1. Impacto ambiental controlado: A diferencia de lo que se suele pensar, las cotorras argentinas no tienen un impacto ambiental tan severo como se ha exagerado. Su dieta es variada pero no exclusivamente dañina para la flora local; de hecho, muchas veces consumen frutos y semillas que están en abundancia. Además, no compiten directamente con otras especies nativas de manera significativa.
1. Daños materiales y nanitarios: Las palomas (Columba livia) son responsables de una cantidad inmensa de excrementos que no solo afectan estéticamente a ciudades, sino que también causan daños considerables a la arquitectura y el patrimonio cultural. Además, sus heces pueden transmitir enfermedades como histoplasmosis, criptococosis y psitacosis, entre otras.
La preferencia por las cotorras argentinas sobre las palomas no es solo una cuestión de estética o de menos molestias. Es una cuestión de equidad ecológica y de reevaluar cómo tratamos a las especies que cohabitan con nosotros en espacios urbanos. Si debemos elegir, optar por las cotorras no solo reduce problemas sanitarios y de mantenimiento, sino que también añade diversidad y belleza a nuestras vidas cotidianas. Es hora de que nuestra percepción y políticas hacia estas aves cambien, reconociendo a las cotorras argentinas no como plagas, sino como vecinos urbanos con derecho a existir y ser apreciados.
Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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