“Se garantiza la devolución del importe de venta a todo comprador que, habiendo jugado cinco veces sin quedar satisfecho, lo devuelva por correo al fabricante”.
¿Cuántos productos conoces hoy en día que se atrevan a ofrecer tal garantía de diversión? Solo por eso, ya podemos decir que Safari era único.
Este juego, nacido en los años 50, es hoy una reliquia.
Solo se puede conseguir en mercados de segunda mano o a través de
coleccionistas que aún conservan ejemplares en perfecto estado.
Pero entonces, surge la pregunta obligada: Si era tan
divertido, ¿por qué dejó de fabricarse? La respuesta es sencilla y, a la vez,
un reflejo de nuestros tiempos: hoy su comercialización estaría terminantemente
prohibida.
El choque con el
"puritanismo moderno"
Vivimos en una época de un puritanismo que, a menudo, roza
la hipocresía. En el mundo actual, la caza es un tabú absoluto. En Safari, el
objetivo era capturar animales vivos para zoológicos y circos, o abatirlos para
enviarlos a museos de historia natural. Y no hablamos de piezas menores, sino
de las grandes especies hoy protegidas: gorilas, rinocerontes, elefantes...
Era la caza mayor en todo su esplendor, convertida en una
aventura de reglas sencillas que te transformaba, por una tarde, en un
explorador de otro siglo.
La libertad como
"delito"
Sin embargo, hay otra razón por la cual este juego no
pasaría los filtros actuales: la libertad.
Safari era un oasis de libre albedrío estratégico:
· Libertad de tablero: Los jugadores colocaban las piezas a su antojo.
·
Libertad de movimiento: En cada
tirada, el dado ofrecía dos cifras para elegir cuántas casillas avanzar.
·
Libertad de decisión: Tú decidías si
arriesgarte a capturar al animal vivo (más difícil, pero más rentable) o
matarlo.
Ganaba quien, al final de la expedición, hubiera acumulado
más dinero con sus piezas cobradas. Así de crudo y así de libre.
Conclusión
Safari era un juego que te permitía tomar tus propias
decisiones y fantasear con la aventura salvaje. Hoy, tanto esa libertad de
acción como el tema de la caza están bajo sospecha o directamente censurados.
Parece que, en nuestro afán por ser
"correctos", hemos perdido por el camino la capacidad de jugar sin
prejuicios.
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Safari era un oasis de libre albedrío estratégico:
· Libertad de tablero: Los jugadores colocaban las piezas a su antojo.
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