Mostrando entradas con la etiqueta Luna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luna. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de mayo de 2026

La Luna no está sola: El baile secreto del segundo satélite de la Tierra

(AZprensa) Oficialmente, nuestro planeta solo tiene un satélite: la Luna. Sin embargo, el cosmos es mucho más dinámico de lo que nos cuentan los libros de texto escolares. Existe otro objeto orbitando a nuestro alrededor, un acompañante silencioso que, aunque provisional, ha decidido seguir nuestros pasos en la inmensidad del espacio.
 
Su nombre es 2016 HO3. Por su diminuto tamaño —se estima que oscila entre los 40 y los 100 metros de diámetro—, había pasado desapercibido para los astrónomos hasta hace muy poco. Pero que su tamaño no nos engañe: su presencia es una fascinante anomalía gravitatoria.
 
Un juego de "salto de la rana" espacial
 
A diferencia de la Luna, cuya órbita es estable y cercana, el asteroide 2016 HO3 se encuentra atrapado en un complejo baile con la Tierra y el Sol. En su viaje anual, pasa la mitad del tiempo más cerca del Sol que nosotros (adelantándonos) y la otra mitad más lejos (quedándose atrás).
 
Es, literalmente, un juego de "salto de la rana" cósmico que se repite año tras año debido a la inclinación de su órbita. Este pequeño asteroide realiza bucles alrededor de nuestro planeta, pero sin aventurarse nunca demasiado lejos.
 
¿Un satélite o un okupa cósmico?
 
Los científicos lo han bautizado como un "cuasi-satélite". Aunque ya hemos tenido otros visitantes temporales, como el asteroide 2003 YN107 que nos abandonó tras una década, el caso del 2016 HO3 es especial por su persistencia (los cálculos indican que lleva orbitando con nosotros casi un siglo) y por su futuro (se prevé que continúe acompañándonos durante varios siglos más antes de seguir su camino).
 
El lazo invisible de la gravedad
 
Lo más curioso es cómo la Tierra "gobierna" a este pequeño invitado. Cuando el asteroide intenta alejarse demasiado, la gravedad terrestre actúa como un lazo invisible, revirtiendo su deriva y obligándolo a regresar.
 
Gracias a este efecto, nunca se aleja a más de 100 veces la distancia que nos separa de la Luna, pero tampoco se acerca a menos de 38 veces esa misma distancia. Está atrapado en un equilibrio perfecto, en un baile interminable del que somos los protagonistas involuntarios.
 
Aunque este último no tenga el reconocimiento oficial de los manuales de astronomía y su estancia sea temporal en términos universales, lo cierto es que, durante unos cuantos siglos más, la Luna tendrá compañía en sus noches de vigilia sobre nosotros.
 
Por lo tanto, la próxima vez que alguien te pregunte cuántos satélites tiene la Tierra, podrías responder con una sonrisa cómplice: "Dos: la Luna y el 2016 HO3".
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

martes, 5 de mayo de 2026

¿A qué huele la Luna? El misterio de su "perfume" a pólvora quemada

(AZprensa)
Cuando el ser humano pisó la Luna, no solo trajo consigo fotografías y rocas; trajo una incógnita olfativa que aún hoy desafía a la ciencia. Charlie Duke, piloto del Apolo 16, fue el primero en dar la voz de alarma por radio: "Es un olor muy fuerte, sabe y huele a pólvora". Poco después, en la misión Apolo 17, Gene Cernan confirmaba la sensación con una descripción aún más gráfica: "Huele como si alguien hubiera disparado una carabina aquí adentro".
 
No eran testimonios que pudieran tomarse a la ligera. Los astronautas del programa Apolo eran pilotos militares experimentados; sabían perfectamente a qué huele la pólvora tras un disparo. Y sin embargo, la ciencia actual nos dice que es imposible.
 
Una química incompatible
 
A pesar de la insistencia de los astronautas, el polvo lunar y la pólvora no tienen absolutamente nada en común. La pólvora moderna es una mezcla de nitrocelulosa y nitroglicerina, moléculas orgánicas inflamables que, como bien señala Gary Lofgren, del Laboratorio de Muestras Lunares de la NASA, sencillamente "no existen en el suelo lunar". Si acercáramos un fósforo al polvo lunar, no habría explosión ni llamarada.
 
En realidad, el regolito lunar está compuesto en un 50% por vidrio de dióxido de silicato, formado por el impacto de micrometeoritos que, durante miles de millones de años, han fundido y fragmentado el suelo. Es, además, rico en hierro, calcio y magnesio. Químicamente, es lo opuesto a un explosivo.
 
El misterio del vacío contaminado
 
¿Por qué, entonces, los astronautas sintieron ese aroma al quitarse el casco dentro del módulo? Aquí entra en juego un fallo logístico y una posible reacción química. Los exploradores envasaron las muestras en contenedores especiales al vacío, pero la naturaleza del polvo lunar es traicionera: sus granos son tan afilados que erosionaron y rompieron los sellos de los termos. Durante los tres días de viaje de regreso a la Tierra, el oxígeno y la humedad penetraron en las muestras. Para cuando el polvo llegó a los laboratorios terrestres, cualquier propiedad olfativa se había desvanecido.
 
¿Una alucinación colectiva o química efímera?
 
Curiosamente, en la Tierra el polvo lunar no huele a nada. En los laboratorios de la NASA se custodian decenas de kilos de material que han sido analizados exhaustivamente sin detectar aroma alguno. ¿Lo imaginaron los tripulantes del Apolo? No parece probable en hombres tan entrenados y con testimonios tan coincidentes.
 
La teoría más aceptada es que el polvo, al entrar en contacto con la atmósfera rica en oxígeno y la humedad del módulo lunar, provocó una reacción química inmediata —una especie de "oxidación instantánea"— que liberó ese olor a quemado. Al ser elementos inexistentes en la superficie lunar, los astronautas fueron testigos de un fenómeno que solo ocurre en esa frontera donde el vacío se encuentra con el aire.
 
Hoy, ese "perfume" sigue siendo un fantasma del pasado. Quizás tengamos que esperar a que el ser humano regrese a nuestro satélite para confirmar si la Luna tiene realmente ese aroma a batalla recién librada... pero esa ya es otra historia.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

domingo, 26 de abril de 2026

Pero ¿hemos pisado la Luna?

(AZprensa) A día de hoy, todavía hay quien se hace una pregunta tan fascinante como inquietante: ¿pisó realmente el ser humano la Luna o fue todo un elaborado engaño?
 
Los escépticos sostienen su postura apoyándose en diversos argumentos. Uno de los más conocidos es el del cinturón de Van Allen, esa región de radiación que rodea la Tierra y que, según ellos, habría sido letal para los astronautas al atravesarla sin la protección adecuada. Señalan también que, en aquella época, la tecnología —incluidos los trajes espaciales— no estaba suficientemente desarrollada como para soportar la radiación ni las duras condiciones de la superficie lunar, carente de atmósfera protectora.
 
A estos argumentos técnicos se suman otros de carácter visual: fotografías en las que la bandera parece ondear sin viento, reflejos extraños en las viseras, zonas iluminadas donde debería haber sombra, ausencia de estrellas en el cielo o sombras que no siguen trayectorias paralelas. Para quienes dudan, estos detalles no son simples curiosidades, sino indicios de una posible escenificación.
 
Como casi siempre ocurre en cuestiones tan debatidas, la interpretación final queda en manos del lector. Por mi parte, me inclino por una postura intermedia: creo que el ser humano sí llegó a la Luna, pero también considero posible que parte del material gráfico que conocemos no se realizara allí.
 
Para entender esta idea, conviene situarse en el contexto histórico. Fue el presidente estadounidense John F. Kennedy quien lanzó el ambicioso objetivo de llegar a la Luna antes que nadie. En plena Guerra Fría, con la Unión Soviética tomando ventaja en la carrera espacial, lograrlo suponía mucho más que un avance científico: era un golpe propagandístico de enorme magnitud.
 
El apoyo popular permitió destinar a la NASA presupuestos colosales, necesarios para una empresa de tal envergadura. Pero si el objetivo era también demostrar al mundo ese logro, surgía un problema evidente: ¿y si las imágenes reales no eran lo suficientemente claras o se veían afectadas por las condiciones del espacio? En ese escenario, algunos plantean que se habría diseñado un “plan B”.
 
Aquí entra en juego una figura tan inesperada como sugerente: el director de cine Stanley Kubrick. Tras el impacto visual de 2001: Una odisea del espacio (1968), su nombre comenzó a asociarse con teorías que apuntan a su posible colaboración en la recreación de escenas lunares en un plató terrestre. Según esta hipótesis, las anomalías visuales en fotos y vídeos serían consecuencia de esa recreación.
 
A partir de ahí, el relato se adentra en terrenos aún más especulativos: supuestas muertes en circunstancias extrañas de personas implicadas, el progresivo aislamiento de Kubrick en su residencia en el Reino Unido o incluso la cesión por parte de la NASA de lentes especiales que utilizó en Barry Lyndon (1975), capaces de rodar con luz natural.
 
¿Casualidad, coincidencia o indicio? Es difícil afirmarlo con rotundidad.
 
Lo cierto es que, más allá de teorías y sospechas, la llegada del hombre a la Luna sigue siendo uno de los hitos más impresionantes de la historia de la humanidad. Y quizá, como ocurre con muchos grandes acontecimientos, entre la realidad y el relato siempre queda un espacio abierto a la duda, la interpretación… y la imaginación.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

miércoles, 9 de abril de 2025

¿Hay ruinas en la Luna? Un análisis crítico…

(AZprensa) La idea de que la Luna, nuestro satélite natural, pueda albergar ruinas de una civilización antigua o estructuras artificiales ha capturado la imaginación de muchos a lo largo de los años. Uno de los principales impulsores de esta narrativa en el ámbito hispanohablante ha sido el periodista y escritor Juan José Benítez, especialmente a través de su documental “Mirlo Rojo”, emitido en 2004 como parte de la serie Planeta Encantado. En este trabajo, Benítez afirma que los astronautas del Apolo 11, Neil Armstrong y Buzz Aldrin, descubrieron y filmaron ruinas extraterrestres en el Mar de la Tranquilidad, un hallazgo que, según él, fue ocultado por la NASA. Además, se han popularizado diversas fotografías, muchas atribuidas a la propia NASA, que supuestamente muestran líneas parecidas a carreteras, monolitos y estructuras artificiales. Pero, ¿qué tan creíbles son estas afirmaciones? ¿Cuánto de verdad puede haber en todo esto? A continuación, exploraré este tema combinando la información disponible con un análisis razonado, buscando separar hechos de especulaciones.
 
Las afirmaciones de Juan José Benítez y “Mirlo Rojo”
 
En “Mirlo Rojo”, Benítez presenta un supuesto video de 14 minutos que muestra a astronautas explorando estructuras en ruinas en la Luna, acompañado de una narrativa que involucra a un informante anónimo, un “alto militar norteamericano” fallecido al que denomina “Mirlo Rojo”. Según Benítez, estas ruinas serían evidencia de una antigua presencia alienígena, y la NASA, junto con el gobierno estadounidense, habría destruido estas estructuras con armas nucleares tácticas para evitar el “caos” en la Tierra. La historia tiene todos los ingredientes de una conspiración emocionante: imágenes inéditas, secretos gubernamentales y un encubrimiento masivo.
 
Sin embargo, al analizar esta narrativa con un enfoque crítico, surgen serias dudas. En primer lugar, el video presentado en “Mirlo Rojo” fue posteriormente revelado como una recreación realizada por una empresa de animación por encargo del propio Benítez. Esto no es un dato menor: lo que se vendió como “imágenes inéditas” resultó ser una ficción, lo que socava la credibilidad de la pieza central de su argumento. Benítez ha defendido su trabajo argumentando que, aunque el video no sea real, la historia que cuenta podría serlo, basada en testimonios que él considera fiables. Pero aquí entra en juego un problema fundamental: la falta de evidencia verificable. El supuesto informante, “Mirlo Rojo”, es anónimo y, según Benítez, está muerto, lo que impide cualquier corroboración independiente. Esto es un patrón recurrente en sus obras, como en Caballo de Troya, donde también recurre a fuentes misteriosas y no comprobables.
 
Razonando más allá de lo que se nos presenta, si un militar de alto rango quisiera revelar un secreto de esta magnitud, ¿por qué elegiría a un periodista español conocido por su enfoque sensacionalista en lugar de una publicación de prestigio internacional como The New York Times o The Washington Post? Además, la idea de que Estados Unidos usara armas nucleares en la Luna plantea preguntas logísticas y científicas. Las explosiones nucleares dejarían rastros detectables, como niveles elevados de radiación o cráteres específicos, pero ninguna misión lunar posterior, ni las sondas enviadas por otras naciones, ha reportado tales anomalías. Esto sugiere que la historia de “Mirlo Rojo” carece de una base sólida y parece más una construcción narrativa que un hecho documentado.
 
Las fotografías de la NASA: ¿evidencia de estructuras artificiales?
 
Otro pilar de la teoría sobre ruinas lunares son las fotografías, muchas de ellas atribuidas a la NASA, que muestran supuestas anomalías: líneas que parecen carreteras, monolitos verticales y estructuras que desafían las formaciones naturales. Entre las más conocidas están las imágenes del Lunar Orbiter 2, que capturaron lo que algunos llaman los “obeliscos de Blair” en el Mar de la Tranquilidad, y otras fotos de misiones Apolo que muestran sombras o formas geométricas inusuales.
 
Analicemos esto con detenimiento. Las imágenes del Lunar Orbiter 2, tomadas en 1966, muestran indeed sombras alargadas que podrían interpretarse como estructuras artificiales. Sin embargo, la NASA y la mayoría de los astrónomos explican estas formas como resultado de la iluminación solar baja (el Sol estaba a solo 11 grados sobre el horizonte lunar), que exagera las sombras de formaciones rocosas naturales. La mente humana tiende a buscar patrones, un fenómeno conocido como pareidolia, lo que podría explicar por qué algunos ven “obeliscos” donde otros ven simples rocas. Además, las cámaras del Lunar Orbiter no apuntaban directamente a estas supuestas estructuras, lo que limita la claridad y deja espacio para interpretaciones subjetivas.
 
En cuanto a las “carreteras” y otras estructuras, muchas de estas imágenes han sido analizadas por expertos independientes. Por ejemplo, las líneas rectas podrían ser fracturas geológicas o marcas dejadas por el impacto de meteoritos, comunes en un cuerpo sin atmósfera como la Luna. Los monolitos, como el famoso “pilar” visto en algunas fotos, suelen ser rocas aisladas cuya sombra crea ilusiones ópticas. No hay evidencia de que estas formas sean artificiales, y las misiones modernas, como el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), que ha mapeado la Luna con una resolución sin precedentes, no han encontrado nada que sugiera construcciones hechas por una inteligencia.
 
Sin embargo, razonemos un paso más allá: si existieran estructuras artificiales, ¿por qué no han sido detectadas por otras naciones con programas espaciales, como Rusia, China o India? La Luna no es un secreto exclusivo de la NASA; ha sido observada por telescopios y sondas de todo el mundo. La ausencia de confirmación independiente sugiere que estas anomalías son más probablemente naturales o malinterpretadas que evidencia de ruinas.
Fenómenos Lunares Transitorios (LTP) y otras pistas
 
Benítez y otros defensores de las ruinas lunares a menudo citan los Fenómenos Lunares Transitorios (LTP), observaciones de luces o cambios temporales en la superficie lunar reportados desde hace siglos. Algunos especulan que podrían ser signos de actividad artificial. Sin embargo, la ciencia aún no ha explicado completamente los LTP, y las hipótesis más aceptadas apuntan a causas naturales, como escapes de gas, impactos de micrometeoritos o efectos ópticos. Vincularlos a una civilización antigua requiere un salto especulativo que no está respaldado por datos concretos.
 
¿Cuánto hay de verdad?
 
Tras examinar las afirmaciones de Benítez y las supuestas evidencias fotográficas, parece claro que la narrativa de ruinas en la Luna carece de sustento sólido. El caso de “Mirlo Rojo” se desmorona por su dependencia en un video falso y fuentes no verificables, mientras que las fotografías, aunque intrigantes, tienen explicaciones naturales más plausibles. Esto no significa que la Luna sea un lugar aburrido o que no haya misterios por resolver; simplemente, no hay pruebas convincentes de estructuras artificiales.
 
Sin embargo, el razonamiento nos lleva a una reflexión más amplia: la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia. Si una civilización hubiera visitado la Luna hace millones de años, el paso del tiempo y los impactos de meteoritos podrían haber borrado casi todo rastro. Pero esta posibilidad, aunque fascinante, sigue siendo especulativa y no cambia el hecho de que, con lo que sabemos hoy, no hay base creíble para afirmar que existen ruinas lunares.
 
En conclusión, las ideas de Benítez y las interpretaciones de ciertas imágenes parecen ser más producto de la imaginación y el deseo humano de encontrar lo extraordinario que de hechos comprobables. La Luna sigue siendo un testigo silencioso de nuestra curiosidad, pero hasta que surjan pruebas más sólidas, las ruinas seguirán siendo un mito más que una realidad.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“El cine y el misterio”: https://www.amazon.es/dp/B0DJF3M3ZW 

lunes, 20 de noviembre de 2023

Por esto no hemos vuelto a la Luna

(AZprensa) Todo el mundo se ha hecho esta pregunta: “¿Por qué no hemos vuelto a la Luna?”. Han pasado 54 años desde en 1969 se pisara la Luna por primera vez con el Apolo 11 y más de 51 años desde que en 1972 se pisara la Luna por última vez con el Apolo 17). Efectivamente sorprende que en tantos años, y con todo lo que se ha avanzado en la ingeniería aeroespacial, no hayamos vuelto a la Luna; pero la razón es mucho más vulgar de lo que nos hubiera gustado imaginar: falta de presupuesto.
 
Los viajes a la Luna fueron posibles porque el Gobierno de Estados Unidos destinó  a la NASA, por motivos políticos y con el respaldo unánime de la opinión pública, unos presupuestos estratosféricos. Tres años después, con siete misiones más (de las cuales seis se culminaron con éxito y sólo una –el Apolo 13- no pudo alunizar aunque se consiguió traer vivos a los astronautas), la supremacía de Estados Unidos había quedado más que demostrada, la Guerra Fría ya era cosa del pasado, y la opinión pública apenas si prestaba atención a estas hazañas que habían pasado a ser rutinarias, estando mucho más preocupada por asuntos materiales más cercanos (el empleo, la asistencia social, la calidad de vida de los ciudadanos, etc.). En definitiva, había que recortar drásticamente aquellos presupuestos destinados a la NASA y dedicar el dinero a cosas que incidieran directamente en el bienestar de los ciudadanos.
 
Si hoy día quisiésemos ir de nuevo a la Luna, harían falta unos presupuestos que la población no estaría dispuesta a asumir, ya que hay otras necesidades materiales de la población que requieren atención inmediata. Por esta misma razón el tan ansiado viaje a Marte (el cual sí que despierta más interés entre el público) se sigue demorando e incluso ya anuncian que primero irán algunas misiones tripuladas sólo por robots para ir preparando el terreno y acondicionando el lugar para cuando más adelante lleguen los primeros humanos... lo cual significa seguir alargando el plazo y optar por soluciones menos costosas y de menor riesgo.
 
La Luna ha quedado como un sueño que se alcanzó una vez y que ahora ya no sirve para nada, no ilusiona, porque la gente prefiere mejorar su calidad de vida antes que darse el capricho de ver realizado un simple sueño. 
 

Una completa Guía de todos los planetas y satélites de nuestro sistema solar…
“Curiosidades del Sistema Solar”: https://amzn.to/3eK2PTP

sábado, 18 de noviembre de 2023

Alergia a la Luna

(AZprensa) Cuando llega la primavera miles de personas padecen alergia al polen; otras personas padecen alergia a los ácaros, al polvo, pero… ¿se podría padecer alergia en la Luna? La respuesta es que sí, y este curioso caso sucedió con los astronautas que pisaron la Luna en 1972 y que además de traerse unos cuantos kilos de piedras se trajeron también un pequeño resfriado alérgico... la primera alergia extraterrestre conocida. 

Aunque todos los astronautas que pisaron el suelo lunar estuvieron en contacto con el polvo de nuestro satélite, fueron los últimos astronautas quienes se vieron más afectados por el mismo, quizás porque  los tripulantes de las últimas misiones fueron quienes permanecieron más tiempo y realizaron más caminatas sobre su superficie. Este polvo es tan fino que puede adherirse a las junturas de los trajes y ser transportado de esta manera hasta el interior de la nave y, una vez dentro, penetrar en los poros y los pulmones de los exploradores lunares, provocando no solo malestar pasajero, sino que podría dar lugar a males mayores como la silicosis o la intoxicación con metales pesados.
 
Gene Cernan, comandante de la Apolo 17, el último hombre en pisar la Luna contó que tardó dos meses, a base de duchas diarias, en poder quitarse de encima todo el polvo lunar que trajo impregnado por todas partes al regreso de su misión. Tanto él como Jack Schmitt, un geólogo que fue el único científico que pisó la Luna, permanecieron más de tres días en el Valle Taurus-Littrow, en el sector suroriental del Mar de la Serenidad en la Luna.
 
En diciembre de 1972, los dos aventureros realizaron tres largas caminatas con la ayuda de un vehículo lunar, recorriendo 30 kilómetros y recolectando 110,5 kilos de rocas lunares en las 22 horas y 4 minutos que estuvieron fuera del módulo lunar. Como se ve, tiempo más que suficiente para quedar cubiertos por completo con ese oscuro polvo de la Luna.
 
La primera impresión de Cernan es que era "suave como la nieve, pero extrañamente abrasivo". Más curiosa resulta la confidencia del astronauta John Young, del Apolo 16, quien no dudó en afirmar que su sabor "no es nada malo". Pero si en algo estuvieron todos de acuerdo, desde Neils Armstrong hasta Cernan, es en que el polvo lunar  "huele a pólvora quemada".
 
Cada vez que los exploradores lunares regresaban a su refugio en el módulo lunar, lo llevaban involuntariamente con ellos. Se les pegaba a las botas, piernas y guantes, y no importaba lo mucho que intentaran quitárselo de encima, cepillándose el traje a conciencia antes de entrar en la cabina; siempre había algo (más bien mucho) que se colaba al interior. Una vez dentro, ya sin los cascos ni los guantes, podían sentir el olor y el sabor de la Luna.
 
Este elemento provocó el primer caso de alergia extraterrestre, cuando el geólogo Jack Schmitt informó por radio a Houston con su voz congestionada que: "Luego de sacarme el casco tras la primera salida, me atacó muy rápido una reacción al polvo. Sentí como se me mojaban las fosas nasales". Algunas horas más tarde la reacción pasó. "Pero me volvió luego de la segunda y tercera salida, aunque con menor intensidad. Creo que desarrollé algún tipo de inmunidad al polvo lunar", declaró posteriormente.
 
Es curioso que el único civil entre los astronautas que descendieron a la Luna haya sido también el único que informase de esta reacción. ¿No la tuvieron o no lo admitieron? Riéndose, Schmitt dice que "los pilotos son reacios a informar de sus enfermedades, temen que los dejen en tierra". A diferencia de los demás astronautas de las misiones Apolo, este era el único científico y por consiguiente no podía callar lo que le pasaba.  Schmitt afirma que era muy sensible a "los olores a combustible quemado de Houston y al humo del cigarrillo, me volvían loco" afirma, mientras que los demás astronautas estaban acostumbrados, era su ambiente natural.
 

Una completa Guía de todos los planetas y satélites de nuestro sistema solar…
“Curiosidades del Sistema Solar”: https://amzn.to/3eK2PTP

viernes, 17 de noviembre de 2023

Llegada del hombre a la Luna: ¿Realidad o montaje?

(AZprensa) "Pero ¿de verdad hemos ido a la Luna?". La gran pregunta que todavía se siguen haciendo muchos es si el hombre pisó realmente la Luna o todo fue un tremendo engaño. Los partidarios de que el hombre nunca fue a la Luna se basan en muchos argumentos como, por ejemplo, la radiación que protege a nuestro planeta de los rayos cósmicos y hace posible la vida, el denominado “cinturón de van Allen” y afirman que no existe aún (y mucho menos entonces) protección suficiente para salvaguardar la vida de los astronautas cuando atraviesan esta zona que comienza en torno a los 600 Km. de altitud (recordemos que la Estación Espacial Internacional que orbita alrededor de la Tierra se encuentra a poco más de 400 Km. También afirman que los trajes de los astronautas de aquella época no eran capaces de soportar la radiación que se recibe al estar en la Luna (allí no hay atmósfera suficiente que nos proteja). Todos ellos aportan igualmente como pruebas el análisis de muchas fotografías que parecen trucadas: la bandera moviéndose con el viento cuando allí no hay viento, reflejos de focos en las escafandras, luz suficiente en zonas que no deberían estar iluminadas en condiciones normales, ausencia de estrellas en las fotografías, sombras convergentes cuando deberían ser paralelas como las que produce el Sol en la Tierra, y un largo etcétera. 

Como siempre, dejamos a criterio del lector las conclusiones que quiera sacar; por nuestra parte creemos que ambas posturas son ciertas... en parte. Nos explicaremos. Creemos que el hombre sí fue a la Luna y quizás el tiempo que estuvieron expuestos a esa radiación no fue lo suficiente como para matarlos o hacerles enfermar gravemente, pero creemos igualmente que muchas de las fotografías y videos que nos mostraron fueron hechos en la Tierra, no en la Luna. Veamos por qué.
 
Como recordaremos fue el presidente de Estados Unidos John F. Kennedy el que se propuso –como un objetivo ambicioso para toda la nación- el ser los primeros en llegar a la Luna. Los rusos llevaban la delantera en la carrera espacial y ambos países se encontraban en plena Guerra Fría. Poner un hombre en la Luna sería un golpe propagandístico de colosales dimensiones que reforzaría el papel de Estados Unidos como primera potencia mundial. El pueblo norteamericana le apoyaba y eso permitió conceder a la NASA unos presupuestos astronómicos de miles de millones de dólares, necesarios para un proyecto de esta envergadura. Pero como el objetivo real no era científico sino propagandístico, de nada serviría ir a la Luna si luego no se podían mostrar al mundo las fotografías y videos de aquella hazaña si por casualidad los negativos resultaban dañados por la radiación del espacio exterior. Así que trazaron un plan alternativo.
 
Dirigentes y expertos de la NASA habían quedado sorprendidos con el realismo de la película “2001 una odisea del espacio” (1968) que había dirigido Stanley Kubrick, y pensaron que dicho director sería el ideal para recrear en un plató las escenas que necesitaban con los astronautas simulando estar en la Luna. Según cuentan algunos que han investigado el asunto, hubo todo tipo de presiones y finalmente aceptó. Esto explicaría por qué en muchas fotografías e incluso vídeos se observan anomalías que hacen pensar en que dichas fotos y vídeos no han sido tomados en la Luna sino en un plató de la Tierra. De esta forma, Estados Unidos consiguió lo que se proponía, poner al hombre en la Luna (y traerlo sano y salvo de regreso, por supuesto) demostrando a todo el mundo, a través de unas fotografías perfectas, que ellos eran los líderes del mundo.
 
Coincidencias o no, se sabe también que muchas de las personas que se supone implicadas en este gigantesco engaño fueron muriendo poco a poco en los meses siguientes en extrañas y poco aclaradas circunstancias. Se sabe, igualmente, que a raíz de aquello Stanley Kubrick no volvió a volar en avió y se recluyó en la gran mansión que poseía en el Reino Unido; tanto es así que las películas que rodó a partir de entonces se rodaron siempre allí, en su residencia privada, de donde nunca más quiso salir. Y se sabe también que en 1975 la NASA le dio a Kubrick unas lentes de última generación que le permitieron rodar su película “Barry Lyndon” sin necesidad de utilizar focos, dando a las escenas el tono natural que requerían los interiores de esta película de corte histórico.
 

Una completa Guía de todos los planetas y satélites de nuestro sistema solar…
“Curiosidades del Sistema Solar”: https://amzn.to/3eK2PTP

lunes, 13 de noviembre de 2023

La Luna no huele bien

(AZprensa) Charlie Duke, piloto de la Apolo 16, informó por radio desde la Luna: "Es un olor muy fuerte, tiene el sabor de la pólvora y también huele como la pólvora". Durante la misión Apolo 17, Gene Cernan resaltó: "huele como si alguien hubiera disparado una carabina aquí adentro". El grupo de astronautas del proyecto Apolo, sabía bien de qué se hablaba cuando se referían a la pólvora quemada, todos habían sido pilotos militares. 

Sin embargo el polvo lunar y la pólvora no tienen nada en común. La pólvora sin humo moderna es una mezcla de nitrocelulosa (C6H8(NO2)2O5) y nitroglicerina (C3H5N3O9). Son moléculas inflamables orgánicas "que no se encuentran en el suelo lunar", afirma Gary Lofgren del Laboratorio de Muestras Lunares del Centro Espacial Johnson de la NASA. Si acerca un fósforo encendido a un poco de polvo lunar no se enciende ni explota.
 
El polvo lunar esta formado de una mitad de vidrio de dióxido de silicato creado por los impactos de micrometeoritos en la Luna. Estos impactos, que han estado ocurriendo desde hace miles de millones de años, funden el suelo en vidrio y al mismo tiempo lo fragmentan en pequeñísimos trozos. El polvo lunar es también rico en hierro, calcio y magnesio asociado con minerales como olivina y piroxina. No se parece en nada a la pólvora.
 
Posteriormente el polvo traído tomó contacto con éstos elementos en la cabina del módulo de comando durante el transporte hacia la Tierra, con lo que el polvo perdió algunas de sus características y cualquier reacción química olfatoria desapareció hace mucho. Sin embargo los bordes filosos de los granos de polvo limaron y rompieron inesperadamente los sellos de los contenedores permitiendo que el oxígeno y la humedad penetraran durante los tres días que duró el viaje de regreso. Esto no debiera haber ocurrido, ya que los exploradores lunares envasaron el polvo lunar en termos especiales llevados para este efecto, capaces de mantener las muestras en el vacío.
 
Pero ¿por qué ese olor? Nadie lo sabe. Curiosamente, aquí en la Tierra, el polvo lunar no tiene olor. En el laboratorio de Lofgren hay decenas de kilos de polvo lunar, y los han tocado y olido sin encontrar ningún olor. ¿Acaso los tripulantes del Apolo lo imaginaron? No parece probable; eran gente muy entrenada y todos dijeron lo mismo. Es posible que el polvo lunar reaccionara con la humedad y la atmósfera rica en oxígeno del módulo lunar, tomando contacto con dos elementos completamente inexistentes en los lugares donde bajaron. Habría que volver a la Luna para poder dar respuesta a estos interrogantes... pero eso ya es otra historia.
 

Una completa Guía de todos los planetas y satélites de nuestro sistema solar…
“Curiosidades del Sistema Solar”: https://amzn.to/3eK2PTP

 

jueves, 9 de noviembre de 2023

La Luna no es el único satélite natural de la Tierra

(AZprensa) Oficialmente la Tierra sólo tiene un satélite, la Luna, sin embargo –como veremos a continuación, hay otro objeto que también está orbitando alrededor de nuestro planeta, aunque sea de forma provisional. 

La Luna ya no está sola, no es el único satélite de la Tierra; ahora han descubierto un nuevo satélite que orbita alrededor de nuestro planeta aunque por su pequeño tamaño había pasado desapercibido. El tamaño de este diminuto satélite, al que han bautizado como “2016 HO3” no ha sido aun firmemente establecido, pero es probable que oscile entre 40 y 100 metros de diámetro.
 
En su viaje anual alrededor del Sol, el asteroide 2016 HO3 pasa alrededor de la mitad del tiempo más cerca del Sol que la Tierra al pasar por delante de nuestro planeta, y la otra mitad más lejos, al pasar por detrás. Su órbita se está inclinado un poco, haciendo que pase una vez cada año a través del plano orbital de la Tierra. En efecto, este pequeño asteroide se ve atrapado en un juego de salto de la rana con la Tierra, que va a durar cientos de años.
 
2016 HO3 realiza bucles alrededor de nuestro planeta, aunque nunca se aventura muy lejos. Otro asteroide -2003 YN107-, siguió un patrón orbital similar durante más de 10 años, pero después se alejó de nuestra vecindad, pero en el caso de 2016HO3 los cálculos indican que lleva orbitando a la Tierra desde hace casi un siglo y continuará haciéndolo al menos durante varios siglos más, por lo que en estos momentos podríamos calificarlo de cuasi-satélite de la Tierra.
 
Los bucles del asteroide alrededor de la Tierra cambian la deriva un poco hacia delante o hacia atrás de año en año, pero cuando esa deriva es demasiado fuerte, la gravedad de la Tierra es lo suficientemente fuerte como para revertir la tendencia y aferrarse al asteroide, de modo que nunca se distrae más lejos de unas 100 veces la distancia de la luna. Este mismo efecto hace que nunca se acerque a menos de 38 veces la distancia de la luna. Está, en definitiva, atrapado en un interminable baile con la Tierra.
 
Por consiguiente no sería errado responder, cuando nos pregunten que cuántos satélites tiene la Tierra, que son “dos: la Luna y 2016 HO3”, aunque este último sólo sea temporal y no haya conseguido el reconocimiento oficial.
 

Una completa Guía de todos los planetas y satélites de nuestro sistema solar…
“Curiosidades del Sistema Solar”: https://amzn.to/3eK2PTP

domingo, 5 de noviembre de 2023

¿Qué sabemos de la Luna?

(AZprensa) La Luna es el único astro que podemos ver con relativo detalle con nuestros propios ojos, ya que sólo se encuentra a 384.000 Km. de la Tierra. Es nuestro satélite y, además, el de mayor tamaño en relación al planeta en torno al cual orbita. El diámetro de la Luna es de 3.474 Km. (el de la Tierra es de 12.756 Km.). 

La inclinación de su eje es de 1,5º (23,5º la Tierra) y orbita alrededor de la Tierra en 27 días 7h y 43’ mostrando siempre la misma cara a nuestro planeta. Su órbita no es completamente circular y cuando se encuentra más cerca de la Tierra se ve de mayor tamaño (es lo que popularmente se conoce como “superluna” ya que su tamaño y brillo en ese momento es mayor de lo habitual). Además, la Tierra y la Luna ejercen tanta atracción el uno al otro, que esto se manifiesta no sólo en las mareas sino que incluso cada uno sufre un pequeño abultamiento en dirección al otro. Su cara oculta fue un misterio hasta el 7 de octubre de 1959 en que una sonda soviética consiguió fotografiarla; se vio así que la única diferencia respecto a la cara visible desde la Tierra es que tiene menos “mares” (zonas bajas) y ha recibido menos impactos de meteoritos.
 
Su gravedad es mucho menor que en la Tierra, 100 Kg. aquí pesan sólo 16 Kg. en la Luna. Aunque siempre se había dicho que no tiene atmósfera, recientemente se ha comprobado que sí la tiene, pero esta es tan débil que no es capaz de proteger contra la radiación solar ni generar viento. Las temperaturas, en consecuencia, son extremas, con -233º C en las zonas de sombra y +123º C en las zonas bañadas por el Sol. De hecho se ha confirmado que existe hielo en el fondo de algunos cráteres profundos –como por ejemplo, el denominado Aitken- a los que nunca llega la luz del Sol y por consiguiente aún conservan el hielo procedente de cometas que se estrellaron allí hace miles de años.
 
Las tierras altas están cubiertas de regolita (fina capa de roca y polvo procedente de los meteoritos que han impactado). Como la regolita es más reflectante que el basalto (presente en las zonas más profundas) esto hace que las zonas altas se vean de color más claro y brillante mientras que las zonas bajas (a las que se llama “mares”) aparezcan más oscuras por la presencia del basalto.
 
Se especula que la Luna salió de la Tierra cuando un objeto estelar impactó contra nuestro planeta. Ese impacto sería el responsable de la inclinación del eje de la Tierra. No sólo el análisis de sus rocas concede a estas la misma composición y la misma antigüedad que a la Tierra sino que además la Luna se aleja de nuestro planeta a una velocidad de 3 cm por año. Aunque sea muy lentamente, la Luna nos dice adiós.
 
La atmósfera de la Luna se conoce técnicamente como exosfera, es muy delgada y sus átomos raramente colisionan. Se compone principalmente de helio, argón y neón, y su abundancia depende de la hora del día: picos de argón al amanecer, con más neón a las 4:00 h y de helio a la 1:00 h. La mayor parte de la exosfera proviene del viento solar, pero hay una parte que también procede del interior de las rocas lunares.
 
Antes de la llegada del hombre a la Luna se creía que podía existir algún tipo de vida microscópica en la misma, y por eso a los astronautas del Apolo XI se les tuvo en cuarentena. Afortunadamente no la había, porque cuando llegaron a la Tierra y se abrió el módulo de mando sobre la superficie del océano, los astronautas entraron en contacto con el personal de salvamento y con el entorno que iba desde dicho módulo a su recinto de cuarentena, así que hubiera sido imposible evitar ese hipotético contagio.
 
Más sorprendente fue el descubrimiento realizado por los astronautas del Apolo XII cuando recogieron de la superficie lunar la sonda Surveyor lanzada tres años antes; al analizarla en la Tierra se descubrió que las bacterias terrestres que viajaron en su interior continuaban vivas. Desde entonces, todas las sondas que se envían al espacio se esterilizan a fondo.
 

Una completa Guía de todos los planetas y satélites de nuestro sistema solar…
“Curiosidades del Sistema Solar”: https://amzn.to/3eK2PTP

lunes, 29 de mayo de 2023

La Luna huele a pólvora

(AZprensa) A diferencia de los demás astronautas de las misiones Apolo, Jack Schmitt (Apolo 17) ha sido el único geólogo que ha pisado la Luna, y era muy sensible a ciertos olores: “Los olores a combustible quemado de Houston y al humo del cigarrillo, me volvían loco" afirmaba, mientras que los demás astronautas estaban acostumbrados, era su ambiente natural.
 
Charlie Duke, piloto de la Apolo 16, informó por radio desde la Luna: "Es un olor muy fuerte, tiene el sabor de la pólvora y también huele como la pólvora". Durante la misión Apolo 17, Gene Cernan resaltó: "huele como si alguien hubiera disparado una carabina aquí adentro". El grupo de astronautas del proyecto Apolo, sabía bien de qué se hablaba cuando se referían a la pólvora quemada, todos habían sido pilotos militares.
 
Sin embargo el polvo lunar y la pólvora no tienen nada en común. La pólvora sin humo moderna es una mezcla de nitrocelulosa (C6H8(NO2)2O5) y nitroglicerina (C3H5N3O9). Son moléculas inflamables orgánicas "que no se encuentran en el suelo lunar", afirma Gary Lofgren del Laboratorio de Muestras Lunares del Centro Espacial Johnson de la NASA. Si acerca un fósforo encendido a un poco de polvo lunar no se enciende ni explota.
 
El polvo lunar está formado de una mitad de vidrio de dióxido de silicato creado por los impactos de micrometeoritos en la Luna. Estos impactos, que han estado ocurriendo desde hace miles de millones de años, funden el suelo en vidrio y al mismo tiempo lo fragmentan en pequeñísimos trozos. El polvo lunar es también rico en hierro, calcio y magnesio asociado con minerales como olivina y piroxina. No se parece en nada a la pólvora.
 
Posteriormente el polvo traído tomó contacto con éstos elementos en la cabina del módulo de comando durante el transporte hacia la Tierra, con lo que el polvo perdió algunas de sus características y cualquier reacción química olfatoria desapareció hace mucho. Sin embargo los bordes filosos de los granos de polvo limaron y rompieron inesperadamente los sellos de los contenedores permitiendo que el oxígeno y la humedad penetraran durante los tres días que duró el viaje de regreso. Esto no debiera haber ocurrido, ya que los exploradores lunares envasaron el polvo lunar en termos especiales llevados para este efecto, capaces de mantener las muestras en el vacío.
 
Pero ¿por qué ese olor? Nadie lo sabe. Curiosamente, aquí en la Tierra, el polvo lunar no tiene olor. En el laboratorio de Lofgren hay decenas de kilos de polvo lunar, y los han tocado y olido sin encontrar ningún olor. ¿Acaso los tripulantes del Apolo lo imaginaron? No parece probable; eran gente muy entrenada y todos dijeron lo mismo. Es posible que el polvo lunar reaccionara con la humedad y la atmósfera rica en oxígeno del módulo lunar, tomando contacto con dos elementos completamente inexistentes en los lugares donde bajaron. Habría que volver a la Luna para poder dar respuesta a estos interrogantes... pero eso ya es otra historia.
 

Los artículos de un periodista que no tuvo que rendir cuentas a ningún jefe, ni a ningún anunciante, ni a ningún poder político o económico…
“Lecturas diferentes”: https://amzn.to/3Gwdrji

domingo, 28 de mayo de 2023

La primera alergia extraterrestre conocida

(AZprensa) Los astronautas que pisaron la Luna en 1972, además de traerse unos cuantos kilos de piedras se trajeron también un pequeño resfriado alérgico... la primera alergia extraterrestre conocida.
 
Aunque todos los astronautas que pisaron el suelo lunar estuvieron en contacto con el polvo de nuestro satélite, fueron los últimos astronautas quienes se vieron más afectados por el mismo, quizás porque  los tripulantes de las últimas misiones fueron quienes permanecieron más tiempo y realizaron más caminatas sobre su superficie. Este polvo es tan fino que puede adherirse a las junturas de los trajes y ser transportado de esta manera hasta el interior de la nave y, una vez dentro, penetrar en los poros y los pulmones de los exploradores lunares, provocando no solo malestar pasajero, sino que podría dar lugar a males mayores como la silicosis o la intoxicación con metales pesados.
 
Gene Cernan, comandante de la Apolo 17, el último hombre en pisar la Luna contó que tardó dos meses, a base de duchas diarias, en poder quitarse de encima todo el polvo lunar que trajo impregnado por todas partes al regreso de su misión. Tanto él como Jack Schmitt, un geólogo que fue el único científico que pisó la Luna, permanecieron más de tres días en el Valle Taurus-Littrow, en el sector suroriental del Mar de la Serenidad en la Luna.
 
En diciembre de 1972, los dos aventureros realizaron tres largas caminatas con la ayuda de un vehículo lunar, recorriendo 30 kilómetros y recolectando 110,5 kilos de rocas lunares en las 22 horas y 4 minutos que estuvieron fuera del módulo lunar. Como se ve, tiempo más que suficiente para quedar cubiertos por completo con ese oscuro polvo de la Luna.
 
La primera impresión de Cernan es que era "suave como la nieve, pero extrañamente abrasivo". Más curiosa resulta la confidencia del astronauta John Young, del Apolo 16, quien no dudó en afirmar que su sabor "no es nada malo". Pero si en algo estuvieron todos de acuerdo, desde Neils Armstrong hasta Cernan, es en que el polvo lunar  "huele a pólvora quemada".
 
Cada vez que los exploradores lunares regresaban a su refugio en el módulo lunar, lo llevaban involuntariamente con ellos. Se les pegaba a las botas, piernas y guantes, y no importaba lo mucho que intentaran quitárselo de encima, cepillándose el traje a conciencia antes de entrar en la cabina; siempre había algo (más bien mucho) que se colaba al interior. Una vez dentro, ya sin los cascos ni los guantes, podían sentir el olor y el sabor de la Luna.
 
Este elemento provocó el primer caso de alergia extraterrestre, cuando el geólogo Jack Schmitt informó por radio a Houston con su voz congestionada que: "Luego de sacarme el casco tras la primera salida, me atacó muy rápido una reacción al polvo. Sentí como se me mojaban las fosas nasales". Algunas horas más tarde la reacción pasó. "Pero me volvió luego de la segunda y tercera salida, aunque con menor intensidad. Creo que desarrollé algún tipo de inmunidad al polvo lunar", declaró posteriormente.
 
Es curioso que el único civil entre los astronautas que descendieron a la Luna haya sido también el único que informase de esta reacción. ¿No la tuvieron o no lo admitieron? Riéndose, Schmitt dice que "los pilotos son reacios a informar de sus enfermedades, temen que los dejen en tierra".
 

Una selección de artículos que abordan nuestra salud desde otro punto de vista…
“La salud desde otro punto de vista”: https://amzn.to/3N99mc3