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lunes, 18 de mayo de 2026

Cada uno en su casa

Para entrar a una mezquita hay que descalzarse. Para entrar a una iglesia hay que llevar zapatos. Nadie obliga a nadie a entrar en ninguna de las dos. En eso consiste, exactamente, la libertad.
 
(AZprensa) Permítame el lector un pequeño inventario antes de entrar en materia. Para entrar a una mezquita hay que descalzarse. Para entrar a una iglesia hay que llevar zapatos. Para ir al restaurante de la playa se puede ir en bañador. Para ir al restaurante del hotel, el bañador queda reservado para la piscina. Para viajar en avión hay que pasar control de seguridad, mostrar documentación y someter el equipaje al escrutinio de un escáner. Para viajar en autobús interurbano no hace falta siquiera identificarse. Para la cena de fin de año que organiza el hotel de cinco estrellas hay que ir de etiqueta. Para la fiesta en el bar de la esquina, cada uno va como le apetece. Para entrar en algunos clubes privados hay que ser socio, presentar un aval y cumplir un código de vestimenta. Para entrar en el parque público que hay enfrente, basta con empujar la verja.
 
Podríamos seguir. Para asistir a un concierto de ópera en el Teatro Real se espera un comportamiento y una indumentaria determinados. Para asistir a un festival de música al aire libre, cada uno llega como puede y como quiere. Para trabajar en ciertos bufetes de abogados hay que ir de traje y corbata los trescientos sesenta y cinco días del año. Para trabajar en ciertas startups tecnológicas, el traje y la corbata serían vistos como algo raro y fuera de lugar. Algunos gimnasios exigen ropa específica de marca en sus instalaciones. Otros se conforman con que uno llegue con ganas de sudar. Las academias militares tienen normas de conducta que abarcan desde la postura corporal hasta el tono de voz. Las academias de arte tienen, en ocasiones, la norma de que no haya normas.
 
Normas distintas, lugares distintos, personas distintas que eligen libremente adónde van. ¿En qué consiste exactamente este mosaico aparentemente caótico? En algo muy simple: en que cada institución, cada local, cada comunidad tiene el derecho de establecer sus propias reglas dentro de su propio ámbito, siempre que esas reglas no vulneren la ley ni causen daño a terceros. Y el ciudadano, a su vez, tiene el derecho —y la responsabilidad— de elegir a cuáles de esos espacios quiere pertenecer o acudir, en función de si sus normas le parecen razonables, compatibles con sus valores o simplemente con sus preferencias del momento.
 
«La libertad no consiste en que todos los lugares tengan las mismas normas. Consiste en poder elegir a cuáles entras y a cuáles no.»
 
El error que se repite: exigir que el otro cambie sus reglas
 
El problema surge cuando alguien decide que las normas de un lugar no le gustan y, en lugar de ejercer su libertad más elemental —no ir a ese lugar—, exige que el lugar cambie sus normas para adaptarse a él. Es un error conceptual de cierta envergadura, porque confunde dos cosas que no tienen nada que ver: la libertad personal y la imposición sobre los demás. La libertad personal dice: «estas normas no me gustan, así que no voy». La imposición dice: «estas normas no me gustan, así que deben cambiar para que yo pueda ir». La primera es un ejercicio de autonomía. La segunda es, paradójicamente, una forma de autoritarismo disfrazado de reivindicación.
 
Nadie obliga a nadie a descalzarse si no quiere entrar a la mezquita. Nadie obliga a nadie a ponerse corbata si no quiere trabajar en ese bufete. Nadie obliga a nadie a respetar el silencio si no quiere asistir a la función de ópera. La coerción no está en las normas del lugar: está en pretender que el lugar abandone sus normas para satisfacer la preferencia de quien llega desde fuera exigiendo que todo se adapte a él. Lo cual es, si se piensa con calma, exactamente lo contrario de la tolerancia que suele invocarse en esas situaciones.
 
Las ventajas de vivir en un mundo variado
 
Hay algo que conviene celebrar en esta diversidad de normas y espacios: Su propia existencia. Que no todos los restaurantes son iguales, ni todos los colegios, ni todos los clubes, ni todos los templos. Que hay sitios para cada tipo de persona y cada tipo de ocasión. Que el mismo individuo puede ir en bañador al chiringuito a mediodía y a cenar elegante al mismo hotel esa noche, sin que nadie le exija coherencia entre ambas versiones de sí mismo. Esa flexibilidad —esa posibilidad de moverse entre contextos diferentes con normas diferentes— es una de las ventajas menos celebradas y más reales de vivir en una sociedad libre.
 
Lo que hace que esa diversidad funcione es, precisamente, que cada espacio conserve su identidad y sus reglas propias. El día en que todos los restaurantes tengan que admitir el bañador porque alguien exige que no haya distinción entre la playa y el comedor del hotel, habremos perdido algo. No solo la elegancia ocasional de cenar bien vestidos: habremos perdido la variedad. Y la variedad, la biodiversidad, es la mayor riqueza de la Naturaleza.
 
Así que el resumen es breve y no necesita adornos: respeta las normas del sitio al que vas. Y si no te gustan las normas de un sitio, no vayas. Es tu derecho. Úsalo. Es mucho más elegante —y mucho más libre— que exigir que el mundo entero se reorganice según tus preferencias personales que según tú, todo el mundo debería cumplir.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

domingo, 6 de septiembre de 2020

Una hipótesis disparatada ¿o no?


(AZprensa) Si hace tan solo un año te hubiesen dicho que toda la población mundial iba a estar quince días recluida dentro de sus casas, sin salir a la calle mas que para lo estrictamente necesario, y que durante los meses siguientes todos tendríamos que salir a la calle con mascarillas, seguro que te hubieras reído y habrías llamado loco a quien te hubiese dicho semejante majadería. Y sin embargo…

Por eso, muchas cosas que nos parecen disparatadas, resulta que luego pueden hacerse realidad. Y siendo así ¿por qué no puede hacerse realidad en un futuro cercano lo que te voy a contar ahora? Es disparatado, pero también lo era hace un año pensar que todos los habitantes del planeta saldrían a la calle con mascarillas.

HIPÓTESIS DISPARATADA ¿O NO?

Las medidas de distanciamiento social que se están imponiendo en la sociedad a nivel mundial, y la campaña –también a nivel mundial- contra el racismo, puede que sean dos líneas convergentes. ¿Hacia dónde van? ¿Qué se pretende?

1.- Campaña contra el racismo.- Se impulsa a todos los niveles de la sociedad y en todos los países una campaña contra el racismo. Se alienta a los ciudadanos a aceptar a las personas de otras razas, a considerarlas iguales, con los mismos derechos, a no marginarlas. La campaña contra el racismo no lucha sólo por la integración social de los negros sino por la integración social de todas las razas y grupos sociales hacia los que existe marginación y/o rechazo en muchos lugares (judíos, musulmanes, gitanos, negros, indígenas…) Y también se alienta la integración y respeto hacia todas las personas con aspecto “diferente” (discapacitado físicos, personas con síndrome de Down, etc.) y hoy día ya no se tolera hacer bromas –como era normal hacerlas antes- sobre un cojo, un tullido, un “mongólico”, etc.

2.- Medidas de distanciamiento social.- El distanciamiento social no solo cumple la función declarada de evitar la propagación del coronavirus, sino también otras funciones ocultas. Por una parte, el distanciamiento social hace que se reduzca la interacción entre las personas y aumente la interacción con los medios de comunicación, los cuales –bajo el dictado de los gobiernos- se encargan de decirnos lo que tenemos que creer y hasta lo que tenemos que pensar (una lucha brutal por imponer a la sociedad el “pensamiento único”). Por otra parte, el distanciamiento social es una medida aséptica que ayuda a la aceptación de aquellos colectivos de personas antes marginados porque –al no estar tan cerca y en contacto con ellos- la sensación de rechazo disminuye.

Ahora unamos estas dos medias y nos encontramos con una estrategia eficaz para que todos los seres humanos de este planeta nos vayamos preparando para aceptar la presencia entre nosotros de otros seres (extraterrestres en este caso) cuyo aspecto físico es diferente al nuestro y que así de entrada causan miedo y repulsión.

Si la humanidad se acostumbra a tolerar la presencia de seres diferentes a nosotros, guardando siempre una prudencial distancia, dichos seres podrán asentarse y convivir con nosotros en este planeta.

Suena a disparate, ya lo sé; pero también era un disparate y mayúsculo pensar que estaríamos recluidos en nuestras casas y luego liberados pero con mascarilla y distanciamiento… y a nivel mundial. Por otra parte, hay muchos testimonios y pruebas de la presencia extraterrestres en nuestro planeta y de su connivencia con los gobiernos (a quienes ceden parte de su tecnología) a cambio aún no sabemos de qué.


Así cambiaron nuestro mundo y todos lo aceptamos sin rechistar...

“Diario del caos”: https://amzn.to/3eJqYd8