(AZprensa) La mayoría de los pacientes que utilizan
dispositivos de inhalación para el asma o la EPOC (Enfermedad Pulmonar
Obstructiva Crónica) lo hacen de forma incorrecta. ¿Es que se trata de una
técnica compleja? No. El problema es que rara vez se les explica con calma cómo
usarlos y, lo que es más grave, por qué es vital hacerlo bien.
En medicina, un fármaco mal administrado es, a efectos
prácticos, un fármaco inexistente. Dediquemos esos minutos que a veces faltan
en la consulta para entender la física que hay detrás de un simple
"puf".
El secreto está en
la agitación
Antes de disparar, hay que asegurar la homogeneidad de la dosis. En los envases presurizados, el principio activo y el gas propelente tienden a separarse con el tiempo: el fármaco suele quedar arriba y el gas abajo. Si no agitamos el envase con energía, es muy probable que estemos inhalando solo gas, dejando el medicamento atrapado en el frasco.
Para que el viaje del fármaco sea exitoso, debemos cumplir tres mandamientos físicos:
1.- Flujo adecuado: La aspiración debe ser profunda y constante.
2.- Sincronización: Es el punto crítico. Debemos disparar el dispositivo justo en el momento en que empezamos a inhalar, ni antes ni después.
3.- La apnea final: Una vez inhalado el fármaco, es obligatorio aguantar la respiración entre 15 y 20 segundos. Si exhalamos inmediatamente, el medicamento vuelve a salir. Necesitamos ese tiempo para que las partículas se asienten en las zonas más profundas de las vías respiratorias.
La físico-química nos da datos reveladores mediante el marcaje radiactivo de partículas. Estos estudios demuestran que, en condiciones normales, solo un 15% o 20% del fármaco llega realmente al pulmón. Así que la pregunta evidente es “¿Dónde queda el 80% restante?”. Y esta es la respuesta:
1.- Impactado en la faringe: Debido a una mala técnica o una velocidad excesiva, la mayor parte choca contra la garganta.
2.- Vía digestiva: Ese exceso se traga, pasa al sistema digestivo y acaba siendo metabolizado y eliminado por las heces sin haber cumplido su función broncodilatadora.
De verdad, doctores ¿tanto cuesta dedicar cinco minutos a enseñar a un paciente cómo debe utilizar ese medicamento que le hemos recetado? La educación sanitaria no es un lujo, es una parte inseparable del tratamiento. El paciente no solo debe aprender a manejar el dispositivo; debe comprender que de su destreza depende que la medicina llegue a sus pulmones o termine, simplemente, desperdiciada en su estómago.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

No hay comentarios:
Publicar un comentario