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viernes, 21 de agosto de 2026

La solución definitiva al fracaso escolar: sustituir los pupitres por cintas de correr

La ciencia ha descubierto que el cerebro aprende mejor cuando el cuerpo se mueve. La aplicación práctica es obvia. Las consecuencias para los fabricantes de mobiliario escolar, demoledoras.
 
(AZprensa) Buenas noticias para el sistema educativo español, que bien las necesita. El fracaso escolar, ese problema crónico que lleva décadas resistiendo a reformas, contrarreformas, leyes educativas, leyes que derogan las leyes educativas anteriores y debates parlamentarios de extraordinaria inutilidad, tiene solución. Una solución sencilla, económica en concepto —aunque no tanto en presupuesto— y con el aval de una publicación científica de prestigio. No sé por qué el Ministerio de Educación no ha actuado ya.
 
La propuesta es la siguiente: retirar los pupitres de todas las aulas de España y sustituirlos por cintas de marcha. De esas que se usan en los gimnasios para correr sin moverse del sitio. Una por alumno. El profesor explica la lección desde su tarima —que podría incluir también su propia cinta, por coherencia pedagógica— y los alumnos siguen la explicación mientras corren. A la mayor velocidad posible. Para los exámenes escritos, los alumnos sostendrán el bolígrafo con una mano y el folio con la otra, y harán lo que puedan. Para estudiar en casa, el libro irá en las manos y los pies en la cinta. El único efecto secundario conocido es que los alumnos se pondrán más fuertes y más sanos. Lo cual, en un país donde las tasas de obesidad infantil van en aumento, lejos de ser un inconveniente es una ventaja.
 
«Los ritmos del cerebro asociados con el aprendizaje se hacen más fuertes según el cuerpo se va moviendo más deprisa. La ciencia lo dice. Nosotros solo sacamos las conclusiones obvias.»
 
La base científica, que la hay
 
Esta no es una propuesta caprichosa. Tiene su fundamento en un estudio publicado en la revista científica “PLOS One”, que afirma con toda la seriedad que otorga una publicación académica revisada por pares lo siguiente: «los ritmos del cerebro asociados con el aprendizaje se hacen más fuertes según el cuerpo se va moviendo más deprisa». Dicho de otro modo: el cerebro aprende mejor cuando el cuerpo está en movimiento. Cuanto más rápido el cuerpo, más activo el cerebro. La conclusión pedagógica es tan evidente que sorprende que nadie la haya implementado todavía en ningún colegio público.
 
Y mira que la ciencia nos ha dado pistas a lo largo de los años. Sabemos que caminar ayuda a pensar —los filósofos griegos lo practicaban en el pórtico del Liceo, de ahí lo de «peripatéticos»—. Sabemos que el ejercicio físico mejora la concentración y reduce la ansiedad. Sabemos que los niños que hacen deporte rinden mejor en clase. Teníamos todos los ingredientes. Solo faltaba que alguien los midiera con electrodos y lo publicara en una revista indexada para que pudiéramos tomarlo en serio.
 
El plan de implantación: algunos detalles logísticos
 
Anticipándome a la lentitud habitual de la Administración educativa, me permito esbozar el plan de implantación con los detalles más urgentes:
 
PLAN DE IMPLANTACIÓN · AULAS CON CINTA DE CORRER · CURSO 2026-27
 
Cinta de marcha por alumno (precio medio: 800 €): Multiplicar por número de alumnos en España. No preguntar el total.
Refuerzo estructural de suelos: Treinta cintas por aula pesan lo suyo. Los arquitectos ya están nerviosos.
Auriculares para el profesor: Explicar la tabla del 7 sobre el ruido de treinta cintas simultáneas requiere amplificación.
Formación del profesorado: Cómo dar clase corriendo. Nueva asignatura en los másteres de educación.
Uniformes transpirables: El uniforme escolar clásico no está diseñado para esta velocidad. Hablar con proveedores.
Duchas en todos los colegios: Imprescindible por razones obvias. No negociable. No hay más que hablar.
 
Los beneficios adicionales que nadie menciona
 
Más allá del rendimiento académico —que, según la ciencia, mejoraría notablemente—, el sistema tiene ventajas colaterales que el Ministerio haría bien en considerar.
Primera: los alumnos llegarían a casa tan agotados que se dormirían a las nueve de la noche sin protestar.
Segunda: los padres, libres por fin de la lucha nocturna por los deberes, recuperarían entre dos y tres horas de vida personal.
Tercera: la obesidad infantil caería en picado.
Cuarta: los fabricantes de zapatillas deportivas vivirían su mejor momento desde la invención del deporte.
Y quinta: el profesor que lleva veinte años explicando los ríos de España con la misma transparencia podría hacerlo ahora trotando, lo cual introduce un dinamismo en la clase que las transparencias nunca consiguieron.
 
En resumen: la ciencia tiene la solución. La propuesta está sobre la mesa —o sobre la cinta, más bien—. Solo falta que alguien en el Ministerio de Educación lea “PLOS One” entre reunión y reunión. Que por la velocidad a la que ellos suelen moverse, quizás precisamente serían ellos los primeros en aplicarse este sistema educativo.
 
La novela “La melodía permanece”, está disponible en ediciones digital e impresa en Amazon y dispone de una edición en español y otra en noruego.
 
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“La melodía permanece”: https://a.co/d/0cMf3W5c
 
“Melodien står igjen”: 

miércoles, 19 de agosto de 2026

La ciencia lo confirma: jugar a las cartas es mejor para el cerebro que trabajar

La revista Neurology ha publicado que jugar a las cartas, leer, escribir y hacer crucigramas retrasan la demencia. El trabajo no aparece en la lista. La conclusión científica es inevitable: hay que jubilarse cuanto antes.
 
(AZprensa) La ciencia avanza, y a veces avanza en la dirección más inesperada y más bienvenida. Un artículo Cognitive activities delay onset of memory decline in persons who develop dementia, publicado en la prestigiosa revista Neurology, ha venido a confirmar algo que muchos sospechábamos desde hace tiempo pero que ningún médico se había atrevido a poner por escrito con el rigor académico que la ocasión merece: que para mantener el cerebro en buen estado hay que hacer cosas agradables. Concretamente: jugar a las cartas, leer, escribir, hacer crucigramas y conversar.
 
Vamos a analizar en profundidad las conclusiones de este inesperado (o no) hallazgo:
 
Lo que dice la lista. Y lo que no dice.
 
Repasemos la lista de actividades cognitivas recomendadas por los investigadores para retrasar la aparición de la demencia: cartas, lectura, escritura, crucigramas, conversación. Una lista admirable, sensata y, sobre todo, muy disfrutable. Cinco cosas que cualquier jubilado en un bar de pueblo practica con una dedicación y una constancia que ningún ensayo clínico ha conseguido superar.
 
Ahora bien. Lo verdaderamente revelador del estudio no es lo que incluye. Es lo que deja fuera. Y lo que deja fuera, con una elocuencia que ninguna estadística podría mejorar, es el trabajo. En ningún lugar de la lista de actividades protectoras frente a la demencia aparece nada que se parezca remotamente a trabajar. Ni ocho horas de oficina. Ni reuniones de coordinación. Ni informes trimestrales. Ni presentaciones de PowerPoint. Nada.
 
«La lista de lo que protege el cerebro incluye las cartas, la lectura y los crucigramas. No incluye el trabajo. Los investigadores no lo han dicho con esas palabras. Pero lo han dicho.»
 
Esto no es una omisión inocente. Los científicos que publican en Neurology son personas rigurosas que saben perfectamente lo que incluyen y lo que no incluyen en sus recomendaciones. Si el “trabajar” hubiera resultado ser neuroprotector, lo habrían puesto. No lo pusieron. Conclusión: el trabajo no protege el cerebro. O, en el mejor de los casos, es indiferente para nuestra salud cerebral.
 
La interpretación que nadie se atreve a hacer
 
En cambio yo (periodista especializado en ciencia y salud) ya estoy jubilado y puedo decir lo que quiera, así que me atrevo a ir un paso más allá de donde los investigadores, por razones de prudencia académica, no han querido llegar. Si las actividades que protegen el cerebro son exactamente las que uno hace cuando no trabaja —y si el trabajo no figura en ninguna de las categorías beneficiosas—, la lógica nos conduce a una conclusión tan incómoda para los departamentos de Recursos Humanos como reconfortante para cualquier persona con sentido común: trabajar, en el mejor de los casos, no ayuda. Y en el peor, estorba.
 
Piénsalo. ¿Cuántas veces has terminado una jornada laboral con la sensación de que tu cerebro estaba más fresco y ágil que cuando empezó? ¿Con qué frecuencia una reunión de dos horas o más te ha dejado con sensación de descanso y bienestar? La experiencia cotidiana de millones de trabajadores respalda lo que el estudio, con toda su discreción científica, sólo se atreve a sugerir entre líneas.
 
Nueva prescripción médica para la salud mental
 
Si los médicos fueran consecuentes con lo que publica Neurology, las consultas de neurología deberían empezar a emitir recetas de este tipo:
 
PRESCRIPCIÓN NEUROPROTECTORA · DOSIS DIARIA RECOMENDADA
Partida de cartas: mínimo una hora. El mus es especialmente recomendable por su componente de engaño lícito, que activa múltiples áreas cerebrales.
Lectura: al menos cuarenta minutos. Cualquier género, aunque se recomienda evitar los informes de empresa, que producen el efecto contrario.
Escritura: un diario, un artículo, una carta. Nunca un acta de reunión.
Crucigrama: uno al día. Doble en lunes, que es el día en que el cerebro más lo necesita.
Conversación: generosa y sin prisa. Contraindicada la videoconferencia de trabajo, que produce los mismos efectos que el silencio pero con más ruido de fondo.
Trabajo: no prescrito. No contraindicado explícitamente, pero ausente de toda evidencia de beneficio.
 
La conclusión inevitable
 
Hay una sola consecuencia lógica de todo lo anterior, y la ciencia la avala con sus propios datos: hay que jubilarse cuanto antes. No por pereza, sino por salud. No como rendición, sino como estrategia neuroprotectora de largo plazo. Jubilarse para poder leer, escribir, jugar a las cartas, hacer crucigramas y conversar sin que nadie te interrumpa con un correo urgente o una reunión que podría haber sido un correo.
 
Los investigadores de Neurology no lo han dicho con esas palabras. Pero los datos están ahí. Y los datos, ya se sabe, no mienten. Aunque a veces digan cosas que a los empresarios no les hace ninguna gracia escuchar.
 

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martes, 14 de julio de 2026

Personas normales con alucinaciones: El misterio del Síndrome de Charles Bonnet

En el imaginario colectivo existe una verdad asumida de forma automática: la presencia de alucinaciones es un síntoma inequívoco de un trastorno psiquiátrico grave o de una severa patología mental. Sin embargo, la ciencia médica nos demuestra una vez más que la realidad es un territorio complejo y contradictorio. ¿Pueden las personas mentalmente sanas tener alucinaciones visuales nítidas y recurrentes?
 
(AZprensa) Hoy vamos a hablar de un fenómeno clínico fascinante que tiene un nombre propio: Síndrome de Charles Bonnet. Esta condición debe su denominación a su descubridor, el célebre naturalista y filósofo suizo Charles Bonnet, nacido en el año 1720, quien describió por primera vez el fenómeno al observar cómo su propio abuelo, un anciano mentalmente lúcido pero prácticamente ciego, afirmaba ver figuras humanas, pájaros y edificios flotando en el aire.
 
La paradoja del ojo ciego y el cerebro activo
 
Los pacientes que experimentan el Síndrome de Charles Bonnet gozan de una perfecta salud mental y cognitiva. El origen del problema no se halla en una alteración de la razón, sino en un deterioro físico de los órganos de la visión. Quienes lo padecen arrastran importantes deficiencias en sus ojos, generalmente causadas por patologías ligadas al envejecimiento como la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), cataratas severas o glaucoma.
 
El mecanismo científico detrás de este fenómeno es tan sobrecogedor como lógico. Cuando los ojos dejan de enviar imágenes al cerebro debido a la ceguera, la corteza visual se queda «a oscuras». Al verse privada de estímulos externos, la máquina neuronal se impacienta y empieza a fabricar sus propias imágenes a partir de los recuerdos almacenados en sus archivadores, rellenando el vacío informativo. Es un enigma por qué motivo le ocurre esto a unas personas con estas características y a otras muchas no, pero el hecho es que el paciente padece alucinaciones de aparición brusca, repetitivas y que suelen durar de 1 a 10 minutos.
 
Figuras en movimiento bajo el flexo de la estadística
 
La fisonomía de estas visiones ha sido meticulosamente estudiada. Lejos de ser manchas borrosas, se trata de imágenes de una nitidez y un colorido asombrosos:
 
Predominio de formas humanas: En su inmensa mayoría, las alucinaciones consisten en figuras de personas, apareciendo en el 80% de los casos. Con menor frecuencia, los pacientes reportan ver animales de compañía, plantas exuberantes o estructuras arquitectónicas complejas.
 
Imágenes dinámicas: En el 47% de las ocasiones, estas apariciones presentan movimiento autónomo; las figuras caminan, gesticulan o se desplazan por la habitación antes de desvanecerse.
 
Lo verdaderamente crucial de este síndrome es que el paciente, al estar mentalmente sano y provisto de una lógica impecable, reconoce perfectamente que se trata de un engaño de sus sentidos. Sabe que lo que está viendo no es real. Sin embargo, aquí es donde encalla el drama humano: la inmensa mayoría es profundamente reacia a comentar esta situación con sus familiares o médicos por el temor atávico a ser considerados locos o ser ingresados en un centro psiquiátrico. El silencio se convierte en su única armadura.
 
Un protagonismo urgente en el siglo XXI
 
Con el notable aumento de la esperanza de vida en nuestra sociedad moderna, a la que inevitablemente acompaña el desgaste y deterioro natural de los ojos, el Síndrome de Charles Bonnet ha empezado a tomar un protagonismo sin precedentes en las consultas de geriatría y oftalmología. Lo que hasta ahora era un rincón casi desconocido de la literatura médica, hoy es una realidad que afecta a miles de ancianos que sufren en secreto.
 
En esta bitácora siempre les recordamos la importancia de documentarse e informarse primero, para poder razonar después con criterio propio. Conocer la existencia de este síndrome es el primer paso para desterrar el miedo. No todo lo que escapa a la normalidad de nuestros ojos nace de la demencia; a veces, es simplemente el cerebro intentando encender la luz en una habitación que se ha quedado a oscuras.
 

Biblioteca Fisac
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viernes, 3 de julio de 2026

El cerebro también nos engaña

(AZprensa)
Nuestro cerebro no es un simple espejo que refleja el mundo tal y como es, sino que actúa como un editor constante. Ante la falta de información sensorial completa, nuestra mente utiliza recuerdos y creencias pasadas para inventar lo que falta, creando una versión de la realidad que parece real, pero que a menudo es una ilusión. Por ello, es importante cuestionar incluso nuestras propias percepciones.
 
Aquí te desgloso los puntos clave de este proceso:
 
Interpretación activa: Tus ojos y oídos solo captan fragmentos de la realidad.
 
Reconstrucción mental: Para rellenar esos vacíos, el cerebro utiliza tu historial personal (experiencias, miedos, prejuicios y deseos).
 
Ilusión de certeza: El resultado final se siente 100 % real y lógico, aunque contenga errores o invenciones.
 
Moraleja: Dado que nuestra mente altera la información para crear una narrativa coherente, es recomendable no asumir que todo lo que percibimos es la verdad absoluta.
 
Si quieres más información sobre este asunto, te recomiendo este artículo:
https://azpressnews.blogspot.com/2026/07/cualquier-parecido-con-la-realidad-si.html
 

Biblioteca Fisac
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domingo, 28 de junio de 2026

Cualquier parecido con la realidad sí que es pura coincidencia

El cerebro no se limita a recibir información: la completa, la reinterpreta y, cuando le falta, la inventa. Lo que creemos ver no es necesariamente lo que hay. Y la conclusión más honesta es incómoda: no te fíes ni de ti mismo.
 
(AZprensa) El cerebro humano es un órgano extraordinario. Procesa millones de datos por segundo, reconoce patrones, anticipa situaciones, almacena recuerdos y toma decisiones con una rapidez que ningún ordenador ha conseguido replicar del todo. Pero tiene un defecto que conviene conocer y que la mayoría preferimos ignorar: cuando le falta información, no se detiene a esperar que llegue. La genera él mismo.
 
El mecanismo es tan automático como inconsciente. El cerebro recibe por los sentidos una información parcial —una imagen incompleta, un sonido ambiguo, una situación que no acaba de encajar— y en lugar de quedarse con esa laguna abierta, tira de todo lo que ha ido acumulando en la memoria a lo largo de la vida: experiencias pasadas, prejuicios, expectativas, miedos, deseos. Y con ese material propio rellena los huecos. Completa el cuadro. Construye una versión de la realidad que parece coherente y que se siente como verdadera. Aunque no lo sea.
 
«Mientras una parte de lo que percibimos nos llega por los sentidos —el objeto que está ante nosotros—, otra parte viene siempre de nuestra mente.»
 
Ya lo decía William James (1842-1910), uno de los padres de la psicología moderna, a finales del siglo XIX. Y lo que entonces era una intuición brillante de un observador excepcional, la neurociencia actual lo ha confirmado con creces: la percepción no es un proceso pasivo en que los sentidos simplemente captan lo que hay y lo transmiten fielmente al cerebro, como si fuéramos una cámara de vídeo. Es un proceso activo, creativo y profundamente subjetivo en el que el propio receptor añade, modifica, interpreta y completa la información que recibe.
 
«Lo que creemos ver no es el mundo tal como es. Es el mundo tal como nuestro cerebro decide que debe ser, rellenado con todo lo que llevamos dentro.»
 
Las consecuencias de esto son más profundas de lo que a primera vista puede parecer. Si cada uno de nosotros completa la realidad con sus propios recuerdos, sus propios prejuicios y sus propias expectativas, entonces el mundo que percibo yo no tiene por qué ser exactamente igual al que percibe la persona que está sentada a mi lado viendo exactamente lo mismo. Dos personas presencian el mismo acontecimiento y luego lo describen de forma diferente, a veces radicalmente diferente, y ambas están convencidas de que lo que recuerdan es lo que ocurrió. Las dos tienen razón desde su propio sistema perceptivo. Y las dos pueden estar, en aspectos esenciales, equivocadas.
 
Esto, que podría parecer un problema filosófico abstracto, tiene consecuencias muy concretas en la vida cotidiana: en los testimonios judiciales que se contradicen aunque los testigos sean honestos, en los malentendidos que destrozan relaciones porque cada parte jura que el otro dijo lo que no dijo, en los prejuicios que se confirman solos porque el cerebro tiende a percibir lo que ya espera encontrar y a ignorar lo que no encaja con su mapa previo del mundo.
 
Conclusión: no te fíes ni de ti mismo
 
Y aquí viene la parte incómoda. Si la percepción es siempre una mezcla de lo que hay fuera y de lo que ponemos nosotros, si el cerebro completa la realidad con materiales propios sin avisarnos de que lo está haciendo, entonces no hay ninguna garantía de que lo que creemos haber visto, oído o vivido corresponda fielmente a lo que ocurrió. Podemos equivocarnos de buena fe. Podemos recordar mal sin saber que recordamos mal. Podemos estar completamente convencidos de algo que no es exactamente así.
 
La conclusión, pues, es tan sencilla como desconcertante: no te fíes ciegamente de tus propias percepciones. No porque seas deshonesto, sino precisamente porque eres humano. Mantener una cierta dosis de duda sobre lo que uno mismo percibe —escuchar al otro, contrastar, no dar por sentado que la propia versión es la única válida— no es debilidad ni inseguridad. Es, simplemente, la actitud más inteligente que cabe ante un cerebro que, con toda su brillantez, también inventa.
 
Cualquier parecido con la realidad, efectivamente, puede ser pura coincidencia.
 

Biblioteca Fisac
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jueves, 14 de mayo de 2026

Las ondas theta y la memoria: la ciencia confirma lo que el refrán ya sabía

Investigadores de Los Ángeles y del Instituto de Tecnología de California han descubierto, tras años de estudio, algo que la sabiduría popular lleva siglos sabiendo. Con distintas palabras, eso sí.
 
(AZprensa) La neurociencia avanza a pasos agigantados. A veces incluso llega a destinos que el sentido común ya había alcanzado hace tiempo por sus propios medios y sin necesidad de financiación externa. Un claro ejemplo lo encontramos en una investigación llevada a cabo en el Centro Médico Cedars-Sinai de Los Ángeles, cuyos resultados iluminan —con el respaldo de la ciencia más rigurosa— los mecanismos cerebrales que determinan por qué recordamos algunas cosas y olvidamos otras.
 
El protagonista del hallazgo es Adam Mamelak, neurocirujano del citado centro, quien explica con la precisión que le otorga su bata blanca: «Nuestra investigación demuestra que cuando las neuronas relacionadas con la memoria están bien coordinadas con las ondas theta durante el proceso de aprendizaje, los recuerdos son más fuertes». Las ondas theta, para quien no esté familiarizado con el término, son un tipo de actividad cerebral de baja frecuencia asociada a estados de atención relajada, aprendizaje y memoria. Cuando esas ondas y las neuronas trabajan al unísono —sincronizadas, acompasadas, como una orquesta bien dirigida—, la información se fija con mayor solidez en el cerebro. Cuando no lo hacen, el recuerdo se desvanece con la misma facilidad con que olvidamos dónde dejamos las llaves.
 
El investigador Ueli Rutishauser, del Instituto de Tecnología de California, que participó en el mismo estudio, precisa a su vez que este descubrimiento establece «una relación directa entre los acontecimientos en el circuito del cerebro y sus efectos en la conducta humana». Es decir: lo que pasa dentro del cerebro no ocurre en el vacío; tiene consecuencias medibles y reales en cómo nos comportamos, cómo aprendemos y qué somos capaces de retener de todo lo que vivimos.
 
La investigación ha requerido años de trabajo, tecnología de última generación, el análisis de la actividad neuronal de pacientes durante tareas cognitivas controladas, y la colaboración de equipos científicos de primer nivel en dos de las instituciones más prestigiosas de California. Los resultados han sido publicados con el rigor que exige la comunidad científica internacional. Todo, absolutamente todo, para concluir que la estimulación adecuada —la que sincroniza neuronas y ondas theta en el momento preciso— favorece la formación de recuerdos duraderos.
 
«Años de investigación, millones de neuronas analizadas y dos instituciones de élite para confirmar lo que cualquier abuelo de pueblo habría podido explicar en tres minutos y con mucho menos presupuesto.»
 
Lo que ya sabía el refranero
 
Llegados a este punto, y con todo el respeto que merecen los doctores Mamelak y Rutishauser —que es mucho, y que sus investigaciones sin duda tienen implicaciones mucho más profundas de lo que este artículo alcanza a resumir—, cabe preguntarse si para este viaje hacían falta tantas alforjas. Porque la sabiduría popular, esa neurociencia sin laboratorio ni subvención que se transmite de generación en generación en forma de refrán, ya había llegado a conclusiones sorprendentemente similares mucho antes de que existieran los electrodos, los escáneres cerebrales y los congresos internacionales de neurología cognitiva.
 
En efecto: «dos tetas tiran más que dos carretas» —tengan o no una hache intercalada en la primera sílaba, según la versión que el pudor de cada época haya preferido adoptar— viene a decir, traducido al lenguaje de Cedars-Sinai, que determinados estímulos producen en el cerebro una sincronización neuronal de tal intensidad que los recuerdos asociados a ellos quedan grabados con una nitidez y una permanencia que ningún método de estudio convencional logra igualar. Lo cual, dicho así, suena considerablemente más científico. Pero viene a ser lo mismo.
 
Bienvenidos, en definitiva, a la neurociencia del refrán. Un campo todavía inexplorado, con un potencial investigador enorme y, sobre todo, con un corpus de datos previos que ningún abuelo de pueblo ha cobrado por recopilar. Ahí lo dejamos.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

jueves, 30 de octubre de 2025

El cerebro alcanza su mejor edad a los 60 años

(AZprensa) Un grupo de científicos de varios países ha descubierto en qué etapa de la vida el cerebro funciona mejor. Según un estudio publicado en la revista Intelligence, el cerebro alcanza su máximo rendimiento en la mediana edad, entre los 55 y 60 años. Esto se debe a que, aunque algunas habilidades, como la memoria a corto plazo o la rapidez para pensar, empiezan a disminuir a partir de los 30 años, otras capacidades, como la inteligencia emocional, la empatía y la toma de decisiones, siguen mejorando con los años.
 
Los investigadores analizaron 16 aspectos diferentes de la mente, incluyendo cinco rasgos principales de la personalidad: ser extrovertido, emocionalmente estable, abierto a nuevas experiencias, amable y responsable. Descubrieron que la responsabilidad alcanza su punto más alto alrededor de los 65 años, y la estabilidad emocional sigue creciendo incluso después de los 70.
 
El estudio muestra que, entre los 55 y 60 años, las personas logran un equilibrio entre experiencia, control emocional y conocimiento, lo que les permite tomar decisiones más acertadas y manejar situaciones complejas. A partir de los 65 años, el rendimiento mental comienza a disminuir poco a poco, y este descenso se nota más después de los 75. Sin embargo, los científicos aclaran que no todos envejecen igual: el estilo de vida y las diferencias personales influyen mucho.
 
Este descubrimiento demuestra que envejecer no significa perder capacidades. Al contrario, las personas mayores suelen ser mejores en tareas que requieren juicio, liderazgo y decisiones importantes gracias a su experiencia y madurez emocional. Por eso, muchos líderes de empresas o gobiernos están en sus 50 o 60 años, cuando el cerebro combina razonamiento, autocontrol y visión estratégica. Como dice el estudio, “la edad no define tu capacidad mental, sino cómo usas lo que has aprendido con los años”.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“De la Publicidad al Periodismo”: https://www.amazon.es/dp/B0D4KHNVH4

jueves, 6 de marzo de 2025

Demostrado: No nos enteramos de nada

(AZprensa) Una pequeña reflexión para hoy....
 
Según se ha comprobado científicamente, “el cerebro procesa 400.000 millones de bits de información por segundo, pero sólo somos conscientes de 2.000”.
 
¿Qué conclusión podemos sacar de esto? Una muy evidente: Está claro que no nos enteramos prácticamente de nada. Pura Ciencia.
 

A journey through the history of the pharmaceutical industry and one of its great laboratories that had its origins in Alfred Nobel...
“From Alfred Nobel to AstraZeneca”: https://a.co/d/9svRTuI

viernes, 29 de noviembre de 2024

Quien mueve las piernas… mueve el cerebro

(AZprensa) Seguro que has oído esa expresión que dice “quien mueve las piernas mueve el corazón”, y eso es cierto, pero hay otra expresión que nadie ha dicho y es igual de importante: “Quien mueve las piernas mueve el cerebro”.
 
Esta frase me ha venido tras leer el diario “La Voz de Galicia” en donde se ha publicado una amplia entrevista con Diego Redolar, doctor en neurociencia y director del Cognitive Neurolab de la Universitat Oberta de Cataluña. Por eso quiero extraer estas palabras del Dr. Redolar:
 
“Caminar treinta minutos diarios —simplemente caminar— fomenta la formación de nuevas neuronas en el hipocampo, que es esa estructura tan importante para la memoria. Esto tiene una importancia crítica. Una de las cosas que en los años noventa se decía del cerebro adulto es que no se forman nuevas neuronas, que una vez ya desarrollado, tiene las neuronas que tiene y no se forman nuevas neuronas. Hoy sabemos que esto no es así, que se forman nuevas neuronas en un proceso que se llama neurogénesis. Esto se produce  en dos partes de nuestro cerebro, en el hipocampo y en el bulbo olfatorio. ¿Y qué sucede si no se forman correctamente esas nuevas neuronas? Pues que tenemos alteraciones en los mecanismos de memoria y pueden provocar alteraciones en el estado de ánimo. En resumen, si nosotros andamos, ayudamos a que nuestro hipocampo tenga más neuronas que van a ser útiles para nuestros mecanismos de memoria y también para prevenir enfermedades como la depresión mayor”.
 
Por eso ha recalcado que “lo más importante es el ejercicio físico. El dormir bien, porque ayuda a limpiar toda la basura metabólica que se ha generado durante el día, lo cual es crítico también. Después, llevar a cabo una actividad cognitiva continuada, como leer, contribuye a tener un buen envejecimiento cerebral. Y después, una de las cosas que a veces no se le da importancia además de la nutrición, es tener apoyo social. Si tenemos una buena red social minimiza mucho el efecto del cortisol y facilita el que tengamos una buena salud cerebral”.
 
Unos consejos que, con el aval científico correspondiente, más nos pueden animar a llevar un estilo de vida saludable. Porque hacer ejercicio (siempre el adecuado a nuestra edad y condición física), junto con una alimentación variada y sin excesos, y un entorno familiar y/o social agradable, nos hará más sanos y más felices.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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lunes, 12 de febrero de 2024

Un componente de la leche ralentiza el deterioro cognitivo

(AZprensa) Un equipo de investigación liderado por el Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL, CSIC-UAM) ha publicado un estudio clínico en personas mayores de 65 años en el que se concluye que la suplementación de la dieta con componentes de la membrana del glóbulo graso lácteo (en inglés, MFGM), resulta de gran interés por su implicación en la potenciación de la memoria y podría emplearse en la prevención del deterioro cognitivo leve durante la edad adulta.
 
El deterioro cognitivo es una de las consecuencias más importantes del envejecimiento y hasta ahora las terapias farmacológicas han resultado en gran medida infructuosas. Es bien conocido que los déficits cognitivos en el hipocampo del cerebro están vinculados con bajos niveles de fosfolípidos relacionados con el mantenimiento de la actividad cognitiva, con la memoria y el aprendizaje. Los fosfolípidos son los principales lípidos del sistema nervioso, se localizan en las membranas celulares y tienen capacidad de interactuar con metabolitos, hormonas, anticuerpos y otras células. Estudios recientes han reportado que durante el envejecimiento se produce una reducción del contenido en fosfolípidos en diversas regiones cerebrales, lo que se ha vinculado al deterioro cognitivo asociado al envejecimiento.
 
La MFGM consiste en una estructura compleja de glicoproteínas, fosfolípidos, esfingolípidos, glicolípidos (cerebrósidos y gangliósidos), colesterol y otros componentes minoritarios. Entre los fosfo- y esfingolípidos presentes en la MFGM se incluyen: fosfatidilcolina (PC), fosfatidiletanolamina (PE), fosfatidilinositol (PI), fosfatidilserina (PS) y esfingomielina (SM). El papel de la SM en el cerebro es bien conocido por su contribución a la cognición, mientras que a la PS se le atribuyen efectos positivos en enfermedades como depresión, estrés e incluso en la enfermedad de Alzheimer. El estudio parte de la hipótesis de que la MFGM bovina, de composición similar a la de leche humana, se utiliza también en nutrición infantil para mejorar la formulación de preparados para lactantes, a los que aportan beneficios cognitivos e inmunitarios.
 
Varios estudios preclínicos en modelos animales, llevados a cabo por el mismo grupo del investigador en el CIAL Javier Fontecha que ha realizado el presente estudio, han demostrado que la suplementación de la dieta con un concentrado de MFGM, obtenido a partir de un subproducto lácteo como la mazada (suero de mantequilla), modula la expresión de miRNA, mejora la resistencia a insulina y la señalización sináptica del hipocampo, atenúa la memoria emocional (condicionamiento contextual del miedo), modifica la composición lipídica de los sinaptosomas en corteza frontal e hipocampo y mejora la memoria de trabajo espacial.
 
En este trabajo de intervención nutricional, los investigadores han desarrollado una bebida láctea fortificada con MFGM que ha sido puesta a prueba en un estudio clínico piloto aleatorizado. Cuarenta y cuatro sujetos mayores de 65 años, sanos o con deterioro cognitivo leve, recibieron una ración diaria de leche con MFGM o leche control desnatada (sin MFGM) durante 14 semanas. Al inicio y al final del estudio, se sometió a los voluntarios a una batería de pruebas cognitivas y analíticas. Aquellos participantes que consumieron el preparado con MFGM mostraron mejoras en la memoria episódica, es decir, la capacidad de recordar acontecimientos recientes de su vida, con especial relevancia en mujeres frente a hombres. Por todo ello, concluyen, que la suplementación nutricional con MFGM podría emplearse para prevenir o ralentizar la progresión del deterioro cognitivo relacionado con la edad.
 
Los autores indican que cualquier intervención en este sentido debería iniciarse antes de que se manifiesten los síntomas clínicos, como medida preventiva contra el deterioro cognitivo. Futuros estudios clínicos a largo plazo podrían arrojar más luz sobre este punto. Actualmente la línea de investigación del grupo se centra en el abordaje de ensayos que permitan elucidar los mecanismos de acción del MFGM a nivel cognitivo.
 
Fuente.- CSIC. María V. Calvo, Viviana Loria Kohen, Carmen Díaz-Mardomingo, Sara García-Herranz, Shishir Baliyan, João Tomé-Carneiro, Gonzalo Colmenarejo, Francesco Visioli, César Venero, Javier Fontecha. Milk fat globule membrane-enriched milk improves episodic memory: A randomized, parallel, double-blind, placebo-controlled trial in older adults. Journal of Functional Foods. DOI: doi.org/10.1016/j.jff.2023.105849
 

La salud sigue siendo uno de los temas que más interesan a los lectores, pero a veces hace falta otro punto de vista…
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sábado, 28 de octubre de 2023

Tenemos mejor memoria durmiendo que cuando estamos despiertos

(AZprensa) Repasando revistas científicas, uno se encuentra con cosas tan curiosas como esta: Un estudio realizado por investigadores de las universidades de Ruhr de Bochum y de Bonn (Alemania) demostró que durante el sueño somos capaces de acordarnos de cosas de las que no nos acordarnos cuando estamos despiertos. El estudio se publicó hace unos años en la revista “Nature Communications”. Decía así la noticia:
 
“Un curioso experimento ha demostrado que durante el sueño somos capaces de acceder a rincones de la memoria a los que no conseguimos acceder cuando estamos despiertos. El estudio, publicado en la revista “Nature Communications”, ha sido realizado por investigadores de las universidades de Ruhr de Bochum y de Bonn (Alemania) y para ello han registrado la actividad cerebral de pacientes con epilepsia a los que se mostraban una serie de imágenes que debían memorizar y después de dormir la siesta se les pedía que las recordasen, midiendo en cada momento la reacción del cerebro ante esos estímulos.
 
Cuando se mira una fotografía, la actividad del cerebro muestra un patrón (conocido como actividad de banda gamma) que es diferente para cada imagen. De esta forma pudieron apreciar las variaciones tanto durante el proceso de aprendizaje como durante la etapa de sueño y comprobaron qué imágenes podían recordar y cuáles no después del sueño.
 
Sin embargo, el hecho de recordar o no una imagen no estriba en la reactivación de la actividad de esta banda gamma sino la actividad del hipocampo, ya que es esta región del cerebro la que muestra unas fluctuaciones u ondulaciones extremadamente rápidas.
 
Como afirman los investigadores, las imágenes olvidadas siguen permaneciendo activas en el cerebro aunque no seamos capaces de recordarlas cuando estamos despiertos”.
 
Como han reconocido algunos lectores de azprensa, esto es la “demostración científica de lo que ya muchos sabíamos, por ejemplo cuando leías los temas de un examen antes de irte a dormir porque durante la noche se adherían los conocimientos”. Otro lector apuntaba: “Si en efecto es al dormir cuando lo que logramos almacenar en el hipocampo pasa a la corteza, entonces podemos recordar a voluntad. Este proceso de adherencia de los conocimientos se conoce como consolidación de la memoria y algo interesante es que nuevas experiencias producen cambios en los conocimientos que ya estaban guardados, por eso se dice que la práctica hace al maestro, algo que igual muchos ya sabemos pero su comprobación científica aún no está completa”.
 

Hay algo más, al otro lado, que desconocemos y nos está llamando…
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sábado, 20 de mayo de 2023

Rojas Marcos y Valentín Fuster: Binomio cerebro-corazón

(AZprensa) El Colegio de Médicos de Madrid (ICOMEM) ha logrado reunir a dos figuras de la medicina mundial, el cardiólogo Valentín Fuster y el psiquiatra Luis Rojas Marcos.  De esta manera, a través de los diálogos científicos ICOMEMDAY, ha comenzado la programación de los actos conmemorativos por sus 125 años dedicados a celebrar la ciencia, dar a conocer su historia y compartir el conocimiento.
 
El Dr. Manuel Martínez-Sellés, presidente del ICOMEM, ha expresado su agradecimiento por poder contar con estas dos “eminencias de la medicina mundial” y ha reivindicado el papel del Colegio en más de un siglo. “No se me ocurre ninguna forma mejor de celebrar los 125 años del Colegio que con los dos médicos que probablemente tienen más prestigio a nivel internacional. En el ICOMEM siempre hemos luchado por traer la ciencia al Colegio”.
 
A este multitudinario acto, moderado por el periodista Ernesto Sáenz de Buruaga, han asistido más de 500 personas.
 
BINOMIO CEREBRO CORAZÓN
 
Este primer encuentro ha estado dedicado al binomio del cerebro y el corazón, dos órganos claves para la salud y calidad de vida del hombre. El Dr. Valentín Fuster se ha referido al vínculo de estos dos órganos y ha asegurado que “el corazón es cantidad de vida y el cerebro es calidad de vida. Estamos aprendiendo que la degeneración senil y el alzhéimer progresan debido a los mismos factores de riesgo que provocan la enfermedad cardiovascular, hipertensión no tratada, colesterol, diabetes, etc. Es decir, tenemos que prevenir la enfermedad”, ha afirmado.
 
Fuster se ha referido a las investigaciones que lleva haciendo en los últimos 10 años sobre lo que nos mantiene sanos desde el punto de vista cardiovascular. “Estamos aprendiendo cuáles son los mecanismos de defensa que mantienen nuestra salud. Y si ustedes piensan, por ejemplo, en las vacunas recientes de ARNm, se creía que eran productos resultando de la enfermedad, cuando se ha visto que la mayoría son elementos de defensa”.
 
SALUD MENTAL: UNA PRIORIDAD
 
Por su parte, el Dr. Rojas Marcos ha centrado su intervención en la salud mental. “El estigma de la salud mental ha hecho daño y continúa haciéndolo porque previene a muchas personas que podrían sentirse mejor y llevar una mejor vida, le crea una barrera a la hora de aceptar o de pedir ayuda”.
 
En este sentido, José Manuel Miñones, ministro de Sanidad, que ha presidido el acto, ha destacado la necesidad de mejorar la salud mental en nuestro país. Ha manifestado su compromiso con la salud mental y ha mencionado la creación de la especialidad de psiquiatría infantil y adolescente, así como el plan de prevención de conducta suicida.
 
INTELIGENCIA ARTIFICIAL
 
Los doctores Fuster y Rojas han coincidido en la importancia de la tecnología en el avance de la medicina en estos 125 años; pero reconocen que hay que estar alerta. “Existen dos desafíos: el mundo digital y el desarrollo cognitivo personal. Por ejemplo, el uso del chat GPT, que desde una perspectiva científica es preocupante. La inteligencia artificial se incorpora a la ciencia sin conocer su origen, lo cual es un tema crítico que requiere cautela. El segundo aspecto es la desconexión con los enfermos. El mundo del futuro digital y de la inteligencia artificial es fundamental, pero tenemos que ser muy precavidos para que esto no nos coma”, asegura el Dr. Valentín Fuster.
 
MEDICINA DE LA CALIDAD DE VIDA
 
Para el cardiólogo aplicar una medicina de prevención frente a la terapéutica es clave para mantener una buena calidad de vida. “Para el año 2050, la diabetes habrá aumentado un 30%, la obesidad un 25%, la hipertensión un 37%. ¿Cómo podemos nosotros aceptar esto? Seguimos tratando muy tarde en la vida cuando nos estamos olvidando que tenemos que prevenir mucho antes. Lo importante es empezar con los niños, en la educación infantil”.
 
Desde el punto de vista emocional, hablar y hablarnos bien es fundamental para alargar los años de vida. “El diálogo interno es necesario para enfrentar a situaciones difíciles. Hablar consigo mismo alarga la vida. En España, la esperanza de vida es alta: hombres 83 años, mujeres 86,7 años. Las personas comunicativas manejan mejor las dificultades. El sentido del humor ayuda a superar las incongruencias de la vida”, asegura Rojas Marcos.
 
El Dr. Fuster ha concluido el evento con un consejo inspirador: "Dediquen 15 minutos al día a detener el reloj. Desde un punto de vista práctico, personalmente me ha sido de gran ayuda llegar al hospital cada mañana y pasar 15 minutos sin hacer absolutamente nada. Simplemente reflexionando sobre lo que funciona, lo que no funciona, hacia dónde voy y de dónde vengo".
 

Así eran la Medicina y la Farmacia hace un siglo…
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