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miércoles, 22 de febrero de 2023

El fuego interno que impide el sueño

(AZprensa) Todo el mundo conoce las consecuencias de dormir mal o no dormir lo suficiente. Basta con dormir mal una noche para que al día siguiente estemos irritables, deprimidos, estresados y cansados. No somos capaces de concentrarnos, no podemos recordar las cosas más simples y nos sentimos torpes, cansados y faltos de energía. Por lo tanto no es difícil imaginarse como nos sentiríamos si no durmiésemos lo suficiente noche tras noche. Esto es lo que les ocurre a millones de personas que sufren enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), una enfermedad muy frecuente y molesta que consiste en el reflujo anormal de los contenidos ácidos del estómago al esófago, el tubo que conduce los alimentos desde la garganta hasta el estómago.
 
Aunque la mayoría de la gente ha tenido alguna vez pirosis o ardor de estómago (esa molestia con sensación de quemazón en la boca del estómago o parte inferior del tórax que se va extendiendo hacia arriba, hasta el cuello y la garganta) sólo la pirosis persistente de dos o más veces a la semana es indicativa de padecer ERGE. La causa puede ser la debilidad del mecanismo encargado de cerrar la válvula que separa el estómago del esófago, impidiendo así el reflujo.
 
Los efectos a largo plazo de la falta de sueño son bien conocidos. La corteza cerebral del lóbulo frontal necesita que el individuo duerma para poder funcionar bien y el descanso insuficiente afecta negativamente al habla, la memoria y la resolución de problemas. Además, las personas sanas cuando son sometidas a de privación de sueño, presentan rápidamente síntomas de envejecimiento. El metabolismo de la glucosa desciende hasta un 40 por ciento, lo cual puede provocar una diabetes de inicio precoz, pero sin ir tan lejos, la falta de sueño puede ser muy peligrosa a la hora de conducir un vehículo o de realizar muchas actividades cotidianas.
 

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viernes, 1 de abril de 2022

Ardor y reflujo: Hay que dar lo mejor desde el principio

(AZprensa) Aunque entre los profesionales sanitarios la ERGE es una enfermedad común, para el público general aún no ha calado este nombre, por lo que hay que explicarles que nos referimos a la “enfermedad por reflujo gastroesofágico”, es decir, a la enfermedad que curso con ardor de estómago y reflujo, esas bocanadas de líquido que suben de vez en cuando desde el estómago hasta la boca y que, por su contenido ácido además dañan el esófago.
 
Hay médicos que prefieren instaurar un tratamiento con algún producto poco potente y si no se consigue controlar la enfermedad, pasar después a otro con mayor potencia. Hay otros, sin embargo, como los doctores Juan Vicente Esplugues, catedrático de farmacología de la universidad de Valencia, y Julio Ponce, del servicio de medicina digestiva del hospital La Fe, de Valencia, que optan por lo contrario: dar el producto más eficaz desde el principio para resolver el problema cuanto antes.
 
Los productos más eficaces son los llamados IBP; el primero y más famoso es el conocidísimo omeprazol, pero después han ido saliendo al mercado otros IBPs más potentes y eficaces. Este grupo de fármacos “son capaces de inhibir el 99,9% de la secreción ácida”, unos umbrales que “sólo los dan los IBP”, por lo que “son los fármacos de elección”, según explica el Dr. Esplugues. Según comenta, los IBP son unas sustancias muy sofisticadas, ya que “actúan de una forma u otra en función de que haya o no ácido”, quedando fijados en la zona en donde hay ácido.
 
Refiriéndose a la potencia de estos fármacos, el Dr. Ponce destaca que “la eficacia terapéutica se asocia directamente con la potencia antisecretora del fármaco” y que “la reducción del tiempo de exposición ácida del estómago es el principal factor de curación”.
 
Sobre la polémica, muchas veces planteada, de cuál debe ser el tratamiento inicial y si deben reservarse los IBPs potentes como segunda línea de tratamiento (es decir, recetarlos sólo si fallan los anteriores), el doctor Ponce se muestra categórico al señalar que “el tratamiento antisecretor debe ser potente y duradero, cualquiera que sea la gravedad de la ERGE”.
 
Y lo explica así: “A partir de los síntomas no se puede saber si el paciente tiene ERGE erosiva o no. Eso solo se puede saber haciendo una endoscopia”, y comenta la paradoja de que muchas veces se manda hacer la endoscopia al paciente, pero para librarle de síntomas hasta que le hagan la prueba, le ponen un tratamiento, de tal forma que cuando le hacen la endoscopia la enfermedad ya ha remitido. Por eso se muestra partidario de utilizar desde el principio un IBP potente ya que haciéndolo así “se controla la ERGE sea o no erosiva”.
 

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viernes, 15 de junio de 2018

El paciente toma el mando en la enfermedad por reflujo


(AZprensa) Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) están indicados para la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), incluido el tratamiento de esofagitis erosiva por reflujo, tratamiento a largo plazo de pacientes con esofagitis cicatrizada para prevenir recaídas y tratamiento sintomáticos de la enfermedad por reflujo gastroesofágico.

También están indicados para la erradicación del H. Pylori en combinación con un régimen terapéutico antibacteriano adecuado, en los casos de cicatrización de úlceras duodenales y prevención de recaídas de úlcera péptica en aquellos pacientes con úlceras asociadas a H. Pylori.

Pero esta gama de indicaciones incluye además otra forma de tratamiento, la denominada “tratamiento a demanda”, que permite a los pacientes tomar una dosis única de medicación cada vez que lo necesiten (tan pronto aparezcan los primeros síntomas) y de esta forma controlar la enfermedad por reflujo. Normalmente se suelo recomendar un período de dos semanas de tratamiento, pasados los cuales ya sólo será necesario tomar el IBP cuando el paciente detecte la reaparición de los síntomas.

martes, 3 de noviembre de 2015

El silencio de los pacientes con ERGE

(Diario El Inefable) Los pacientes padecen los molestos síntomas de la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) durante un tiempo medio de dos años antes de que busquen ayuda y consejo de sus médicos de Atención Primaria. Esta actitud puede deberse a la percepción que tienen los afectados de que mientras si los productos que no precisan prescripción son eficaces, los de prescripción no aportarán mucho más.

A este respecto, el profesor Roger Jones, del King’s College de Londres (Reino Unido) ha explicado que es un error que estos pacientes consideren que los medicamentos con receta no puedan ayudarles a controlar sus síntomas (en especial la pirosis o ardor de estómago); unos síntomas que de hecho suponen una carga para quienes los padecen y un deterioro de su calidad de vida, más aún cuando precisamente los fármacos de prescripción –en especial los inhibidores de la bomba de protonoes o IBPs- han demostrado proporcionar alivio de la pirosis al cabo de cinco días en la mayoría de los afectados.