(AZprensa) La obsesiva fijación por la igualdad entre
sexos ha quedado en entredicho por un nuevo estudio que demuestra cómo la
sociedad y la cultura no tienen apenas influencia sobre el género y el
comportamiento sexual; por el contrario es la biología la que explica las
diferencias existentes entre ambos sexos. Como ejemplo muy ilustrativo se ha
comprobado que si les das a los monos la oportunidad de jugar con coches,
pelotas o muñecas, las monas preferirán jugar con una muñeca mientras los
machos elegirán jugar con coches o pelotas.
Además, tal como se ha puesto de manifiesto en otros
estudios, queda demostrado que cuanto más igualitario es un país, mayor es la
diferencia entre hombres y mujeres en cuanto a temperamento e interés.
Los autores del estudio que resumiremos a continuación
son Hermundur
Sigmundsson, profesor de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología en
Trondheim y de los centros de investigación con vocación de Educación, de la
Universidad de Islandia; y Bergsveinn Ólafsson, profesor de psicología y autor
del libro “Diez pasos hacia una vida significativa”.
La mayor diferencia entre mujeres y hombres es que los
hombres son menos cooperativos (más competitivos, más duros, más escépticos,
menos empáticos, de pensamiento crítico, tercos e independientes). Estas
características explican en cierta medida que la proporción de hombres y
mujeres en conducta violenta y antisocial es de 15 a 1. Los hombres son
responsables del 89% de los asesinatos y del 99% de todos los delitos sexuales.
Los hombres constituyen el 75% de todas las personas con TDAH y el 80% de las
personas autistas son hombres.
Las mujeres tienen más emociones negativas y puntúan más
alto en nerviosismo de la personalidad. Experimentan más ansiedad, dolor
emocional, irritabilidad, tristeza, decepción y dudas egocéntricas y todos
estos son factores que podrían explicar por qué las mujeres tienen el doble de
probabilidades que los hombres de sufrir depresión. También tienen un 75% más
de probabilidades de tener anorexia o bulimia.
Una de las principales diferencias psicológicas entre
hombres y mujeres es que los hombres están más interesados en las cosas y las
mujeres están más interesadas en las personas. Esta diferencia se ve tan pronto
como nace un niño. Las niñas recién nacidas tienden a mirar más a la cara de
las personas mientras que los niños recién nacidos tienden a mirar más a los
objetos. En la infancia, entre los tres y los ocho meses, las niñas tienden a
elegir jugar con muñecas, mientras que los niños eligen pelotas y coches. De
manera similar, la investigación mostró que las niñas de 5 a 6 años tienden a
dibujar personas, flores y mariposas en colores fuertes, mientras que los niños
tienden a elegir dibujar cosas como armas, vehículos y dibujar en colores más
oscuros.
Todo el desarrollo personal tiene lugar en la interacción
entre los genes, el sistema nervioso, el comportamiento y el entorno (físico y
social). Los estudios muestran que la testosterona parece jugar un papel clave
en si una persona se experimenta a sí misma como hombre o como mujer. El
cerebro se desarrolla hacia el hombre debido al efecto de la testosterona en el
desarrollo de las células nerviosas o hacia la mujer debido a la falta de
testosterona. Las diferencias en las regiones cerebrales de hombres y mujeres
en interacción con los niveles de hormonas sexuales y sus receptores en el
desarrollo y en la edad adulta, están fuertemente vinculadas a las diferencias
de género en el comportamiento y los trastornos mentales.
Investigadores como Geschwind y Galaburda ya demostraron
que las hormonas de testosterona, que los niños tienen en promedio 10 veces más
que las niñas, pueden afectar el desarrollo de su función cerebral en el útero.
Se considera que esta es una de las principales razones por las que los niños
tienen más dificultades con el desarrollo del lenguaje, el desarrollo motor y
la lectura, y que a los niños se les diagnostica con mayor frecuencia autismo y
TDAH. Ese aumento de testosterona puede significar una mayor necesidad de tomar
riesgos y hacer ejercicio.
En definitiva, tal como concluyen los autores, “no hay
evidencia que sugiera que la sociedad y la cultura tengan un efecto
significativo sobre el género y el comportamiento sexual. Por el contrario es
la biología la que parece explicar las diferencias entre los sexos”.
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