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lunes, 16 de diciembre de 2024

La Inquisición de Tebas

(AZprensa) La censura que todos los poderes están ejerciendo sobre la población sigue creciendo y, en algunos casos, provoca risa o pena o escalofríos (al comprobar hasta qué niveles estamos llegando).
 
Ahí tenemos al presidente dela Liga de Fútbol profesional, Javier Tebas, que persigue en los campos de fútbol todo tipo de insultos, y no sólo los insultos racistas sino cualquier otra palabra malsonante que puedan gritar los espectadores. Así se ha perseguido y multado a quienes llaman “mono” a Vinizius (curiosamente, de los cientos de jugadores negros que hay en toda la Liga, Vinizius es el único al que insultan… por algo será, pero no vamos a entrar ahora en esto). Se considera que llamarlo “mono” es denigrante, racista y todo eso.
 
Así que el ingenio popular cambió de estrategia, y ya que no se podían meter con él llamándole “mono”, decidieron echarle imaginación y “picarle” con otro cántico: “Vinizius balón de playa”, lo cual le escuece mucho porque estaba convencido que él sería el ganador del “balón de oro” y se quedó con las ganas, así que los aficionados rivales le echaron gracia al asunto concediéndole el “balón de playa” ya que no había podido conseguir el ansiado “balón de oro”.
 
Pues ahora… ¡pásmate! Tebas ha dicho que se perseguirá el “balón de playa”, que ya no se podrá cantar eso en los estadios y los espectadores del Rayo Vallecano que cantaron esa cancioncilla serán represaliados. No contento, pues, con perseguir los insultos, ahora perseguirá también la broma, el choteo, la ironía. El futuro del fútbol para Tebas pasa por tener a todos los espectadores amordazados ya que ni siquiera se podrán gastar bromas ni echarle un poco de gracia al asunto.
 
Así que ya lo sabes, si tu hijo te pide que le compres un balón de playa, regáñale por decir esa palabrota y conmínale a que jamás vuelva a decir “balón de playa” porque para Tebas es algo ofensivo y quien profiera tal expresión deberá ser condenado a la hoguera, como en los tiempos de la Inquisición.
 
Imagen generada por AI Grok.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac

PD.- Javier Tebas debería leer este libro...

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viernes, 12 de abril de 2024

Tragando sapos y culebras

(AZprensa) Existe un digital sanitario que se recibe sólo por suscripción aunque de una forma muy peculiar: si tu empresa es muy potente en términos económicos te cobran mucho por la “suscripción”, en cambio si es una empresa pequeña, te cobran poco, y si se trata de un organismo oficial, entonces la suscripción es gratuita.
 
Este digital –desde el punto de vista de las exclusivas- es excepcional: siempre es el primero en dar las noticias, en hacer públicos documentos que nadie sabe cómo han podido llegar a su poder. Tiene contactos y espías colaboradores (a los que llama “avispas”) que le avisan de todo cuanto se cuece en el mundo sanitario. Además tiene la virtud de ofrecer la transcripción íntegra de los discursos más relevantes que pronuncian altos cargos de la Administración sanitaria, la profesión sanitaria y la industria farmacéutica.
 
Desde el punto de vista redaccional, ya es otro cantar, porque no escatima elogios exagerados hacia aquellos que le caen bien, e insultos sin contemplación a quienes le caen mal (y sobre todo a quienes no pagan la suscripción o, como era en el caso de la OMC tampoco le conceden entrevistas).
 
Si estás en el mundo sanitario, ya sabes que me refiero a “Sanifax” (que al principio se enviaba por fax y ahora se envía en PDF por e-mail). Pero hoy me voy a centrar en algunas de esas víctimas de sus insultos.
 
Como la Organización Médica Colegial (OMC) dejó de pagar la suscripción, no pasaba una semana sin que su entonces presidente, Isacio Siguero, recibiese los más variados insultos (el más común era el de “pequeño” por su baja estatura) y, en un alarde de creatividad, hasta le insultaban sin necesidad de palabras (siempre ponían una foto suya en la que se le veía con un jersey azulito (muy poco formal para todo un presiente). Después vino otro presidente, Juan José Rodríguez Sendín, que tampoco pagó la suscripción ni les concedió entrevistas. Pues también lo criticaban hiciese lo que hiciese, e incluso lo insultaban de forma reiterada, siendo el insulto más común el de “cateto de La Mancha” (porque es manchego).
 
Pero ponía arriba, como título a esta vivencia de mi paso por la OMC, lo de “tragar sapos y culebras” y eso es lo que han hecho estos dos presidentes. Aun contando con numerosas pruebas de esos insultos (todos los ejemplares de “Sanifax” en los que se les denigraba) y aun teniendo muchas ganas de llevarlo a los Tribunales, nunca se atrevieron. ¿Tanta fuerza tenía “Sanifax” que hasta los presidentes de la OMC tragaban sapos y culebras cuando se les insultaba reiteradamente?


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viernes, 17 de noviembre de 2023

A mí también me gusta la fruta

(AZprensa) El sanchismo y la ultraizquierda andan escandalizados porque una imagen de televisión mostró un movimiento de labios sospechoso en la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, cuando estaba como espectadora de un nuevo capítulo de resistencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que concede todo lo que le pidan con tal de seguir amarrado al poder.
 
Ese movimiento de labios parece –según dicen- que se correspondía con las palabras “hijo de puta” como reacción a las calumnias que Pedro Sánchez estaba pronunciando en la tribuna de oradores. Isabel Díaz Ayuso, al ser preguntada por este incidente, respondió que lo que ella dijo fue “me gusta la fruta”.
 
Esto ha enrabietado más aún al sanchismo y sus secuaces, porque según ellos los insultos sólo los pueden proferir ellos… y la hipocresía también es patrimonio exclusivo de la ultraizquierda y el sanchismo. A tal respecto, Díaz Ayuso ha recordado que ella ha tenido que soportar múltiples insultos y que luego sus autores se desdecían con la mayor hipocresía del mundo. Pues no sabemos si es que les habrá pagado con la misma moneda o si es verdad que le gusta la fruta.
 
Vamos a suponer que lo que llamó a Pedro Sánchez por lo bajini fue “hijo de puta”. ¿Estaría justificada tamaña falta de respeto? Pues hay que ver cómo, cuándo y por qué se produjo ese “presunto” insulto. Pedro Sánchez, sabe como todo el mundo, que hace meses acusaron a Díaz Ayuso de corrupción y que después se demostró que esas acusaciones eran falsas, que no había ninguna irregularidad en sus actuaciones. Pues bien, Pedro Sánchez, sabiendo todo esto, volvió a acusar de corrupción a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Alguien que abusando del poder, y a sabiendas de que la acusación que profiere es falsa, y va la repite otra vez… el que hace eso es un hijo de puta.
 
Total, que como eso ya es sabido por todos, no es de extrañar que Díaz Ayuso como el resto de españoles de bien, pasase de semejante individuo y hablase de cosas más agradables y nutritivas como la fruta, que es muy sana y muy buena para la salud. Y mucha salud nos va a hacer falta para sobrevivir a la destrucción de España que ha comenzado hoy.
 

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domingo, 12 de noviembre de 2023

No es racismo, es cachondeo

(AZprensa) Ayer, durante el partido de fútbol entre el Real Madrid y el Valencia, una parte de los seguidores valencianistas gritó varias veces “¡Vinicius, eres un mono!”. Hoy todos los medios de manipulación se rasgan las vestiduras, escandalizado por esos “insultos racistas” y piden poco menos que la pena de muerte para esos energúmenos que gritaron esa frase.
 
Por lo que se ve, los periodistas de esos medios de manipulación son gilipollas (que según la RAE significa “necios o estúpidos”) y no se enteran de nada, o por el contrario son corderitos obedientes que siguen las directrices que se les imponen desde la doctrina del “pensamiento único”. Porque, vamos a ver:
1.- Esa frase iba dirigida a un único jugador, Vinicius, el cual se pasa todos los partidos provocando a los adversarios, encarándose con el árbitro, riéndose de todas las decisiones del árbitro, haciendo teatro fingiendo agresiones cada vez que siente el más mínimo roce de un jugador contrario, etc.
2.- En el Real Madrid hay muchos jugadores negros y a ninguno de ellos lo insultan, sólo a Vinicius. Y en otros equipos de la Liga española también hay muchos jugadores negros, y a ninguno les insultan, sólo a Vinicius.
 
Así que el problema no es de racismo, es de Vinicius, de su comportamiento en el campo, muy diferente al que tienen la inmensa mayoría de jugadores de ese y de otros equipos, sean blancos, negros, amarillos o del color que sean.
 
A ver si todos esos “palmeros” de los medios de manipulación se enteran de que esos gritos no son expresión de racismo sino del más puro y genuino cachondeo.
 

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jueves, 1 de junio de 2023

Fútbol, insultos y libertad

(AZprensa) Lo que voy a contar parece ficción, pero es totalmente cierto, y quienes hayan ido al fútbol en los años 60 lo habrán vivido igual que yo y darán fe de ello. Ahora, sin embargo, la sociedad ha cambiado tanto que os parecerá increíble.
 
Empecemos:
 
Allá por los años 60 gobernaba en España un dictador que –según dicen- tenía oprimida a la población, Pues bien, esa población iba todos los domingos a los campos de fútbol.
 
ACCESO.- Apenas un par de policías podían vigilar los accesos. La gente se apretujaba para entrar y no había cacheos, ni tornos, ni guardias de seguridad.
 
YA DENTRO.- Salvo las gradas de preferencia, casi todas las localidades eran de pie y sin numerar, con lo cual –si el partido era de interés- entraba más gente de la que correspondería a ese espacio. No importaba, todos apretujados y tan contentos.
 
BAR.- Aparte de los chicos que vendían bebidas paseándose por las gradas, y de algún pequeño quiosco en los pasillos, la gente se llevaba comida y bebida de casa, incluidas bebidas alcohólicas. Es más, era frecuente ver cómo unos a otros se iban pasando la bota de vino. Por cierto, en los bares de los estadios te daban los refrescos y cervezas con alcohol (las “sin” todavía no se habían inventado) con su botella de cristal, que luego la gente dejaba tirada por el suelo, así que cuando salías debías tener cuidado de no tropezar con alguna de esas botellas de cristal que –por supuesto- nadie tiraba ni rompía.
 
ANIMACIÓN.- Salía el equipo contrario y se escuchaba una enorme pitada. Salía el equipo de casa y se escuchaban cánticos y aplausos. Cuando el contrario cometía una falta la gente lo insultaba y le decía de todo (daba igual el color de la piel del jugador). Si el árbitro no pitaba esa falta, entonces todos los insultos iban contra él. Por cierto, podías llevar todo tipo de objetos que ahora están prohibidos: termos de café, prismáticos grandes, botellitas de licor o coñac, banderas con su buen mástil de madera o hierro para ondearlas, etc.
 
DESPEDIDA.- Si el partido había acabado con polémica, solía haber lluvia de almohadillas sobre el árbitro y si no, pues nada, aplausos y para casa.
 
ESTADIO.- Las gradas estaban pegadas al terreno de juego (no había pista de atletismo ni nada de separación) y no había ni rejas ni foso (que estas dos cosas llegaron con la democracia), ni tampoco había decenas de policías y vigilantes de seguridad pendientes de los espectadores. Y, por supuesto, tampoco había cámaras de video enfocando y grabando a los espectadores.
 
JUGADORES.- Ningún jugador se ofendía porque lo insultasen durante el partido, porque eso era parte del espectáculo y, acabado este, todos ellos eran respetados y admirados por todo el mundo, incluidos los aficionados de los equipos rivales.
 
CONCLUSIÓN.- En los partidos de fútbol se gritaba, se insultaba, se proferían todo tipo de improperios contra los jugadores contrarios y contra el árbitro… y no pasaba nada. No había peleas, e incluso la mayoría de los seguidores del equipo rival presenciaban los partidos mezclados con los del equipo local, y no en un guetto aparte como ahora. Nadie tiraba nada al terreno de juego (salvo las citadas almohadillas en alguna ocasión) y eso que tenían a mano palos, botellas de cristal, objetos metálicos, etc.
 
Así era el fútbol entonces. Cada uno se expresaba como quería, con entera libertad. Nadie se sentía ofendido y, por supuesto, nadie agredía a nadie. Eran los tiempos de un dictador, pero la gente iba y disfrutaba del fútbol en libertad.
 

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domingo, 8 de enero de 2023

No dañan las palabras, sino las intenciones

(AZprensa) Hoy traigo algo que vale la pena leer, algo que me encontré paseando por el amplio campo de Internet en medio de un bosque de blogs. Ella se llama Rocío y nadie mejor que ella para decirnos qué palabras ofenden y cuáles no (ahora veréis por qué), y para dejarnos bien claro que lo que ofenden no son las palabras sino la intención.
 
Al final os dejo el enlace con su blog para que lo leáis completo, pero no me resisto a destacar algunas de sus frases y hacer así mi modesta contribución a que esos mensajes lleguen al mayor número de personas y sirvan para despertar de esa anestesia que el Gobierno y sus “medios de manipulación” nos están administrando.
 
Dice así…
 
“En estos 31 años he visto cómo las palabras y términos cambian una y otra vez por un incremento en lo que se considera ofensivo”.
 
“Tengo un carnet de hace décadas donde se me califica como minusválida y no me molesta, lo conservo sin problemas”.
 
“Ahora cuando tengo que definir mi condición física me tengo que poner a pensar muy lentamente para decirlo sin ofender a nadie, cuando estoy describiéndome a mí misma, y pienso que todo este tema se nos ha ido de las manos. Cada vez añadimos más coletillas, y cuantas más coletillas a la descripción añadimos, más nos diferenciamos de los demás. Lo que intentamos hacer añadiendo palabras es lo que nos está separando”.
 
“¿Soy discapacitada? ¿Soy ‘persona con Diversidad Funcional’? ¿Quién tiene la potestad para decidir lo que a mí me ofende o lo que no? Si seguimos así en otra década tendremos que denominarlos con frases de 6 o 7 palabras para definir algo que se puede definir brevemente mientras se haga con respeto”.
 
“Las palabras no ofenden si cuando salen de las bocas no son para ofender”.
 
“Dando tanto rodeo y siendo tan puntillosos, somos nosotros mismos los que estamos abriendo un abismo y separándonos de la normalidad”.
 
“Me insulta el que me hace daño adrede o usa un término para dañar, ya sea ‘guapa’, ‘inválida’, ‘pesada’ o ‘lista’. No me dañan las palabras sino las intenciones y las ideas”.
 
“Cuando nos empeñamos en que una palabra es discriminatoria cuando está usada con respeto, los que nos empeñamos en discriminarnos somos nosotros mismos”.

Este es el enlace en donde puedes leer el artículo completo:
https://lianchio.com/2023/01/05/la-escalera-de-los-terminos-no-ofensivos/
 


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