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sábado, 10 de enero de 2026

Chaplin & Goddard: Un amor entre el genio y la musa

(AZprensa) En la turbulenta vida sentimental de Charles Chaplin, uno de los genios indiscutibles del cine, la relación con Paulette Goddard destaca como una de las más apasionadas, creativas y, a la vez, enigmáticas. Durante casi una década, desde 1932 hasta 1942, esta pareja no solo compartió una intensa historia de amor, sino que también dejó una huella imborrable en la pantalla grande con dos obras maestras: Tiempos modernos (1936) y El gran dictador (1940).
 
Paulette Goddard, nacida en 1910 como Pauline Marion Goddard Levy, era una actriz ambiciosa y de belleza magnética que había empezado su carrera como corista en Broadway y modelo. Tras un breve matrimonio adolescente con un magnate maderero, llegó a Hollywood en busca de fama. En 1932, durante una fiesta en un yate, conoció a Chaplin, entonces en la cima de su carrera pero emocionalmente vulnerable tras divorcios conflictivos. La química fue inmediata. Chaplin, fascinado por su vitalidad y su independencia, la convirtió rápidamente en su compañera inseparable. Compró un yate para paseos románticos a la isla Catalina y la instaló en su mansión de Beverly Hills. A diferencia de sus relaciones anteriores con mujeres más jóvenes y dependientes, Paulette era una igual: inteligente, fuerte y con aspiraciones propias.
 
El punto álgido de su colaboración profesional llegó con Tiempos modernos, la última película muda de Chaplin, donde Goddard interpretó a la "Gamin", una joven huérfana callejera que acompaña al icónico Charlot en una crítica satírica al capitalismo industrial. Chaplin la entrenó personalmente durante meses, moldeándola como un Pigmalión moderno. La película fue un éxito rotundo y catapultó a Goddard al estrellato. Poco después, en 1936, emprendieron un viaje por el Pacífico que incluyó China y Singapur. Allí, según fuentes cercanas y el propio Chaplin en su autobiografía, contrajeron matrimonio en secreto. Sin embargo, el enigma persiste: nunca se encontró un certificado oficial, y la pareja evitó confirmarlo públicamente durante años. Este misterio alimentó rumores y escándalos, especialmente cuando Goddard perdió el papel de Scarlett O'Hara en Lo que el viento se llevó (1939) porque no pudo presentar pruebas de su unión legal con Chaplin, lo que habría evitado acusaciones de "convivencia en pecado" en la conservadora Hollywood de la era del Código Hays.
En 1940, volvieron a colaborar en El gran dictador, la primera película completamente hablada de Chaplin y una valiente sátira contra Hitler. Goddard encarnó a Hannah, el interés romántico del barbero judío interpretado por Chaplin. En la premiere, él la presentó como "mi esposa", disipando parcialmente las dudas. Pero la relación ya mostraba grietas: diferencias creativas, la ambición independiente de Paulette y rumores de infidelidades (incluido un supuesto romance de ella con George Gershwin) erosionaron el vínculo.
 
En junio de 1942, anunciaron su divorcio de mutuo acuerdo, sin escándalos ni demandas millonarias como en matrimonios previos de Chaplin. A diferencia de sus exesposas anteriores, Goddard mantuvo una amistad cordial con él hasta su muerte en 1990, y fue cercana a los hijos mayores de Chaplin. Esta relación no solo produjo dos clásicos del cine, sino que representó un capítulo de madurez para Chaplin: con Paulette encontró una pareja que lo desafiaba intelectualmente y lo acompañaba en su genio creativo. Aunque efímera, su historia sigue fascinando como un romance hollywoodense lleno de pasión, un cierto halo de misterio y un legado cinematográfico eterno.
 

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miércoles, 22 de octubre de 2025

La industria farmacéutica y el Cine

(AZprensa)
El cine, como séptimo arte, ha tenido una relación compleja y fascinante con la industria farmacéutica, un sector que, por su impacto en la salud y la sociedad, se presta a narrativas cargadas de conflicto, intriga y dilemas éticos. A lo largo de la historia del cine, los laboratorios farmacéuticos han sido retratados predominantemente como antagonistas, aunque también existen excepciones que destacan su papel en la investigación y el desarrollo de medicamentos que salvan vidas. Esta dualidad refleja tanto las críticas sociales hacia la industria como el reconocimiento de sus avances científicos, convirtiendo al cine en un medio privilegiado para explorar las tensiones entre ciencia, ética y poder.
 
Los laboratorios como villanos
 
En el imaginario cinematográfico, los laboratorios farmacéuticos suelen ser representados como entidades poderosas y, a menudo, moralmente cuestionables. Este arquetipo responde a una percepción social que asocia a la industria con prácticas como la maximización de beneficios a expensas de la salud pública, la manipulación de ensayos clínicos o la comercialización agresiva de medicamentos. Películas como El jardinero fiel (2005), basada en la novela de John le Carré, exponen esta visión crítica al mostrar cómo una farmacéutica ficticia realiza ensayos clínicos poco éticos en poblaciones vulnerables de África. La cinta no solo denuncia las prácticas de explotación, sino que también pone en el centro del debate la desigualdad en el acceso a medicamentos esenciales.
 
Otro ejemplo icónico es Misión: Imposible II (2000), donde la trama gira en torno a un virus creado por una farmacéutica para lucrarse con su antídoto. Aunque esta película se enmarca en el género de acción y exagera los elementos conspirativos, refleja una desconfianza generalizada hacia las motivaciones de la industria. Asimismo, Efectos secundarios (2013) de Steven Soderbergh aborda el impacto de los psicofármacos y el marketing farmacéutico, mostrando cómo las decisiones comerciales pueden influir en la prescripción médica, a menudo con consecuencias devastadoras.
 
Esta representación negativa no es casual. El cine, como arte narrativo, tiende a amplificar los conflictos para generar empatía y drama. Los laboratorios, con su poder económico y su influencia en la salud global, son un blanco fácil para encarnar al “villano corporativo”. Además, los escándalos reales, como el caso de la talidomida en los años 50 o las controversias sobre los precios de medicamentos esenciales, han alimentado esta percepción, proporcionando material para guiones que resuenan con el público.
 
Excepciones: el lado humano de la investigación farmacéutica
 
A pesar de la tendencia a demonizar a la industria, el cine también ha sabido destacar el papel positivo de los laboratorios en la lucha contra enfermedades y el avance científico. Películas como Dallas Buyers Club (2013) muestran un enfoque más matizado. Aunque la cinta critica las restricciones regulatorias y la lentitud de la industria para aprobar medicamentos contra el VIH/SIDA en los años 80, también reconoce el impacto transformador de los tratamientos antirretrovirales desarrollados por los laboratorios. La historia de Ron Woodroof, interpretado por Matthew McConaughey, pone de manifiesto cómo la investigación farmacéutica, aunque imperfecta, puede ser una aliada en la lucha por la supervivencia.
 
Otro ejemplo es Lorenzo’s Oil (1992), basada en hechos reales, que narra la incansable búsqueda de unos padres para encontrar un tratamiento para la adrenoleucodistrofia, una enfermedad rara que afecta a su hijo. Aunque la película critica la burocracia médica y farmacéutica, también celebra la colaboración entre los protagonistas y los científicos para desarrollar un aceite experimental que prolonga la vida del niño. Esta historia destaca el potencial redentor de la investigación farmacéutica cuando se alinea con el bienestar humano.
 
Más recientemente, documentales como The Inventor: Out for Blood in Silicon Valley (2019) han explorado casos específicos, como el escándalo de Theranos, que, aunque no es estrictamente una farmacéutica tradicional, aborda temas relacionados con la innovación médica y los límites éticos. Por otro lado, cintas como Contagio (2011) muestran a científicos y laboratorios trabajando contrarreloj para desarrollar una vacuna contra una pandemia, reflejando el papel crucial de la industria en crisis sanitarias globales.
 
El cine como espejo de la sociedad
 
La relación entre el cine y la industria farmacéutica es única entre las siete artes debido a la capacidad del cine para combinar narrativa, emoción y espectáculo visual. A diferencia de la literatura, que puede profundizar en detalles técnicos, o de la pintura, que captura momentos estáticos, el cine ofrece una plataforma dinámica para explorar los dilemas éticos y humanos asociados con los laboratorios. La música, la fotografía y las actuaciones potencian la capacidad del cine para generar empatía o rechazo hacia los personajes y las instituciones representadas.
 
Además, el cine tiene un alcance masivo, lo que le permite moldear percepciones públicas sobre la industria farmacéutica. Películas que critican a los laboratorios refuerzan la desconfianza social, mientras que aquellas que celebran sus logros pueden inspirar admiración por la ciencia. Esta dualidad refleja la ambivalencia de la sociedad hacia una industria que, por un lado, salva vidas y, por otro, opera en un contexto de intereses económicos y políticos.
 
La relación entre el cine y la industria farmacéutica es un reflejo de las tensiones inherentes a un sector que oscila entre la innovación y la controversia. Mientras que los laboratorios son frecuentemente retratados como villanos en historias de conspiración y abuso de poder, también hay narrativas que reconocen su papel en la lucha contra enfermedades y el avance del conocimiento humano. Esta ambivalencia convierte al cine en un medio poderoso para explorar los claroscuros de la industria farmacéutica, invitando al espectador a reflexionar sobre los dilemas éticos, sociales y científicos que definen nuestra era. Entre todas las artes, el cine destaca por su capacidad para transformar estas cuestiones en historias que no solo entretienen, sino que también desafían nuestras percepciones sobre la salud, la ciencia y el poder.
 

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sábado, 11 de octubre de 2025

El Cine y la industria farmacéutica

(Publicado en la revista “Información al Día”, nº 23, octubre 2001. Artículo escrito por Francisco J. Fernández)
 
(AZprensa) La industria farmacéutica ha sufrido esa constante cinematográfica que convierte en malas a las instituciones, a las grandes organizaciones; sin embargo, siempre nos quedarán las personas. Ellas son las que han puesto cara y ojos a los muros de hormigón y representan la investigación en pro del alivio del dolor, en pro de la vida.
Francisco J. Fernández, actual director de “Correo farmacéutico”, y anteriormente jefe de Información de “Diario Médico”, es un amplio conocedor de la industria farmacéutica, pero también lo es del cine. Durante los últimos nueve años ha reseñado casi un millar de películas para “Diario Médico” y, recientemente, ha elaborado un amplio reportaje titulado “Cine y médicos”, una relación profesional que se incluyó en un interesante informe web del grupo editorial Recoletos.
Ahora “Información al Día” ha invitado a Francisco J. Fernández para que nos ofrezca su visión particular de las relacione que han existido entre la industria farmacéutica y el cine a lo largo de la historia. Con nuestro mayor agradecimiento, reproducimos el artículo que ha preparado para todos los lectores de “Información al Día”:
 
Presunto culpable
 
“Es un monstruo” dice sorprendido investigador Samuel Gerard (Tommy Lee Jones), perseguidor infatigable del doctor Richard Kimbal (Harrison Ford) en “El fugitivo” (Andrew Davis, 1993), tras leer un folleto de la compañía farmacéutica Devlin McGregor y observar que el año anterior tuvo unos ingresos por ventas de 7.500 millones de dólares.
En las palabras del policía, cabe ver la sugerencia de que un coloso de tales características lo puede casi todo y, cuando se tiene la sospecha de que el asesino de Kimbal puede deberse a algún entuerto relacionado con la empresa, es mucho sugerir.
En esta película, el jefe de Anatomía Patológica de un gran hospital de Chicago quiere quitar de en medio a Kimbal, un prestigioso cirujano vascular, por el alambicado sistema de mandar asesinar a su esposa implicándole a él. ¿Por qué? Porque los ensayos con pacientes sobre un nuevo fármaco antiateroma están mostrando graves efectos secundarios en el hígado, lo que compromete el futuro del fármaco.
El anatomopatólogo, miembro del Consejo de Administración del laboratorio, falsifica las muestras hepáticas que le envía Kimbal y opta por sacarlo de escena para que no descubra el pastel tan delicadamente cocinado por quien busca el modo rápido de garantizarse la jubilación.
 
El ejemplo de “El fugitivo” es significativo del papel que la industria farmacéutica ha desempeñado en el cine. Es un personaje ideal para ser el malo: una corporación tan poderosa como abstracta con fuertes intereses económicos y que trabaja directamente con la salud de los ciudadanos, lo que da un punto más de oportuno y necesario dramatismo.
Esta presunción de culpabilidad con respecto a las grandes compañías farmacéuticas no es un invento del cine, sino que parece estar al cabo de la calle. Este verano se han visto ejemplos significativos en España. Como siempre, el cine nada inventa. A lo sumo, reinterpreta la realidad.
Si “El fugitivo” delimita las bases de lo que suele ser el papel de la industria en el cine también hay que decir que es uno de los pocos casos que quien escribe recuerda de protagonismo de las farmacéuticas en la trama de un largometraje para el cine, algo que no deja de ser curioso en tanto en cuanto, como se ha dicho, es un buen malo para las películas.
 
Manipulación de fármacos.- De nuevo los intereses espurios de una gran compañía son la base de una trama policiaca en “El crack 2”, secuela del mismo título que el español José Luis Garci realizó en 1983, en su particular homenaje a su querido cine negro estadounidense; se trata de la manipulación que la empresa hace de sus productos, que no pasan de ser placebos. Como le explica el responsable de la compañía –un estupendo Arturo Fernández- al detective Germán Areta -¡qué sugerente la mirada líquida y hastiada de Alfredo Landa!-: “Nuestros medicamentos no hacen daño. Simplemente no curan”.
Seguro que Garci y su coguionista, Horacio Valcárcel tenían presente esa obra maestra que es “El tercer hombre” (Carol Reed, 1949), en la que Orson Wells traficaba con penicilina adulterada en el mercado negro de la posguerra.
 
Como en “El fugitivo”, también había una sucia trama de manipulación de los resultados de la investigación con un fármaco en la artificiosa intriga del holandés Dick Maas (“Presa del pánico, 1999). En ella el representante de una compañía estadounidense –interpretado por un despistado William Hurt (“El beso de la mujer araña”, “El turista accidental”)- viajaba a Ámsterdam para firmar un contrato de comercialización del nuevo supuestamente prometedor fármaco de una pequeña compañía, que resultaba ser un fiasco.
 
Comercio y salud.- Hay algo extraño, resbaladizo, de que alguien se beneficie de la enfermedad de otros. Es tan sencillo como que alguien cría y vende vacas, sacando su beneficio, para que la población se alimente. Sin embargo, en el caso de la industria farmacéutica, el ciudadano parece quedarse con el beneficio, y no con el servicio.
Ahí están los casos recientes de enfrentamiento de las administraciones  sudafricana y brasileña con laboratorios por el precio de los fármacos para combatir el SIDA. Comentarios periodísticos y editoriales de periódicos económicos, así como expertos del sector, han razonado que es necesario defender las patentes. No obstante, no es raro oír en la calle algo del estilo: “ganan lo suficiente como para regalar medicamentos a países pobres”.
 
Este es, en cierto modo, uno de los temas de fondo de “El aceite de la vida” (George Miller, 1992). En la película, basada en hechos reales, los padres de un niño –interpretados por Nick Nolte (“Nieve que quema”, “El príncipe de las mareas”) y Susan Sarandon (“Thelma y Louise”, “Pena de muerte”)- descubren horrorizados cómo su hijo languidece afectado por una patología cerebral degenerativa para la que no hay cura conocida.
Cuando, investigando por su cuenta, descubren algo que podría ser un remedio o ralentizar el proceso, acuden a una gran compañía, que no muestra interés por una patología muy rara que afecta a contadas personas en el mundo.
 
Algo de esto hay en la segura mujer –Lorraine Braco (“Uno der los nuestros”)- que viaja al corazón de la selva amazónica en “Los últimos días del Edén” (John McTiernan, 1992) para anunciar el despido al científico Campbell –un Sean Connery de larga cabellera gris-, que lleva demasiado tiempo sin dar señales de vida ni resultados de su investigación acerca de un remedio para el cáncer.
Ella representa los intereses de la compañía, que exige resultados para unas importantes inversiones, como la editorial que compromete por contrato al escritor a producir una novela en un tiempo determinado. Él es un hombre tranquilo, integrado en la tribu que le ha acogido, y concienciado del desastre ecológico que se avecina por la construcción de una autopista. Y, por si fuera poco, está más cerca de obtener el éxito de lo que sospecharía la exigente y lejana empresa. Obviamente, esta tampoco sale bien parada.
 
Sí. La industria del medicamento es la mala. Hasta en algunas películas de serie B. En las muchas películas de catástrofes y ciencia ficción que la productora japonesa Toho y el director Ishiro Honda concibieron tras el éxito de su “Godzilla” (1956) hay algún ejemplo. Si en “King Kong” (1976) de John Guillermin, era la ambición del enviado de una empresa petrolera, frustrado por haberse equivocado al elegir cierta isla para perforar quien desataba el desastre, en “King Kong contra Godzilla” (1962), del mencionado Honda, es la del presidente de una compañía farmacéutica la que provocará la catástrofe que anuncia el título.
 
Siempre nos quedará… la persona.- Pero no todo ha de ser negativo. La industria farmacéutica ha sufrido esa constante cinematográfica que convierte en malas a las instituciones, impersonales y oscuras moles contra las que nada se puede. Lo ha sido la Administración de “El proceso” (1963), estremecedora lectura de Orson Wells del universo de Kafka, hasta “Brazil” (1985) de Tery Gilliam, y lo han sido grandes empresas de todo pelaje: “El síndrome de China” (1979), de James Bridges; “La tapadera” (1993), de Sidney Pollack; “El dilema” (1999), de Michael Mann; “Erin Brockovik” (2000), de Steven Soderbergh… Monstruos como el que citaba el policía de “El fugitivo”.
 
Pero quedan las personas. Las hay retorcidas y falsas, como el ambicioso patólogo de esta última película. Pero también buenas. Ellas son las que le han puesto cara y ojos a los muros de hormigón. Y también en el caso de las farmacéuticas. Ahí está el protagonista de la mencionada “El dilema”, también basada en un hecho real. El responsable de investigación de una empresa tabaquera descubre que se está manipulando el tabaco para provocar mayor adicción. En su dilema, su intenso conflicto ético sobre si denunciar a la empresa, base de esta compleja y soberbia película, hay un dato muy relevante: antes había pertenecido a una compañía farmacéutica. Tal vez, el hecho de haber trabajado en pro de la salud, pesó también en la decisión final.
 
Tampoco sale mal parado el ejecutivo que financia la investigación de un remedio para el Alzheimer en “Deep sea blue” (Renny Harlin, 1999). El personaje que interpreta Samuel L. Jackson (“Pulp fiction”, “El protegido”), resulta ser un héroe, quizá más hablador de lo que debiera, pero este, que será víctima del sarcasmo de los guionistas es un hombre íntegro.
 
Pero quien tal vez pone el rostro más amable de la industria es el viejo científico de “El aceite de la vida”. El anciano al que la empresa presta un pequeño laboratorio en honor a los servicios prestados será el que convierta en realidad el aceite que imaginaron los Odone, los padres del pequeño Lorenzo al que la vida se le iba por momentos. Ese abuelete de bata blanca, que se mueve torpe entre las pipetas, representa bien la investigación paciente, solitaria y dura en pro del alivio del dolor, en pro de la vida.
 
Francisco J. Fernández
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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viernes, 10 de octubre de 2025

Un reto inusual

(AZprensa) Durante los próximos días voy a compartir unos artículos que encargué a unos expertos, a los cuales propuse un reto tan apasionante como insólito: Escribir un artículo que relacione a los Laboratorios farmacéuticos con el Teatro, el Cine y la Poesía. Esos artículos serían después publicados en la revista “Información al Día” que creé y edité durante cinco años. 
 
“Información al Día” era una revista mensual que recogía todo lo noticiable que surgiera alrededor de la empresa en la que trabajaba por aquél entonces (el laboratorio farmacéutico AstraZéneca), pero siempre desde un punto de vista periodístico, alejándose de esta forma del resto de “revistas de empresa” que siempre son “la voz de su amo” y no hacen otra cosa que ensalzar las virtudes de la empresa, de sus productos y de sus directivos. Por el contrario, en “Información al Día” los protagonistas eran siempre las personas: empleados, médicos pacientes… Se daban informaciones, por supuesto, de nuestros productos y de nuestras actividades, pero siempre bajo la óptica de que aquello fuese de interés para el lector… no para el jefe. En tal sentido se daba cabida, con frecuencia, a colaboraciones, algunas de empleados, otras de médicos, y otras –como en este caso- a expertos en Teatro, Cine y Poesía.
 
El reto no pudo ser más insólito, raro, inusual, y todo lo que se os ocurra… porque les pedí que escribieran un artículo sobre la industria farmacéutica en su relación con el Teatro, con el Cine y con la Poesía.
 
Tan original e insospechado binomio, por fuerza tenía que atraer (y atrae) la curiosidad de cualquier lector, así que, sin más dilación, os dejo con mis admirados colaboradores para que conozcáis cómo salieron a flote del compromiso en que les puse. Begoña Piña es una periodista especializada en Teatro por lo que su voz no podía ser más autorizada y competente para este menester. Francisco J. Fernández también es periodista y a su especialización en el sector salud se une su amplísimo saber sobre el Cine del que se ha convertido en asiduo cronista. Finalmente, Manuel Prieto, mi antiguo profesor y maestro de aprendiz de escritor, ha sido catedrático de Lengua y Literatura y un excelente poeta, por lo que era también una voz de referencia a la hora de hablar –o escribir en este caso- de Poesía.
 
¿Sería que, inconscientemente me estaba acordando de los ejercicios que me mandaba mi profesor cuando yo era aprendiz de escritor?... Es posible que sí, porque al final me “vengué” de él y aproveché que yo dirigía una revista para ponerle un ejercicio, el más insólito de cuantos tuvo que afrontar a lo largo de su dilatada vida profesional: escribir un artículo sobre “La Poesía y la industria farmacéutica”.  ¿Se atreverían estos tres profesionales a encontrar algún vínculo entre la industria farmacéutica y el Teatro, el Cine o la Poesía?
 
Durante los próximos tres días lo averiguaréis en este “Diario AZprensa” que ahora estáis leyendo…
 

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martes, 16 de septiembre de 2025

Películas que dicen mucho

(AZprensa) Hay otra forma de ver cine, en la que nunca habías pensado y te lo voy a demostrar. Sólo tienes que echar un vistazo a este libro, “Películas que dicen mucho”, el tercero de la nueva “Biblioteca Digital Fisac”. Te contaré algo de este libro… Nº 3: “Películas que dicen mucho” (Narrativa: Cine)…
 
El cine es entretenimiento, puede ser arte, pero también puede transformarse en una excelente plataforma para transmitir mensajes. En este sentido hay muchas “películas con mensaje”, de esas que al salir del cine nos dejan pensativos, reflexionando sobre lo que nos ha transmitido su visionado. En ocasiones, el director y los guionistas tienen claro cuál es el menaje que quieren transmitir, pero en otras ocasiones ni siquiera se lo plantean, están más pendientes de la interpretación, de la iluminación, de la cámara, etc. y sin embargo son muchas las películas que nos hacen pensar y abren nuestra mente a la exploración de profundos planteamientos.
 
En este libro se han seleccionado 40 de esas “películas con mensaje” y se profundiza en ellas para descubrir una serie de matices que quizás sólo son perceptibles cuando se ven por segunda vez pero que sacuden nuestro interior y nos dejan un cosquilleo en nuestra razón y en nuestras emociones. Después de leer este libro tú también lo sentirás cuando las veas por segunda vez…
 
Sólo tienes que escribir “Biblioteca Digital Fisac” en Amazon y tendrás acceso a la información de todos los libros que se van publicando…

domingo, 7 de septiembre de 2025

La vida y la pantalla

(AZprensa) El cine nos muestra sobre una pantalla todo un mundo de realidad y/o fantasía; nos muestra la vida que nos rodea o la imaginación desbordada de los creadores de este arte. No en vano al cine le llaman “el séptimo arte”.
 
Pero igual que este, hay también otro arte que tenemos cercano a nosotros y al que apenas dedicamos tiempo porque no entra por nuestros ojos sino por nuestra alma: la Poesía. Quizás por eso también decidí hace tiempo dedicar los domingos de este “Diario AZprensa” a la poesía, a compartir con vosotros un poema de los muchos que he escrito a lo largo de mi vida.
 
Si la pantalla del cine nos muestra la vida (real o inventada) la Poesía la traslada de igual manera a nuestra alma…
 
VEO TU VIDA
 
Has dejado en la ventana
la cortina descubierta
y puedo mirar tu vida,
lo que haces cada día,
el fulgor de tu mirada
y esa sonrisa infinita
que en cada foto se plasma.
 

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domingo, 31 de agosto de 2025

Índice de películas con mensaje

(AZprensa) Durante este mes de agosto he venido compartiendo unas reflexiones sobre 40 películas muy especiales, de esas que podemos llamar “películas con mensaje”, un mensaje que unas veces está muy claro mientras que en otras ocasiones no llegamos a captarlo hasta que hacemos un segundo o tercer visionado de las mismas.
 
Como resumen de todo lo publicado en este mes de agosto, aquí te dejo una lista de las 40 películas de las que hemos hablado. En el índice del lateral derecho de este blog (en versión web) puedes acceder fácilmente al enlace de la que te apetezca leer…
 
ÍNDICE DE PELÍCULAS SELECCIONADAS
 
2001, una odisea del espacio
Ahora o nunca
A las duras y a las maduras
Atrapado en el tiempo
Cocoon
Como un torrente
Dave, presidente por un día
Deja vu
Dulce noviembre
El cielo próximamente
El cielo puede esperar
El cielo se equivocó
El fantasma y la Sra. Muir
El final de la cuenta atrás
El nadador
El planeta de los simios
Eternamente joven
Family man
Horizontes perdidos
Imitación a la vida
Increíble pero falso
Interestelar
La casa del lago
La escapada
La hora incógnita
La llegada
La vida secreta de Walter Mitty
Las verdes praderas
Los hijos del ayer
Lost in translation
Mansiones verdes
Me ha caído el muerto
Mientras dormías
Next
Obsesión
Rescate en el tiempo
Serafino
Sólo el cielo lo sabe
St. Vincent
Yesterday
 

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sábado, 30 de agosto de 2025

Yesterday: Una reflexión sobre el éxito basado en la mentira

(AZprensa) La película Yesterday (2019), dirigida por Danny Boyle y protagonizada por Himesh Patel, es una comedia romántica con un toque de fantasía que combina música, humor y una premisa ingeniosa para explorar temas profundos sobre la autenticidad, el éxito y el poder transformador del amor. Con las canciones de The Beatles como telón de fondo, Yesterday nos invita a reflexionar sobre lo que significa vivir una vida fiel a uno mismo, el impacto de las decisiones personales y la importancia de priorizar las conexiones humanas por encima de la fama y el reconocimiento.
 
¿Qué hubiera pasado en un mundo sin The Beatles?
 
En Yesterday, Himesh Patel interpreta a Jack Malik, un músico británico de origen indio que lucha por destacar en una industria musical competitiva. Tras un accidente durante un misterioso apagón global, Jack despierta en un mundo donde The Beatles nunca existieron, pero él recuerda sus canciones. Al interpretar clásicos como “Yesterday”, “Let It Be” y “Hey Jude” como si fueran suyos, Jack alcanza la fama mundial, pero esta oportunidad viene acompañada de dilemas morales y personales. Mientras lidia con el éxito, su relación con Ellie (Lily James), su amiga de toda la vida y manager, se pone a prueba, llevándolo a cuestionar qué es lo que realmente valora.
 
La premisa, imaginada por el guionista Richard Curtis, utiliza la ausencia de The Beatles para explorar cómo el arte, la autenticidad y el amor dan forma a nuestras vidas, ofreciendo una historia que es tanto un homenaje a la música como una reflexión sobre la identidad.
 
El éxito basado en la mentira
 
El mensaje principal de Yesterday es que la autenticidad y las conexiones humanas son más valiosas que el éxito superficial. Jack, al principio, ve la oportunidad de apropiarse de las canciones de The Beatles como un pasaporte hacia la fama que siempre soñó. Sin embargo, a medida que su popularidad crece, se enfrenta a un vacío interno: el éxito basado en una mentira no le brinda la satisfacción que esperaba. La película subraya que la verdadera realización no proviene del reconocimiento externo, sino de vivir de acuerdo con nuestros valores y ser fieles a nosotros mismos.
 
La lucha interna de Jack refleja una pregunta universal: ¿hasta dónde estamos dispuestos a comprometer nuestra integridad por alcanzar nuestros sueños? Su decisión final de revelar la verdad sobre las canciones, renunciando a la fama, es un acto de valentía que resalta el poder de la honestidad. Yesterday nos enseña que el éxito genuino no se mide por la riqueza o la admiración, sino por la paz que sentimos al vivir una vida auténtica.
 
La fuerza que da sentido a la vida
 
Otro tema central de la película es el amor como una fuerza que da sentido a la vida. La relación entre Jack y Ellie es el corazón emocional de Yesterday. Ellie, quien ha apoyado a Jack desde sus días como músico desconocido, representa un amor incondicional que no depende de su éxito. A medida que Jack se pierde en la vorágine de la fama, se da cuenta de que su conexión con Ellie es lo que realmente le da propósito. La película utiliza su romance para mostrar que el amor verdadero, basado en la comprensión mutua y el apoyo, es más importante que cualquier logro material.
 
Una escena clave, en la que Jack interpreta “Something” para expresar sus sentimientos, encapsula este mensaje: las cosas más valiosas en la vida son las personas que nos aman por lo que somos, no por lo que logramos. Este tema resuena profundamente, recordándonos que las relaciones auténticas son el verdadero tesoro en un mundo obsesionado con la fama.
 
El poder del arte y la creatividad
 
Yesterday también rinde homenaje al impacto del arte, específicamente de la música de The Beatles, en la cultura y las emociones humanas. Las canciones, interpretadas con frescura por Himesh Patel, cobran nueva vida en un mundo que las escucha por primera vez, mostrando su capacidad para unir a las personas y evocar sentimientos universales. La película sugiere que el arte genuino, creado desde el corazón, tiene un valor intrínseco que trasciende el tiempo y las circunstancias.
 
Sin embargo, la película también plantea una crítica sutil a la industria del entretenimiento, que a menudo prioriza el lucro sobre la creatividad. La presión que enfrenta Jack para “comercializar” las canciones de The Beatles refleja cómo el arte puede ser distorsionado por intereses económicos, reforzando el mensaje de que la autenticidad en la creación es esencial para mantener su pureza.
 
Un mensaje atemporal sobre la autenticidad
 
El mensaje de Yesterday resuena porque aborda anhelos y dilemas humanos universales: la búsqueda de propósito, el deseo de ser amado por lo que somos y la tentación de sacrificar nuestros valores por el éxito. La actuación de Himesh Patel, ofrece una mezcla de vulnerabilidad y carisma, mientras que la química con Lily James aporta calidez y autenticidad al romance. La banda sonora, con las canciones inmortales de The Beatles, amplifica el impacto emocional, recordándonos el poder de la música para conectar y sanar.
 
La película también nos invita a reflexionar sobre nuestras propias elecciones. ¿Estamos persiguiendo metas que realmente nos hacen felices? ¿Valoramos a las personas que nos rodean? En un mundo donde la fama y el éxito a menudo se idealizan, Yesterday nos anima a priorizar lo que da sentido a nuestra vida: el amor, la honestidad y la creatividad.
 
Yesterday es una película que utiliza una premisa fantástica para entregar un mensaje atemporal sobre la autenticidad, el amor y el valor de vivir una vida fiel a uno mismo. A través de la historia de Jack Malik, nos enseña que el éxito basado en la mentira es efímero, mientras que las conexiones humanas y la integridad son las verdaderas fuentes de felicidad. La película celebra el poder del arte y nos recuerda que, incluso en un mundo sin The Beatles, el amor y la honestidad siempre encontrarán la manera de brillar. En última instancia, Yesterday nos deja con una sensación de esperanza: cuando elegimos ser auténticos y valoramos a quienes nos aman, encontramos el verdadero significado de la vida.


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jueves, 28 de agosto de 2025

Una película nueva cada vez que veas la misma

(AZprensa) La primera vez que veas la película, puedes verla en plan pasivo, como cualquier espectador. La segunda vez, en cambio, puedes centrar toda tu atención en la interpretación de los actores, en sus gestos, expresividad, la forma en que transmiten sus emociones, etc. En un tercer visionado, puedes centrar toda tu atención en los diálogos, intentando descubrir segundas lecturas en esas palabras, y posiblemente te sorprenderá la gran riqueza de pensamientos a los que te lleva esta clase de visionado. Puedes seguir y volver a verla, pero esta vez centrando toda tu atención en la música, en cómo resalta el contenido de cada escena, cómo se acompasa con el discurrir de la acción, cómo se integra en la película como un personaje más y cómo sirve de herramienta de transmisión de las emociones. Y puedes verla una vez más, en esta ocasión fijándote sólo en los decorados, el tipo de muebles que configuran cada escena, el tipo de escenario natural que se ha elegido para cada una de ellas… y lo mismo podríamos decir de la iluminación, de los encuadres elegidos para cada escena, de los movimientos de cámara…
 
Pero ¿quiere decir con esto que hay que ver cada película muchas veces? No, pero sí que hay algunas películas que tras un segundo o tercer visionado nos gustan y nos impactan más que la primera vez. Si cada vez que ves una misma película centras toda tu atención en uno sólo de estos aspectos, comprobarás que cada vez estarás viendo una nueva película, descubriendo algo que te enriquecerá culturalmente y –si es el caso de películas con mensaje como las incluidas en este libro- te enriquecerá como persona. Pero si te acostumbras a poner en práctica esta técnica, serás capaz de descubrir con un solo visionado todos esos matices que esconde. Es cuestión de práctica, de ir al cine con el propósito de descubrir algo, no sólo de pasar un rato de entretenimiento intrascendente.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“El cine y el misterio”: https://www.amazon.es/dp/B0DJF3M3ZW

martes, 26 de agosto de 2025

Películas con mensaje

(AZprensa) Está claro que en algunas películas, la intención del director es transmitir un determinado mensaje; pero no lo tengo tan claro en muchas otras. Es muy frecuente que un director haga una película y esté más pendiente de los diálogos, la interpretación, la iluminación, los decorados, etc., que de un determinado mensaje que pudiera desprenderse de una acción o comportamiento en un momento determinado. Y esa es la magia del cine: Tiene muchas capas. Cada película se puede ver de muchas formas y en algunas de ellas –si somos capaces de captarlas- es cuando surge con fuerza un mensaje trascendente que toca la fibra más íntima de nuestro ser.
 
Te voy a poner un ejemplo. Tú puedes ver una película varias veces y en cada visionado sucesivo podrás “ver” una película distinta. Si te lo propones, puedes desdoblar esa película en varias películas distintas, cada una de las cuales te dirá cosas distintas.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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lunes, 25 de agosto de 2025

Serafino: Una crítica al materialismo y la codicia

(AZprensa) Serafino (1968), dirigida por Pietro Germi y protagonizada por Adriano Celentano, es una comedia italiana que combina humor, crítica social y un retrato vibrante de la vida rural. Ambientada en las montañas de Arquata del Tronto, en la Italia central, la película sigue las peripecias de Serafino Fiorin, un pastor ingenuo y de espíritu libre que hereda una fortuna inesperada. A través de su historia, Serafino transmite un mensaje profundo sobre la importancia de la autenticidad, la resistencia a las convenciones sociales y la búsqueda de una vida en armonía con los valores personales.
 
La libertad frente a las ataduras sociales
 
El personaje de Serafino, interpretado con carisma por Adriano Celentano, encarna la esencia de la libertad. Como pastor que vive en sintonía con la naturaleza, su vida sencilla contrasta con las ambiciones y restricciones del mundo moderno. Cuando hereda una fortuna tras la muerte de su tía Gesuina, Serafino se enfrenta a las expectativas de su familia y de la sociedad, que buscan controlarlo y aprovecharse de su riqueza. Su decisión de gastar el dinero en regalos para sus amigos refleja su generosidad y su rechazo a las normas que priorizan la acumulación de bienes sobre la felicidad compartida.
 
El mensaje central de la película es una defensa de la libertad individual frente a las imposiciones sociales. Serafino se niega a encajar en el molde que su tío Agenore y la sociedad intentan imponerle, desde su intento de incapacitarlo legalmente hasta presionarlo para que se case con su prima Lidia. Su resistencia, a menudo expresada con humor y astucia, celebra la idea de que la verdadera felicidad radica en vivir según los propios principios, incluso si eso significa desafiar las convenciones.
La crítica al materialismo y la codicia
 
Serafino ofrece una crítica mordaz al materialismo y la codicia que caracterizan a ciertos sectores de la sociedad. La familia de Serafino, especialmente su tío Agenore, representa la avaricia y el deseo de controlar la riqueza a cualquier costo, incluso manipulando y traicionando a un familiar. En contraste, Serafino utiliza su fortuna para alegrar la vida de sus amigos, comprando regalos y hasta un convertible que, en un giro cómico, termina destruido en un accidente. Esta actitud desprendida subraya la futilidad de aferrarse al dinero como fuente de felicidad.
 
El valor de la vida no reside en la acumulación de riquezas, sino en las relaciones humanas y los gestos de generosidad. La película contrasta la pureza de corazón de Serafino con la hipocresía de quienes lo rodean, invitándonos a reflexionar sobre lo que realmente importa en un mundo obsesionado con el bienestar material.

La autenticidad como forma de resistencia
 
Serafino es un personaje que, a pesar de ser considerado “ingenuo” o incluso “mentalmente insuficiente” por su familia y las autoridades, demuestra una inteligencia emocional y una autenticidad que lo hacen único. Su forma de enfrentar las situaciones —desde su rechazo al servicio militar hasta su manera de lidiar con el juicio por su capacidad legal— está impregnada de un humor anárquico que desarma las estructuras de poder. La película sugiere que la autenticidad, aunque a veces percibida como locura o simplicidad, es una forma poderosa de resistencia frente a las normas opresivas.
 
Este mensaje resuena especialmente en el contexto de los años 60, una época de cambio social y cuestionamiento de las tradiciones. Serafino refleja el espíritu de una Italia que, en medio del auge económico, comenzaba a enfrentarse a las tensiones entre la modernidad y los valores tradicionales, abogando por la simplicidad y la humanidad como ideales superiores.
El amor y la comunidad como refugio
 
La película también explora el amor y las conexiones humanas como elementos centrales de una vida plena. Serafino mantiene relaciones con dos mujeres: su prima Lidia, que representa una conexión más convencional pero marcada por la codicia de su familia, y Asmara, una prostituta y madre de cuatro hijos que vive al margen de la sociedad. Su decisión final de casarse con Asmara y regresar a las montañas con sus ovejas subraya su preferencia por una vida auténtica y desprovista de hipocresía, en compañía de alguien que comparte su espíritu libre.
 
Queda claro que el amor verdadero no se basa en intereses materiales o convenciones sociales, sino en la conexión genuina y el respeto mutuo. Además, la relación de Serafino con su comunidad, a la que beneficia con su generosidad, destaca el valor de la solidaridad y el apoyo mutuo como antídotos contra la alienación de la vida moderna.
Un canto a la simplicidad y la naturaleza
 
Serafino es, en esencia, una fábula rural que exalta la vida en contacto con la naturaleza. Las hermosas locaciones de Arquata del Tronto, con sus paisajes montañosos, sirven como telón de fondo para la historia y refuerzan el contraste entre la pureza de la vida rural y las complicaciones de la modernidad. La decisión final de Serafino de volver a sus ovejas simboliza un retorno a lo esencial, a una existencia en armonía con el entorno y libre de las ambiciones que corrompen.
 
Este mensaje antimoderno, aunque presentado con ligereza y humor, invita a los espectadores a reconsiderar el valor de la simplicidad en un mundo cada vez más dominado por el consumismo y la urbanización. La película no idealiza la vida rural de manera ingenua, pero sí defiende la idea de que la felicidad puede encontrarse en las cosas más simples.

Serafino (1968) es, en definitiva, mucho más que una comedia ligera; es una reflexión sobre la libertad, la autenticidad y el valor de las conexiones humanas en un mundo que a menudo prioriza el materialismo y las apariencias. A través del personaje de Serafino Fiorin, interpretado magistralmente por Adriano Celentano, Pietro Germi nos invita a cuestionar las normas sociales, a celebrar la generosidad y a buscar una vida en sintonía con nuestros valores más profundos. En un contexto de cambio social y económico, Serafino se erige como un recordatorio de que la verdadera riqueza no está en el dinero, sino en la libertad de ser uno mismo y en la alegría de compartir la vida con los demás. La película, con su humor y su corazón, sigue resonando como un canto a la simplicidad y la humanidad, más de medio siglo después de su estreno.


Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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