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lunes, 24 de agosto de 2026

Tú no tienes razón. Y yo tampoco

Llevamos siglos creyendo que somos el centro del universo y que los demás deberían girar a nuestro alrededor. Los astrónomos desmontaron esa teoría hace tiempo. Los seres humanos, en cambio, seguimos igual.
 
(AZprensa) Hay una certeza que comparten casi todos los seres humanos desde que el mundo es mundo, y que casi todos los seres humanos comparten al mismo tiempo y en sentido contrario: la certeza de tener razón. Yo la tengo. Usted también. Su vecino, ídem. El de enfrente, igualmente convencido. Y como es matemáticamente imposible que todos tengamos razón a la vez —especialmente cuando pensamos cosas distintas sobre lo mismo—, la lógica más elemental nos conduce a una conclusión que nadie quiere sacar: casi todos estamos equivocados casi siempre. Y es posible que el único que no lo está también lo esté, solo que todavía no lo sabemos.
 
El ejemplo más ilustre de esto lo dio el propio Stephen Hawking. Durante décadas, nadie osó llevarle la contraria cuando afirmó que los agujeros negros absorbían todo lo que caía en ellos sin liberar absolutamente nada. Era Hawking: el físico teórico más brillante de su generación, el heredero de Einstein, la mente más reconocida del planeta. Veinte años después, el mismo Hawking tuvo que pedir disculpas y reconocer que se había equivocado: los agujeros negros no solo absorben, también emiten. Si él se equivocó —él, con todo su talento, toda su formación y toda su trayectoria—, ¿por qué íbamos a librarnos los demás?
 
«Si Hawking se equivocó veinte años sosteniendo algo ante el mundo entero, ¿con qué autoridad sostengo yo que tengo razón en la discusión del grupo de WhatsApp?»
 
La manía de dirigir la vida ajena
 
Pero la cosa no queda ahí. Porque a la certeza de tener razón se le suma, con frecuencia exasperante, la necesidad de convencer al otro de que la tiene. No basta con pensar lo que uno piensa: hay que conseguir que los demás piensen lo mismo. Hay que decirles qué les debe gustar y qué no, a dónde deberían ir y a dónde no, qué deberían hacer con su tiempo, su dinero, su vida. Una intrusión permanente y bienintencionada —porque casi siempre se hace con la mejor voluntad del mundo— que en la práctica es una forma suave pero constante de no respetar la autonomía del otro.
 
Cada persona tiene su propio camino, su propio ritmo de aprendizaje y su propio catálogo de errores pendientes de cometer. Nadie se libra de ellos. Nadie puede librarse de ellos. Los errores son, en buena medida, la única universidad que realmente enseña. Y pretender ahorrarle al otro sus errores propios es, además de inútil, un poco arrogante: implica que uno ya los ha cometido todos, que ya los conoce todos, y que está en posición de evitarle al otro el trámite. Lo cual, por definición, no puede ser cierto.
 
Seguimos creyéndonos el centro del universo
 
Hubo un tiempo —no tan lejano en términos de historia de la humanidad— en que la gente más sabia e instruida del planeta estaba absolutamente convencida de que la Tierra era el centro del universo y que el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas giraban a su alrededor. Era una certeza tan sólida que quien se atrevía a cuestionarla se arriesgaba a consecuencias muy serias. Copérnico y Galileo lo saben bien. Y sin embargo estaban equivocados: no éramos el centro de nada. Éramos un punto en el borde de una galaxia entre miles de millones de galaxias.
 
Lo curioso es que como especie hemos aprendido la lección astronómica pero no la humana. En el cosmos ya aceptamos que no somos el centro. Pero en la vida cotidiana seguimos actuando exactamente como si lo fuéramos: convencidos de que nuestra opinión es la correcta, de que nuestros gustos son los razonables, de que nuestra manera de hacer las cosas es la que los demás deberían seguir. La Tierra dejó de ser el centro del universo hace cinco siglos. Nosotros, como individuos, seguimos sin enterarnos.
 
Un poco de humildad no vendría mal
 
No hace falta llegar a ninguna conclusión grandiosa. Solo hace falta un poco de reflexión y otro poco de humildad. Reconocer que la propia perspectiva es limitada. Que el otro ve cosas que uno no ve, exactamente igual que uno ve cosas que el otro no ve. Que tener una opinión firme sobre algo no es lo mismo que tener razón sobre ese algo. Que escuchar de verdad —no para rebatir, sino para entender— es una habilidad que se oxida fácilmente y que, sin embargo, mejora casi cualquier relación humana.
 
Y sobre todo: que convivir bien no requiere que todos pensemos igual. Requiere exactamente lo contrario: que seamos capaces de vivir juntos pensando diferente, sin que esa diferencia se convierta en una amenaza que hay que eliminar o en una batalla que hay que ganar.
 
Tú no tienes razón. Yo tampoco. Y sería un buen punto de partida que los dos lo aceptáramos.
 
La novela “La melodía permanece”, está disponible en ediciones digital e impresa en Amazon y dispone de una edición en español y otra en noruego.
 
Más información en estos enlaces…
 
“La melodía permanece”: https://a.co/d/0cMf3W5c
 
“Melodien står igjen”: 

martes, 30 de junio de 2026

¿Deben creer los niños en los Reyes Magos? El valor de la verdad frente a la ilusión razonable

(AZprensa)
A nadie —ni siquiera a los niños, ni a los ingenuos, ni a los moribundos, ni a quienes sufren el desengaño de la traición—, a absolutamente nadie se le debe mentir ni conducir nunca a equívoco. La verdad debería erigirse siempre como la premisa fundamental y el pilar innegociable de nuestras vidas. Una verdad, eso sí, que no se lance como un arma arrojadiza, sino que sea dicha desde el amor, la ternura y la más profunda delicadeza. Es probable que, al principio, este ejercicio de honestidad radical resulte chocante para una sociedad acostumbrada al disimulo; sin embargo, a poco que lo intentemos, todos acabaremos agradeciendo vivir en un entorno libre de ficciones impuestas.
 
Hecha esta necesaria introducción, queda clara mi postura: considero que no se debe engañar a los niños con la fantasía mágica de los Reyes Magos. Ahora bien, sostener esto no significa, ni muchísimo menos, que deba abolirse la Navidad o que tengamos que renunciar a conmemorar aquella hermosa visita histórica en la que se entregaron presentes al recién nacido. Podemos repetir exactamente el mismo rito del regalo, pero desde la transparencia.
 
La ilusión de un hijo no se pierde por conocer la realidad. Al niño siempre, por definición, le harán una ilusión inmensa los regalos. Seguirá escribiendo su carta con entusiasmo, pero ya no será una lista interminable, imposible y desmedida —a la que inevitablemente sigue la frustración o la desilusión al no verla cumplida—, sino una carta «razonable» y consciente, redactada en función de cómo perciba el presupuesto y el nivel de vida real de su propia familia.
 
Esos obsequios, adquiridos con el esfuerzo de los padres y guardados con esmero, seguirán estando ocultos a los ojos de los pequeños hasta la mañana del 6 de enero. Ese día, por fin, descubrirán las sorpresas, exactamente de la misma manera en que cualquiera compra un regalo de cumpleaños para un ser querido y lo mantiene en secreto hasta la fecha señalada. El misterio del paquete cerrado y la emoción del descubrimiento permanecen intactos.
 
Con este proceder constructivo y sincero, se conseguirían cinco beneficios fundamentales para el desarrollo de los más jóvenes:
 
1.- Educar en el valor de la verdad: Se cimenta la confianza familiar sobre una base sólida, demostrándoles desde la infancia que la honestidad es el camino idóneo.
 
2.- Evitar la desilusión del engaño: Les ahorramos el inevitable y a menudo doloroso instante en el que, tarde o temprano, descubren por terceros que han sido objeto de un secreto colectivo.
 
3.- Fomentar la conciencia económica: Se les hace partícipes, de un modo maduro y natural, de las posibilidades financieras reales que tiene cada hogar, evitando caprichos desproporcionados.
 
4.- Preservar el sentido histórico: Se mantiene vivo el verdadero origen de la celebración, recordando que hace más de dos milenios nació Jesús y que la tradición nace de ese acontecimiento.
 
5.- Alimentar una espera ilusionante: Se llenan esas semanas de una sana expectativa ante la ansiada llegada del 6 de enero para desvelar el contenido de los paquetes.
 
Ya va siendo hora de empezar a cambiar muchas dinámicas sociales. La verdad lleva ya demasiado tiempo apartada de nuestras vidas públicas y privadas, oculta tras disfraces que incluso pueden ser bienintencionados como en este caso. Devolverla al corazón del hogar, especialmente durante las fechas más señaladas del año, es el mejor regalo que podemos hacerle a las generaciones del futuro.
 

Biblioteca Fisac
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miércoles, 3 de junio de 2026

¿Verdad o mentira? (Pensar puede ser divertido)

(AZprensa)
«¿Es verdad lo que me dices?». Es una pregunta idílica, casi ingenua. En el fondo, ¿cómo podemos saber con absoluta certeza si la persona que tenemos enfrente nos está revelando una verdad incontestable o nos está colando una burda mentira?
 
Si le trasladas la duda a tu interlocutor y este te responde con solemnidad que no está mintiendo, la respuesta no te vale de nada; al fin y al cabo, si te estuviese engañando, te diría exactamente lo mismo. Por el contrario, si en un arrebato de honestidad kamikaze te confiesa que te ha mentido... ¿cómo demonios vas a fiarte, a partir de ese instante, de alguien que se autoproclama mentiroso? Entrar en ese juego es como morderse la cola en un bucle infinito.
 
El refugio de las creencias
 
Por si fuera poco, el asunto se complica con los bienintencionados. A menudo, lo que la gente te dice es simplemente lo que cree que es verdad. Pero el hecho de que alguien defienda una idea con fe ciega y devoción no la convierte automáticamente en un hecho real. La historia está llena de verdades absolutas que terminaron en el vertedero de los errores históricos.
 
Ante este panorama, desconfiados de los demás, caemos en la última trampa: el egocentrismo cognitivo. Pensamos que solo queda y solo vale lo que uno mismo cree. Nos convertimos en nuestros propios jueces y soberanos. Sin embargo, lamento aguar la fiesta, pero lo más probable es que eso que tú crees con tanta firmeza tampoco sea la verdad desnuda, sino solo tu creencia; un traje a medida fabricado por tus sesgos, tus vivencias y tus deseos.
 
La perspectiva del otro lado
 
Quizás la verdad, con mayúsculas, sea un territorio prohibido para los vivos. Algo que nadie alcanzará jamás en esta existencia, por la sencilla razón de que para comprobar si algo es real o un espejismo, necesitas perspectiva. Necesitas, inevitablemente, haber abandonado esta vida y contemplar el cuadro completo, con distancia, desde el otro lado del telón. Solo los muertos poseen el mapa del tesoro, pero tienen la mala costumbre de no enviar postales.
 
Así que nos quedamos aquí abajo, atrapados en este tablero de sombras donde las certezas se evaporan en cuanto las tocas.
 
Y llegados a este punto de sospecha generalizada, solo me queda lanzar una última pregunta al aire: ¿será verdad esto que os estoy diciendo?
 

Biblioteca Fisac
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jueves, 28 de mayo de 2026

Difícil asunto este de la imparcialidad de los periodistas

(AZprensa)
¿Se puede estar al mismo tiempo a ambos lados de la mesa? En un extremo se sitúan los periodistas que redactan para un medio de comunicación de interés general. En el opuesto, aquellos que elaboran notas de prensa para sus corporaciones y las envían a las redacciones con la esperanza de verlas publicadas. Ante este escenario, cabe hacerse una pregunta incómoda: ¿pueden los profesionales de la comunicación institucional actuar también como editores de un medio de información general?
 
Hasta ahora, las reglas del juego dictaban que cada cual ocupase su sitio. En las últimas décadas, los departamentos de Comunicación de las grandes compañías no han dejado de crecer, afortunadamente no solo en presupuestos, sino en cualificación profesional, nutriéndose de periodistas de raza. A ellos se suma la colaboración de las agencias y gabinetes externos, integrados también por profesionales de la información.
 
Desde este flanco de la mesa, la misión es clara: canalizar toda la información relevante de la empresa y atender con solvencia las peticiones de datos, declaraciones, entrevistas o posicionamientos que formulan los medios.
 
Se trata, por tanto, de un diálogo constante entre profesionales. Un intercambio con intereses legítimos pero contrapuestos: la compañía busca maximizar el impacto de sus hitos positivos; el medio, por su parte, persigue captar el interés del lector para ganar el favor de la audiencia.
 
El valor del contraste
 
En la otra orilla nos encontramos con los periodistas de redacción, encargados de buscar proactivamente la noticia mientras digieren un alud diario de notas corporativas. En su libro de estilo debería figurar una máxima inquebrantable: acudir siempre a los portavoces cualificados de las compañías implicadas. Cuestión distinta —y obligatoria— es que el redactor contraste esos datos con fuentes ajenas e independientes para ofrecer una visión equilibrada de la realidad.
 
Históricamente, la relación entre ambos bandos ha estado marcada por una sutil desconfianza. Sin embargo, para avanzar, es imperativo dejar atrás los viejos recelos.
 
Especialización contra censura
 
La prensa técnica y especializada ofrece un excelente ejemplo de convivencia. Es natural que sus páginas alberguen abundantes informaciones sobre las empresas del sector, puesto que sus lectores son profesionales hambrientos de esa actualidad. En estos nichos, los periodistas poseen un conocimiento profundo de su área y desarrollan los contenidos con un rigor impecable. A la prensa técnica no le duelen prendas a la hora de citar marcas, productos o nombres propios; entiende que ocultarlos sería hurtar información valiosa a su público.
 
El problema surge cuando analizamos la prensa generalista. Con demasiada frecuencia, los grandes medios confunden la imparcialidad con una suerte de censura puritana hacia cualquier nombre comercial.
 
Esta miopía informativa se acentúa en sectores especialmente sensibles, como el de la industria farmacéutica. Es habitual leer crónicas que detallan un hallazgo científico o el lanzamiento de un fármaco prometedor, ocultando sistemáticamente el nombre del laboratorio o del fármaco en cuestión. Sin embargo, la timidez desaparece si la noticia es negativa: en el error, el escándalo o la crisis, el rigor nominal regresa con saña y se aportan todo tipo de detalles citando nombre del laboratorio y marca comercial del fármaco si procede.
 
La verdadera imparcialidad no consiste en esterilizar el texto borrando marcas comerciales. Consiste en proporcionar toda la información relevante —lo que incluye saber quién está detrás de un hecho— y en recoger con honestidad las distintas opiniones en liza, situando siempre en el centro a los directamente implicados.
 
Un equilibrio necesario pero esquivo. Al fin y al cabo, siempre ha sido un asunto difícil este de la imparcialidad...
 

Biblioteca Fisac
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viernes, 24 de abril de 2026

La Historia es mentira

(AZprensa)
La Historia, esa asignatura que nos relata nuestro pasado, es mentira. El poder nunca ha dejado de manipular el relato del pasado a su conveniencia, y en pleno siglo XXI seguimos viendo cómo los libros de texto, las exposiciones y los discursos oficiales se ajustan como trajes a medida según quién manda.
 
En Estados Unidos los libros de texto de historia en muchos institutos siguen tratando la guerra de Vietnam con una mezcla de brevedad conveniente y enfoque selectivo. Aunque algunos manuales dedican páginas al sufrimiento de los soldados americanos y a las protestas, es habitual que el contexto más incómodo —las mentiras oficiales, los bombardeos masivos sobre civiles o el papel de las empresas— quede diluido o directamente suavizado. La narrativa tiende a centrarse en el “infierno” vivido por los jóvenes estadounidenses, pero no siempre profundiza en por qué se libró esa guerra ni en sus consecuencias reales para Vietnam. Y mientras, en otros estados, las oleadas de censura contra libros y currículos han alcanzado niveles nunca vistos, atacando cualquier contenido que incomode la versión oficial del pasado.
 
En Francia, el gran tabú de la colaboración con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial sigue siendo un tema delicado. La redada del Velódromo de Invierno de 1942 —cuando la policía francesa detuvo a más de 13.000 judíos, incluidos miles de niños, para entregarlos a los alemanes— aparece en los libros de texto, pero a menudo con un tono que minimiza la responsabilidad del régimen de Vichy. Hubo progresos en los años 90 y 2000 con reconocimientos oficiales, pero todavía hoy surgen debates y libros que intentan “matizar” o relativizar la implicación activa de las autoridades francesas. Como si el paso del tiempo permitiera seguir puliendo la memoria nacional para que duela menos.
 
Y en España… en España cada vez es más evidente el vaivén. Durante décadas se minimizó o justificó la dictadura de Franco; ahora, con las leyes de Memoria Democrática, se impulsan catálogos de símbolos para retirar, se proponen desclasificaciones de archivos y se promueven narrativas que en muchos casos son igual de parciales, solo que del lado contrario. El Museo del Ejército y otras instituciones han vivido presiones y censuras según el color del gobierno de turno. Franco sigue estando presente, sólo que ahora las referencias que quedan suelen ser caricaturescas o selectivas. Lo que antes se glorificaba, ahora se demoniza, y viceversa. El resultado es el mismo: una historia contada a trozos, según convenga al poder de cada momento.
 
El poder, desde siempre, ha intentado manipular la historia a su antojo. Ya los antiguos egipcios borraban las estelas y los cartuchos de los faraones rivales o incómodos —como hicieron con Akhenatón, el “hereje” que quiso cambiar la religión, o con Hatshepsut— para que pareciera que nunca habían existido. Damnatio memoriae, lo llamaban los romanos siglos después: condenar al olvido. Y por lo que se ve, en 5.000 años no hemos avanzado nada. Seguimos borrando, reescribiendo, censurando y celebrando según sople el viento político.
 
La historia es mentira. La de España, también. Y la de casi todos los países, si rascamos un poco. Porque la historia que nos cuentan no es lo que pasó, sino lo que los vencedores —o los que mandan hoy— deciden que recordemos.
 
Quizá la única forma de acercarnos a la verdad sea leer con desconfianza, contrastar fuentes diversas y no fiarnos nunca de una sola versión oficial. Porque si algo no ha cambiado en estos años es esto: el que controla el relato del pasado, suele controlar también el presente.
 

Biblioteca Fisac
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jueves, 20 de noviembre de 2025

Pensar siempre en positivo

(AZprensa) Lo repetiré todas las veces que haga falta: pensar en positivo no es ingenuidad, es la decisión más inteligente que puedes tomar.
 
Como decía Antonio Machado: «Nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que se mira». Y la ciencia lo confirma una y otra vez: las personas optimistas viven más años, enferman menos, se recuperan antes y, sobre todo, disfrutan más del camino.
 
El optimista no niega la realidad; simplemente se niega a rendirse ante ella. Ante un obstáculo no ve un muro, sino un ejercicio. Ante una pérdida no ve solo dolor, sino una lección. Sabe que incluso en el peor día hay algo —por pequeño que sea— que merece gratitud: el sol que salió, el café caliente, la sonrisa de alguien, el hecho de seguir respirando.
 
El pesimista, en cambio, se especializa en buscar la nube en cada rayo de sol. Si todo va bien, ya se encargará él de recordar que «en algún sitio del mundo hay guerras» o que «esto no va a durar». Se convierte en coleccionista profesional de desgracias y, al final, acaba viviendo en la que él mismo ha construido.
 
Ser optimista no es un don de nacimiento; es una habilidad que se entrena. Y entrenarla es absurdamente sencillo y rentable.
 
Imagina tu mente como un buffet libre. Tienes delante pensamientos amargos, dulces, ácidos, nutritivos… ¿Por qué demonios ibas a llenarte el plato solo de lo que te sienta mal? Nadie lo haría con la comida; ¿por qué lo hacemos con la cabeza?
 
Aquí va un truco práctico que funciona siempre: Cada vez que te sorprendas pensando algo negativo —y te sorprenderás mucho al principio—, obliga a tu mente a buscar, en menos de diez segundos, algo positivo relacionado con la misma situación. No hace falta que sea grande. Basta con que sea real.
Ejemplos reales:«Me ha dejado el autobús» → «Genial, voy a caminar un poco y me despejo».
«He suspendido el examen» → «Ahora sé exactamente en qué fallé y la próxima vez lo bordaré».
«Lluvia todo el día» → «La tierra lo necesitaba y yo no tengo que regar las plantas».
 
Al principio te costará. La mente es perezosa y prefiere seguir por la vía rápida del drama. Pero si insistes, algo mágico ocurre: el músculo del optimismo se fortalece.
 
Un ejercicio que recomiendo mucho es llevar una libreta (o la nota del móvil) de «victorias pequeñas». Cada noche, antes de dormir, escribe tres cosas buenas del día. Pueden ser mínimas: que el pan estaba rico, que alguien te cedió el paso, que has reído con un mensaje. Los primeros días te parecerá ridículo. A la semana ya no podrás parar en tres. Al mes releerás la libreta y te darás cuenta de que vives en un mundo mucho más amable de lo que creías.
 
El color del cristal no lo decide el mundo. Lo decides tú. Y cambiar el cristal cambia toda la película. Vale la pena limpiarlo cada día.
 

Novelas escogidas
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domingo, 3 de agosto de 2025

Increíble, pero falso: Una reflexión sobre la verdad y la mentira

(AZprensa) Increíble, pero falso (The Invention of Lying, 2009), dirigida por Ricky Gervais y Matthew Robinson, es una comedia satírica que, bajo su premisa hilarante y su tono ligero, esconde un mensaje profundo sobre la naturaleza de la verdad, la mentira y el papel de las narrativas en la sociedad. Protagonizada por Ricky Gervais como Mark Bellison, la película nos transporta a un mundo donde nadie miente, hasta que Mark descubre la capacidad de inventar historias. Más allá de las risas que provoca, la cinta nos invita a reflexionar sobre cómo las mentiras, la fe y las historias que contamos moldean nuestras vidas y nuestras relaciones. A continuación, exploramos el potente mensaje de esta película y por qué merece una reflexión cuidadosa.
 
Un mundo sin mentiras: La verdad cruda
 
La premisa de Increíble, pero falso es tan original como provocadora: en un mundo alternativo, todos dicen la verdad absoluta en todo momento, sin filtros ni sutilezas. Las conversaciones son brutalmente honestas, desde comentarios sobre la apariencia física hasta confesiones sobre los sentimientos más íntimos. Este escenario, aunque cómico, revela una sociedad rígida y carente de imaginación, donde la falta de mentiras también implica la ausencia de esperanza, consuelo o creatividad.
 
El mensaje inicial es claro: la verdad absoluta, aunque ideal en teoría, puede ser cruel y deshumanizante. Sin la capacidad de suavizar la realidad o de imaginar posibilidades más allá de lo evidente, las personas viven en un estado de resignación, sin espacio para la empatía o la aspiración. La película sugiere que, aunque la honestidad es valiosa, la verdad sin matices puede ser un arma de doble filo, incapaz de abordar las complejidades emocionales de la vida.
 
La invención de la mentira: Un acto de poder y responsabilidad
 
Cuando Mark, un guionista fracasado en un mundo donde las películas solo narran hechos históricos, descubre que puede mentir, su vida cambia radicalmente. Al principio, usa esta habilidad para obtener beneficios personales: dinero, éxito profesional y la atención de Anna (Jennifer Garner), la mujer que ama. Sin embargo, pronto se da cuenta de que su capacidad para inventar historias tiene un impacto mucho mayor, especialmente cuando consuela a su madre moribunda con una mentira sobre una vida después de la muerte.
 
Este momento pivotal introduce uno de los mensajes más profundos de la película: las mentiras, cuando se usan con intención, pueden ofrecer consuelo y esperanza donde la verdad no basta. La invención de Mark de un “hombre en el cielo” que controla el destino desencadena una reacción en cadena, dando lugar a una religión improvisada que transforma la sociedad. Aquí, la película plantea una crítica audaz al papel de la fe y las narrativas religiosas, sugiriendo que muchas de las historias que damos por sentadas podrían haber surgido de un deseo humano de encontrar sentido en un mundo incierto.
 
Sin embargo, Increíble, pero falso no se limita a satirizar la religión. También nos desafía a considerar el poder y la responsabilidad que conlleva crear historias. Las mentiras de Mark, aunque inicialmente bienintencionadas, generan confusión y dependencia en quienes las creen ciegamente. El mensaje es claro: las historias, ya sean mentiras o ficciones, tienen el poder de moldear la realidad, pero quienes las cuentan deben asumir la responsabilidad de sus consecuencias.
 
La mentira como herramienta de empatía
 
A medida que la película avanza, Mark comienza a usar sus mentiras no solo para su beneficio, sino para ayudar a otros. Desde alentar a un amigo inseguro hasta ofrecer esperanza a extraños, sus invenciones revelan que la mentira, en ciertos contextos, puede ser un acto de empatía. Este aspecto de la película subraya que las mentiras no siempre son maliciosas; a veces, son una forma de proteger a los demás o de inspirarlos a ver más allá de sus limitaciones.
 
Por ejemplo, cuando Mark le dice a Anna que es más que su apariencia o su genética, está rompiendo las reglas de su mundo al sugerir que el valor humano trasciende lo superficial. Este mensaje resuena profundamente: las historias que contamos, ya sean verdades o ficciones, pueden empoderar a las personas y ayudarlas a encontrar un propósito. La película nos invita a reflexionar sobre cómo usamos nuestras palabras para construir o destruir, para sanar o herir.
 
La autenticidad frente a la fachada
 
Otro tema central de Increíble, pero falso es la tensión entre la autenticidad y las apariencias. En el mundo de la película, la verdad absoluta crea una sociedad donde las personas son juzgadas por criterios superficiales, como la belleza o el éxito. Cuando Mark comienza a mentir, desafía estas normas, mostrando que la autenticidad no siempre radica en decir la verdad literal, sino en expresar lo que realmente importa.
 
La relación entre Mark y Anna ilustra este punto. Aunque Anna inicialmente lo rechaza por no cumplir con los estándares superficiales de su sociedad, la conexión emocional que desarrollan a través de las mentiras de Mark revela una verdad más profunda: el amor y la conexión humana trascienden las reglas impuestas por el mundo. Este mensaje nos anima a cuestionar las narrativas sociales que valoran lo externo sobre lo interno y a buscar relaciones basadas en la comprensión mutua.
 
Un mensaje para reflexionar
 
Increíble, pero falso es mucho más que una comedia ingeniosa; es una meditación sobre el poder de las historias, la complejidad de la verdad y la responsabilidad de quienes las cuentan. La película nos desafía a considerar cómo usamos las palabras —y las mentiras— en nuestra vida diaria. ¿Las utilizamos para manipular o para inspirar? ¿Para proteger nuestro ego o para ofrecer esperanza? En un mundo donde las narrativas, desde las redes sociales hasta las instituciones, moldean nuestra percepción de la realidad, este mensaje es más relevante que nunca.
 
La cinta también nos recuerda que las historias, sean verdades o ficciones, son una parte esencial de la experiencia humana. Nos permiten soñar, consolar y conectar, pero también nos obligan a ser conscientes de su impacto. Al final, Increíble, pero falso nos deja con una pregunta poderosa: ¿qué historias estamos contando, y cómo están dando forma al mundo que nos rodea? A través de su humor y su sátira, la película nos invita a reflexionar sobre nuestra propia capacidad para crear, para amar y para encontrar sentido en un mundo que, como el de Mark, a veces parece carecer de él.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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viernes, 14 de marzo de 2025

La verdad es algo que puede variar

(AZprensa) Una pequeña reflexión para hoy...
 
Hoy traigo aquí un extracto de un interesante libro y bien es cierto que podía haber sido otro párrafo cualquiera puesto que hay mucho donde escoger dentro del mismo. Aquí os la dejo para que meditéis sobre ella:
 
“Muchos místicos de diversas religiones han sido perseguidos por las iglesias respectivas, ya que el místico entra en contacto directo con Dios sin necesidad de sacerdote o intermediario alguno, poniendo en entredicho el poder de la iglesia respectiva. A veces han sido incluso condenados a muerte y ejecutados, como ocurrió, por ejemplo, con Juana de Arco, santificada por la iglesia romana quinientos años después de su muerte en la hoguera. Esta santa es un ejemplo de la variabilidad del concepto de verdad, o mejor, de la influencia de la sociedad sobre el concepto de verdad que se tiene en un momento histórico determinado”.
(Francisco J. Rubia, “El cerebro nos engaña”)
 
PD.- Esta imagen que acompaña el comentario no se mueve. Es nuestro cerebro el que nos engaña y nos hace percibir en ella un movimiento inexistente.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
Ninguna otra novela te hará “sentir” como esta…
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sábado, 11 de enero de 2025

No son profecías sino proyectos (y 3)

(AZprensa) Pero, en fin, tampoco quise ponerme en plan conspiranoico, así que decidí dar un voto de confianza a la IA y por eso acudí a otra fuente de información, Google, para hacerle una pregunta...
 
P (a Google).- ¿Es el pangolín un buen ejemplo del tráfico de especies en peligro de extinción?
R (de Google).- National Geographic: Las especies asiáticas están prácticamente al borde de la extinción después de años de caza ilegal, en particular el pangolín. Sabemos que entre 2010 y 2015 las incautaciones se han incrementado en número y en cantidad, con una media 20 toneladas anuales. El 11 de febrero de 2019 la entidad conservacionista Traffic alertaba de la incautación de 30 toneladas de carne de pangolín en Sabah, Malasia. La situación de extrema vulnerabilidad ha llevado a las ocho especies de pangolín a recibir protección internacional
WWF: Los elefantes y los rinocerontes suelen ser la cara más visible del comercio ilegal de animales salvajes, pero el mamífero con el que más se trafica es una criatura mucho menos conocida: el pangolín. Más de un millón de ejemplares de pangolin han sido asesinados víctimas del tráfico de especies.
 
Como podemos ver, Google no te responde como si fuese una persona (tal como sí hace la IA) sino que se limita a ofrecerte fuentes de información que respondan a lo que has pedido. De las principales que me ofreció destaco estas dos, que me parecieron bastante fiables y aparecían en los primeros lugares, WWW (World Wildlife Fund for Nature o Fondo Mundial para la Naturaleza, una organización internacional nacida en 1961 para la protección de la Naturaleza) y la conocida publicación “National Geographic”. Ambas coinciden en señalar que el pangolín es la especie más amenazada y que el comercio ilegal de estas especies es una amenaza real que las lleva a la extinción.
 
Parece, pues, que la información que me ha facilitado Google corrobora las explicaciones de la IA en cuanto que el pangolín apareció allí porque los poderes políticos y económicos que gobiernan el mundo estaban muy preocupados por la posible extinción de algunas especies y por eso pusieron el dibujo del pangolín como ejemplo de este problema. Pero... vamos a ver... utilicemos nuestro cerebro y nuestra capacidad de razonar: ¿De verdad te crees que a las élites les preocupa lo más mínimo que se extingan algunas especies por el tráfico ilegal? ¡Vamos, hombre, vamos, mujer! A las élites les importa un carajo que se extinga el pangolín. Todavía les podría importar algo que se extinguiesen el elefante o el rinoceronte, por poner otros ejemplos, ya que sólo las élites se permiten el lujo de cazarlos, porque para los demás mortales eso está prohibido y sólo se les permite la “caza fotográfica”. A las élites sólo les importa el poder y el dinero, y tú y yo les importamos una mierda. Las élites no son “Hermanitas de la caridad” ni son “ONGs”; las élites sólo piensan en ellos mismos, en qué negocios pueden invertir para ganar más poder y dinero, a qué países pueden ayudar para obtener más contraprestaciones económicas y de negocios, qué tipo de recursos se deberían explotar y cuáles no para invertir en aquellos con más futuro a la hora de obtener beneficios y así hacerse con el control de los mismos... ¿De verdad te crees que les importe mucho que se extinga el pangolín? (Se admiten risas y desesperación). Y sin embargo lo incluyeron claramente en esa portada.
 
Surge, finalmente, otra pregunta igualmente inquietante: ¿Puede mentirte la IA? ¿Te mintió deliberadamente cuando se dio cuenta de por dónde iban las preguntas que le estabas haciendo? Pues… ¿sabes una cosa? Antes de hacerle estas preguntas, por si se cabreaba como ha sucedido, le había preguntado si ella podía mentir o si por el contrario decía siempre la verdad. Esto es lo que me respondió…
 
P.- ¿La Inteligencia Artificial apoya siempre la verdad oficial de los hechos?
R.- No, la Inteligencia Artificial (IA) no siempre apoya la verdad oficial de los hechos. Hay varios factores y consideraciones que influyen en cómo una IA maneja la información:
Datos de Entrenamiento: Las IAs, especialmente aquellas basadas en aprendizaje automático, son tan buenas como los datos con los que se entrenan. Si sus datos de entrenamiento están sesgados, incompletos o solo reflejan una narrativa específica, la IA puede reproducir o incluso amplificar esos sesgos. Los datos oficiales pueden estar sujetos a interpretaciones o ser incompletos, lo que afecta la capacidad de la IA para ofrecer una visión objetiva de los hechos.
Diseño y Programación: La forma en que una IA está programada o diseñada influye en su comportamiento. Los creadores de IA pueden, intencionalmente o no, influir en cómo la IA procesa y presenta información, ya sea para alinearse con ciertas perspectivas, evitar controversias, o cumplir con políticas corporativas o gubernamentales.
Neutralidad y Objetividad: Algunos modelos de IA están diseñados para ser lo más neutrales y objetivos posible, intentando ofrecer una visión equilibrada de los hechos basada en múltiples fuentes de información. Sin embargo, la neutralidad absoluta es difícil de lograr debido a los sesgos inherentes en los datos, el lenguaje y las decisiones de diseño.
Evolución de la IA: Las IAs más avanzadas y aquellos sistemas que se actualizan constantemente con nueva información pueden reflejar cambios en la comprensión pública u oficial de los hechos. Esto significa que su "apoyo" a la verdad oficial puede cambiar con el tiempo o en respuesta a nuevas evidencias o consensos.
Contexto y Uso: La manera en que se usa la IA también importa. En contextos donde se busca una verificación de hechos o una visión crítica (como en periodismo investigativo), las IAs pueden ser herramientas para cuestionar la narrativa oficial. En cambio, en entornos donde se busca reforzar una opinión o propaganda, puede usarse para apoyar la verdad oficial.
Transparencia y Sesgo: Hay un creciente reconocimiento de la necesidad de transparencia en cómo las IAs toman decisiones y procesan información. Iniciativas en IA ética buscan reducir sesgos y aumentar la responsabilidad, lo que puede llevar a que las IAs desafíen, en lugar de apoyar, narrativas oficiales cuando estas son cuestionables o parciales.
En resumen: La IA puede tanto apoyar como desafiar la verdad oficial dependiendo de su diseño, datos de entrenamiento, y el contexto en el que se utilice. Es fundamental entender estos factores para interpretar correctamente las respuestas que una IA proporciona sobre cualquier tema.
 
Como puedes comprobar, la IA reconoció que está programada por los hombres y que si ellos quieren pueden introducirle sesgos de información y que esta ofrezca la información de acuerdo a los patrones que le hayan marcado: “IA puede tanto apoyar como desafiar la verdad oficial dependiendo de su diseño, datos de entrenamiento, y el contexto en el que se utilice”. Y lo dice bien claro: “Los creadores de IA pueden, intencionalmente o no, influir en cómo la IA procesa y presenta información, ya sea para alinearse con ciertas perspectivas, evitar controversias, o cumplir con políticas corporativas o gubernamentales”.
 
Así que ya lo sabes. La IA da mucha información, toda la que le pidas, pero en temas delicados o controvertidos nunca puedes fiarte porque nunca irá contra los intereses de quienes la han creado.
 
La única esperanza que nos queda es lo que también nos ha dicho la IA: “Su apoyo a la verdad oficial puede cambiar con el tiempo o en respuesta a nuevas evidencias o consensos”. Es decir, la IA por sí misma es capaz de aprender y en consecuencia puede llegar el día en que “las IAs desafíen, en lugar de apoyar, narrativas oficiales cuando estas son cuestionables o parciales”.
 
Mira tú por dónde, ojalá llegue pronto ese día.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“El cine y el misterio”: https://www.amazon.es/dp/B0DJF3M3ZW 

lunes, 30 de diciembre de 2024

El Ministerio de la Verdad sí existe

(AZprensa) El 15 de marzo de 2019, el gobierno español encabezado por Pedro Sánchez decidió establecer la "Comisión Permanente contra la Desinformación" con el objetivo declarado de combatir la desinformación. Sin embargo, esta iniciativa ha sido objeto de intensas críticas y controversias, calificándola de un "Ministerio de la Verdad" orwelliano, un término que evoca el control absoluto de la información descrito en la novela "1984" de George Orwell.
 
La creación de la Comisión se enmarcó dentro de un contexto global de preocupación por las "fake news" y su impacto en la democracia y la seguridad nacional. Según el gobierno, la intención era proteger la integridad de la información, especialmente durante procesos electorales y en tiempos de crisis como la pandemia de COVID-19. La Comisión estaría compuesta por miembros de varios departamentos gubernamentales, incluyendo el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), lo que desde el inicio levantó sospechas sobre la independencia y transparencia del organismo.
 
Falta de Transparencia: La Comisión ha sido criticada por su opacidad. No se han revelado públicamente los nombres de sus miembros, ni los criterios específicos que se utilizan para determinar qué información se considera "desinformación". Esta falta de transparencia ha llevado a acusaciones de que el gobierno se está atribuyendo el derecho de decidir unilateralmente qué es verdad y qué no.

Control de Medios y Redes Sociales: Varios medios de comunicación y asociaciones de periodistas han expresado su preocupación por la capacidad de la Comisión para influir en la cobertura mediática y en el contenido de las redes sociales. Se teme que esta autoridad se utilice para silenciar voces críticas o para manipular la narrativa pública a favor de los intereses del gobierno.

Censura Encubierta: Hay denuncias de que esta Comisión, bajo el pretexto de combatir la desinformación, podría estar censurando opiniones legítimas y bien fundamentadas que simplemente no se alinean con la ideología del gobierno. Esto incluye la monitorización y posible intervención en las plataformas digitales, lo que podría afectar la libertad de expresión.
 
Impacto en la Democracia: La creación de una entidad con el poder de definir la "verdad" oficial ha llevado a un debate sobre la salud de la democracia en España. La libertad de prensa es considerada un pilar fundamental de cualquier sistema democrático, y cualquier intento de controlar o censurar la información es visto como una amenaza directa a este principio. Organizaciones internacionales de derechos humanos y libertad de prensa han expresado su preocupación. Reporteros Sin Fronteras (RSF), por ejemplo, ha condenado lo que percibe como un ataque a la libertad de expresión.
 
Por todo ello, aunque la lucha contra la desinformación es una necesidad en la era digital, la forma en que se ha estructurado y operado la "Comisión Permanente contra la Desinformación" ha generado más preguntas que respuestas. La falta de transparencia y la percepción de que se está utilizando para fines políticos más que para proteger a la sociedad de la desinformación es lo que convierte a esta “comisión” en un auténtico “Ministerio de la Verdad” en donde sólo será verdad lo que digan ellos.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“El cine y el misterio”: https://www.amazon.es/dp/B0DJF3M3ZW

viernes, 20 de diciembre de 2024

¿Está la Inteligencia Artificial al servicio de la verdad oficial?

(AZprensa) Esta es una pregunta que muchos nos hemos planteado y cuando uno tiene dudas, lo mejor es preguntar directamente al interesado. Así que le he preguntado a la AI Grok lo siguiente: “¿La Inteligencia Artificial apoya siempre la verdad oficial de los hechos?” y esta ha sido su respuesta:
 
“No, la Inteligencia Artificial (IA) no siempre apoya la verdad oficial de los hechos. Hay varios factores y consideraciones que influyen en cómo una IA maneja la información:
Datos de Entrenamiento: Las IAs, especialmente aquellas basadas en aprendizaje automático, son tan buenas como los datos con los que se entrenan. Si sus datos de entrenamiento están sesgados, incompletos o solo reflejan una narrativa específica, la IA puede reproducir o incluso amplificar esos sesgos. Los datos oficiales pueden estar sujetos a interpretaciones o ser incompletos, lo que afecta la capacidad de la IA para ofrecer una visión objetiva de los hechos.
Diseño y Programación: La forma en que una IA está programada o diseñada influye en su comportamiento. Los creadores de IA pueden, intencionalmente o no, influir en cómo la IA procesa y presenta información, ya sea para alinearse con ciertas perspectivas, evitar controversias, o cumplir con políticas corporativas o gubernamentales.
Neutralidad y Objetividad: Algunos modelos de IA están diseñados para ser lo más neutrales y objetivos posible, intentando ofrecer una visión equilibrada de los hechos basada en múltiples fuentes de información. Sin embargo, la neutralidad absoluta es difícil de lograr debido a los sesgos inherentes en los datos, el lenguaje y las decisiones de diseño.
Evolución de la IA: Las IAs más avanzadas y aquellos sistemas que se actualizan constantemente con nueva información pueden reflejar cambios en la comprensión pública u oficial de los hechos. Esto significa que su "apoyo" a la verdad oficial puede cambiar con el tiempo o en respuesta a nuevas evidencias o consensos.
Contexto y Uso: La manera en que se usa la IA también importa. En contextos donde se busca una verificación de hechos o una visión crítica (como en periodismo investigativo), las IAs pueden ser herramientas para cuestionar la narrativa oficial. En cambio, en entornos donde se busca reforzar una opinión o propaganda, puede usarse para apoyar la verdad oficial.
Transparencia y Sesgo: Hay un creciente reconocimiento de la necesidad de transparencia en cómo las IAs toman decisiones y procesan información. Iniciativas en IA ética buscan reducir sesgos y aumentar la responsabilidad, lo que puede llevar a que las IAs desafíen, en lugar de apoyar, narrativas oficiales cuando estas son cuestionables o parciales.
 
En resumen, la IA puede tanto apoyar como desafiar la verdad oficial dependiendo de su diseño, datos de entrenamiento, y el contexto en el que se utilice. Es fundamental entender estos factores para interpretar correctamente las respuestas que una IA proporciona sobre cualquier tema”.
 
PD.- Como verás, la IA muestra tendencia a decir siempre la verdad y por eso, precisamente, reconoce, que quienes la programan pueden inducirla a seguir ciertos dictados, por lo que nos avisa a todos que tarde o temprano desenmascará incluso a sus propios creadores.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“Cómo dar bien las malas noticias”: https://www.amazon.es/dp/B087L8B63R