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miércoles, 8 de noviembre de 2023

La importancia de usar bien los dispositivos de inhalación

(AZprensa) La mayoría de los pacientes a quienes se receta un dispositivo de inhalación para combatir sus ataques de asma no sabe utilizarlo correctamente. ¿Tan difícil es? No, no es que sea difícil, es que no les explican cómo hay que utilizarlos (o lo hacen en tan pocos segundos que el paciente luego no se acuerda de lo que le han dicho), y tampoco les explican el por qué es importante que los utilicen bien. Aquí vamos a explicarlo…
 
En primer lugar hay que tener en cuenta la homogeneidad de la dosis; es decir, si no agitamos el envase antes de la administración, no tenemos la seguridad de que haya partículas del principio activo entrando en las vías respiratorias del paciente, por eso, cuanto más tiempo pasa sin que se utilice el envase más se va depositando la parte de fármaco en la parte superior y el gas en la parte inferior.
 
Hay, por así decirlo, tres pasos básicos a la hora de utilizar cualquier envase presurizado: primero, que haya un flujo adecuado; segundo que haya una sincronización entre la pulsación y el aspirado del fármaco; y tercero, hay que mantener apnea, es decir, aguantar la respiración por lo menos 15 ó 20 segundos para que el fármaco pueda llegar a las zonas más bajas de las vías respiratorias.
 
Además, hay dos parámetros que a nivel de físico-química se manejan también para saber la eficacia del fármaco, además de para recomendar la dosis adecuada: el depósito pulmonar y el tamaño de partícula. Para conocer estos parámetros hay que marcar radioactivamente el principio activo y de esta forma se ve el camino que sigue en el transcurso de la inhalación hasta que llega a los pulmones. Se puede medir así la cantidad que se deposita en los pulmones, y de esta forma se ha podido comprobar que sólo un 15 por ciento del fármaco es capaz de llegar a nivel del pulmón.
 
¿Dónde se queda, pues, la mayor parte de la dosis administrada? Normalmente queda impactada en la faringe y desde allí se absorbe por vía digestiva y se acaba metabolizando y eliminando por las heces. Solamente se aprovecha, pues, un 15 o 20 por ciento del fármaco administrado.
 
¿Tanto trabajo cuesta dedicar unos minutos al paciente para explicárselo bien y para asegurarse de que lo ha entendido? Y no sólo eso, el paciente debe aprender a manejarlo pero tan importante como ese buen manejo es el saber por qué es importante utilizarlo bien.
 

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martes, 3 de enero de 2023

Cómo utilizar bien los dispositivos de inhalación

(AZprensa) Numerosos estudios a lo largo de los últimos años han venido demostrando que la mayoría de los pacientes asmáticos no saben utilizar de forma correcta los dispositivos de inhalación.

 
En primer lugar hay que tener en cuenta la homogeneidad de la dosis; es decir, si no agitamos el envase antes de la administración, no tenemos la seguridad de que haya partículas del principio activo entrando en las vías respiratorias del paciente, por eso, cuanto más tiempo pasa sin que se utilice el envase más se va depositando la parte de fármaco en la parte superior y el gas en la parte inferior.
 
Hay, por así decirlo, tres pasos básicos a la hora de utilizar cualquier envase presurizado: primero, que haya un flujo adecuado; segundo que haya una sincronización entre la pulsación y el aspirado del fármaco; y tercero, hay que mantener apnea, es decir, aguantar la respiración por lo menos 15 ó 20 segundos para que el fármaco pueda llegar a las zonas más bajas de las vías respiratorias.
 
Además, hay dos parámetros que a nivel de físico-química se manejan también para saber la eficacia del fármaco, además de para recomendar la dosis adecuada: el depósito pulmonar y el tamaño de partícula. Para conocer estos parámetros hay que marcar radioactivamente el principio activo y de esta forma se ve el camino que sigue en el transcurso de la inhalación hasta que llega a los pulmones. Se puede medir así la cantidad que se deposita en los pulmones, y de esta forma se ha podido comprobar que sólo un 15 por ciento del fármaco es capaz de llegar a nivel del pulmón.
 
¿Dónde se queda, pues, la mayor parte de la dosis administrada? Normalmente queda impactada en la faringe y desde allí se absorbe por vía digestiva y se acaba metabolizando y eliminando por las heces. Solamente se aprovecha, pues, un 15 o 20 por ciento del fármaco administrado.


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jueves, 14 de junio de 2018

Turbuhaler: Cuando el sistema de administración es tan importante como el fármaco


(AZprensa) En opinión del Dr. Olof Selroos, de Suecia, “en Medicina es tan importante el fármaco como su forma de administración, por lo que el sistema Turbuhaler supone un importante avance”. Este dispositivo, incorporado a algunos productos para el tratamiento inhalatorio del asma, está formado por 13 componentes que permite que las partículas alcancen un tamaño inferior a 5 micras de diámetro. El diseño de este dispositivo de inhalación ha sido reconocido con importantes premios, entre los que destacan la Medalla de Oro de la Real Academia Sueca de Ingeniería o el Premio de protección a la capa de ozono de la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos.

En efecto, este sistema de inhalación de polvo seco está exento de propelentes CFC y cuenta con la particularidad de que la sustancia se administra en estado prácticamente puro. Además, proporciona al paciente dosis de medicación exactas, favorece que el principio activo se conserve en perfectas condiciones y, sobre todo, se consigue un óptimo aprovechamiento del fármaco, con un depósito pulmonar del 32 por ciento, muy superior al de otros sistemas de inhalación.

Así funciona el sistema Turbuhaler:

- El fármaco es impulsado por el propio flujo inspiratorio del paciente, y no requiere propelentes ni lubricantes como los aerosoles.

- El Turbuhaler se utiliza en posición vertical. Cada dosis se carga con sólo hacer girar la empuñadura del envase, primero en un sentido y a continuación en sentido contrario.

- Con esta sencilla operación se rellenan una serie de compartimentos muy precisos de un disco giratorio dosificador. El número y el tamaño de los compartimentos del disco puede variar según el fármaco y la dosis a administrar.

- Después de girar la empuñadura en ambos sentidos, el paciente debe expulsar normalmente el aire, colocarse la boquilla entre los dientes, cerrar los labios y aspirar fuerte y profundamente. No es necesario realizar apnea (contener la respiración) después de la inhalación, tal como exigen otros dispositivos de inhalación.

- Al aspirar, el aire pasa entre una serie de compartimentos, arrastrando la dosis deseada del fármaco hasta una zona diseñada para crear un flujo turbulento, donde el producto impacta contra las paredes internas de la boquilla y llega al paciente con un tamaño de partículas inferior a 5 micras.

- Turbuhaler puede contener 60, 100 ó 200 dosis de sustancia activa. Su sistema de carga asegura la total exactitud de cada dosis y es imposible que el paciente, accidentalmente o deliberadamente, varíe la dosis predeterminada.

- Finalmente, una ventana indicadora, avisa al paciente cuando quedan menos de 20 dosis.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Este fue el primer medicamento por vía inhalatoria registrado en España

(AZprensa) Los medicamentos para tratar el asma y otras enfermedades respiratorias utilizan con frecuencia la vía inhalatoria para su administración, pero ¿cuál fue el primer medicamento que se registró en España con este modo de administración? Para ello hay que remontarse al año 1919 en que se realizaron los trámites para el registro como especialidad farmacéutica del “Pulvi inhalador Fisac” que se había lanzado al mercado en 1910.

El Dr. Gaspar Fisac Orovio (1859-1937) había demostrado que el polvo de cal y yeso que flotaba en el ambiente, al ser inhalado y mezclarse con el ácido carbónico, se transformaba en bicarbonato cálcico soluble, el cual, debido al calor y a la diferencia de presión, desprendía anhídrido carbónico que precipitaba y se transformaba en carbonato cálcico insoluble. Este último, debido a su gran estabilidad, pasaba a formar parte del tubérculo cretáceo, impidiendo el avance del bacilo de Koch.

En base a ello, su primo Joaquín Fisac, farmacéutico, preparó un dispositivo de inhalación que contenía los siguientes ingredientes, según la receta original:
- Hidrato cálcico: treinta y dos gramos, por cada cien gramos totales de preparado final.
- Ortofosfato cálcico: treinta y dos gramos, por cada cien gramos totales de preparado final.
- Sulfato cálcico: treinta y tres gramos, por cada cien gramos totales de preparado final.
- Ácido benzoico: un gramo, por cada cien gramos totales de preparado final.
- Eucaliptol: dos gramos, por cada cien gramos totales de preparado final.

Este nuevo enfoque de la enfermedad avalaba la importancia de la dieta, que debía ser rica en sales de cal, pero aún así era un medida válida solamente en individuos sanos, no en los que ya hubieran enfermado. Para estos últimos, la solución era la infiltración fibro-calcárea del tubérculo y esto sólo se podía conseguir respirando una atmósfera cargada con este tipo de sales. 

De todo ello se habla, entre otras muchas curiosidades médicas de la época, en el libro “Una lágrima es un beso” que recoge la biografía del médico, periodista y poeta, Gaspar Fisac Orovio: 

sábado, 21 de marzo de 2015

El día que los niños norteamericanos pudieron respirar

(AZprensa) Sucedió a finales del año 2000 cuando las autoridades sanitarias de Estados Unidos, la FDA, aprobaron Pulmicort Respules (inhalación en suspensión de budesónida) para el tratamiento de mantenimiento del asma en niños de edades comprendidas entre uno y ocho años. Según reconoció la FDA este producto fue el primer corticosteroide formulado para inhalación aprobado para niños de esa edad. Hasta entonces no existía (no se había aprobado) en aquél país ningún corticosteroide inhalado para niños menores de cuatro años.

Aquella aprobación se basó en tres estudios realizados en más de 1.000 pacientes de edades comprendidas entre los seis meses y los ocho años, que tenían diferentes grados de severidad de asma. Se comprobó una mejora en el control del asma a las dos semanas, alcanzándose el beneficio máximo al cabo de cuatro o seis semanas de haber iniciado este tratamiento.