(AZprensa) El despacho que tenía el presidente dela OMC,
Juan José Rodríguez Sendín, era el más grande de todos, hasta tenía un tresillo
para mantener en él relajados coloquios, así como un cuarto de baño propio
(para que sus pises y cacas no se mezclasen con los de la plebe), aparte claro
está de su mesa de reuniones y su mesa individual de despacho (la más grande,
también). Así era el despacho que heredó del anterior presidente; pero esto no
debió parecerle suficiente a Rodríguez Sendín cuando accedió a la presidencia.
Además de cambiar los muebles y comprar otros nuevos a su gusto, decidió que
aquél despacho era pequeño para su ego y quería más espacio. Pero el espacio es
el que es (esto lo saben bien los arquitectos) y no se puede inventar más
espacio cuando no lo hay, salvo que… invadas los espacios vecinos. Y eso fue lo
que hizo. Como en toda explosión, que provoca una onda expansiva, se apropió
del despacho que había junto al suyo, las secretarias que ocupaban ese espacio
tuvieron que mudarse a otro, los que ocupaban ese otro tuvieron que mudarse a
otro… y así sucesivamente hasta que llegaron a los departamentos de Formación y
Fundación que salieron despedidos, por esa onda expansiva, ¡varios cientos de
metros más allá!
Es decir, el capricho de ampliar su despacho supuso no
sólo el coste de remodelación de todos los demás despachos, sino el tener que
alquilar un local junto a la Carrera de San Jerónimo (una de las zonas más
caras de Madrid) para instalar allí esos dos departamentos que ya no cabían en
su emplazamiento original. Y es que además, si el gasto de remodelación se
pagaba una vez, el de alquiler ya era un gasto permanente; así que el citado
capricho de ampliar el despacho salió por un precio desorbitado... que aún se
sigue pagando mensualmente como todo alquiler, en este caso a costa de las
cuotas que pagan los médicos, que de eso es de lo que vive la OMC.
Si escribes “Vicente Fisac” en Amazon, podrás ver todos
los libros de este autor.
(AZprensa)
El tifus es una enfermedad infecciosa aguda producida por la bacteria
Rickettsia prowazeki. Surge con más frecuencia bajo malas condiciones
higiénicas, de hacinamiento y de pobreza. El agente transmisor es el piojo del
vestido y su principal material contaminante son las heces de los piojos al ser
inhaladas, pulverizadas con el polvo o la sangre de los pacientes. Tras un
periodo de incubación de siete a 14 días se comienza con malestar,
quebrantamiento general y súbitamente con escalofríos, fiebre alta y ojos
rojos, para pasar después a un brote pápulomaculoso por todo el cuerpo y
hemorragias. Hacia el décimo día es el momento crucial de la enfermedad, o bien
el enfermo empeora con presentación de coma y muerte, o bien empieza a mejorar
de una manera definitiva.
El
tifus asoló Daimiel en más de una ocasión por lo que existía una gran
sensibilidad hacia este problema y por este motivo, en aras a evitar una nueva
epidemia, en 1909 Gaspar Fisac convocó
la Junta Local de Sanidad, de la que formaba parte, tras haber detectado
un caso de fiebre tifoidea. Expuso Gaspar que era necesario poner todos los
medios que fuera preciso para evitar una epidemia y, como primera medida
recomendó el aislamiento de los familiares del afectado y la desinfección de la
habitación del enfermo con sulfato de cobre. Sin embargo, como eran conscientes
que en estos casos muchos ciudadanos no hacen caso de las recomendaciones, se
exigió la vigilancia para el estricto cumplimiento de los mismos, por parte de
agentes de la Autoridad.
También
se mandó vigilar el lavadero, poniendo en marcha las medidas oportunas de
desinfección de las pilas y en especial cuando se tratase de ropa de afectados
por la enfermedad o de sus familiares. Solicitó la compra de una estufa de
desinfección pero, consciente de que esto llevaría un tiempo, expuso la
necesidad de adoptar unas medidas provisionales: “Recomiendo se adquiera una
estufa de desinfección, y mientras esto sucede, se tratarán las ropas de
enfermos y fallecidos con una disolución de sulfato de cobre y de sal común, y
se fumigarán las habitaciones de éstos con formalina, que es muy energética y
no cara, porque el formol comercial vale dos pesetas cincuenta el litro”.
Estas
fueron las medidas que finalmente acordó poner en marcha la Junta Local de
Sanidad:
1.-
Que en cuanto se tuviera sospecha de algún caso dudoso de enfermedad contagiosa
ya fuera fiebre tifoidea o cualquier otro mal, se pusiera en conocimiento del
Alcalde, para así poder adoptar medidas contundentes a fin de aislar al
atacado.
2.-
En cuanto a los fallecidos; debían ser inmediatamente trasladados al depósito
de cadáveres del cementerio. Antes de regresar, sería igualmente necesario
fumigar tanto el coche que había servido de trasporte como al conductor del
mismo.
3.-
Una comisión compuesta por el Inspector de Sanidad, Pedro María Lozano, el
Médico titular, Gaspar Fisac y el Farmacéutico municipal, Joaquín Fisac,
debería visitar, con el fin de inspeccionar, el lavadero público. Sería
necesario que dicha comisión pusiera en conocimiento de su dueño, Patricio
Redondo, el acuerdo al que acababa de llegar la Junta para que procediera a
desinfectar las pilas tal como se había acordado, siendo tarea de esta comisión
velar por que se mantuviesen siempre con la mayor limpieza posible.
4.-
Las habitaciones donde hubiera fallecido un enfermo contagioso, deberían ser
enérgicamente desinfectadas, del mismo modo se procedería con todas sus ropas,
que serían cocidas en una disolución de sal común.
Si
escribes “Vicente Fisac” en Amazon, podrás ver todos los libros de este autor.
(AZprensa) Al que fuera presidente de la OMC cuando me
contrataron, Isacio Siguero, tengo mucho que agradecerle, ya que me dio la
oportunidad de trabajar en esa organización durante los últimos años de mi
etapa profesional; por ello lo que voy a contar no es ningún secreto sino algo
que él refería con frecuencia a quienes compartían unos minutos de charla
después de cualquier acto oficial.
Contaba que en una ocasión le propusieron estar en la
presidencia de un acto, algo que él aceptó pero, llegado el momento, comprobó
con desagrado que el lugar principal de la mesa no era para él sino que lo
ubicaban en un extremo. Entonces él muy digno se dio media vuelta, pegó un
taconazo estilo militar, y se marchó decidido y con la cabeza erguida tal como
hace el cantante Raphael en sus conciertos.
Yo mismo pude comprobar cómo cada vez que le proponían
estar en una mesa presidencial, lo primero que hacía era preguntar quiénes iban
a estar en esa mesa y qué lugar ocuparía él. Si el lugar que le adjudicaban no
era el principal, simplemente no aceptaba.
Y aún hay más. La revista “Redacción Médica”, del grupo
editorial Sanitaria 2000 organizaba cada verano una “Cena de verano”, a la que
acudía todo el mundo sanitario. Allí se ponían unas mesas especiales en donde
se sentaban la ministra de Sanidad, los consejeros, los presidentes de los laboratorios
que pagaban esa cena multitudinaria, y algunos altos cargos del mundo sanitario
profesional. Un año, estaba sentado en una de esas mesas principales cuando
llegaron los organizadores y con gran apuro le dijeron que la ministra de
Sanidad, a pesar de que había excusado su asistencia, al final había llegado y
tenían que sentarla en esa mesa y por consiguiente a él desplazarlo a otra.
Aquello le sentó tan mal que al año siguiente, cuando se celebró la siguiente
“Cena de verano”, nos pidió a los miembros de la OMC que habitualmente
asistíamos a esa cena, que no fuésemos en señal de protesta por tal
menosprecio. Doy fe que yo, como buen chico, acepté y excusé mi presencia
aunque me hubiera gustado asistir.
Y ya de paso, comentar que esa fastuosa cena con cientos
de invitados, en el lujoso marco de la finca “Las jarillas”, en la carretera de
Colmenar, antes de llegar a Tres Cantos, la organizaba la revista “Redacción
Médica” pero la pagaban cuatro o cinco laboratorios. ¿Qué obtenían a cambio de
ese dinero los laboratorios? Pues sólo el “honor” de sentarse en las mesas
donde se sentaban la ministra de Sanidad, los Consejeros de Sanidad y algún
otro alto cargo de la Administración. Sólo eso y… bueno, sí, que apareciese el
logo del laboratorio en los anuncios del evento. La verdad, muy poco
rendimiento publicitario para un coste de patrocinio tan alto. Pero ya se sabe
que la vanidad está por encima de todo.
Si escribes “Vicente Fisac” en Amazon, podrás ver todos
los libros de este autor.
(AZprensa)
Entre las diferentes epidemias que afectaron a Daimiel a finales del siglo XIX
y principios del siglo XX hay que incluir la gripe. Aunque hoy se dispone tanto
de vacunas como de remedios farmacológicos para paliar sus efectos, en aquellos
años era realmente difícil combatirla, labor que dificultaba su facilidad de
contagio y un hecho concreto que vino a complicarlo más aún: la aparición por
mutación de diferentes cepas del virus, convirtiendo a la gripe en una
enfermedad mortal en muchos casos.
En
1918 y ante la posibilidad de que una epidemia alcanzase a Daimiel, puesto que
se habían dado casos en pueblos vecinos, fue convocada la Junta Local de
Sanidad. Como no eran muchos los casos se consideró exagerado declarar la
epidemia, decantándose por la medida más prudente de poner en marcha una serie
de medidas preventivas. Entre estas figuraban:
Recoger
y retirar de toda vía pública, tanto la tierra como cualquier otro desperdicio
que pudiera obstruir el correcto drenaje de las aguas, con la posterior
acumulación y estancamiento de las mismas.
Regar
las calles dos veces al día; tanto lo que constituía la acera como lo que era
el propio centro de la vía.
También
la plaza del pueblo debía ser igualmente regada dos veces al día, pero en este
caso mediante una bomba de incendios para imprimir al agua mayor presión, dado
que este solía ser el lugar de mayor concentración de población.
Sin
embargo unos meses después se comprobó que estas medidas preventivas habían
resultado insuficientes, viéndose obligados a declarar finalmente el estado de
epidemia.
Lo
mismo o parecido sucedió en 1919 por lo que en esta ocasión se adoptaron las
siguientes medidas:
Obligar
a los dueños de basureros y pozos negros bien a proceder a la extracción de los
mismos, bien a arrojar cal viva o cualquier otro medio de desinfección con el
fin de evitar emanaciones que pudieran constituir cualquier peligro. Eso sí,
todas las sustancias desinfectantes serían proporcionadas por el Consistorio,
pudiendo los afectados recogerlas en el Laboratorio Municipal.
Potenciar
la limpieza de las vías públicas, penalizando a todo el que las usase de un
modo poco cívico, con una frecuencia de riego de dos veces al día.
Cerrar
los colegios aunque no otros centros públicos de reunión.
Si
escribes “Vicente Fisac” en Amazon, podrás ver todos los libros de este autor.
(AZprensa) Son muchas las personas que de alguna forma se
han visto involucradas en mis surrealistas experiencias deportivas. Ya publiqué
ayer todas las personas con las que trabajé o con las que contacté durante mis
años de ejercicio profesional en AstraZéneca, y que puedes ver en este enlace:
https://azpressnews.blogspot.com/2024/03/personas-de-astrazeneca-citadas-en-el.html
Pero también hubo muchas otras personas cuyos nombres (y
la experiencia en que participaron de forma voluntaria o involuntaria) han
quedado recogidos en este libro. Porque –aunque no te lo creas, y haces bien-
yo he sido un gran deportista que he practicado 60 deportes diferentes.
Y no me cansaré de repetir mi lema: “Si te diviertes, habrás triunfado, cualquiera que sea el
resultado final. Si no te diviertes, habrás perdido aunque hayas ganado”. Y de
eso va este libro titulado “El mejor deporte es la sonrisa” (Vicente Fisac,
Amazon), de la práctica surrealista y divertida de 60 deportes diferentes.
Esta es la relación de las personas citadas:
Alcántara, Eduardo
Alcántara, Rafael
Álvarez, Juan Carlos
Álvarez Mateos, Carlos
Ávila, Julio César
Barrios Carrera, Jesús
Barrios Tascón, Fernando
Calvino, Francisco Javier
Cebrián, Javier
Cerezo, Florentino
Conde, Benjamín
Cuesta Navarrete, José
Cuenca, Christian
De Francescho, Carlo
De Juana, Fernando
De Murcia, Rafael
De Nova, Ángel
Díaz Cepero, Pedro
Díaz Ricote, José Luis
Díez Olalla, José Manuel
Fisac, Pepe
Fuentes, Pedro
García Alonso, Diego
García Guerra, Jesús
García Guillomía, Félix
González Infante, Enrique
González Serna, José Luis
Grassi, Joaquín
Lamariz, Rasel
López, Juan Luis
López Benjumea, Fernando
López Vuelta, José Manuel
Luján, Vicente
Martínez Solera, Salvador
Ortega, Guillermo
Pascual, Carlos
Payá Abajo, Juan
Peces Arriero, Álvaro
Pedersen, Ingar
Peña y Barquin, Juan Carlos
Portús, Enrique
Pulido, Juan José
Quirós Gamallo, Antonio
Ramírez Compes, César
Robles Botella, Ángel
Rodríguez, Elías
Rodríguez Cazorla, Francisco
Rodríguez Peñagómez, Daniel
Romero de Tejada, Ricardo
Ruiz, Antonio
Sánchez Cabrero, Pablo David
Sánchez Coronado, Juan José
Sanz Cabrera, Paco
Solórzano, Antonio
Toro, Carlos
PD.- Puedes consultar todos los libros de este autor,
simplemente escribiendo “Vicente Fisac” en Amazon.