Este es el
ejemplo que deberían tomar todos aquellos que van a dar una ponencia o una
conferencia y quieren quedar ante la audiencia como una “mente brillante”.
(AZprensa) Hace años, con
motivo de la celebración de la segunda edición del Congreso de Mentes
Brillantes, los organizadores acordaron que ninguna de las ponencias debía
durar más de 21 minutos, ya que este es el tiempo que el cerebro humano puede
mantener su atención al 100%.
Ojalá
cumpliesen esta norma tantos y tantos ponentes que se aferran al micrófono y al
estrado y se deleitan escuchándose a sí mismos sin importarles un pimiento la
audiencia y sin decir nada de interés o adornándolo de tal forma que el meollo
de su intervención se podía haber resumido en cinco minutos y todos hubiéramos
quedado tan contentos.
Por
eso, aquél Congreso de Mentes Brillantes, que se celebró bajo el lema “El ser
creativo”, y en el que participaron premios Nobel, científicos, filósofos,
economistas, químicos, astrofísicos, emprendedores, ideólogos, asesores
políticos, etc. debió ser una delicia para los asistentes, porque ninguno de
los ponentes se enrolló y todos fueron directos al grano.
¿Lo
ves? Eso sí que es “ser brillante”. Y yo no he necesitado cientos de páginas
para transmitir ese importante mensaje.
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