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martes, 7 de julio de 2026

San Fermín no es Superman

Cada año, miles de personas de todo el mundo acuden a Pamplona para ponerse voluntariamente delante de varios toros a los que sueltan por las calles. San Fermín (el Santo) lleva siglos haciendo lo que puede. Pero tiene sus límites, claro, porque San Fermín no es Superman.
 
(AZprensa) Ya han comenzado las fiestas de San Fermín en Pamplona, mundialmente conocidas, universalmente admiradas y, para quien tenga dos dedos de frente, bastante difíciles de explicar. Porque hay fiestas populares que celebran la cosecha, la lluvia, el solsticio o la llegada de la primavera, y luego está San Fermín, que celebra al santo patrón de la ciudad metiéndose en el camino de varios toros enfadados a primera hora de la mañana. Tradiciones son tradiciones, y quién soy yo para juzgar.
Lo que sí me parece digno de reflexión —y de cierta compasión— es la situación en que todo esto coloca al propio San Fermín. Porque el pobre santo, que en vida ya tuvo lo suyo, lleva siglos en el más allá haciendo horas extras durante estas fiestas para mantener con vida a una cantidad razonablemente elevada de sus devotos, que se empeñan en demostrarle su fervor de la forma más original que uno pueda imaginar: colocándose voluntariamente en la trayectoria de varios animales de entre cuatrocientos y seiscientos kilos en plena carrera.
 
El problema de fondo: la confusión de funciones
 
El error de concepto que subyace en todo esto es mayúsculo. Miles de participantes en el encierro parecen operar bajo el supuesto implícito de que San Fermín es, a efectos prácticos, Superman. Que tiene capa, que vuela, que puede estar en dieciséis sitios a la vez, que dispone de visión de rayos X para anticipar cogidas y que su poder de intervención divina no tiene límite de velocidad ni de cobertura geográfica.
 
Pues bien: no. San Fermín es un santo, no un superhéroe. Tiene buena voluntad, sin duda, y lleva siglos demostrándola con resultados estadísticamente notables dadas las circunstancias. Pero también tiene sus límites. Y cuando uno mete a varios centenares de personas en un callejón estrecho con media docena de toros en plena carrera, la gestión de milagros que se le exige en esos cuatro minutos y pico que dura el encierro es, objetivamente, descomunal. Que salga todo bien la mayor parte de las veces ya es, en sí mismo, un prodigio que debería figurar en cualquier tratado de teología.
 
«Si un toro se escapa al campo y te embiste, es mala suerte. Si tú te metes en el camino del toro y te embiste... eso ya es otra cosa. Se llama causa y efecto.»
 
Una cuestión de lógica elemental
 
Hay una distinción fundamental que conviene establecer con claridad, porque parece que no todo el mundo la tiene presente. Si tú vas tranquilamente por el campo, te sale un toro al paso y te embiste: eso es mala suerte. El universo te ha gastado una broma cruel e injusta. Pero si tú, a las ocho de la mañana, después de haber dormido poco y bebido bastante, te colocas voluntariamente en el recorrido por el que van a pasar corriendo varios toros, los esperas, echas a correr delante de ellos, y uno de ellos te embiste: eso no es mala suerte. Eso es relación directa entre causa y efecto.
 
Y sin embargo, año tras año, el encierro se repite. Los participantes llegan de Pamplona y de los cuatro rincones del mundo —con especial representación anglosajona, que en estas cosas siempre están dispuestos a colaborar—, se visten de blanco con el pañuelo rojo, esperan el cohete de salida y echan a correr. Los hay valientes, los hay inconscientes, los hay que van con mucho respeto y los hay que se han bebido la valentía en los bares la noche anterior y ya no están muy seguros de dónde están ni por qué corren.
 
El agotamiento del santo
 
Y ahí está San Fermín, en su palco celestial, con el programa del encierro en una mano y la lista de intervenciones urgentes en la otra, trabajando a destajo durante ocho días seguidos para que el balance final no sea demasiado catastrófico. Y lo consigue, hay que reconocérselo. La mayoría de los participantes llegan al final del recorrido magullados pero sanos y con una anécdota para contar el resto de su vida.
 
Pero como todo trabajador sometido a una carga laboral excesiva, San Fermín también tiene sus momentos de saturación. Y en esos momentos —cuando los avisos simultáneos superan la capacidad de atención de un solo santo sin capa— se producen los incidentes que cada año llenan unos cuantos titulares. No es que el santo falle: es que nadie puede con todo. Ni siquiera él.
 
La conclusión es, pues, la de siempre: San Fermín hace milagros, sí. Muchos, y con notable eficiencia dado el nivel de dificultad del encierro. Pero no hace imposibles. Y meter voluntariamente la cabeza en la boca del toro —en sentido figurado, aunque a veces también literal— y esperar que el santo lo resuelva todo, es pedirle demasiado a cualquiera.
 
¡Viva San Fermín! Y que descanse un poco cuando acaben las fiestas, que buena falta le hace.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

jueves, 21 de diciembre de 2023

Según un estudio sobre comidas de empresa…

(AZprensa) Un estudio internacional multicéntrico, realizado sobre las comidas de empresa, ha puesto al descubierto la verdad que se esconde tras esta creciente moda a la que todas las empresas se han sumado. En realidad, todo lo que concluye este estudio ya se sabía, pero por lo menos los investigadores han establecido los porcentajes exactos y nos ha dado un “Decálogo” de lo que son y representan las comidas de empresa.
 
Estas son sus 10 principales conclusiones:
 
-          Hay más comidas de empresa que empresas.
-          Tras las comidas de empresa aumenta un 10% el número de despidos.
-          En las comidas de empresa se descubre que los que parecían tontos, lo son en realidad. En el 100% de los casos.
-          Tras las comidas de empresa aumenta un 18% el número de divorcios.
-          El 100% de los pelotas odian las comidas de empresa porque ven aumentar el número de competidores.
-          Los regalos que se dan en las cenas de empresa sólo gustan al que los ha comprado.
-          El 23% de los asistentes a las comidas de empresa se desmadran; el 77% lo hace después.
-          El 90% de los que van a las comidas de empresa lo hacen por compromiso, no porque les apetezca.
-          El 99% de los directivos sale muy satisfecho de esas comidas; de los comensales sólo sale muy satisfecho el 3%.
-          El 86% de los empleados piensa que si los jefes no fueran a las comidas de empresa, les apetecería mucho más ir a las mismas.
 

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miércoles, 11 de octubre de 2023

A los niños… ¡que los zurzan!

(AZprensa) Hoy comienzan en el Barrio del Pilar (Madrid) las fiestas patronales, pero este año no hay tanto espacio como otros para poder colocar todo tipo de atracciones para niños y para mayores. El motivo: Las obras de acondicionamiento del paseo de la Avenida de la Ilustración que comenzaron hace 600 años y todavía no las han terminado (las pirámides de Egipto se construyeron en mucho menos tiempo).
 
Con motivo del menor espacio disponible, el Ayuntamiento anunció que eso no significaba suprimir las fiestas y que se celebrarían varios conciertos y habría atracciones al menos para los niños. A la hora de la verdad, el escenario para los conciertos está perfectamente preparado y las atracciones… ¿las atracciones? Pues no hay ninguna, el espacio disponible se ha destinado a casetas de comidas y bebidas, entre las cuales (¡no podían faltar!) las de los partidos políticos.
 
En conclusión, unas fiestas que serán solo para los mayores; a los niños… ¡que les zurzan!
 
Esto me recordó lo sucedido con la pandemia. Prisión preventiva para todos los ciudadanos que sólo podían salir de su casa para trabajar, o para ir a la compra, o para ir a la farmacia, o para ir al médico, o para ir a cualquier otro sitio justificado. ¿Y los niños? Pues los niños, durante la pandemia, fueron los más perjudicados, porque no podían ir a trabajar ni tampoco al colegio ni tampoco al parque para jugar (porque se precintaron todos los parques infantiles), y fuera de eso pocas salidas justificadas les quedaban. Total, los mayores fastidiados pero los niños… ¡que les zurzan!
 
Uno se pregunta por qué los poderes públicos tratan tan mal a los niños, y uno cae en la cuenta de la verdadera razón: Los niños no votan. Por eso, en las Fiestas del Pilar hay conciertos para jóvenes y mayores, y hay casetas para comer y beber. Pero y los niños ¿qué? Pues ya se sabe, a los niños ¡que les zurzan!
 

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sábado, 22 de abril de 2023

El mes de las bodas sin novio

(AZprensa) ¿Te imaginas una boda sin novio… o sin novia? Es decir: ¿Te imaginas la celebración de una boda con un solo cónyuge? Pues esto es una realidad en la España actual, y este próximo mes de mayo lo vas a poder comprobar, y hasta es posible que te inviten a alguna… en cuyo caso, vete preparando dinero para hacer un buen regalo.
 
Tradicionalmente, el mes de mayo es el mes en que se celebraban las Primeras Comuniones, en donde los niños comenzaban a profesar de manera consciente la religión católica. Acudían a esa fecha tras haber pasado un largo periodo de formación para conocer los principios básicos de la religión católica, tras lo cual ya se les consideraba preparados para dar tan importante paso. Con sus vestidos tradicionales (ellas como novias y ellos como Almirantes de la marina española) celebraban una ceremonia religiosa y después se reunían con sus familiares más cercanos para merendar y recibir algunos regalos… bueno, eso era antes.
 
Ahora todo ha cambiado. Para empezar, el periodo de formación que antes se hacía de forma intensiva, ahora se dilata en el tiempo, tanto que de una charla a otra los niños ya no se acuerdan de lo que les habían enseñado en la charla anterior. Los vestidos también han cambiado, a ellas les compran mini vestidos de novia (aunque el precio de “mini” no tiene nada) y a ellos les vale con un simple traje de chaqueta (aunque el precio de “simple” no tiene nada). Después viene la celebración, y aquí muchos padres tienen que pedir un préstamo al banco: Lo que antes era un círculo íntimo de familiares, ahora se extiende hasta los conocidos de los conocidos, llegando a contarse por cientos los invitados en muchas de estas celebraciones. Del menú ¿qué decir? Ya no es una merienda sino un auténtico banquete de boda, al cual seguirá una larga sobremesa con todo tipo de licores. Y esas decenas (e incluso centenas) de invitados, harán un derroche económico colmando a los niños protagonistas con toda suerte de regalos más propios de los ganadores de un concurso de televisión que de unos niños que acaban de hacerse oficialmente católicos.
 
Los niños, por supuesto, con tantísimos regalos, viéndose el centro de atención de semejante multitud, se sentirán encantados y disfrutarán de lo lindo… sin saber realmente de qué trata esa celebración.
 
Y ya para colmo, estas celebraciones del exceso han generado tanta envidia en los no católicos, que se han inventado una cosa que llaman “Primera Comunión civil”, en la cual lo único que importa es comprarles un vestido de novia o de novio, organizar un fastuosos banquetes con todos los invitados y manjares que el crédito del banco les pueda permitir a esos padres, y recibir una enorme avalancha de regalos de todos los invitados. Esos niños, quedarán tan entusiasmados que tampoco sabrán realmente qué es lo que están celebrando (en este caso, tampoco lo saben los padres, ni los invitados, ni nadie).
 
Pues ya ves en que ha quedado todo esto. Se acerca el mes de mayo y los restaurantes ya tienen sus salas reservadas desde hace muchos meses. Dentro de nada, comenzaremos a ver multitud de banquetes en donde una niña vestida de novia o un niño vestido con traje de adulto, oficiarán de novia o de novio… pero sin cónyuge.
 
PD.- Creo que lo único que falta es la sesión de baile y discoteca, con barra libre, para todos los invitados, hasta las tantas de la madrugada, al son de “Paquito el chocolatero”… y no creo que tarde mucho en incorporarse a estas nuevas mini bodas de solteros.
 

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viernes, 8 de julio de 2022

Un virus al servicio de los Gobiernos

(AZprensa) El Covid-19 demuestra una vez más cómo es un virus al servicio de los Gobiernos del mundo para que estos puedan manejar a su antojo el miedo de la población, esa magnífica herramienta que han usado los poderosos, a lo largo de toda la historia de la humanidad, para dominar a la población y enriquecerse a su costa sin que nadie se subleve.
 
Hace apenas unos días, los Gobiernos de algunas Comunidades Autónomas alertaban –a través de sus aborregados súbditos que son los medios de comunicación- del aumento de contagios e invitaban al uso de mascarillas en todo momento y lugar (las fábricas en donde ellos tienen intereses tienen que dar salida a todos sus stocks). Sin embargo –y sorprendentemente- el virus no ha hecho acto de presencia ni en las fiestas de San Fermín ni en las fiestas del orgullo LGTBI.
 
En ambas fiestas que se prolongan durante siete días –en el primer caso- y durante semanas e incluso meses -en el segundo- la aglomeración de personas desborda todas las previsiones y ya no es que no exista distancia de seguridad sino que literalmente están pegados unos a otros, sudorosos, abrazándose y besándose, bebiendo sin parar y transmitiéndose el aliento y los fluidos corporales de forma ininterrumpida durante días y días.
 
¡Sorpresa! El virus del Covid-19 no aparece por ahí. ¿Es magia? ¿Verdad que no? Sencillamente a los Gobiernos –por la razón que sea- no les interesa ahora cancelar ninguna de esas dos fiestas. Punto final.
 

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jueves, 6 de enero de 2022

Esta es la triste realidad detrás de estas luces y alegría

(AZprensa) Todos los padres con hijos pequeños, y también los abuelos, hemos disfrutado mucho estos días al ver cómo los Ayuntamientos de muchos pueblos y ciudades ponían atracciones de feria para los pequeños y en muchos casos de acceso gratuito. El centro de los pueblos se convertía así en algo mágico, plagado de luces de colores, adornos de Navidad, música y diversión (incluso gratuita) para los pequeños. Pero ¿qué hay detrás de esto? Y es que no es oro todo lo que reluce…
 
Uno se imagina que todo es como era antes cuando las ferias llegaban a los pueblos: una serie de feriantes que montaban sus atracciones y disfrutaban viendo cómo los niños subían a ellas y les dejaban el dinero suficiente para seguir viviendo gracias a esta actividad… pero no, todo eso pertenece al pasado porque el COVID-19 se encargó de matarlo.
 
La pandemia (fuese real o inventada, fruto de un accidente, del azar o intencionada… que todo eso da igual porque el resultado ha sido el mismo), digo que la pandemia –la gestión que de ella han hecho los políticos- paralizó la economía y dejó sin trabajo a todos los feriantes, y cuando acabó el confinamiento siguieron las restricciones que impidieron la celebración de ferias y fiestas en los pueblos y barrios de nuestras ciudades.
 
Los feriantes vivían de eso y tantos meses de paro acabaron con sus pocos recursos económicos y se vieron en la miseria más absoluta. Pero todo ese confinamiento y restricciones no afectaron para nada a los millonarios que vieron en este negocio de las ferias un filón y se dedicaron a comprar las atracciones. Si los feriantes querían seguir comiendo no tenían más remedio que malvender sus norias, caballitos, trenecitos, etc.
 
Ese grupo de millonarios que había apostado por este tipo de negocio se hizo a precio de saldo con un montón de atracciones y creó compañías de eventos para la explotación de esta actividad. Pasados los meses de restricciones, estos millonarios aprovecharon sus contactos y amigos en Ayuntamientos para que les diesen la concesión de estas ferias, recibiendo un buen montón de dinero por parte de los Ayuntamientos por el montaje y gestión de los festejos.
 
Estas nuevas empresas mercantiles de eventos contrataron como trabajadores eventuales, con salarios mínimos, a los feriantes que antes eran propietarios de las atracciones para que se ocupasen del montaje y manejo de las mismas.
 
Antes de la pandemia, veíamos en las ferias a un grupo heterogéneo de feriantes alegres, animando a la gente a que montase en sus tracciones.
 
Después de la pandemia vemos a un grupo homogéneo de feriantes, uniformados todos ellos con el mono de trabajo de su empresa de eventos, con la cara seria por tener que trabajar a cambio de un salario mínimo en unas atracciones que antes eran suyas.
 
Antes de la pandemia, todo el dinero que se recaudaba en las ferias lo conseguían los feriantes. Después de la pandemia, todo el dinero que se recauda en las ferias se lo quedan los nuevos y millonarios dueños de estas recién creadas empresas de eventos que explotan a los antiguos propietarios de las atracciones.
 
Como ves, esta es la triste realidad que se esconde detrás de todas esas luces y alegría infantil que henos podido ver y disfrutar en muchos pueblos de España.
 
PD.- Quizás no haya sido así en todos los pueblos de España, pero sí en muchos de ellos como hemos podido comprobar personalmente.
 

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lunes, 6 de diciembre de 2021

A todos los que reniegan de la Navidad y del cristianismo

(Editorial) Desde esta humilde tribuna queremos hacer pensar (¡qué optimista soy!) a quienes quieren borrar la Navidad y todo lo que represente la huella del cristianismo en nuestra sociedad, para que actúen con coherencia.
 
Dicen que esta es una sociedad laica y un Estado aconfesional, por lo que todos los símbolos que recuerden a las religiones deben ser abolidos. Si son coherentes, deberían reclamar que no existiesen días festivos de carácter religioso, que el 25 de diciembre, el 6 de enero, etc. fuesen días laborables normales y corrientes. Deberían reclamar que los domingos fuesen laborables y sólo se permitiese descanso laboral cuando al Gobierno le interesase, por ejemplo, los días de elecciones para que la gente pudiese ir a votar, o los días de manifestaciones promovidas por el partido en el gobierno. Deberían exigir la abolición de la palabra “matrimonio” para cualquier unión de parejas, y usar sólo la palabra “unión civil”, “acuerdo bilateral de convivencia” o cualquier otra similar. Deberían exigir que se prohibiese la exhibición pública de cualquier símbolo religioso como, por ejemplo, el velo islámico o las procesiones de Semana Santa, una semana que debería ser de días laborales enteramente. Deberían exigir que desapareciesen los puentes con motivo de fiestas religiosas como la Inmaculada, San José, etc. y que todos esos días se trabajase como en cualquier otra fecha.
 
Tendríamos así una sociedad más próspera porque el número de horas laborales aumentaría considerablemente y la producción se dispararía convirtiendo a España en una potencia mundial. Nos ahorraríamos mucho dinero en esas luces que adornan las ciudades en Navidad y como salir a la calle sería mucho más aburrido, la gente se quedaría en casa viendo la televisión desde la cual los poderes públicos seguirían lavando el cerebro de los ciudadanos.
 
Y ya puestos, también deberían exigir que se suprimiesen las pagas extras de Navidad (¿qué sentido tiene una paga extra con motivo de la Navidad en una sociedad laica y aconfesional?) y por supuesto también la paga extra del mes de Julio (¿cómo podemos consentir a estas alturas que nos sigan dando una paga extra que impuso el dictador Franco?).
 
Señoras, señores, señoris, señoros y señorus de izquierdas: Sean coherentes y exijan que se supriman todas estas fiestas y celebraciones de raíces cristianas y esas pagas de origen franquista. Vayan de casa al trabajo y del trabajo a casa, y una vez en casa, vean la televisión.
 

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