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viernes, 19 de mayo de 2023

La mierda de las ciudades debería fertilizar el campo

(AZprensa) Según se puede leer en algunas publicaciones, como “El Monitor de la Salud”, los excrementos humanos son un magnífico fertilizante para los campos y por lo tanto se debería recoger toda la mierda de los habitantes de las ciudades y llevarla a las afueras para abonar los campos. ¿No te parece buena idea? Pues mira lo que dice esta publicación. Cierto que es del año 1.860 pero, como ahora estamos empeñados en el ecologismo, en la huella de carbono cero, etc., no hay nada más natural y ecológico que recoger toda la mierda de las ciudades y echarla al campo…
 
“El guano y el excremento humano son los dos abonos de mayor potencia fertilizante y bajo un reducido volumen. Sin embargo vemos con sentimiento, que los excrementos sólidos y líquidos de las poblaciones se desperdician y pierden en la mayor parte. ¿Cuándo nos convenceremos de que la excreta de los pueblos debe ser la ingesta de los campos? Salubridad urbana y prosperidad rural serán las consecuencias de este sistema.
 
Así lo ha comprendido Mr Jovert, director de una importante fábrica de papel que tiene cerca de Plombieres (Francia), y en la cual emplea mucho cloro para el blanqueo de la pasta. He aquí como se gobierna para aplicar a la fertilización de las tierras que posee contiguas a la fábrica el abono humano producido por el personal de su establecimiento. En el patio ha abierto una gran olla en cuya capacidad se contiene una caja de planchas de hierro, montada sobre cuatro ruedas con su lanza para poder enganchar una o más caballerías. La olla tiene sus salidas laterales para el fácil y transporte de la caja-letrina o letrina-movible. Como la capacidad de esta es conocida y está señalada en sus paredes, es muy expedito el echar la sustancia desinfectante en la dosis necesaria. La sustancia es una solución saturada de clorhidrato de hierro y la dosis uno por ciento del volumen de excrementos.
 
Sea por este, sea por otro procedimiento, los excrementos humanos deberían desinfectarse para utilizarlos enseguida en todas las poblaciones, en los hospitales, hospicios, cárceles, cuarteles, fábricas, etcétera. Lo repetimos: En esta medida tan sencilla como poco costosa, se interesan grandemente la salubridad de los centros habitados y la prosperidad de las tierras”.
 
Fuente.- “El Monitor de la Salud”. Año III. Nº XXIV. 15 de Diciembre de 1.860.
 

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jueves, 18 de mayo de 2023

Los orines de Madrid

(AZprensa) Ahora que estamos en plena campaña electoral para los Ayuntamientos, he echado la vista atrás para ver algunos de los problemas que tenía Madrid. Lo malo es que quizás he echado la vista demasiado para atrás, porque me he ido al año 1860. Pero lo que he leído en la prensa de la época merece ser compartido, sobre todo con aquellos que quieran sonreír un poco.
 
El texto que reproduzco fielmente a continuación parece un ejemplo de “humor marrón” pero no tenía nada de humor sino que era una reclamación muy seria en aras de una buena salubridad. Veamos:
 
“Se va aumentando en Madrid el número de columnas mingitorias o meaderos públicos, pero con tan poco acierto que casi valdría más que no se aumentase. Meaderos hay, de los cuales se desprende tal fetidez como que, por medida de higiene y salubridad, hay que apartar el olfato y expeler la orina fuera del receptáculo. La Municipalidad debiera saber que no basta construir meaderos y abandonarlos a su mala suerte, sino que es menester cuidarlos y desinfectarlos.
 
En buena higiene municipal cada meadero o columna mingitoria debe tener su cubeta, esta cubeta un conducto, y este conducto ir a desembocar a la alcantarilla o si esto no es posible a una pequeña cisterna especial. Estas cisternas deben desocuparse de noche por medio de un tonel que tenga una pequeña bomba aspirante. Estos toneles llenos de orina se llevan a cierta distancia de la ciudad y allí, mezclado el excremento líquido con basura, turba, tierra. etc., queda convertido en abono de suma potencia fecundante para los campos.
 
La brea o alquitrán del carbón de piedra y el aceite esencial de brea, comunican a los orines la propiedad de conservarse y no entrar en putrefacción. Pues bien se alquitranan las cubetas, se alquitranan los conductos y las cisternas o depósitos de que hemos hablado antes y quedan perfectamente desinfectados los meaderos públicos. Igual operación debiera practicarse en las canalejas o regueros que tenemos en muchas calles y que vienen a ser una especie de meaderos ómnibus como en la calle San Ricardo, en la de Gitanos y la travesía que tiene enfrente, etc., puntos por demás infectos.
 
Mucho celebraríamos que, por quien corresponda, fuesen atendidas nuestras indicaciones”.
 
Fuente.- “El Monitor de la Salud”. Año III. Nº XXIV. 15 de Diciembre de 1.860.
 

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domingo, 24 de abril de 2016

¿Agua bendita o caldo de cultivo?

(AZprensa) Antiguamente había a la entrada de todas las iglesias una pila con agua bendita (agua bendecida) y era costumbre que todos los feligreses al entrar mojasen en ella sus dedos y a continuación hicieran el signo de la cruz sobre su frente. Pero a finales del siglo XIX la falta de higiene y salubridad en pueblos y ciudades era alarmante y la irrupción periódica de enfermedades contagiosas (tifus, cólera, gripe, etc.) era una constante.

Así las cosas, fue un médico de Daimiel (Ciudad Real), Gaspar Fisac Orovio, quien inventó un original artilugio para evitar que las pilas de agua bendita que, a fin de cuentas no era otra cosa que agua estancada en donde todo el mundo metía la mano (no siempre limpia), se convirtiesen en caldo de cultivo y de propagación de las enfermedades.

Dicho artilugio consistía en un doble recipiente que se colocaba sobre las pilas de agua bendita, con una llave cuya apertura daba paso a que el agua discurriese de forma lenta por un tubo y, por capilaridad, fuesen saliendo unas gotitas de agua en las cuales podían mojar los dedos los feligreses, sin que nadie más que ellos volviese a tocar ese agua, preservándose así la salubridad. Dicho dispositivo había cuidado todos los detalles, desde los aspectos estéticos de la decoración (una tapa en forma de concha) hasta los prácticos de funcionamiento (dos o tres litros eran suficientes para mantener ese goteo constante de agua durante diez o doce horas, según se ajustase con la llave de paso).

Esta no es sino una de las muchas curiosidades que se citan en el libro “Una lágrima es un beso” que recoge la biografía del médico, periodista y poeta, Gaspar Fisac Orovio (1859-1937). Más información en este enlace: http://www.bubok.es/libros/244091/Una-lagrima-es-un-beso