lugar muy diferente de lo que es hoy".

Más información.- ¿Qué sabemos de Venus? (1) https://azpressnews.blogspot.com/2023/03/que-sabemos-de-venus-1.html
¿Qué sabemos de Venus? (y 3) https://azpressnews.blogspot.com/2023/03/que-sabemos-de-venus-y-3.html
 

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viernes, 24 de marzo de 2023

¿Qué sabemos de Venus? (1)

(AZprensa) También conocido como estrella matutina o vespertina, puesto que es el primer y último objeto luminoso con el que nos obsequia cada noche el cielo, Venus es una planeta de los denominados rocosos (similares a la Tierra) con unas peculiaridades sorprendentes y totalmente inhóspito no sólo para la vida (tal como la conocemos) sino también para cualquier visita temporal al mismo.
 
Su tamaño es muy similar al de nuestro planeta, el diámetro de Venus es de 12.104 Km. mientras que el de la Tierra es de 12.756 Km. Su gravedad es también muy similar: 100 kilos en la Tierra pesarían 91 Kg. en Venus. Su periodo de rotación alrededor del Sol (año venusiano) es de 225 días, algo menor que el de la Tierra (365 días), pero esto es explicable porque orbita más cerca del Sol que nosotros y por lo tanto su órbita es más pequeña. Ahora bien, hasta aquí llegan las similitudes. Veamos, pues, las diferencias.
 
Para empezar, resulta sumamente curioso conocer que el día en Venus dura más que el año en Venus, esto es, dicho planeta tiene días más largos (243 días) que años (225 días). Su eje de inclinación sobre la órbita es de sólo 3º, más parecido al de Mercurio (0º) que al de la Tierra (23,5º) y otra peculiaridad es que su órbita es retrógrada, esto es, gira alrededor del Sol en sentido inverso a como lo hacen la Tierra y el resto de planetas de nuestro sistema solar a excepción de Neptuno que también tiene órbita retrógrada. De su órbita podemos decir también que es la más circular de todo el sistema solar, y del propio planeta destacar que es el más redondo de todos (como se sabe, por la fuerza de rotación los planetas suelen estar más achatados por los polos y ensanchados por el ecuador).
 
Y sí, también tiene atmósfera como la Tierra, pero esta es completamente diferente y poco amigable para los seres humanos. Está compuesta básicamente de dióxido de carbono, así como de nitrógeno, argón, monóxido de carbono, neón y dióxido de azufre, y es tan densa que ejerce un efecto invernadero (sobre todo por el dióxido de carbono) sobre el planeta, reteniendo el calor del Sol que a duras penas puede escapar a través de las nubes; esto ocasiona que las temperaturas en este planeta sean las más cálidas de todos los planetas del sistema solar: 462º C que, además, son uniformes por todo el planeta, de tal forma que las oscilaciones de temperatura detectadas en el mismo se encuadran en una estrecha orquilla que va de los 400 a los 500º C. Su atmósfera refleja el 70% de la luz solar que recibe (Mercurio o la Luna, en comparación, sólo reflejan el 10%) y gira más rápido que el planeta de tal forma que, por ejemplo, en los niveles más altos sus nubes tardan 4 días en dar una vuelta completa (velocidades de 400 Km./h), aunque esos vientos, no obstante, son más ligeros a nivel de suelo.
 
Pero no sólo es poco hospitalaria su temperatura, también lo es su presión. La atmósfera es tan densa que un humano sobre la superficie de Venus sentiría sobre sí una presión de 93 Kg./cm3 (en la Tierra la presión que soportamos es de 1,03 Kg./cm3). Para ilustrarlo mejor, diríamos que estar en la superficie de Venus supondría soportar la misma presión que si nos encontrásemos a 900 metros de profundidad en cualquiera de nuestros mares u océanos.
 
En cuanto a sus accidentes geográficos, las últimas sondas enviadas lo han pillado in fraganti, detectando importantes erupciones volcánicas y se ha visto cómo algunas corrientes de lava han alcanzado los 7.000 Km. de longitud. El número total de volcanes (muchos de ellos activos) supera el millón. Se han identificado 167 volcanes con diámetros de 100 Km. y más de 1.000 volcanes con diámetros de 20 Km. Presenta notables accidentes geográficos aunque no con tantas diferencias como en la Tierra. Allí la máxima diferencia entre la montaña más alta y el lugar más profundo es de 14 Km., mientras que en la Tierra, por ejemplo, hay 20 Km. de diferencia entre la cumbre del Everest y el fondo de la fosa de las Marianas.

Más información.- ¿Qué sabemos de Venus (2) https://azpressnews.blogspot.com/2023/03/que-sabemos-de-venus-2.html
¿Qué sabemos de Venus? (y 3) https://azpressnews.blogspot.com/2023/03/que-sabemos-de-venus-y-3.html
 

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miércoles, 15 de febrero de 2023

Hay alguien más cerca del Sol que Mercurio

(AZprensa) Todos creemos que el cuerpo de nuestro sistema solar que orbita más cerca del Sol es Mercurio, pero estamos equivocados; hay otro cuerpo más cerca aún del Sol, se llama 2002 VE68, un cuerpo celeste que va a su aire y es el que más se acerca al Sol.
 
Durante algún tiempo se creyó que había un pequeño planeta más próximo al Sol que Mercurio, y le llamaron Vulcano. También se creyó que Venus tenía un pequeño satélite al que incluso llegaron a bautizar con el nombre de Neith o que incluso podría tratarse de un satélite de Mercurio... Pero resultó que ni unos ni otros tenían razón, aunque algo de cierto hubiera en todos esos casos.
 
Existe, en efecto, un pequeño asteroide rocoso, de tan solo 200 metros de diámetro, al que se denomina 2002 VE68 y viene a suplir esas creencias: Su órbita alrededor del Sol dura 224 días y está muy próxima a la de Venus, sin embargo en algunos momentos queda más cerca del Sol que el propio Mercurio. Por consiguiente podemos considerar que este pequeño cuerpo es el que orbita (aunque sólo sea parcialmente), más cerca del Sol que ningún otro en nuestro sistema solar; más cerca aún que Mercurio.
 

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viernes, 20 de mayo de 2022

Así se ve el Sol desde Venus

(AZprensa) Las naves soviéticas Venera consiguieron posarse en la superficie de Venus y transmitir algunas fotografías (ver doble imagen a la izquierda, tomada en el año 1981) lo cual nos da una pequeña idea de la luminosidad del día en este planeta. Sin embargo, poca información más hay al respecto, ni podríamos ver el Sol desde su superficie, porque una densa capa de nubes cubre de forma permanente este planeta, creando además un efecto invernadero que lo convierte en el más caliente de nuestro sistema solar, y eso que está más lejos del Sol que Mercurio.


El albedo (el de sus nubes, que es lo único visible desde el exterior, ya que no se ha podido determinar el de su superficie) es de 0,65 y el dibujante especializado en estos temas, Ron Miller, ha hecho una representación artística (abajo) de cómo veríamos el día desde la superficie de Venus.
 
Luz no nos iba a faltar, a pesar de las nubes, aunque el ambiente nos iba a resultar un tanto... sofocante. Sin olvidar que a nivel de suelo hay que soportar una presión atmosférica equivalente a la que se experimenta en nuestro planeta a 900 metros bajo el mar.
 
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jueves, 15 de julio de 2021

El plomo se derrite en su superficie

 

(AZprensa) Hasta que no acabe esta década no sabremos por qué Venus se ha convertido en un horno, en un lugar en donde el efecto invernadero es tan brutal que hasta el plomo se derrite en su superficie. 

La NASA tiene previsto enviar a finales de esta década dos misiones que tratarán de dar respuesta a esta pregunta y quizás alertarnos sobre los peligros que corre nuestro planeta si no cuidamos nuestro medio ambiente.
 
A pesar de que Venus es el planeta más cercano a la Tierra, hace más de tres décadas que no se envía ninguna nave para estudiar este planeta y actualmente disponemos de una tecnología muy superior a la de hace 30 años para poder obtener mucha información sobre este planeta. Por otra parte el coste de estas misiones, aun siendo muy elevado (500 millones de dólares) es más bajo que el de muchas de las misiones que –por ejemplo- estamos enviando a Marte.
 

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jueves, 11 de marzo de 2021

Sólo hemos aterrizado en 4 planetas o satélites

(AZprensa) Parece mentira, pero con todo lo que se escribe sobre la exploración espacial resulta que sólo hemos conseguido aterrizar en cuatro planetas o satélites de nuestro sistema solar, muchos de sus satélites, aunque también hemos conseguido aterrizar en algunos asteroides y cometas; pero en general nuestras sondas espaciales han tenido que contentarse con orbitarlos más o menos cerca y desde allí tomar fotografías y recabar datos, pero nunca aterrizar en ellos.
 

Cuando hablamos de aterrizar nos referimos a que hemos conseguido que una sonda no tripulada se pose en la superficie y transmita datos desde allí, no nos referimos al hecho de que el ser humano haya puesto el pie en otro cuerpo celeste, algo que sólo ha sucedido en el caso de nuestro satélite, la Luna, en donde han aterrizado seis misiones tripuladas, aunque muchos opinan que aquellos sólo fue un montaje propagandístico.
 
Pero, con astronautas a bordo o sin ellos, repasemos cuáles han sido esos únicos cinco cuerpos celestes en donde hemos podido aterrizar:
 
Luna.- Incontables sondas espaciales se han posado sobre su superficie, aunque sólo seis de ellas (Apolo 11, 12, 14, 15, 16 y 17) eran tripuladas y tocaron su superficie entre 1960 y 1972. Las

últimas en tocar suelo lunar han sido la Chang’e-4 y la Chang’e-5 de China, mientras que otras enviadas por India o Israel se estrellaron contra el suelo lunar.
 
Marte.- También han sido muy numerosas las naves no tripuladas que han conseguido aterrizar en Marte y no sólo enviar datos e imágenes desde su superficie, sino también recorrer muchos kilómetros tomando muestras y analizándolas. Algunas de ellas siguen funcionando y enviando datos desde allí.
 
Venus.- Esta es la historia de un largo fracaso. Sólo los rusos consiguieron aterrizar allí con la sonda Venera 3 (que colapsó al tocar suelo y no pudo enviar ningún dato) y unos años después con la sonda Venera 7 (en 1970) que, esta vez, sí

consiguió superar las temperaturas exteriores de 462ºC y una presión de su atmósfera igual a la que se siente en nuestro planeta a 900 metros bajo el mar. Pudo enviar algunas imágenes y datos pero sólo sobrevivió dos horas.
 
Titán.- En este peculiar satélite de Saturno se posó en 2017 la nave Huygens y envió imágenes durante su aterrizaje y desde el suelo. Se pudieron ver así lagos y ríos de metano y una neblina de color naranja cubriendo la superficie.
 
Como podemos ver, una cosa es enviar naves al espacio para ver y estudiar los cuerpos celestes y otra muy distinta conseguir aterrizar con éxito en ellos. Desde que se inició la exploración espacial son incontables las naves lanzadas, pero sólo en cuatro cuerpos hemos conseguido tocar suelo con éxito: los planetas Marte y Venus (en este último sólo en una ocasión) y los satélites Luna y Titán (en este último sólo en una ocasión).
 
Ilustrando este reportaje ofrecemos una imagen de cada uno de esos cuerpos celestes de nuestro sistema solar en donde conseguimos aterrizar y tomar fotografías desde el suelo.
(De arriba abajo: Luna, Marte, Venus, Titán).

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domingo, 10 de noviembre de 2019

11 Noviembre: Un fenómeno astronómico muy poco frecuente


(AZprensa) Este lunes 11 de noviembre se podrá ver la silueta de Mercurio pasando por delante del Sol. El tránsito comenzará a las 12:35 GMT y durará más de cinco horas. Y la próxima vez que ocurra algo semejante será en el año 2032. Los tránsitos de Mercurio ocurren unas trece veces por siglo y, aunque Mercurio tarda solo unos 88 días en girar alrededor del Sol, su órbita está inclinada, por lo que es muy poco frecuente que el Sol, Mercurio y la Tierra se alineen perfectamente.

Se denomina tránsito al paso de un planeta por delante de la superficie del Sol. Desde la Tierra sólo se pueden ver los tránsitos de los planetas más interiores: Mercurio (unos 13 por siglo) y Venus (unos trece por milenio). Se producen cuando el Sol, el planeta interior y la Tierra se encuentran perfectamente alineados. La rareza de estos fenómenos se debe a la ligera inclinación existente entre las órbitas de los planetas.

NO se debe observar el Sol directamente, NI con métodos caseros (negativos, cristales ahumados,…). NO se puede mirar por un telescopio o binocular que esté apuntando directamente al Sol. SIEMPRE hay que utilizar la protección adecuada: gafas de eclipse y filtros solares para los aparatos ópticos.

Podemos optar por observar la imagen del Sol proyectada en una pantalla. Dada la pequeñez del disco de Mercurio, el tránsito no es perceptible a simple vista (con gafas de eclipse), para obtener una imagen mayor y más nítida se puede usar un pequeño telescopio o unos prismáticos (que soporten la intensidad de la luz del Sol) para proyectar la imagen en una pantalla blanca. Conviene dejar enfriar el aparato cada pocos minutos de observación, para evitar dañarlo, especialmente su ocular; hay que recordar que un tránsito es un fenómeno que transcurre lentamente a lo largo de varias horas.


domingo, 13 de enero de 2019

Sólo en dos planetas y dos satélites hemos conseguido aterrizar


(AZprensa) Parece mentira, pero con todo lo que se escribe sobre la exploración espacial resulta que sólo hemos conseguido aterrizar en nueve cuerpos celestes, de los cuales sólo dos son planetas (Marte y Venus) y dos son satélites (Luna y Titán); en todos los demás casos (que han sido todos los planetas de nuestro sistema solar, muchos de sus satélites, y algunos otros cuerpos celestes como asteroides, etc.) nuestras sondas espaciales han tenido que contentarse con orbitarlos más o menos cerca y desde allí tomar fotografías y recabar datos, pero nunca aterrizar en ellos.

Cuando hablamos de aterrizar nos referimos a que hemos conseguido que una sonda no tripulada se pose en la superficie y transmita datos desde allí, no nos referimos al hecho de que el ser humano haya puesto el pie en otro cuerpo celeste, algo que sólo ha sucedido en el caso de nuestro satélite, la Luna, en donde han aterrizado seis misiones tripuladas, aunque muchos opinan que aquellos sólo fue un montaje propagandístico.

Pero, con astronautas a bordo o sin ellos, repasemos cuáles han sido esos únicos cinco cuerpos celestes en donde hemos podido aterrizar:

Luna.- Incontables sondas espaciales se han posado sobre su superficie, aunque sólo seis de ellas (Apolo 11, 12, 14, 15, 16 y 17) eran tripuladas y tocaron su superficie entre 1960 y 1972. La última en tocar suelo lunar ha sido la Chang’e-4 de China (en 2018) que –por cierto- ha levantado controversia al mostrar un color del suelo (en todas las fotografías tanto de Chang’e-4 en la cara oculta como anteriormente Chang’e-3 en la cara visible) muy diferente al color del suelo que enviaron (en todas las fotografías, tanto antiguas como recientes) las naves de Estados Unidos.

Marte.- También han sido muy numerosas las naves no tripuladas que han conseguido aterrizar en Marte y no sólo enviar datos e imágenes desde su superficie, sino también recorrer muchos kilómetros tomando muestras y analizándolas. Curiosamente, algunas de esas fotografías muestran un cielo de color azul como el que observamos en la Tierra, aunque la mayor parte de las fotografías están teñidas de rojo o bien se ofrecen al público en lo que la NASA llama “falso color”. El último aterrizaje se produjo en 2018 y varias de ellas siguen funcionando y enviando datos desde allí.

Venus.- Esta es la historia de un largo fracaso. Sólo los rusos consiguieron aterrizar allí con la sonda Venera 3 (que colapsó al tocar suelo y no pudo enviar ningún dato) y unos años después con la sonda Venera 7 (en 1970) que, esta vez, sí consiguió superar las temperaturas exteriores de 462ºC y una presión de su atmósfera igual a la que se siente en nuestro planeta a 900 metros bajo el mar. Pudo enviar algunas imágenes y datos pero sólo sobrevivió dos horas.

Titán.- En este peculiar satélite de Saturno se posó en 2017 la nave Huygens y envió imágenes durante su aterrizaje y desde el suelo. Se pudieron ver así lagos y ríos de metano y una neblina de color naranja cubriendo la superficie.

67P.- Este es el nombre dado a un cometa sobre el que se posó la sonda Rosetta en 2016 y envió datos y fotos de este cuerpo compuesto por hielo y polvo que viaja por el espacio a 130.000 kilómetros por hora.


Como podemos ver, una cosa es enviar naves al espacio para ver y estudiar los cuerpos celestes y otra muy distinta conseguir aterrizar con éxito en ellos. Desde que se inició la exploración espacial son incontables las naves lanzadas, pero sólo en cinco cuerpos hemos conseguido tocar suelo con éxito: los planetas Marte y Venus (en este último sólo en una ocasión), los satélites Luna y Titán (en este último sólo en una ocasión), el cometa 67P (también en una única ocasión), y los asteroides Itokawa, Ryugu, Eros y Bennu.

Respecto a estos cuatro últimos cuerpos, los asteroides Itokawa, Ryugu, Eros y Bennu, señalar que en 2001 la sonda Near consiguió aterrizar en Eros; en 2003 la sonda Hayabusa aterrizó en Itokawa y consiguió traer muestras a la Tierra en 2010; y finalmente en 2018 la nave Osiris-Rex aterrizó en Bennu y la sonda europea Mascot, con el apoyo de la agencia espacial japonesa, aterrizó en Ryugu.

Ilustrando este reportaje ofrecemos cinco imágenes que se tomaron desde el suelo de dichos astros. De arriba abajo: Marte, Venus, Titán, Luna y 67P.

viernes, 19 de octubre de 2018

Lo importante para llegar a Mercurio es saber frenar


(AZprensa) Mañana sábado 20 de octubre despega la primera misión europea hacia Mercurio, el planeta más pequeño y menos explorado del Sistema Solar interior. Durante los siete años de duración que tendrá este ambicioso viaje, la misión sobrevolará una vez la Tierra, dos veces Venus y seis veces Mercurio, antes de entrar en órbita y desplegar dos orbitadores que efectuarán mediciones simultáneas y complementarias del entorno dinámico del planeta.

Resulta curioso que uno de los principales retos de la misión es la enorme gravedad del Sol, que dificulta la puesta de las naves en una órbita estable alrededor de Mercurio, por lo que se necesita aún más energía que para enviar una misión a Plutón. Tras el lanzamiento, y una vez fuera del “pozo gravitatorio” de la Tierra, la nave tendrá que frenar constantemente contra la atracción gravitacional del Sol. Los propulsores iónicos del MTM suministrarán la baja propulsión necesaria durante la larga fase de crucero, empleando tecnologías demostradas previamente en la misión GOCE de la ESA para el estudio de la gravedad terrestre y la misión SMART-1 a la Luna.

Otro aspecto diferencial viene dado por la fuerte intensidad solar experimentada durante el viaje y, más tarde, durante las operaciones en Mercurio, que ha obligado a desarrollar nuevas tecnologías para evitar el sobrecalentamiento, como los revestimientos térmicos y el aislante multicapa, el radiador del MPO y la novedosa técnica rotativa de Mio que se desplegará al acercarse a Mercurio, estando protegida por un parasol hasta ese momento.

El nombre de esta misión conjunta de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) es BepiColombo y partirá desde el Puerto Espacial Europeo de Kurú (Guayana Francesa) a bordo de un cohete Ariane 5.

BepiColombo proporcionará información no sólo sobre Mercurio sino también sobre Venus, y permitirá comprender mejor que nunca el planeta más interior de nuestro Sistema Solar.

viernes, 5 de enero de 2018

Venus, el día más largo

(AZprensa) También conocido como estrella matutina o vespertina, puesto que es el primer y último objeto luminoso con el que nos obsequia cada noche el cielo, Venus es una planeta de los denominados rocosos (similares a la Tierra) con unas peculiaridades sorprendentes y totalmente inhóspito no sólo para la vida (tal como la conocemos) sino también para cualquier visita temporal al mismo.

Su tamaño es muy similar al de nuestro planeta, el diámetro de Venus es de 12.104 Km. mientras que el de la Tierra es de 12.756 Km. Su gravedad es también muy similar: 100 kilos en la Tierra pesarían 91 Kg. en Venus. Su periodo de rotación alrededor del Sol (año venusiano) es de 225 días, algo menor que el de la Tierra (365 días), pero esto es explicable porque orbita más cerca del Sol que nosotros y por lo tanto su órbita es más pequeña. Ahora bien, hasta aquí llegan las similitudes. Veamos, pues, las diferencias.

Para empezar, resulta sumamente curioso conocer que el día en Venus dura más que el año en Venus, esto es, dicho planeta tiene días más largos (243 días) que años (225 días). Su eje de inclinación sobre la órbita es de sólo 3º, más parecido al de Mercurio (0º) que al de la Tierra (23,5º) y otra peculiaridad es que su órbita es retrógrada, esto es, gira alrededor del Sol en sentido inverso a como lo hacen la Tierra y el resto de planetas de nuestro sistema solar a excepción de Neptuno que también tiene órbita retrógrada. De su órbita podemos decir también que es la más circular de todo el sistema solar, y del propio planeta destacar que es el más redondo de todos (como se sabe, por la fuerza de rotación los planetas suelen estar más achatados por los polos y ensanchados por el ecuador).

Y sí, también tiene atmósfera como la Tierra, pero esta es completamente diferente y poco amigable para los seres humanos. Está compuesta básicamente de dióxido de carbono, así como de nitrógeno, argón, monóxido de carbono, neón y dióxido de azufre, y es tan densa que ejerce un efecto invernadero (sobre todo por el dióxido de carbono) sobre el planeta, reteniendo el calor del Sol que a duras penas puede escapar a través de las nubes; esto ocasiona que las temperaturas en este planeta sean las más cálidas de todos los planetas del sistema solar: 462º C que, además, son uniformes por todo el planeta, de tal forma que las oscilaciones de temperatura detectadas en el mismo se encuadran en una estrecha orquilla que va de los 400 a los 500º C. Su atmósfera refleja el 70% de la luz solar que recibe (Mercurio o la Luna, en comparación, sólo reflejan el 10%) y gira más rápido que el planeta de tal forma que, por ejemplo, en los niveles más altos sus nubes tardan 4 días en dar una vuelta completa (velocidades de 400 Km./h), aunque esos vientos, no obstante, son más ligeros a nivel de suelo.

Pero no sólo es poco hospitalaria su temperatura, también lo es su presión. La atmósfera es tan densa que un humano sobre la superficie de Venus sentiría sobre sí una presión de 93 Kg./cm3 (en la Tierra la presión que soportamos es de 1,03 Kg./cm3). Para ilustrarlo mejor, diríamos que estar en la superficie de Venus supondría soportar la misma presión que si nos encontrásemos a 900 metros de profundidad en cualquiera de nuestros mares u océanos.

En cuanto a sus accidentes geográficos, las últimas sondas enviadas lo han pillado in fraganti, detectando importantes erupciones volcánicas y se ha visto cómo algunas corrientes de lava han alcanzado los 7.000 Km. de longitud. El número total de volcanes (muchos de ellos activos) supera el millón. Se han identificado 167 volcanes con diámetros de 100 Km. y más de 1.000 volcanes con diámetros de 20 Km. Presenta notables accidentes geográficos aunque no con tantas diferencias como en la Tierra. Allí la máxima diferencia entre la montaña más alta y el lugar más profundo es de 14 Km., mientras que en la Tierra, por ejemplo, hay 20 Km. de diferencia entre la cumbre del Everest y el fondo de la fosa de las Marianas.

Apenas hay fotografías de su superficie puesto que las nubes permanentes impiden fotografiarla, y hay que recurrir al radar y a sofisticadas técnicas y análisis para hacerse una idea de cómo debe ser la misma. Bueno, en realidad sí hay algunas fotos del suelo de Venus, tomadas por una sonda rusa que logró posarse en la superficie del planeta y enviarlas antes de sucumbir a sus insoportables condiciones climáticas. Lo que mostraron fue un suelo rocoso, sin nada digno de destacar (ojo, ver nota al final de este capítulo), envuelto en una densa niebla de color amarillento. Porque en Venus llueve, sí, pero no agua sino ácido sulfúrico, el cual se evapora incluso antes de tocar el suelo debido a las altísimas temperaturas. Y en Venus también hay viento, con unas velocidades de 350 Km./h. en las capas más altas de su atmósfera y algo más lentos según nos vamos acercando al suelo.

Así las cosas, Venus queda descartado como planeta habitable para nosotros... al menos por ahora, porque de lo que sí dispone es de una capa de ozono, aunque esta sea entre cien y mil veces más fina que en la Tierra, además de estar situada cuatro veces más alta que en nuestro planeta, esto es, a unos 100 Km. de altitud. Ese ozono puede o no tener un origen biológico, ya que según los expertos, para considerar que la vida sea la productora de dicho ozono, su concentración tendría que ser igual o superior al 20% de la que tenemos en la Tierra y de momento, por lo que se sabe, está muy lejos de ese porcentaje.

Su origen puede estar en que la luz solar rompe las moléculas de dióxido de carbono y libera oxígeno, formándose así las partículas de ozono (O3). Hasta ahora el ozono solo se había detectado en las atmósferas de Marte y la Tierra. En nuestro planeta es un componente fundamental para la vida ya que absorbe gran parte de los rayos ultravioletas dañinos procedentes del Sol, protegiendo así a las especies que la pueblan.

Se piensa, precisamente, que la vida generó el ozono hace unos 2.400 millones de años, cuando los primeros seres vivos comenzaron a expulsar oxígeno a modo de residuo... millones de años después, la atmósfera de la Tierra tuvo grandes cantidades de oxígeno que permitieron el nacimiento de otras formas de vida de las que procedemos. Por este motivo, algunos científicos sugieren que la presencia de dióxido de carbono, oxígeno y ozono es una pista para investigar si existe algún tipo de vida en los planetas.

Bien, ya hemos visto que una visita humana a Venus no resultaría demasiado confortable, lo cual no significa que deba descartarse como punto de destino para futuros viajes interplanetarios, y esto es así gracias a la técnica denominada “asistencia gravitatoria”, descubierta en la década de los sesenta. Esta técnica permite a las naves espaciales aprovechar la gravedad de otro planeta  para ser literalmente catapultadas hacia el exterior. Venus se convertiría, de este modo, en algo así como un “planeta gasolinera”, un destino indirecto en donde coger velocidad para poder ir a otros planetas; y esto es algo que ya se ha hecho con algunas sondas que después han viajado hasta Mercurio e incluso Júpiter, por ejemplo.

Lo que sí parece es que Venus pudo haber tenido un océano de agua y condiciones aptas para algún tipo de vida hace dos mil millones de años, según un estudio del Instituto Goddard de la NASA para estudios espacio (GISS), publicado en la revista “Geophysical Research Letters”.

Un día en Venus equivale a 117 días terrestres, lo que unido a su mayor proximidad al Sol (recibe de un 30 a un 40 por ciento más de radiación solar que la Tierra)  hace que la evaporación sea mayor y se genere mayor cantidad de nubes que ejercen un efecto invernadero, elevando la temperatura del planeta.

Los científicos siempre han teorizado que Venus se formó a partir de ingredientes similares a los de la Tierra, pero siguió un camino evolutivo diferente. Las moléculas de vapor de agua fueron descompuestas por la radiación ultravioleta, y el hidrógeno se escapó al espacio. Sin agua en la superficie, el dióxido de carbono se acumula en la atmósfera, lo que lleva a un efecto invernadero capaz de crear las condiciones actuales.

"Muchas de las herramientas que utilizamos para estudiar el cambio climático en la Tierra pueden ser utilizadas también para estudiar el clima en otros planetas y hacer predicciones de cómo pudo ser en el pasado o lo será en el futuro”, ha declarado el investigador del GISS, añadiendo que “nuestros resultados muestran que Venus pudo haber sido un lugar muy diferente de lo que es hoy".

sábado, 23 de diciembre de 2017

La NASA proyecta aterrizar en Titán, Encélado y Venus

(AZprensa) Ya se ha dado el primer paso y la NASA ha aprobado el proyecto Dragonfly que permitiría en la década de 2020 aterrizar en Titán, el mayor satélite de Saturno. Lo más llamativo de este proyecto es que antes de posarse sobre su superficie, recorrería la misma mediante un helicóptero tipo drone para seleccionar el mejor lugar para el aterrizaje y una vez efectuado el mismo analizaría la química prebiótica de este satélite que posee una densa atmósfera así como océanos y ríos de hidrocarburos.

Otro destino apasionante es Encélado, el satélite helado de Saturno con un océano líquido bajo su superficie y numerosas fracturas con geiseres que lanzan sus chorros a cientos de kilómetros de altura. Este proyecto se llama ELSAH (Enceladus Life Signatures and Habitability), y va a desarrollar técnicas rentables que eviten la contaminación que pudiera causar la propia sonda espacial y, por consiguiente, permita mediciones fiables en la detección de vida en dicho satélite.

Nuestro planeta vecino Venus es otro gran objetivo, para lo cual se ha aprobado el proyecto VICI (Venus in situ Composition Investigations). Este proyecto va a mejorar la Venus Element and Mineralogy Camera para que sea capaz de operar bajo las duras condiciones atmosféricas de Venus. Este instrumento utiliza láseres en un módulo de aterrizaje para medir la mineralogía y la composición elemental de las rocas en la superficie de Venus.

Pero estos no han sido los únicos proyectos aprobados; también lo están la misión CAESAR (Comet Astrobiology Exploration Sample Return) que pretende traer una muestra de 67P / Churyumov-Gerasimenko, un cometa que ya fue explorado con éxito por la nave espacial Rosetta de la Agencia Espacial Europea; el aterrizaje en la cuenca Aitken del polo sur de la Luna para traer muestras; una nueva sonda a Saturno; y el seguimiento y encuentro con asteroides.

Los cientos de millones de dólares necesarios para trabajar en estos proyectos ya están puestos sobre la mesa y ahora sólo queda esperar que el trabajo fructifique y se encuentren las soluciones técnicas necesarias para tan arriesgados y apasionantes proyectos.

(En la imagen, representación artística de la sonda Dragonfly que sobrevolará y aterrizará en Titán)

domingo, 17 de diciembre de 2017

¿Hay vida en Venus?

(AZprensa. Fotos misteriosas) Tanto rusos como norteamericanos han enviado muchas sondas a Venus, algunas de las cuales han logrado aterrizar y enviar información desde su superficie. El caso más llamativo es el de la sonda rusa Venera-13 que aterrizó en Venus en 1982. Bastantes años después, concretamente en 2012, un reconocido astrónomo ruso, Leonid Ksanfomaliti, del Instituto de Estudios Espaciales de la Academia de Ciencias de Rusia,  publicó un artículo en el que proponía revisar la información que se tenía en relación a la posibilidad de vida en Venus. Exponía que, tras analizar muchas de las fotografías obtenidas por esta nave encontró que sobre el suelo (desierto rocoso sobre el que se había posado) había determinadas formas que aparecían en unas fotos y no en las siguientes, así como otras formas que variaban su posición de unas fotografías a otras... y esto podía sugerir que se tratase de organismos vivos, de alguna especie de pequeños animales capaces de sobrevivir en las inhóspitas condiciones de este planeta.

Estos objetos o seres que se movían, tenían tamaños que oscilaban entre 10 y 50 centímetros y sus formas eran en un caso de un disco, en otro una especie de parche negro y en otra algo alargada y que fue bautizada como “escorpión”. “Sin discutir las ideas actuales de que la vida no es posible en las condiciones de Venus, me atrevo a suponer que algunos de los objetos descubiertos, a juzgar por su morfología, tienen rasgos de seres vivos” afirmó.

Sin embargo, como todo lo que contradice o altera el “conocimiento oficial”, este reputado astrónomo ruso fue desprestigiado y se tomaron a broma sus aportaciones... aunque las fotografías están ahí y todo el que quiera pueda verlas en Internet (aquí reproducimos una de ellas). Las interpretaciones, a gusto del consumidor.

domingo, 14 de agosto de 2016

Venus, ¡quién te ha visto y quién te ve!

(AZprensa) Según un estudio del Instituto Goddard de la NASA para estudios espacio (GISS), publicado en la revista Geophysical Research Letters, Venus pudo haber tenido un océano de agua y condiciones aptas para algún tipo de vida hace dos mil millones de años.

Un día en Venus equivale a 117 días terrestres, lo que unido a su mayor proximidad al Sol (recibe de un 30 a un 40 por ciento más de radiación solar que la Tierra)  hace que la evaporación sea mayor y se genere mayor cantidad de nubes que ejercen un efecto invernadero, elevando la temperatura del planeta.

Los científicos siempre han teorizado que Venus se formó a partir de ingredientes similares a los de la Tierra, pero siguió un camino evolutivo diferente. Las moléculas de vapor de agua fueron descompuestas por la radiación ultravioleta, y el hidrógeno se escapó al espacio. Sin agua en la superficie, el dióxido de carbono se acumula en la atmósfera, lo que lleva a un efecto invernadero capaz de crear las condiciones actuales.

"Muchas de las herramientas que utilizamos para estudiar el cambio climático en la Tierra pueden ser utilizadas también para estudiar el clima en otros planetas y hacer prediciones de cómo pudo ser en el pasado o lo será en el futuro”, ha declarado el investigador del GISS, añadiendo que “nuestros resultados muestran que Venus pudo haber sido un lugar muy diferente de lo que es hoy".

Actualmente Venus tiene una atmósfera de dióxido de carbono, una presión atmosférica equivalente a la que encontramos en la Tierra a 900 metros bajo el mar, una temperatura en su superficie en torno a los 462º C

martes, 8 de diciembre de 2015

Venus, el día más largo

(Diario El Inefable) También conocido como estrella matutina o vespertina, puesto que es el primer y último objeto luminoso con el que nos obsequia cada noche el cielo, Venus es una planeta de los denominados rocosos (similares a la Tierra) con unas peculiaridades sorprendentes y totalmente inhóspito no sólo para la vida (tal como la conocemos) sino también para cualquier visita temporal al mismo.

Su tamaño es muy similar al de nuestro planeta, el diámetro de Venus es de 12.104 km. mientras que el de la Tierra es de 12.756 km. Su gravedad es también muy similar: 100 kilos en la Tierra pesarían 91 kgs en Venus. Su periodo de rotación alrededor del Sol (año venusiano) es de 225 días, algo menor que el de la Tierra (365 días), pero esto es explicable porque orbita más cerca del Sol que nosotros y por lo tanto su órbita es más pequeña. Ahora bien, hasta aquí llegan las similitudes. Veamos, pues, las diferencias.

Para empezar, resulta sumamente curioso conocer que el día en Venus dura más que el año en Venus, esto es, dicho planeta tiene días más largos (243 días) que años (225 días). Su eje de inclinación sobre la órbita es de sólo 3º, más parecido al de Mercurio (0º) que al de la Tierra (23,5º) y otra peculiaridad es que su órbita es retrógada, esto es, gira alrededor del Sol en sentido inverso a como lo hacen la Tierra y el resto de planetas de nuestro sistema solar a excepción de Neptuno que también tiene órbita retrógrada. De su órbita podemos decir también que es la más circular de todo el sistema solar, y del propio planeta destacar que es el más redondo de todos (como se sabe, por la fuerza de rotación los planetas suelen estar más achatados por los polos y ensanchados por el ecuador).

Y sí, también tienen atmósfera como la Tierra, pero esta es completamente diferente y poco amigable para los seres humanos. Está compuesta básicamente de dióxido de carbono, así como de nitrógeno, argón, monóxido de carbono, neón y dióxido de azufre, y es tan densa que ejerce un efecto invernadero (sobre todo por el dióxido de carbono) sobre el planeta, reteniendo el calor del Sol que a duras penas puede escapar a través de las nubes; esto ocasiona que las temperaturas en este planeta sean las más cálidas de todos los planetas del sistema solar: 462ºC que, además, son uniformes por todo el planeta, de tal forma que las oscilaciones de temperatura detectadas en el mismo se encuadran en una estrecha orquilla que va de los 400 a los 500ºC.

Pero no sólo es poco hospitalaria su temperatura, también lo es su presión. La atmósfera es tan densa que un humano sobre la superficie de Venus sentiría sobre sí una presión de 93 kg/cm3 (en la Tierra la presión que soportamos es de 1,03 kg/cm3). Para ilustrarlo mejor, diríamos que estar en la superficie de Venus supondría soportar la misma presión que si nos encontrásemos a 900 metros de profundidad en cualquiera de nuestros mares u océanos.

En cuanto a sus accidentes geográficos, las últimas sondas enviadas lo han pillado in fraganti, detectando importantes erupciones volcánicas. En realidad se han cartografiado más de 1.000 volcanes (muchos de ellos activos) con un diámetro mayor de 20 km., de los cuales 167 tienen un diámetro superior a los 100 km. El número total de volcanes que se estima tiene este planeta supera el millón.

Apenas hay fotografías de su superficie puesto que las nubes permanentes impiden fotografiarla, y hay que recurrir al radar y a sofisticadas técnicas y análisis para hacerse una idea de cómo debe ser la misma. Bueno, en realidad sí hay algunas fotos del suelo de Venus, tomadas por una sonda rusa que logró posarse en la superficie del planeta y enviarlas antes de sucumbir a sus insoportables condiciones climáticas. Lo que mostraron fue un suelo rocoso, sin nada digno de destacar, envuelto en una densa niebla de color amarillento. Porque en Venus llueve, sí, pero no agua sino ácido sulfúrico, el cual se evapora incluso antes de tocar el suelo debido a las altísimas temperaturas. Y en Venus también hay viento, con unas velocidades de 350 km/h en las capas más altas de su atmósfera y algo más lentos según nos vamos acercando al suelo.

Así las cosas, Venus queda descartado como planeta habitable... al menos por ahora, porque de lo que sí dispone es de una capa de ozono, aunque esta sea entre cien y mil veces más fina que en la Tierra, además de estar situada cuatro veces más alta que en nuestro planeta, esto es, a unos 100 km. de altitud. Ese ozono puede o no tener un origen biológico, ya que según los expertos, para considerar que la vida sea la productora de dicho ozono, su concentración tendría que ser igual o superior al 20% de la que tenemos en la Tierra y de momento, por lo que se sabe, está muy lejos de ese porcentaje.

Su origen puede estar en que la luz solar rompe las moléculas de dióxido de carbono y libera oxígeno, formándose así las partículas de ozono (O3). Hasta ahora el ozono solo se había detectado en las atmósferas de Marte y la Tierra. En nuestro planeta es un componente fundamental para la vida ya que absorbe gran parte de los rayos ultravioletas dañinos procedentes del Sol, protegiendo así a las especies que la pueblan.

Se piensa, precisamente, que la vida generó el ozono hace unos 2.400 millones de años, cuando los primeros seres vivos comenzaron a expulsar oxígeno a modo de residuo... millones de años después, la atmósfera de la Tierra tuvo grandes cantidades de oxígeno que permitieron el nacimiento de otras formas de vida de las que procedemos. Por este motivo, algunos científicos sugieren que la presencia de dióxido de carbono, oxígeno y ozono es una pista para investigar si existe algún tipo de vida en los planetas.

Bien, ya hemos visto que una visita humana a Venus no resultaría demasiado confortable, lo cual no significa que deba descartarse como punto de destino para futuros viajes interplanetarios, y esto es así gracias a la técnica denominada “asistencia gravitatoria”, descubierta en la década de los sesenta. Esta técnica permite a las naves espaciales aprovechar la gravedad de otro planeta  para ser literalmente catapultadas hacia el exterior. Venus se convertiría, de este modo, en algo así como un “planeta gasolinera”, un destino indirecto en donde coger velocidad para poder ir a otros planetas; y esto es algo que ya se ha hecho con algunas sondas que después han viajado hasta Mercurio e incluso Júpiter, por ejemplo.

Durante algún tiempo se creyó que Venus tenía un satélite y hasta se le bautizó como Neith. Sin embargo se ha comprobado que tal satélite no existe sino que se trata de un asteroide, denominado 2002VE68, de tan solo 200 metros de diámetro, que orbita alrededor del Sol en 224 días (prácticamente lo mismo que tarde Venus en recorrer su órbita) y, aunque está muy cerca de Venus su trayectoria es diferente ya que en determinados momentos queda incluso más cerca del Sol que el propio Mercurio.