martes, 13 de enero de 2026

Cómo ser feliz: La eutimia

(AZprensa) Demócrito de Abdera, el filósofo griego del siglo V a. C. conocido como el "filósofo que ríe", nos dejó una de las visiones más antiguas y lúcidas sobre cómo alcanzar una vida verdaderamente feliz. Mientras su fama actual se debe principalmente a la teoría atomista —la idea revolucionaria de que todo está compuesto por partículas indivisibles (átomos) que se mueven en el vacío—, sus contemporáneos y los autores posteriores destacaron sobre todo sus reflexiones éticas. Para Demócrito, la felicidad no era un estado efímero ni dependía de riquezas o placeres intensos, sino de un equilibrio interior profundo.
 
La eutimia como meta suprema
 
El núcleo de su propuesta ética se resume en el concepto de eutimia (euthymía, εὐθυμία), que puede traducirse como "buen ánimo", "alegría serena", "tranquilidad del alma" o "equilibrio emocional estable". No se trata del placer sensorial (hedoné), que muchos malinterpretaron, sino de un estado en el que el alma permanece calmada, estable y libre de perturbaciones como el miedo, la superstición o las pasiones descontroladas. "El objetivo de la vida es la eutimia, que no es lo mismo que el placer, sino el estado en el que el alma avanza calmada y estable, sin ser perturbada por ningún temor, superstición ni otra pasión."
Este "buen ánimo" surge, según el propio Demócrito, de la moderación en el gozo y de un buen equilibrio en la vida. En uno de sus fragmentos más célebres explica: "La euthymía se produce en los hombres mediante la moderación del deleite y la armonía de la vida."
 
Demócrito distinguía claramente entre placeres útiles y perjudiciales. Los excesos convierten lo más agradable en lo más desagradable; por eso defendía la mesura (la mesotés griega) como camino práctico hacia la serenidad.
 
Las claves prácticas para una vida feliz según Demócrito
 
Aunque solo conservamos fragmentos —muchos de ellos máximas éticas transmitidas por autores posteriores como Diógenes Laercio, Estobeo o Clemente de Alejandría—, podemos reconstruir varias enseñanzas concretas que aún resuenan con fuerza:
La felicidad reside en el alma, no en lo externo
La felicidad y la desdicha pertenecen al alma.
Ni el cuerpo ni las riquezas dan la verdadera dicha.
Ni en el cuerpo ni en las riquezas hallan los hombres su felicidad, sino en la integridad y la cordura.
 
Control de deseos y pasiones
El sabio modera sus apetitos y no se deja arrastrar por lo que parece deseable pero resulta dañino.
Si alguien sobrepasase la justa medida, lo más agradable podría convertirse en lo más desagradable.
Comprender la naturaleza disipa miedos irracionales, como el temor a las desgracias o a la muerte.
La sabiduría libera al alma de las pasiones, como la medicina cura las enfermedades del cuerpo.
 
La risa como sabiduría
Demócrito reía con frecuencia, no por burla cruel, sino porque veía la absurdidad de las ambiciones humanas vanas. "La risa torna sabio", se le atribuía. Su risa era una forma de distanciamiento sereno ante las locuras del mundo.
 
Autocontrol y vergüenza interior
Aunque estés solo, no digas ni hagas algo malo; aprende a avergonzarte más de ti mismo que de los otros.
 
La virtud y la educación
La educación es clave: "La naturaleza y la enseñanza son similares; la enseñanza remodela al hombre y, al remodelarlo, actúa como la naturaleza."
 
Vigencia en el siglo XXI
 
En una época obsesionada con placeres inmediatos, éxito material y gratificación constante, las ideas de Demócrito resultan sorprendentemente modernas. Su propuesta —una alegría tranquila lograda mediante moderación, autoconocimiento y liberación de miedos irracionales— anticipa aspectos del estoicismo, el epicureísmo (que bebe directamente de él) e incluso ciertas corrientes de la psicología positiva actual. Demócrito no prometía una felicidad ruidosa ni espectacular. Ofrecía algo más sutil y duradero: la capacidad de mantener el alma en calma y equilibrada, incluso cuando el mundo exterior es caótico. Como él mismo entendió hace veinticinco siglos, esa serenidad risueña es, quizá, el mayor logro al que puede aspirar un ser humano. Recuérdalo: Tu principal objetivo en la vida debe ser la eutimia.
 

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