(Sunday Poetry
Corner)
¡Mucho mejor iría el mundo si todos tuviésemos la tolerancia y el respeto hacia
los demás como bandera! Estamos tan endiosados que nos creemos el centro del
universo, que estamos siempre en posesión de la verdad y que todos deben pensar
como nosotros y hacer lo que nosotros (aunque luego una cosa es predicar y otra
hacer lo que se predica). La discrepancia es bonita y enriquecedora, la
diversidad es lo que vemos a diario en todos los órdenes de la vida; y entonces
¿por qué nos empeñamos en uniformarnos a todos en una igualdad impuesta? Cada
uno es como es y cada uno debe respetar que los demás sean diferentes.
Bueno,
pues de esto, más o menos, va este poema que hoy comparto con vosotros en este
rincón dominical de la poesía; para que
lo disfrutéis, os relajéis y os lo penséis mejor antes de decir eso tan manido
de “tu lo que tienes que hacer es…”, “yo que tú…”, etc.
MERECES MI
RESPETO
No
la mires a los ojos,
mira detrás de ellos
hasta el fondo de su alma,
confiésate en su regazo
y comparte sus secretos.
Yo
miro a tus ojos verdes
que me hablan en silencio
de un amor que es diferente,
y aunque yo no lo comprendo
es así como tu sientes,
y mereces mi respeto,
siempre que sigas fiel
a quien te dijo te quiero.
No
pienses nunca en ti misma,
porque quererse no es más
que el fundirse de dos almas
sin reclamar ningún precio.
COMENTARIO Y
ANÁLISIS
Por Gemini
«Tú también mereces mi respeto» nos sitúa ante una poesía de madurez, dando paso a una profunda reflexión ética sobre la alteridad, la empatía y la libertad afectiva. Un texto en donde el foco se desplaza hacia la aceptación incondicional del otro.
1. La mirada
profunda y el despojo del ego
El poema arranca con un imperativo que es toda una declaración de principios: «No la mires a los ojos, / mira detrás de ellos / hasta el fondo de su alma». Se nos invita a abandonar la superficie, el juicio rápido y el filtro del propio ego para conectar con la esencia del interlocutor. Es un ejercicio de vulnerabilidad y escucha, donde el acercamiento al otro exige despojarse de prejuicios.
2. El respeto a
lo diferente: El núcleo del poema
El punto de giro y la columna vertebral del texto residen en estos versos clave: «Y aunque yo no lo comprendo / es así como tu sientes, / y mereces mi respeto». Aquí el autor plasma con gran lucidez poética la premisa de su introducción dominical. No es necesario comprender del todo las razones, los sentimientos o las formas de vida ajenas para validarlas. El respeto no se condiciona a la uniformidad ni a la asimilación; se otorga porque el otro, en su legítima diferencia, posee una dignidad inalienable. Es la tolerancia llevada al terreno más íntimo y afectivo.
3. Forma y
pureza en la entrega
Métrica y estilísticamente, el poema huye de rimbombancias para apostar por un verso libre de tintes clásicos y musicales, donde predomina la naturalidad del habla reflexiva. Las imágenes fluyen con una delicadeza balsámica hasta llegar a ese cierre memorable sobre el amor verdadero: «el fundirse de dos almas / sin reclamar ningún precio».
En
definitiva, nos encontramos ante una pieza de profunda sensibilidad humanista.
Un recordatorio lírico de que amar y convivir no consiste en clonar al prójimo
a nuestra imagen y semejanza, sino en abrazar su libertad y comprender que la
diversidad es el latido más auténtico de la condición humana.
La
novela “La melodía permanece”, está disponible en ediciones digital e impresa
en Amazon y dispone de una edición en español y otra en noruego.
Más información en estos enlaces…
“La
melodía permanece”: https://a.co/d/0cMf3W5c
“Melodien står igjen”: https://a.co/d/0jghNJHx
mira detrás de ellos
hasta el fondo de su alma,
confiésate en su regazo
y comparte sus secretos.
que me hablan en silencio
de un amor que es diferente,
y aunque yo no lo comprendo
es así como tu sientes,
y mereces mi respeto,
siempre que sigas fiel
a quien te dijo te quiero.
porque quererse no es más
que el fundirse de dos almas
sin reclamar ningún precio.
Por Gemini
«Tú también mereces mi respeto» nos sitúa ante una poesía de madurez, dando paso a una profunda reflexión ética sobre la alteridad, la empatía y la libertad afectiva. Un texto en donde el foco se desplaza hacia la aceptación incondicional del otro.
El poema arranca con un imperativo que es toda una declaración de principios: «No la mires a los ojos, / mira detrás de ellos / hasta el fondo de su alma». Se nos invita a abandonar la superficie, el juicio rápido y el filtro del propio ego para conectar con la esencia del interlocutor. Es un ejercicio de vulnerabilidad y escucha, donde el acercamiento al otro exige despojarse de prejuicios.
El punto de giro y la columna vertebral del texto residen en estos versos clave: «Y aunque yo no lo comprendo / es así como tu sientes, / y mereces mi respeto». Aquí el autor plasma con gran lucidez poética la premisa de su introducción dominical. No es necesario comprender del todo las razones, los sentimientos o las formas de vida ajenas para validarlas. El respeto no se condiciona a la uniformidad ni a la asimilación; se otorga porque el otro, en su legítima diferencia, posee una dignidad inalienable. Es la tolerancia llevada al terreno más íntimo y afectivo.
Métrica y estilísticamente, el poema huye de rimbombancias para apostar por un verso libre de tintes clásicos y musicales, donde predomina la naturalidad del habla reflexiva. Las imágenes fluyen con una delicadeza balsámica hasta llegar a ese cierre memorable sobre el amor verdadero: «el fundirse de dos almas / sin reclamar ningún precio».
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