El Census of
Marine Life ha calculado que el 86% de las especies terrestres y el 91% de las
marinas aún no han sido descubiertas ni catalogadas. Es decir: llevamos
milenios convencidos de conocer el planeta en que vivimos y resulta que no
tenemos ni idea de con quiénes compartimos casa.
(AZprensa) La humanidad
lleva siglos cultivando con gran esmero una de sus características más
universales y menos justificadas: la convicción de saberlo todo. Hemos
construido civilizaciones, levantado imperios, escrito enciclopedias, lanzado
sondas al espacio exterior y declarado guerras por ideas que considerábamos
verdades absolutas. Y mientras hacíamos todo eso, resulta que el 86% de las
especies que comparten con nosotros este planeta estaban ahí, tranquilamente,
sin que nadie las hubiera visto, nombrado ni catalogado. Ocupando su lugar en
el ecosistema con total discreción mientras nosotros disputábamos fronteras y
cotizábamos en bolsa.
Los
científicos del Census of Marine Life —un proyecto internacional de una
ambición y una paciencia encomiables— han publicado el cálculo más preciso
realizado hasta ahora sobre el número total de especies vivas en la Tierra. El
resultado: aproximadamente 6,5 millones de especies en tierra firme y 2,2
millones en el mar. Y de ese total, seguimos sin conocer el 86% de las
terrestres y el 91% de las marinas. En términos de nota escolar, eso equivale a
un suspenso tan rotundo que no se recupera en septiembre: se recupera en varios
siglos de trabajo de campo intensivo.
«Conocemos el
14% de las especies terrestres y el 9% de las marinas. El resto nos es
completamente desconocido. Y aun así organizamos cumbres de biodiversidad con
la solemnidad de quien sabe de lo que habla.»
El boletín de
notas de la humanidad
Si
alguien tuviese la ocurrencia de extender a la humanidad un boletín de
calificaciones sobre el conocimiento de su propio planeta, el resultado sería
el siguiente:
BOLETÍN DE
CALIFICACIONES · HUMANIDAD · CURSO: LOS ÚLTIMOS DIEZ MIL AÑOS
Especies
terrestres conocidas: 1,4 sobre 10.
Suspenso. Recuperación en septiembre del año 2800.
Especies marinas conocidas: 0,9 sobre 10. Suspenso severo. El mar ni nos conoce a nosotros.
Humildad ante lo desconocido: 0,5 sobre 10. Suspenso histórico. Sin visos de mejora.
Guerras declaradas: 10 sobre 10. Sobresaliente. La única asignatura en que destacamos.
Banalidad cultivada: 9,8 sobre 10. Notable alto. Esfuerzo constante y visible.
La paradoja del
ignorante seguro de sí mismo
Lo
que más llama la atención de todo esto no es la magnitud de lo que desconocemos
—que es abrumadora—, sino la desproporción entre ese desconocimiento y la
confianza con que actuamos. Organizamos cumbres de biodiversidad con la
solemnidad de expertos. Debatimos sobre la preservación de ecosistemas como si
tuviéramos un inventario completo de lo que hay que preservar. Legislamos sobre
especies en peligro de extinción cuando todavía no sabemos ni qué especies
existen. Es como diseñar un plan de ahorro sin saber cuánto dinero hay en la
cuenta. Con corbata y PowerPoint, eso sí.
Y
mientras tanto, en algún rincón del océano a tres mil metros de profundidad, o
en la hojarasca de algún bosque tropical que aún no hemos deforestado del todo,
hay criaturas que llevan millones de años viviendo perfectamente sin que ningún
científico les haya puesto nombre, sin que ningún documental las haya filmado y
sin que ninguna red social haya tenido la oportunidad de convertirlas en meme.
Ahí están, tranquilas, siendo el 86%.
Una propuesta
modesta
Ante
esta situación, cabría esperar que la humanidad reorientara sus prioridades.
Que dedicara menos energía a las guerras, a la ambición sin freno y a la
banalidad de lo cotidiano, y más a conocer el planeta extraordinario que
habita. Que en lugar de disputar por los recursos de un mundo que apenas
comprende, invirtiera en comprender ese mundo antes de terminar de estropearlo.
No
voy a hacer la propuesta demasiado concreta porque la experiencia enseña que
las propuestas concretas acaban en comités, los comités en informes, los
informes en cajones y los cajones en ninguna parte. Me limito, pues, a señalar
que hay un 86% de la naturaleza terrestre y un 91% de la naturaleza marina que
no nos conocen, que nunca hemos molestado y que, a juzgar por cómo nos
comportamos, probablemente preferirían seguir así.
Nos
tendremos que aplicar, sí. Mucho. Y quizás empezar por la asignatura más
urgente de todas: la humildad. Porque es difícil aprender algo nuevo cuando uno
está convencido de que ya lo sabe todo. Y nosotros, con el 14% del conocimiento
disponible sobre nuestra propia casa, llevamos milenios creyendo que lo sabemos
todo.
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melodía permanece”, está disponible en ediciones digital e impresa en Amazon y
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“La melodía
permanece”: https://a.co/d/0cMf3W5c
“Melodien står igjen”:
Especies marinas conocidas: 0,9 sobre 10. Suspenso severo. El mar ni nos conoce a nosotros.
Humildad ante lo desconocido: 0,5 sobre 10. Suspenso histórico. Sin visos de mejora.
Guerras declaradas: 10 sobre 10. Sobresaliente. La única asignatura en que destacamos.
Banalidad cultivada: 9,8 sobre 10. Notable alto. Esfuerzo constante y visible.

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