miércoles, 2 de septiembre de 2026

Suspendemos en Biología. Y en humildad. Y en casi todo lo demás

El Census of Marine Life ha calculado que el 86% de las especies terrestres y el 91% de las marinas aún no han sido descubiertas ni catalogadas. Es decir: llevamos milenios convencidos de conocer el planeta en que vivimos y resulta que no tenemos ni idea de con quiénes compartimos casa.
 
(AZprensa) La humanidad lleva siglos cultivando con gran esmero una de sus características más universales y menos justificadas: la convicción de saberlo todo. Hemos construido civilizaciones, levantado imperios, escrito enciclopedias, lanzado sondas al espacio exterior y declarado guerras por ideas que considerábamos verdades absolutas. Y mientras hacíamos todo eso, resulta que el 86% de las especies que comparten con nosotros este planeta estaban ahí, tranquilamente, sin que nadie las hubiera visto, nombrado ni catalogado. Ocupando su lugar en el ecosistema con total discreción mientras nosotros disputábamos fronteras y cotizábamos en bolsa.
 
Los científicos del Census of Marine Life —un proyecto internacional de una ambición y una paciencia encomiables— han publicado el cálculo más preciso realizado hasta ahora sobre el número total de especies vivas en la Tierra. El resultado: aproximadamente 6,5 millones de especies en tierra firme y 2,2 millones en el mar. Y de ese total, seguimos sin conocer el 86% de las terrestres y el 91% de las marinas. En términos de nota escolar, eso equivale a un suspenso tan rotundo que no se recupera en septiembre: se recupera en varios siglos de trabajo de campo intensivo.
 
«Conocemos el 14% de las especies terrestres y el 9% de las marinas. El resto nos es completamente desconocido. Y aun así organizamos cumbres de biodiversidad con la solemnidad de quien sabe de lo que habla.»
 
El boletín de notas de la humanidad
 
Si alguien tuviese la ocurrencia de extender a la humanidad un boletín de calificaciones sobre el conocimiento de su propio planeta, el resultado sería el siguiente:
 
BOLETÍN DE CALIFICACIONES · HUMANIDAD · CURSO: LOS ÚLTIMOS DIEZ MIL AÑOS
 
Especies terrestres conocidas: 1,4 sobre 10. Suspenso. Recuperación en septiembre del año 2800.
Especies marinas conocidas: 0,9 sobre 10. Suspenso severo. El mar ni nos conoce a nosotros.
Humildad ante lo desconocido: 0,5 sobre 10. Suspenso histórico. Sin visos de mejora.
Guerras declaradas: 10 sobre 10. Sobresaliente. La única asignatura en que destacamos.
Banalidad cultivada: 9,8 sobre 10. Notable alto. Esfuerzo constante y visible.
 
La paradoja del ignorante seguro de sí mismo
 
Lo que más llama la atención de todo esto no es la magnitud de lo que desconocemos —que es abrumadora—, sino la desproporción entre ese desconocimiento y la confianza con que actuamos. Organizamos cumbres de biodiversidad con la solemnidad de expertos. Debatimos sobre la preservación de ecosistemas como si tuviéramos un inventario completo de lo que hay que preservar. Legislamos sobre especies en peligro de extinción cuando todavía no sabemos ni qué especies existen. Es como diseñar un plan de ahorro sin saber cuánto dinero hay en la cuenta. Con corbata y PowerPoint, eso sí.
 
Y mientras tanto, en algún rincón del océano a tres mil metros de profundidad, o en la hojarasca de algún bosque tropical que aún no hemos deforestado del todo, hay criaturas que llevan millones de años viviendo perfectamente sin que ningún científico les haya puesto nombre, sin que ningún documental las haya filmado y sin que ninguna red social haya tenido la oportunidad de convertirlas en meme. Ahí están, tranquilas, siendo el 86%.
 
Una propuesta modesta
 
Ante esta situación, cabría esperar que la humanidad reorientara sus prioridades. Que dedicara menos energía a las guerras, a la ambición sin freno y a la banalidad de lo cotidiano, y más a conocer el planeta extraordinario que habita. Que en lugar de disputar por los recursos de un mundo que apenas comprende, invirtiera en comprender ese mundo antes de terminar de estropearlo.
 
No voy a hacer la propuesta demasiado concreta porque la experiencia enseña que las propuestas concretas acaban en comités, los comités en informes, los informes en cajones y los cajones en ninguna parte. Me limito, pues, a señalar que hay un 86% de la naturaleza terrestre y un 91% de la naturaleza marina que no nos conocen, que nunca hemos molestado y que, a juzgar por cómo nos comportamos, probablemente preferirían seguir así.
 
Nos tendremos que aplicar, sí. Mucho. Y quizás empezar por la asignatura más urgente de todas: la humildad. Porque es difícil aprender algo nuevo cuando uno está convencido de que ya lo sabe todo. Y nosotros, con el 14% del conocimiento disponible sobre nuestra propia casa, llevamos milenios creyendo que lo sabemos todo.
 
La novela “La melodía permanece”, está disponible en ediciones digital e impresa en Amazon y dispone de una edición en español y otra en noruego.
 
Más información en estos enlaces…
 
“La melodía permanece”: https://a.co/d/0cMf3W5c
 
“Melodien står igjen”: 

No hay comentarios: