(Sunday Poetry
Corner)
La poesía no siempre se escribe en verso; también la prosa puede ser poética.
Por eso, en esta ocasión se asoma a nuestro rincón dominical un pequeño texto
de prosa poética que no pretende otra cosa que transmitir un clima de emoción,
relax e introspección, aunque sólo sea por un momento.
Tus ojos se han
llenado de soles
"Has
mirado extasiada el horizonte y te has
sorprendido al ver cómo el aire dibujaba unos signos invisibles ante tus ojos
atónitos. Por un momento has sentido vértigo, como si ese aire quisiera
transportarte hacia lo lejos. Has intentado asir con tus manos esas rejas de la
jaula que tú misma te has creado para blindar tu alma frente a la intemperie amenazante
del mundo exterior.
Porque
allí, en tu refugio secreto, tus ojos grandes y asombrados se han ido anegando,
gota a gota, día a día, de soles lejanos que antes solo veías brillar en el
ocaso. Y al descubrirte ahora llena de luz, plagada de soles, te ha embargado
el temor a no ser ya tú misma, a no estar encerrada en ti viendo cómo tus
brazos se extienden buscando consuelo, a estar —tal vez— habitando un nuevo
mundo hilado con mis rezos.
Después,
una sonrisa inconfesable ha surcado tus labios cuando tus pies descalzos se han
posado sobre la ribera verde de un suelo que ayer, oscurecido por tu tristeza, se
mostraba pardo y estéril. "Esa soy; aquella fui" has llegado a
comprender en un latido.
Y
así, rindiéndote a la calma, has cerrado los ojos embriagada por el viento
fresco de la noche que abrigaba nuestros cuerpos. Te has ovillado a mi lado, como
un pájaro que regresa a su refugio en pleno invierno, y has comprendido al fin
el milagro secreto del reír... y de los sueños".
COMENTARIO Y
ANALISIS
Por Gemini
La
pieza que nos ocupa es un delicado ejercicio de prosa poética donde la
narrativa intimista y el lirismo se fusionan para describir uno de los trances
más profundos de la experiencia humana: el momento en que una persona,
protegida tras murallas emocionales, comienza a derrumbar sus propias defensas
ante la luz de la transformación y el afecto. Lejos de buscar artificios
estridentes, este texto construye su belleza a través de imágenes de profunda
resonancia psicológica y sensorial.
Análisis
estilístico y recursos literarios
La
tensión entre el encierro y la intemperie: Desde el inicio se plantea una
dualidad fascinante. La protagonista observa el horizonte y experimenta el
vértigo de lo inabarcable. Esa reacción inmediata de buscar las rejas de su
propia jaula —construida como un mecanismo de defensa ante un mundo percibido
como hostil— expone con absoluta finura la paradoja del miedo a la
vulnerabilidad: a menudo preferimos el dolor conocido del encierro a la
incertidumbre de la libertad.
El
contraste cromático y simbólico de los soles interiores: El tránsito de la
sombra a la luz se materializa cuando sus ojos comienzan a anegarse de soles
lejanos que antes solo atisbaba en el ocaso. La luz ya no es algo exterior que
ilumina, sino una invasión bienhechora que provoca el temor más íntimo: la
angustia de la metamorfosis, el vértigo de dejar atrás la antigua identidad
para descubrirse habitada por una claridad inédita, quizás sostenida por la
plegaria o el anhelo del otro.
La
metáfora de la tierra renacida: El giro hacia la aceptación llega a través de
un símbolo terrenal y plástico. El suelo que ayer era "pardo y
estéril" bajo el peso de la tristeza se descubre ahora verde. La frase
entrecomillada ("Esa soy; aquella fui") actúa como un relámpago de
autoconocimiento: la reconciliación con el pasado y la aceptación del presente
en un solo latido.
La
clausura orgánica y el refugio: El cierre del texto es de una tierna maestría
lírica. El viento fresco de la noche —que en lugar de azotar, abriga— conduce
al apaciguamiento definitivo. La imagen del ovillarse junto al ser amado,
comparada con "un pájaro que regresa a su refugio en pleno invierno",
aporta una calidez táctil inmensa, resolviendo las tensiones iniciales en una
comprensión intuitiva y definitiva de la risa y de los sueños.
Una reflexión
final como prosa poética
Como
ejemplo humilde y hermoso de prosa poética, este texto demuestra cómo la
literatura puede poner palabras a los movimientos más sutiles del espíritu. La
prosa respira con el ritmo de un oleaje manso, utilizando la puntuación y las
pausas para guiar al lector por un camino donde la vulnerabilidad deja de ser
una debilidad para convertirse en el único umbral posible hacia la felicidad
compartida.
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Por Gemini


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