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viernes, 28 de agosto de 2026

Un viaje obligado

Este es un viaje que vas a hacer, quieras o no. Siendo así ¿no sería mejor que leyeras algo sobre el destino al que vas a llegar?

 
(AZprensa) El verano es la época por excelencia de los viajes y también de la «lectura para los viajes». Si nos vamos de vacaciones y disponemos de más tiempo libre, tendremos igualmente tiempo para leer. Ambas cosas —viajes y lectura— suelen ir de la mano. Y si además viajamos en avión o en tren, la cosa mejora aún más: las interminables esperas antes de embarcar son la plataforma ideal para transformar esos minutos —a veces horas— de aburrimiento y desesperación en un rato agradable en cuanto abrimos las páginas del libro que nos acompaña. Y que debería acompañarnos siempre, dicho sea de paso.
 
Pero hablando de viajes, hay uno que todos vamos a hacer. Sí, tú también. El último viaje: aquel en que nos despediremos de este mundo y pasaremos a otro estado de consciencia. «¡Vaya, ya me estás fastidiando las vacaciones con cosas desagradables!», pensará alguno. Pues no. Está completamente equivocado. Porque ese «último viaje» no tiene nada de lúgubre ni de triste: está lleno de luz, de alegría, de esperanza y hasta de buen humor. Lo verdaderamente lúgubre, si uno se para a pensarlo, es este mundo material en el que estamos ahora mismo. Lo que viene después es infinitamente mejor.
 
Y hay además una razón muy práctica para no mirar hacia otro lado: ¿de qué sirve negar que vamos a hacer ese último viaje si lo vamos a hacer de todas formas? ¿No sería mucho más sensato, antes de partir, consultar una buena guía de viajes para saber qué nos vamos a encontrar al otro lado? Pues eso, exactamente, es el libro Tu último viaje: una guía que muestra paso a paso qué nos espera en ese nuevo destino. Y lo que te espera, te lo anticipo, es tan extraordinario que acabarás deseando llegar cuanto antes.
 
Piénsalo así: ahora mismo estás en el andén de una estación de tránsito, esperando el tren que te llevará a tu destino de vacaciones. ¿Acaso no estás impaciente y lleno de ilusión por ponerte en marcha? Pues el último viaje no es otra cosa que ese mismo tren, pero con un destino todavía mejor.
 
Si te interesa la guía, aquí la tienes. Te aseguro que está ampliamente documentada, y que la lectura no te dejará indiferente:


Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac

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domingo, 10 de agosto de 2025

El cielo… próximamente: Una invitación a superar el miedo en la vida

(AZprensa) El cielo… próximamente (Defending Your Life, 1991), dirigida y protagonizada por Albert Brooks, es una comedia filosófica que, con un tono ligero y un humor ingenioso, ofrece un mensaje profundo sobre la vida, el miedo y la búsqueda de la autenticidad. La película nos sitúa en un más allá burocrático donde las almas deben “defender” sus vidas ante un tribunal celestial para determinar si avanzan a un plano superior o regresan a la Tierra para seguir aprendiendo. A través de esta premisa única, la cinta nos desafía a reflexionar sobre cómo el miedo moldea nuestras decisiones y si somos capaces de aplicar su mensaje a nuestra vida actual. A continuación, exploramos el importante mensaje de esta película y su relevancia en el mundo de hoy…
 
Un juicio a la vida vivida
 
La historia sigue a Daniel Miller (Albert Brooks), un publicista que muere en un accidente automovilístico y llega a Judgment City, un lugar intermedio donde debe justificar las elecciones que hizo en vida. En este peculiar limbo, un tribunal examina momentos clave de su pasado para determinar si vivió con valentía o si estuvo dominado por el miedo. La película utiliza este concepto de un juicio celestial como una metáfora para evaluar cómo vivimos: ¿nos dejamos guiar por el miedo o abrazamos la vida con coraje y autenticidad?
 
El mensaje central de El cielo… próximamente es que el miedo es el mayor obstáculo para una vida plena. A través de los flashbacks de la vida de Daniel, vemos cómo sus decisiones estuvieron marcadas por inseguridades: no pedir un aumento, evitar riesgos emocionales o conformarse con una existencia cómoda pero insatisfactoria. La película sugiere que el verdadero “éxito” no se mide por logros materiales, sino por la capacidad de enfrentar los miedos y vivir con propósito.
 
La valentía como camino a la libertad
 
En Judgment City, Daniel conoce a Julia (Meryl Streep), una mujer que vivió con alegría y valentía, y cuya presencia lo inspira a cuestionar su propia vida. La relación entre ambos, llena de ternura y humor, refuerza el mensaje de que las conexiones humanas auténticas son posibles cuando nos liberamos de las cadenas del miedo. Julia representa un ideal: alguien que, aunque no perfecta, abrazó la vida con apertura y entusiasmo, en contraste con la cautela excesiva de Daniel.
 
La película plantea que la valentía no implica la ausencia de miedo, sino la disposición a actuar a pesar de él. En una de las escenas más memorables, Daniel tiene la oportunidad de redimirse al arriesgar todo por amor, demostrando que el cambio es posible incluso en el último momento. Este mensaje es profundamente inspirador: nunca es demasiado tarde para enfrentar nuestros miedos y elegir un camino más valiente.
 
El miedo en la vida moderna
 
El mensaje de El cielo… próximamente es especialmente relevante en el contexto actual. En un mundo dominado por la incertidumbre —desde la presión de las redes sociales hasta los desafíos económicos y globales—, el miedo puede paralizarnos. Miedo al fracaso, al rechazo o a lo desconocido puede llevarnos a conformarnos con vidas que no reflejan nuestro verdadero potencial. La película nos desafía a preguntarnos: ¿estamos viviendo plenamente o simplemente “defendiendo” una existencia segura pero vacía?
 
Por ejemplo, en 2025, la obsesión por la perfección y la comparación constante en plataformas digitales puede amplificar nuestras inseguridades, haciendo que evitemos riesgos o decisiones significativas. El cielo… próximamente nos recuerda que el verdadero crecimiento ocurre cuando nos atrevemos a salir de nuestra zona de confort, ya sea al perseguir un sueño, expresar nuestros sentimientos o tomar decisiones que desafíen el status quo.
 
La burocracia del más allá y la autocrítica
 
Otro aspecto fascinante de la película es su representación del más allá como un sistema burocrático, con jueces y abogados que evalúan nuestras vidas con una mezcla de rigor y humor. Esta metáfora sugiere que, en última instancia, somos nosotros mismos quienes nos juzgamos. Judgment City no es tanto un lugar externo como un reflejo de nuestra propia autocrítica: ¿estamos satisfechos con cómo hemos vivido? ¿Hemos sido fieles a nosotros mismos?
 
Este mensaje nos invita a practicar la autocompasión, pero también la autoevaluación honesta. En lugar de esperar un “juicio” externo, la película nos anima a reflexionar ahora sobre nuestras elecciones y a hacer los cambios necesarios para vivir con mayor autenticidad. Este enfoque es particularmente pertinente en una era donde la presión externa a menudo nos distrae de nuestra voz interior.
 
La alegría de los pequeños momentos
 
El cielo… próximamente también celebra la belleza de los pequeños momentos que dan sentido a la vida. Las escenas en Judgment City, donde los residentes pueden disfrutar de comida ilimitada sin consecuencias o asistir a espectáculos cómicos, son un recordatorio de que la felicidad a menudo reside en las cosas simples. La relación entre Daniel y Julia, llena de risas y conversaciones sinceras, refuerza que la conexión humana y la alegría son esenciales para una vida bien vivida.
 
Este mensaje nos desafía a encontrar equilibrio en nuestra vida actual: en lugar de perseguir metas grandiosas o validación externa, podemos hallar satisfacción en las interacciones genuinas y los momentos de valentía cotidiana.
 
¿Podemos aplicar este mensaje hoy?
 
La pregunta clave que plantea El cielo… próximamente es si somos capaces de captar y aplicar su mensaje en nuestra vida actual. Superar el miedo requiere esfuerzo consciente, especialmente en un mundo que nos bombardea con distracciones y expectativas. La película nos ofrece un camino claro: identificar los miedos que nos limitan, ya sea el miedo al fracaso, al rechazo o a la vulnerabilidad, y dar pasos, aunque sean pequeños, para enfrentarlos.
 
Por ejemplo, aplicar este mensaje podría significar tener una conversación difícil pero necesaria, perseguir una pasión postergada o simplemente decir “sí” a una oportunidad que nos asusta. La cinta nos asegura que cada acto de valentía, por pequeño que parezca, nos acerca a una vida más plena y auténtica.
 
Un mensaje atemporal para vivir sin miedo
 
El cielo… próximamente es una joya del cine que combina humor, corazón y filosofía para entregarnos un mensaje poderoso: la vida es un proceso de aprendizaje, y el mayor obstáculo que enfrentamos es nuestro propio miedo. A través de la historia de Daniel, la película nos invita a reflexionar sobre nuestras elecciones, a buscar conexiones auténticas y a abrazar la vida con valentía y alegría.
 
En 2025, cuando las presiones del mundo moderno pueden hacernos sentir atrapados en un “juicio” constante, el mensaje de la película sigue siendo un faro de esperanza. Nos recuerda que no necesitamos esperar a un tribunal celestial para evaluar nuestras vidas; podemos empezar hoy, tomando decisiones valientes y viviendo con propósito. El cielo… próximamente nos desafía a preguntarnos: si hoy fuera el día de nuestro juicio, ¿estaríamos orgullosos de la vida que hemos defendido? Y, más importante aún, ¿qué podemos hacer ahora para asegurarnos de que la respuesta sea sí?
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“El cine y el misterio”: https://www.amazon.es/dp/B0DJF3M3ZW

lunes, 9 de junio de 2025

La misteriosa batalla celeste de 1561

(AZprensa) El 14 de abril de 1561, al amanecer, los habitantes de Núremberg, una próspera ciudad del Sacro Imperio Romano Germánico, fueron testigos de un espectáculo que desafió toda explicación conocida en su tiempo. Según los relatos históricos, el cielo se llenó de objetos extraños que parecían enzarzarse en una batalla aérea, acompañados de luces, sonidos y un gran objeto negro en forma de lanza. Este evento, conocido como el “Fenómeno Celeste de Núremberg”, ha fascinado a historiadores, científicos y entusiastas de lo paranormal durante siglos. 

Pero, ¿qué ocurrió realmente aquel día? ¿Qué dicen los textos de la época y qué evidencia física, si alguna, se encontró?
 
El relato de los testigos: La Gaceta de Núremberg
 
El evento fue documentado en una octavilla ilustrada, publicada en abril de 1561 por el artista Hans Glaser, y conservada en la colección Wickiana de la Biblioteca Central de Zúrich. Este documento, una especie de primitivo periódico conocido como “aviso de noticias”, describe con detalle lo que los ciudadanos presenciaron al amanecer, entre las 4 y las 5 de la mañana. Según el texto, una “terrible aparición” llenó el cielo con una variedad de objetos: esferas de colores rojo sangre, azul, negro y naranja; discos anulares; cruces; y grandes “tubos” o cilindros que parecían contener esferas más pequeñas. Estos objetos se movían erráticamente, como si estuvieran en combate, durante aproximadamente una hora.

El relato detalla que las esferas y cilindros “luchaban entre sí”, algunos desplazándose hacia los lados del Sol y otros enfrentándose directamente. Además, se menciona la aparición de un gran objeto negro con forma de lanza o flecha que dominaba el horizonte, seguido de un estruendo y un supuesto “aterrizaje forzoso” fuera de la ciudad, acompañado de nubes de humo visibles desde kilómetros de distancia. El texto describe el evento como un espectáculo aterrador, interpretado por muchos como un presagio divino o una advertencia celestial, en un contexto donde la religión dominaba la cosmovisión de la época.

El grabado en madera de Hans Glaser, que ilustra el texto, muestra un cielo lleno de formas geométricas: esferas, cruces, cilindros y un objeto triangular oscuro, con el Sol como telón de fondo. Este documento es una de las pocas evidencias visuales y escritas que tenemos, y su impacto fue tal que se considera uno de los primeros registros de un avistamiento masivo de objetos voladores no identificados (OVNIs).

Interpretaciones de la época
 
En 1561, la comprensión del universo era limitada. Los habitantes de Núremberg no tenían conceptos de tecnología avanzada, viajes aéreos o vida extraterrestre. Por ello, los testigos recurrieron a términos familiares para describir lo que veían, comparando los objetos con “barriles de cañón”, “cruces” o “varillas de carrizo”. La interpretación predominante fue religiosa: muchos creyeron que se trataba de un mensaje divino, posiblemente un aviso de Dios sobre una inminente desgracia. Algunos incluso afirmaron haber visto formas similares a “ataúdes voladores”, lo que reforzó la idea de un presagio apocalíptico.

El psicólogo Carl Gustav Jung, en su obra “Un mito moderno: De cosas que se ven en el cielo” (1958), analizó este evento y sugirió que los espectadores organizaron sus observaciones en patrones familiares, como cruces y tubos, influenciados por su contexto cultural y religioso. Para Jung, el fenómeno podría reflejar una proyección psicológica de los temores y creencias de la época.
¿Restos de objetos caídos?
 
Uno de los aspectos más intrigantes del relato es la mención de un “gran estruendo” y un supuesto “aterrizaje forzoso” fuera de la ciudad, acompañado de nubes de humo. Según los testigos citados por Glaser, algunos objetos parecían consumirse al caer, dejando tras de sí vapor o humo, pero no se encontraron restos físicos duraderos. El texto de la Gaceta de Núremberg indica que, tras varias horas, no quedaba rastro alguno de los objetos caídos, lo que ha generado especulaciones sobre su naturaleza.

No hay registros históricos que confirmen el hallazgo de fragmentos metálicos, escombros u otros materiales asociados con el evento. Algunos escépticos argumentan que, de haber ocurrido un choque de objetos tecnológicos, sería esperable encontrar restos, pero la falta de evidencia física podría explicarse por varios factores: la tecnología de la época no permitía análisis detallados, la Iglesia podría haber suprimido información considerada herética, o los restos, si los hubo, podrían haber sido destruidos o descompuestos rápidamente.

Por otro lado, los defensores de la teoría extraterrestre sugieren que los objetos podrían haber sido naves que se autodestruyeron o fueron retiradas, dejando solo humo como evidencia. Sin embargo, todas las interpretaciones de uno u otro signo carecen de pruebas concretas y se basan en especulaciones modernas.

El inútil intento de buscar explicaciones
 
Desde un punto de vista científico, el fenómeno de Núremberg ha sido asociado con eventos atmosféricos como el parhelio (o “perro del Sol”), un fenómeno óptico causado por la refracción de la luz solar en cristales de hielo en la atmósfera, que puede crear arcos, halos y manchas brillantes en el cielo. Sin embargo, los parhelios no explican la descripción de objetos en movimiento, sonidos, ni el supuesto choque fuera de la ciudad. Otros han propuesto que podría tratarse de auroras boreales, meteoritos o incluso fuegos artificiales, pero estas teorías no encajan con las descripciones detalladas de los testigos, que hablan de movimientos coordinados y formas específicas y una hora de duración.

Por ejemplo, una hipótesis reciente sugiere que Hans Glaser podría haberse inspirado en el libro De La Pirotechnia (1560) de Vannoccio Biringuccio, que describe el uso de cohetes y fuegos artificiales. Sin embargo, es poco probable que en la Baviera del siglo XVI se dispusiera de la cantidad de pólvora necesaria para un espectáculo de una hora, y los testigos no describen explosiones típicas de pirotecnia.

Para los entusiastas de los OVNIs, el evento de Núremberg es interpretado como una posible batalla aérea de origen extraterrestre, uno de los primeros avistamientos masivos registrados en la historia. La descripción de objetos cilíndricos liberando esferas, movimientos erráticos y un objeto triangular negro ha llevado a algunos a compararlo con avistamientos modernos de OVNIs. Eventos similares reportados en Basilea, Suiza (1566), y Hamburgo, Alemania (1697), refuerzan esta narrativa, sugiriendo que fenómenos aéreos inexplicables no eran raros en la Europa medieval.
 
El fenómeno celeste de Núremberg de 1561 sigue siendo uno de los misterios más fascinantes de la historia. Los textos de la época, especialmente la Gaceta de Núremberg, ofrecen un relato vívido de un evento que dejó a los testigos atónitos, pero la ausencia de restos físicos y la dificultad de interpretar las descripciones en un contexto pre-tecnológico dejan más preguntas que respuestas. ¿Fue un fenómeno natural mal entendido, una proyección de los temores religiosos de la época, o un encuentro con algo más allá de nuestra comprensión?
 
Lo cierto es que este evento, plasmado en el grabado de Hans Glaser, sigue capturando la imaginación de quienes buscan respuestas en los cielos. Ya sea un mensaje divino, un espectáculo atmosférico o una visita de otro mundo, el fenómeno de Núremberg nos recuerda que el universo aún guarda infinitos secretos que desafían nuestra capacidad de comprensión.


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jueves, 26 de septiembre de 2024

¿Qué vas a ser cuando te mueras?

(AZprensa) “Ese titular debe estar mal” te habrás dicho al leerlo. Lo normal es preguntar: “¿Qué vas a ser de mayor?”, porque eso es lo que siempre se pregunta a los niños. Y los niños, con total ingenuidad te contestarán que quieren ser astronautas, futbolistas, bomberos, o “lo mismo que papá”. También podemos preguntárselo a los jóvenes y ya estos, con más criterio, nos responderán que quieren ser médicos, abogados, economistas, informáticos, etc. Pero no, no me he equivocado al escribir el titular de este post.
 
Lo que ahora planteo como pregunta es exactamente eso: “¿Qué quieres ser cuando te hayas muerto y pases al otro lado?”. Porque eso es lo que te va a suceder. Por más que intentes esconder la cabeza en un agujero como dicen que hacen los avestruces, por más que intentes cambiar de conversación y pensar en otra cosa antes de responder, la muerte es el destino que te aguarda. Pero sigues sin darte cuenta que la muerte no es el final, sino sólo el principio.
 
Por eso tiene todo el sentido del mundo preguntar qué quieres ser cuando hayas cruzado al fin la puerta y ya estés al otro lado. Y yo sí que me he hecho esa pregunta y me la he respondido: “Quiero ser maestro para dar inspiración y creatividad a los escritores que lo necesiten”.
 
¿Y tú? ¿Ya te has planteado qué quieres ser cuando te mueras?
 

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miércoles, 25 de septiembre de 2024

Tu mayor enemigo es el miedo

(AZprensa) Voy a hacer reflexiones sobre una película muy poco conocida: “El cielo… próximamente”. No es ni buena ni mala, simplemente entretenida y, eso sí, muy original. Pero lo importante no es la película en sí, sino lo que se plantea en la misma: Al morir vamos a una especie de estación de tránsito en donde pasaremos varios días muy agradables y en donde se nos someterá a un juicio “no juicio”, es decir, no van a juzgarnos sino sólo van a estudiar si hemos llevado una vida maniatados por el miedo o si por el contrario hemos sido valientes y hemos sabido enfrentarnos a esos miedos. Si el miedo coartó siempre nuestra vida, tendremos que regresar a otra vida hasta que seamos capaces de superarlo. En cambio, si fuimos capaces de superar el miedo, al menos de dar la cara con valentía ante él, entonces seguiremos avanzando en nuestro camino de perfección hasta el cielo definitivo.
 
Lo curioso de esta película es que lo centra todo en el miedo, no en el bien y el mal. Es como si el verdadero mal fuese el propio miedo que nos impide hacer lo que queremos. Porque ¿quién no quiere avanzar, progresar, ser feliz…? Pero el miedo nos frena demasiadas veces: miedo al fracaso, miedo a escuchar un “no”, miedo a perder algo, miedo a lo desconocido al salir de nuestra zona de confort, miedo a perder lo conseguido, miedo a disgustar a los demás aunque de esa forma nos disgustemos a nosotros mismos, miedo a no ser aceptados por los demás, miedo al “qué dirán”, miedo al dolor, miedo a la enfermedad, miedo a la soledad, miedo a lo desconocido e incluso miedo al propio miedo. Y entonces nos callamos y tragamos con lo que sea, y entonces decimos que sí cuando queremos decir “no”, y entonces miramos para otro lado ignorando a quien nos pide ayuda, y entonces…
 
En cierto modo el miedo sí que es un verdadero “mal” que impide que nuestro verdadero yo salga al exterior y se manifieste tal como es. Porque cada uno de nosotros somos seres únicos e individuales, distintos unos de otros aun cuando todos pertenezcamos a un mismo universo, y cada uno de nosotros debe manifestarse tal como es y así, conociéndonos mejor a nosotros mismos y siendo nosotros mismos quienes vemos y comprendemos cómo nos hemos manifestado, ser nosotros mismos quienes nos marquemos el camino de superación que debemos seguir… pero siempre sin miedo.
 
Nadie es mejor ni peor que otro; todos somos igualmente válidos, pero para que seamos útiles debemos ser nuestro verdadero yo, ese que quiere manifestarse y muchas veces se ve frenado por el miedo.
 
Por supuesto que hay más cosas. Lo de esta película es un planteamiento simplista centrado sólo en el miedo, pero no por ello deja de tener su pizca de razón al considerar al miedo como uno de los grandes enemigos que frena nuestro camino de superación, de ir limando la materia que rodea nuestro espíritu hasta que seamos capaces de dejarlo libre y pueda entonces fundirse con el todo sin perder por ello su propia y maravillosa individualidad.
 
Tú eres tú mismo y no debes avergonzarte por mostrarte tal como eres a los demás. En ti está el poder de conocerte a ti mismo y de superarte cada día sin que nada, ni nadie, sin que nunca jamás el miedo frene el camino que deseas seguir.
 
“El cielo… próximamente” (“Defending you life”) 1991.
Albert Brooks y Meryl Streep.
Dirigida por Albert Brooks.
 

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domingo, 25 de abril de 2021

Un ukelele en el cielo

(AZprensa) De vez en cuando conviene mirar al otro lado, a ese otro que casi nunca vemos porque estamos apegados a la materia. Y luego, cuando muere un ser querido nos preguntamos "¿Por qué?". Y si ese ser querido era un niño, el dolor se hace más profundo aún. Pero hay respuesta. Sí, hay respuesta, aunque para eso debamos mirar al otro lado.

Por eso hoy, hacemos un inciso en las noticias e informaciones que sobre Ciencia y Salud (y también sobre otros temas) venimos publicando a diario, y vamos a dedicar un par de minutos a mirar con los ojos del alma.

Sandra Pino apenas si tenía siete años. Era mi amiga. Todos los días compartíamos juegos cuando acudía al colegio a recoger a mi nieta. Ellas dos, y yo también, jugábamos y reíamos, y nos contábamos nuestras cosas. Pero ella se fue y sólo supe expresar mi dolor a través de un poema. Fue así como pude al fin descubrir la razón de esa aparente sinrazón que es la muerte de un niño.

En memoria de la niña Sandra Pino, de mi amiga:




sábado, 25 de junio de 2016

Hace 3.000 años el cielo no era azul

(AZprensa) Estamos tan acostumbrados a ver el color azul del cielo que nos parece imposible imaginarlo de otro color, pero ¿fue el cielo de un color distinto al actual hace 3.000 años? Eso es lo que parece desprenderse de algunos estudios muy poco difundidos. William Gladstone (Liverpool, 1809-1898) fue un político británico que tuvo una curiosa idea: decidió contar todas las veces que aparecían los nombres de los colores en “La Ilíada” y “La Odisea” y para sorpresa suya no encontró que nunca se citase el color azul. Por el contrario, el color negro aparecía citado 200 veces, el blanco 100 veces, el rojo 15 veces, y el amarillo 10 veces. Siendo tan detallista Homero ¿cómo era posible que nunca se hubiese referido al color del cielo? En realidad sí lo hizo, pero describiéndolo como “color bronce” y, por añadidura, también se refirió al color del mar describiéndolo como “color vino”. En definitiva, ni una sola referencia al color azul.

Pero no se trata sólo de Homero, también en los escritos de la antigüedad no aparecen referencias al color azul, salvo en la cultura egipcia, aunque quizás esto sea debido a que era común utilizar un tinte color azul que habían creado, pero no referido dicho color al cielo.

Tratando de encontrar una explicación a esta curiosa ausencia, se han encontrado recientes estudios que suponen que la atmósfera de la Tierra contenía en aquella época una mayor cantidad de metano y es sabido que la incidencia de la luz solar sobre dicho gas en la parte alta de la atmósfera confiere a esta un tono rojizo-anaranjado en vez del color azul actual. Después, la pérdida gradual de metano hizo que el cielo fuese cambiando de una forma muy lenta hacia el azul, tan lenta que llevó muchas generaciones y por eso nadie apreció el cambio. Ahora cabía preguntarnos si un nuevo aumento del metano en la atmósfera nos llevará dentro de unos pocos miles de años a otra época de cielo color bronce como el que describió Homero.