(AZprensa) En octubre de 2003 escribí sobre una realidad
que, lejos de caducar, hoy parece más vigente que nunca. Hablamos de la
otoplastia, esa sencilla intervención quirúrgica para corregir las llamadas
"orejas de soplillo" o "en asa". Una operación que la
Sanidad Pública sigue asumiendo no por una cuestión de salud física, sino como
un costoso escudo contra una epidemia que no cesa: la falta de respeto y el
acoso escolar.
Es una paradoja de nuestro tiempo. Ya que la enseñanza
pública no logra promover con éxito la buena educación y la empatía entre los
jóvenes, el Estado debe recurrir al bolsillo del contribuyente para financiar
cirugías que eviten que un niño sea el blanco de burlas.
El bienestar
emocional en la lista de espera
Según datos de la Sociedad Española de
Otorrinolaringología (SEORL-CCC), la salud también implica bienestar emocional.
Por ello, la mayoría de los organismos públicos mantienen esta operación en su
cartera de servicios para menores, a pesar de ser un procedimiento estético.
Sin embargo, en el Madrid de 2026, nos topamos con la
cruda realidad de la gestión: al no tratarse de una patología grave o vital,
estas intervenciones engrosan listas de espera casi interminables. Para un
padre, ver cómo su hijo sufre el acoso diario mientras espera meses o años una
cita, es una forma de desamparo institucional.
Una intervención
sencilla para un problema frecuente
Para quienes se planteen esta opción, los datos médicos
siguen siendo muy alentadores:
Eficacia: El 95% de los casos obtiene resultados satisfactorios.
Seguridad: La tasa de complicaciones es bajísima.
Procedimiento: Dura apenas una hora y media y el postoperatorio se reduce a una leve inflamación y molestias al apoyar la cabeza en la almohada durante unas semanas.
No es un problema menor ni aislado: una de cada 20
personas nace con esta prominencia auricular. Pero, como bien señalaba el Dr.
Eduardo Morera Serna en las jornadas del ICOMEM, lo que realmente debería
preocuparnos no es la forma del pabellón auricular, sino la incapacidad de la
sociedad para aceptar la diferencia.
La deformidad que el
bisturí no alcanza
Podemos reubicar un cartílago y pegar unas orejas al
cráneo con una pericia asombrosa, pero seguimos sin encontrar la técnica para
"extirpar" la crueldad en los colegios. La verdadera deformidad no es
estética sino social: la falta de humanidad que observamos en los niños y que,
con el paso de los años, parece no tener arreglo. Mientras no invirtamos en la
raíz del problema —la educación y el respeto—, seguiremos parcheando en los quirófanos
las carencias que campan a sus anchas en las aulas.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
Eficacia: El 95% de los casos obtiene resultados satisfactorios.
Seguridad: La tasa de complicaciones es bajísima.
Procedimiento: Dura apenas una hora y media y el postoperatorio se reduce a una leve inflamación y molestias al apoyar la cabeza en la almohada durante unas semanas.
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