Lo escribí en 2009 para una revista médica y me temo que, dieciséis años después, el diagnóstico no ha cambiado. Los números siguen siendo los mismos. Las excusas también. Solo han cambiado los gestores que las pronuncian.
(AZprensa) Hace dieciséis años escribía en una revista médica que era mentira que faltasen médicos en España. Que bastaba con mirar los números para huir de la demagogia. Que el problema real no era la escasez de médicos, sino la escasez de médicos dispuestos a trabajar en las condiciones que les ofrecía el Sistema Nacional de Salud. Lo que no imaginaba entonces es que en 2025 iba a tener que escribir exactamente lo mismo, con los mismos argumentos y contra los mismos gestores —o sus sucesores, que para el caso es lo mismo.
Miremos de nuevo los números, porque los números no mienten aunque los que los manejan sí. Según los datos más recientes de la OCDE, España cuenta con 4,6 médicos por cada 1.000 habitantes, situándose entre los países con mayor ratio de facultativos del mundo desarrollado. Solo Noruega (5,2) y Austria (5,5) nos superan entre los países europeos. Nos encontramos muy por encima de Francia (3,4), del Reino Unido (3,2), de Estados Unidos (2,6) o de Canadá (2,8). El Informe SESPAS 2024 —la referencia más rigurosa disponible sobre recursos humanos sanitarios en España— lo certifica: ocupamos el séptimo puesto en la OCDE en médicos activos por habitante. Dicho de otro modo: tenemos más médicos por persona que casi cualquier país de nuestro entorno.
«En España no faltan médicos. Lo que falta son médicos dispuestos a trabajar para el SNS en las condiciones que el SNS ofrece. Hay una diferencia abismal entre ambas afirmaciones.»
El problema real: lo que el SNS no quiere ver
Y sin embargo, si la frase «en España faltan médicos» es falsa, hay otra que sí es verdadera: «en el Sistema Nacional de Salud no hay médicos suficientes que quieran trabajar en él». Ese matiz lo es todo. El SNS tiene contratado aproximadamente al 70% de los médicos colegiados en activo —el porcentaje ha mejorado algo desde el 56% que yo citaba en 2009—, pero un 30% ejerce en exclusiva en el sector privado. ¿Por qué? La respuesta no ha cambiado en dieciséis años: porque el SNS no les ofrece ni las condiciones laborales, ni las profesionales, ni las económicas que por su preparación y responsabilidad merecen.
La temporalidad contractual roza el 40%. Hay médicos que acumulan diez contratos distintos en tres años, muchos de ellos ilegales en cuanto a jornada. Los salarios son sensiblemente inferiores a los de Francia, Alemania, Suiza o el Reino Unido. Y el resultado es predecible: entre 2019 y 2024, más de 2.000 médicos españoles solicitaron la baja de colegiación para trabajar en el extranjero —400 solo en 2024—, según datos de la Organización Médica Colegial. A eso hay que sumar una fuga silenciosa pero igualmente preocupante: la de aquellos que, sin emigrar, abandonan la clínica pública para dedicarse a la medicina privada o a tareas de gestión, investigación o industria farmacéutica. Esos no salen en las estadísticas de emigración, pero el SNS los pierde igual.
La solución de siempre: importar y dilatar
Miremos de nuevo los números, porque los números no mienten aunque los que los manejan sí. Según los datos más recientes de la OCDE, España cuenta con 4,6 médicos por cada 1.000 habitantes, situándose entre los países con mayor ratio de facultativos del mundo desarrollado. Solo Noruega (5,2) y Austria (5,5) nos superan entre los países europeos. Nos encontramos muy por encima de Francia (3,4), del Reino Unido (3,2), de Estados Unidos (2,6) o de Canadá (2,8). El Informe SESPAS 2024 —la referencia más rigurosa disponible sobre recursos humanos sanitarios en España— lo certifica: ocupamos el séptimo puesto en la OCDE en médicos activos por habitante. Dicho de otro modo: tenemos más médicos por persona que casi cualquier país de nuestro entorno.
«En España no faltan médicos. Lo que falta son médicos dispuestos a trabajar para el SNS en las condiciones que el SNS ofrece. Hay una diferencia abismal entre ambas afirmaciones.»
El problema real: lo que el SNS no quiere ver
Y sin embargo, si la frase «en España faltan médicos» es falsa, hay otra que sí es verdadera: «en el Sistema Nacional de Salud no hay médicos suficientes que quieran trabajar en él». Ese matiz lo es todo. El SNS tiene contratado aproximadamente al 70% de los médicos colegiados en activo —el porcentaje ha mejorado algo desde el 56% que yo citaba en 2009—, pero un 30% ejerce en exclusiva en el sector privado. ¿Por qué? La respuesta no ha cambiado en dieciséis años: porque el SNS no les ofrece ni las condiciones laborales, ni las profesionales, ni las económicas que por su preparación y responsabilidad merecen.
La temporalidad contractual roza el 40%. Hay médicos que acumulan diez contratos distintos en tres años, muchos de ellos ilegales en cuanto a jornada. Los salarios son sensiblemente inferiores a los de Francia, Alemania, Suiza o el Reino Unido. Y el resultado es predecible: entre 2019 y 2024, más de 2.000 médicos españoles solicitaron la baja de colegiación para trabajar en el extranjero —400 solo en 2024—, según datos de la Organización Médica Colegial. A eso hay que sumar una fuga silenciosa pero igualmente preocupante: la de aquellos que, sin emigrar, abandonan la clínica pública para dedicarse a la medicina privada o a tareas de gestión, investigación o industria farmacéutica. Esos no salen en las estadísticas de emigración, pero el SNS los pierde igual.
La solución de siempre: importar y dilatar
Y entonces llega la respuesta de los gestores. La misma de 2009, con distinto envoltorio. A corto plazo: importar médicos de Iberoamérica, Europa del Este y otros países que sí acepten las condiciones que los médicos españoles rechazan. En la convocatoria MIR de 2022-2023, el 16,4% de las plazas adjudicadas fueron a parar a médicos extranjeros. El Informe SESPAS 2024 lo señala sin ambages: España se ha convertido en un importador neto de médicos. Lo cual, dicho así, suena casi a éxito de gestión. Lo que no se menciona es la dimensión ética del asunto: estamos captando sistemáticamente médicos de países de renta media y baja que los necesitan tanto o más que nosotros, algo que la propia OMS ha catalogado como éticamente cuestionable.
A largo plazo: abrir facultades de Medicina. España es ya el segundo país del mundo por número de facultades de Medicina. El número de estudiantes de nuevo ingreso ha crecido un 8,2% en los últimos seis cursos académicos, impulsado sobre todo por la proliferación de universidades privadas. El Ministerio de Sanidad propuso en 2022 un aumento del 15% en el numerus clausus. La lógica es la de siempre: si formamos a más médicos, habrá una bolsa de paro tan grande que siempre habrá alguien dispuesto a aceptar lo que se le ofrezca. No es planificación sanitaria. Es ingeniería de la precariedad.
Un problema nuevo que agrava el viejo
Lo que sí ha cambiado desde 2009 —y conviene señalarlo— es la dimensión temporal del problema. El SNS afronta en los próximos años una oleada de jubilaciones sin precedentes: se prevé que España pierda hasta 80.000 médicos por esta vía en la próxima década, a una media de entre 7.000 y 8.000 por año. La estructura de edad de los facultativos está profundamente envejecida, especialmente en atención primaria, donde uno de cada tres médicos supera ya los 60 años. Y el Informe Oferta-Necesidad de Especialistas Médicos proyecta un déficit de unos 4.500 médicos de familia en 2027.
Pero atención: ese déficit futuro no se resolverá abriendo más facultades ni trayendo más médicos de fuera. Se resolverá —si es que se resuelve— haciendo que los médicos que ya tenemos quieran quedarse a trabajar en el sistema público. Lo cual exige exactamente lo que los gestores llevan dieciséis años negándose a hacer: mejorar de forma estructural y real las condiciones laborales, retributivas y profesionales de los médicos del SNS. Todo lo demás es parche, cosmética o, en el mejor de los casos, patada a seguir hacia delante.
El diagnóstico sigue siendo el mismo. La enfermedad también. Solo que ahora llevamos dieciséis años más sin tratarla.
Este artículo es una actualización de un texto que publiqué en 2009 para el portal de formación médica Medical Practice Group (MPG). Los datos de ratios de médicos proceden de la OCDE (2021-2024) y del Informe Bienal SESPAS 2024. Los datos sobre emigración de médicos proceden de la Organización Médica Colegial (OMC).
“Médico, periodista y poeta”:
https://amzn.eu/d/8dLzPfn
A largo plazo: abrir facultades de Medicina. España es ya el segundo país del mundo por número de facultades de Medicina. El número de estudiantes de nuevo ingreso ha crecido un 8,2% en los últimos seis cursos académicos, impulsado sobre todo por la proliferación de universidades privadas. El Ministerio de Sanidad propuso en 2022 un aumento del 15% en el numerus clausus. La lógica es la de siempre: si formamos a más médicos, habrá una bolsa de paro tan grande que siempre habrá alguien dispuesto a aceptar lo que se le ofrezca. No es planificación sanitaria. Es ingeniería de la precariedad.
Un problema nuevo que agrava el viejo
Lo que sí ha cambiado desde 2009 —y conviene señalarlo— es la dimensión temporal del problema. El SNS afronta en los próximos años una oleada de jubilaciones sin precedentes: se prevé que España pierda hasta 80.000 médicos por esta vía en la próxima década, a una media de entre 7.000 y 8.000 por año. La estructura de edad de los facultativos está profundamente envejecida, especialmente en atención primaria, donde uno de cada tres médicos supera ya los 60 años. Y el Informe Oferta-Necesidad de Especialistas Médicos proyecta un déficit de unos 4.500 médicos de familia en 2027.
Pero atención: ese déficit futuro no se resolverá abriendo más facultades ni trayendo más médicos de fuera. Se resolverá —si es que se resuelve— haciendo que los médicos que ya tenemos quieran quedarse a trabajar en el sistema público. Lo cual exige exactamente lo que los gestores llevan dieciséis años negándose a hacer: mejorar de forma estructural y real las condiciones laborales, retributivas y profesionales de los médicos del SNS. Todo lo demás es parche, cosmética o, en el mejor de los casos, patada a seguir hacia delante.
El diagnóstico sigue siendo el mismo. La enfermedad también. Solo que ahora llevamos dieciséis años más sin tratarla.
Este artículo es una actualización de un texto que publiqué en 2009 para el portal de formación médica Medical Practice Group (MPG). Los datos de ratios de médicos proceden de la OCDE (2021-2024) y del Informe Bienal SESPAS 2024. Los datos sobre emigración de médicos proceden de la Organización Médica Colegial (OMC).
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