(AZprensa)
La dictadura woke nos quiere imponer hasta una nueva forma de hablar y se ha
empeñado en cambiar muchas palabras de nuestro lenguaje, sustituyendo palabras
con las que nos entendíamos perfectamente toda la vida, por otras nuevas con no
se sabe muy bien qué oscuras intenciones (tal vez hacernos comulgar con sus
nuevos postulados de sociedad dócil y obediente ante el poder político y
económico).
Veamos
unos ejemplos:
Se
habla mucho de “Resiliencia” pero toda la vida habíamos llamado a eso “tesón”.
Se habla mucho de “Empoderamiento” pero toda la vida se ha dicho “superación” o “capacitación” o “fortalecimiento”.
Se habla mucho de “Cambio climático” pero toda la vida se ha dicho “cambios del clima”.
Se habla mucho de “Dana” pero toda la vida se le había llamado “gota fría”.
Tratan
de convencernos de que “no es exactamente lo mismo” pero para la gente normal
sí que lo es y así nos hemos entendido perfectamente a lo largo de los últimos
siglos. Pero veamos más ejemplos:
“Vulnerabilidad”
o “personas en situación de vulnerabilidad” en lugar de "pobres" o
"pobreza".
“Diversidad funcional” o “personas con capacidades diferentes” por "discapacitados" o "minusválidos"
“Perspectiva de género” o “igualdad de género” por "igualdad entre hombres y mujeres".
“Lenguaje inclusivo” (como "todes", "todxs" o "niñes" y demás gilipolleces) en vez de formas genéricas como "todos" o "niños".
“Interrupción voluntaria del embarazo” por "aborto"
“Ajuste fiscal” o “consolidación fiscal” en lugar de "subida de impuestos" o "recortes".
"Personas con discapacidad" en vez de "inválidos".
“Afrodescendiente" en vez de “negro”.
Para
justificarlo, se dice que la lengua evoluciona siempre, y ponen como ejemplos
el actual término aceptado de “ordenador" por el antiguo de
"computadora", o el actual término de "finde" por el
antiguo de "fin de semana". Sin embargo una cosa son los cambios
progresivos movidos por los propios ciudadanos y otra cosa muy distinta son los
cambios impulsados por corrientes ideológicas. Y esto último es lo que estamos
padeciendo.
Y
lo peor de todo es que los ciudadanos ya no se rebelan ante las imposiciones
del poder sino que las aceptan sin cuestionarlas y dan valor de normalidad a
auténticas aberraciones (por ejemplo eso de todos, todas, todes, txs, etc.) y
ven bien –por poner otro ejemplo- que se diga “arquitecta” a las mujeres que
son arquitecto, “médica” a las mujeres que son médico, y sin embargo niegan eso
mismo cuando es al revés y –por ejemplo- siguen llamando “periodistas” a los
varones que ejercemos el periodismo, cuando por ese mismo razonamiento deberían
llamarnos “periodistos”.
En
realidad, si te fijas, lo que buscan con esos cambios es adormecer a la
sociedad y suavizar y complicar tanto el lenguaje que ya no sepamos ni de qué
estamos hablando. Al pan pan, y al vino vino. A lo blanco blanco, y a lo negro
negro. Y a lo “políticamente correcto” hay que llamarlo con la verdadera
palabra que lo define: “Hipocresía”.
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Se habla mucho de “Empoderamiento” pero toda la vida se ha dicho “superación” o “capacitación” o “fortalecimiento”.
Se habla mucho de “Cambio climático” pero toda la vida se ha dicho “cambios del clima”.
Se habla mucho de “Dana” pero toda la vida se le había llamado “gota fría”.
“Diversidad funcional” o “personas con capacidades diferentes” por "discapacitados" o "minusválidos"
“Perspectiva de género” o “igualdad de género” por "igualdad entre hombres y mujeres".
“Lenguaje inclusivo” (como "todes", "todxs" o "niñes" y demás gilipolleces) en vez de formas genéricas como "todos" o "niños".
“Interrupción voluntaria del embarazo” por "aborto"
“Ajuste fiscal” o “consolidación fiscal” en lugar de "subida de impuestos" o "recortes".
"Personas con discapacidad" en vez de "inválidos".
“Afrodescendiente" en vez de “negro”.
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