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miércoles, 15 de enero de 2025

Por su pin los conocerás

(AZprensa) La política es un mundo donde cada detalle cuenta, desde la oratoria hasta la vestimenta, y los pines que los líderes mundiales usan en sus solapas no son la excepción. Estos pequeños accesorios pueden revelar mucho sobre las prioridades, la ideología y hasta la lealtad de quien los porta. 

En este artículo, analizaremos cómo estos símbolos, a menudo pasados por alto, hablan volúmenes sobre la personalidad y las políticas de los líderes.
 
El Pin de la Bandera de Estados Unidos: Donald Trump
Durante su mandato, el expresidente Donald Trump fue conocido por llevar en su solapa un pin con la bandera estadounidense. Este acto puede interpretarse como un símbolo de patriotismo y un recordatorio constante de su eslogan "Make America Great Again". Al usar la bandera, Trump no solo expresaba amor y devoción por su país, sino que también enviaba un mensaje claro de soberanía nacional y una política de "América Primero". Este pin reforzaba su imagen como un líder que prioriza los intereses estadounidenses por encima de cualquier agenda globalista, resaltando su filosofía de que los líderes deben defender y promover los valores y la independencia de su nación.
 
El Pin de la Agenda 2030 en Europa
Por otro lado, en el contexto europeo, hemos visto a líderes como Pedro Sánchez de España, y otros presidentes de gobierno de la Unión Europea, luciendo el pin de la "Agenda 2030". Este pin representa la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, un plan global para abordar desafíos como la pobreza, la desigualdad y el cambio climático. Este símbolo va más allá de un compromiso con el desarrollo sostenible; sugiere una sumisión a una agenda globalista que en muchos aspectos choca frontalmente con los intereses nacionales.
 
El pin de la Agenda 2030 (que incluso lo luce el rey Felipe VI) es un claro indicador de que estos líderes están dispuestos a seguir dictados internacionales, incluso a costa de políticas nacionales (por ejemplo en materia de inmigración, de política agraria, de soberanía energética, etc.). El uso de este pin por parte de líderes europeos es una señal de que están subordinando la independencia de sus países a los dictados que les llegan desde los foros internacionales.
 
El uso de estos pines no es solo una cuestión de moda política; tiene implicaciones profundas:
 
Identidad Nacional vs. Globalismo: Mientras un pin nacional refuerza la identidad y la soberanía de un país, un pin globalista como el de la Agenda 2030 indica la aceptación de una gobernanza global, donde las decisiones locales pasan a un segundo plano.

Comunicación Visual: En una era donde la imagen es crucial, estos pines sirven como comunicadores silenciosos de la alineación política y las prioridades de los líderes, enviando mensajes subliminales a los ciudadanos.
 
En definitiva, los pines en la solapa de los líderes mundiales son mucho más que meros adornos; son declaraciones sutiles de intenciones, valores y lealtades políticas. En el caso de Donald Trump, el pin de la bandera de Estados Unidos es una clara proclamación de independencia y nacionalismo. En contraste, los pines de la Agenda 2030 entre los líderes europeos reflejan una falta de personalidad y un sometimiento a las agendas globales aunque vayan en contra de los intereses de los ciudadanos de su propio país.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“Cómo dar bien las malas noticias”: https://www.amazon.es/dp/B087L8B63R

domingo, 29 de enero de 2023

El país más fuerte del mundo es España

(AZprensa) No sé qué personaje famoso decía que “España es el país más fuerte del mundo, porque los españoles llevan siglos intentando destruirlo y aún no lo han conseguido”. Y esa es la triste realidad. En España los partidos de izquierdas y los partidos independentistas (la suma de ambos es la que gobierna ahora) siempre han sentido odio hacia España, hacia su bandera, hacia su himno nacional y hacia su historia.
 
Esos partidos (y sus seguidores, se entiende) ultrajan su bandera (que tiene siglos de historia) y en su inmensa incultura la relacionan con aquél gobernante que dirigió España hace ya muchas décadas (creo que se llamaba Francisco Franco; la verdad es que lo habría olvidado si no fuese porque los partidos de izquierdas se pasan todo el día recordándolo), y la sustituyen por la bandera de la República (que apenas si tuvo unos pocos años de vida oficial), o por las banderas independentistas, o por la bandera arco iris. Todas las banderas son merecedoras de respeto (para esos individuos) menos la bandera de su propio país.
 
Esos partidos (y sus seguidores) silban y abuchean el himno nacional cuando suena en algún escenario deportivo. Así podemos presenciar el esperpento de los seguidores de un equipo rival puestos en pie, cantando orgullosos su himno nacional, mientras que al llegar el turno al himno español, una gran mayoría de sus seguidores silban y abuchean el himno, mientras los jugadores ponen cara de circunstancia y mantienen la boca cerrada porque el himno español es el único del mundo que no tiene letra y, a pesar de varios intentos por ponerle letra, nunca se ha aprobado porque eso significaría tener que utilizar palabras prohibidas tales como “patria” y “unión”.
 
Esos partidos (y sus seguidores) cambian los libros de texto de Historia, acomodándolos a sus ideas que son siempre de odio hacia el pasado de España, reniegan de los logros conseguidos por nuestro país y sólo destacan las cosas malas que se hayan hecho en el pasado. Se avergüenzan públicamente de ser españoles y viven acomplejados renegando de ser españoles con la esperanza servil de ser aceptados por los demás países.
 
Imagen: En todos los países (como en el ejemplo que ilustra la fotografía) todos los ciudadanos se sienten orgullosos de su país, de su historia y de su bandera, y ondean esta en lo alto del mástil en todas las casas. Al que hace esto en España, le llaman despectivamente "facha".
 


Una historia de amor, lealtad, honor, amistad y deporte, en la Grecia clásica de hace 2.600 años, inspirada en hechos reales.
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