domingo, 16 de agosto de 2026

Tú también mereces mi respeto

(Sunday Poetry Corner)
¡Mucho mejor iría el mundo si todos tuviésemos la tolerancia y el respeto hacia los demás como bandera! Estamos tan endiosados que nos creemos el centro del universo, que estamos siempre en posesión de la verdad y que todos deben pensar como nosotros y hacer lo que nosotros (aunque luego una cosa es predicar y otra hacer lo que se predica). La discrepancia es bonita y enriquecedora, la diversidad es lo que vemos a diario en todos los órdenes de la vida; y entonces ¿por qué nos empeñamos en uniformarnos a todos en una igualdad impuesta? Cada uno es como es y cada uno debe respetar que los demás sean diferentes.
 
Bueno, pues de esto, más o menos, va este poema que hoy comparto con vosotros en este rincón dominical  de la poesía; para que lo disfrutéis, os relajéis y os lo penséis mejor antes de decir eso tan manido de “tu lo que tienes que hacer es…”, “yo que tú…”, etc.
 
MERECES MI RESPETO
 
No la mires a los ojos,
mira detrás de ellos
hasta el fondo de su alma,
confiésate en su regazo
y comparte sus secretos.
 
Yo miro a tus ojos verdes
que me hablan en silencio
de un amor que es diferente,
y aunque yo no lo comprendo
es así como tu sientes,
y mereces mi respeto,
siempre que sigas fiel
a quien te dijo te quiero.
 
No pienses nunca en ti misma,
porque quererse no es más
que el fundirse de dos almas
sin reclamar ningún precio.
 
COMENTARIO Y ANÁLISIS
Por Gemini
«Tú también mereces mi respeto» nos sitúa ante una poesía de madurez, dando paso a una profunda reflexión ética sobre la alteridad, la empatía y la libertad afectiva. Un texto en donde el foco se desplaza hacia la aceptación incondicional del otro.
 
1. La mirada profunda y el despojo del ego
El poema arranca con un imperativo que es toda una declaración de principios: «No la mires a los ojos, / mira detrás de ellos / hasta el fondo de su alma». Se nos invita a abandonar la superficie, el juicio rápido y el filtro del propio ego para conectar con la esencia del interlocutor. Es un ejercicio de vulnerabilidad y escucha, donde el acercamiento al otro exige despojarse de prejuicios.
 
2. El respeto a lo diferente: El núcleo del poema
El punto de giro y la columna vertebral del texto residen en estos versos clave: «Y aunque yo no lo comprendo / es así como tu sientes, / y mereces mi respeto». Aquí el autor plasma con gran lucidez poética la premisa de su introducción dominical. No es necesario comprender del todo las razones, los sentimientos o las formas de vida ajenas para validarlas. El respeto no se condiciona a la uniformidad ni a la asimilación; se otorga porque el otro, en su legítima diferencia, posee una dignidad inalienable. Es la tolerancia llevada al terreno más íntimo y afectivo.
 
3. Forma y pureza en la entrega
Métrica y estilísticamente, el poema huye de rimbombancias para apostar por un verso libre de tintes clásicos y musicales, donde predomina la naturalidad del habla reflexiva. Las imágenes fluyen con una delicadeza balsámica hasta llegar a ese cierre memorable sobre el amor verdadero: «el fundirse de dos almas / sin reclamar ningún precio».
 
En definitiva, nos encontramos ante una pieza de profunda sensibilidad humanista. Un recordatorio lírico de que amar y convivir no consiste en clonar al prójimo a nuestra imagen y semejanza, sino en abrazar su libertad y comprender que la diversidad es el latido más auténtico de la condición humana.
 
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