¿Alguna vez te
has preguntado cómo se hace un lector, es decir, cómo se consigue que un niño
se aficione a la lectura y ya de mayor siga leyendo libros de forma habitual?
Pues te lo voy a explicar…
(AZprensa) Todo parte de
un proceso muy simple, de empezar poco a poco con lo que en cada etapa se puede
asimilar, al igual que sucede cuando a nuestros hijos les enseñamos a caminar;
no podemos pretender que pasen de ir a gatas a caminar como un marchador
olímpico en un abrir y cerrar de ojos.
En
el caso de la lectura, hay que aficionarlos desde el principio. Cuando empiezan
a tener entendimiento, leyéndoles cuentos. Cuando ya saben leer, comprándoles
cuentos apropiados a su edad y, según van cumpliendo años, ir ajustando esos
libros a la edad que cumplen; eso sí, procurando que los libros que les
compremos sean siempre de su agrado. Me explicaré: si a un niño le gustan mucho
los animales, pues que esos libros sean de animales; si le gustan las películas
de Disney, pues que sean de películas de Disney; y también —y esto es muy
importante— que no sean todos los cuentos del mismo estilo, sino que se
acostumbre desde pequeño a leer cosas variadas.
Cuando
ya son un poco mayores, llegará la edad de los cómics, y que no nos asuste,
porque la lectura de cómics puede convertirse en la antesala de la lectura
culta y formativa que vendrá más tarde. También en el mundo de los cómics irá
evolucionando en sus gustos, ya que hay tebeos para todas las preferencias y
todas las edades.
Cuando
llegue a la adolescencia tendrá que dar un paso importante: de los cómics a las
novelas y a los libros para jóvenes. Y aquí hago un inciso para rendir homenaje
a la Editorial Bruguera, que —cuando yo era adolescente— sacó una colección
llamada «Historias» en donde toda una serie de novelas para jóvenes venían
acompañadas con páginas de cómics que recreaban la novela. Allí estaban autores
como Julio Verne, Salgari, Burroughs, Dickens, etc., y todo aquel joven que
primero leyó cuentos y luego cómics se aficionaba rápidamente a la lectura de
novelas con esta especie de híbridos de novelas acompañadas de tebeos. (En la
imagen puedes ver cómo era esta colección).
De
aquí, y de una forma natural, el joven se considerará ya lo suficientemente
«adulto» como para desdeñar estas novelas-cómics y se decidirá por sí mismo a
leer novelas juveniles pero sin tantos «dibujitos». Y de ahí se pasará
finalmente a la literatura en general, desde los clásicos (algunos de los
cuales tendrá que leer obligatoriamente durante sus estudios) a cualquier
escritor contemporáneo que aborde temas de su gusto.
Este
es el camino y «así se hace un lector»; pero me olvidaba decir que en todo este
proceso hay dos factores necesarios para añadir:
Que
desde pequeño haya muchos libros en su casa.
Que
vea cómo sus padres leen libros y que hay muchos momentos en que prefieren leer
un libro antes que mirar tonterías en el móvil o dejar que les laven el cerebro
en la televisión.
PD.-
¡Uy, qué difícil de conseguir es esto último!”
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