sábado, 2 de mayo de 2026

Safari: El juego de mesa más divertido del mundo... que hoy estaría prohibido

 
(AZprensa) De todos los juegos que han pasado por mis manos, me quedo con uno que considero el más divertido de la historia: SAFARI. Y no es solo una opinión subjetiva basada en mi experiencia; era el propio fabricante (Francisco Roselló, de Juegos Krone) quien lo certificaba con una apuesta audaz en la misma caja:
“Se garantiza la devolución del importe de venta a todo comprador que, habiendo jugado cinco veces sin quedar satisfecho, lo devuelva por correo al fabricante”.
¿Cuántos productos conoces hoy en día que se atrevan a ofrecer tal garantía de diversión? Solo por eso, ya podemos decir que Safari era único.
 
Un tesoro de la década de los 50

Este juego, nacido en los años 50, es hoy una reliquia. Solo se puede conseguir en mercados de segunda mano o a través de coleccionistas que aún conservan ejemplares en perfecto estado.
 
Pero entonces, surge la pregunta obligada: Si era tan divertido, ¿por qué dejó de fabricarse? La respuesta es sencilla y, a la vez, un reflejo de nuestros tiempos: hoy su comercialización estaría terminantemente prohibida.
 
El choque con el "puritanismo moderno"
 
Vivimos en una época de un puritanismo que, a menudo, roza la hipocresía. En el mundo actual, la caza es un tabú absoluto. En Safari, el objetivo era capturar animales vivos para zoológicos y circos, o abatirlos para enviarlos a museos de historia natural. Y no hablamos de piezas menores, sino de las grandes especies hoy protegidas: gorilas, rinocerontes, elefantes...
 
Era la caza mayor en todo su esplendor, convertida en una aventura de reglas sencillas que te transformaba, por una tarde, en un explorador de otro siglo.
 
La libertad como "delito"
 
Sin embargo, hay otra razón por la cual este juego no pasaría los filtros actuales: la libertad.
Safari era un oasis de libre albedrío estratégico:
·         Libertad de tablero: Los jugadores colocaban las piezas a su antojo.
·         Libertad de movimiento: En cada tirada, el dado ofrecía dos cifras para elegir cuántas casillas avanzar.
·         Libertad de decisión: Tú decidías si arriesgarte a capturar al animal vivo (más difícil, pero más rentable) o matarlo.
 
Ganaba quien, al final de la expedición, hubiera acumulado más dinero con sus piezas cobradas. Así de crudo y así de libre.
 
Conclusión
 
Safari era un juego que te permitía tomar tus propias decisiones y fantasear con la aventura salvaje. Hoy, tanto esa libertad de acción como el tema de la caza están bajo sospecha o directamente censurados. Parece que, en nuestro afán por ser "correctos", hemos perdido por el camino la capacidad de jugar sin prejuicios.
 

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