(AZprensa)
Resulta escalofriante revisar la hemeroteca y comparar en muchos casos lo que
se decía hace años con la situación actual, y la Pediatría es un buen ejemplo.
Todos sabemos que hay un claro déficit de pediatras en España, pero ¿cómo era
la situación hace una década? Repasemos una noticia del año 2010 con motivo de
la celebración del 59º
Congreso de la Asociación Española de Pediatría (AEP).
Allí
se dijo (y no olvides que estamos hablando del año 2010) que “la situación de
la Pediatría pasa por un momento muy delicado". Destacaban que en relación
al déficit que existe en este ámbito, muchas de las plazas (tanto en centros de
salud como en hospitales) deberían estar cubiertas por pediatras y no lo están,
cubriéndolo médicos generalistas. "Esto puede conllevar a que estas plazas
se consoliden y pasen a estar ejercidas por estos médicos que no tienen una
formación específica en Pediatría. Tenemos diferentes estudios realizados en
los que se demuestran que la asistencia de los niños cuando es impartida por
pediatra es objetivamente mucho mejor que cuando es impartida por médicos de
familia", dijeron muy claramente en este Congreso.
Uno
de los principales motivos por lo que esto tenía (y ya hemos visto que “tiene”)
difícil solución es porque un pediatra cuesta "mucho tiempo
formarlo", en concreto, son un total de 11 años. Y apuntaban la necesidad
de empezar a impulsar medidas, como por ejemplo aumentar el número de plazas de
Medicina, crear más facultades u homologar los títulos de pediatras de otros
países, entre otros. Pero con respecto a este último punto reiteraban cómo
debían exigirse unos niveles mínimos a la hora de homologar los títulos de los
extracomunitarios.
Y
para colmo también en Pediatría había (y hay) fuga de cerebros. Ya se decía
entonces que “en España se está formando a la mitad de su capacidad para
ejercer fuera del país, a lo que habría que añadir que muchos doctores
españoles suelen irse a otros países porque hay mejores condiciones”.
Se
considera que para la creación de una plaza de pediatra en una Zona Básica de
Salud tendría que haber "al menos" 600 pacientes para un especialista
en salud infantil, y la realidad entonces era que "un 20 y un 30 por
ciento" de las plazas de pediatras están siendo ocupadas por médicos de
familia. De ahí que el déficit sería de un 25 por ciento si ejercieran todos
los especialistas en salud infantil.
Pero
no sólo en esto había (y hay) déficit; también lo hay en investigación: "Ese
déficit de la investigación de la Atención Primaria nos va a evitar conocer,
sobre todo, los aspectos epidemiológicos de nuestra población", decían.
En
definitiva, unas carencias que lejos de irse solventando han ido empeorando con
el transcurrir de los años.
Echemos
una mirada a las noticias sobre salud, desde otra perspectiva…
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(AZprensa) Todo
el mundo se ha hecho esta pregunta: “¿Por qué no hemos vuelto a la Luna?”. Han
pasado 54 años desde en 1969 se pisara la Luna por primera vez con el Apolo 11
y más de 51 años desde que en 1972 se pisara la Luna por última vez con el
Apolo 17). Efectivamente sorprende que en tantos años, y con todo lo que se ha
avanzado en la ingeniería aeroespacial, no hayamos vuelto a la Luna; pero la
razón es mucho más vulgar de lo que nos hubiera gustado imaginar: falta de
presupuesto.
Los
viajes a la Luna fueron posibles porque el Gobierno de Estados Unidos
destinó a la NASA, por motivos políticos
y con el respaldo unánime de la opinión pública, unos presupuestos
estratosféricos. Tres años después, con siete misiones más (de las cuales seis
se culminaron con éxito y sólo una –el Apolo 13- no pudo alunizar aunque se
consiguió traer vivos a los astronautas), la supremacía de Estados Unidos había
quedado más que demostrada, la Guerra Fría ya era cosa del pasado, y la opinión
pública apenas si prestaba atención a estas hazañas que habían pasado a ser
rutinarias, estando mucho más preocupada por asuntos materiales más cercanos
(el empleo, la asistencia social, la calidad de vida de los ciudadanos, etc.).
En definitiva, había que recortar drásticamente aquellos presupuestos
destinados a la NASA y dedicar el dinero a cosas que incidieran directamente en
el bienestar de los ciudadanos.
Si
hoy día quisiésemos ir de nuevo a la Luna, harían falta unos presupuestos que
la población no estaría dispuesta a asumir, ya que hay otras necesidades
materiales de la población que requieren atención inmediata. Por esta misma
razón el tan ansiado viaje a Marte (el cual sí que despierta más interés entre
el público) se sigue demorando e incluso ya anuncian que primero irán algunas
misiones tripuladas sólo por robots para ir preparando el terreno y
acondicionando el lugar para cuando más adelante lleguen los primeros
humanos... lo cual significa seguir alargando el plazo y optar por soluciones
menos costosas y de menor riesgo.
La
Luna ha quedado como un sueño que se alcanzó una vez y que ahora ya no sirve
para nada, no ilusiona, porque la gente prefiere mejorar su calidad de vida
antes que darse el capricho de ver realizado un simple sueño.
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completa Guía de todos los planetas y satélites de nuestro sistema solar…
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(AZprensa)
Hoy he rescatado de la hemeroteca este artículo que escribí el 18 de octubre de
2021. Es un claro ejemplo de la hipocresía actual de los medios de
comunicación. Así que ya lo sabes… ¡Como para fiarte de ellos!
Decía
así:
Si
eres lector del diario “El País” o ves cualquier canal de televisión en España,
no te habrás enterado que ayer un boxeador español (Sandor Martin) entró en la
élite mundial al derrotar al cuatro veces Campeón del Mundo (Mukey García). Si
se tratase de otro deporte, aunque fuese minoritario, sí que habrían destacado
la gesta de ese deportista español, pero los diarios nacionales y las
televisiones, como fieles aliados de la izquierda progre, ningunean al boxeo a
pesar de que este deporte está incluido en las Olimpiadas, tienes miles de
seguidores y una larga tradición de campeones en España.
Pero
en el caso de “El País” la hipocresía alcanza tintes insospechados: El diario
“El País” se rige (en teoría) por unos sólidos principios y normas, los cuales
vienen recogidos en su “Libro de estilo” (ver imagen). Uno de sus capítulos
hace referencia a las “singularidades” propias de esta publicación, entre las
cuales nos llama la atención la “singularidad informativa 1.32”.
Dice
en este punto que “La línea editorial del periódico es contraria al fomento del
boxeo, y por ello renuncia a recoger noticias que contribuyan a su difusión”.
Hasta aquí todo normal, ya que cada cual escribe sobre lo que quiere y si este
periódico no quiere dar ninguna noticia sobre boxeo está en su derecho de
hacerlo, aun cuando eso suponga hurtar al lector de sus secciones deportivas
determinados acontecimientos que son claramente de interés informativo como
cuando un boxeador español gana un campeonato internacional, por citar solo un
ejemplo.
Pero
veamos lo que añade también en este punto: “El periódico no publica
informaciones sobre la competición boxística, salvo las que den cuenta de
accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el sórdido mundo de esta
actividad”. ¡Toma ya! Resulta que tiene como principio no hablar de boxeo, pero
si la noticia es mala, entonces sí.
¿Dónde
queda su principio de “acoger todas las tendencias, excepto las que propugnan
la violencia para el cumplimiento de sus fines”? Este diario califica al boxeo
como actividad violenta y no le dedica información aun cuando las noticias sean
importantes y positivas; en cambio sí que le dedica información cuando la
noticia es mala y evidentemente violenta.
“El
País” se contradice a sí mismo, incumple sus propios principios de libertad de
información y se muestra como un hipócrita que tira flores a sí mismo diciendo
que no habla de boxeo porque es violento, pero luego tienen todas sus páginas
llenas de informaciones violentas (violencia en el deporte, violencia de
género, violencia en conflictos armados, violencia en revueltas callejeras…).
Este
es el verdadero significado de las palabras que se utilizan en política y que
no quieren que descubras…
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(AZprensa) Cuando llega la primavera miles de personas padecen alergia al polen; otras personas padecen alergia a los ácaros, al polvo, pero… ¿se podría padecer alergia en la Luna? La respuesta es que sí, y este curioso caso sucedió con los astronautas que pisaron la Luna en 1972 y que además de traerse unos cuantos kilos de piedras se trajeron también un pequeño resfriado alérgico... la primera alergia extraterrestre conocida. Aunque todos los astronautas que pisaron el suelo lunar estuvieron en contacto con el polvo de nuestro satélite, fueron los últimos astronautas quienes se vieron más afectados por el mismo, quizás porque los tripulantes de las últimas misiones fueron quienes permanecieron más tiempo y realizaron más caminatas sobre su superficie. Este polvo es tan fino que puede adherirse a las junturas de los trajes y ser transportado de esta manera hasta el interior de la nave y, una vez dentro, penetrar en los poros y los pulmones de los exploradores lunares, provocando no solo malestar pasajero, sino que podría dar lugar a males mayores como la silicosis o la intoxicación con metales pesados.
Gene Cernan, comandante de la Apolo 17, el último hombre en pisar la Luna contó que tardó dos meses, a base de duchas diarias, en poder quitarse de encima todo el polvo lunar que trajo impregnado por todas partes al regreso de su misión. Tanto él como Jack Schmitt, un geólogo que fue el único científico que pisó la Luna, permanecieron más de tres días en el Valle Taurus-Littrow, en el sector suroriental del Mar de la Serenidad en la Luna.
En diciembre de 1972, los dos aventureros realizaron tres largas caminatas con la ayuda de un vehículo lunar, recorriendo 30 kilómetros y recolectando 110,5 kilos de rocas lunares en las 22 horas y 4 minutos que estuvieron fuera del módulo lunar. Como se ve, tiempo más que suficiente para quedar cubiertos por completo con ese oscuro polvo de la Luna.
La primera impresión de Cernan es que era "suave como la nieve, pero extrañamente abrasivo". Más curiosa resulta la confidencia del astronauta John Young, del Apolo 16, quien no dudó en afirmar que su sabor "no es nada malo". Pero si en algo estuvieron todos de acuerdo, desde Neils Armstrong hasta Cernan, es en que el polvo lunar "huele a pólvora quemada".
Cada vez que los exploradores lunares regresaban a su refugio en el módulo lunar, lo llevaban involuntariamente con ellos. Se les pegaba a las botas, piernas y guantes, y no importaba lo mucho que intentaran quitárselo de encima, cepillándose el traje a conciencia antes de entrar en la cabina; siempre había algo (más bien mucho) que se colaba al interior. Una vez dentro, ya sin los cascos ni los guantes, podían sentir el olor y el sabor de la Luna.
Este elemento provocó el primer caso de alergia extraterrestre, cuando el geólogo Jack Schmitt informó por radio a Houston con su voz congestionada que: "Luego de sacarme el casco tras la primera salida, me atacó muy rápido una reacción al polvo. Sentí como se me mojaban las fosas nasales". Algunas horas más tarde la reacción pasó. "Pero me volvió luego de la segunda y tercera salida, aunque con menor intensidad. Creo que desarrollé algún tipo de inmunidad al polvo lunar", declaró posteriormente.
Es curioso que el único civil entre los astronautas que descendieron a la Luna haya sido también el único que informase de esta reacción. ¿No la tuvieron o no lo admitieron? Riéndose, Schmitt dice que "los pilotos son reacios a informar de sus enfermedades, temen que los dejen en tierra". A diferencia de los demás astronautas de las misiones Apolo, este era el único científico y por consiguiente no podía callar lo que le pasaba. Schmitt afirma que era muy sensible a "los olores a combustible quemado de Houston y al humo del cigarrillo, me volvían loco" afirma, mientras que los demás astronautas estaban acostumbrados, era su ambiente natural.
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(AZprensa) El sanchismo y la ultraizquierda andan
escandalizados porque una imagen de televisión mostró un movimiento de labios
sospechoso en la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso,
cuando estaba como espectadora de un nuevo capítulo de resistencia del
presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que concede todo lo que le pidan con
tal de seguir amarrado al poder.
Ese movimiento de labios parece –según dicen- que se
correspondía con las palabras “hijo de puta” como reacción a las calumnias que
Pedro Sánchez estaba pronunciando en la tribuna de oradores. Isabel Díaz Ayuso,
al ser preguntada por este incidente, respondió que lo que ella dijo fue “me gusta
la fruta”.
Esto ha enrabietado más aún al sanchismo y sus secuaces,
porque según ellos los insultos sólo los pueden proferir ellos… y la hipocresía
también es patrimonio exclusivo de la ultraizquierda y el sanchismo. A tal
respecto, Díaz Ayuso ha recordado que ella ha tenido que soportar múltiples
insultos y que luego sus autores se desdecían con la mayor hipocresía del mundo.
Pues no sabemos si es que les habrá pagado con la misma moneda o si es verdad
que le gusta la fruta.
Vamos a suponer que lo que llamó a Pedro Sánchez por lo
bajini fue “hijo de puta”. ¿Estaría justificada tamaña falta de respeto? Pues
hay que ver cómo, cuándo y por qué se produjo ese “presunto” insulto. Pedro Sánchez,
sabe como todo el mundo, que hace meses acusaron a Díaz Ayuso de corrupción y
que después se demostró que esas acusaciones eran falsas, que no había ninguna
irregularidad en sus actuaciones. Pues bien, Pedro Sánchez, sabiendo todo esto,
volvió a acusar de corrupción a la presidenta de la Comunidad de Madrid.
Alguien que abusando del poder, y a sabiendas de que la acusación que profiere
es falsa, y va la repite otra vez… el que hace eso es un hijo de puta.
Total, que como eso ya es sabido por todos, no es de
extrañar que Díaz Ayuso como el resto de españoles de bien, pasase de semejante
individuo y hablase de cosas más agradables y nutritivas como la fruta, que es
muy sana y muy buena para la salud. Y mucha salud nos va a hacer falta para
sobrevivir a la destrucción de España que ha comenzado hoy.
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