El Census of
Marine Life ha calculado que el 86% de las especies terrestres y el 91% de las
marinas aún no han sido descubiertas ni catalogadas. Es decir: llevamos
milenios convencidos de conocer el planeta en que vivimos y resulta que no
tenemos ni idea de con quiénes compartimos casa. (AZprensa) La humanidad
lleva siglos cultivando con gran esmero una de sus características más
universales y menos justificadas: la convicción de saberlo todo. Hemos
construido civilizaciones, levantado imperios, escrito enciclopedias, lanzado
sondas al espacio exterior y declarado guerras por ideas que considerábamos
verdades absolutas. Y mientras hacíamos todo eso, resulta que el 86% de las
especies que comparten con nosotros este planeta estaban ahí, tranquilamente,
sin que nadie las hubiera visto, nombrado ni catalogado. Ocupando su lugar en
el ecosistema con total discreción mientras nosotros disputábamos fronteras y
cotizábamos en bolsa. Los
científicos del Census of Marine Life —un proyecto internacional de una
ambición y una paciencia encomiables— han publicado el cálculo más preciso
realizado hasta ahora sobre el número total de especies vivas en la Tierra. El
resultado: aproximadamente 6,5 millones de especies en tierra firme y 2,2
millones en el mar. Y de ese total, seguimos sin conocer el 86% de las
terrestres y el 91% de las marinas. En términos de nota escolar, eso equivale a
un suspenso tan rotundo que no se recupera en septiembre: se recupera en varios
siglos de trabajo de campo intensivo. «Conocemos el
14% de las especies terrestres y el 9% de las marinas. El resto nos es
completamente desconocido. Y aun así organizamos cumbres de biodiversidad con
la solemnidad de quien sabe de lo que habla.» El boletín de
notas de la humanidad Si
alguien tuviese la ocurrencia de extender a la humanidad un boletín de
calificaciones sobre el conocimiento de su propio planeta, el resultado sería
el siguiente: BOLETÍN DE
CALIFICACIONES · HUMANIDAD · CURSO: LOS ÚLTIMOS DIEZ MIL AÑOS Especies
terrestres conocidas: 1,4 sobre 10.
Suspenso. Recuperación en septiembre del año 2800. Especies
marinas conocidas: 0,9 sobre 10.
Suspenso severo. El mar ni nos conoce a nosotros. Humildad
ante lo desconocido: 0,5 sobre 10.
Suspenso histórico. Sin visos de mejora. Guerras
declaradas: 10 sobre 10.
Sobresaliente. La única asignatura en que destacamos. Banalidad
cultivada: 9,8 sobre 10. Notable
alto. Esfuerzo constante y visible. La paradoja del
ignorante seguro de sí mismo Lo
que más llama la atención de todo esto no es la magnitud de lo que desconocemos
—que es abrumadora—, sino la desproporción entre ese desconocimiento y la
confianza con que actuamos. Organizamos cumbres de biodiversidad con la
solemnidad de expertos. Debatimos sobre la preservación de ecosistemas como si
tuviéramos un inventario completo de lo que hay que preservar. Legislamos sobre
especies en peligro de extinción cuando todavía no sabemos ni qué especies
existen. Es como diseñar un plan de ahorro sin saber cuánto dinero hay en la
cuenta. Con corbata y PowerPoint, eso sí. Y
mientras tanto, en algún rincón del océano a tres mil metros de profundidad, o
en la hojarasca de algún bosque tropical que aún no hemos deforestado del todo,
hay criaturas que llevan millones de años viviendo perfectamente sin que ningún
científico les haya puesto nombre, sin que ningún documental las haya filmado y
sin que ninguna red social haya tenido la oportunidad de convertirlas en meme.
Ahí están, tranquilas, siendo el 86%. Una propuesta
modesta Ante
esta situación, cabría esperar que la humanidad reorientara sus prioridades.
Que dedicara menos energía a las guerras, a la ambición sin freno y a la
banalidad de lo cotidiano, y más a conocer el planeta extraordinario que
habita. Que en lugar de disputar por los recursos de un mundo que apenas
comprende, invirtiera en comprender ese mundo antes de terminar de estropearlo. No
voy a hacer la propuesta demasiado concreta porque la experiencia enseña que
las propuestas concretas acaban en comités, los comités en informes, los
informes en cajones y los cajones en ninguna parte. Me limito, pues, a señalar
que hay un 86% de la naturaleza terrestre y un 91% de la naturaleza marina que
no nos conocen, que nunca hemos molestado y que, a juzgar por cómo nos
comportamos, probablemente preferirían seguir así. Nos
tendremos que aplicar, sí. Mucho. Y quizás empezar por la asignatura más
urgente de todas: la humildad. Porque es difícil aprender algo nuevo cuando uno
está convencido de que ya lo sabe todo. Y nosotros, con el 14% del conocimiento
disponible sobre nuestra propia casa, llevamos milenios creyendo que lo sabemos
todo.
La novela “La
melodía permanece”, está disponible en ediciones digital e impresa en Amazon y
dispone de una edición en español y otra en noruego. Más información
en estos enlaces… “La melodía
permanece”: https://a.co/d/0cMf3W5c “Melodien står igjen”:
(AZprensa)
En un rincón remoto del norte de Castilla y León, donde los ríos serpentean
entre bosques de ribera y el eco de las aguas murmura secretos ancestrales, ha
ocurrido un milagro de la naturaleza. El pasado mayo de 2025, un diminuto
polluelo rompió el cascarón en un nido improvisado, marcando el primer
nacimiento de un pigargo europeo (Haliaeetus albicilla) en España en más de un
siglo. Esta águila gigante, extinguida en la península Ibérica desde finales
del siglo XIX, regresa no solo como un símbolo de esperanza, sino como prueba
tangible de que la conservación puede revertir el curso de la historia. Tras
años de esfuerzos incansables, las parejas reintroducidas han comenzado a
formar territorios, construir nidos y, finalmente, criar. ¿Cómo se ha logrado
este hito? El
pigargo europeo, conocido también como águila pigarga o águila de cola blanca,
es la rapaz más grande de Europa, un depredador imponente que evoca la grandeza
de los paisajes boreales. Con una envergadura alar que puede superar los 2,5
metros –equivalente a la longitud de un coche pequeño– y un peso de hasta 7 kilogramos,
esta ave es un maestro de los cielos acuáticos. Su plumaje es de un pardo
oscuro, con la cola blanca característica que le da su nombre (del latín
haliaeetus, "águila marina", y albicilla, "blanca cola").
Prefiere hábitats ribereños, estuarios y costas, donde se alimenta
principalmente de peces como salmones y anguilas, pero no desdeña aves,
mamíferos pequeños o carroña. En
Europa, el pigargo prospera en el norte, desde Noruega hasta Rusia, donde
poblaciones de miles de parejas crían cada año. Sin embargo, en España su
historia es de tragedia: se extinguió a finales del siglo XIX debido a la
persecución humana –cazadores lo veían como amenaza para el ganado y la pesca–
y la destrucción de humedales por la urbanización y la agricultura intensiva.
Aunque hay debates sobre si realmente fue una especie reproductora estable en
la península (algunos expertos cuestionan evidencias históricas), el Ministerio
para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) lo incluyó en 2018
en el "Listado de especies extinguidas en el medio natural español",
abriendo la puerta a su reintroducción legal. Hoy, con solo unas 12.000 parejas
en toda Europa, el pigargo figura en el Anexo I de la Directiva de Aves de la
UE, lo que obliga a proteger sus hábitats y promueve su recuperación. El
camino de la reintroducción: De Noruega a la cornisa cantábrica La
resurrección del pigargo en España no fue un capricho, sino un proyecto
meticuloso impulsado por la ONG GREFA (Grupo de Rehabilitación de la Fauna
Autóctona y su Hábitat), con el respaldo inicial del MITECO y las comunidades
autónomas de Asturias y Cantabria. Lanzado en 2021 como "Proyecto
Pigargo", este plan experimental –autorizado por la Ley 42/2007 del
Patrimonio Natural y de la Biodiversidad– buscaba reintroducir ejemplares de
origen noruego en el litoral cantábrico, un ecosistema rico en ríos y embalses
similar al histórico del pigargo. El
proceso comenzó con la obtención de pollos y juveniles de centros de cría en
Noruega, coordinados por el Norwegian Institute for Nature Research (NINA) y el
Norwegian Environment Agency (NEA). Entre 2021 y 2023, GREFA liberó 25
individuos en la costa oriental asturiana, equipados con emisores GPS para
monitorear su adaptación. Estos "pioneros" –bautizados con nombres
como "Mansolea", "Pimiango" o "Bruxa"– fueron
soltados en áreas protegidas de la Red Natura 2000, donde el acceso humano es
limitado y la oferta de alimento abundante. La primera fase, de dos años,
evaluó su supervivencia y compatibilidad con el ecosistema: el 100% de los liberados
se adaptó, explorando territorios de hasta 100 km² y mostrando un uso intensivo
de embalses para cazar. No
todo fue un camino de rosas. El proyecto generó polémica: biólogos y
ecologistas, como los de la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies, criticaron la
falta de pruebas irrefutables de su presencia histórica en España y advirtieron
de posibles desajustes ecológicos, como competencia con otras rapaces o impacto
en especies locales de peces. En 2023, Asturias y Cantabria paralizaron nuevas
liberaciones, aunque el proyecto siguió adelante con los ejemplares ya en
libertad. GREFA respondió con datos: la tasa de emparejamiento superó el 50%, y
no se registraron conflictos significativos con la avifauna local. Además,
colaboraciones con compañías eléctricas eliminaron electrocución en tendidos,
un riesgo mortal para grandes águilas. De
la soledad al nido: Cómo se forman parejas y llega la cría La
clave del éxito radica en la biología del pigargo: monógamos y longevos, estos
águilas forman parejas estables que defienden territorios de por vida, con una
esperanza de vida de hasta 30 años en libertad. Tras la liberación, los
individuos noruegos, criados en cautiverio pero con instintos intactos,
comenzaron a interactuar. A mediados de 2024, GREFA detectó las primeras
señales: vuelos sincronizados, vocalizaciones y compartición de carroña. Para
finales de ese año, se confirmaron tres parejas estables –una preliminar y dos
consolidadas–, compuestas por hembras y machos que habían recorrido cientos de
kilómetros para reunirse. El
proceso de reproducción es un ritual paciente. En febrero de 2025, una pareja
inició la construcción de un nido en un árbol alto junto a un embalse en León,
usando ramas, musgo y plumas, con el macho aportando materiales mientras la
hembra supervisa. A finales de marzo, la hembra –de unos 5 años, edad mínima
para criar– puso huevos, incubándolos durante 35-40 días alternando turnos con
el macho, quien también caza para alimentarla. El polluelo macho nació a
principios de mayo, pesando apenas 100 gramos, y fue anillado con GPS por
agentes medioambientales de Castilla y León y el MITECO para su seguimiento. Este
nacimiento no es aislado: GREFA reporta que al menos dos parejas más muestran
signos de nidificación para 2026, con plataformas artificiales instaladas para
facilitar el proceso. La alta supervivencia (sin mortalidades por causas
antropogénicas) y la adaptación a presas locales, como truchas y cormoranes,
confirman que el pigargo se integra sin desequilibrios. "Es un hito
histórico para la biodiversidad española", celebra Ernesto Álvarez,
presidente de GREFA, quien compara este logro con reintroducciones exitosas en
Escocia e Irlanda.Un renacer con ecosistemas restaurados y debates abiertos El
regreso del pigargo trasciende lo simbólico: como "ingeniero
ecosistémico", esta águila regula poblaciones de peces y aves, dispersa
semillas y mantiene limpios los ríos al consumir carroña, contribuyendo a la
salud de humedales amenazados por el cambio climático. En España, donde el 50%
de los ríos están degradados, su presencia podría impulsar la restauración de
la Red Natura 2000, atrayendo fondos europeos y turismo ecológico. Sin
embargo, el debate persiste. Críticos argumentan que sin evidencia fósil clara,
se trata de una "introducción" más que reintroducción, con riesgos
impredecibles. Defensores, avalados por la UICN (Unión Internacional para la
Conservación de la Naturaleza), ven en ello una reparación ética: España,
pionera en legislar sobre especies extinguidas, debe actuar. Con solo 25
liberados y ya un pollo volando, el Proyecto Pigargo demuestra que la voluntad
humana puede curar heridas del pasado. En
las alturas de Castilla y León, el joven pigargo extiende sus alas,
recordándonos que la extinción no es irreversible. Si las parejas siguen criando,
pronto manadas de estas águilas surcarán de nuevo los cielos ibéricos, tejiendo
un tapiz de vida renovada. El pigargo ha vuelto; ahora, depende de nosotros que
se quede.
“Biblioteca
Fisac”. Más de 50 títulos… Una
Biblioteca que abarca todos los géneros en ediciones digital e impresa… https://share.google/UYzsnB8QjeKJK8llh
(AZprensa) Desde la primera vez que escuché su nombre, Zarapito
trinador (Numenius phaeopus), sentí un especial afecto hacia este ave
caradiforme de la familia Scolopacidae; su nombre es original, divertido,
entrañable, diferente... quizás como yo y, por eso, muchas veces me asigné ese
nombre a mí mismo y llegué a formar con él. Es un ave pequeña (40 centímetros
de longitud y 80 de envergadura; con un peso de unos 430 gramos), como pequeño
soy yo también y no por ello menos importante.
Es un gran viajero (también a mi me gusta mucho viajar) y muestra una
preferencia muy especial por los países nórdicos (que también son mis países
favoritos), en donde suele pasar la temporada estival (de mayo a agosto) y es
allí donde se reproduce poniendo cuatro huevos (ahí me ganaron porque yo sólo
tuve tres hijos y no cuatro). La incubación dura de 35 a 40 días y como no es
machista (yo tampoco lo soy) se van turnando macho y hembra en esta tarea. El
amor por la libertad y la independencia está tan arraigado en ellos (al igual
que en mi) que los polluelos abandonan el nido a los pocos días de nacer y ya
son capaces de volar a los 40 días.
Su presencia no pasa desapercibida. Los zarapitos
son los limícolas mayores de la fauna europea. Su plumaje no es muy destacado,
pero en cambio tienen una característica que los hace inconfundibles: su largo
y curvado pico, que parece desproporcionado para nacer en una cabeza tan
pequeña.
Realizan largas migraciones para pasar el invierno
en el oeste de África y –esporádicamente- alguno de ellos se para a descansar
en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel (justo el lugar en donde me
crié). Se alimenta de crustáceos, moluscos y gusanos, así como insectos y
frutos (en los gustos alimenticios sí que somos diferentes). La curva de su
pico se adapta muy bien a la forma de las cuevas del cangrejo: lo extrae, lo
lava si tiene barro (yo también soy muy limpio) y, a veces, le rompe las garras
y las patas antes de tragarlo para no atragantarse.
Se le conoce con muchos y variados nombres:
Alemán: Regenbrachvogel
Checo: Koliha malá
Danés: Småspove (Lille Regnspove)
Daimieleño: Vicente Fisac
Eslovaco: Mali skurh
Español: Zarapito trinador
Estonio: Väikekoovitaja ehk
Finlandés: Pikkukuovi
Francés: Courlis corlieu
Holandés: Regenwulp
Húngaro: Kis póling
Inglés: Whimbrel
Islandés: Spói
Italiano: Chiurlo piccolo
Noruego: Småspove
Polaco: Kulik mniejszy
Portugues: Maçarico-galego
Rumano: Fliaun pitschen
Sueco: Småspov
Así que ya lo sabes: El Zarapito trinador (Numenius
phaeopus) es un ave entrañable y muy peculiar, tanto como yo.
(AZprensa)
En los últimos años, el gobierno de Pedro Sánchez ha implementado una serie de
regulaciones destinadas a combatir la resistencia a los antibióticos, un
problema global de salud pública que afecta tanto a humanos como a animales.
Sin embargo, una de estas medidas, que afecta directamente a los veterinarios y
a los dueños de mascotas y ganado, ha sido recibida con incredulidad y críticas
por su falta de sentido práctico y sus consecuencias potencialmente
desastrosas. Esta ley, que prohíbe a los veterinarios recetar antibióticos
basándose únicamente en su experiencia profesional y les obliga a realizar un cultivo
previo para determinar el tratamiento, está generando un impacto negativo en la
salud animal, el bienestar de los dueños y la lógica misma de la profesión
veterinaria. El
Cultivo Obligatorio: Un requisito impracticable Históricamente,
los veterinarios han utilizado su formación y conocimientos para diagnosticar y
tratar infecciones bacterianas en animales, recetando antibióticos cuando lo
consideraban necesario. Ahora, la nueva normativa exige que, antes de
prescribir cualquier antibiótico, se realice un cultivo bacteriano y un
antibiograma para identificar el microorganismo causante y su sensibilidad a
los fármacos. Aunque esta medida puede parecer razonable en teoría para reducir
el uso indebido de antibióticos, en la práctica es un disparate. El
proceso de realizar un cultivo implica recolectar una muestra, enviarla a un
laboratorio, esperar los resultados —que pueden tardar entre 5 y 10 días,
dependiendo de la disponibilidad del laboratorio— y solo entonces recetar el
medicamento adecuado. En un contexto de enfermedad aguda, como una infección
respiratoria o una sepsis en un animal, este retraso puede ser fatal. Una
semana de espera significa que el animal enfermo puede morir, ver su estado
agravado o, en el mejor de los casos, curarse por sí solo si su sistema
inmunológico logra combatir la infección. En cualquier escenario, el cultivo
obligatorio convierte el tratamiento en una carrera contra el tiempo que los
veterinarios y los animales suelen perder. Además,
este requisito añade un coste significativo. Los análisis de laboratorio no son
baratos, y el precio recae directamente en los dueños de las mascotas o los
ganaderos, quienes ya enfrentan gastos veterinarios considerables. Para muchos,
especialmente en áreas rurales o con recursos limitados, este sobrecoste puede
ser prohibitivo, llevándolos a retrasar el tratamiento o a no buscarlo en
absoluto. Del
Consultorio a la Farmacia: Un derroche forzado Otro
aspecto absurdo de esta ley es la prohibición de que los veterinarios almacenen
y dispensen antibióticos directamente a sus pacientes, algo que hasta ahora era
una práctica común y eficiente. Anteriormente, un veterinario podía
proporcionar la dosis exacta necesaria para el tratamiento, ajustada al peso y
la condición del animal, asegurando un uso responsable y minimizando el
desperdicio. Sin embargo, ahora los dueños deben acudir a una farmacia con una
receta para adquirir los antibióticos. El
problema radica en que las farmacias no venden dosis personalizadas, sino
envases comerciales diseñados para humanos o, en algunos casos, para animales,
pero siempre en cantidades que exceden lo necesario para un tratamiento
concreto. Por ejemplo, un perro con una infección leve que requiera cinco días
de antibióticos puede terminar con un envase de 20 o 30 comprimidos. Esto no
solo incrementa el gasto para el dueño —que paga por medicamento que no usará—,
sino que también genera un excedente peligroso. ¿Qué sucede con esas pastillas
sobrantes? En muchos hogares, quedan olvidadas en un cajón, aumentando el riesgo
de automedicación futura o uso indebido en otros animales sin supervisión
profesional, lo que precisamente fomenta la resistencia bacteriana que la ley
pretende evitar. Un
Golpe a la Profesión Veterinaria y al Sentido Común Esta
normativa no solo pone en jaque la salud de los animales y la economía de sus
dueños, sino que también desprestigia la capacidad de los veterinarios como
profesionales cualificados. Obligarlos a depender de un cultivo en lugar de
confiar en su diagnóstico clínico es como pedirle a un médico que no trate una
neumonía hasta tener resultados de laboratorio, algo impensable en medicina
humana en casos urgentes. Los veterinarios, con años de formación y
experiencia, están perfectamente capacitados para identificar infecciones y
elegir tratamientos efectivos basados en síntomas, historial y patrones locales
de resistencia. Además,
la ley ignora las diferencias entre la medicina veterinaria y la humana. En
ganadería, por ejemplo, esperar una semana para tratar una infección en un
rebaño puede significar pérdidas económicas devastadoras. En mascotas, el
sufrimiento innecesario de un animal querido es un costo emocional que ningún
dueño debería pagar por una norma mal diseñada. La
implantación de esta Ley demuestra una desconexión total con la realidad de la
veterinaria y las necesidades de los animales y sus cuidadores. El requisito
del cultivo previo introduce demoras fatales y costos innecesarios, mientras
que la obligación de comprar antibióticos en farmacias fomenta el derroche y el
mal uso de los excedentes. En lugar de proteger la salud pública, esta ley pone
en riesgo la salud animal, castiga económicamente a los dueños y despoja a los
veterinarios de su autonomía profesional.
Urge
una revisión de esta normativa para encontrar un equilibrio entre el control de
los antibióticos y la practicidad del tratamiento veterinario. Mientras tanto,
los animales y sus dueños seguirán pagando el precio de una ley que, en su afán
de solucionar un problema, ha creado otro aún mayor.
(AZprensa)
En julio de 2012, un evento significativo tuvo lugar en la Universidad de
Cambridge (Reino Unido), que redefiniría cómo entendemos la conciencia no solo
en humanos sino también en animales. La “Declaración de Cambridge sobre la
Conciencia” surgió de la "Conferencia Francis Crick sobre la Conciencia en
Humanos y Animales no Humanos", y marcó un punto de inflexión en el campo
de la neurociencia y la ética animal.
La
conferencia, organizada en honor al renombrado neurocientífico Francis Crick,
reunió a expertos de múltiples disciplinas para discutir la base neurológica de
la conciencia. Entre los asistentes y firmantes de la declaración se
encontraban figuras de renombre como Jaak Panksepp, Diana Reiss, David Edelman,
Bruno Van Swinderen, y Christof Koch. La declaración fue redactada por Philip
Low y revisada por este grupo de científicos, siendo firmada en presencia de
Stephen Hawking, lo que subrayó su importancia. La
Declaración de Cambridge de 2012 afirma explícitamente: "Las
evidencias convergentes indican que los animales no humanos poseen los
sustratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos de los estados de
conciencia, junto con la capacidad de mostrar comportamientos intencionales.
Por lo tanto, concluimos que los humanos no son los únicos poseedores de los
sustratos neurológicos que generan la conciencia." Esta
declaración es significativa porque: Incluye
a mamíferos y aves: Señala específicamente que tanto mamíferos como aves tienen
las bases neurológicas para la conciencia. Menciona
a otros animales: También sugiere que otros organismos, como los pulpos,
podrían poseer estos sustratos neurobiológicos, aunque se requiere más
investigación. Reconoce
comportamientos intencionales: Acepta que ciertos comportamientos en animales
no humanos pueden ser indicativos de conciencia. La
Declaración de Cambridge tiene varias implicaciones profundas: Ética
y bienestar animal: Al reconocer que los animales pueden experimentar estados
conscientes, se refuerza la necesidad de reconsiderar las prácticas de
bienestar animal en la agricultura, la experimentación y la conservación. Derechos
de los animales: Este reconocimiento podría ser un catalizador para políticas
más robustas de protección animal, respaldando el argumento de que los animales
tienen derechos basados en su capacidad para sentir y ser conscientes. Investigación
científica: Influye en cómo se llevan a cabo estudios de neurociencia y
biología comparativa, animando a una investigación más empática y respetuosa
hacia los sujetos animales. Educación
y concienciación pública: Ofrece una base científica para educar al público
sobre la complejidad de los animales, fomentando una mayor empatía y
comprensión hacia ellos. Sin
embargo la declaración no especifica el grado o la complejidad de la conciencia
en diferentes especies, dejando espacio para interpretaciones variadas sobre
qué tan "conscientes" son los animales. Aunque señala la existencia
de sustratos neurológicos de la conciencia, se necesitan más estudios para
entender completamente cómo se manifiesta la conciencia en diferentes animales.
Y, por supuesto, aún queda pendiente la aplicación de estas conclusiones en
leyes y prácticas culturales. Podemos
concluir que la “Declaración de Cambridge” de 2012 es más que un documento; es
una invitación a repensar nuestra relación con el mundo animal. Ha abierto
puertas para un diálogo más informado y ético sobre la conciencia, afectando no
solo a la ciencia sino también a la filosofía, la ética y la política. A medida
que continuamos explorando la mente animal, esta declaración servirá como un
faro, recordándonos que la conciencia es un fenómeno más extendido en el reino
animal de lo que habíamos imaginado.
(AZprensa)
Una investigación realizada en el Reino Unidos sobre 584.734 perros ha arrojado
unos interesantes datos sobre la longevidad de los mismos. Este estudio
concluye que los perros de pequeño tamaño y con el hocico alargado viven más
(una media de 13,3 años) mientras que los perros más grandes y con el hocico
chato viven menos (una media de 9,1 años). Pero no sólo eso, sino que –según se
desprende de este estudio- las razas puras tienen una esperanza de vida mayor
que los cruces, y las hembras viven más que los machos. La
investigación ha sido publicada en la revista “Scientific Reports”, según ha
informado Europa Press.
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que disfruten de la lectura los que no tienen tiempo ni ganas de embarcarse en
lecturas farragosas… “Elogio
de la síntesis”: https://amzn.to/3X13sMV
(AZprensa) La nueva “Ley de bienestar animal” de
PSOE-Podemos es una auténtica chapuza que no hay por dónde cogerla, ni desde el
sentido común ni desde el plano jurídico. Por ejemplo, pretende proteger a
todos los animales vertebrados sin hacer excepción, con lo cual las ratas pasan
a ser animales protegidos por la ley. No es broma; el artículo 22 dice textualmente: “Las
entidades locales (Ayuntamientos) antepondrán el control poblacional no letal
de la fauna urbana en sus planes de actuación en materia de protección animal
garantizando los derechos de los animales”. Según esto, los Ayuntamientos no podrán utilizar
raticidas ni cualquier otro método que acabe con la vida de las ratas, sino que
tendrán que acudir a otros métodos “que no supongan la muerte del animal”. Más o menos, nos dejan entrever que tendrán que capturar
las ratas, esterilizarlas, y volverlas a soltar, tal como se hace con los gatos
callejeros. Es lo mismo que han propuesto, por ejemplo, para controlar la
proliferación de cotorras argentinas. Así que, de entrar en vigor esta Ley, las empresas de
raticidas quebrarán y todos los empleados que trabajan en ellas se irán al
paro; nuestras calles y ciudades se convertirán en santuarios para las ratas,
que proliferarán y se multiplicarán ya que es misión imposible eso de capturar,
esterilizar y volver a soltarlas, y las enfermedades que propagan estos
animales diezmarán la población humana. ¡Vaya! ¿Acaso no es esto lo que pretenden?
Ya lo han dejado escrito en la “Agenda 2030” y “Agenda 2050”: Hay que reducir
la población mundial (la de seres humanos, se entiende). Lo que ya se ha reducido, sin lugar a dudas, es el
sentido común.
Un peculiar diccionario que nos devuelve una forma de
hablar que nunca debió perderse. “Diccionario Daimieleño – Español”: https://amzn.to/3qT88mu
(AZprensa) La “Ley de bienestar animal” de PSOE-Podemos
insiste en defender los “derechos de los animales”, por lo que inevitablemente
surge una pregunta: “¿Tienen derechos los animales?”. Lo primero que nos dicta el sentido común, y después
todas las leyes que hay en el mundo, es que los animales no tienen derechos.
¿Por qué? Pues muy sencillo, tal como estableció el derecho romano hace dos mil
años: “Un animal no puede obrar con culpa porque carece de razón”. Y ahí está la clave, los animales no son seres racionales
y esto es algo que lo sabe todo el mundo (menos los del Gobierno de
PSOE-Podemos). Por lo tanto, si no son seres racionales, no tienen derechos
puesto que no reúnen ninguno de los requisitos necesarios para ostentar y
ejercer un derecho y en consecuencia tampoco tienen obligaciones. Pero es que además, los animales no tienen
responsabilidad sobre sus actos, puesto que no son conscientes de las
consecuencias que se derivan de sus actos. Está muy claro, pues, que “no puede haber derechos sin
obligaciones” y entonces hay que preguntarse “¿qué obligaciones tienen los
animales?”. Ninguna, los animales no tienen obligaciones, sólo los instintos
básicos de supervivencia y procreación, y para ejercitarlos como lo hacen, de
forma instintiva –sin razonamiento- los animales no tienen responsabilidad
sobre sus actos, puesto que no son conscientes de las consecuencias que se
derivan de los mismos. Por poner un ejemplo, la Convención Americana de Derechos
Humanos es muy clara cuando en su artículo 32 dispone que “1. Toda persona
tiene deberes para con la familia, la comunidad y la humanidad.2. Los derechos
de cada persona están limitados por los derechos de los demás, por la seguridad
de todos y por las justas exigencias del bien común, en una sociedad
democrática”. En definitiva, una cosa es defender el bienestar de los
animales y otra muy distinta equipararlos a los seres racionales (que es lo que
han hecho con esta ley). El sentido común nos dicta que hay que tratar bien a
los animales, que hay que preservar a las especies en vías de extinción, que
hay que castigar el maltrato animal, que no hay que explotarlos… todo esto lo
dicta el sentido común, un sentido común que poseen todos los seres racionales
de nuestro planeta… menos los del Gobierno PSOE-Podemos como ha quedado demostrado
con esta Ley. Y lo diré más claro: Los animales no son seres racionales
y por lo tanto no tienen derechos ni obligaciones. Los que sí tienen derechos y
obligaciones son los seres humanos, y entre sus obligaciones están la de no
hacer daño ni a sus semejantes, ni a su planeta.
Por un mundo como el de antes, sin tanta tontería… “Diccionario Daimieleño – Español”: https://amzn.to/3qT88mu
(AZprensa) La llamada “Ley de bienestar animal” se
debería llamar “Chapuza de bienestar de los animales que el Gobierno considere
como mascotas”. Es tanta la incompetencia o maldad de quienes la han redactado,
y tanta su soberbia que les ha impedido consultar con jueces, veterinarios,
protectoras de animales, etc., que a la hora de aplicarla nos vamos a encontrar
disparates como estos: Hasta ahora se castigaba el maltrato animal y en especial
una salvaje costumbre de ahorcar a los perros que ya no servían para la caza al
terminar la temporada. Sin embargo, a partir de ahora, con la entrada en vigor
de esta nueva Chapuza, ahorcar galgos u otros perros de caza, ya no será
delito. ¿Cómo es posible semejante disparate? Pues porque las “eminencias” que
han hecho la Chapuza han dejado fuera de la Ley (es decir, desprotegidos) a
todos los animales “trabajadores” (perros de caza, perros guía, perros policía,
etc.) y sólo aplica a las mascotas. Por lo tanto, como la ley deja fuera a esos perros, el
maltrato hacia los mismos ya no será castigado; pero eso sí, si matas a una
rata te puedes enfrentar (si te pillan) a una buena multa. Pero sigamos… que esto no tiene desperdicio: La nueva Chapuza fomenta la zoofilia, ya que trasladan aquí
los conceptos de la otra Chapuza llamada “Sólo sí es sí” y esto quiere decir
que si se mantienen relaciones sexuales con un animal y dichas relaciones no le
causan daño físico aparente (ya no sé a cuál de los dos hay que llamar animal), no
habrá sanción de ningún tipo… al menos, hasta que los animales sepan hablar y
puedan decir “yo no dije que sí”. Y sigue… Los Ayuntamientos no sé qué tendrán que hacer para
erradicar las plagas de ratas, porque la Chapuza dice que primero hay que
intentar erradicar esa plaga sin causarles muerte. ¿Y cómo se puede hacer eso?
Pues eso no lo dicen, pero como te vean matar una rata se te cae el pelo, y no
de tiña sino de la multa que te meten. Y sigue… Para evitar que las cotorras argentinas, consideradas “especie
invasora”, no sigan propagándose, proponen la “esterilización de los machos”.
Es decir, que se supone organizarán patrullas dedicadas a capturar cotorros, hacerles la
vasectomía, y soltarlos de nuevo. Si la lista de espera para entrar en
quirófano para una operación cada día es más alta, ahora con tantos cotorros
esperando que les hagan la vasectomía serán aún mayores. Y esto sigue, y sigue, y sigue… pero ya me canso, y el
que quiera tener una mascota que se prepare a pagar (hay multas para todo y
permisos y trámites de pago para todo) y el que no la tenga, que le ceda el
paso, porque son más importantes y tienen más derechos que los seres humanos.
Viendo cómo está el mundo, es mejor hacer una pausa y
respirar un poco de humor. “El mejor deporte es la sonrisa”: https://amzn.to/3to4J0w
(AZprensa) Ríos de tinta (ahora habría que decir de
píxeles) para la “Ley del sólo sí es sí”, más ríos de tinta para la “Ley de
bienestar animal”… y la gente sigue sin darse cuenta que todo sólo tiene dos
objetivos: 1.- Distraernos de lo fundamental. Cuanto más hablemos y
nos peleemos entre nosotros por estos temas, más libres les dejamos las manos
para seguir mangoneando y hundiendo el país. 2.- Utilizar todo esto como apoyo al cambio económico y
social propugnado por la “Agenda 2030” para implantar el nuevo orden mundial
que sólo interesa a los magnates (¡cómo se confunde esta palabra con “mangantes”!)
que gobiernan el mundo. Se humaniza a los animales y se animaliza a los humanos
(Ley del aborto). Con esta ley, muchas acciones de maltrato animal tienen más
castigo que las similares de maltrato humano. Pero, sobre todo, es una intromisión brutal para cortar
libertades y derechos. Como dice Antón de la Puerta Domecq, en un excelente artículo
que os invito a leer (adjunto al final su enlace): “Esto tiene unas
implicaciones muy graves que ningún partido ha sabido evaluar –a excepción una
vez más de VOX- y que abre la puerta a acabar con la caza, los toros, el
pastoreo, la ganadería y cualquier forma tradicional que haya existido hasta
ahora de relacionarnos con los animales (recordemos al ministro de consumo
recomendando no comer carne mientras en su boda se servían buenos solomillos de
vacuno)”. Es la hipocresía, la desfachatez con la que campan a sus
anchas estos políticos indocumentados que tratan de cambiar radicalmente
nuestra forma de vida. La carne para ellos, para los demás vegetales e
insectos. Y en cuanto a esta Ley surge una pregunta: ¿Cómo van a
controlar los animales (la ley afecta a “cualquier vertebrado”) que cada uno
tenga dentro de su casa? ¿Han preparado ya un ejército de chivatos e
inquisidores que vayan piso por piso inspeccionando lo que tenemos? Quizás les
baste con meter miedo –como siempre- y acabar en lo que acaban siempre: que
tengamos que pagar por cada “vertebrado” que tengamos en casa. Este es el enlace con el artículo citado: https://www.infohispania.es/ley-de-bienestar-animal-el-penultimo-disparate/
Ahora hace falta, más que nunca, saber lo que de verdad
significan las palabras relacionadas con la política y los políticos: “Diccionario Político”: https://amzn.to/2P1RHGZ
(AZprensa) La ilustración científica en el reino animal nos
permite conocer de cerca y con el máximo detalle, la apariencia y
características de los diferentes seres vivos que pueblan nuestro planeta y que
la simple fotografía no es capaz de ofrecer con tanta exactitud. Hoy traemos como ejemplo, algunas d elas ilustraciones
premiadas en el certamen internacional “Illustraciencia”, organizado por la
Asociación Catalana de Comunicación Científica y el Museo Nacional de Ciencias
Naturales (MNCN) del CSIC. El “Premio Ilustración científica” y “Premio especial del
público” ha correspondido a esta magnífica ilustración de un camaleón conocido
como “La pantera de Madagascar”, de David Rojas Márquez (Argentina). Esta imagen digital representa tres adaptaciones
anatómicas que hacen excepcionales a los camaleones: ojos que pueden moverse
independientemente el uno del otro, lo que da a estos animales una amplitud
visual de alrededor de 350º (1.b); una lengua que se dispara con una
aceleración de 1000 m/s2 –gracias al denominado proceso entogloso (2.a) y al
músculo acelerador (2.b)–; y la capacidad de cambiar el color de su piel a
través de arreglos celulares bajo su epidermis (3.a) llamados cromatóforos
(3.b). Otras ilustraciones premiadas han sido (1) “Plagas de la
harina”, de Albert Blanco Roviralta (España); (2) “Bog Turtle”, de Patterson
(Estados Unidos); (3) “Estudio comparativo de zorzales, de Ignacio Sevilla
Hidalgo (España); y (4) Gonzalito (Icterus nigrogularis), de Sebastián Chavez
(Venezuela).
(1)El motivo central
de esta acuarela son los zorzales en su medio, donde son difíciles de observar
y suelen pasar desapercibidos. Se trata del zorzal real (Turdus pilaris), el
zorzal común (Turdus philomelos), el zorzal alirrojo (Turdus iliacus) y el
zorzal charlo (Turdus viscivorus). La lámina muestra también los principales
rasgos identificativos de cada especie: las diferencias de color que presentan en
la parte inferior de las alas (arriba) y en la distribución de las marcas
oscuras del pecho (derecha). (2)El gonzalito es un
ave cantora que se distribuye en el norte de Sudamérica y parte del Caribe. Es
común verla en áreas abiertas y jardines en busca de alimentos como frutas,
néctar y pequeños insectos que consigue en la copa de los árboles. En su época
de apareamiento se agrupa en gran número y construye sus característicos nidos
colgantes, que miden aproximadamente 40 centímetros de largo. Sus huevos son de
color blanco azulado y suelen tener dos o tres en cada gestación. (3)¿Hay insectos en la
harina de la despensa? Lo más probable entonces es que se trate de larvas de
alguna de estas tres especies: la polilla Plodia interpunctella (1), el gorgojo
Stegobium paniceum (2) o el escarabajo Tribolium castaneum (3). Se trata de los
principales causantes de la contaminación biológica de los almacenes de
alimentos (sobre todo de harina y cereales) en hogares e industrias. Las larvas
son las que se alimentan de harina, pero tanto ellas como los ejemplares
adultos confieren a los alimentos un olor desagradable y un color grisáceo.
Estos son debidos a la presencia de excrementos, metabolitos y restos de
cadáveres. (4)La tortuga de
pantano (Glyptemys muhlenbergii) es una de las especies de tortugas más
pequeñas de Norteamérica y una de las más amenazadas. Este acrílico representa un
ejemplar tal y como su autor los observó en la naturaleza: rodeado de plantas
carnívoras y arbustos venenosos y junto a la quijada de un venado.
“Cosas de Noruega”, un libro para conocer Noruega desde
el punto de vista de un español y apreciar las diferencias culturales entre
ambos países. Disponible en Amazon, en ediciones digital e impresa. Más información: https://amzn.to/30R9seS
(AZprensa) En esta vida hay algo más que virus y políticos (en realidad es difícil distinguir unos de otros), así que conviene mirar hacia otro lado de vez en cuando. Y aunque "AZprensa" es un ejercicio de periodismo independiente (un periodista que gracias a que está jubilado ya no tiene que rendir cuentas a nadie) centrado principalmente en temas de Salud y Ciencia, no por ello hay que dejar de lado la inmensidad de temas y opciones que nos ofrece el mundo.
Por eso he reactivado mi Canal de Youtube para compartir algunos vídeos que -sobre todo- supongan un instante de sosiego en medio de esta pandemia eterna.
Para empezar, el vídeo "El lorito que aprendió a hablar y pidió su libertad" en donde se narra la historia real de una cotorra argentina que recogí herida, la cuidé, le enseñé a hablar y me quedé sorprendido cuando me pidió su libertad.
Aunque el vídeo se ha subido hoy, debo recordar que las imágenes son de hace bastantes años, cuando las cotorras argentinas eran mascotas que se vendían en las tiendas de animales y muchas de ellas se escapaban (o directamente las soltaban sus dueños) y aprendieron a adaptarse a nuestro clima y a reproducirse. ¡Y hay quien las llama "plaga"! Se conoce que no se han mirado al espejo.