jueves, 7 de mayo de 2026

El inhalador: ¿Por qué desperdiciamos el 85% de la medicación?

(AZprensa) La mayoría de los pacientes que utilizan dispositivos de inhalación para el asma o la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) lo hacen de forma incorrecta. ¿Es que se trata de una técnica compleja? No. El problema es que rara vez se les explica con calma cómo usarlos y, lo que es más grave, por qué es vital hacerlo bien.
 
En medicina, un fármaco mal administrado es, a efectos prácticos, un fármaco inexistente. Dediquemos esos minutos que a veces faltan en la consulta para entender la física que hay detrás de un simple "puf".
 
El secreto está en la agitación

Antes de disparar, hay que asegurar la homogeneidad de la dosis. En los envases presurizados, el principio activo y el gas propelente tienden a separarse con el tiempo: el fármaco suele quedar arriba y el gas abajo. Si no agitamos el envase con energía, es muy probable que estemos inhalando solo gas, dejando el medicamento atrapado en el frasco.
 
La técnica de los tres pasos

Para que el viaje del fármaco sea exitoso, debemos cumplir tres mandamientos físicos:
1.- Flujo adecuado: La aspiración debe ser profunda y constante.
2.- Sincronización: Es el punto crítico. Debemos disparar el dispositivo justo en el momento en que empezamos a inhalar, ni antes ni después.
3.- La apnea final: Una vez inhalado el fármaco, es obligatorio aguantar la respiración entre 15 y 20 segundos. Si exhalamos inmediatamente, el medicamento vuelve a salir. Necesitamos ese tiempo para que las partículas se asienten en las zonas más profundas de las vías respiratorias.
 
¿A dónde va el medicamento que no llega al pulmón?

La físico-química nos da datos reveladores mediante el marcaje radiactivo de partículas. Estos estudios demuestran que, en condiciones normales, solo un 15% o 20% del fármaco llega realmente al pulmón. Así que la pregunta evidente es “¿Dónde queda el 80% restante?”. Y esta es la respuesta:
1.- Impactado en la faringe: Debido a una mala técnica o una velocidad excesiva, la mayor parte choca contra la garganta.
2.- Vía digestiva: Ese exceso se traga, pasa al sistema digestivo y acaba siendo metabolizado y eliminado por las heces sin haber cumplido su función broncodilatadora.
 
Una reflexión necesaria

De verdad, doctores ¿tanto cuesta dedicar cinco minutos a enseñar a un paciente cómo debe utilizar ese medicamento que le hemos recetado? La educación sanitaria no es un lujo, es una parte inseparable del tratamiento. El paciente no solo debe aprender a manejar el dispositivo; debe comprender que de su destreza depende que la medicina llegue a sus pulmones o termine, simplemente, desperdiciada en su estómago.
 

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