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sábado, 23 de mayo de 2026

El enigma del Cronovisor: si es mentira, ¿por qué lo ocultan?

(AZprensa)
La historia oficial de la ciencia está escrita en los libros, pero la historia de los inventos malditos suele dormir en los archivos secretos. En la década de los años 50, según las crónicas de la época, un equipo de doce físicos del Vaticano, liderados por el padre benedictino Alfredo Pellegrino Ernetti, inventó una máquina capaz de sintonizar y fotografiar el pasado: el Cronovisor.
 
Basándose en el principio de que las ondas sonoras y visuales no se destruyen, sino que se transforman y quedan flotando en el espacio, Ernetti aseguró —y mantuvo firmemente hasta el día de su muerte— haber capturado imágenes tan trascendentales como las Tablas de la Ley de Moisés, la destrucción de Sodoma y Gomorra, los discursos de Napoleón e, incluso, el rostro de Jesús agonizando en la cruz.
 
El veredicto de Pío XII
 
Cuando el eco de este asombroso descubrimiento comenzó a trascender a la opinión pública, el padre Ernetti fue llamado a filas. Mantuvo una reunión a puerta cerrada con el papa Pío XII. El Pontífice, lejos de reírse, quedó profundamente impresionado, pero vislumbró de inmediato el abismo al que se asomaba la humanidad si aquello se hacía público.
 
Las razones papales para el secreto fueron pragmáticas y devastadoras: «Se podrá saber por medio de la máquina lo que el vecino y el adversario piensan, y las consecuencias serían dos: o la autodestrucción de la humanidad, o una cosa más difícil: el nacimiento de una nueva moral. Por eso estos aparatos no pueden quedar en manos de todo el mundo sino bajo el control de la autoridad. Puede cortar la conciencia de libertad del hombre, ya que con este aparato se podrá conocer qué has estado haciendo esta mañana, dónde, cuándo, cómo...». 
 
La consecuencia fue fulminante. Al jesuita no solo se le obligó a guardar un estricto voto de silencio, sino que la Santa Sede le expropió la máquina, las supuestas fotografías, los planos de ingeniería y absolutamente toda la documentación. El proyecto fue desmantelado y sepultado en la oscuridad.
 
Un científico de prestigio
 
A simple vista, un artefacto capaz de viajar en el tiempo a través de las frecuencias electromagnéticas parece una fantasía imposible, un delirio de ciencia ficción. Sin embargo, hay elementos en esta ecuación que no encajan con la teoría de un simple fraude. El inventor no era un charlatán de feria; el padre Ernetti era un prestigioso científico y musicólogo que trabajaba en el laboratorio de física de la Universidad de Milán.
 
Jamás se retractó. Mantuvo su promesa de silencio hasta el final de sus días, pero nunca negó la realidad de su descubrimiento. Además, la reacción de la Iglesia no fue la habitual ante un hereje o un demente: nunca fue apartado del sacerdocio, ni sancionado, sino que siguió ejerciendo sus labores con la total confianza y el amparo de la Santa Sede.
 
La paradoja del silencio
 
Yo, personalmente, no creo en la existencia de una máquina del tiempo. La física elemental nos dice que es un imposible. Sin embargo, lo más increíble de esta historia, el detalle en el que la mayoría de la gente no repara, nos traslada de la física a la pura lógica periodística. Y es aquí donde surgen las preguntas que incomodan al sentido común:
 
Si dicho invento es imposible que exista o que —de existir— funcione, ¿por qué obligar a su inventor a guardar silencio y por qué expropiarle todo el material? Es cierto que un invento así sería extremadamente peligroso en manos inadecuadas, pero si estamos de acuerdo en que es un invento imposible, ¿por qué le obligan a callar?
 
¿Por qué se siguen negando desde el Vaticano a hablar del tema y guardan un absoluto silencio? ¿Por qué tanto empeño en ocultar una tontería de tal calibre? ¿No sería más fácil enseñar la máquina y los planos para que todo el mundo viese que era un fiasco, algo que no funcionaba? 
 
En el mundo de la comunicación bien sabemos que el tamaño de un secreto suele ser proporcional al tamaño de la verdad que esconde. Si el Cronovisor no fue más que un burdo cuento de campamento, el Vaticano ha desplegado el arsenal de censura más sofisticado de su historia para ocultar, simplemente, la nada.
 
Así las cosas, serás mejor que seas tú mismo quien saques tus propias conclusiones.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

lunes, 8 de septiembre de 2025

La anestesia epidural: Un invento español que cambió la Medicina

(AZprensa) Cuando pensamos en la anestesia epidural, lo primero que suele venir a la mente es su uso en los partos, una técnica que ha permitido a millones de mujeres dar a luz sin dolor, manteniendo la consciencia durante el proceso. Pero lo que pocos saben es que este revolucionario avance médico tiene raíces españolas y es obra de un médico militar aragonés, Fidel Pagés Miravé, quien en 1921 publicó un descubrimiento que transformaría para siempre la práctica quirúrgica y el manejo del dolor. Esta es la historia de un invento español que, a pesar de su impacto global, estuvo a punto de caer en el olvido.
 
Fidel Pagés: Un médico en tiempos de guerra
 
Fidel Pagés nació en Huesca en 1886, en el seno de una familia de clase media-alta. Desde joven mostró una pasión por la medicina, lo que le llevó a estudiar en la Universidad de Zaragoza, donde se graduó en 1908. Su vocación por ayudar a los demás y su deseo de estar donde más se le necesitaba lo condujeron a ingresar en el cuerpo de Sanidad Militar del ejército español. Esta decisión marcó su carrera, llevándolo a escenarios de gran sufrimiento humano, como la Guerra del Rif en el norte de África y la Primera Guerra Mundial.
 
Fue en el contexto de estas guerras donde Pagés desarrolló su interés por aliviar el dolor de los soldados heridos. En el frente, las condiciones eran extremas: los recursos médicos eran limitados, y las operaciones quirúrgicas se realizaban en circunstancias precarias. Pagés, profundamente afectado por el sufrimiento de sus pacientes, se propuso encontrar una forma más efectiva y segura de administrar anestesia. Su experiencia en Melilla, durante la Guerra del Rif, y su contacto con cirujanos alemanes en Viena durante la Primera Guerra Mundial, donde inspeccionó campos de prisioneros, le proporcionaron una base sólida para sus investigaciones.
 
El nacimiento de la anestesia epidural
 
En 1921, mientras trabajaba en el Hospital Militar de Urgencias de Madrid, Pagés publicó un artículo titulado Anestesia metamérica en la Revista Española de Cirugía y la Revista de Sanidad Militar. En este trabajo, describió por primera vez una técnica innovadora que consistía en inyectar un anestésico local en el espacio epidural, una región que rodea la médula espinal, sin perforar la duramadre (la membrana que protege la médula). Este método, que él llamó “anestesia metamérica” por su capacidad de bloquear el dolor de forma segmentaria, permitía realizar intervenciones quirúrgicas sin recurrir a la anestesia general, que en esa época entrañaba grandes riesgos.
 
El artículo de Pagés detallaba minuciosamente la técnica, incluyendo la anatomía del espacio epidural, el tipo de aguja utilizada, la dosis de anestésico y los efectos observados en 43 operaciones realizadas con éxito. Su enfoque era revolucionario: la anestesia epidural ofrecía un control preciso del dolor, mantenía al paciente consciente y reducía los riesgos asociados a otras formas de anestesia, como la raquídea o la general. Además, Pagés documentó las complicaciones y errores, demostrando un rigor científico admirable para la época.
 
Un descubrimiento olvidado
 
A pesar de su importancia, el trabajo de Pagés no tuvo la difusión que merecía. Publicado únicamente en español y en revistas nacionales, su artículo pasó desapercibido en la comunidad médica internacional. Para colmo, en 1923, a los 37 años, Pagés murió trágicamente en un accidente de tráfico mientras regresaba de unas vacaciones en el País Vasco. Su prematura desaparición silenció su legado, y durante años, su contribución quedó relegada al olvido.
 
En 1931, el cirujano italiano Achille Mario Dogliotti presentó una técnica similar en un congreso internacional, recibiendo el crédito por el descubrimiento de la anestesia epidural. Sin embargo, en 1932, el cirujano argentino Alberto Gutiérrez, quien había utilizado la técnica de Pagés desde 1929, denunció el error y reivindicó la autoría del médico español. Gracias a esta y otras voces, como la del anestesiólogo italo-estadounidense John J. Bonica en 1953, Pagés comenzó a ser reconocido como el verdadero pionero de la epidural. No fue hasta 1961 cuando su artículo fue traducido al inglés, y en 1975 al francés, permitiendo que su trabajo alcanzara una audiencia global.
 
El impacto de la anestesia epidural
 
Hoy en día, la anestesia epidural es una de las técnicas más utilizadas en la medicina moderna. En obstetricia, se emplea en hasta el 96% de los partos en algunos países, permitiendo un “parto sin dolor” que ha transformado la experiencia del nacimiento. Pero su uso va mucho más allá: es común en cirugías abdominales, torácicas y de extremidades inferiores, en el control del dolor postoperatorio, en el tratamiento del dolor crónico y como alternativa a la anestesia general en pacientes de alto riesgo. Su versatilidad y seguridad la han convertido en un pilar de la anestesiología.
 
El descubrimiento de Pagés no solo mejoró la calidad de vida de millones de pacientes, sino que también abrió la puerta a nuevas técnicas de anestesia regional. Su enfoque innovador, basado en un profundo conocimiento anatómico y en la empatía hacia sus pacientes, sigue siendo un modelo para los profesionales de la medicina.
 
Un legado que merece ser recordado
 
A pesar de su contribución, Fidel Pagés sigue siendo un desconocido para el gran público en España. En su ciudad natal, Huesca, se le ha rendido homenaje con exposiciones, conferencias y una estatua frente al hospital San Jorge. Además, la Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (SEDAR) otorga desde 1957 el Premio Fidel Pagés, y el Ministerio de Defensa creó en 2007 el Premio a la Investigación en Sanidad Militar Fidel Pagés Miravé. Sin embargo, en el resto del país, su nombre apenas aparece en los libros de texto o en el imaginario colectivo. Solo dos calles, una en Huesca y otra en El Vendrell (Tarragona), llevan su nombre.
 
La historia de Fidel Pagés es un recordatorio de cómo el talento y la dedicación pueden cambiar el mundo, incluso en las circunstancias más adversas. También es una lección sobre la importancia de difundir el conocimiento y proteger el legado de quienes, como Pagés, trabajan silenciosamente por el bien común. La próxima vez que escuches hablar de la anestesia epidural, recuerda que este gran invento lleva el sello de un médico español que, desde las trincheras de la guerra, soñó con un mundo sin dolor.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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jueves, 28 de marzo de 2024

Grandes inventos de la Medicina: El pulvi-inhalador Fisac

(AZprensa) Ya hemos visto en el apartado anterior cómo su descubrimiento de que la inhalación de sales cálcicas podía curar la tuberculosis abrió una nueva vía en el tratamiento de esta enfermedad, pero aquello era una teoría que había que llevar a la práctica y esto es lo que hizo su primo, el farmacéutico Joaquín Fisac, inventando el “Pulvi-inhalador Fisac”. Si bien diversas revistas científicas atribuyeron este invento a Gaspar Fisac (“El Siglo Médico”, “Revista de Ciencias Médicas de Barcelona”, “España Médica”, etc.) la realidad es que la idea de llevar ese ambiente cargado de sales cálcicas a los enfermos de tuberculosis mediante un aparato de inhalación fue idea de Joaquín Fisac, quien lo desarrolló y patentó, si bien contando siempre con la ayuda de Gaspar.
 
Así explicaba Joaquín el razonamiento científico que dio lugar al mismo:
 
“Ved la explicación que nos dábamos el Dr. Gaspar Fisac y yo, respecto a esta magna cuestión médica:
Las sales de cal tienen la propiedad de combinarse con el ácido carbónico para transformarse en bicarbonato cálcico soluble, el cual, por el calor y las diferencias de presión, deja desprender el anhídrido carbónico, y se precipita, por hacerse o convertirse en sal insoluble, carbonato cálcico.
Ahora bien, ¿Ocurre esto en la hematosis pulmonar de yeseros y caleros, donde la gran potencia química del ácido carbónico naciente que se exhala, acelera la trasformación de las partículas de cal que se inhalan, en bicarbonato cálcico soluble. Tal estado no produce la irritación o flogosis que llevan consigo otros polvos, por acumulación de materias sólidas; sino que aprovechando esta circunstancia de solubilidad, formaría, al ir poco a poco abandonando, por diferencias de presión, el anhídrido carbónico, la sal más estable, el carbonato cálcico, también conocido como creta; ya que constituye en parte el tubérculo cretáceo, impidiendo de esa o de otra suerte análoga, la pululación del bacilo de Koch. Esto en cuanto a la cal, que por lo que respecta a sus sales, como también es deglutido el polvo, va sujeto a otras trasformaciones químicas que lo hacen soluble”.
 
Para mayor seguridad consultaron con el catedrático de Química Biológica de la  Universidad central de Madrid, el Dr. José Rodríguez Carracido, el cual no sólo avaló sus hipótesis sino que les dio un valor añadido. Tal como explicó, el sulfato cálcico que dispensaba el inhalador, al entrar en contacto con los fluidos del organismo, formaba sales cálcicas por un proceso de doble descomposición. Por reacción ácido-base neutralizaban la acidez del bacilo, haciéndola mucho más vulnerable, pero además, y como estas sales cálcicas acababan precipitando, al depositarse arrastraban las cimasas que segregaba el bacilo de Koch, dando como resultado la paralización de la acción tóxica de dicho bacilo. En opinión, pues, del Dr. Carracido, el Pulvi-inhalador era una terapia doblemente eficaz.
 
Tan importante era, en este caso, el principio activo como el dispositivo para su administración. Pasemos, pues, a analizar primero dicho principio activo.
 
Gaspar Fisac había demostrado que los hidratos, ortofosfatos y sulfatos cálcicos simulaban perfectamente el ambiente que respiraban los yeseros y caleros y que dichas sales no irritaban la mucosa respiratoria. Si además se le añadía una sustancia balsámica como el eucaliptol y ácido benzoico, se conseguía un aroma mucho más agradable de respirar. Esta era, pues, la composición final:
 
- Hidrato cálcico: treinta y dos gramos, por cada cien gramos totales de preparado final.
- Ortofosfato cálcico: treinta y dos gramos, por cada cien gramos totales de preparado final.
- Sulfato cálcico: treinta y tres gramos, por cada cien gramos totales de preparado final.
- Ácido benzoico: un gramo, por cada cien gramos totales de preparado final.
- Eucaliptol: dos gramos, por cada cien gramos totales de preparado final.
 
Pero una cosa son los ingredientes y otra muy distinta y más complicada la forma de prepararlos. Esta tarea correspondió a Joaquín Fisac quien disponía en el laboratorio de su farmacia de cedazos y tamices con más de 4.000 orificios por centímetro cuadrado, lo que daba lugar a un polvo finísimo que podía ser inhalado perfectamente, llevando en las proporciones deseadas la mezcla de sus principios activos. Sin embargo, una vez conseguidos estos polvos, había que purificarlos para que no contuviesen ningún germen patógeno para, finalmente, envasarlos en frascos de cristal parafinados. Dichos envases tenían la cantidad necesaria para poder realizar inhalaciones diarias durante tres o cuatro meses, manteniendo en todo momento la estabilidad y propiedades de dicho polvo.
 
Para la administración de estos polvos era preciso disponer de un dispositivo que permitiese inspirarlo tanto por la boca como por la nariz, tal como explicaba Joaquín Fisac:
 
“El objetivo del aparato reside en la respiración y deglución de sales cálcicas, pues por ambos caminos se llega a la mucosa pulmonar, que es donde debe ejercer su efecto. La porción del polvo que pasa al organismo por la boca; se mezcla, y traga o deglute con la saliva, constituyendo así un tratamiento que, no es nuevo en absoluto, pues la naturaleza lo emplea hace muchos años, pero que no ha sido instituido hasta ahora como tal tratamiento. El Pulvi-inhalador Fisac, viene, pues, a llenar este vacío sentido hace mucho tiempo y puesto de manifiesto con todo rigor y constancia por los médicos españoles en la colaboración que tuvo la honra de recopilar el Dr. Gaspar Fisac en el año 1907”.
 
El aparato constaba de un recipiente de vidrio, de fondo redondeado, en donde se encontraban los principios activos; una pera de goma para propulsar la salida de estos polvos al exterior; y una boquilla que canalizaba la salida de esta pulverización en dirección al paciente.
 
El manejo de este inhalador era muy sencillo, según lo explicaba el propio inventor: “El manejo es sencillo, debe el propio enfermo u otra persona a su lado y enfrente a él, comprimir con suavidad la pera de goma, despacio y acompasadamente, a distancia de medio metro, poco más o menos de la boca del paciente, que la tendrá ligeramente entreabierta, y si la tos molestase alguna vez, debe inclinarse la cabeza un poco hacia un lado, pues de ese modo no se sustrae a la difusa y sutil inhalación que rodea a las personas”. Además aclaraba que: “Como el objeto fundamental es difundir el polvo calcáreo formando una atmósfera que envuelva al paciente, no es necesario que la inhalación se verifique directamente sobre al boca, aunque cabe realizarse a corta distancia de la misma. Puede llevarse a cabo con la cabeza ligeramente desviada del aparato”.
 
Esta sencillez de manejo la explicaba perfectamente Elena García Vela en su tesis doctoral “La farmacia en el entorno de La Mancha” (2015):
La primera premisa, era que el aparato debía estar sujeto entre ambas manos por el propio paciente o un cuidador de éste, o en su caso, bien apoyado sobre una superficie lisa, como por ejemplo una mesa.
La segunda de estas cuestiones hacía referencia a la distancia que debía existir entre el aparato y el enfermo; debiendo ser ésta de aproximadamente medio metro.
En cuanto al paciente; éste debía posicionarse a la citada distancia y siempre mantener la boca entreabierta, para que el polvo pudiese penetrar por ella y por las fosas nasales a una misma vez, para ejercer así su efecto por ambas vías de entrada, tal y como se ha tratado ya en puntos anteriores.
Para que el polvo alcanzase las vías del paciente; éste o su cuidador, debían comprimir con acompasado movimiento manual la bola o pera de goma incluida en el dispositivo.
Al momento de la inhalación, si esta había sido realizada dentro de una habitación cerrada, era frecuente notar en el ambiente el polvo en suspensión flotando. Mientras no se produjese tos por parte del paciente, no era necesario ni ventilar ni renovar el aire.
 
Con todo, y según expone Elena García Vela, se recomendaban una serie de consejos adicionales para el buen uso del citado invento:
En cuanto al uso del aparato, era necesario agitarlo muy bien antes de usarlo. El objeto de dicha acción era evitar así la acumulación del polvo que tenía una inevitable tendencia a depositarse en el fondo.
Sobre el momento del día en el cual era mejor realizar las inhalaciones, se consideraba conveniente que éstas, sin excepción alguna, se practicasen antes o entre las comidas. Este hecho se fundamentaba, en dos pilares bien definidos;
- El primero; que muchos pacientes, en su afán por una pronta curación, bien prolongaban demasiado tiempo las inhalaciones, bien acercaban demasiado el aparato a la boca. Ambas acciones podían tener como resultado común la inevitable producción de vómitos.
- El segundo; dado que parte del polvo resultaba deglutido, la mucosa del tubo digestivo se ponía en íntimo contacto con el mismo. Esto ocurría así especialmente cuando el estómago estaba vacío.
Y, finalmente, en cuanto al modo de conservar el Pulvi-inhalador, se aconsejaba conservarlo en un lugar fresco y seco, y tapado con una bola de algodón hidrófilo ya que, dada la naturaleza higroscópica de las sales que lo componían, si estas se desnaturalizaban y sufrían un proceso de hidratación, se convertirían en un compuesto pesado y grumoso por lo que había que desecharlas y abrir y limpiar bien todas las piezas internas del Pulvi-inhalador.
 
En cuanto a la posología, se recomendaba hacer las inhalaciones tres veces al día, aunque podían aumentarse o disminuirse en función de la gravedad y evolución de la enfermedad. Cada una de estas aplicaciones debía tener una duración de unos 10 minutos, aunque podían llegar a los 15 ó 20 en algunos casos. En cuanto al tiempo que debía mantenerse dicho tratamiento, se recomendaba un periodo aproximado de unos dos meses, aunque en casos graves podía prolongarse algo más. Concretamente se decía que “debe prolongarse varios meses, dos o tres como mínimo, dejando algún reposo de varios días al final de cada mes, y practicando las inhalaciones, durante diez o quince minutos, dos o tres veces al día, siendo lo ideal en los intermedios de las comidas”.
 
La indicación para la cual se desarrolló este medicamento fue la tuberculosis, pero también podía emplearse en otras indicaciones tales como: Hemoptisis, pulmonías, pleuresías, bronquitis, estados gripales y cualquier patología que comprometiera al sistema respiratorio, anemia y, de manera más general, en todos aquellos casos en los que fuese necesaria la tonificación del organismo.
 
El paso siguiente era patentar dicho invento y a este fin se presentó el 25 de abril de 1910 al Registro de la Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio, del ministerio de Fomento, concediéndosele la patente nº 47.881 al día siguiente, aunque no fue hasta el 16 de junio de 1910 cuando apareció publicado en el Boletín de la Propiedad Industrial.
 
Ya con la patente conseguida, el “Pulvi-inhalador Fisac” comenzó a comercializarse en España. Por supuesto que Joaquín Fisac lo vendía en su farmacia pero también podía encontrarse en otras muchas farmacias de toda España: Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Valladolid, Pontevedra, Cádiz, Sevilla, etc.
 
Para conseguir la mayor difusión posible, Joaquín editó en 1911 un folleto científico explicativo titulado “Pulvi-inhalador Fisac. Recalcificación de inhalaciones purulentas” y se hicieron eco de él diversas publicaciones, tanto de carácter científico (“El Siglo Médico”, “La Farmacia Española”, etc.) como generales (“Adelante”, “El Eco de Daimiel”, etc.).
 
Con el “Pulvi-inhalador” ya en el mercado, Gaspar Fisac publicó en 1911 una nueva obra, “Tratamientos de la tuberculosis e inmunidad de los yeseros y caleros” que suponía una ampliación de sus anteriores estudios, contando para ello con la colaboración de otros doctores, entre ellos el Dr. Hipólito Rodríguez Pinilla, catedrático de Medicina de la Universidad de Salamanca.
 
Así hablaban de él, por ejemplo, en el “Boletín del Colegio de Médicos de Tarragona” de octubre de 1911:
“...La miseria y los vicios efectivamente, son como afirman los autores, las causas del aumento de la enfermedad (la tuberculosis) y de su desarrollo en los individuos.
El tratamiento como la etiología, está expuesto con claridad suma dentro de los reducidos límites de la obra, y el capítulo sobre tuberculinas pone de manifiesto la diversidad de criterios que han precedido a su preparación, y respecto determinación del índice opsónico resulta no ser clínico el procedimiento como no lo es tampoco el de la tuberculinoterapia.
La quinta parte de la obra está destinada al estudio de las inmunidades profesionales, en especial de los yeseros y caleros, con las diversas comunicaciones presentadas a diversos Congresos por el Dr. Fisac, seguidos de la parte estadística, que es importantísima, viéndose en ella los resultados del tratamiento por las inhalaciones calcáreas y técnica del tratamiento con el ‘Pulvi-inhalador’ del farmacéutico J. Fisac”.
 
Unos años más tarde, con la aparición del “Reglamento para la Elaboración y Venta de Especialidades Farmacéuticas”, de seis de marzo de 1919, Joaquín Fisac decidió hacer los trámites administrativos necesarios para registrarlo como especialidad farmacéutica.
 
Se entendía por “especialidad farmacéutica” todo medicamento de composición conocida e identificada claramente, que se dispensase en farmacias –previa prescripción del médico- en un envase uniforme y precintado. Para ello debían estar registradas previamente y contener una sustancia “muy activa” (lo que hoy se conoce por “principio activo”), es decir, aquella cuya dosis máxima de administración inicial fuera de fracción de miligramo a cinco centigramos como máximo. En este caso concreto, los cinco compuestos utilizados, cumplían esta premisa.
 
Como no estaba permitido que un farmacéutico vendiese especialidades farmacéuticas que llevasen su propio nombre, Joaquín Fisac le cambió el nombre por “Pulvi-inhalador de  sales calcáreas” registrándolo así en la Dirección General de Sanidad en 1922 con el nº 2216. De esta forma podemos conocer que esta especialidad farmacéutica fue la primera de su clase que se registró en España, puesto que –hasta entonces- tan solo era posible acceder a preparados con esta vía de administración, procedentes de otros países, ninguno de los cuales tampoco llevaba en su composición, estas u otro tipo de sales calcáreas. En realidad, los dos competidores con que tuvo que enfrentarse eran “Arsicalcina” y “Neobios”, el primero en forma de comprimidos y el segundo en ampollas para su administración hipodérmica.
 
Precisamente para su registro como especialidad farmacéutica se indicaba en la documentación presentada que “no el interés industrial, sino el de prestar facilidades técnicas instrumentales al estudio y práctica del Dr. D. Gaspar Fisac, demostrando con sus investigaciones y estudios; avalados todos ellos por la opinión de millares de médicos españoles, en su obra ‘La inmunidad de yeseros y caleros para la tuberculosis’, fue el móvil de mi preparado ‘sales calcáreas’, y el de idear un aparato para posibilitar su aplicación, el ‘Pulvi-inhalador Fisac’. Demostrando de este modo, en la práctica, sus efectos curativos en los procesos tuberculosos de forma tórpida”.
 
Tanto Gaspar Fisac como Hipólito Rodríguez Pinilla y otros doctores de la época corroboraron los beneficios que reportaba esta especialidad farmacéutica, mejorando el estado pulmonar hasta la curación; e incluso hablaban de propiedades tales como las de antipirético, regulador del apetito y anticongestivo. Esos efectos beneficiosos se sustentaban, en su opinión, en cuatro factores fundamentales:
- El hecho de que las autopsias demostrasen tubérculos calcificados en sujetos que no habían muerto de tuberculosis.
- La demostración llevada a cabo por el Dr. Fisac, probando que tanto caleros como yeseros no padecían la tuberculosis.
- Lo inocuo del tratamiento, con la ausencia casi total de efectos adversos derivados de su uso, siendo además fácilmente aceptado por los enfermos, y compatible con otras medicaciones.
- Y finalmente, la superioridad del beneficio ejercido por las inhalaciones frente a la ingesta por vía oral de preparados a base de calcio.
 
Finalmente en 1940, Joaquín Fisac –con motivo de su jubilación- dejó de fabricar esta especialidad farmacéutica pionera y por ello realizó los trámites administrativos necesarios para darla de baja. Como prueba fehaciente de la lentitud de la burocracia, se tardaron seis años hasta que la Jefatura Provincial de Sanidad de Ciudad Real anulase el registro que, sin embargo, siguió en el Archivo General de la Administración hasta abril de 1958, esto es, no se cerró definitivamente el proceso de baja de esta especialidad ¡hasta 12 años después de haberlo solicitado!
 

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viernes, 3 de febrero de 2023

Inventan un caramelo inteligente para detectar enfermedades

(AZprensa) El programa ChemoStart del grupo Insud Pharma ha anunciado los ganadores de su VI Edición: un caramelo inteligente para detectar enfermedades y un dispositivo no invasivo para evaluar el riesgo de parto prematuro, ambos desarrollados por compañías españolas.
 
Por lo que se refiere al caramelo ha sido presentado por The Smart Lollipop, una nueva compañía innovadora (ahora se empeñan en llamarlas “startups”, cuando fácilmente podemos llamarlas compañías emergentes o de reciente creación, o simplemente nuevas compañías). Según han explicado ese llamado “caramelo inteligente” es un dispositivo compuesto por una parte desechable para la recolección y análisis de la saliva y otra parte que sirve para digitalizar la respuesta y trasladarla a un lector opto-electrónico.
 
Su gran ventaja es que el análisis de la saliva es una opción alternativa al análisis de sangre, pero mucho más sencilla y rápida: 10 minutos. Esto permite la detección temprana de algunas enfermedades (como colesterol y diabetes), sobre todo en aquellos casos de enfermedades asintomáticas o por el contrario de las que cursan con muchos síntomas y son difíciles de identificar.
 
La otra nueva empresa premiada ha sido INNITIUS, que ha presentado un dispositivo para evaluar el riesgo de parto prematuro espontáneo. Se trata de un dispositivo médico no invasivo llamado “Fine Birth” que, a través del uso de un nuevo tipo de onda, las ondas de torsión, analiza la consistencia del tejido del cuello del útero permitiendo diagnosticar falsas amenazas de parto prematuro en urgencias, pronosticar el riesgo de parto prematuro en la semana 20 de embarazo o confirmar si en la inducción al parto el fármaco que provoca artificialmente las contracciones está haciendo efecto o no.
 
Tan importante es este dispositivo que se cree que podría evitar, sólo en Europa, más de 200.000 hospitalizaciones innecesarias y más de 120.000 muertes de neonatos al año.
 
Ahora, el programa ChemoStart del grupo Insud Pharma les proporcionará asesoramiento y preparación para avanzar en su proyecto, así como para conseguir la financiación necesaria para el futuro.



 






En la imagen superior, los ganadores y los responsables de Chemostart e Insud Pharma, que aún no han inventado la forma de colocarse de otra forma en la fotografía para que se les vea mejor.
 

De los orígenes de Alfred Nobel a la cumbre de la industria farmacéutica.
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miércoles, 9 de diciembre de 2020

Los inventos del TBO

(AZprensa) Los mayores recordamos con nostalgia aquél semanario de humor para niños que se llamaba “TBO” (pronunciado: tebeo). Tanto fue su éxito que pasó la palabra “tebeo” pasó a considerarse como un nombre genérico de todos los semanarios infantiles, eso que los jóvenes de ahora conocen como “comics”. Aquél original “TBO” tenía una sección titulada “Los grandes inventos del TBO” en donde se ofrecían ingeniosas soluciones a todos los retos diarios que afrontamos mediante originales y disparatados mecanismos. En la ilustración que hemos elegido para ilustrar este comentario podemos apreciar la “genial” idea de un coche que se mueve sin necesidad de combustible, sólo es necesario poner delante de él un imán que dirigiremos hacia otro coche y por la fuerza de atracción natural tirará de nuestro coche tras de él. Cuando queramos cambiar de dirección, sólo será neecsario bajar un panel para bloquear la acción del imán y buscar otro coche que vaya en la dirección que deseamos seguir.
 
¿Y qué pasa de nuestros políticos? ¿Dónde han estudiado? ¿Habrán recibido clases del responsable de aquella sección? La verdad es que cada día nos sorprenden con una idea a cual más disparatada, y se quedan tan panchos. Veamos la última ocurrencia…
 
Se acerca el día del año más esperado por los niños españoles, el “Día de Reyes”. Con ilusión aguardan ese mágico día en que verán, al despertarse, un montón de juguetes que les han traído sus majestades de Oriente por haber sido buenos. La noche del 5 de enero, los Reyes Magos llegan a nuestras ciudades y pasean en todo su esplendor por las calles, les acompañan camellos, pajes, múltiples carrozas todas ellas llenas de los juguetes que repartirán esa noche. Padres y niños se agolpan en las aceras para ver pasar a sus Majestades mientras una lluvia de caramelos hace estallar de júbilo a los más pequeños.
 
Llega la Navidad del año 2020 y todos los niños esperan acercarse a ver la cabalgata del “Día de Reyes” pero… ¿qué pasa? “¿No van a venir los Reyes Magos este año?”, se preguntan con preocupación los niños. “¿Le tienen miedo al coronavirus y se han quedado en Oriente y a nosotros nos van a dejar sin regalos?”, balbucean intentando no dejar escapar alguna lágrima.
 
Pero no, no os preocupéis, niños, que para eso están aquí nuestros políticos, salidos de la más alta escuela de “Los grandes inventos del TBO”. Nuestros políticos siempre encuentran la solución a todos nuestros males y en este tema no podía ser menos; por eso han encontrado la solución ideal, una solución innovadora, digna del primer premio en “Los grandes inventos del TBO”. Nos han dicho que “sí habrá cabalgata de Reyes, sólo que la de este año será estática”. ¿Cómo? ¿Una cabalgata que no se mueve? ¿Cómo es eso de algo que se mueve pero no se mueve?
 
Consultando tan peliagudo asunto con algunos expertos nos lo han aclarado: Los Reyes Magos estarán sentados en un sitio fijo y serán los niños los que se muevan. Algo así como un coche que no se mueve pero le van pasando el paisaje para que parezca que se mueve. De esta forma, los niños podrán ver a los Reyes magos, pero después de haber esperado varias horas en una larguísima cola a la intemperie hasta que al final consiguen situarse a metro y medio de ellos durante unos segundos y saludarlos a distancia para que nadie se contagie. 

Son muy listos. Una cabalgata en la que sólo se mueve el paisaje no la carroza. Unos niños que van pasando ordenadamente por allí (guardando la distancia de seguridad) tras una interminable cola, algo así como lo que hemos visto en la despedida ante el féretro de Maradona. La otra solución que han propuesto es que sí haya cabalgata pero sólo pueda verse sentados en unas sillas convenientemente separadas unas de otras que habrá puesto en las aceras el Ayuntamiento... claro que como no habrá sillas para todos los miles de padres y niños que antes acudían a esta celebración, sólo podrán disfrutar de la cabalgata en directo los privilegiados que obtengan su entrada con derecho a asiento, es decir, amiguetes de los políticos y compromisos con los patrocinadores. Los demás que se j... y a verla por televisión.
 
Ya lo dije: el coronavirus afecta al cerebro, sobre todo al de nuestros políticos.


Como todo en esta vida, lo mejor es el humor...
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