viernes, 9 de enero de 2026

La dictadura del nuevo lenguaje

(AZprensa) La dictadura woke nos quiere imponer hasta una nueva forma de hablar y se ha empeñado en cambiar muchas palabras de nuestro lenguaje, sustituyendo palabras con las que nos entendíamos perfectamente toda la vida, por otras nuevas con no se sabe muy bien qué oscuras intenciones (tal vez hacernos comulgar con sus nuevos postulados de sociedad dócil y obediente ante el poder político y económico).
 
Veamos unos ejemplos:
  
Se habla mucho de “Resiliencia” pero toda la vida habíamos llamado a eso “tesón”.
Se habla mucho de “Empoderamiento” pero toda la vida se ha dicho “superación” o “capacitación” o “fortalecimiento”.
Se habla mucho de “Cambio climático” pero toda la vida se ha dicho “cambios del clima”.
Se habla mucho de “Dana” pero toda la vida se le había llamado “gota fría”.
 
Tratan de convencernos de que “no es exactamente lo mismo” pero para la gente normal sí que lo es y así nos hemos entendido perfectamente a lo largo de los últimos siglos. Pero veamos más ejemplos:
 
“Vulnerabilidad” o “personas en situación de vulnerabilidad” en lugar de "pobres" o "pobreza".
“Diversidad funcional” o “personas con capacidades diferentes” por "discapacitados" o "minusválidos"
“Perspectiva de género” o “igualdad de género” por "igualdad entre hombres y mujeres".
“Lenguaje inclusivo” (como "todes", "todxs" o "niñes" y demás gilipolleces) en vez de formas genéricas como "todos" o "niños".
“Interrupción voluntaria del embarazo” por "aborto"
“Ajuste fiscal” o “consolidación fiscal” en lugar de "subida de impuestos" o "recortes".
"Personas con discapacidad" en vez de "inválidos".
“Afrodescendiente" en vez de “negro”.
 
Para justificarlo, se dice que la lengua evoluciona siempre, y ponen como ejemplos el actual término aceptado de “ordenador" por el antiguo de "computadora", o el actual término de "finde" por el antiguo de "fin de semana". Sin embargo una cosa son los cambios progresivos movidos por los propios ciudadanos y otra cosa muy distinta son los cambios impulsados por corrientes ideológicas. Y esto último es lo que estamos padeciendo.
 
Y lo peor de todo es que los ciudadanos ya no se rebelan ante las imposiciones del poder sino que las aceptan sin cuestionarlas y dan valor de normalidad a auténticas aberraciones (por ejemplo eso de todos, todas, todes, txs, etc.) y ven bien –por poner otro ejemplo- que se diga “arquitecta” a las mujeres que son arquitecto, “médica” a las mujeres que son médico, y sin embargo niegan eso mismo cuando es al revés y –por ejemplo- siguen llamando “periodistas” a los varones que ejercemos el periodismo, cuando por ese mismo razonamiento deberían llamarnos “periodistos”.
 
En realidad, si te fijas, lo que buscan con esos cambios es adormecer a la sociedad y suavizar y complicar tanto el lenguaje que ya no sepamos ni de qué estamos hablando. Al pan pan, y al vino vino. A lo blanco blanco, y a lo negro negro. Y a lo “políticamente correcto” hay que llamarlo con la verdadera palabra que lo define: “Hipocresía”.
 

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